Hoooolaaaaa mis princesas!

Sé que muchas os estaréis preguntando que hace esta loca; dado que a Dueño de mi destino le quedan muy pocos capítulos para terminar, os traigo ya mi próxima historia.

Necesitaba un descanso después de tanto drama del Dueño... así que cambiamos de registro. Comedia, para reírnos un poco y relajarnos ejjejejee... se juntan mis tres debilidades en este fic; escribir, los personajes de Crepúsculo y el rock... ;)

Aclararos también que en cada capítulo os dejaré el correspondiente título y enlace de la canción, para que podáis escucharla cuando lleguéis a esas partes. Y tranquilidad; puede que no aparezcan todos los personajes en este capi... pero ya lo iréis conociendo.

Quiero dar las gracias a Sara Heather Doll, Milhoja, Noe, Ame, Alexa, Eri, Anndie, Sachi... todas ellas me han ayudado y me han animado a que desarrolle la idea de este fic; gracias a todas, sois estupendas...

Al resto simplemente deciros que espero que lo disfrutéis, y muy bienvenidas todas a esta nueva aventura ;)


DISCLAIMER: los personajes pertenecen a la genial señora Meyer, yo solo los tomo prestados; personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Lugares y localizaciones reales.

Canción del capítulo: Runaway de Bon Jovi

www. youtube / watch?v =- hXzTbZMGew


Tal como eres

Prólogo

¿Qué haces cuando descubres que uno de los cantantes que más admiras no es quien pensabas que era...?; es el tipo al que más detestas, pero... ¿lo aceptarías tal como es... si te llegas a enamorar de él...?

Capitulo 1: ¿Es una broma?

Isabella Swan tragó saliva, a la vez que sus ojos intentaban acaparar la imponente y gloriosa altura del rascacielos que tenía frente a ella. La sede la discográfica Twiligth Records, una de las multinacionales más importantes de la industria de la música, se alzaba de manera majestuosa hacia el cielo de Los Ángeles, y su fachada de vidrio oscuro brillaba de una manera cegadora, debido al impacto de los rayos de sol. No en vano, era uno de los edificios más altos de la cuidad.

Tomando un par de respiración profundas, la joven castaña miró de nuevo el trozo de papel donde había apuntado la dirección, comprobando que era la correcta. Después de más de un año mandando currículos a multitud de empresas, y de pasar algunas entrevistas sin pena ni gloria, por fin parecía que surgía una oferta interesante. Agarró firmemente el asa del bolso que colgaba de su hombro e ingresó en el amplio vestíbulo del edificio; las paredes acristaladas, signo del moderno diseño que imperaba en todo el recinto, permitían que la luz se filtrara hacia el interior, haciendo la entrada principal más grande y luminosa de lo que ya era. Modernos sofás de diseño vanguardista descansaban en una de las esquinas, justo enfrente del mostrador de información, lugar al que se dirigió.

-¿Twiligth Records, en qué puedo ayudarle?- no sabía si la recepcionista le hablaba a ella o al sujeto que tendría al teléfono, pero la rubia mujer arqueó una ceja, así que supuso que se refería a ella, de modo que se aclaró la garganta.

-Vengo a una entrevista con el señor Aro Vulturi; mi nombre es Isabella Swan- la chica, que atendía al nombre de Lori, o al menos eso ponía en la pequeña placa de identificación que pendía de la solapa de su chaqueta, le indicó que esperara un segundo, mientras tecleaba algo en el ordenador que tenía frente a ella.

-El señor Vulturi la recibirá a la hora prevista- respondió, al cabo de unos minutos -coga el ascesor de la derecha, planta veintisiete- le indicó de manera amable, señalando las puertas grises con una de sus manos.

Después de agradecerle sus indicaciones, Bella se dirigió hacia donde le había indicado. Mientras esperaba que se abrieran las enormes puertas de acero, se percató de que a su derecha dos chicas jóvenes hablaban y reían de manera despreocupada. Los vestidos que llevaban, si se podían llamar así, apenas cubrían las partes pudorosas de sus cuerpos... pero tenía que reconocer que tenían una silueta de escándalo, muy al contrario que ella. No es que ella estuviera obesa y que fuese una bola de sebo andante, pero su figura distaba mucho de ser perfecta; se notaba el ligero sobrepeso a kilómetros; pero siempre había sido así, y no había vuelta de hoja.

Alisó con cuidado la chaqueta negra del sobrio traje que llevaba; su madre siempre decía que parecía que iba de luto, pero el color negro era el que más estilizaba su silueta. Miró de reojo hacia su izquierda; las dos muñecas rubias no dejaban de parlotear y de reír de manera estrepitosa; por lo que pudo captar de la conversación, se dirigían a una audición... esperaba que al menos, su voz no fuera tan chillona cuando cantaran.

Los incesantes gritos y saltitos de las chicas siguieron en el interior del ascensor; con un suspiro de paciencia, Bella pasó hacia el fondo del cubículo, debatiéndose en si mirar hacia otro lado o bajar la cabeza y canturrear una canción. Por suerte para ella, las dos barbies animadoras, como mentalmente las había bautizado, se bajaron en el piso once.

Por fin, después de lo que parecieron horas, las puertas del ascensor llegaron a la planta veintisiete; Bella tomó aire de manera considerable, y agarrando con firmeza la pequeña carpeta que llevaba, se dirigió con paso firme hacia la única persona que veía. Una mujer de unos cincuenta años tecleaba de manera furiosa en una espectacular pantalla de ordenador, blanca y más delgada que la carpeta que ella portaba.

-Disculpe- murmuró, carraspeando en el proceso; los ojos negros de la mujer sentada tras el inmenso escritorio, de estilo vanguardista, como todo el edificio y mobiliario de la entrada, la enfocaron para después, decicarle una sonrisa de cordialidad.

-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarla?- interrogó; su acento latino apenas era notorio, pero estaba ahí.

-Tengo una cita con el señor Aro Vulturi; mi nombre es Isabella Swan- se explicó. La señora asintió, tecleando de nuevo... pero su ceñó se frunció a la vez que leía algo en la pantalla del ordenador; el pie izquierdo de Bella repiqueteaba furioso contra el suelo de brillante mármol blanco.

-Señorita Swan- se dirigió a ella, mirándola con un gesto contrariado.

-¿Hay algún problema?- preguntó a modo de respuesta Bella -¿he confundido el día de la entrevista?- interrogó temerosa, haciendo una pequeña mueca de disgusto consigo misma.

-¿Usted venía por el puesto en administración, verdad?- siguió interrogando la que se suponía, era la secretaria del señor Vulturi. Esta asintió, sin saber por donde iban los tiros -lamento informarle que ya se ha contratado a la persona para ese puesto.

-Per... pero eso no puede ser, me habrían avisado- respondió, con sus esperanzas yéndose directamente por el desagüe... necesitaba ese trabajo ya.

-¿El departamento de recursos humanos no se ha puesto en contacto con usted?- ahora la sorprendida era la secretaria.

-A la vista está que no- resopló con fastidio; dios... no podía tener más mala suerte. Seguro que esto era una especie de cámara oculta, no le podía estar pasando.

-Entonces debe haber sido un error; ya que a los otros dos candidatos al puesto se les informó para que no vinieran.

-Pues está claro que a mi, no- siseó cabreada, y perdiendo la paciencia.

-Lamento mucho las molest...- empezó a disculparse, pero Bella de nuevo la cortó.

-Resulta que vengo desde el estado de Washintong, y usted sabrá que los billetes de avión no son precisamente baratos.

-En verdad lo lamento, señorita Swan; admitimos el error, y lamentamos todas las molestias que hayamos podido causarle; de todas formas, déjeme llamar al departamento de recursos humanos, para averiguar que ha ocurrido realmente.

Los escasos tres minutos que duró la llamada, la joven castaña permaneció ahí de pie, delante de esa mesa de escritorio que seguramente valdría más que todos los muebles de su casa de Forks. No podía creer que la mala suerte se hubiera cebado con ella de esa manera, dicen que cuando ocurre una desgracia, todas vienen seguidas... y desde hace dos años, ni su familia ni ella levantaban cabeza. Para una buena noticia que recibía en mucho tiempo, se esfumaba delante de sus propias narices.

Sus lamentos internos se vieron interrumpidos por el tono enojado de la secretaria, que por la cara que ponía, no debía estar muy conforme con lo que estaba escuchando al otro lado de la línea telefónica.

-¡Me importa un rábano a quien se le olvidó ese pequeño detalle!- exclamó, ya visiblemente enfadada -tengo aquí a la señorita Swan, y es comprensible que esté molesta; si no sabes hacer tu trabajo Jill, o tus secretarias son un desastre, no es mi problema.

-Vaya...- murmuró Bella, alucinada -al menos se toma la molestia...- su frase se vio interrumpida cuando la enorme puerta de madera de cerezo se abrió. Un hombre moreno, con el pelo recogido en una tirante coleta, y vestido con un traje gris, que tenía pinta de ser muy caro, apareció desde el interior, sin duda alertado por el tono elevado y enfadado de su empleada.

-¿Me puedes explicar qué es todo este alboroto, Lupe?- le preguntó serio y cruzándose de brazos; Bella por fin se enteró del nombre de la buena mujer, que tapando el auricular volvió su vista hacia el.

-La señorita Swan ha venido a la entrevista para el puesto en administración- le explicó de nuevo la situación, pero el hombre la interrumpió, confuso.

-Pero ese puesto ya está ocupado.

-Exactamente, señor Vulturi- la joven castaña tragó saliva; el dueño de la multinacional discográfica más poderosa de Estados Unidos estaba frente a sus narices -pero se ha producido un error y no avisaron a la señorita Swan, una de las candidatas- le señaló a la chica ahí parada con un gesto de cabeza; éste la miró, frunciendo el ceño -ella ha venido desde otro estado para la entrevista, y es lógico que esté enfadada.

-Pásame el teléfono- ordenó con voz suave, pero firme -¿Jill?, soy Aro Vulturi; ¿podrías explicarme qué ha ocurrido exactamente?

De nuevo otros cinco minutos pasaron mientras Aro Vulturi pedía explicaciones a la tal Jill; Bella le observó con disimulo, y se percató de que tampoco estaba nada contento con el relato que estaba escuchando.

-Es un error imperdonable, Jill- habló por fin, mosqueado -nuestra compañía se distingue por ser seria, y no jugar con la gente; mañana a las nueve de la mañana te quiero en mi despacho- sin más preámbulos colgó el teléfono, para después dirigirse a la joven castaña.

-Señorita Swan, lamento profundamente todo este embrollo- se disculpó con sinceridad -pase a mi despacho un momento, por favor- le indicó, extendiendo una mano y cediéndole el paso hacia su oficina.

Bella observó la amplia estancia mientras el señor Vulturi dialogaba unos segundos más con su secretaria; siguiendo la línea que imperaba en todo el edificio, la decoración era moderna y minimalista; los ventanales que formaban la pared posterior, unido a la altura del piso, ofrecían una vista impresionante de la ciudad de Los Ángeles... incluso se podía ver, en la lejanía, la colina con las célebres e inovildables letras que indicaban que uno se encontraba en la meca del cine... Hollywood... era increíble.

Giró lentamente, admirando toda la estancia; fotografías de los grupos musicales más internacionales colgaban en las paredes, al igual que innumerables discos de oro y de platino. En una vitrina, justo enfrente del sofá de cuero rojo, varios premios, incluyendo Billboards y algunos Grammys.

- Disculpe, señorita Swan- Aro se dirigió a ella, sacándola de su ensimismamiento -tome asiento, por favor- le señaló una confortable silla de cuero beige, frente a su mesa. Él mismo imitó su acción, mirándola con una sonrisa afable -lamento profundamente el error que mi equipo de recursos humanos ha cometido- se disculpó de nuevo; el ánimo de la joven castaña volvió a decaer. Necesitaba un trabajo decente; la pensión de jubilación de su padre y el sueldo ínfimo de su madre, cajera de supermercado, apenas daban para pagar las facturas. Si ella fue a la universidad de Seattle, para estudiar Administración empresarial, fue gracias a una beca. Por fin, a sus veinticinco años, y después de dos de terminar su carrera, una empresa que no fuera una cafetería o hamburguesería se había interesado en su currículo... y de nuevo, todo caía en saco roto.

-Era demasiado bonito para ser verdad- musitó con mueca de desilusión -pero entienda que he recorrido muchos kilómetros, solo para esto.

-Comprendo su enojo y tristeza- habló Aro con voz gentil, cruzando sus manos y apoyándolas encima de la mesa -y lamento las molestias que le hemos ocasionado; permítame...

Aro Vulturi se quedó con la palabra en la boca, ya que la puerta de su despacho se abrió de repente, pegando un fuerte golpe en la pared.

-Aro, esto no puede seguir así, tengo que hablar contigo de manera urgente- Bella arqueó una ceja al ver como una joven bajita y morena, con las puntas de su melena disparadas en todas direcciones, entró como un huracán, plantándose frente a la mesa y al lado izquierdo de la joven castaña.

-Alice querida, ¿no ves que estoy ocupado?- le advirtitó Aro, señalando a Isabella con su cabeza; la joven no se había sentido más ignorada en su vida.

-Menudo día para olvidar...- refunfuñó en voz baja, a la vez que se cruzaba de brazos.

Unos ojos color avellana se toparon con los marrones de Bella, que estudió por unos breves segundos a la diminuta invasora. Vestía vaqueros negros desgastados y una camiseta de tirantes del mismo color, con la palabra Dior en la espalda; unas converse rojas cubrían sus pies, y los finos tirantes dejaban entrever el tatuaje de una inscripción en japonés, que ocupaba su hombro izquierdo. Un piercing en su ceja derecha y la bandolera negra de Louis Vuitton que llevaba colgada completaban tan... Bella no sabía como definir la curiosa mezcla de su atuendo; aunque ella hoy vestía un traje, compartía su gusto por esa clase de prendas, excepto que en las de ella no rezaban palabras como Dior.

-Oh, lo siento mucho- se disculpó, mirando a la atónita joven, y de nuevo a Aro -no sabía que estabas reunido, y Lupe no estaba cuando he llegado.

-¿Qué ocurre ahora?- interrogó el hombre, con tono frustrado. La atención de la morena de nuevo volvió al asunto que le había llevado hasta allí.

-Ocurre que me he quedado sin ayudante de la noche a la mañana- siseó entre dientes -Jane me ha llamado esta misma mañana, para informarme de que no piensa volver a trabajar.

-¿Otra vez...?- suspiró hastiado el hombre, agarrándose el puente de la nariz; la mueca de Alice le sacó de dudas -no digas más...- le pidió, con un pequeño gesto de su mano.

-¿Sabes todo el trabajo que tenemos?- le interrumpió la menuda chica -mañana el concierto en Staples Center, en dos semanas comienza la presentación del nuevo álbum- empezó a enumerar -la gira internacional empieza en dos meses, y todavía hay conciertos y fechas que cerrar...

-Lo sé Alice, lo sé- le dio la razón Aro -te prometo que te conseguiré un ayudante, y...- se calló de repente, a la vez que posaba sus ojos en la joven que estaba ahí sentada, sin saber que hacer o decir... hasta que una idea cruzó por su cabeza. Los ojos de Alice siguieron hacia donde miraba Aro, y una sonrisa iluminó su rostro, captando al instante lo que su jefe quería decir.

-La señorita Swan tenía hoy una entrevista de trabajo; por desgracia, el puesto se ocupó y no fue advertida- empezó a relatar.

-Oh, que mala suerte...- se lamentó.

-No me había dado cuenta- rodó los ojos Bella, hastiada como estaba del asunto.

-Pero quizá podamos arreglar esa situación- el corazón de la joven castaña latió con ánimos renovados -¿me permite su currículo?- esta se lo tendió, para después leerlo detenidamente; Alice había tomado asiento en la silla de al lado, y Aro iba pasándole los folios uno a uno.

-Licenciada en Administración de empresas; varios másters en negocios...- iba leyendo el señor Vulturi.

-Justo lo que necesito para las negociaciones de contratos, y otras cuestiones- exclamó jovial la tal Alice, ante una estupefacta Bella. Aro asintió de manera afirmativa, hasta que su vista se posó de nuevo en la joven.

-Señorita Swan, tengo una proposición que hacerle- Bella se enderezó en la silla -puede que no sea lo que buscaba- le advirtió.

-No me importa- respondió de forma automática, provocando que una sonrisilla se formara en la cara de la joven morena -le escucho.

-Ella es Alice Whitlock, mánager de grupos musicales- la presentó -ella es representante, publicista...- empezó a enumerar.

-Hago de todo un poco- se encogió de hombros y le guiñó un ojo a la castaña de manera cómplice, gesto que esta devolvió con una pequeña sonrisa. Su mente empezó a dar vueltas, procesando el apellido Whitlock; lo había escuchado alguna vez, pero ahora no caía.

-Le ofrecemos un puesto, como ayudante personal de la señora Whitlock- habló Aro de nuevo.

-Colaboradora número uno- le corrigió Alice, con cariño -yo no quiero secretarias o ayudantes.

-Por supuesto, necesita disponibilidad inmediata para mudarse a Los Ángeles, y para poder viajar.

-¿Viaj... viajar?- farfulló torpemente Isabella... definitivamente, esto tenía que ser una broma; miró de reojo hacia los costados de la habitación, buscando las cámaras ocultas.

-Acompañamos al grupo en la gira mundial- explicó Alice. Bella escuchaba con atención... y su mandíbula casi se cae al suelo cuando hablaron de su salario; podría sacar de muchos apuros a sus padres.

La mente de Bella Swan no podía procesar todo lo que estas dos personas le estaban contando... viajaría... conocería Europa, Asia y todos los continentes habidos y por haber. Sus padres se alegrarían por ella, aunque se entristecieran un poco de que su pequeña, por muchos veinticinco años que tuviera, se mudara y viajara tanto.

Pidió unos minutos, para consultarlo y hacer una llamada; Aro le ofreció pasar a la sala de reuniones que conectaba con su despacho. Cerrando las puertas de cristal, sacó su teléfono móvil y marcó el número de su casa de Forks.

-¿Diga?- la voz apagada y triste de su padre llegó a sus oídos.

-Soy yo, papá; ¿cómo estás?- le saludó.

-¡Calabacita!- Bella rodó los ojos; odiaba ese apelativo, por muy cariñoso que fuera... ¿es que acaso seguía teniendo cinco años...? -¿cómo te ha ido, has conseguido el trabajo?

-De eso quería hablarte- suspiró, sin saber por donde empezar. Le relató toda la aventura a su padre, que escuchó con paciencia.

-Parece un buen trabajo- meditó Charlie, al cabo de unos minutos -me entristece el hecho de que tengas que mudarte- Bella no pudo contener la mueca de pena al óír esas palabras -pero es por tu bien, hija.

Estaban tan solos... desde la muerte de su hermano Riley, hace dos años, su padre había caído en una profunda depresión, enfermedad que le impidió seguir desempeñando su trabajo como jefe de policía. Desde hacía un año, estaba jubilado, y con una pensión ridícula. Su madre no hablaba de todos esos sucesos, y se dedicaba a hacer todas las horas extras que podía en su trabajo, quizá para evadirse de la situación en su hogar, y no acordarse de todo el infierno que vivieron hace dos años, aparte de que necesitaban el dinero.

-¿Entonces te parece bien?- habló de manera precavida.

-Calabacita; debe parecerte bien a ti, no a mi- le aclaró su padre -por lo que me has contado, es una buena oportunidad laboral; no me gusta que tú también te vayas- los ojos de Bella se llenaron de lágrimas.

-Prometo ir a visitaros, papá- le prometió -yo no voy a irme como...- dejó la frase inacabada; todavía era incapaz de pronunciar el nombre de su hermano en voz alta.

-Lo sé, cariño... perdóname- murmuró su padre, con evidente tristeza -no dejes pasar esta oportunidad, calabacita.

Hablaron unos minutos más; Bella prometió llamarles en cuanto encontrara un apartamento para vivir, y que pudieran mandarle algunas cosas. Por suerte, tenía dinero para poder pagar unos días más en el modesto hotel en el que estaba alojada, y esperaba poder encontrar algo decente enseguida.

Cuando regresó al despacho de Aro, este y Alice charlaban de manera animada; dos pares de ojos la observaron expectantes nada más poner un pie en la estancia.

-¿Ya has decidido?- la impaciencia de Alice, unida a su tono desesperado, le pareció hasta divertida; sí que debía de necesitar ayuda con premura.

-Sí, acepto- les reveló, con una pequeña sonrisa. La joven morena se levanto como un resorte del sofá, acercándose a su lado y tomándola de las manos.

-Me alegro mucho; ya verás como nos llevaremos muy bien- exclamó, contenta y feliz.

-Bienvenida a Twiligth Records, señorita Swan- dijo ahora Aro, estrechando su mano, en señal de acuerdo.

Alice se despidió, aludiendo que tenía asuntos personales que no podían demorarse. Quedó con Bella en encontrarse en la entrada del Staples Center a las cinco de la tarde, cosa a la que la joven accedió. Después de indicarle de que debía dejar sus datos a Lupe, y que su contrato estaría listo en apenas unas horas, Aro también se despidió de ella, ya que tenía una reunión urgente.

La eficiente secretaria de Aro Vulturi tomó sus datos, así como su número de la Seguridad Social y número de cuenta bancaria. Por suerte, era precavida, y por si tenía suerte en la entrevista inicial, había venido preparada.

-¿Eso es todo?- preguntó la joven a la secretaria.

-Tus datos están aquí- señaló los papeles que iba a mandar ahora mismo a recursos humanos, ya en sus manos -¿dónde te alojas?- Bella rebuscó la tarjeta del hotel en el interior de su bolso.

-Pearl Hotel; 845 de Midshire Street... Pasadena- leyó; le podrían decir que eso estaba en China y se lo habría creído. Le había costado un triunfo llegar a la sede de la discográfica, ubicada en el distrito financiero, en pleno centro de la ciudad.

-Eso te queda muy lejos; el señor Vulturi me ha ordenado que te reserve una habitación en el Beverly Wilshire, hasta que encuentres un apartamento- Bella abrió los ojos, muda de la impresión; había visto ese hotel por internet, y no era precisamente barato... era de los más caros de la ciudad, ubicado en pleno Beverly Hills.

-No... no puedo permitírmelo- carraspeó, incómoda.

-Y no lo harás- le aclaró Lupe, con una sonrisa -es el modo de disculparse del señor Vulturi, por el lamentable error de esta mañana- la boca de la joven ya debía estar por el suelo; definitivamente, tenía que averiguar donde escondían las cámaras ocultas; seguro que el programa emitía su periplo en Los Ángeles, y ganaría el primer premio a la chica más tonta de Norteamérica.

-¿Me toma el pelo?- fue la tonta pregunta que salió de los labios de Bella, pero la secretaria rió.

-En absoluto- dijo, tomando el teléfono y llamando al hotel; por el tono amigable que utilizaba, dedujo que la discográfica era cliente habitual del establecimiento. En tan solo cinco minutos, la reserva estaba hecha. Lupe se levantó, para llevar sus papeles a personal.

-Puedes pasarte en un par de horas a firmar- le recordó -Alice me ha dicho que has quedado con ella en el Staples Center- Bella asintió -veamos, son las doce y media- dijo, mirando su reloj y haciendo cálculos mentales -debes estar allí a las cinco, te da tiempo suficiente para ir a coger tu equipaje y dejarlo en tu nuevo hotel; y Alice me ha dejado unas pequeñas recomendaciones.

-¿Recomendaciones?- arrugó el ceño Bella, sin entender nada.

-Sí; necesitas un teléfono con acceso a intenet, para poder recibir los correos electrónicos; un Ipad- los ojos de la joven se desorbitaban por momentos... ¿pero qué se creía Alice, que podía permitirse todo eso...? -es más práctico que cargar con una pila de papeles a todos los lados -le explicó Lupe -y un ordenador portátil, ya que cuando salgáis de gira, no trabajaréis en el despacho- le relató.

-¿Y cómo se supone que voy a comprar todo eso?- siseó, alucinada y malhumorada a la vez.

-Ya he llamado a la tienda, lo tienes todo encargado.

-¡¿Perdone?!- casi gritó, incrédula.

-Allí te darán todo; sólo debes darles tu número de teléfono, para que simplemente te cambien la tarifa. No tienes que cambiarlo.

-Per... pero...

-Corre por cuenta de Twiligth Records- terminó la frase por ella Lupe, guiñándole un ojo -la espero dentro de dos horas, para firmar el contrato; debería darle tiempo suficiente para hacer el cambio de hotel, y pasarse por la tienda- le tendió un papel, con la dirección de esta anotada; una muy estupefacta Isabella tomó el pequeño papel.

Todavía no sabía que decir... hace una hora sentía que no podía tener tan mala suerte, ahora su cerebro intentaba procesar toda esta maravillosa locura que le estaba ocurriendo. Se despidió de Lupe muy amablemente, quedando en volver después del almuerzo.

-Bienvenida a bordo, Señorita Swan- le guiñó un ojo de manera cómplice, a la vez que se despedía de ella.

-Llámeme Bella, por favor.

-Y tú a mi Lupe, y no me trates de usted- contestó, antes de que ambas se encaminaran al ascensor, charlando de manera animada.

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Tres horas después de despedirse de Lupe al mediodía, Isabella Swan salía por la puerta principal de Twiligth Records por segunda vez ese día. El viaje desde Pasadena, donde estaba el hotel que ella reservó, hasta su nuevo alojamiento en pleno centro de Berverly Hills le llevó casi dos horas; Lupe tenía razón, había muchísima distancia... y un tráfico espantoso. Antes de dirigirse a los hoteles, se había pasado por la famosa tienda, y ahora era la flamante propietaria de un teléfono Iphone, un Ipad con conexión wifi y un reluciente MacBook Air de color blanco. No había tenido aparatos tan buenos en su vida, y dejó cuidadosamente el portátil en el hotel; seguro que esta tarde Alice le ayudaría a manejar el Ipad, y lo más seguro es que empezara a familiarizarse con el papeleo... y esperaba que le echara una mano con las miles de aplicaciones que tenía su nuevo teléfono.

Su nueva y provisional morada era impresionante; una espaciosa habitación, con una cama king size mullida y confortable; un enorme cuarto de baño, con una mampara de ducha dónde cabían perfectamente cinco personas, y un armario del cual sólo usaría una cuarta parte, dado su gigantesco tamaño. Se había traído ropa de verano, dadas las altas temperaturas que hacía en la costa de California durante todo el año, pero quizá debería comprarse algo más. Cambió su sobrio traje por unos vaqueros, una camiseta amplia de color violeta y un poco larga y sus inseparables zapatillas deportivas; si su jefa vestía así, dedujo que ella también podía hacerlo.

Antes de volver a la discográfica le había dado tiempo a comer; llevaba desde las ocho de la mañana solo con un café en su estómago, y este ya rugía de impaciencia. Mientras degustaba una deliciosa ensalada césar y un refresco ligth, estudió con detenimiento el itinerario de autobuses y el plano del metro que le habían proporcionado en la recepción del hotel. La ciudad de Los Ángeles era inmensa, y ella estaba acostumbrada a poblaciones pequeñas, como Forks o Port Ángeles; la ciudad más grande que había conocido era Seattle, y en comparación con la ciudad californiana, era pequeña.

Aunque las situaciones de la mañana bien habrían podido asemejarse a una ridícula comedia, todavía estaba asimilando que era verdad. Desde la muerte de su hermano en ese accidente automovilístico, la buena suerte parecía no acordarse de la familia Swan. Por fin un trabajo con un salario decente; podría mandar parte de su sueldo a sus padres. Cuando estaba estudiando trabajó en varias cafeterías y hamburgueserías, para poder colaborar, pero casi siempre le pagaron una miseria... pero algo era algo; y aunque extrañaría a su familia, reconocía que necesitaba un cambio de aires. No podía esperar a llamar a Ángela y contarle las buenas noticias.

Dado que su contrato y otros papeles que tenía que firmar ya estaban listos cuando llegó de nuevo a Twiligth Records y apenas tardó quince minutos en formalizarlos, decidió que iría en autobús hasta Staples Center, así podría disfrutar de la ciudad que se había convertido en cuestión de segundos en su nuevo hogar. Desde el distrito financiero le duró más de una hora, y dos trasbordos de línea, pero al fin llegó.

Staples Center era un estadio enorme, sede del equipo de baloncesto Los Ángeles Lakers, entre otros, y que también estaba destinado a conciertos multitudinarios y otros eventos, como la entrega de los premios Grammy de la música. Cuando llégó a las inmediaciones, se asombró de los innumerables camiones que estaban estacionados en los alrededores, y del ajetreo de personas de un lado para otro... entonces de repente cayó en algo que no había preguntado.

Ella había dado por hecho que los grupos para los que trabajaba Alice Whitlock no serían muy conocidos aun por el público; pero su hermano Riley era un fiel seguidor de la música rock, y siempre le había contado que solo los grandes cantaban en este tipo de estadios.

Durante más de veinte minutos, Bella dio vueltas como si estuviera en un laberinto. Pregunto a tres operarios distintos por donde podía entrar, pero o no entendía las indicaciones que le daban, o simplemente estos individuos se dedicaban a tomarle el pelo. Cansada de dar vueltas, por fin vislumbró lo que parecía ser una de las puertas traseras, custodiada por un tipo que le sacaba al menos, cuatro cabezas, y un enorme cuerpo; con el estaba hablando una chica bajita y morena.

-Alice... gracias a dios- murmuró para sus adentros; se acercó con paso precavido, pero la morena justo posó sus ojos en ella, y le dedicó una sonrisa deslumbrante.

-¡Isabella!- la llamó, agitando una mano; rápidamente se acercó a la puerta, donde una Alice Whitlock alegre la saludó efusiva -me alegra tenerte aquí, ¿te ha costado encontrar el sitio?- se preocupó.

-No ha sido muy difícil- decidió omitir su ridículo periplo alrededor del estadio, dando vueltas como un perro intentando agarrarse su propia cola.

-Me hubiera gustado quedarme contigo esta mañana, y poder ayudarte con el hotel y todo eso- se disculpó la joven morena -pero tenía un asunto familiar que no podía esperar- gesticulaba mucho con las manos, y Bella observó una delicada alianza en uno de sus dedos... le pareció extraño, Alice no le daba el perfil de mujer casada.

-No pasa nada- le quitó importancia esta -también he pasado por la tienda.

-Perfecto- aprobó satisfecha -vamos dentro; allí te enseñaré a manejar el Ipad, y te pondre al día. Por cierto- se volvió al guardia de seguridad- Bill, ella es mi nueva colaboradora, Isabella Swan- el hombre le dedicó una sonrisa amable -Bill forma parte de nuestro equipo de seguridad, y también viajará con nosotros en la gira- le explicó.

-Llámame Bella- dijo mientras estrechaba su fuerte mano -y tú también, Alice- añadió.

-Bienvenida- contestó Bill

-Asegúrate de que para mañana esté su acreditación como miembro del equipo, por favor- le pidió la joven morena, antes de que ambas se adentraran en un inmenso corredor.

-Eso está hecho, Alice.

Según iban avanzando por los angostos pasillos, Alice le iba preguntando acerca de la firma del contrato, y resolviendo algunas dudas que surgían de la mente de Bella. Ahora que estaba tranquila y no revolucionada como esa misma mañana, era una chica muy simpática y alegre. A los oídos de Bella llegó una melodía muy conocida, y no puedo evitar empezar a tararear la canción.

-Me encanta este grupo- exclamó contenta; la sonrisa que le dedicó Alice fue extraña, entre pícara y divertida.

-Me alegra oír eso- respondió simplemente, mirando a Bella con una ceja alzada y una mueca... que no sabía ni como describirla.

-No te he preguntado, y el señor Vulturi no me lo ha dicho- hablo Bella de nuevo -¿a qué grupos representas?- dijo, a la vez que volvía a tararear en voz muy baja la canción, que cada vez sonaba más fuerte. La carcajada de Alice hizo que detuviera su caminar... ¿qué diablos le pasaba a esta chica...? -¿he dicho algo gracioso?- inquirió, confundida.

-Bella, me encantas- exclamó la morena, al cabo de unos segundos de retorcerse de risa -cualquiera en tu lugar, lo primero que habría preguntado es el nombre de los grupos a los que represento, y debo aclararte que trabajo en exclusiva para uno- le aclaró. El sonrojo hizo acto en las mejillas de la joven castaña, muerta de vergüenza... solo a ella se le había podido pasar esa básica pregunta.

-Te los presentaré, pero ahora silencio- dijo Alice, con voz misteriosa, a la vez que se acercaban a unas puertas dobles, que por arte de magia, daban acceso a la parte lateral de un inmenso escenario.

La mandíbula de Bella cayó hasta el mismísimo subsuelo; pensaba que la canción que estaba tarareando era el hilo musical de edifico... no podía ser más idiota... con razón Alice se moría de la risa. Jasper Whitlock ocupaba el lado izquierdo del escenario, rodeado de sus teclados... Whitlock...dios...

-Mierda- volvió la cabeza para enfocar a Alice, que feliz tarareaba la canción -¿cómo he podido no relacionar los apellidos...?- se golpeó mentalmente por ello. Unos pasos por delante de Jasper estaba Sam Ulley, el bajista; en el centro del escenario y encima de una pequeña plataforma, la muralla de tambores y platillos de Emmett McArthy, uno de los mejores baterías del panorama musical... a sólo tres metros de donde ella estaba, Jacob Black, mítico guitarrista de la banda, rasgaba las cuerdas con maestría. Y en el borde del escenario, agarrando el micrófono con ambas manos, estaba Edward Cullen, cantando a pleno pulmón la canción que los catapultó al éxito, hace ya más diez años -joder...- exclamó Bella, alucinada.

Ante ella estaban los integrantes de Slave Heart, uno de los grupos de rock de fama mundial... y los ídolos de su fallecido hermano. Riley tenía todos y cada uno de sus discos, y ella había pasado su adolescencia escuchado mil veces todas y cada una de las canciones de ese grupo, como la que estaban cantando ahora...

"Ohhh... ella está un poco fuera de control

la nena de papá aprendió rápido

todas esas cosas que no podía decirle..."

No pudo evitar ponerse a cantar, acompañando a Alice, que a veces la observaba divertida; su vista se posó en Edward; dios mío... estaba ahí, a solo unos metros, con su pelo revuelto, sus característicos pendientes de aros dorados en sus orejas y ataviado con vaqueros negros, una camiseta blanca sin mangas, que revelaba alguno de sus tatuajes y dejaba entrever una espalda formada y musculosa... su amiga Ángela se iba a caer de culo; de hecho, no sabía como ella misma seguía de pie.

No se dio cuenta de que la canción terminó; seguía pretificada en su sitio, y la propia Alice tuvo que llamar su atención, tomándole del brazo.

-¿Los conoces?- inquirió, a la vez que el grupo hacía piña a los pies de la batería, comentando el ensayo.

-Como no los voy a conocer- susurró, con el corazón martilleando su pecho -no sé como no he relacionado tu apellido... dios, que estúpida soy...

-Tranquila- la consoló -ven, te los presentaré.

Con el corazón en la garganta, la joven castaña siguió a Alice hacia en centro del escenario... pero la mala fortuna hizo que uno de los pies de Bella se enredara con un cable del amplificador de la guitarra de Jake, cayendo estrepitosamente al suelo tanto el aparato como ella. El ruido que provocó el aparato al caer hizo que todo el grupo se girara, pegando un bote por el estruendo.

-¡Bella!- chilló Alice, arrodillándose a su lado -¿te has hecho daño?

-Joder- exclamó Jake, que todavía con su guitarra al cuello, se acercó presuroso a ayudarla, al igual que Jasper. Sam dejó el bajo en su soporte, para acercarse, y Emmett se levantó de su asiento, baquetas en sus manos, para ver lo que había ocurrido... y Edward Cullen permanecía en su sitio, mirando la situación con una ceja arqued y cara de póquer.

-No puede ser- la frente de Bella golpeó suavemente el escenario -tierra, trágame. Sin pensaba que el día había sido de lo más extraño, y a veces parecía una broma pesada, esto ya era el remate; tener a uno de tus grupos favoritos a tres metros y caer al suelo cual pato mareado.

-Buen trabajo, Bella...- siseó frustrada, dejando caer su cabeza de nuevo al suelo.