Renuncia: Los personajes de Kuroko no Basuke no son mios son únicamente usados para realizar estos fics. La historia por su parte sí es mía.

Nota: Hallo, mi nombre es Dask, espero sea de su agrado este fic. Críticas bienvenidas. Saludos


Al ocaso del Sol.

Prefacio.

Ladeó la cabeza para poder ver aquel programa que llamó su atención, dio un mordisco al pan tostado con mermelada. Sus pupilas se habían quedado fijas con detenimiento en los movimientos de aquellas personas que corrían tras un balón. Uno de ellos se detuvo bruscamente para proteger aquella pelota naranja que yacía en sus manos; la empujó con cautela en la suela de la cancha y ella rebotó nuevamente hacia el causante de aquel efecto...

Se inclinó un poco más, porque su madre no le permitía ver ese devenir que comenzaba a emocionarlo.

—Tetsuya, deja de hacer eso. Estás comiendo.

Kuroko se enderezó sin siquiera estremecerse por el tono enojado que su madre le había mandado. Era típico que ella cruzara las manos para denotar fastidio, lo cual, para él, estaba demás. No era necesario exagerar, con una simple palabra hubieran podido negociar si podía ver ese programa entretenido o intentar comer el colosal manjar que le habían propinado. Definitivamente era demasiada comida para él solito.

Se limpió la boca y observó a su progenitora por cinco minutos.

—Ya terminé de comer —respondió con tranquilidad pero vio un dejo de preocupación en su interlocutora. Eso lo entristecía, porque sabía que él no era un hijo común. A veces, deseaba poder reñirle como veía a sus compañeros del colegio hacer con sus respectivas madres, y cuando lo intentaba, terminaba pensando que era tonto y absurdo.

—¿Qué voy hacer contigo? —preguntó sin esperar una respuesta.

—Comprarme una pelota naranja —. Tomó la mano de su madre confusa y la guió al televisor que estaba en la sala. —Quiero jugar eso.

—¿Baloncesto? ¿Primero los libros y ahora esto?

Kuroko por segunda vez sonrió en toda su corta vida. No sabía qué era el baloncesto pero esa palabra le agradaba, sentía que conocería cosas increíbles si podía jugar a eso. Tal vez ya no sería el niño olvidado en la última fila de pupitres del salón o a quien tiraban porque no lo veían. Quién sabe, podría ser que fuera bueno en ello. No tenía nada qué perder.

Un nuevo amanecer parecía comenzar a divisarse en su futuro. Tanto sólo que no era como el que imagino en su niñez.

Continuará...