Disclaimer: solo la historia me pertenece, los personajes y Crepúsculo le pertenecen a Stephenie Meyer.


Gracias a Shaolyn Cullen por preleer esto para mí.


BORN TO BE WILD

Epílogo

Abril de 2013. 6 meses después.

Edward conducía a la velocidad de la luz por las calles de Seattle. Yo me agarraba a la puerta como si mi vida dependiera de ello, por el temor a la velocidad vertiginosa y porque las contracciones cada vez eran más seguidas y dolorosas.

No podía ser. Todavía no. Solo estaba de ocho meses. Aún faltaba uno más.

Me mordí el labio para contener las lágrimas, no quería poner a Edward más nervioso de lo que estaba.

Finalmente llegamos al hospital y, sin tomarse tiempo de hacerlo correctamente, aparcó el coche ocupando tres espacios y se bajó rápidamente.

Volvió al cabo de unos segundos con dos enfermeras y una silla de ruedas. Rápidamente, me llevaron a una habitación y me informaron de que mi doctora llegaría en breve.

- . - . - . - . -

Las siguientes horas fueron un borrón de dolor y miedo cuando me confirmaron que, efectivamente, me había puesto de parto con un mes de adelanto.

La principal constante fue la mano de mi marido, que me agarró con fuerza y no se separó de mí ni un segundo. Y todo fue recompensado cuando por fin sostuve a mi pequeña en mis brazos.

Andrea Cullen.

Nuestra niña había nacido pesando tres kilos y, tras las primeras revisiones, nos aseguraron de que, pese a lo temprano de su llegada, estaba completamente sana.

La noticia hizo que me recorriera una ola de tranquilidad que relajó mis músculos e hizo que me sintiera agotada.

Edward recogió a la niña de mis brazos cuando vio que se me cerraban los párpados y me dejé llevar por el sueño.

- . - . - . - . -

Un suave movimiento en mi hombro me despertó. Abrí lentamente los ojos y vi a Edward frente a mí.

— Hay alguien que quiere verte, — dijo.

— ¡Mami! — exclamó Will, subiéndose con cuidado en la cama y abrazándome. Enterró la cara en mi cuello.

Le di un beso en la cabeza. — ¿Qué hora es? — pregunté, mirando a Edward.

— Las ocho y media, — contestó. — Emmett dice que se ha negado a esperar a más tarde.

Habían sido las tres de la madrugada cuando me puse de parto y salimos disparados hacia el hospital. Rosalie y Emmett se habían quedado con Will.

— Quería ver a mami y a mi hermanito, — replicó Will, todavía contra mi cuello.

— Cariño, ya sabes que es una hermanita, — le dije.

Desde el comienzo de mi embarazo, Will había estado convencido de que iba a tener un hermanito. Ni siquiera cuando le confirmamos que era una niña o cuando su padre pintó flores y mariposas en la habitación que el pequeño y yo habíamos pintado de verde para el bebé, se convenció.

Hizo un puchero, pero no dijo nada.

— ¿Quieres verla? — pregunté.

Él asintió a regañadientes, mostrando la falsa dureza del hermano mayor, pero se podía adivinar un brillo de entusiasmo en sus ojos. Edward y yo sonreímos mientras Will le pasaba el dedo suavemente por el puente de la nariz a su hermana y luego lo colocaba en su manita.

- . - . - . - . -

Después de tres días en el hospital con visitas sin fin de nuestros amigos y familia, incluidos mis padres, con quienes nuestra relación había mejorado de forma muy considerable desde la boda, por fin estábamos en casa.

Mi cama nunca me había parecido tan cómoda. Los brazos de Edward me rodeaban y sus dedos recorrían mi brazo, relajándome y contribuyendo a que me quedara dormida.

Un momento después, que bien pudieron ser segundos como horas, sentí a Edward moverse a mi lado y gemí, apretándole contra mí con el brazo que tenía alrededor de su torso para que no se moviera.

— Necesito ir al baño, cariño, — susurró. — Vuelvo enseguida.

Suspirando, aparté el brazo y me di la vuelta. Le escuché salir de la habitación y caminar por el pasillo hasta el baño. Unos minutos después, sentí su mano en mi hombro y gemí de nuevo.

— Bella, — dijo, — tienes que ver esto.

Gemí de nuevo y me acurruqué más bajo las mantas.

— En serio, tienes que ver esto, — insistió.

Con otro suspiro, me di la vuelta y le lancé una mirada envenenada. Parecía que no podía descansar aquellos días y encima en solo un rato tendría que levantarme para darle el pecho a Andie.

— Vamos, — dijo, tirando ligeramente de mi brazo.

Finalmente cedí y me levanté. Me llevó a la habitación del bebé y me hizo una señal para que no hiciera ruido mientras abría la puerta lentamente.

La imagen que apareció frente a mí me hizo sonreír como una tonta.

Will había acercado la mecedora que habíamos puesto en la habitación a la cuna de su hermana y ahí estaba, acurrucado y profundamente dormido, con una mano entre los barrotes de la cuna agarrando la de Andie. Tras acercarnos un poco más, descubrimos que Andie tenía sus ojitos verdes abiertos y fijos en el lugar en que su diminuta manita se unía a la de su hermano.

FIN


Hola!

Aquí está el final del fic. Sé que dije que iba a ser más largo que el resto de capitulos, pero al final lo que tenía me ha parecido más paja que otra cosa y he decido dejarlo así. Tal vez algún día suba esas escenas como outtakes, no sé, pero la historia termina aquí y espero que os haya gustado.

Muchisimas gracias a todos por leer, comentar y añadir esta historia a vuestras alertas y favoritos.

Nos leemos en las traducciones y seguramente vendrá algún fic más de mi autoría.

-Bells, :)