Disclaimer: los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins, y la historia es parte de la maravillosa escritora Cecelia Ahern. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza que ha juntado estas maravillosas historias.

Música de acompañamiento: Miss you -blink 182 (me he levantado con ella)


Capítulo 26

Cuatro horas después el avión se deslizó por encima del mar y aterrizó en el aeropuerto de Lanzarote, haciendo que todo el pasaje gritara vítores y aplau diera. Dentro del avión no había nadie tan aliviado como Clove.

- Tengo un dolor de cabeza espantoso -se lamentó mientras se dirigían a recoger el equipaje-. Esa maldita cría no ha dejado de hablar ni un instante en todo el trayecto.

Se masajeó las sienes y cerró los ojos para relajarse.

Al ver que Enobaria y sus secuaces se dirigían hacia ellas, Annie y Katniss se escabulleron entre el gentío, dejando sola a Clove con los ojos cerrados. Buscaron un lugar entre la multitud que les permitiera ver bien los equi pajes. El grueso de los pasajeros pensó que sería una gran idea esperar pega dos a la cinta transportadora inclinados hacia delante, de modo que sus veci nos no pudieran ver las maletas que se aproximaban. Tuvieron que esperar casi media hora antes de que la cinta comenzara a moverse, y otra media hora más tarde aún esperaban sus maletas mientras la mayoría de los pasajeros ya había salido hacia sus respectivos autobuses.

- Sois unas brujas -les espetó Clove, acercándose a ellas tirando de su maleta-. ¿Aún estáis esperando?

- No, simplemente me encanta estar aquí de pie viendo pasar las mismas bolsas abandonadas una y otra vez. Si quieres ir hacia el autobús, me quedaré un rato más a disfrutar del espectáculo -dijo Annie con sarcasmo.

- Espero que hayan perdido tu maleta -replicó Clove-. O aún mejor, espero que se te abra y que todas tus bragas y sostenes queden desparra mados por la cinta a la vista de los curiosos.

Katniss miró a Clove con aire divertido.

- ¿Ya te encuentras mejor?

- No hasta que fume un cigarrillo -contestó Clove, que aun así se las arregló para sonreír.

- ¡Vaya, ahí llega mi maleta! -dijo Annie, contenta. La cogió de la cin ta transportadora de un tirón, golpeando a Katniss en la espinilla.

- ¡Au!

- Perdona, pero tenía que salvar mi ropa.

- Como me hayan perdido la maleta los demando -dijo Katniss, enoja da. A aquellas alturas los demás pasajeros ya se habían marchado y eran las úni cas que seguían esperando-. ¿Por qué me toca siempre ser la última en la re cogida de equipajes? -preguntó a sus amigas.

- Es la ley de Murphy -explicó Annie-. Ah, ahí está -cogió la maleta y volvió a golpear la maltrecha espinilla de Katniss.

- ¡Ay, ay, ay! -gritó Katniss-. Al menos podrías cogerla hacia el otro lado.

- Perdona -dijo Annie, arrepentida-, sólo sé hacerlo hacia un lado. Las tres fueron en busca de la responsable de su grupo.

- ¡Suelta, Gary! ¡Déjame en paz! -oyeron gritar a una voz al doblar una esquina.

Siguieron el sonido y localizaron a una mujer vestida con un uniforme rojo de responsable de grupo de turistas, que estaba siendo acosada por un mucha cho que llevaba el mismo uniforme. Al aproximarse, la mujer se puso erguida.

- ¿Mellark, Odair y Hennessey? -preguntó con marcado acento londinense. Las chicas asintieron con la cabeza.- Hola, me llamo Victoria y seré la responsable de su estancia en Lanzarote durante la próxima semana. Síganme, las acompañaré a su autobús.

Le guiñó el ojo con descaro a Gary y condujo a las chicas al exterior. Eran las dos de la madrugada y, sin embargo, una cálida brisa les dio la bienvenida en cuanto salieron al aire libre. Katniss sonrió a sus amigas, que también habían notado el cambio de clima. Ahora sí que estaban de vacacio nes. Al subir al autobús todo el mundo gritó con entusiasmo y Katniss los mal dijo en silencio, esperando que aquello no fuese el principio de unas espanto sas vacaciones del tipo «seamos amigos».

- ¡Eo, eo! -coreó Enobaria, dirigiéndose a ellas. Estaba de pie haciéndoles señas desde el fondo del autobús-. ¡Os he guardado sitio aquí detrás!

Clove suspiró, pegada a la espalda de Katniss, y las tres caminaron con di ficultad hasta la última fila de asientos del autobús. Katniss tuvo la suerte de sentarse junto a la ventanilla, donde podría ignorar a los demás. Esperó que Enobaria comprendiera que deseaba que la dejaran en paz, ya que le había dado una pista bien clara al no hacerle caso desde el principio, cuando se aproximó a ellas en el bar.

Tres cuartos de hora después llegaron a Costa Palma Palace y Katniss se reanimó. Una larga avenida con altas palmeras alineadas en el centro se in ternaba en el recinto. Frente a la entrada principal había una gran fuente ilu minada con focos azules y, para su enojo, los pasajeros del autobús volvieron a vitorearlas cuando ellas se apearon las últimas. Las chicas ocuparon un apar tamento de dimensiones razonables compuesto por un dormitorio con dos camas, una cocina pequeña, una zona de estar con un sofá cama, un cuarto de baño, por supuesto, y una terraza. Katniss salió a la terraza y miró hacia el mar. Aunque estaba demasiado oscuro para ver nada, oyó el susurro del agua la miendo suavemente la arena. Cerró los ojos y escuchó.

- Un cigarrillo, un cigarrillo, tengo que fumarme un cigarrillo. -Clove se reunió con ella y abrió un paquete de cigarrillos, encendió uno y dio una hon da calada-. ¡Ah, esto está mucho mejor! Ya no tengo ganas de matar a nadie. Kat, ¿te importa que duerma en el sofá cama? Así podré fumar...

- ¡Sólo si dejas la puerta abierta, Clove! -soltó Annie desde el inte rior-. No quiero levantarme cada mañana apestando a tabaco.

- Gracias -dijo Clove, encantada.

A las nueve de la mañana Katniss se despertó al oír los movimientos de Annie. Ésta le susurró que bajaba a la piscina para reservar unas tumbonas. Un cuarto de hora después, Annie regresó al apartamento.

- Los alemanes han ocupado todas las tumbonas. Estaré en la playa si me buscáis.

Katniss murmuró una respuesta con voz soñolienta y volvió a dormirse. A las diez Clove saltó de la cama y ambas decidieron reunirse en la playa con Annie.

La arena estaba muy caliente y tenían que moverse sin cesar para no que marse la planta de los pies. Pese a lo orgullosa que había estado Katniss de su bronceado en Irlanda, saltaba a la vista que acababan de llegar a la isla, pues eran las personas más blancas que había en la playa. Localizaron a Annie sen tada debajo de una sombrilla, leyendo un libro.

- Esto es precioso, ¿verdad? -dijo Clove, sonriendo mientras contem plaba el panorama.

Annie levantó la vista de su libro y sonrió.

- Es el paraíso.

Katniss miró alrededor para ver si Peeta estaba allí. No, no había rastro de él. La playa estaba llena de parejas: parejas poniéndose mutuamente crema so lar, parejas paseando cogidas de la mano por la orilla, parejas jugando a palas y, justo delante de su tumbona, una pareja tomaba el sol acurrucada. Katniss no tuvo tiempo de deprimirse, ya que Clove se había quitado el vestido de ti rantes y daba brincos por la arena caliente, luciendo un brevísimo tanga de piel de leopardo.

- ¿Alguna de vosotras me pondría bronceador solar?

Annie dejó el libro a un lado y la miró por encima de la montura de sus gafas de leer.

- Yo misma, pero el trasero y las tetas te los embadurnas tú solita.

- Maldita sea -bromeó Clove-. No te preocupes, ya encontraré a al guien para eso. -se sentó en la punta de la tumbona de Annie y ésta co menzó a aplicarle la crema-. ¿Sabes qué, Annie?

- ¿Qué?

- Te quedará una marca espantosa si no te quitas ese pareo.

- ¿Qué marca? Nunca me pongo morena. Tengo una piel irlandesa de primera calidad, Clove. ¿No te has enterado de que el color azul es lo último en bronceado?

Katniss y Clove rieron. Por más que Annie había intentado broncearse año tras año, siempre terminaba quemándose y pelándose. Finalmente había renunciado a ponerse morena, aceptando la inevitable palidez de su piel.

- Además, últimamente estoy hecha una foca y no me gustaría espantar al personal.

Katniss miró a su amiga con fastidio por lo que acababa de decir. Había ga nado un poco de peso, pero en absoluto estaba gorda.

- ¿Pues entonces por qué no vas a la piscina y espantas a todos esos ale manes? -bromeó Clove.

- Ay, sí. Mañana tenemos que levantarnos más temprano para coger si tio en la piscina. La playa resulta aburrida al cabo de un rato -sugirió Katniss.

- No te preocupes. Venceremos a los alemanes -aseguró Annie, imi tando el acento alemán.

Pasaron el resto del día descansando en la playa, zambulléndose de vez en cuando en el mar para refrescarse. Almorzaron en el bar de la playa y, tal como ha bían planeado, se dedicaron a holgazanear. Poco a poco Katniss notó cómo el estrés y la tensión iban abandonando sus músculos y durante unas horas se sintió libre.

Aquella noche se las ingeniaron para evitar a la Brigada Barbie y disfruta ron de la cena en uno de los numerosos restaurantes que jalonaban una con currida calle cercana al complejo residencial.

- No puedo creer que sean las diez y que estemos regresando al apartamen to -dijo Clove, mirando con avidez la gran variedad de bares que las rodeaba. Los locales y las terrazas estaban atestados de gente y la música vibraba en todos los establecimientos, mezclándose hasta formar un inusual sonido ecléctico. Katniss casi sentía el suelo latir bajo sus pies. Paseaban en silencio, ab sortas en las visiones, los sonidos y los olores que les llegaban de todas par tes. Las luces de neón parpadeaban y zumbaban reclamando la atención de posibles clientes. En la calle los dueños de los bares competían entre sí para convencer a los transeúntes ofreciendo folletos, copas gratis y descuentos.

Cuerpos jóvenes y bronceados se agrupaban en las mesas exteriores, pasean do con seguridad por la calle e impregnando el aire de olor a crema solar de coco. Al ver el promedio de edad de la concurrencia, Katniss se sintió vieja.

- Bueno, podemos ir a un bar a tomar una copa, si quieres -dijo Kat con escaso entusiasmo, observando a unos jovencitos que bailaban en la calle. Clove se detuvo y recorrió los bares con la mirada para elegir uno.

- Hola, preciosa. -un hombre muy atractivo se paró ante Clove y son rió para mostrar sus impecables dientes blancos. Hablaba con acento inglés-. ¿Te vienes a tomar algo conmigo? -propuso indicando un bar.

Clove contempló al hombre un momento, sumida en sus pensamientos. Annie y Katniss sonrieron con complicidad al constatar que, después de todo, Clove no se acostaría temprano. De hecho, conociéndola, quizá no se acos taría en toda la noche. Finalmente Clove salió de su trance.

- No, gracias, ¡tengo novio y le quiero! -anunció orgullosa-. ¡Vámo nos, chicas! -dijo a Katniss y Annie, dirigiéndose hacia el hotel.

Las dos permanecieron inmóviles en medio de la calle, atónitas. Tuvieron que correr para alcanzarla.

- ¿Qué hacíais ahí boquiabiertas? -inquirió Clove con picardía.

- ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi amiga devoradora de hombres? -preguntó Annie a su vez, muy impresionada.

- Vale. -Clove levantó las manos y sonrió-. Puede que quedarse sol tera no sea tan bueno como lo pintan.

"Desde luego que no", se dijo Katniss. Bajó la mirada y fue dando patadas a una piedra por el camino mientras volvían al apartamento.

- Te felicito, Clove -dijo Annie, cogiendo a su amiga por la cintura. Se produjo un silencio un tanto incómodo y Katniss oyó la música que iba alejándose lentamente, dejando sólo el ritmo sordo del bajo en la distancia.- Esa calle me ha hecho sentir vieja -dijo Annie de pronto.

- ¡A mí también! -convino Clove con expresión de asombro-. ¿Des de cuándo sale de copas la gente tan joven?

- Clove, no es que la gente sea más joven, somos nosotras las que nos hacemos mayores.

Clove meditó un instante y luego dijo:

- Bueno, tampoco es que seamos viejas, por el amor de Dios. Aún no nos ha llegado el momento de colgar las zapatillas de baile y coger el bastón. Podría mos pasar toda la noche de parranda si nos apeteciera, es sólo que... estamos cansadas. Hemos tenido un día muy largo... Oh, Dios, parezco una anciana. -Clove se quedó sola divagando, puesto que Annie estaba pendiente de Katniss que, cabizbaja, seguía dando patadas a la misma piedra por el camino.

- Katniss, ¿estás bien? Hace rato que no abres la boca.

- Sí, sólo estaba pensando -susurró Katniss sin levantar la cabeza.

- ¿Pensando en qué? -preguntó Annie en voz baja.

Katniss levantó la cabeza de golpe y respondió:

- En Peeta. Estaba pensando en Peeta.

- Bajemos a la playa -propuso Clove, y se quitaron los zapatos para hundir los pies en la arena fría.

El cielo estaba despejado y se veía negro azabache. Un millón de estrellas ti tilaba en el firmamento como si alguien hubiese arrojado purpurina sobre un in menso telón negro. La luna llena descansaba apoyada en el horizonte, reflejando su luz en el agua y mostrando la frontera entre el cielo y el mar. Las tres se senta ron en la orilla. El agua chapaleaba a sus pies, serenándolas, relajándolas. El aire tibio mezclado con una brisa fresca pasó rozando a Katniss poniéndole el vello de punta. Cerró los ojos y respiró hondo para llenar los pulmones de aire fresco.

- Por eso te hizo venir aquí, ¿sabes? -instituyo Annie, observando cómo se relajaba su amiga.

Katniss mantuvo los ojos cerrados y sonrió.

- Hablas muy poco de él, Katniss -añadió Clove con voz serena mien tras con el dedo hacía dibujos en la arena.

Katniss abrió los ojos lentamente. Su voz sonó baja pero afectuosa y ater ciopelada.

- Ya lo sé. -Clove levantó la vista de los círculos dibujados en la arena.

- ¿Por qué?

La mirada de Katniss se perdió en la negrura del mar.

- No sé cómo hacerlo. -vaciló un momento-. Nunca sé si decir «Peeta era» o «Peeta es». No sé si estar triste o contenta cuando hablo de él con otras personas. Creo que si estoy contenta, ciertas personas me juzgan y esperan que me eche a llorar. Y si me pongo triste al hablar de él la gente se incomoda. -siguió contemplando el mar oscuro que brillaba a lo lejos bajo la Luna y, cuando volvió a hablar, lo hizo en voz aún más baja-. En una conversación no puedo reírme de él como hacía antes porque resulta feo. No puedo hablar sobre las cosas que me contó en confianza porque no quiero revelar sus secre tos, ya que por algo eran sus secretos. La verdad es que no sé cómo referirme a su recuerdo cuando charlamos. Y eso no significa que no me acuerde de él aquí -dijo dándose unos golpecitos en la sien.

Las tres amigas estaban sentadas en la arena con las piernas cruzadas.

- Finnick y yo hablamos de Peeta continuamente. Annie miró a Katniss con los ojos brillantes-. Comentamos las ocasiones en que nos hizo reír, que fueron muchas. -las tres rieron al recordarlo-. Incluso hablamos de las vecesen que nos peleamos. Cosas que nos gustaban de él y cosas que realmente nos fas tidiaban -prosiguió Annie-. Porque para nosotros Peeta era así. No todo era bueno. Lo recordamos todo de él, y no hay absolutamente nada de malo en ello.

Tras unos segundos de silencio, Clove dijo con voz temblorosa:

- Ojalá mi Tom hubiese conocido a Peeta.

Katniss la miró sorprendida.

- Peeta también era mi amigo -dijo Clove con los ojos llenos de lá grimas-. Y Tom ni siquiera lo conoció. Así que a menudo le cuento cosas so bre Peeta para que sepa que, no hace mucho, uno de los hombres más bue nos de este planeta era mi amigo, y que pienso que todo el mundo debería haberle conocido. Me cues ta creer que alguien a quien quiero tanto y que lo sabe todo sobre mí no co nozca a un amigo a quien quise durante más de diez años.

Una lágrima rodó por la mejilla de Katniss, que se acercó a Clove y la abrazó.

- Pues entonces, Clove, tendremos que seguir contándole cosas de Peeta a Tom, ¿verdad?

A la mañana siguiente no se molestaron en acudir a la reunión con la res ponsable de las vacaciones, puesto que no tenían intención de apuntarse a nin guna excursión ni de participar en ninguna estúpida competición deportiva. En su lugar, se levantaron temprano y participaron en el baile de la tumbona, co rriendo alrededor de la piscina para arrojar las toallas con la intención de ase gurarse un sitio para la jornada. Por desgracia, no consiguieron madrugar lo suficiente. Finalmente, después de que Annie apartara a hurtadillas unas cuantas toallas de tumbonas que nadie vigilaba, consiguieron tres tumbonas contiguas.

Justo cuando Katniss se estaba quedando dormida oyó unos gritos ensor decedores y vio que la multitud corría junto a ella. Por alguna inexplicable ra zón, a Gary, uno de los empleados del operador turístico, se le había ocurrido que sería muy divertido vestirse de drag queen y que Victoria lo persiguiera al rededor de la piscina. Toda la gente de la piscina los alentaba a gritos mientras las chicas ponían los ojos en blanco. Al final Victoria alcanzó a Gary y ambos se las ingeniaron para caer juntos al agua con gran estrépito. Todo el mundo aplaudió.

Poco después, mientras Katniss nadaba tranquilamente, una mujer anun ció a través de un micrófono inalámbrico que llevaba colgado de la cabeza que dentro de cinco minutos iba a dar comienzo la sesión de aeróbic acuático. Vic toria y Gary, con la inestimable cooperación de la Brigada Barbie, fueron de tumbona en tumbona obligando a todo el mundo a levantarse para participar.

- ¡A ver cuándo dejáis de incordiar! -oyó Katniss que Annie gritaba a un miembro de la Brigada Barbie que pretendía tirarla a la piscina.

Katniss no tar dó en verse obligada a salir del agua ante la llegada de un rebaño de hipopó tamos que se disponía a zambullirse para su sesión de aeróbic acuático. Las tres amigas permanecieron sentadas durante una interminable sesión de media ho ra de aeróbic acuático, mientras la instructora dirigía los movimientos a voz en grito por megafonía. Cuando por fin terminó, anunciaron que estaba a punto de comenzar el torneo de waterpolo. Así pues las chicas se pusieron de pie de inmediato y se dirigieron a la playa en busca de paz y tranquilidad.

- ¿Has vuelto a tener noticias de los padres de Peeta Katniss? -pregun tó Annie. Ambas estaban tumbadas en sendas colchonetas hinchables, flo tando a la deriva cerca de la orilla.

- Sí, me mandan una postal cada tantas semanas para decirme dónde es tán y cómo les va.

- ¿Todavía están en ese crucero?

- Sí.

- ¿Los echas de menos?

- Si quieres que te diga la verdad, me parece que ya no me consideran parte de su vida. Su hijo se ha ido y no tienen nietos, así que no creo que sien tan que seguimos siendo familia.

- No digas tonterías, Katniss. Estabas casada con su hijo y eso te convier te en su nuera. Es un vínculo muy fuerte.

- Qué quieres que te diga -musitó Katniss-. Me parece que con eso no les basta.

- Son un poco reticentes, ¿verdad?

- Sí, mucho. No soportaban que Peeta y yo viviéramos «en pecado», co mo solían decir. Se morían de ganas de que nos casáramos.

- Es verdad. Ya me acuerdo -dijo Annie-. Su madre me estuvo dan do la lata con eso el día de la boda. En fin, estás mucho mejor sin ellos -aseguró Annie.

- Hola, chicas -saludó Clove, acercándose en su colchoneta.

- ¡Oye! ¿Dónde te habías metido? -preguntó Katniss.

- Ah, estaba charlando con un tipo de Miami. Muy majo, por cierto.

- ¿Miami? Ahí es donde fue Cato de vacaciones -dijo Katniss, sumer giendo los dedos en el agua azul claro.

- Hummm... -terció Annie-. Cato sí que es majo, ¿verdad?

- Sí, es muy agradable -convino Katniss-. Da gusto hablar con él.

- Tom me contó que lo pasó muy mal no hace mucho -dijo Clove, volviéndose para ponerse panza arriba.

Annie aguzó el oído al detectar un posible cotilleo.

- ¿Y eso?

- Creo que iba a casarse con su novia y resultó que la muy zorra se acos taba con otro. Por eso se mudó a Dublín y compró el pub, para alejarse de ella.

- Ya lo sabía, es espantoso, ¿no? -dijo Katniss, apenada.

- ¿Por qué, dónde vivía antes? -preguntó Annie.

- En Galway. Era encargado de un pub de allí -explicó Katniss.

- Vaya -dijo Annie, sorprendida-. No tiene acento de Galway.

- Bueno, se crió en Dublín y se alistó en el ejército, luego lo dejó y se mu dó a Galway, donde su familia tenía un pub; después conoció a Laura, estu vieron juntos siete años y se prometieron en matrimonio, pero ella le ponía los cuernos, así que rompieron y él regresó a Dublín y compró el Hogan's... -Katniss se quedó sin aliento.

- Ya veo que apenas sabes nada sobre su vida -se burló Clove.

- Mira, si tú y Tom nos hubieseis prestado un poquito más de atención la otra noche en el pub ahora tal vez no sabría tantas cosas sobre él -replicó Katniss con buen humor.

- Jesús, cuánto echo de menos a Tom -susurró Clove apenada.

- ¿Ya se lo has dicho a ese tipo de Miami? -Annie sonrió.

- No, sólo estábamos, charlando -aseguró Clove a la defensiva-. A de cir verdad, no me interesa radie más. Es muy extraño, es como si ni siquiera pudiera ver a los demás hombres. Me refiero a que ni siquiera me fijo en ellos. Y dado que estamos rodeadas por cientos de tíos medio desnudos, creo que eso es decir mucho.

- He oído que a eso lo llaman amor, Clove -contestó Annie, esbo zando una sonrisa.

- Bueno, sea lo que sea, nunca había sentido nada parecido.

- Es una sensación estupenda -agregó Katniss.

Guardaron silencio un rato, sumidas en sus pensamientos, dejándose acu nar por el suave balanceo de las olas.

- ¡Joder! -exclamó Clove de repente, asustando a las otras dos-. ¡Mi rad qué lejos estamos!

Katniss se incorporó de inmediato y miró alrededor. Estaban tan alejadas de la orilla que la gente de la playa parecían hormiguitas.

- ¡Mierda! -exclamó Annie asustada, y Katniss comprendió que tenían un problema.

- ¡Todas a nadar, deprisa! -gritó Clove, y las tres se tumbaron boca aba jo y comenzaron a remar con todas sus fuerzas. Al cabo de unos minutos, se dieron por vencidas. Estaban agotadas. Para su horror, constataron que esta ban aún más lejos que antes.

De nada servía remar, la corriente era demasiado intensa y las olas dema siado altas.

Fin del capítulo veintiseis


LALALALALALAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA Estoy sin Internet y si nada, incomunicada de la sociedad, lo siento lo siento lo siento. VENGO CON PRISA PERO TENGO EL RESTO DE LAS HISTORIAS PARA ACTUALIZAR ASIQUE LALALALALALA Me camuflo, nos vemos. Espero que os esté gustando esta historia, y sí os gusta leeros el libro original. Contestaré reviews por PM, gracias a los que dejáis su opinión por estos lares.

Para quien no lo sepa ya, nos vemos en mis TRES FICS (guat? Tres? YES, IM YOLO) SIEMPRE(SINSAJO DESDE EL PUNTO DE VISTA DE PEETA MELLARK), ALL ABOUT US(mi pequeña obra maestra), y en ANTESDE AAU (one shots dedicados a este fic, éxito mayor)

¡Nos leemos and may the ods be ever in your favor!

Peeta Mellark.