Disclaimer: los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins, y la historia es parte de la maravillosa escritora Cecelia Ahern. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza que ha juntado estas maravillosas historias.

Música de acompañamiento: SOS - Pierce Brosnan & Meryl Streep (me ha dado por Mamma Mia)


Capítulo 24

Menos mal que era un día precioso, pensó Katniss mientras cerraba el co che y se dirigía al jardín trasero de casa de sus padres. El tiempo había cam biado drásticamente aquella semana y había llovido sin cesar. Prim estaba his térica por lo que iba a pasar con su barbacoa y había estado de un humor insoportable toda la semana. Afortunadamente para el bienestar de todos, el tiempo había recuperado su anterior esplendor. Katniss estaba bastante more na, ya que llevaba un mes tomando mucho el sol (una de las ventajas de no tener trabajo) y le apetecía lucir su bronceado. Por eso se había puesto una fal da tejana muy corta que había comprado en las rebajas de verano y una cami seta blanca muy simple pero ceñida, que resaltaba aún más el moreno.

Estaba orgullosa del regalo que le había comprado a Prim, pues sabía que le encantaría. Era un aro para el ombligo con forma de mariposa que tenía un cris tal rosa en cada ala. Lo había elegido para que combinara con la mariposa que su hermana se había tatuado hacía poco, y con el rosa de su pelo, por descontado. Siguió el sonido de las risas y se alegró al ver el jardín lleno de familiares y amigos. Clove ya había llegado con Tom y Cato y los tres se habían tumbado en el césped. Annie había llegado sola y estaba sentada junto a la madre de Katniss en frascada en una conversación, sin duda comentando los progresos de ésta en la vida. Bueno, había salido de casa, ¿no? Aquello era un milagro en sí mismo.

Katniss puso ceño al advertir que, una vez mas, Marvel no estaba presente. Des de que la había ayudado a vaciar y limpiar el armario ropero de Peeta, se ha bía mostrado inusualmente distante. Incluso de niños, Marvel siempre había comprendido mejor que nadie las necesidades y los sentimientos de Katniss sin que ésta tuviera que manifestarlos, pero cuando le dijo que necesitaba un poco de espacio después de la muerte de Peeta no se refería a que deseara verse completamente ignorada y aislada. Era impropio del carácter de Marvel que lle vara tanto tiempo sin ponerse en contacto con ella. Los nervios le provocaron un retortijón de tripas y rezó para que su hermano preferido estuviera bien.

Prim se hallaba en mitad del jardín gritando a diestro y siniestro, encan tada de ser el centro de atención. Lucía un biquini rosa a juego con el pelo y unos pantalones cortos vaqueros.

Katniss se acercó a ella con su regalo, que le fue arrebatado de inmediato y abierto sin miramientos. No debería haberse molestado en envolverlo tan cuidadosamente.

- ¡Oh, Katniss, me encanta! -exclamó Prim, y abrazó a su hermana.

- Pensé que te gustaría-dijo Katniss, feliz de haber acertado en la elección, ya que de lo contrario su querida hermana sin duda se lo habría hecho saber.

- Voy a ponérmelo ahora mismo -dijo Prim, arrancándose el aro que llevaba en el ombligo y clavando la mariposa en su piel.

- ¡Oh ...! -Katniss se estremeció-. No me hacía ninguna falta ver esto, muchas gracias.

Flotaba un delicioso aroma a carne asada en el aire y a Katniss se le hizo la boca agua. No se sorprendió al ver a los hombres apiñados alrededor de la barbacoa, su padre ocupando el sitio de honor. Los cazadores tenían que proporcionar alimento a sus mujeres.

Katniss divisó a Plutarch y se dirigió resueltamente hacia él. Haciendo caso omiso de la charla sobre temas triviales arremetió directamente.

- Plutarch, ¿has arreglado tú mi jardín?

Plutarch levantó la vista de la barbacoa con expresión de desconcierto.

- Perdona, ¿que si he hecho qué?

Los demás hombres dejaron de hablar para escuchar, expectantes.

- ¿Has arreglado mi jardín? -repitió Katniss, poniendo los brazos en jarras. No sa bía por qué se comportaba como si estuviera enojada con él. Quizás era la fuerza de la costumbre, pues si Plutarch lo había arreglado, le había hecho un in menso favor. Sólo que resultaba molesto ver otra parte del jardín limpia y despejada cada vez que llegaba a casa y no saber quién estaba haciéndolo.

- ¿Cuándo? -Plutarch echó un vistazo a los demás, agobiado como si lo hubiesen acusado de asesinato.

- Yo qué sé -le espetó Katniss-. Durante estas últimas semanas.

- No, Katniss -replicó Plutarch-. Algunos de nosotros trabajamos, ¿sabes? -Katniss lo fulminó con la mirada y su padre decidió intervenir.

- ¿Qué ocurre cariño? ¿Alguien está trabajando en tu jardín?

- Sí, pero no sé quién -murmuró Katniss, frotándose la frente y tratando de pensar con calma-. ¿Eres tú, papá?

Haymitch negó rotundamente con la cabeza esperando que su hija no hubie se perdido el juicio.

- ¿Has sido tú, Beetee?

- Tú qué crees, Katniss?

- ¿Has sido tú? -preguntó a un desconocido que estaba al lado de su padre.

- Yo... no. Acabo de llegar a Dublín... para pasar... el fin de semana -far fulló con acento inglés.

Prim se echó a reír.

- Deja que te ayude, Katniss. ¿Alguno de los presentes está trabajando en el jardín de Katniss? -gritó a los demás. Todos interrumpieron lo que esta ban haciendo y negaron con la cabeza perplejos-. ¿No ha sido mucho más fácil? -Prim rió socarronamente.

Katniss miró a su hermana con expresión de asombro y se reunió con Clove, Tom y Cato en el otro extremo del jardín.

- Hola, Cato.

Katniss se agachó para saludar a Cato con un beso en la mejilla.

- Hola, Katniss, cuánto tiempo sin verte. -le tendió una lata de las que tenía a su lado.

- ¿Todavía no has encontrado a ese duende? -preguntó Clove, sonriendo.

- No -dijo Katniss estirando las piernas delante de ella y apoyándose en los codos-. ¡Y resulta tan extraño!

Explicó lo ocurrido a Tom y Cato.

- ¿No es posible que lo organizara tu marido? -soltó Tom, y Cato lan zó una mirada a su amigo.

- No -repuso Katniss apartando la vista, enojada de que un desconocido conociera sus asuntos privados-. No forma parte de eso.

Puso mala cara a Clove por habérselo contado a Tom. Clove hizo un ademán de impotencia con las manos y se encogió de hombros. Katniss se volvió hacia Cato, ignorando a los otros dos.

- Gracias por venir, Cato.

- No hay de qué, me alegro de estar aquí.

Era raro verlo vestido sin ropa de invierno. Llevaba una camiseta azul ma rino y un pantalón corto de explorador, también azul marino, que le llegaba por debajo de las rodillas con un par de zapatillas de deporte del mismo color. Katniss le sorprendió que estuviera tan en forma.

- Estás muy moreno -comentó Katniss, improvisando una excusa tras ha ber sido sorprendida admirando sus bíceps.

- Y tú también -dijo Cato, mirándole intencionadamente las piernas. Katniss rió y dobló las piernas

- Es gracias al paro. ¿Cuál es tu excusa?

- Estuve en Miami el mes pasado.

- ¡Uau, qué suerte! ¿Lo pasaste bien?

- Disfruté mucho -respondió Cato sin dejar de sonreír-. ¿Has esta do allí alguna vez?

Katniss negó con la cabeza.

- Al menos las chicas nos vamos a España la semana que viene. Me mue ro de ganas. -se frotó las manos con entusiasmo.

Cato volvió a sonreír entornando un poco los ojos.

- Sí, ya me he enterado. Menuda sorpresa os habréis llevado.

- Y que lo digas. -Katniss meneó la cabeza, como si no acabara de creérselo.

Siguieron charlando un rato sobre las vacaciones de Cato y sus vidas en general. Katniss renunció a comer su hamburguesa delante de él, ya que aún no había descubierto la manera de hacerlo sin derramar ketchup y mayonesa por la boca cada vez que la abría para hablar.

- Confío en que no fueras a Miami con una mujer, o la pobre Prim no lo superará -bromeó, y de inmediato lamentó haber sido tan entrometida.

- Qué va -contestó Cato con seriedad-. Rompimos hace unos meses.

- Vaya, lo siento -dijo Katniss sinceramente-. ¿Llevabais juntos mucho tiempo?

- Siete años.

- Eso es mucho tiempo.

- Sí.

Cato desvió la mirada y Katniss comprendió que no se sentía cómodo ha blando del asunto, por lo que se apresuró a cambiar de tema.

- Por cierto, Cato -prosiguió Katniss casi en un susurro haciendo que él inclinara la cabeza-, quería darte las gracias por cuidar de mí como lo hi ciste después de la emisión del documental. Casi todos los hombres salen des pavoridos cuando ven llorar a una chica. Tú no lo hiciste, y te lo agradezco

- No hay nada que agradecer, Katniss. No me gusta verte disgustada.

- Eres un buen amigo -dijo Katniss pensando en voz alta.

- ¿Por qué no salimos todos de copas o a cenar antes de que os marchéis? -sugirió Cato.

- Hombre, quizás así consiga saber tanto acerca de ti como tú sabes de mí. -bromeó-. Creo que a estas alturas estás al corriente de la historia de mi vida.

- Sí, eso estaría bien -convino Cato, y acordaron la fecha.

- Oye, por cierto, ¿ya le has dado a Prim tu regalo de cumpleaños? -preguntó Katniss, nerviosa.

- No. Ha estado muy... ocupada.

Katniss se volvió y vio a su hermana flirtear con uno de los amigos de Beetee, para mayor disgusto de éste. No pudo evitar reírse de su hermana. Sobre todo por querer tener hijos con Cato...

- Voy a llamarla, ¿te parece?

- Por mí, adelante -dijo Cato.

- ¡Prim! -gritó Katniss-. ¡Tengo otro regalo para ti!

- ¡Uau! -exclamó Prim, y de inmediato abandonó al decepcionado mu chacho-. ¿Qué es? -Se arrodilló en la hierba junto a ellos.

Katniss señaló a Cato con el mentón.

- Es su regalo.

- Me preguntaba si te gustaría trabajar detrás de la barra en el Club Diva -Prim se tapó la boca con las manos.

- ¡Oh, Cato, eso sería genial!

- ¿Alguna vez has trabajado en un bar?

- Claro, montones de veces -aseguró quitándole importancia con un ademán.

Cato arqueó las cejas, buscaba una información un poco más concreta.

- He trabajado en bares en casi todos los países que he visitado. ¡De ver dad! -dijo excitada.

Cato sonrió e inquirió:

- ¿Entonces crees que serás capaz de hacerlo bien?

- ¡Faltaría más! -vociferó Prim, y lo rodeó con los brazos.

«Cualquier excusa le sirve», pensó Katniss al ver cómo su hermana casi es trangulaba a Cato, cuyo rostro enrojeció e hizo muecas de «sálvame» a Katniss.

- Venga, venga, ya está bien, Prim -dijo Katniss apartándola de él- No querrás matar a tu nuevo jefe, ¿verdad?

- Lo siento -dijo Prim retirándose-. ¡Esto es tan guay! ¡Tengo traba , Katniss!

- Sí, ya lo he oído -dijo Katniss.

De repente el jardín quedó sumido en un silencio casi absoluto y Katniss echó un vistazo para ver qué estaba ocurriendo. Todo el mundo miraba hacia el invernadero y los padres de Katniss aparecieron en la puerta sosteniendo un gran pastel de cumpleaños y cantando Cumpleaños feliz. Los invitados se pu sieron a cantar con ellos y Prim se levantó de un salto, disfrutando con su pro tagonismo. Cuando sus padres salieron al jardín, Katniss se fijó en que alguien los seguía con un enorme ramo de flores. Caminaron hasta Prim y dejaron el pastel encima de la mesa delante de ella. Entonces el desconocido apartó len tamente el ramo que le tapaba la cara.

- ¡Gloss! -exclamó Prim.

Katniss estrechó la mano de Prim al ver que ésta palidecía.

- Perdona que haya sido tan estúpido, Prim. -el acento australiano de Gloss resonó por todo el jardín. Algunos de los amigos de Beetee sonrieron, obviamente incómodos ante aquella exhibición de sentimientos. Gloss pare cía una escena de un serial australiano, pero lo cierto es que el dramatismo solía dar resultado con Prim-. ¡Te quiero! ¡Por favor, acéptame otra vez! -suplicó Gloss, y todos los presentes se volvieron hacia Prim para ver qué contestaba.

Su labio inferior comenzó a temblar. De pronto corrió hasta Gloss y saltó encima de él, agarrándolo con las piernas por la cintura y con los brazos por el cuello. Abrumada por la emoción, los ojos de Katniss se llenaron de lágrimas al ver a su hermana reconciliada con el hombre que amaba. Beetee cogió su cáma ra y se puso a filmar. Cato rodeó con el brazo los hombros de Katniss y la estrechó alentadora mente.

- Lo siento, Cato -susurró Katniss, enjugándose las lágrimas-, pero me parece que acaban de plantarte.

- Descuida -dijo Cato-. De todos modos nunca es bueno mezclar el placer con el trabajo -añadió como si se sintiera aliviado.

Katniss siguió observando mientras Gloss hacía girar a Prim sostenién dola en brazos.

- ¡Ya vale, largaos a una habitación! -exclamó Beetee indignado, y to do el mundo se echó a reír.

Katniss sonrió al conjunto de jazz al pasar y buscó a Clove por el bar. Se habían citado en el bar favorito de las chicas, Juicy, conocido por su extensa carta de cócteles y su música relajada. Katniss no tenía intención de emborra charse aquella noche, ya que quería estar en condiciones de disfrutar de las va caciones tanto como pudiera a partir del día siguiente. Se había propuesto estar llena de vida y energía durante la semana de relax que le había brindado Peeta. Vio a Clove acurrucada junto a Tom en un confortable sofá de piel ne gra situado en la zona acristalada que daba al río Liffey. Dublín estaba ilumi nada y todos sus colores se reflejaban en el agua. Cato estaba sentado delan te de Clove y Tom, sorbiendo ávidamente un daiquiri de fresa mientras vigilaba el local. Para variar, Tom y Clove hacían el vacío a todo el mundo.

- Siento llegar tarde -se disculpó Katniss, acercándose a sus amigos-. Quería terminar de preparar la maleta antes de salir.

- No estás perdonada -le susurró Cato al oído, dándole la bienveni da con un abrazo y un beso.

Clove miró a Katniss y sonrió, Tom la saludó con la mano y ambos vol vieron a quedar embelesados.

- No entiendo por qué se molestan en invitar a otras personas a salir. Se pasan todo el rato sentados ahí, mirándose a los ojos e ignorando a los demás. ¡Ni siquiera hablan entre sí! Y si intentas entablar conversación, te hacen sentir como si los hubieses interrumpido. Ahí donde los ves, parece que se comuni can telepáticamente -dijo Cato, sentándose de nuevo. Bebió otro sorbo de su copa e hizo una mueca de asco-. Y además necesito una cerveza.

- O sea que estás pasando una velada fantástica -se mofó Katniss.

- Perdona -se disculpó Cato-. Es que hace tanto tiempo que no ha blo con otro ser humano que he olvidado mis modales.

- Bueno, he venido a rescatarte. -sogió la carta y estudió la lista de ombinados. Eligió el que contenía menos alcohol y se arrellanó en el asien to.- Podría quedarme dormida en este sillón -comentó, retrepándose más.

Cato arqueó las cejas.

- Entonces sí que realmente me lo tomaría como algo personal.

- No te preocupes que no lo haré -le aseguró Katniss-. Veamos, señor Connelly, tú lo sabes absolutamente todo acerca de mí. Esta noche tengo la misión de averiguar cuanto pueda sobre ti, así que prepárate para mi interro gatorio.

- Muy bien, estoy listo.

Katniss meditó la primera pregunta.

- ¿De dónde eres?

- Nací y me crié en Dublín. -Tomó un sorbo de su cóctel rojo y volvió a hacer una mueca-. Y si alguna de las personas con las que crecí me vieran bebiendo este jarabe y escuchando jazz tendría serios problemas. -Katniss volvió a reír.- Cuando acabé el instituto, me alisté en el ejército -prosiguió. Katniss levantó la vista, impresionada.

- ¿Por qué lo hiciste?

Cato no tuvo que pensar la respuesta.

- Porque no tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y la paga era buena.

- Y después hablan de salvar vidas inocentes -ironizó Katniss.

- Sólo estuve unos años en el ejército.

- ¿Por qué lo dejaste? -Katniss bebió un trago de su cóctel de lima favorito.

- Porque me di cuenta de que tenía ganas de tomar cócteles y escuchar jazz, y eso no iban a permitirlo en los barracones del ejército -explicó Cato. Katniss soltó una risita.

- Di la verdad, Cato -Cato sonrió.

- Perdona, simplemente no iba conmigo. Mis padres se habían mudado a Galway para llevar un pub y la idea me atrajo. Así que me mudé a Galway para trabajar allí. Con el tiempo, mis padres se jubilaron y yo me hice cargo del pub. Hace unos años decidí que quería ser dueño de mi propio local, trabajé duro, ahorré dinero, me embarqué en la mayor hipoteca de todos los tiempos, me mudé de nuevo a Dublín y compré el Hogan's. Y aquí estoy, hablando contigo.

Katniss sonrió.

- Vaya, tu biografía es maravillosa, Cato.

- Nada del otro mundo, pero una vida al fin y al cabo -Cato le devolvió la sonrisa.

- ¿Y dónde encaja tu ex en todo esto? -preguntó Katniss.

- Justo entre mis tiempos de encargado del pub de Galway y mi mudan za a Dublín.

- Oh, entiendo. -Katniss asintió con aire pensativo. Apuró su copa y co gió la carta otra vez-. Creo que quiero «Sexo en la playa».

- ¿Cuándo? ¿Durante las vacaciones? -bromeó Cato.

Katniss le golpeó el brazo juguetonamente. Ni en un millón de años.

Fin del capítulo veinticuatro


HOLA ESTOY VIVA SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII Lo siento lo siento y mil lo sientos. He estado un tiempo sin Internet, y luego me fuí de vacaciones, y etc etc TOTAL, QUE HE ESTADO DESAPARECIDA. Pero ya volví, y he escrito mucho asique tendréis actualizaciones de todas mis os parece esta capítulo, no adoráis a Cato? Espero que os esté gustando esta historia, y sí os gusta leeros el libro original. Contestaré reviews por PM, gracias a los que dejáis su opinión por estos lares.

Para quien no lo sepa ya, nos vemos en mis TRES FICS (guat? Tres? YES, IM YOLO) SIEMPRE(SINSAJO DESDE EL PUNTO DE VISTA DE PEETA MELLARK), ALL ABOUT US(mi pequeña obra maestra), y en ANTESDE AAU (one shots dedicados a este fic, éxito mayor)

¡Nos leemos and may the ods be ever in your favor!

Peeta Mellark.