Esta es una historia alterna escrita sólo para entretenimiento basada en el final del manga y la novela Candy Candy Final History de Kyoto Misuki. Los personajes originales no me pertenecen; sólo el orden de algunos acontecimientos y personajes secundarios son de mi propia imaginación.

CREO EN TI

CAPITULO 1

ENCUENTROS Y DESPEDIDAS

Después de la desaparición de Albert, la vida para Candy no fue la misma, lo extrañaba de una manera que jamás pudo imaginar. Siempre había sido alguien muy importante para ella desde que era pequeña y después de tanto tiempo de convivencia se había encariñado mucho más con él.

Cariño, sentimiento fraternal; ¿será solo eso? Se decía.

De noche dormía en la cama que fuera de él, de esa manera sentía que lo tenía aun cerca, que en cualquier momento atravesaría el umbral de la puerta y ya nunca se iría.

¡Albert!, pensaba, ¿porque que te fuiste así?

Días mas tarde…

¡Un paquete! ¿Para mí? ¿De quien podrá ser?

¡Albert! ¡Es de Albert! Y viene de Rockstown… ¿dónde quedara ese lugar?

¡No importa! ¡Iré a buscarlo, seguro lo encontrare allí!

Candy llena de esperanza organizó su viaje inmediatamente, con alegría tomó el primer tren hacia esa ciudad.

Felizmente el lugar era pequeño; tal vez no será tan difícil encontrarlo, se decía mientras lo recorría, pero de pronto se dio con una gran sorpresa.

En una pobre tienda de un teatro ambulante se exhibía un gran cartel. La gran ex estrella de la compañía Stratford, Terry Graham se presentaba allí.

¡Era imposible! Terry en un teatro así, ¿pero como?

Se acercó a averiguar aun impresionada por su hallazgo, sabía muy bien que Terry había desaparecido pero nunca pensó que se encontraría trabajando de esa forma, ¡no!, pensaba, ¡Debía ser una equivocación!

Escuchó los comentarios de los espectadores que salían muy enojados, en su mayoría eran chicas que ilusionadas por conocer a la gran estrella habían entrado a ver la obra. Ellas se quejaban de su actuación, decían que parecía estar ebrio, que no recordaba sus líneas y que de ninguna manera se imaginaron que ese podría haber sido el gran actor.

Tengo que entrar, se dijo, debe haber algún error.

Pagó su boleto y entró con cautela, pero en el interior de la carpa, en medio del mal olor y el humo del cigarrillo, se encontró frente a frente con la verdad. Era Terry, y estaba ebrio, no era ni la sombra del gran actor que ella vio en Chicago ni de aquel bello adolescente lleno de ilusiones que recitaba para ella las dulces líneas de amor de las obras de Shakespeare. Allí se encontraba un hombre totalmente diferente que había escondido su dolor detrás del alcohol y se había refugiado entre la gente de poca cultura que lo único que hacía era burlarse de su penosa actuación.

Terry, ¿por qué? Tu eras tan brillante, ¿es que acaso el dolor de nuestra separación te hizo tanto daño?

El tiempo y mis amigos me ayudaron en mi esfuerzo por olvidarte, pero tú…

¿Que podré hacer por ti ahora?

Candy sintió un dolor muy grande al ver a su querido amigo sufrir de esa manera y eso le dio el valor suficiente para enfrentarse al público que se burlaba sin misericordia de él, logrando que hicieran total silencio para que por fin se pudiera escuchar su hermosa voz, sólo que ésta no tenia la fuerza de antes, era casi una letanía sin sentimientos, una oración tras otra sin vida ni pasión.

Las lágrimas corrieron por su rostro, pero de pronto, todo cambió. Pareció que de repente la estrella volvía al firmamento, la voz que se escuchaba como agonizante se lleno de vida. Y supo que había logrado lo que ella quería, él había reaccionado, se había sacudido de su letargo y estaba segura que de ahora en adelante no volvería a caer. No sabía como había sucedido pero se dio cuenta que ya era hora de regresar; cumpliría su promesa y dejaría que él arregle su relación con Susana, puesto que era ella en estos momentos la novia que lo esperaba en Nueva York.

Salió del teatro con cierto pesar pero convencida de que hacia lo correcto, sólo que no se imaginó la sorpresa con que se encontraría después.

CAPITULO 2

UNA DECISION QUE CAMBIO MI VIDA

A la salida del teatro una mujer la llamo por su nombre, era Eleanor Baker, la madre de Terry, lo había seguido hasta allí llena de dolor y preocupación, entraron a un café y conversaron con calma. Eleanor quiso agradecer a Candy por el cambio operado en su hijo, ella estaba segura que había sido por la presencia de la pecosa, de su amada pecosa. Candy comprendió que el amor de madre había hecho que Eleanor siguiera en silencio a su hijo para estar junto a él, pero que no había podido hacer nada y, aunque dudaba de que él la hubiese reconocido realmente, aceptaba el hecho de que de ahora en adelante Terry volvería a ser el de antes, eso era suficiente para ella, eso esperaba del que fue su gran amor.

Se despidió de la actriz y continuó su camino, después de todo había venido al pueblo solo por Albert, para encontrarlo y convencerlo de que regrese, o que se la lleve con él, en realidad no sabía que era exactamente lo que le iba a pedir, pero necesitaba encontrarlo, ahora más que nunca, él había sabido siempre ayudarla con su dolor y la experiencia que acababa de vivir había sido muy fuerte y dolorosa, sus sentimientos estaban muy confundidos, ¿Que sentía por Terry? ¿Qué sentía por Albert? ¿Por qué renunciaba a uno y buscaba al otro?

Como ya era tarde decidió buscar un hotel donde pasar la noche. Mientras tanto, Terry había acabado de hacer su trabajo y luego de unos momentos de reflexión después que el publico se retiro, llegó a la conclusión de que debía retomar sus sueños, que no podía continuar así, él había visto una sombra al fondo del público que le hizo pensar en Candy, le pareció que ella estaba allí presente, llorando por su situación. Era una ilusión pero parecía tan real, eso le ayudo a recomponerse, a recapacitar y tomar decisiones que darían un nuevo rumbo a su vida, no podía hacer feliz a Candy, su verdadero amor, si en el camino hacia infeliz a Susana, eso ella no se lo perdonaría, él era un hombre de honor y cumpliría, pero un pensamiento lo atormentaba… Aunque sea solo un sueño, aunque sea solo un sueño quisiera haberla visto una vez más… solo un sueño… Candy, yo quería que fueras mi esposa; pero ya no es posible, bajo las actuales circunstancias ella no me aceptará nunca más.

Salió del teatro decidido a tomar el primer tren a Nueva York pero al llegar a la estación se dio con la sorpresa de que no había boleto hasta el día siguiente así que sólo le quedaba buscar un lugar donde pasar la noche mientras se desintoxicaba de todo el tiempo que duro su agonía.

Encontró una habitación en un pequeño hotel del centro, aprovechó para darse un baño y descansó un par de horas. Más tarde a la hora de cenar bajaría al comedor para reponer fuerzas y emprender viaje al día siguiente muy temprano. El lugar estaba casi lleno, pero logró encontrar una mesa que había quedado algo escondida, pidió el menú de la noche y se dedicó a observar a la gente que allí se encontraba, jóvenes conversando alegremente, una que otra familia y algunos matrimonios mayores que se sonreían con ternura, qué agradable era estar allí sin ser reconocido, podía disfrutar de las cosas simples sin esconderse detrás de ningún disfraz.

Una silueta solitaria llamo su atención, estaba de espaldas a él, pero se parecía mucho a ella, su visión, su musa, aquella que horas antes lo había hecho sacudirse el polvo y entrar en razón. No era posible, ¿otra vez?, ¡No!, esta vez tenia que cerciorarse, así que cobro valor y se encamino a su mesa.

Buenas noches, dijo, Disculpe mi atrevimiento pero parece que la he visto antes, mi nombre es Terrunc…

¡Terry!

¡Candy!

Candy, entonces si eras tú, estuviste hoy en mi presentación, ¿Verdad?

Oh, que vergüenza estoy sintiendo; que habrás pensado de mí, perdóname, no quise… no podía… pero… Candy; que alegría tengo de verte, no sabes cuanta falta me haces.

El encuentro fue toda una sorpresa para ambos, no quedaba más que enfrentar la realidad. Candy giro al escuchar su hermosa y profunda voz y nuevamente sus ojos se encontraron después de tantos meses. La alegría y la confusión se entremezclaron y ambos decidieron que lo mejor seria hablar con franqueza y sin rodeos pues quizá ésta seria la última oportunidad que tendrían por el resto de sus vidas.

Terry, sí; yo fui de casualidad al teatro donde te presentabas, no quise creerlo al principio pero al verte allí no me quedo más que aceptarlo; pero… Terry, actuaste tan bien al final de la obra, me convencí de que por fin lo habías comprendido, que el teatro era realmente tu vida y de que por nada ni por nadie debías dejar atrás tu sueño, así que no quise perturbarte y me aleje sin hacerte saber de mi presencia, perdóname, no quería causarte más dolor.

Al contrario, me da mucha alegría poder verte, gracias por hacerme ver que estaba equivocando el camino y que no era ya ni la sombra del actor que soñé ser algún día, te estoy agradecido por salvarme otra vez de mi mismo.

¿Me dejas acompañarte a cenar?

Por supuesto, como viejos amigos, ¿no es así?

Como viejos amigos, mi pecosa damisela…

¡Terry! Por lo menos ya no me dices Tarzán pecoso o Mona pecas, eso es un logro, yo ya soy una dama, eso quedo claro desde la última vez que nos encontramos.

Si, la última vez… ¡Candy, quiero que esta noche hablemos con la verdad!

Ella lo miró sorprendida por su resolución, pero asintió con la cabeza dándole valor para continuar.

Yo… titubeo un poco antes de continuar,…la vez que te invité a mi estreno, yo te compre un pasaje sólo de ida porque quería que te quedaras para siempre conmigo, quería que fueras mi esposa, yo no me imaginé en ese momento las cosas que sucedieron después, todo fue un caos, no sabía que hacer, no es que quisiera ocultártelo, solo no quise decirte nada antes del estreno y menos que te enteraras de esa forma, pero todo se salió de control.

Después que te fuiste mi vida dejó de tener sentido, no amaba a Susana, te amaba a tí, pero debía quedarme a su lado, te lo había prometido, era una pesadilla, ¡no pude soportarlo!

Su voz se entrecorto, el dolor era más que evidente, ella solo lo quedó mirando llena de angustia y una lágrima rodó por su mejilla, él se la limpió con delicadeza y luego continuo:

Lo demás, ya lo sabes, huí de aquel infierno y terminé actuando en el estado en el que me encontraste.

Terry… Le respondió Candy

Tu sabes… tu sabes que yo te amaba y que ansiaba poder verte después de tantos desencuentros, todos nuestros amigos fueron testigos de la ilusión con la que partí hacia Nueva York y luego…

Lagrimas amargas rodaron por sus mejillas, ambos quedaron en silencio lamentando la profundidad de sus heridas y recordando con dolor los sentimientos que los embargaron en ese momento de tan amarga decisión.

ahora que el tiempo ha pasado, y gracias a su ayuda, he podido reponerme y enfrentar la realidad, he podido aceptar que tu seguirás siendo alguien muy importante para mí, siempre, toda mi vida; pero tu deber en este momento es estar junto a Susana, ella es una buena mujer y te ama tanto o más de lo que yo te amé.

Terry se quedo observándola por unos segundos y luego le preguntó:

¿Ya no me amas, Candy?

Ella desvió su mirada y no supo que contestar ya que acababa de hacerle la misma pregunta que ella se hacia día a día desde el momento que Albert desapareció dejándole solo una nota, ¿por qué su partida le dolía más que la ausencia de Terry?

Creo que siempre te amare de alguna manera, aunque ya acepté que nunca estaremos juntos para formar una familia, te confieso que ese también era mi sueño y que si no hubiese ocurrido el accidente de Susana hubiera respondido afirmativamente a tu propuesta. Gracias por ser sincero conmigo.

¿Por qué me das las gracias si lo único que hice fue causarte dolor?

Porque ahora sé hasta donde me querías. Podemos continuar nuestras vidas y cumplir con la promesa de ser felices.

¡Yo nunca seré feliz al lado de ella! Dijo Terry con amargura en ese momento sus ojos brillaron con la rebeldía del adolescente que ella tanto conocía.

No digas eso, ya veras que con el tiempo llegaras a cambiar de opinión, solo dale una oportunidad.

¡No quiero! pero lo intentaré sólo por ti.

Ambos quedaron en silencio, una idea paso por su mente, si tan solo… solo una vez… no, ¿o si?

Candy, no se si sea correcto lo que estoy pensando, yo sé que tu eres una dama de solidos principios, pero la vida ha sido tan injusta con nosotros, siempre se ha empeñado en separarnos; y hoy solo por hoy se ha producido un milagro, un encuentro que ninguno de los dos planificó.

¿Ninguno de los dos planifico? Pensó Candy, ¡Albert!, ¡Tu sí planificaste este encuentro! Pero ¿Por qué?, acaso querías que vuelva con él, sabes que eso es imposible. Él le debe su vida a Susana y yo no debo interponerme, pero su recuerdo, este encuentro tal vez sellaría mi dolor para siempre.

¡Que estoy pensando! No, no es correcto, no creo que sea eso lo que me esta pidiendo…

¡Terry!

Candy, por favor no me juzgues mal…

CAPITULO 3

EL MÁS BELLO RECUERDO

Un año había transcurrido desde aquella noche, un año en los que la dulzura de aquel momento le había permitido empezar a sanar las heridas que sangraban en el interior de su alma.

Esa noche, la única que pasaron juntos fue maravillosa, en sólo pocas horas revivieron los bellos momentos que compartieron en Inglaterra y Escocia, tal fue la intensidad de la mutua camaradería que en el momento de la despedida sellaron su nuevo pacto con un beso auténtico, no como aquél que fue robado un dia de Mayo en medio del bosque.

A la mañana siguiente Terry se marchó como lo habían acordado, ambos habían sincerado sus almas por última vez con la promesa de que de allí en adelante cada uno haría lo posible por reconstruir su vida y no interferir en la del otro, no habría preguntas, ni reclamos, solo el consolador recuerdo de que pudieron estar juntos y revivir aunque sólo sea una vez su inmenso pero condenado amor.

Las noticias del retorno de la gran estrella no se hicieron esperar, Terry logró con nuevo e increíble esfuerzo recuperar la cúspide y brillar de nuevo en las marquesinas, cumplió su palabra de caballero y se quedo al lado de Susana como su prometido apoyándola en su invalidez y alentándola a dar un nuevo giro a su creatividad como escritora.

Mientras tanto, Candy regreso a Chicago en el tren de la noche luego de continuar la búsqueda de Albert; pero nadie lo había visto, era extraño, al final se convenció de que todo había sido un plan suyo para facilitar el rencuentro. ¡Bendito Albert! Siempre tratando de procurar su felicidad.

Nuevos sucesos se dieron al poco tiempo de haber retornado a su departamento, la falta de Albert y el sin sabor del recuerdo de las malas lenguas de las vecinas hicieron imposible para ella seguir sintiéndose a gusto allí, tenia que marcharse, al final de cuentas ese departamento lo habían alquilado para vivir juntos.

La decisión había sido tomada, regresaría al Hogar de Pony, allí ella se recuperaría e iniciaría una nueva vida, sin Albert y sin Terry. Pero Neil se le adelantó y le tendió una trampa para que se casase con él, estos Leegan, ¿acaso jamás la dejarían en paz?

Para su fortuna todo le salió mal a Neil y más que eso, el lío que se formó la llevó a un desenlace inesperado. Por fin supo quien era el famoso Tío Abuelo William con quien estaba tan agradecida por haberla adoptado y haberle dado una costosa educación fuera del continente. ¡Albert! Nuevamente él entró a su vida tan rápido como había desaparecido.

El descubrimiento fue sorprendente, confuso pero reconfortante, por fin Albert se quedaría en su vida sin más mentiras. Pero al recuperar su memoria había recuperado también sus múltiples ocupaciones como el Patriarca del clan Andrew. Aunque lo había visto poco al principio, él nunca la abandonó, ni aún en aquel momento tan difícil cuando decidió regresar al Hogar de Pony. Ese encuentro con Terry había sido muy sanador para ella, pero necesitaba recuperarse totalmente y solo allí lo lograría.

Sus madres se sorprendieron con su dedición, pero supieron acogerla con cariño dándole su protección. No cabían reproches, ella era así, necesitaba de la energía que le brindaba su amada colina y el afecto de los niños que desde ese momento serían su principal motivo para vivir.

El día que habló con Albert fue un momento difícil, él había regresado de uno de sus largos días de trabajo y se había dirigido a la biblioteca para tomar un libro y poder descansar. La sorpresa y el dolor se dibujaron en su bello rostro al conocer su decisión. Ella se sintió culpable de haberlo decepcionado, pero como siempre Albert con mucho cariño decidió darle todo su apoyo.

Albert, perdóname, sé que te estoy decepcionado, pero desde hace tiempo tenia este pensamiento, necesito tiempo para volver a ser yo misma y empezar de nuevo.

No, Candy, tu nunca me decepcionarías, fui yo quien se separo de ti a pesar de que no deseaba hacerlo, sólo que creí que ahora que todo esta claro entre nosotros permaneceríamos juntos. Aunque no me guste la idea sabes que siempre te apoyare en todo lo que sea necesario.

¡Oh, Albert! Gracias, no merezco tanto de tu parte, en el Hogar de Pony estaré bien, te lo prometo. Le dijo mientras lo miraba con ternura.

Albert se quedó observándola por unos instantes, se veía tan bella, se estaba convirtiendo en una mujer exquisita ¡Ninguna mujer Andrew se comparaba con ella! Tan fuerte y decidida, su corazón latía deprisa mientras la veía alejarse desde el gran ventanal de su estudio.

Este vacío que siento en mi pecho… se decía así mismo, Mi adorada Candy, te vas y te llevas mi corazón contigo, tómate el tiempo que necesites, yo sabré esperar…

Nunca la desprotegería, él se haría cargo de ella sin que se diera cuenta y la ampararía toda la vida le pese a quien le pese. Esa fue la promesa que se hizo mentalmente y desde ese día lo cumplió a cabalidad.

Candy continuó con su vida en Hogar de Pony con cierta tranquilidad, sólo Albert iba a visitarla pues hicieron creer que ella estaba en California haciendo una especialización. En el secreto participaron la hermana María, la señorita Pony, Albert y por supuesto George que sentía la necesidad de proteger a esa pequeña pecosa que tanto había sufrido en su vida.

Ninguno sospechaba que un suceso inesperado daría un nuevo giro a sus vidas. Hacia fin de año, ya entrado el otoño, llegó al Hogar de Pony una joven de delicadas facciones y frágil cuerpo. Ella llevaba en su vientre el producto de un amor prohibido y se encontraba a punto de dar a luz.

Candy la encontró una mañana cuando regresaba de uno de sus habituales paseos matutinos, la joven yacía casi inconsciente en el suelo, había deambulado por horas y rendida de cansancio estaba a punto de perder el conocimiento. Como pudo la ayudo a levantarse y la llevo al Hogar que felizmente no estaba muy distante, su estado era de sumo cuidado. La señorita Pony se asustó al verlas llegar e inmediatamente organizó todo para darle los primeros auxilios a la muchacha. Candy como buena enfermera la revisó y se dio cuenta del estado de debilidad en que se encontraba; habló con sus madres y entre las tres decidieron que la ayudarían a tener a su bebé. Mandaron a uno de los niños en busca del doctor del pueblo porque la muchacha parecía que entraba en labor. El esperado parto llegó y el medico aún se encontraba en camino, Candy tuvo que poner en práctica todos sus conocimientos para ayudarla. Es así como al amanecer dio a luz con mucho esfuerzo a una pequeña niña.

La niña era hermosa, muy parecida a su madre, de piel blanca, cabello rubio y ojos de un azul tormentoso que le hicieron recordar los de cierto actor.

Candy la recibió en sus brazos apenas nació y se juró ser para ella como una madre ya que la joven se veía muy débil y no sabía si podría sobrevivir, desde el momento que la vio se quedo prendada de su dulzura y un sentimiento de maternidad inundo su corazón y la hizo sentir plena. La hermana María les contó que así había sido Candy cuando la encontraron abandonada en el hogar solo que sus hebras rubias eran rizadas y en cambio las de la bebe eran ondas mas sueltas.

Cuando la joven se recupero del parto Candy fue a verla a su habitación, se la veía cansada y muy débil.

Tenía en brazos a la pequeña que después de alimentarse por primera vez se había quedado dormida.

Dime ¿como te sientes?

Oh, me siento tan cansada, quiero darte las gracias por haberme ayudado, no se que hubiera sido de nosotras si no nos hubieras encontrado en aquel camino.

No, por favor, no te sientas triste, ¿Cómo crees que iba a dejarte a tu suerte en el estado en que te encontrabas?

Pero dime, como te llamas, con todo el apuro desde que llegaste no he podido preguntarte ni tú nombre.

Cierto, Mi nombre es Juliette.

Como en la obra de Shakespeare. Pensó Candy.

Mmmm, Juliette, un bello nombre, muy romántico.

Un incomodo silencio se genero entre las dos Candy no se animaba a hacerle preguntas personales. En ese momento el médico llegó y entró a revisar a la joven.

Al salir su rostro demostraba su preocupación, estaba seguro que no sobreviviría.

Los días después del parto fueron angustiantes. Juliette desmejoraba y la pequeña bebé lloraba mucho. Candy se dedico en cuerpo y alma a las dos y logró con dificultad hacer que la niña se calmara un poco. Lamentablemente nada podía cambiar el triste desenlace y la joven a la semana del parto parecía agonizar.

Candy, le dijo quedamente, no creo poder lograrlo, siento que mi tiempo se termina, prométeme… prométeme que no dejarás que nada malo le pase a mi pequeña…

Oh, Juliette, te lo prometo, pero debes guardar tus fuerzas, no pienses así.

Gracias Candy, me quedo mas tranquila. Mi niña se quedara sola en el mundo, su padre es un hombre casado y no se hará responsable y yo fui desheredada y arrojada a mi suerte, así que no tengo apellido que ofrecerle. Sólo te pido que en recuerdo mío le pongas mi nombre.

Así lo haré, le respondió Candy con lágrimas en los ojos, Cuidaré de la pequeña Juliette y no permitiré que nada le falte.

Salio de la habitación dejándola dormida, sería una larga noche, pero lamentablemente a la mañana siguiente la joven no despertó.

En esos días Albert y George se trasladaron a la mansión de Lakewood. Albert se sentía tan feliz, hacia tiempo que no veía a Candy y pasaría mucho más hasta su próximo encuentro pues tenía que salir de viaje por largos meses.

Mientras tanto, Candy estaba cuidando de Juliette personalmente. El día que el llegó a visitarla se encontró con una Candy sonriente que lo recibía con un bebe en brazos. Su rostro reflejó una gran sorpresa.

Candy, princesa, veo que hay un nuevo integrante en el Hogar de Pony.

Si, Albert, su nombre es Juliette y su madre acaba de fallecer. Yo he hecho la promesa de no desampararla nunca, así que desde ahora ella será mi protegida.

Al enterarse de la triste historia no pudo más que admirar aún más, si eso era posible, a su querida amiga, a pesar de todo, insistió en invitarla a pasar con él unos días en Lakewood como había previsto, solo que en esta ocasión la pequeña Juliette iría con ellos.

Esos días fueron como un sueño, si antes habían convivido con facilidad en el departamento Magnolia ahora simplemente se sentía de maravilla, había aprendido a hacer de todo, inclusive a cambiar y lavar pañales. Cada día era una nueva aventura, nunca había vivido algo así. La pequeña Juliette era muy tranquila, comía y dormía a sus horas y cuando estaba despierta observaba todo con sus hermosos ojos azules con infinita curiosidad.

Candy se desempeñaba muy bien como mamá, el entrenamiento de tantos años en el Hogar de Pony la había convertido en una madre dulce y atenta y se sentía agradecida con Albert por estar a su lado nuevamente apoyándola de esa manera.

Albert, gracias por ser tan bueno conmigo, no quería complicar mas tu vida con nuevas responsabilidades.

Candy, no digas eso, para mi todo lo que ocurra contigo es mas importante que las demás obligaciones, no lo olvides nunca.

Me haces muy feliz, quiero darle a la pequeña Juliette todo aquello que su madre no le pudo dar, es tan pequeña, me hace pensar en mi infancia, tan pequeñita y tan sola.

A mi también me hizo pensar en mi niñez, no te olvides que mi madre murió al nacer yo, nunca podría dejarla a su suerte, Candy, desde ahora ambas son mis princesas.

Candy observaba a Albert con infinita ternura, como era posible que sea tan tierno. Viejos sentimientos salieron a flote, era mas que su amigo y tutor, era un hombre completo, un hombre con el que cualquier mujer podría soñar, inclusive ella…

CAPITULO 4

CONTINUANDO EL CAMINO

Para cuando llegó la navidad Candy y Juliette ya se encontraban de regreso en el Hogar de Pony, Albert se presentó a la víspera lleno de regalos para los niños y por supuesto para la pequeña Juliette que ya pasaba mas tiempo despierta y hacia gorjeos graciosos como si quisiera conversar con los demás. Los momentos que él pasaba con ellas en el Hogar eran los más gratificantes de su vida, tan llena de trabajo y gente interesada sólo en el dinero y la frivolidad. Ésta le parecía muy vacía, pero se esmeraba por hacer las cosas bien pensando en el futuro, sus "princesas" que merecían todo su esfuerzo y solo por ellas aguantaba tanta banalidad.

La tía abuela Elroy había preguntado varias veces por Candy, quería darle su agradecimiento por haber cuidado de Albert durante su amnesia, de haber salvado su vida y por ende a todo el ilustre apellido Andrew. Le haba dicho muchas veces que como hija adoptiva de la familia y en edad casadera debía buscarle un marido en vez de permitirle continuar trabajando, pero él solamente le contestaba con evasivas y sobretodo le decía que siempre iba a respetar sus decisiones.

Por otro lado, Archie se había trasladado a Massachussets y allí estudiaba en la universidad para más adelante ocupar su puesto dentro de las empresas del Clan. Annie seguía siendo su novia y esperaba paciente el regreso de su amado para hacer los preparativos para su compromiso oficial y la boda que ambos ansiaban realizar. El tiempo y la constancia de Annie habían hecho que Archie se enamorara realmente de ella y se sintiera feliz a su lado.

Para solucionar la ausencia de sus amigos, Candy se comunicaba por medio de cartas. Pasadas las fiestas de fin de Año y cuando Candy ya se había habituado a su reciente "maternidad", decidieron que al comenzar la primavera y para su cumpleaños harían la reaparición de la pupila de Albert ante la familia. En realidad sólo sería con los más allegados, porque los Leegan se habían trasladado definitivamente a Florida y estaban incursionando en los negocios de turismo y hotelería.

El plan era organizar una fiesta en la mansión de Chicago llevando a todos los habitantes del Hogar de Pony, así Candy no se separaría de la pequeña Juliette.

La tía abuela Elroy estuvo de acuerdo, ya que serìa un evento privado y no se daría publicidad a la reunión. Ella pensaba que más adelante volvería a insistir con el asunto de buscar un buen prospecto para esa niña así se sentiría tranquila; aunque su mayor preocupación era Albert, pues ya había pasado de lejos la edad en que debería haber tomado una esposa y en consecuencia haber procreado el siguiente heredero del clan. No importaba que los tiempos cambiaran, para ella la tradición era muy importante y la cuestión de la herencia no podía ser dejada de lado.

La reunión fue muy emotiva, Albert llenó la habitación de Candy de regalos y el más bello de todos fue la pareja de caballos que ella cuidaba de pequeña en la casa de los Leegan.

Ambos disimulaban ante todos para que no se dieran cuenta de que se veían con frecuencia, y tuvieron mucho cuidado de que los niños más grandes no cometieran ninguna indiscreción.

Candy estaba muy contenta de estar nuevamente con sus amigos y se pusieron al día en todo lo que habían pasado durante el tiempo que no se habían visto. Allí se entero que felizmente los contratiempos que surgieron a raíz del compromiso de Archie y Annie habían sido resueltos gracias a la decidida intervención de Albert. Candy se sentía un poco preocupada antes de su encuentro con la tía abuela porque después del fallido intento de casarla con Neal y de la carta que ella le había mandado para rogarle que no se opusiera al compromiso entre sus amigos, no sabía con que humor la recibiría. Para su tranquilidad la conversación que tuvieron fue calmada como en pocas veces habían tenido oportunidad.

Candice, la saludo la tía abuela en un comienzo, en primer lugar quiero darte mi saludo en el día de tu onomástico, espero que hayas pasado un buen tiempo en Michigan y que te hayas comportado como una dama Andrew.

Gracias Tía Abuela, pase una buena temporada en el Hogar de Pony, el clima fue muy benigno y mis deberes en la casa hogar muy productivos.

Bien, dijo con cierta incomodidad, no comprendía porque esta niña siempre prefería pasar su tiempo en ese lugar antes que formar parte de las actividades de los Andrew, después de todo, aunque ella nunca la había aceptado del todo, debía reconocer que había sido de gran ayuda para la familia al haber salvado a su sobrino. Solo por eso no había vuelto a enfrentarla, eso y además de la férrea defensa que ejercía William en todo lo referente a la muchacha. Para ella el haberla casado con Neil hubiera sido preferible, pero no podía ir en contra de las órdenes del patriarca que contrario a toda expectativa había asumido sus funciones con absoluta capacidad y control.

Debes saber que desde hace tiempo quería hablar contigo para agradecerte por haber cuidado de William mientras estuvo enfermo. Si yo hubiese sido mas comprensiva y me hubiese interesado en tus quehaceres nos habríamos enterado de que él estaba a tu cuidado en vez de vivir preocupados pensando que algo terrible le había sucedido. Todo el Clan está en deuda contigo ya que salvaste la vida del Patriarca.

Oh, tía abuela, muchas gracias por sus palabras, pero lo hice de todo corazón, Alb…digo William fue siempre muy bueno conmigo y aunque yo no sabía quién era realmente, mi gratitud hacia él por haber salvado mi vida aquella vez que casi me ahogo en la cascada y por haberme brindado su amistad desde entonces fué suficiente para que yo hiciera lo posible por protegerlo y ayudado a recuperarse.

Está bién Candice, comprendo, igualmente te estoy muy agradecida.

Otra cosa, quisiera también que hablemos sobre lo de tu compromiso con Neal.

Oh, tía abuela ¿es eso necesario?, a mi me gustaría olvidar ese episodio de mi vida, fue muy brusco de mi parte lo que hice pero yo no podía comprometerme con alguien a quien no quería ni en la mas mínima forma.

¡Oh, Niña! ¿Tanto así lo desprecias?

Discúlpeme tía abuela, pero él siempre fue muy malo conmigo.

Esta bien Candice, en ese entonces no actué correctamente, debí tener en cuenta tu opinión, estaba muy alterada por la muerte de mi querido Stear. No podía permitir que otro de mis nietos muriera de esa manera tan terrible.

Está bien tía abuela, dejemos esas cosas en el pasado.

De acuerdo, pero hay algo que creo que si deberías tomar en cuenta

¿De que se trata tía abuela?

De tu vida. Ya estas en edad de casarte y formar una familia. Una dama de tu posición debe hacerse cargo de su casa.

Tía abuela, en estos momentos no había tomado eso en consideración, por ahora quiero retornar una temporada al Hogar de Pony, les prometí a la Hermana María y a la Señorita Pony que les ayudaría a organizar la enfermería y también tengo pensado crear una nueva clínica cerca al Hogar para la atención de los niños huérfanos y la gente humilde. Me gustaría quedarme a vivir definitivamente cerca de Lakewood donde tengo mis más hermosos recuerdos.

¿En Lakewood? Pero, ¿con quien podrías casarte allí?

No lo sé tía abuela, pero quédese tranquila, le prometo que pensaré al respecto.

Correcto Candice, por el momento no insistiré más, pero no me olvidaré del asunto. Mi deber como matriarca de la familia es ver que sus miembros formen debidamente sus familias y eso te incluye a ti y a William, por supuesto.

¡Albert! Pensó Candy, ¿Acaso Albert tendrá que casarse pronto?, Eso si no lo había pensado.

Comprendo tía abuela

Bien, regresa con tus invitados

Con su permiso tía abuela, que descanse.

Después de la reunión y con muchas preguntas en su corazón, Candy retorno con sus madres y los niños al Hogar de Pony.

Todos la notaban muy pensativa. Se dedicó en cuerpo y alma al cuidado del Hogar y a la organización de la nueva "Clínica Feliz" la cual seria ofrecida al buen Dr. Martin. Pero primero había que convencerlo del proyecto, así que le escribió un par de cartas para animarlo y hacer que aceptase la ayuda que Albert tan generosamente le ofrecía.

A veces buscaba un tiempo para retirarse a la Colina de Pony para meditar. Albert estaba nuevamente en uno de sus largos viajes y a ella le gustaba leer sus cartas y postales varias veces en aquella colina, ¿por qué?, ni ella misma lo sabía.

Había un pensamiento que daba muchas vueltas en su cabeza, ¿Qué pasara cuando Albert regrese de su viaje? La tía abuela Elroy parecía muy decidida a casarlo lo mas pronto posible, ¿podría ella obligarlo? No, no creo. Pero, si llegara a enamorarse, eso sí seria distinto.

Albert era un hombre muy apuesto y cariñoso. Desde hace tiempo había empezado a ver en él al hombre fuerte y comprensivo capaz de hacerla sentir segura, él era el único que nunca le había fallado, siempre había estado allí para ella, aún estando amnésico, el tiempo que vivieron juntos fue el mejor de su vida. Pero si se casaba tendría su propia familia y lo perdería definitivamente y ella pasaría a un segundo plano como es lógico. ¿Qué es lo que sentía? ¿Acaso eran celos de esa mujer inexistente? ¿Y Terry? ¿Qué sentía ahora?, ¿Acaso ya no era amor lo que sentía por el? No, de eso ya había pasado mucho tiempo y ahora si podía sentir que recuperaba las riendas de su vida y de su corazón.

Muchas interrogantes como esa daban vueltas en su cabeza y a veces la hacían sentir muy triste. No podía ser egoísta, Albert también merecía ser feliz.

CAPITULO 5

AFRONTANDO REALIDADES

¡William!, que bueno que estés de regreso hijo

Fue el saludo de la señora Elroy a su querido sobrino después de tantos meses de ausencia. Realmente lo había extrañado. Desde que el regresó a ocuparse de sus responsabilidades había sido un consuelo darse cuenta que valió la pena tanto sacrificio realizado desde que quedo huérfano de pequeño. La esmerada educación había tenido grandes resultados y ahora estaba convertido en un hombre que, además de apuesto era un verdadero caballero, gran administrador y negociante. Pero algo estaba inconcluso… su vida era muy solitaria. No había querido comprometerse con ninguna de las señoritas de sociedad que le habían sido presentadas. Tampoco era de asistir a los eventos de sociedad a los que siempre lo invitaban y si lo hacia se encargaba de estar rodeado de hombres de negocios que solo pasaban el tiempo discutiendo sin buscar de relacionarse con las damas presentes.

¡Qué contrariedad! Pensaba constantemente, pero de alguna manera tendré que encontrar solución a este comportamiento suyo.

Tía Elroy, es un gusto para mí encontrarla con buena salud, le respondió el rubio, éste ha sido un viaje largo pero muy productivo, estoy muy satisfecho con los resultados. Espero poder tomarme unos días de descanso para recuperar fuerzas antes de comenzar el nuevo ciclo de negociaciones. Esta vez deseo enfocarme en los negocios en Inglaterra, aquellos que comencé hace años y que quedaron inconclusos debido a esta cruenta guerra.

¡Oh, querido sobrino! Gracias a Dios que esta pesadilla por fin ha terminado. Aun así, no puedo evitar el dolor que la perdida de Stear me ha causado. Creo que nunca podré reponerme. Estoy vieja y el dolor y las preocupaciones me golpean cada vez con más fuerza.

Pero tía, que tipo de preocupaciones la agobian de esa manera. Si en algo puedo ayudarla, por favor no deje de decírmelo.

La tía Elroy se quedo callada por unos instantes, dudó un poco en volver a tocar el tema que siempre había acabado en discusiones desagradables con su sobrino, pero parecía un buen momento y además era cierto que ella se sentía vieja y cansada, su mayor anhelo era ver la siguiente generación Andrew antes de reunirse con sus antepasados.

Archibald ya estaba comprometido con Annie quien había resultado una excelente dama a pesar de sus orígenes, Eliza estaba por comprometerse en Florida y Neil, bueno, el aún estaba un poco molesto por no haberse podido casar con Candice, pero se había convertido hombre de negocios muy efectivo y enérgico.

Lo importante ahora era el apellido Andrew y el destino de la fortuna. William tenía que casarse, y Candice también, ella, a pesar de ser adoptada, también era heredera de una cuantiosa parte y además la única que portaba el apellido aparte de su sobrino y debía ser casada apropiadamente. Pronto cumpliría la mayoría de edad y si se emancipaba no podría ejercer más su autoridad sobre ella. Era su deber solucionar ambos problemas urgentemente.

Ya que me lo pides de esa manera querido William, te diré que es lo que más me preocupa en estos momentos.

Sabes que como Matriarca de la familia mi deber ha sido preservar la fortuna y el apellido Andrew por encima de todo. He hecho lo que estuvo a mi alcance para lograrlo, sobretodo desde que tú, único heredero, quedaste a mi cargo.

Albert solo asintió con la cabeza dejándola continuar.

Tal vez no hayas estado conforme con las decisiones que tome, pero al final estoy orgullosa del hombre en el que te has convertido, a pesar de tu espíritu libre has sabido tomar en serio tus responsabilidades. Con respecto a tu pupila, si bien es cierto que por años no estuve de acuerdo con su integración a la familia, ahora no me queda más que aceptarla, y preocuparme también por su futuro.

Elroy Andrew se contuvo un poco esperando algún comentario de su sobrino, pero se sorprendió de que éste se mantuviera en silencio y con la misma expresión relajada en su rostro.

Creo que sabes a lo que me refiero, le dijo esperando alguna reacción.

Tal vez, le respondió calmado, pero preferiría que continúe antes de darle mi opinión.

Está bien, seré directa, sabes que no me gusta andar con rodeos.

Se trata de tu futuro como patriarca de esta familia y la necesidad de que contraigas matrimonio a la brevedad y produzcas un heredero que continúe nuestra estirpe.

El rostro de Albert se tenso un poco.

Asimismo, Candice, como principal heredera y siguiente en portar el apellido Andrew, deberá casarse con un hombre que este a nuestra altura y aumente la fortuna de la familia. Me preocupa que viva recluida en la campiña sin rozarse en sociedad. Ya esta próxima a cumplir la mayoría de edad y pronto dejara de estar bajo tu tutela…

Las últimas palabras dichas por su tía hicieron eco en la mente de Albert. Era cierto, Candy pronto dejaría de ser su pupila, si bien siempre portaría el apellido, ya no dependería de sus decisiones y además él también seria libre para poder cortejarla… Si, ese era su mayor deseo, la amaba desde siempre y, a pesar de que ella se enamoró de su amigo, no había dejado de quererla ni un segundo, pero sabía que el camino a su corazón siempre había sido muy complicado. Él las amaba a ambas, a Candy y a la pequeña Juliette, que ahora estaba por cumplir los dos años y era una niña dulce, hermosa y llena de vitalidad como ella.

¿William?... ¡William!...

Eh, si tía, la estaba escuchando…

¿En serio, por que no respondías entonces? Te pregunte si estabas de acuerdo.

¿De acuerdo con que Tía?

Con que casemos a Candice con el hijo de los Forreston, son una familia muy rica y el hijo mayor es muy apuesto y caballero.

Tía, creo que desde hace años dejé en claro que Candy sólo se casaría con quien ella eligiese, no pienso obligarla a desposar a nadie sólo por asegurar el apellido y la fortuna familiar, le respondió el rubio disimulando lo mejor posible su disgusto y sin levantar la voz.

Además, continuo, en lo que a mi respecta, no me interesa casarme por conveniencia tampoco, encuentro a la mayoría de las "señoritas" de sociedad que te empeñas en presentarme demasiado superficiales e interesadas en lo que mi apellido les pueda ofrecer. No se interesan por conocerme realmente y solo quieren una vida llena de glamour que no estoy dispuesto a llevar.

Mi decisión irrevocable es que sólo me casare por amor, y siento mucho que esto le genere preocupaciones, pero las decisiones sobre mi vida y mi felicidad las tomaré yo.

William, pero si siempre estas tan solo, de qué felicidad me hablas. No quiero discutir contigo, estoy cansada y sólo te pido que pienses en lo que te he dicho. Si quieres casarte por amor, está bien, pero preocúpate de encontrar ese amor que deseas, búscalo, no te encierres más.

¡Si siguen así los dos no me quedará más remedio que casarlos antes de morirme!

Albert sonrió para si mismo, eso era justamente lo que él había querido siempre, casarse con su princesa, pero, ¿Llegaría ese momento algún día?

Luego de la conversación y de la cena, ambos se retiraron a sus habitaciones.

Albert pensaba en los últimos tres años desde que su pequeña había regresado de Rockstown con el corazón adolorido pero con una firme resolución, la de ser feliz y reconstruir su vida. A pesar de que la llegada de Juliette fue inesperada, le dio a su princesa un nuevo motivo para vivir y recuperarse, y él fue testigo de la gran transformación de su Candy. Ella era una mujer exquisita que a pesar de conservar su espíritu libre y aventurero, sus modales se habían refinado y como mujer había florecido de una manera radiante y muy atrayente para el. Demasiado atrayente.

Estaba tan cansado de viajar solo, las cartas que se habían escrito durante este periodo le hacían sentir que algo en los sentimientos de ella habían cambiado. Definitivamente durante estas pequeñas vacaciones lo averiguaría. Ya tenia un plan concebido y lo llevaría a cabo ¡Era ahora o nunca!

Con ese pensamiento se empezó a relajar tratando de conciliar el sueño, mañana después del desayuno partiría a Lakewood y prepararía todo para recibir a sus preciosas invitadas.

CAPITULO 6

UN DULCE SENTIMIENTO

La mansión lucia hermosa como siempre. El señor Whitman se había encargado de cuidar los jardines con mucho esmero y en especial los rosales que fueron de Anthony. Las Dulce Candy florecían más hermosas que nunca como anunciando el fin de una vida solitaria y el inicio de una nueva generación que seria mas dichosa que la anterior.

Albert como siempre que llegaba a Lakewood organizo todo de tal manera que la servidumbre pudiera tomarse unas pequeñas vacaciones dejando sólo lo esencial para que el dueño de casa se sintiera cómodo y no sufriera necesidades.

Su plan era ir a visitar a sus princesas al Hogar de Pony y convencer a Candy de que pasaran con él unos días en la mansión.

Han pasado más de tres años desde que se separaron, pensaba. Comprobaré si es posible que sus sentimientos sean favorables hacia mí. Espero me permita sanar su corazón y darle la felicidad que tanto se merece. Juliette esta mas grande ahora y en edad de empezar a comprender. Me gustaría que me reconociera como a un padre. La quiero como si realmente fuera mi hija.

La mañana siguiente muy temprano, Albert cargo su automóvil con los presentes que había comprado para los niños y vestido de forma casual se dirigió rumbo al Hogar con el corazón lleno de esperanza.

Ese día en especial había amanecido muy cálido, las flores en la colina se veían muy hermosas y coloridas. Candy se había levantado de buen humor, desde hacía tiempo se sentía más relajada y entusiasmada. La clínica que habían construido para el Dr. Martin funcionaba muy bien. La gente se sentía agradecida porque al fin podían acceder a una buena atención a bajo costo; y aquellos que realmente carecían de recursos también eran recibidos con mucha calidez humana.

Sus días transcurrían apaciblemente entre el cuidado de Juliette, la ayuda que les brindaba a sus madres en el Hogar y su trabajo en la clínica. Extrañaba mucho a Albert. Siempre había sentido algo muy especial por él. Había encontrado consuelo en sus brazos cada vez que había sido golpeada por circunstancias de la vida; sobretodo desde su separación de Terry.

Continuamente se preguntaba cuál era la diferencia entre sus sentimientos. A Terry lo recordaba con mucho afecto, pero había logrado ubicarlo en un lugar especial que ya no le producía la añoranza que sentía al principio. Sabía por los periódicos y revistas que él había logrado su sueño de ser uno de los mejores actores de teatro. Su última interpretación de Hamlet había sido todo un éxito durante más de un año.

Recordó el día que recibió la invitación de la señorita Eleanor Baker para el estreno en Nueva York y se alegró de haber sido fuerte y no haber cedido a la tentación de ir a verlo. ¿Para que remover el pasado? Susana se mantenía a su lado, ahora se desempeñaba como escritora y parecía que sus obras también eran muy reconocidas. Ellos se comportaban como una pareja discreta y muy relacionada al mundo del teatro.

Susana, pensaba Candy, Aún recuerdo tu breve carta, y sigo sin comprender para qué me la enviaste. Ya no tiene sentido, yo renuncié a él para que seas feliz y en agradecimiento por haber salvado su vida, para mí es muy importante que él siga adelante y cumpla sus sueños, aunque ya no sea a mi lado, esa fue mi forma de corresponder a su amor.

Las cartas que les escribí, una para ti y otra para él, ¿que sentido tendría enviarlas? Definitivamente ese es un capítulo cerrado en mi vida. Dando un suspiro profundo continuo con sus cavilaciones.

¿Serán felices? Se preguntaba, espero que si. Por mi parte, yo soy feliz. Tengo el amor de Juliette que es muy dulce, de mis madres y los niños del hogar; pero sobretodo, tengo el afecto y apoyo de la persona que siempre estuvo a mi lado y que creyó en mi, a pesar de mis errores y mis travesuras. ¡Albert! ¿Donde estarás en estos momentos? Cada día que pasa te extraño más. Espero verte pronto.

Ya entrada la mañana, mientras Candy les leía un cuento a Juliette y a los niños mas pequeños en su habitación, sintieron el ruido de un motor que se detenía en la entrada.

Candy, dijo Juliette, ¿quien habrá venido?

No lo se mi amor ¿que te parece si vamos a averiguarlo?

Candy tomo en sus brazos a la pequeña y seguida de los demás niños se dirigió a la puerta. Sentía una extraña ansiedad, su corazón latía apresuradamente con una mezcla de emoción y excitación; pero antes de salir de la habitación, escucho la voz de la señorita Pony que saludaba al recién llegado.

Señor Albert, que grata sorpresa. Adelante por favor.

Gracias Señorita Pony, acabo de regresar de viaje y vine a ver cómo se encontraban todos.

Es muy amable de su parte, nosotros nos encontramos muy bien. Enseguida mandaré avisar a Candy que Usted acaba de llegar.

Se lo agradezco mucho.

Candy se quedo de pie en el pasadizo, Esa dulce voz ¿Albert? ¡Oh Dios mio! ¡Albert! ¡Cada vez que te encuentras cerca mi corazón late deprisa!

Al escuchar la voz, Juliette enseguida se bajo de sus brazos y corrió a recibir al recién llegado.

¡Tío Albert! ¡Tío Albert!

Mi pequeñita ¿Cómo estas? pero cuanto has crecido, estas cada día mas hermosa.

Juliette enseguida corrió a sus brazos y el la levanto y empezó a darle vueltas riendo alegremente antes de darle un gran beso en la mejilla.

Candy se quedo observando la escena muy emocionada ¡Albert! Pensaba ¡No sabes lo feliz que me hace que hayas regresado!

¿Y Candy? ¿Dónde está?

Ahí viene tío Albert, estaba en nuestra habitación leyéndonos un cuento. Hoy no fue a trabajar a la clínica.

Albert se acercó hacia Candy que se quedó parada en el umbral de la entrada del recibidor contemplando con una gran sonrisa la escena.

Hola Candy, ¿no vas a venir a saludarme? Le dijo extendiéndole un brazo mientras que con el otro cargaba a Juliette que no lo soltaba por nada del mundo.

¡Oh Albert! ¡Que alegría verte de nuevo! Le dijo mientras se dirigía hacia él.

Albert la recibió alegremente y abrazó a las dos con inmenso afecto. Por fin se volvía a sentir completo. La señorita Pony, la hermana María y los niños miraban la escena emocionados, parecían una verdadera familia.

Pronto el ambiente en el Hogar se torno de fiesta. Candy observaba a Albert conversar con los niños mientras mantenía a Juliette en sus brazos. Tenía una expresión extraña, parecía un niño más. La señorita Pony y la hermana María se dirigieron a la cocina enseguida para preparar algo de comer.

Juliette querida Le dijo a la pequeña mientras la depositaba en el suelo ¿Me permites que salga un momento con Candy? Quisiera conversar algo con ella.

Está bien Tío Albert, pero no se demoren para que puedas jugar mas tiempo con nosotros.

No tardaremos, te lo prometo.

¿Vamos Candy?

¿Eh? Sssi, vamos

Caminaron hacia la colina disfrutando de la hermosa y cálida mañana. Al llegar a la cima tomaron asiento al pie del padre árbol.

Candy, que alegría me da poder estar aquí con ustedes nuevamente. Te extrañe mucho.

Albert, yo también te extrañe, cada vez que recibía una carta tuya me sentaba al pie de este árbol y la leía con mucho entusiasmo.

Si, fueron demasiados meses para mi gusto. El trabajo fue arduo, pero valió la pena el esfuerzo, ahora puedo tomarme unos días de vacaciones.

Me alegra mucho oír eso, no me gusta que trabajes tanto.

Princesa, he dispuesto todo para tener libre la mansión de Lakewood. Me gustaría que ambas pasen unos días conmigo ¿Qué dices?

Bueno, creo que seria lindo disfrutar unos días allí, es hora que Juliette conozca el lugar donde fui tan feliz.

Entonces arreglaré todo y vendré a buscarlas pronto.

Candy asintió, se sentía muy emocionada. Albert siempre tenía un trato muy especial hacia ella y últimamente su presencia le resultaba esencial. Durante los meses que él estuvo viajando lo extraño más de lo que hubiera imaginado.

Albert se quedo observándola por un momento. No sabía si preguntar o no lo que tanto deseaba saber. Pero estaba decidido, esta vez tenía que enfrentar sus sentimientos.

Candy, me gustaría hacerte una pregunta y espero que seas sincera conmigo.

Por supuesto, pregúntame lo que quieras.

Bien, después de estos años y de todo lo que has tenido que vivir quisiera saber cómo te sientes, es decir ¿Cuáles son tus sentimientos respecto a Terry? ¿Aun… Ejmmm… ¿Aun lo amas?

Albert, eso es algo que ya he podido superar. No he cambiado de opinión, y mas ahora que…

Candy se quedo observándolo unos instantes, no podía decirle cuanto habían cambiado sus sentimientos hacia él tan directamente. Bajo la mirada y se quedo observando el césped.

Albert se preocupo y le levanto la barbilla suavemente con su mano.

¿Ahora qué Candy? Dime por favor, necesito saber si aún lo amas.

Albert, yo amé mucho a Terry, fue mi amor de la adolescencia y me dolió la forma en que tuve que renunciar a él, pero ya me resigné y esa vez en Rockstown, gracias a ti, pude empezar a darle un cierre definitivo a esa etapa de mi vida. Fue muy difícil al principio y me tomo mucho tiempo. Nunca me imaginé lo doloroso que sería pero cuando llegue aquí y sucedió lo de Juliette me entregué en cuerpo y alma a ese nuevo ser que era inocente de toda tragedia. Era como si yo misma hubiera renacido; nunca permitiría que ella viviera la soledad y el abandono que yo sufrí de pequeña. No se los motivos que tuvo mi madre para abandonarme, pero yo no haría lo mismo con ella.

Te comprendo y valoro mucho tu coraje y he sido testigo de los sacrificios que has hecho por mantener tu promesa. No he conocido nunca a ninguna persona mas cariñosa y preocupada que tu. Admiro tu fortaleza.

Gracias por tus palabras Albert, pero la verdad es que no lo hice sola, además de mis madres, siempre te tuve a mi lado apoyándome.

Siempre estaré para ti princesa, no lo olvides, siempre.

Ambos se quedaron mirando a los ojos sin decir nada más. Candy se sentía tan agradecida por tener a su lado a este maravilloso hombre que, a pesar de las dificultades que ella había tenido en su vida, núnca la había abandonado.

Albert, le dijo, Terry tendrá siempre un lugar especial en mi corazón, como el amigo rebelde que me enseñó a seguir adelante después de haber perdido a Anthony y como el amor intenso que me dejó el más bello recuerdo que hubiese podido imaginar. Pero ese sentimiento es ahora de ternura, es algo tranquilo que no me atormenta y que me permite ser feliz de nuevo y continuar con mi vida. Creo que él debe sentir lo mismo, ha logrado triunfar como actor y lleva una relación estable con Susana aunque aún no se hayan casado.

Sí, he leído los reportajes y su carrera va en ascenso constante.

Lo sé, y me alegro por él, sinceramente. Mi vida sigue y tengo la vista siempre adelante.

Dime Candy, ¿no piensas en casarte algún día?

Albert le hizo la pregunta con cierto temor. De su respuesta dependía su siguiente paso.

Bueno, le dijo con una sonrisa nerviosa, Eso depende. Pero sinceramente ¿Quien va a querer casarse con una mujer como yo?

No digas eso princesa, el hombre que logre tenerte a su lado será el mas dichoso de la tierra.

Candy bajo la cabeza una lágrima rodo por su mejilla y nuevamente su expresión se lleno de tristeza. Albert sintió que aun había esperanzas. Se levanto y dió un par de pasos. Ella hizo lo mismo, pero la angustia que sintió en su corazón hizo que se desbordara y más lágrimas cayeron de sus hermosos ojos.

Él se giró, la miró con ternura y esbozando una dulce sonrisa de dijo:

Candy, creo… creo que ya es hora de que me devuelvas mi medallón.

El silencio y la sorpresa la paralizaron por completo, esas palabras y su dulce voz la transportaron a un tiempo lejano, el mismo escenario, el mismo llanto…

¿Mi príncipe? ¿Albert? ¿Albert es mi príncipe?

¡Albert! Le dijo con la voz entrecortada por la emoción ¿No seré mas bonita cuando me rio?

Candy, de dijoemocionado ¡Tu eres hermosa incluso cuando lloras!

Por fin después de tantos años ahora lo entendía todo ¡Por supuesto que su príncipe era un Andrew! Anthony había tenido razón, su príncipe había sido Albert, su amigo, su protector y… y… su primer amor…

Candy corrió a sus brazos y él la recibió emocionado, la levantó en el aire y le dio vueltas alrededor ambos envueltos en risa. ¡Por fin se lo había dicho! Ahora sí estaba convencido que existía la esperanza de ganar su corazón.

La emoción de la última revelación los dejó sin palabras; así permanecieron abrazados por un tiempo.

¡Extrañaba tanto esta sensación querido Albert, siempre me he sentido tan bien en tus brazos! Se decía Candy a si misma ¡Nunca me había sentido tan feliz!

Mi pequeña princesa, no sabes lo feliz que me haces al abrazarme así, pensaba él, me siento tranquilo junto a ti, te prometo que pronto estaremos juntos y no nos separaremos nunca más. Tú, yo y si así lo deseas también la pequeña Juliette. Sólo espera un poco más...

Albert sabía que tenía que ser paciente. Al regresar a Chicago arreglaría todo de manera que pudiera manejar desde Lakewood los negocios y así poder compartir con ella su tiempo. Mantendría solo el personal necesario dentro de la mansión, aquellas personas que eran muy allegadas y que serian discretos.

El sonido de una bocina los saco de su ensueño; con renuencia fue soltando el abrazo y dándole un casto beso en la frente la apartó y le dijo:

Candy, tengo que irme ahora, George me espera.

Pero…

Pronto pequeña, te prometo que regresaré pronto y seré todo tuyo.

Está bien Albert, te esperaré.

Aquellas palabras habían hecho estremecer a Candy, la forma en que se lo dijo hizo que su cuerpo vibrara ante la sensación de tenerlo para ella todo el tiempo, como antes.

Albert, gracias. Te escribiré y esperare tu regreso, yo también quiero tenerte solo para mí.

Ambos sonrieron ante la declaración entredicha y Candy lo acompañó hasta el auto donde saludo brevemente a George y los despidió con un sentimiento extraño en su corazón. Caminó de regreso al Hogar muy pensativa y pero con una nueva esperanza. Allí los esperaban los niños con el almuerzo listo; Candy excuso a Albert diciendo que tuvo que partir urgentemente pero se despedía de todos.

Candy, le dijo Juliette, ¿el tío Albert regresara pronto?

Si mi amor, muy pronto; ¿sabes? Él me ha invitado a que pasemos una temporada en su casa de Lakewood ¿Te gustaría acompañarnos?

Siiiiiii, si, por favor vamos, quiero conocer su casa. ¿Hay muchos árboles allí y lugar para jugar? ¿Podrás continuar enseñándome a subir a los árboles?

Por supuesto corazón, hay mucho lugar, un bosque con muchos árboles enormes y un lago donde hacer picnic y nadar.

Estoy muy feliz Candy.

Yo también pequeña, yo también.

Las siguientes semanas fueron para ambos de mucho ajetreo. Albert logro coordinar con George los pendientes urgentes en Chicago y acomodaron el resto para manejarlo desde Lakewood. No podría tomarse unas vacaciones completas como hubiera deseado pero no importaba porque al estar en la misma casa compartirían lo más importante y serian como una verdadera familia.

Por su parte, Candy hablo con sus madres acerca de la propuesta de Albert y ellas le dieron todo su apoyo. Se sintieron aliviadas de saber que por fin Candy se daba la oportunidad de salir del autoexilio que se había impuesto y tenían la esperanza de que descubriera y correspondiera al amor de ese maravilloso hombre que la había protegido desde pequeña. Para ellas era mas que evidente que el sentía algo más que amistad hacia Candy y sólo faltaba que ella se diera cuenta de sus verdaderos sentimientos.

CAPITULO 7

UN AMOR QUE RENACE COMO LAS ROSAS

¡Candy mira que hermosas flores! ¿Como se llaman?

Son rosas amor, y se llaman Dulce Candy.

Mmmm, huelen muy bien… Me gusta mucho este jardín ¿Esa es tu casa tío Albert?

Si preciosa ¡Bienvenida a la mansión de Lakewood!

Es muy grande y me gusta mucho.

Me alegro que te guste mi casa princesa. Vamos, ¿te gustaría conocer tu habitación?

Siiiiiii, y también quiero ver toda la casa, es mucho más grande que el Hogar de Pony.

Albert se sentía orgulloso. Todo había salido como él lo esperaba. En pocas semanas pudo arreglar todos sus asuntos y de inmediato viajo al Hogar de Pony a buscar a sus princesas.

El camino a la mansión fue muy grato, Juliette estaba fascinada con los paisajes y el bosque, miraba por la ventana del asiento posterior del automóvil. Por su parte, Candy no cabía en si de felicidad. Por fin estaba al lado de Albert, pero más que nada ¡Estaba al lado de su príncipe!

Luego de la asombrosa revelación de la última identidad de Albert, Candy sintió que su vida había sido como un cuento de hadas. Aquel muchacho que tanto añoraba, que la consoló de niña y que sin darse cuenta le había dejado un amuleto de buena suerte, había estado siempre a su lado. Le había salvado la vida, le dio un lugar importante dentro de su familia, educación y muchas comodidades incluso habían vivido juntos durante más de un año desafiando a la sociedad. Se habían encontrado y desencontrado muchas veces a lo largo de los años; sin saberlo habían estado unidos por un hilo invisible imposible de romper.

El mismo día que él regreso a Chicago ella le escribió una carta y así se comunicaron durante esas semanas. Albert pudo aclarar muchas de sus dudas sobre su pasado y el día en que se conocieron, el por qué había desaparecido tan rápidamente y como lo volvió a encontrar tan cambiado años después.

Acababan de llegar a la mansión de Lakewood. Nuevamente los recuerdos afectaban su corazón. Aquellos días hermosos al lado de Anthony, Stear y Archie, el descubrimiento de la identidad del famoso Tío abuelo William, la cabaña del bosque…

Desde que cruzaron el portal de las rosas la niña había quedado fascinada y Albert se sentía muy satisfecho, por fin la traía de regreso a su hogar.

Candy, hice arreglar la habitación que está al lado de la mía para ustedes. Supongo que Juliette se sentirá mejor compartiendo tu habitación. No esta acostumbrada a dormir sola y estas habitaciones son muy grandes ¿Te parece bien mi idea?

Si, Albert, has tomado la decisión correcta, así nos sentiremos mas acompañadas teniéndote cerca.

Entonces vamos a refrescarnos y descansar un par de horas y luego haremos algo de comer. El personal tiene estos días de vacaciones, así que tenemos todo a nuestra disposición. No creo que tengamos ningún inconveniente.

Me parece buena idea Albert. Juliette ¿Vamos querida?

¡Si vamos!

Subieron las escaleras e inmediatamente Albert las escoltó hasta su habitación, al abrir la puerta Juliette se quedo maravillada de lo espaciosa e iluminada que era. Se sentía feliz como una verdadera princesa. Candy se recordó a sí misma la primera vez que vio su habitación luego de haber sido adoptada. Los recuerdos inundaron su mente y la imagen de sus tres paladines la llenaron de nostalgia.

Luego de refrescarse y de acostar a la niña para que hiciera una siesta, Candy bajo a la cocina por un vaso de agua. Allí se encontró con Albert que silbando una dulce melodía estaba buscando algunas cosas en la despensa.

Mi príncipe, pensaba Candy, estoy cerca de ti nuevamente, y pensar que convivimos tanto tiempo sin saber quien eras realmente, tan gallardo y alegre como la primera vez que te conocí.

El no se había dado cuenta de su presencia, estaba pensando en hacer algo delicioso para cenar. Ella lo miraba desde el umbral de la puerta fascinada; su corazón latía fuertemente y no se animaba a llamar su atención.

Candy, pensé que descansarías un rato mas, le dijo en cuanto la vio; ven ayúdame a preparar algo de comer, si nos apuramos lo tendremos listo antes que Juliette se despierte de su siesta.

Bien, pero ya sabes que eso de cocinar no se me da mucho, han pasado los años y por mas esfuerzos que he hecho en el Hogar de Pony no he avanzado mucho, dijo haciendo una mueca graciosa. Creo que nunca llegare a ser una buena esposa.

Albert la quedo mirando de una forma tal que ella se sintió un poco incomoda, sus mejillas se sonrojaron y no supo que hacer. Para él fue como un dèjá vu, pero contrario a la vez anterior se atrevió a decir lo que pensaba en voz alta.

Todo lo contrario Candy, le dijo, creo que serás la mejor esposa del mundo, tienes todo lo que cualquier hombre podría desear; eres una mujer muy dulce y atenta, además de bella…

Uhmm… gracias, le dijo algo apenada. ¿Por que seguía mirándola así? nunca lo había hecho, sus ojos describían una chispa que no había visto antes.

Albert se acercó muy despacio y con suavidad acarició su mejilla, su mirada intensa hizo que ella temblara sólo con esa caricia. Su corazón latía tan rápido que parecía que se le iba a salir del pecho y antes de caer desmayada intentó serenarse y decir algo.

Albert, emmm, ¿que has sabido de Archie?, hace tiempo que no me escribe. Desde que se arreglo lo de su compromiso con Annie sé que se ha dedicado a estudiar mucho, ¿cuando crees que vuelva? ¿Ya tienen fecha de cuando será la ceremonia?

Mmmm, si, creo que será pronto, después de la ceremonia de conmemoración por el aniversario de Stear.

Stear, cuántos recuerdos me llegan a la memoria estando en esta casa, sabes Albert, Stear siempre fue tan bueno conmigo, a los tres los conocí en distintas circunstancias y a su manera me protegieron de los Leegan, pero tú... tú me salvaste la vida, eso nunca lo voy a olvidar.

Ni yo podré olvidar que salvaste la mía, y más aún, confiaste en mí a pesar de que los demás me creían un "gángster". Candy, eres una mujer increíble, y para decirte la verdad, eres la única mujer con la que he convivido en toda mi vida…

Candy se quedo maravillada de lo que Albert acababa de confesarle, la había tratado como una mujer, no como una chiquilla, en realidad pronto cumpliría la mayoría de edad, eso era algo importante en la vida de cualquiera.

Vamos Candy, empecemos a preparar todo de una vez, que te parece si mañana salimos todo el dia de picnic, podemos llegar hasta la cabaña y quedarnos a dormir allí. Veras que bien quedó después que la hice refaccionar.

¿En serio hiciste que la arreglaran? ¡Eso es maravilloso!

Lo hice por ti princesa, esa cabaña se volvió en un lugar muy importante para mi desde el primer dia que pusiste un pie en ella, hemos pasado muy buenos momentos allí, ¿no te parece?

Por supuesto Señor Andrew, dijo con picardía, el vagabundo Señor Albert fue muy amable al rescatarme de la cascada y darme cobijo por esa noche y ni que decir del tío abuelo William que compartió conmigo un hermoso dia después que descubrí su escondite…

Albert no pudo contener la risa. Ella siempre lo llamaba de distinta forma según la ocasión, por más que él se disculpara de las veces que tuvo que ocultar su identidad ella siempre le haría bromas.

Muy bien, señorita Andrew, entonces es un trato. Llevaremos unas provisiones y pasaremos una noche allí, podremos recordar viejos tiempos…

Continuaron conversando y recordando momentos agradables hasta que todo estuvo listo. Inmediatamente Candy subió por Juliette para despertarla y llevarla al comedor.

Después de comer Albert les hizo un recorrido por la mansión para que la pequeña la conociera. La llevaba de la mano mientras recorrían los pasillos y le contaba historias de sus antepasados. Candy lo escuchaba embelezada. Albert era tan dulce, ella se sentía como una niña pequeña otra vez, Así deben ser los papás, pensaba, dulces y siempre enseñándote algo nuevo. Pequeña Juliette, me hace tan feliz poder darte todo lo que yo no tuve. Se que desde el cielo tu mama te cuida y se siente tranquila porque estás rodeada de amor.

Después del recorrido la niña se volvió a sentir cansada y Candy la llevo a la habitación para acostarla mientras Albert se quedaba en el salón de los retratos a esperarla.

Se quedo dormida sin dificultad y después de arroparla bien se dirigió en busca de su príncipe, en el camino no podía dejar de pensar en él, era inevitable, sus sentimientos hacia ese enigmático hombre eran muy intensos, tanto que dolía aceptarlos, ¿que sentirá él por mi?, se preguntaba, ¿me verá aún como una niña desvalida que necesita su protección? Hace un rato en la cocina me pareció que no, ¿podrá ver algún dia la mujer que hay en mi dispuesta a amarlo?... ¿Amarlo? ¿realmente lo amaba?

Toco suavemente la puerta y él le dio el pase. Lo encontró mirando a través de la ventana la hermosa terraza que se encontraba del otro lado.

Se acerco sigilosamente y notó que algo muy conocido para ella estaba sobre la mesa donde alguna vez compartieron el té.

¡Mi diario! Se dijo sorprendida Pero…

Sin moverse de donde estaba Albert le dijo:

Quería devolvértelo, sé que es muy importante para ti…

Sí, el diario que llevó en su adolescencia, el mudo testigo de un capitulo cerrado que no volvería a remover, ¿para que?, no tenia ningún sentido.

Sí, es el recuerdo de una época pasada, era la forma en que quería agradecer al Tío Abuelo William por haberme adoptado haciéndolo participe de todas mis aventuras.

Esta bien Candy, creo que es hora de que empieces uno nuevo, ¿no te parece?

Si, creo que tienes razón. Le dijo dándose vuelta

Se miraron dulcemente no había más que decir entonces se dirigieron a la biblioteca para planificar lo que harían los siguientes días.

Pasarían muchas cosas de ahora en adelante. Se acercaban acontecimientos importantes en los que ella debía participar aunque no le gustara la idea. Ya era momento de empezar a abrirse al mundo de nuevo. Ella había sido siempre valiente y ahora su corazón por fin había sanado.

Las rosas mueren para renacer nuevamente, también mi corazón Anthony, creo que definitivamente me he vuelto a enamorar…

...

Fin de la primera parte...