Los personajes de Sailor Moon son propiedad de Naoko T., yo sólo me atribuyo la historia.

La Princesa de la Oscuridad

Cap 1

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Treinta y uno de octubre, la fecha en la que la puerta de inframundo se abría para nuestro festín, estaba harto de tener que esperar ese único y maldito día para salir y ser el demonio que en realidad soy…

Las hechiceras eran buenas, pero no tanto como para clavar mis dientes en ellas, así que yo esperaba el maldito 31 de octubre como un adicto sin redención…

Sangre, virtud y mucho, mucho sexo, a mis 400 años estaba en mi edad ideal, sobre todo para las humanas.

Una mirada coqueta, una sonrisa torcida y la señorita más remilgada se convertía en una puta sedienta de que mi miembro la hiciera gritar sin parar.

¿Quién soy?

Esa era la pregunta del millón cuando sus huesos se reducían a polvo entre mis dedos, cuando mis colmillos se enterraban en su tibia carne cuando mis ojos se volvían un par de zafiros fríos y tomaba de ellas el placer que había entregado.

—Por fin se acabó tu castigo—Gritó Andrew entrando a mi habitación, Hellfest sonaba desde los estéreos, si el inframundo era mas que neblina, oscuridad y demonios o hechiceros. Este era mi lugar. MI IMPERIO—¿Qué vas a hacer esta noche E?

—Lo mismo de siempre Andrew, follar, matar, sentir…

—¿Sentir? —dijo con voz de burla—¿tus 120 concubinas no te hacen sentir?

—Estoy aburrido de follar con las mismas

—Mi tío Seiya me ha dicho que debo ir contigo esta noche y cuidarte de que no cometas las mismas estupideces que cometiste hace cinco años.

—No soy un bebé por más que el mismísimo Diablo quiera Creerlo, ¡Soy Endimión Shields, el príncipe de las tinieblas maldita sea! —caminé hasta el estéreo y coloque otro cd.

—Lo sé hermano—Andrew se sentó en mi cama jugando con uno de mis Cds, siempre que iba a la tierra conseguía esas idioteces por las cuales los humanos trabajaban como burros, yo solo chasqueaba mis dedos y las cosas me seguían —Piensa en mi tío, no quiere que le pase nada a su heredero. Diamante estaría más que encantado en quitarte el trono.

Enfoqué mi mirada azul zafiro en la verde apaciguada de mi primo y mejor amigo—Diamante Black puede irse al mismísimo purgatorio—Sonreí —esta noche solo quiero alimentarme y follar unos cuantos coños vírgenes. Créeme extraño uno sin usar—Sonreí— quizás matar a unos cuantos malditos y jugar con las mentes de algunos remilgados—me miré en el espejo ajustando mi capa negra y tomando el antifaz.

Andrew suspiró. Él no era como yo, su viaje en la tierra lo invertía para buscar a su madre… bueno la tumba de su madre, cuando mi tío Yaten había ido con mi padre hacia casi 400 años atrás, él se había prendado de una chica rubia de bonitos ojos azules, o al menos eso describía el, de esa "pretensión" como la había llamado el gran Artemis había nacido Andrew.

Un romanticón empedernido, amante a las cosas cursis y peludas…Y no me refiero a un coño sin depilar, me refiero a los jodidos perros que el maldito recolectaba para asearlos, darles de comer y luego con su don envejecerlos hasta morir. Maricón sí, yo también lo creo, pero gracias al ser el hijo del Rey de las Tinieblas mi mente estaba protegida contra todos, en especial contra Andrew que al tener genes humano era mucho mas débil que yo… En qué cabeza cabe, que mi padre el gran Seiya Shields se le ocurría que él iba a cuidarme.

—Chicos—Mi madre tocó la puerta y yo le bajé el volumen al estéreo que en esos momentos reproducía mi canción favorita, Highway to Hell. Ella asomó su cabeza mirándonos a Drew y a Mi…—Supongo que atravesarán la puerta esta noche —Ambos asentimos —Solo sean lo mas discretos posibles—entró y acarició mi mejilla con dulzura a sus 1300 años mi madre era la mujer mas hermosa del inframundo, su poder era tal que al unirse con mi padre habían hecho la mejor jodida cosa de su larga existencia… Yo. —Andrew va a acompañarte amor, quiero que recuerdes lo que paso hace cinco años y por favor, no cometas la estupidez que cometió tu tío Yaten—miro a Drew con cariño—Te amamos, pero tu padre fue muy bruto al no matarla luego de que te arrancara de su lado —Andrew asintió y mi madre la bruja mas poderosa del inframundo acarició su cabeza como si fuese uno de los tantos cachorros que Drew cuidaba, alimentaba y luego mataba. Si al menos lo hiciera por distracción, pero según el sufrirían mucho si quedaban vivos así que el los recogía de las calles, los llevaba a aun lugar donde los sacos de pulga se daban un festín alimentico, luego los bañaba y con su don del tiempo los envejecía y bye pulgosos. —Prométeme que te portarás bien—mi madre me miró con sus grandes ojos turquesas tratando de ver en mi mente lo que haría esta noche… jodida ella, que tampoco podía leerla.

—Yo velaré porque no se meta en problemas tía Rei—Mi primo sonrió—Salir del inframundo sin E, no es lo mismo.

Y es que la multa por hacer una estupidez como la que había hecho hace cinco años atrás era restringir los permisos de salidas por cinco años y al ser yo el hijo del jefe me lo habían puesto como ejemplo. No, yo no podía permitir que otro imbécil como el tal Kenji Tsukino, me tomase una foto. No cuando mis colmillos estaban clavados en el cuello de una mujer.

—Tu padre quiere verte antes de que cruces la puerta Endimión

—Va darme otro sermón de cómo comportarme en la tierra—bufé arreglando mi cabello.

—Es tu padre.

—No soy un niño.

—Solo ve y reúnete con él —sentencio fuerte, revolví mi cabello antes de ver a mi madre salir.

Este año me encargaría personalmente del imbécil de Kenji Tsukino.

—I0—0I—

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Tokio-Japón ….31 de Octubre de 1994

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El mundo estaba tal cual como lo recordaba, niños disfrazados, jóvenes drogados o ebrios hasta la saciedad, mujeres buscando un polvo y varias putitas vírgenes…

Andrew se había ido a jugar con sus sacos de pulgas, eran las 9:35 pm estaba sentado en una rama de un árbol viendo como el párroco de una iglesia se comía a una mujer mayor y casada dentro del confesionario…O si, mis placeres, elevar un poquito la lujuria del párroco mientras la mujer le contaba una fantasía sexual pidiéndole que le mandara no se cuantos avemaría por impura. Supiera ella que eso en el Inframundo es una insignificancia, había sido divertido excitar al "siervo del señor" así que estaba viendo una de las tantas películas porno dirigidas por mi, meramente satisfecho de sangre ya que había matado a seis indigentes. Era gente que nadie iba a extrañar y por lo tanto no iban a buscarlos, me había encargado de no dejar rastros. No me joderían como hace cinco años, mis salidas anuales del Inframundo iban a seguir como estaban, hace cinco malditos años, después de hacer unas cuantas travesuras como que hubieran ciertos robos y algo más de tentaciones estaba aburrido. Ahora quería un par de putitas vírgenes, me coloqué bien el antifaz, levanté el cuello de mi capa y ajusté mis guantes negros, habían tres chicas en una esquina, mis colmillos picaron alagándose un poco al ver que las señoritas eran castas de cuerpo, porque su mente era un sinfín de perversidades, perversidades que yo estaría dispuesto a satisfacer, tenía dos manos así que podría con las tres.

A eso me dirigía cuando lo vi.

Cabello castaño y gafas ridículamente espantosas, corría asustado… El Maldito Kenji Tsukino, corrió como alma en pena metiéndose en la negrura del bosque del parque ubicado en la ciudad.

Perro, bastardo… Mi padre me amaba, lo sabia y yo era el hijo del mismo Lucifer.

Olvidé los coñitos calientes y dulces, mi mente se enfocó en el maldito perro que me había confinado cinco años a no disfrutar de mis salidas anuales a este mundo, había cambiado mucho, ya no era aquel jovencito desgarbado de lentes ridículamente grandes, ahora estaba mas maduro y corría como si el demonio lo persiguiera.

En efecto lo hacia…

— Dios misericordioso, por favor ayúdame —dijo recostándose a un árbol.

Sonreí, el maldito no se atrevería a meterse en mis planes. Toqué mis colmillos con mi lengua mientras veía al bastardo encogerse todo lo que podía, escuchaba pisadas muy cerca, debía acabar con el antes que alguien me viese.

Salí de mi oscuridad dejándome ver, mostrándole mis colmillos intimidándolo un poco, al verme su cara palideció.

—¿Me recuerdas perro?—sonreí torcidamente

—Por favor hazme lo que quieras a mi, pero no la lastimes—gimió desesperado—Por favor no la lastimes—

"Hay que buscarlo, el bastardo sabe mucho" —leí la mente de uno de los hombres que estaba cerca—" El jefe ordenó acabarlo a el y su bastarda"

—Por favor—Kenji me hizo mirarlo—Sé que vas a matarme pero te lo suplico no le hagas nada a ella, por favor, ella no tiene la culpa de nada—Mire entre sus brazos el pequeño bulto de mantas y cobijas —Por favor yo…

—Calla—Mi voz salió fría y dura —deja las cobijas en el suelo

—Por favor yo—levanté mi bastón empujando la garra en su pecho—He dicho calla y obedéceme.

Kenji se agachó dejando el bulto de cobijas detrás de él, susurró algo y luego se giro a mí

—Mi vida no importa, si hay algo de compasión en ti tenla por mi Usagui— estaba harto de sus palabrerías hundí mi bastón en su pecho haciendo que la garra atravesara su corazón, disfruté el crash que esta hacia al chocar, el momento en que su alma salió por su boca, retorcí el bastón dentro de su cuerpo antes de sacar la garra y quedarme observando los últimos latidos del asqueroso músculo.

—Para la próxima maldito…—reí —Yo no tengo compasión

Iba a irme solo, lo que había dentro de las cobijas no era mi problema, me iba a girar para ver si encontraba a las tres putitas virginales, entonces lo escuché.

Un sollozo, algo mínimo, un sonido ahogado, como reaccioné no lo sé, las pisadas se escuchaban cada vez más cerca, tomé el bulto de cobijas rosas y desaparecí del lugar.

Quizás el hijo de Lucifer si tenía algo de compasión

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Yo soy Loca en vez de estar escribiendo el Contrato, terminando Embarazados, o intentado adelantar el capitulo de la mujer de mi hermano estoy aqui con esta locura que salio de mi deseo de seguir leyendo un fic, es la primera vez que me meto con el infierno y estas cosas Dios me agarre confesada... Espero que este Endimion les guste, cabe decir que el es un chico un adolecente no tiene mas de 25 años y puede llegar a ser algo inmaduro y muy cruel...

Espero les haya gustado

Mayra