Una Promesa Peligrosa

Entregarse a él significaba destrozar su propio corazón. ¿Qué objeto tenía entonces ofrecerle su amor si él nunca llegaría a amarla?

Capítulo 1

Consiguiendo un Escenario

La carretera rumbo al rancho Kou estaba totalmente desierta. Serena Tsukino, a pesar de tener puesto su CD favorito a todo volumen, no podía olvidar el compromiso que tenía con su amigo y jefe, Haruka Tenoh. Le había prometido que haría su mejor intento en lograr conseguir el rancho Kou como locación principal para la película "Una Tierra Apasionante". Cuando a Haruka se le metía entre ceja y ceja una obsesión, no cejaba en su empeño y normalmente, Serena era la que tenía que cumplir esa obsesión. Pero lo de Haruka ya era un capricho. Había más de cinco ranchos estupendos y disponibles para filmar la película pero lo que había hecho que Haruka se encaprichara con el rancho Kou era la manada de toros cuernilargos que había allí.

- Serena, gatita, por favor, tienes que conseguir que ese viejo Kou nos rente el rancho… necesito que esta película salga formidable… otra nominación al Oscar no me caería nada mal…

- Haruka… sabes que te quiero, te adoro, pero ¿de verdad me harás manejar hasta Texas?

- Gatita… sólo en ti puedo confiar… Mandé a Mina, mandé a Rei, mandé a los inútiles de Nicolas y Andrew y dijeron que ni siquiera pudieron ver al viejo… sólo lograron hablar con su mano derecha, un tal Yaten… y los mandó directito al infierno por órdenes del tal Kou…

- Entonces no esperes demasiado… tal vez a mí tampoco me reciba…

- Te mando a ti porque eres linda y comprometida conmigo y con tu trabajo… eres mi asistente personal gatita…

- Tal vez no le agraden a ese viejo las chicas lindas…

- A todo mundo le gustas Serena…

Ojalá que Haruka tuviera razón. Serena sintió una punzada de nervios en el estómago. ¿Y si no conseguía la tan ansiada entrevista con el tal Seiya Kou? No sólo tenía que lograr la entrevista, tenía que convencerlo de que prestara su rancho para filmar por tres meses la película de Haruka. Sería tarea difícil. Mientras finalizaba su canción favorita, alcanzó a divisar una imponente hacienda y suspiró profundamente. Tomó la vereda que guiaba hacia la casa y estacionó su auto. Revisó que su maquillaje y peinado estuvieran impecables y después de morderse los labios por un segundo, tocó a la puerta. Una señora de no más de 50 años, con cabello rizado azul y algunas canas plateadas y mandil le abrió la puerta.

- Buenos días, me llamo Serena Tsukino, tengo una cita con el Sr. Seiya Kou.

- Ah, sí. Usted viene de los estudios cinematográficos ¿no es así? Pero me parece que Yaten la iba a atender pero no está, se encuentra con Seiya en las caballerizas…

- No – dijo Serena decidida. – No hablaré con ningún Yaten. Mi cita es con el Sr. Seiya Kou. Si fuera tan amable de informarme donde están las caballerizas. Iré directo allá si el Sr. Kou no se encuentra en casa.

- ¿De verdad? – la señora se impresionó por la determinación que mostraba Serena. – Disculpe, no me he presentado con usted. Mi nombre es Luna, soy el ama de llaves. No creo que las caballerizas sean un lugar para una señorita como usted…

- No se preocupe. Vine a una cita y si el señor Kou no está aquí en su casa, yo iré a buscarlo. Dígame cómo llego a las caballerizas, por favor.

- Tendría que tomar usted un camino de terracería que rodea la casa pero…

- ¿Pero qué?

- Está muy mojado… se expondría a que su auto se atascara… además…

- De eso no se preocupe. Creo que sé manejar lo suficientemente bien para no atascarme. Gracias por las indicaciones Sra. Luna. Con su permiso…

Serena ya se daba media vuelta cuando la voz de Luna la detuvo.

- Srita. Tsukino…

- ¿Sí?

- ¿Le molestaría llevar esta canasta de bocaditos para los chicos? Ya es tarde y probablemente no han almorzado… ¿Podría usted…?

- Por supuesto… démela.

Minutos más tarde, Serena tomaba el camino de terracería que Luna le indicara con una canasta llena de comida al lado. Olía delicioso y de no ser que estaba a punto de toparse con el tal Sr. Kou, hubiese tomado algo de la canasta. Pero quería lucir lo más presentable y profesional que pudiera. Volvió a poner su música favorita pero apenas iba a introducir el CD cuando sintió como el auto se cimbraba hasta detenerse de una manera agitada. Serena suspiró. Volvió a prender el auto y sólo oyó como las llantas traseras giraban en torno a su eje y se atrevió a mirar por el retrovisor. Cerró los ojos mientras sentía como una sarta de palabrotas se le venían a la boca. Se había atascado tal y como lo había predicho Luna. Un lodazal inmenso la había atascado y ahora era imposible salir. ¡Demonios, demonios, demonios! Abrió la puerta del auto, intentó bajarse con todo el cuidado del mundo y sus tacones Manolo Blanhik se hundieron completamente en el fango. ¡Maldita sea! Lo único que quedaba era quitarse los ya arruinados zapatos, las medias e intentar ver si podía levantar un poco el autor y salir del atolladero. Error. No dio ni un paso y cayó totalmente de frente arruinando su carísimo traje sastre. Otro río de palabrotas vino a su boca. Total, faltaba mucho para llegar a las caballerizas hasta que oyó una voz masculina.

- Vaya que sabe maldecir como un auténtico vaquero…

Serena volteó y por un momento, el sol la encandiló. ¡Genial! ¡Lo único que le faltaba, que un idiota llegara en el momento más humillante de su vida! Sin contener su rabia, le contestó.

- No sea insolente y si tiene tantita caballerosidad, ayúdeme… ¿Qué no ve que se me atascó el auto?

- Eso cualquiera lo ve… aunque desde luego, también veo otras cosas… - se le quedó viendo lascivamente al pecho.

Serena bajó su mirada hacia su saco abierto y su blusa totalmente adherida al cuerpo por el lodo. Maldijo su suerte una vez más. ¡Maldito vaquero de mierda y maldito Seiya Kou! Si el viejo bastardo se hubiera presentado en su casa a la hora acordada no hubiese tenido que estar pasando semejantes penurias delante de ese mequetrefe.

- ¡Cínico! ¡Patán! ¡Quítese de aquí¡ Lo primero que haré en cuanto vea al Sr. Kou es la manera en que sus empleados tratan a las personas aquí…

- No me diga…

- ¡Si le digo! ¿Al menos puede decirme como llego a las caballerizas?

- Veinte metros más adelante pero ya no va a encontrar a nadie. Todos se fueron a almorzar.

- ¡Yo traigo el almuerzo, estúpido!

- Pues lo debiera haber dicho antes…

El vaquero se quitó del sol que le impedía a Serena verle la cara, abrió el auto y tomó la canasta que Serena llevaba consigo. Ante la mirada atónita de la chica, comenzó a comer y a gritar a los chicos que venían más atrás que el almuerzo había llegado. Serena sentía que explotaría en cualquier momento.

- ¡Chicos! No lleguen hasta la casa, Luna mando todo, aquí está el almuerzo…

- Nefasto… - murmuró Serena.

- Lo sé… soy nefasto… - el vaquero le sonrió y Serena por fin pudo verle la cara. Tenía los ojos de color zafiro, no parecía tener más de 28 años y tenía el cabello negro azabache atado en una coleta. Su cara tenía una sonrisa desenfadada, casi cínica y la veía con un dejo de interés y sensualidad. Serena a su pesar no pudo evitar pensar que era sumamente atractivo. Los músculos de los brazos, la cintura, la espalda… Pero lo patán, ni quien se lo quitara. – Hey, Yaten…

- Si, jefe… aquí estoy.

¿Jefe? ¿Jefe? No… no podía ser. ¿Acaso ese vaquero nefasto y engreído era el jefe? No, había escuchado mal.

- Agarra esos tacones, ese saco, saca este carro de este lodazal y llévalo a la casa. Yo voy a llevar a la señorita.

- Ni loca…

- Sí, Seiya, nos vemos allá.

¿Seiya? Serena sólo se tapó los ojos mientras el vaquero le retiraba la mano de los ojos con arrogancia.

- Así es. Este patán es el Sr. Kou. Y si usted es la Srita. Serena Tsukino y fue capaz de venir hasta las caballerizas para hablar conmigo, supongo que tendré que oír su propaganda cinematográfica…