Capítulo 5

Dandelion

(Punto de vista de Peeta)

Estamos en el Distrito 4, en una pequeña cala, alejada de toda población, hemos llegado hasta aquí en el Jeep de Gale y Johanna. Gale se introduce en el agua con el pequeño Adahy, que hace poco cumplió un año, el niño va untado de protector solar y ataviado con dos flotadores en sus bracitos. Recibe el agua con naturalidad, incluso con entusiasmo. Johanna nada frente al bebe y le sonríe, Gale lo besa en la cabeza y lo entrega a su madre. Katniss y yo les observamos desde la playa.

Miro a Alisma en el porta-bebé, chupa su pulgar incesantemente con sus labios rosados, sus ojos extremadamente azules miran la formas que se dibujan en la sombrilla, y de vez en cuando ríe sin motivo aparente y hace que suspire por ella. Katniss la humedece la frente cada diez minutos y toca su rostro, no hay de qué preocuparse porque son las seis de la tarde, y hemos protegido a nuestra hija con suficiente sombra y ropa ligera, sin embargo, a veces resulta inevitable no desconfiar de todas las precauciones tomadas. Katniss está apoyada en mi pecho, entre mis brazos y mis rodillas, aunque no le gusta el sol y evita que le toque la piel, su piel está oscura, tostada, realmente hermosa. Deposito besos en sus hombros y en su nuca y ella se gira un poco para recibirlos en los labios, pero a penas exploro su familiar boca cuando se inquieta, y vuelve a mirar el porta-bebés y a poner su mano pequeña sobre la frente del bebé.

-¿Seguro que no tendrá calor?- extiendo mi mano y también toco a nuestra hija, su piel está fresca.

-Creo que está bien- llamo a mi hija por su nombre, que deja de prestar devoción a su mano para mirarme fijamente.

-Es impresionante como se parece a ti- susurra Katniss. Me fijo en mi hija, y solo me reconozco en su mirada, sin embargo, veo con claridad la forma de sus labios similar a los labios de su madre, y las pestañas espesas y oscuras que hacen su mirada penetrante, y el cabello escaso, pero oscurísimo, que apunta a ser otro rasgo idéntico a su madre.

-Pues yo creo que será más parecida a ti, es demasiado inteligente y… testaruda.- Katniss me mira con el ceño fruncido.

-Tú también eres testarudo- aduce- Solo hace falta conocerte un poco para comprobarlo.

-En ese caso tenemos una niña con doble ración de cabezonería- añado yo, y Katniss parece estar de acuerdo con eso.

-Oye- musita, cogiendo a Alisma en su regazo, yo apoyo mi cabeza entre el rostro y el hombro de Katniss y observo al bebé juguetear. Katniss tarda varios segundo en continuar su frase.- He pensado que dentro de tres o cuatro años- de nuevo una pausa -podríamos tener otro bebé- consigue decir, y un latigazo de emoción y estupefacción me embargan.

-¿De verdad?- miro a mi mujer sorprendido, pensaba que tendría que conformarme con un solo hijo, y me había parecido razonable. La abrazo con fuerza-No sé qué decir, lo cierto es que me encantaría…- añado, y mi tono de voz baja un poco sin que me lo proponga.

Katniss guarda silencio, su mirada se enturbia un poco y me alarmo. A veces ocurre, con cierta costumbre, como las pesadillas, que sus ojos se apagan y de súbito le embarga algún pesar; por supuesto, mi misión es espantar cualquier oscuro temor que amenace su pensamiento. La estrecho un poco más fuerte y la beso la mejilla- No quiero que esté sola.

-No estará sola.

-Nosotros no estaremos para siempre- antes de que su crudeza pueda aumentar de nivel la doy la razón.

-Eso es cierto.

-Por eso quiero que tenga un hermano- confiesa. Guardo silencio unos segundos, preguntándome si podré soportar de nuevo la angustia de una Katniss embarazada.

-La verdad es que temí que pudiera ocurrirte algo malo cuando esperábamos a Alisma, y ahora que la tenemos, me da miedo que nos arriesguemos por un hijo más- Katniss me sonríe levemente, de alguna manera me da un poco de confianza.

-No podemos evitar algo tan importante por miedo- asiento.

-Te quiero demasiado como para ser valiente. Sigo soñando que te pierdo, y a esas pesadillas se ha sumado nuestra hija- revelo.

-Las pesadillas… solo son eso, cosas que en realidad no están pasando, y que probablemente nunca pasarán- alega, intentando reconfortarme.

En ese momento llegan Annie y Finnick recién salidos del mar. Finick se lanza a su mochila de juguetes y saca unos muñecos con aspecto de guerreros, acto seguido dos niños de su edad, alrededor de siete años, y una niña algo más pequeña, llegan tras de él. Ellos también tienen muñecos de diferentes aspectos, los niños van en tropel a un lado alejado de los padres y comienzan a jugar con los muñecos. Lo cierto es que Finnick brilla con luz propia entre todos los niños de la playa, e incluso entre los adultos, es de una perfección tal que parece imposible. Realmente si uno se imagina a su padre a la edad de siete años, no puede imaginarse nada distinto a su hijo Finny. Mientras miro a Finny jugar, guerreando con sus muñecos, recuerdo a Odair, que me salvó la vida en la arena, y siento el extraño vacío de su ausencia.

Katniss me mira brevemente y sé por su mirada que ambos pensamos lo mismo y sentimos ese hueco que la pérdida de Finnick nos dejó, inevitablemente. La impotencia que siento al observar a niño es extraña, porque no hay nada que pueda hacer para devolver a su padre al mundo de los vivos y, sin embargo, me siento en deuda con el pequeño.

Tras un rato, Gale y Johanna vienen con Adahy y toman sus toallas, la hora del biberón coincide para Ali y él, aunque cuando tratamos de alimentar a Alisma nos resulta imposible, hay algo en Adahy que le asombra, y se queda pasmada mirando cómo él sostiene su biberón y lo toma con voracidad, con un poco de ayuda de Gale.

Los amigos de Finny son llamados por sus padres para merendar, uno a uno se despiden con simpatía de Finny, y me parece evidente que cuenta con un gran carisma, en parte por su atractivo natural. El niño recoge sus juguetes y los guarda en su mochila, su silueta esbelta, de piel brillante y tostada, se dirige a nosotros. Se aparta el flequillo reluciente de la cara y se sienta entre las piernas de su madre, a la cual besa en la mejilla, ese es otro de los puntos que le hacen irresistible, es un pequeño extremadamente cariñoso.

-Qué carita- se ríe Finny, al mirar a Alisma- ¿por qué no come Ali? ¡Se ha quedado embobada!

-Creo que le asombra la habilidad de Ada para sostener su biberón- ríe Gale, quien construye con su fuerte antebrazo un lugar perfecto para el apoyo de su hijo.

Katniss pasa la tetina del biberón por los labios de nuestra hija, pero ella no los mueve hasta que Ada no termina su biberón y sus padres lo guardan, solo entonces empieza a succionar, cohibida, su biberón, y todos nos reímos.

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Pasamos una tarde maravillosa, en la que vivo momentos en que experimento un gran asombro ante mi propia vida y mi felicidad. Creo que aunque pasen cien años, nunca dejaré de sentirme afortunado, a pesar de todo el dolor que me ha traído hasta este punto de mi vida.

Cuando nos disponemos a marcharnos, le pido a Katniss que vaya con Annie a su casa sin preocuparse por recoger las cosas del bebé, y tras dudar me hace caso, y ella, Annie y Johanna se adelantan. Gale lleva al Jeep las cosas de su hijo, y Finny se queda rezagado, merodeando a mi alrededor.

-¿Te ayudo, tío?- pregunta, apoyándose sobre un pie. Sus ojos brillantes y verdosos me traspasan. Pienso en qué puede colaborar, y decido darle el porta-bebés.

Caminamos por la arena, Finny va a mi lado, en silencio, pensativo.

-Tío Peeta- murmura, le miro, él solo mira sus pies dejando huellas sobre la arena- ¿Me parezco a mi padre?- entonces sí me mira, se para, y le observo. Recuerdo a Finnick Odair, alto y esbelto como su hijo, con rasgos suaves y un atractivo imposible para cualquier hombre normal.

-Sí, eres idéntico a él- me sonríe.

-Todo el mundo me lo dice- comenta con orgullo- Y dime, ¿era valiente? ¿Hasta qué punto era valiente?- una pregunta peliaguda, ya que no sé hasta dónde Annie le ha contado lo que ocurrió con su padre. Nos miramos fijamente durante una fracción de segundo.

-Tan valiente como para enfrentarse a cualquier cosa, a cualquiera, por salvar a los que quería- contesto.

-¿Cualquier cosa?- asiento, se acerca a mí y me toma la mano y seguimos caminando- ¿Habían monstruos en esa guerra, verdad?

-Sí- contesto con pesar, él parece emocionado, como si aquello se tratara de un juego y a la vez a sabiendas de que es la verdad. La admiración brilla en los ojos del niño y yo lo único que quiero es continuar alimentándola.

-Y dime, ¿era un tipo gracioso?- inquiere, sacándome una sonrisa.

-Bastante. Era alguien divertido.

-¿Y yo?

-Tú también- le rodeo los hombros, y él se coge de mi cintura.

-Sabes, también me han dicho que nadaba muy bien. Yo también seré un gran nadador, y seré divertido, y valiente. Como él.

-Eso está muy bien, Finnick- le digo, y sus ojos grandes y verdes, abrumadores, me miran- pero no te olvides de ser tú mismo.

Él me mira sin comprenderlo bien, pero como si confiara en entenderlo algún día, asiente con madurez, y se pega un poco más a mi cintura, y así seguimos caminando hasta abandonar la arena.

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La forma en que pasa el tiempo es arrebatadora. Un buen día Katniss y yo estamos sentados en el sillón viendo jugar a Alisma y, antes de que nos podamos dar cuenta, ella se agarra a un mueble y se incorpora sosteniéndose en sus dos piernas; los dos hacemos el ademán de levantarnos, y entonces Katniss se da cuenta de que Ali trata de llegar a un adorno que está al otro lado del mueble, así que ella lo coge y la llama para motivarla a caminar sin agarrarse a nada; inmediatamente mis manos flanquean su pequeño cuerpo, sin tocarlo, y ella, llena de valentía, suelta el mueble y camina sin apoyarse en nada, hasta que llega a los brazos de su madre. La emoción nos embarga, y celebramos con júbilo sus primeros pasos mientras ella nos mira de hito en hito.

Y parece que la vida salta de aquel momento, al momento en que la escucho llamarme por primera vez.

Hacía ya tiempo que sabía decir "ma-ma", a veces lo repetía decenas de veces con desesperación, pero al parecer, no tenía la misma necesidad de mí que de su madre. Tengo que reconocer que aquello me apenaba, Katniss lo sabía y me consolaba diciendo que ella no había aprendido a decir "pa-pa" porque yo siempre acudía con tan solo escuchar sus ruiditos. Entonces ocurrió, estaba fuera en el huerto, tenía las manos llenas de tierra así que, aunque Alisma me miraba y me dirigía los brazos desde su paraíso de juguetes en mitad del salón, no podía cogerla. Aunque me resultaba difícil, me planteé que Katniss pudiera tener razón, que quizá si ignoraba un poco a Alisma ella acabaría llamándome, y así lo hice, cruce el salón sin prestarla atención y cuando me disponía a subir el primer escalón para ir al baño la oí. Lo dijo con claridad,con un tono ligeramente interrogante, como si en realidad me preguntara dónde vas. Katniss se asomó desde la cocina, donde estaba templando un biberón, y yo me agarré al marco de la puerta llenándolo de barro, ella lo volvió a repetir, en tono afirmativo esta vez, y con asombrosa perfección:

-Papá

Y lo aderezó dulcemente levantándose y dando torpes pasos hasta alcanzarme y apoyarse en mi pierna. Entonces me agaché, con las manos a la espalda, clavando las rodillas en el suelo, y ella me tocó la cara con sus manos cálidas y ligeramente húmedas. Cuando miré a Katniss una lágrima surcaba su mejilla y se colaba por su sonrisa.

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Gale y Johanna no esperaron demasiado para trasladarse al Distrito Doce, lo que Johanna no sabía es que Gale accedió porque iba a ser destinado en un pelotón de colonización del trece, de hecho, no debía contármelo, pero desde que nos convertimos en vecinos del mismo Distrito, Gale me hacía partícipe de demasiada información confidencial, poniéndome en el compromiso de ocultarle información a Katniss.

El día que celebrábamos el primer cumpleaños de nuestra pequeña, ellos nos informaron de que irían a por su segundo hijo, todo porque estaban deseando tener una hija. Poco después Johanna se quedó embarazada, la buena noticia era que iban a tener una niña, sí, pero también otro niño, estaba embarazada de mellizos.

Así que después de trasladarse a una casa de tres habitaciones del Distrito comercial tuvieron que mudarse a una más grande, y lo curioso fue que Gale optara por una de cinco habitaciones, alegando ante la estupefacción de Katniss y mía un sencillo "por si acaso" que no parecía disgustar a Johanna.

-¿Cuántos hijos pensarán tener?- me dice Katniss, mientras les ayudamos con la mudanza. Yo me encojo de hombros.

-Al menos uno más, ¿no?- Katniss frunce el ceño.

-Lo extraño es que parece que la noticia les ha alentado, si me quedara embarazada de mellizos, creo que me volvería loca. No creo que tuviera ganas de más.

-Lo cierto es que Gale se ha criado en una familia numerosa De hecho la mayoría de las familias en el distrito tenían entre tres y siete hijos…

-Bueno, eso era porque no confiaban en que sobrevivieran- aduce Katniss, con gesto lúgubre.

-Pero observa a tu alrededor, la gente sigue teniendo un montón de hijos, como si eso no hubiera cambiado- ella asiente.

-Sí, es extraño.

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Y el tiempo siguió pasando, dulce, apacible, y vertiginoso. A los dos años de edad Alisma saludaba a cualquiera que se prestara, cosa que reafirmó a Katniss en su idea de que nuestra hija es mucho más parecida a mí que a ella.

Alisma y Adahy se van haciendo cada vez más amigos, y dado lo ocupados que están sus padres con los mellizos, pasan gran parte del tiempo juntos, en nuestra casa.

Los mellizos son un niño y una niña bastante saludables, que le dieron un costoso embarazo a Johanna. Han llamado Clarisse, como la difunta madre de Johanna, a la pequeña, y Saul, como el padre de Johanna, al pequeño. Ambos dos son muy parecidos a Johanna, caras redondas, ojos castaños y audaces, y nariz pequeña.

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A medida que Alisma crece es más bonita, más lista, y nos sorprende más. Con cuatro años ya corretea por la casa, lo quiere conocer todo, adora los picnics y está obsesionado con conocer el bosque. Además, hace todo tipo de preguntas, y nos sigue a todas partes. Pero con su simpatía y dulzura nace otra cosa, una extrema sensibilidad y eso sería bueno si no fuera porque detecta cualquier tipo de emoción, y parece desarrollar una conexión especial con Katniss. No importa que Katniss solo emita inaudibles gemidos en sueños, ni siquiera que solo se remueva, Ali lo sabe, se levanta de su cama, sube a la nuestra y duerme entre los dos abrazando con desesperación a su madre. Eso no hace que las pesadillas, el mal crónico de Katniss, desaparezca, todo lo contrario, provoca que nuestra hija también las tenga. Si ya era suficientemente angustioso el padecimiento de Katniss, es tremendamente doloroso para los dos ver que, de alguna manera, Alisma se contagia de los terrores nocturnos.

Katniss sobre vuela la depresión cuando Ali pasa una semana horrible despertándose y llegando entre llantos a la cama. Por algún extraño motivo sueña que pierde a su madre, como me ocurre a mí. Sin embargo, Katniss se culpa enteramente de ello y empieza a tomar algo para dormir que la quita toda su energía también por el día.

A pesar de que insistí en que no era el mejor momento para tener un hijo, Katniss dejó la medicación y se aferró a la idea de que un hermano para Alisma sería la solución a los problemas de la niña, así que, un mes después del cuarto cumpleaños de la pequeña, Katniss se quedó embarazada, y lo cierto es que las cosas empezaron a ir mejor.

Juntos, le contamos a Alisma que iba a tener un hermanito y aunque ella seguía acudiendo a nuestra cama cada noche, en lugar de tener pesadillas, soñaba con su hermano o hermana.

-Papá- susurra una noche, sé que no debo dejarla que entre en la cama sin oponer ningún tipo de resistencia, pero no quiero que vuelva a pasarlo mal si la obligo a estar sola.

-¿Um?- estoy medio dormido, Katniss reposa su rostro entre mis omoplatos, y siento su barriga rozarme la parte baja de la espalda. Entre mis pestañas, alumbrada por la luz de la luna que entra por la ventana, los ojos azules de Alisma enfocan los míos.

-Si para Dandy siempre es de noche en la tripa de mamá ¿qué hace de noche?- me quedo unos segundos estupefacto.

-Cariño, creo que Dandelion hace lo mismo todo el día- contesto, deseando volver a dormirme, pero sé de más que Alisma no parará ahí.

-¿El qué?

-Dormir, lo que tú no me dejas hacer a mí- veo que se ríe mordiéndose ligeramente el labio.

-Papá- suspiro- ¿Por qué la doctora no le hace una foto a color a Dandy? Así podríamos saber de qué color tiene el pelo…

-No se llama foto, se llama ecografía.

-Pues eso ¿por qué?- me remuevo un poco poniéndome boca arriba, y ella se echa sobre mi pecho.

-Porque son en blanco y negro.

-¿Por qué?- pienso, pero en realidad no tengo ni idea.

-No lo sé, en la próxima consulta se lo preguntas a la doctora, ¿vale?- ella asiente.

-¿Y cómo sabía la doctora que era niño? Yo no lo veía claro…- esta vez abro los ojos y le lanzo la mirada del basta ya, pero como no se me da bien fingirla no tiene ningún efecto sobre ella, hasta que cuatro o cinco preguntas más tarde me sale natural y entonces Ali se encoge en un rincón de la cama fingiendo que se ha enfadado conmigo por enfadarme con ella.

Y por fin consigo dormirme, hasta que Katniss se incorpora como un resorte en la cama y doy un respingo. Entonces Ali salta por encima de mí alcanza a su madre y le agarra la cara, preguntándola incesantemente si está bien, y si quiere un vaso de agua, lo cual no es otra cosa que lo que me ve hacer a mí cuando Katniss se despierta de un mal sueño.

-Deja que vaya tu padre- dice Katniss, pero Ali no hace ningún caso, salta de la cama y corretea escaleras abajo, se escucha un quita del medio dirigido al viejo Uno, después silencio y luego sube las escaleras y su cara aparece asomando por la puerta.

-No alcanzo los vasos- le arranca una sonrisa a Katniss, que se levanta y veo su perfil curvado cubrirse por una bata. Antes de que pueda decir nada ella me tumba dulcemente poniéndome una mano en el pecho, y me besa.

Madre e hija salen por la puerta y ya estoy deseando que vuelvan.

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Extra

En algún momento del futuro (1): La historia de mis padres

Mi segundo nombre siempre me sorprende, porque nadie lo utiliza para llamarme. Así que cuando, a principio de cada curso dicen: Alisma Primrose Mellark, siempre me cuesta un par de segundos responder, porque sé que me llamo Alisma, pero Primrose era el nombre de la hermana pequeña de mi madre, y aunque no la conocí, pensar en ella me crea una extraña sensación, como de alguien que de alguna manera sí sé quién es, y sí está conmigo.

La profesora me mira por encima de sus gafas, es una profesora nueva, así que pueden pasar dos cosas, que me tenga recelo o que me tenga aprecio, pero nunca ocurrirá que le resulta indiferente… ¿Por qué? Porque todo el mundo sabe quién soy. Soy la hija del Sinsajo, la hija de los amantes trágicos, la hija de los últimos tributos de la historia de Panem. La hija de los revolucionarios que cambiaron el mundo.

Mis padres pasaron un calvario desde que nacieron hasta la guerra, y tras ella. Aunque tengo abuelos, y tíos y primos, en realidad, no lo son verdaderamente. Mi familia real son mis padres y mi abuela Eleanor. Haymitch fue el mentor de mis padres en los Juegos, y de muchos otros niños que murieron en la arena. Ahora vive con mi abuela y es feliz, y aunque sé que mi abuelo murió en un accidente en las minas, quiero mucho a Haymitch. En cuanto a mis primos, mi tía Prim murió delante de mi madre, y los hermanos de mi padre murieron en un bombardeo que destruyo casi por completo el Distrito en el que vivo, así que como primos tengo a Adahy Hawthorne y sus tres hermanos, dos de ellos son los mellizos Clarisse y Saul Hawthorne, y el pequeño es Eijah Hawthorne , los cuatro son hijos de Gale Hawthorne, mejor amigo de mis padres, y en especial de mi madre, (ambos iban de caza juntos para alimentar a sus familias), y Johanna Mason, tributo que a pesar de ganar los 71º Juegos del Hambre, tuvo que volver a participar en el macabro Vasallaje de los Veinticinco, junto con Katniss Everdeen y Peeta Mellark, mis padres. Mi primo mayor es Finnick Odair, hijo de Annie Cresta, la cual fue salvada del Vasallaje gracias a Mags, una anciana que fue mentor del difunto padre de Finick, del mismo nombre. Gracia a Mags, Annie se salvó de ir al Vasallaje, Finick padre se encargó de proteger a mi madre en el Vasallaje, pero por desgracia mi madre no pudo hacer lo mismo por él en la guerra, hoy todavía le ahoga esa culpabilidad.

Finnick Odair tiene cuatro años, seis meses, y veintitrés días de edad más que yo, mientras mi primo Adahy solo es once meses mayor. Adahy es también mi mejor amigo, todo lo hacemos juntos, y juntos nos hemos enfrentado a los horrores de nuestros padres. Ada es tierno, abierto y confiado, al contrario de Finnick, aunque he crecido con ambos, no sé nada de él, quizá es por la diferencia de edad. Yo soy una cría de catorce años y Finick supera los dieciocho, vive en un mundo que ni Ada ni yo conocemos. Realmente Finny no es como Ada en ningún sentido. Adahy es alto, fuerte, de piel aceitunada y de pelo negro como el petroleo, y sus ojos son de un gris intenso, casi metálico, es de los pocos chicos con rasgos de La Veta que hay en todo el Distrito.

La Veta es un lugar del Distrito 12 caracterizado por sus casas modestas de una planta, hay muy pocos habitantes, pues fue el lugar más duramente bombardeado, y aunque mi tío Gale salvó a muchas personas, apenas una veintena sobrevivió, lo que hace que alguien como mi madre, Gale o Adahy, sean vistos como criaturas en peligro de extinción. Sin embargo, Finny tiene un físico radicalmente opuesto a él.

Todos dicen que Finnick es la viva imagen de su padre, así que imagino que su padre debía de ser un hombre tan perfecto como él. Finnick Odair es tan conocido en Panem como yo misma, o mi hermano pequeño Dandelion Mellark, pero creo que todo el mundo lo mira embobado porque realmente es un ser sin defectos. Aunque yo he crecido con él, no deja de asombrarme su belleza. Es alto, esbelto, fuerte, de facciones suaves, mirada felina y movimientos sutiles; todo lo que hace y dice queda velado por la luz que emite toda su piel, es sencillamente sublime. Cuando habla, su voz es como un ronroneo, y también es como agua que brota con calma; su voz te traspasa, te arropa y te hace viajar a dónde él quiera, y yo lo sé bien, porque desde pequeña él me cuenta cuentos. A aquella voz hay que sumarle su mirada verde, verde como la pradera, y como el musgo fresco, y verde como el fondo del mar, las algas y las plantas; sus ojos son la expresión de todos los verdes de la naturaleza, en un espacio diminuto. Por todo eso, mi primo Odair, trae de cabeza a cualquier mujer, y a muchos hombres, porque está diseñado para ser adorado.

Y esta es mi familia de repuesto, los tíos Johanna, Gale y Annie, sus hijos, y el abuelo Haymitch. No tengo a nadie más, todos los demás son personas que me hablan como si me conocieran, solo porque creen saber mi historia.

Tengo que reconocer que la historia de mis padres me deja sin aliento. Me lo contaron antes de que pudieran enseñármelo las clases de historia, cuando comencé a tener uso de razón. Recuerdo a mi madre con la voz ahogada, mi padre cogiendo la palabra, y finalmente la información con cuenta gotas, más por mi madre que por mí. Sé todo lo que debo saber, o eso creo, pero lo cierto es que lo que más a fuego tengo grabado en mente son los momentos de "fuga" de mi madre (cuando se queda mirando algo con los ojos anodinos) y sus gritos nocturnos; Ella es para mí la persona más admirable del mundo, y aunque jamás habla de sus logros, mi padre sí me ha contado todo lo que mi madre hizo, y los libros de historia me lo corroboran. Mi padre tampoco se queda atrás, aunque su lucha iba más encaminada en proteger a mamá, en quedarse a su lado para siempre, su valentía salvo a todo el Distrito trece, y con ello salvó a mamá, y de alguna manera a todos los que hoy vivimos aquí, a Dandy y a mí y, como él dice, a sí mismo.

La historia de mis padres ha sido exaltada en diferentes novelas, incluso en una mini-serie de televisión. Cualquiera podría pensar que la historia de ficción es exagerada, pero lo cierto es que yo, que los veo todos los días, creo a pies juntillas en su historia de amor, y me lleva a una nebulosa de romanticismo.

Cuando digo que la historia de mis padres es difícil de igualar, Adahy se molesta y Finick se ríe. El primero piensa que lo que me ocurre es que estoy en la "edad del pavo" (como si él no lo estuviera), y el segundo, Finnick, me da la razón, alegando que él ha salido con muchas mujeres y que el amor le ha durado poco.

-Eso pasa cuando solo te gusta ir de ligón- le suele acusar Adahy, que rara vez es incisivo con alguien, pero con Finnick trata de serlo constantemente, aunque por desgracia solo hace el ridículo, Finnick es difícil de ofender.

Mi padre no es famoso solo por haber sido el tributo de Los Juegos que alentó la Rebelión de los distritos, lo es también por sus magníficos cuadros. Al principio, solo pintaba los horrores de Los Juegos, pero con el tiempo su corazón maltratado empezó a recuperarse y a pintar cosas hermosas, y ahora sus cuadros están expuestos en el Museo de historia de Panem, en la capital, antes El Capitolio, ahora el Nuevo Núcleo.

Aunque mi padre roza los cuarenta, quizá porque es mi padre yo le veo mucho más joven y guapo que a los padres de mis amigas. Mi madre también parece mucho más joven, porque es delgada y pequeña, y tiene el pelo largo y brillante, pero cuando la miro a los ojos parece tener cien años, y sé que ha sufrido mucho, pero también sé que me ama, porque me lo dice cuando cree que estoy dormida.

Dandelion es un niño silencioso, ha heredado de mi padre su capacidad para pintar, yo también tengo cierta habilidad, pero también he heredado la voz de mi madre, y me encanta cantar, sobretodo cantar a los sinsajos. Dandy, sin embargo, se vuelca por entero en el dibujo, haciendo, entre otras cosas, diseños para las pastas de la panadería, donde mi padre sigue trabajando todos los días a pesar de ser un reconocido artista. A las pastas con dibujos de mi hermano las llama Galletas Dandy, y así las piden los clientes.

Lo cierto es que creo que Dandelion quedó tocado con la historia de mis padres, la historia de Panem, y todo lo que ocurrió. Es demasiado maduro para ser un niño.

Él guarda tan solo un rasgo de La Veta, pero es un rasgo que le hace especial: los ojos grises. Por lo demás, tiene el físico de mi padre, de estatura media, piel blanca, pelo rubísimo, pestañas espesas… pero son sus ojos y su frialdad la que le separan del resto de los niños. Papá dice que él es muy especial, que hay que dejarle ser, y dejarle tranquilo, pero eso es difícil de explicar al resto de críos del colegio, que le tratan como a un bicho raro y lo marginan, a pesar de que Dandy es impresionantemente inteligente o quizá precisamente por eso.

Sea como sea, adoro a mi hermano, y solo imaginarme que pudiera morir, como murió Prim, hace que a veces se me escapen las lágrimas y tenga que ir a verle dormir a su cuarto, a veces le beso la mejilla, porque cuando está despierto rara vez acepta muestras de cariño.

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En cuanto a mí, hoy es mi primer día de clase en segundo de secundaria, tras dos cursos más iré al llamado Claustro Especializado, que es donde se estudia una rama más concreta de las diferentes materias en las que se divide el saber. A partir de esa especialidad, cada persona tiene diferentes opciones en el mundo laboral.

La profesora, que a juzgar por su mirada amarga no me va a hacer la vida fácil, termina de pasar lista y todos toman asiento.

La jornada pasa con tranquilidad, no me resulta difícil seguir las clases, ni tomar apuntes. En los recreos, huyo despavorida de los compañeros para refugiarme con Adahy en un rincón del patio, donde los dos nos comemos nuestros bocadillos y criticamos a los profesores.

Al salir de la escuela Dandelion me espera pacientemente, siempre es el primero en llegar al punto de encuentro donde a veces mamá, a veces papá y a veces los dos, nos vienen a recoger. Esta vez es mi padre con Johanna, cuando llego sus ojos azules se clavan en los míos, que son de un color calcado al suyo, me quita la mochila y se la pone él. Dandelion se niega a ser ayudado con la suya, y recibe con resignación su beso en la mejilla, mientras yo estrecho a mi padre con fuerza y le devuelvo el beso. Adahy se siente avergonzado cuando su madre le revuelve el pelo, se le nota en la cara porque él es un libro abierto.

Hoy es viernes, eso significa que haré los deberes, me daré un baño, mamá me trenzará el pelo e iremos a la pradera de picnic con los abuelos. Porque es otoño, y no llueve ni una gota, y es lo que hacemos los viernes en otoño si no hay lluvia.

Algunos viernes el primo Finnick viene a la Aldea porque dice que le inspira para escribir. Finny quiere ser escritor, de momento, escribe cuentos infantiles, pero sospecho que últimamente está metido en algo más grande. Los viernes que Finnick viene de picnic son geniales, porque cuando acabamos de comer y todos descansan, yo puedo sentarme junto a él para que me lea alguna de sus historias.

Hoy estoy de suerte, porque cuando salimos de casa le encontramos caminando por el paseo que lleva a la Aldea. Intento contener la emoción de verle, y me limito a saludarle con normalidad.

En el paseo se nos unen mi abuela y Haymitch, él me rodea con un brazo después de sacudirle el pelo a Dandelion, cosa que detesta, y me pregunta como siempre:

-¿Cómo estás, preciosa?- yo le cojo la cintura y le contesto como de costumbre.

-Bien, precioso- y mi abuelo se ríe y me cuenta alguna historia que no sé si se inventa o no, pero que sospecho que sí. Todas suelen empezar igual "¿Sabes que un día…?"

De camino a la pradera hay un rato de paseo. Mis padres caminan de la mano, mis abuelos también, Finick charla animadamente con mi padre sobre sus estudios, le quedan dos años de Especialización, estudia periodismo y además de querer ser escritor dice que es necesario que haya personas con interés en contar la verdad, él cree que el gobierno solo da una visión parcial de las cosas.

-Si el gobierno actual te parece poco transparente- comenta mi padre- Tendrías que haber visto como era El Capitolio- me da la impresión de que mi madre se tensa, y a juzgar por cómo se libera de la mano de mi padre y va con Dandelion, apostaría que estoy en lo cierto. Mi padre la mira brevemente, y se comunican de esa manera que solo ellos entienden, y continua charlando con Finnick.

-Ya lo estoy estudiando. Repugnante, típico de cualquier dictadura, al parecer. Aunque poco se sabe de los Gobiernos Antiguos. El periodismo durante años fue sencillamente inexistente- comenta él- Sin embargo, ¿sabes que alguno de los métodos de El Capitolio los enseñan como estrategias de publicidad?- mi padre sonríe.

-Me lo creo.

-Es un mal trago, pero sabían hacerlo. Era increíble cómo podían hacer sentir a ciertas personas que aquellos mal llamados juegos eran un orgullo- Haymitch lanza una mirada canina a Finnick, que continúa hablando con papá en voz baja. El abuelo tiene especial aprecio al hijo de Annie, aunque a veces le pone nervioso, porque dice que:

-Ese chico está obsesionado con el pasado, con una época que por suerte no ha vivido. Debería centrarse en el presente.

Pero el abuelo no lo entiende, yo creo que sí lo entiendo. Finnick perdió a su padre, y su forma de conocerle y hacerle justicia es vivir en ese pasado dónde lo perdió.

-La verdad es que detesto tomar de ejemplo ese repugnante sistema- prosigue Finnick- pero de todos modos el marketing siempre me pareció asqueroso.

Mi padre le escucha atentamente, en primer lugar porque mi padre siempre escucha, y en segundo lugar porque le encanta charlar. Finnick dice que mi padre sería un gran periodista y un líder de audiencias, que no sé lo qué es exactamente, según Finnick mi padre es muy locuaz y tiene un gran sentido de la dialéctica, la verdad es que la mitad de las cosas que dice mi primo no las entiendo, tengo que buscar sus palabras en el diccionario, pero al menos no me habla como a una niña pequeña, creo que ni siquiera cuando era una niña pequeña me hablaba de tal forma, y eso me hace sentir bien, como un igual ¿habrá alguien que no se sienta bien junto a él? Creo que eso es imposible.

Cuando alcanzamos la pradera él se apresura en echar un cable para poner los manteles y la comida. Es entonces cuando me doy cuenta que ha traído un paquetito, lo abre y lo pone en medio de los manteles, lo abre y veo que son frutos secos y se me hace la boca agua, porque entre ellos hay nueces, y las nueces me encantan. Me debe ver impaciente, porque me chista y me da unas cuantas tras guiñarme un ojo.

-Ali- dice mamá, que tiene ojos en todas partes- no comas antes de tiempo- miro a Finnick arrugando la nariz y él se ríe de mí, sabía que iban a regañarme por su culpa.

La comida es espectacularmente buena. Carne asada, ensalada de vegetales, panecillos salados y de postre frutas del bosque con nata. Como hasta que mi barriga no da más de sí. Dandelion me dedica una mirada desdeñosa porque él es vegetariano y dice que es una hipocresía que me gusten tanto los animales pero no tenga reparos en comérmelos. Ya me he acostumbrado a la mirada de reproche de Dandy, así que cuando vuelve a amonestarme con sus gestos me limito a darme palmaditas en la panza burlándome de él. La verdad es que no sé por qué solo se fija en mí, cuando todos comen carne en casa.

Después de comer, cuando hay carne, pueden pasar dos cosas. Que mi madre se enfade con Dandy por no comer otra cosa que vegetales, se lo lleve a un lugar a parte y le vuelva a dar una retahíla de que debe de comer proteínas y hacer ejercicio para estar fuerte y preparado, (como si pudiera haber otra guerra en cualquier momento) o puede pasar que no le diga nada. Hoy, por suerte, todo queda en una mirada sostenida entre ambos y nada más. Dandy no tarda en levantarse, y buscar un lugar donde colocar su caballete para ponerse a pintar, mi padre también ha traído el suyo, ambos toman asiento en su taburete. Dandelion aprende a pintar por imitación. Él observa a mi padre y copia sus movimientos, mi padre no puede enseñarle de otra manera ya que no tiene conocimientos técnicos.

Mi madre se tumba en el césped, con mis abuelos, mientras Finnick escoge un árbol para recostar su espalda y escribir en su cuaderno.

Me acerco a él.

-Hola Fin- le saludo.

-¿Fin?- ríe él- Creo que estás llevando mi diminutivo a su expresión mínima- meto las manos en los bolsillos de mi pantalón y me hago la interesante mirando a otro lado.

-Te podría llamar "ffffff"- comento- pero Fin suena mejor para un escritor.

-¿Estás segura? Es como si estuviera acabado- me siento junto a él.

-No, es como si fueras un escritor que siempre acaba sus historias, eso es bueno ¿no?

-Sí, solo que no es cierto, no siempre acabo mis historias- me encojo de hombros.

-Las que me cuentas a mí, sí- matizo.

-Efectivamente- confirma él, con una mirada enigmática.

-No podría soportar que me contaras una historia a medias- alza sus perfectas y simétricas cejas.

-¿Ah, no? Pues entonces supongo que no soportarás que te lea nada de lo que hay en este cuaderno- eleva en su mano suave, y delgada, un cuaderno desvencijado y frunzo el ceño.

-¿Qué es?- Finnick me dedica una sonrisa que no se refleja en sus ojos y me parece que un aliento helado me ha tocado el corazón.

-Es la historia de mis padres- me dice con voz susurrante, y me tenso un poco, aquella es la historia más personal que pueda escribir. Creía que esperaría a terminar sus estudios para comenzarla, pero al parecer no ha podido resistirlo.

¿Me hará participe de ella?

Clavo mis ojos en los suyos, y atuso mi trenza con inseguridad. No hace falta que diga nada, él amplía más su sonrisa, y sencillamente abre su cuaderno, y empieza a leer.

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N/A: siento haber sacrificado mucho la longitud de este capítulo en favor al extra, ha sido un impulso irrefrenable. El fanfic llega a su recta final... Quedarán unos tres capítulos, ya que hay una cuestión que me queda por resolver que no sé si habréis captado, en principio volverá a ser desde el POV de Katniss a no ser que queráis que combine Peeta y Katniss, o que siga con Peeta, ya me diréis porque a mí me gustan ambas opciones. El extra del futuro, es algo que necesité escribir, me vino a la mente no sé muy bien por qué, y sería la única esperanza de continuar el fic con una 3ª parte, o bien daría lugar a un fic nuevo. La verdad es que la idea de una historia de los hijos de los protagonistas me seduce, ¿qué opinión os merece?

Gracias por estar ahí :)