Hola a todos, si es que todavía hay alguien ahí. Ésta historia la comencé a publicar hace años y por motivos personales se quedó en el olvido. Hoy vengo con el propósito de terminarla y de paso me puse a editar los primeros capítulos los cuales vengo a publicar hoy.

+ Esta historia es un crossover, junto a los personajes de Harry Potter y Las crónicas de Narnia.

+ Es AU, sin magia.

+ Pareja principal Edmund/Hermione, pero mi amor por el Dramione me hace involucrar a Draco en cualquier parte.

Capítulo editado 30.10.2017


Prólogo

A este mundo vinimos a ser felices. El que venga a interponerse en ese objetivo, que se aleje.

Cuando te enamoras, estás tan ciego que das todo sin esperar nada a cambio; te entregas en cuerpo y alma por esa persona. ¡Te entregas! Sin pensar en las frustrantes consecuencias que, comúnmente, suelen ser destructivas.

Bendito amor.

Suena muy sencillo, confiar en alguien y renunciar a una parte de ti que creías irremovible. Al final, crees que nada pasará, que tu cambio será un bien para ambos, sin pensar en que tu esencia es la única cosa que debes dejar intacta.

Bendito amor.

¿Quién dijo que buscar el amor era sinónimo de encontrar felicidad?

Un día cualquiera, una pareja huía de la universidad; se saltearon las clases del día, sabiendo que esto no afectaría las notas de Hermione, pues ella era la becaria con el mejor promedio en la Universidad. Así era ella, era por lo que había destacado toda su vida; ser estudiosa, firme e inteligente. O así solía ser. Por lo que éste día había optado por dejarse llevar por su novio lejos del campus, rezaba porque sus padres no se enteraran, al fin de cuentas hoy era un día para vivir una aventura alejada del mundo.

Él, Draco Malfoy, un joven de diecisiete años, proveniente de una familia de ricos y de buen estatus social, se había enamorado de una becaria. Un Malfoy enamorado, la sola frase le sonaba ridícula, pero debía aceptar que si el tener a alguien como Hermione a su lado significaba serlo ¡Que ahora mismo le dieran el premio al más ridículo! Si su padre se enterara, lo obligaría a dejarla, de eso estaba seguro. Se había arriesgado al salir con ella y a entregarse por completo, se estaba jugando la vida entera en cada minuto que le dedicaba, pero ¿Qué otra cosa puedes hacer si estás enamorado?

Después de pasear por la costa, se dirigieron a un hotel demasiado lujoso para gusto de Hermione pero el rubio insistió que ella se merecía eso y mas. Al entrar no pudo dejar de sorprenderse, jamás había pisado un lugar así. Sabía que los hoteles podían llegar a ser así de ostentosos, pero aquel lugar era algo que sobrepasaba lo real. Para Malfoy, era como estar en su segundo hogar, pero supo mantenerse al margen para no incomodar a Hermione.

—¡Jamás!, te lo juro, Draco, jamás he estado en un lugar así —decía mientras veía todo el lugar. Draco sonreía al ver la cara de asombro de su novia, y eso lo hacía sentir orgulloso.

—Bueno, te tendrás que acostumbrar —Hermione lo miró ceñuda, no entendió muy bien por qué había dicho eso —. Subamos —La llevó a una maravillosa suite. Draco se quedó recargado en la puerta del departamento luego de entrar y cerrarla tras de sí. Veía como Hermione se paseaba por el lugar y se perdía en cada una de las habitaciones que conformaban la suite.

—¡Draco, hay un jacuzzi! —gritó Hermione desde el cuarto de baño y volvió al lugar donde Draco se encontraba— Es justo del tamaño de mi casa Draco, no era necesario que pagaras tanto —caminó hacia ella y la abrazó por la cintura.

—Este momento lo amerita —lo comentaba mientras unía su frente a la de ella —. Quiero que lo recuerdes siempre.

Caminaron hacia la gran cama, se dejaron caer lentamente en ella mientras sus labios se rozaban con suavidad.

Esa noche, Hermione probó el dolor y placer de perder una de sus más íntimas esencias, esas primeras sensaciones la llenaron toda la noche, se dejó guiar por Draco sin vergüenzas ni miedos, al experimentar todas esas caricias y besos sentía que su alma iba directo al cielo. No podía estarse equivocando pues, no podría ser tan malo algo que se siente tan bien.

•••

Edmund Pevensie, se encontraba en la biblioteca de su colegio, la inmensa tarea que le habían encargado lo hacía estar en ese lugar hasta tarde, podría hacerla en su casa, pero prefería mil veces la biblioteca a su hogar.

Era un chico de diecisiete años que luchaba por guardarse un lugar en la universidad de medicina, el próximo año haría el examen; aunque él pudiera entrar sin problemas debido a la posición de su familia, tal y como lo hicieron sus hermanos mayores, que gracias a las influencias que solían tener sus padres lograron entrar en la universidad sin necesidad de presentar un examen de admisión; pero Edmund quería ser diferente, destacar por su inteligencia y dedicación.

Llegó a su casa pasadas las nueve de la noche, cerró despacio la puerta principal para que nadie oyera y recibir otro regaño por parte de sus hermanos por su llegada a "horas inadecuadas" como solía decirle Peter.

Pero Edmund no era caracterizado por su gran agilidad y destreza, por lo que al entrar con tantos libros bajo el brazo e intentar subir las escaleras; éstos cayeron al suelo provocando un sonoro desastre en la silenciosa casa.

—¡Mierda!— susurró desesperado sabiendo lo que se le avecinaba. Regresó a unos escalones más abajo para recoger los libros caídos, pero lo inevitable sucedió.

—¿Dónde estabas? —sabía que su hermano Peter lo esperaba para darle el sermón de padre, el cual ya no tenían pero que se había tomado la molestia de aparentar serlo, aunque Edmund sentía que lo hacía para molestarlo. No esperó a que Edmund contestara pues con sólo mirar los libros, lo supo —¿En la biblioteca? —Edmund asintió —. Acabo de llegar, mamá se volvió a poner mal, recayó de nuevo.

Edmund detuvo su tarea de juntar sus libros, no quería mirar a su hermano a los ojos, sabía que el no estar con su madre en éstos días que más lo necesitaba era algo imperdonable para Peter. Su madre padecía de cáncer desde hacía ya seis años, la había librado bien, pero en los últimos meses recaía muy rápido. La quimioterapia ya no era opción viable.

—Mientras perdías tu tiempo estudiando ella se puso muy mal, no había nadie aquí para llevarla al hospital, ella sola llamó a emergencias y la ambulancia vino para llevarla al hospital, nosotros nos enteramos cuando una enfermera llamó a Susan para contarle.

—¡Lo siento! —musitó Edmund, bajando la cabeza.

—¡Eso no basta, Edmund! Tú bien sabes que tu entrada a la Universidad está ganada, mi padre tenía las mejores calificaciones al igual que yo, ya tienes dos grandes referencias, ¿Qué eso no te basta? —bramó Peter, caminando hacia su hermano algo desesperado.

—Ese es tu esfuerzo y el de papá, no el mío —refutó Edmund, enfrentando a su hermano.

—Entonces, esfuérzate luego en eso, en estos momentos eres el único que puede estar a cargo de mamá. El único que puede cuidarla. Susan y yo trabajamos y Lucy apenas es una niña de quince años —le recordó—. Ayúdanos de vez en cuando, ¡No seas egoísta! —Peter salió a la sala y tomó su saco—. Iré al hospital, pasaré la noche ahí, por favor, mañana, apenas salgas del colegio, ve a pasar la tarde con ella.

El mayor de los Pevensie salió hecho una furia hacia el hospital. Por su parte, Edmund terminó de juntar sus libros y subió a su habitación. Entró totalmente desganado tumbandose en la cama pensando en cada palabra que Peter le gritó ¿Por qué siempre lograba hacerlo sentir tan mal? Ahora se sentía como un completo egoísta.

Amaba a su madre, por lo que le demostraría a Peter que él podía cuidarla y a la vez estudiar para presentar su examen y entrar a la universidad por su propio esfuerzo.

Ambos ya tenían su camino planeado, pero en ocasiones el destino planea un camino totalmente distinto...