Capítulo 4

Los Juegos del Hambre

(POV Finnick Jr)

Que Alisma tenga algún tipo de relación sentimental con Adahy no me sorprende, que esté en este estado de angustia sí. Es una chica muy tranquila, o eso creía, quizá muy sensible, pero no histérica. Veo como se pone roja por momentos y me quedo plantado cruelmente sin saber qué hacer, ella también parece congelada en el tiempo, mientras que el mayor de los Hawthorne me dirige una mirada envenenada que no creo merecer. Lo cierto es que ese chico me detesta, pero la verdad es que no sé qué le hecho exactamente, y aunque lo puedo suponer, prefiero no planteármelo. Adahy deja de mirarme para ablandar su expresión en dirección a Alisma.

-Vamos a pasear y hablar- le dice, tendiéndole la mano, pero ella se aparta como si él estuviera cargado de electricidad. Entonces consigo dar un paso al frente.

-No- digo tajante -No puede ser, sus padres nos han pedido que viniéramos a recogeros; a ti ya te han llamado varias veces- sus ojos vuelven a insultarme con la mirada, se acerca a mí y me doy cuenta de que realmente no tiene aspecto de dieciséis años, es alto y corpulento como Gale, y aparenta la mayoría de edad.

-A mi no me regañas- gruñe, Alisma le grita algo que no alcanzo a entender.

-Mi intención no es regañarte, pero tienes que irte a casa- mis esfuerzos porque mi tono sea el de una sugerencia son vanos.

-Me voy porque quiero- sisea -Hace tiempo que mis padres no me controlan como si siguiera llevando un chupete.

-Qué infantil eres- le dice Alisma.

-Yo no soy el que va lleno de mocos- comenta él con acritud, y al instante pone gesto de arrepentimiento y vuelve a dirigirse a ella, que le rechaza. Lo cierto es que la situación es casi cómica, como cualquier discusión entre adolescentes, aunque para ellos aparenta ser una auténtico drama.

Cuando Alisma se acerca a mí su hermano le da un pañuelo sin decir una palabra. Adahy todavía nos mira con rencor, hasta que se da la vuelta pesadamente y emprende el camino a la casa de verano de sus padres, que está junto a la mía. Dejamos que se marche, con la intención de que Alisma pueda calmarse lejos de él.

-¿Voy a casa y digo que vienes más tarde?- inquiere Dandelion con bondad.

-¿Con cuál excusa?- contesta Alisma, él se encoge de hombros.

-Pues que te has enfadado un poco.

-¿Eres idiota?- le increpa ella.

Lo que menos quiero es tener que mediar entre ellos, así que me limito a llamar a Peeta y decirle que tardaremos un poco en llegar, él no pregunta nada, lo cual es un consuelo. Acompañamos a Dandelion, que jura y perjura no decir ni una palabra aunque le torturen, y nos quedamos a solas a escasa distancia de la casa. Le propongo dar una vuelta a la manzana y ella acepta.

Camino con las manos en los bolsillos sin decir nada. En un rincón de mi campo de visión entra su rostro ,y con él, su turbación. Un malestar empieza a invadirme al cerciorarme, una vez más, de que solo tiene quince años, y de que aquella noche en que le conté que había visto Los Juegos, el estrés volvió a llevarme a mi ya conocida costumbre, aunque no sabía que podía llegar hasta tales extremos. Nunca había pensado así en ella, y aquella noche, con el sueño acumulado y la angustia, realmente no la vi a ella, porque de ser así no hubiera podido estar al filo de lo que estuve. Tengo que creer que no soy así, que no estoy peor de lo que pensaba.

Y sin darme cuenta me he llevado una mano al cabello y suspiro, llamando su atención sin haber tenido esa intención.

-¿Estás bien?- pregunta con inocencia, y resulta una ironía que sea ella quien me lo pregunte a mí- Me da un poco de vergüenza la situación...

-Estoy bien, estaba pensando en otra cosa

-Ah...- musita, arrastrando un poco los pies.

-¿Cuánto tiempo hace que salís?- pregunto, y al momento me retracto- Si no quieres hablar de ello...

-Está bien- accede- Desde mi cumpleaños.

-Eso es poco tiempo ¿no?- digo sin pensar, ella se encoge de hombros.

-Supongo- pone un gesto extraño y se abraza el cuerpo sobre la camiseta grande y gris que lleva puesta, pegada al traje de baño. -Es poco tiempo pero hay cosas que van demasiado deprisa. Y de todos modos está obsesionado.

-¿Con qué?- me mira brevemente y deja caer una especie de risa cansada.

-Ya me oíste.

-Sí, pero no sé cómo interpretar eso ¿está celoso de mí?- yo también me río de forma parecida.

-Algo así.

-Pero eso no tiene sentido- nos miramos brevemente, y me fuerzo por volver la vista a mis pasos.

-Ya...

-Me ve realmente perverso- intento bromear, pero me doy cuenta de que es posible que lo sea. De nuevo, la noche en el sofá me golpea la memoria.- Eso me recuerda que te debo una disculpa.- Ella frunce el ceño, y veo que ya no tiene los ojos irritados. -Por lo de la otra noche, nunca me había pasado, no te veo así, y quería que lo supieras.

-Claro, no me molestó. Imagino que para ti soy una niña- siento que me acaloro un poco, que de alguna manera he cometido un error, pero cualquier cosa que diga para salir del atolladero podría suponer un error más grave, así es que callo. Para mi sorpresa frena sus pasos y me dirige una sonrisa amable, aunque juraría que sus espesas pestañas se rozan un poco en las puntas, nublando el azul brillante de sus ojos- No siempre tendré quince años.

Sin más, se da la vuelta, pone rumbo a casa y a los dos segundos retoma el encanto familiar que tan bien conozco.

.

Resulta incómodo para todos la tensión que hay entre ellos dos. Si se hablan es solo para dedicarse lanzas dialécticas de todo tipo, y resulta sorprendente porque nunca antes habían tenido esa actitud. De todos nosotros, al único que parece divertirle la situación es a Gale, cosa que a su hijo no le parece gracioso.

La última semana de vacaciones ya no tengo necesidad de mirar fijamente a Alisma ni a Dandelion, sin embargo, me encuentro observándoles como si se hubiera instalado en mí ese instinto. Especialmente en lo que respecta a Alisma. Sus padres hacen las veces de vigilantes, de hecho Katniss hace ademanes de salir disparada a la mínima que uno de sus hijos es poco visible tras una ola.

Adahy tiene amigos en todas partes, así que en lugar de estar en la playa, con nosotros, se va con sus colegas de verano, y Alisma, que no es tan amistosa en este Distrito como él, se queda prácticamente sola con su hermano, con expresión afligida a ratos, y relajada en otros. Si no fuera por nuestra diferencia de edad, podría pasar todo el tiempo con ella, pero desde que sentí aquella atracción tan peligrosa es como si cualquier familiar pudiera detectar en mí la sombra del deseo. No puedo soportar la idea, por ejemplo, de que Peeta interpretara que mis impulsos no son refrenables ni siquiera hacia su hija, y aunque creo que no ocurriría nada de esto, me mantengo al margen, amargamente.

No me queda otra que armarme con mi cuaderno y continuar con los esbozos de la historia de mis padres, una historia muy difícil de estructurar dada la poca colaboración de mi madre y lo sensacionalista de toda la información que circula sobre ellos. Tras una hora consigo concentrarme y avanzar en mi crónica de Los Juegos del hambre, el romance de mis padres como hilo, y la guerra como final. A veces pienso que tengo un espíritu masoquista para escribir esto, pero lo cierto es que nunca he amado de la forma en que creo que se amaron mis padres, de la forma en que me parece que se aman los adultos de mi "familia", por lo que me pregunto si será que en situaciones críticas es cuando verdaderamente se ama.

Escribo febrilmente ideas dispares, cosas que en realidad no sé si me invento. Todos se van marchando, Peeta me saca del ensimismamiento para avisarme de su marcha, y yo decido quedarme un rato más.

Cuando pienso que estoy solo escucho una melodía, parece muy lejana, y sin letra, pero cuando afino el oído la logro localizar y compruebo que consta de palabras. Proviene de una figura blanca, a penas afectada por el sol del verano, ataviada con un vestido también perlado, que contrasta con un pelo larguísimo y oscuro como una noche cerrada; sus pestañas son tan largas y negras que, a pesar de estar varios metros frente a mi, se pueden distinguir en el perfil de su rostro delgado. De alguna forma la inocencia de su canto parece marcarse en lo rosado de sus labios, que evocan una sonrisa pacífica, aunque no sonría. Aquella figura, es de una belleza tan sencilla que llega a los ojos de forma sutil. Es como si uno hubiera asumido su encanto para un buen día volver a encontrarlo por sorpresa. Sería terrible que me mirara, porque no tengo poder sobre mí en este momento.

Como si supiera de mi debilidad, efectivamente, el horizonte queda reducido a sus ojos, que borbotan esa luminosidad azul. Se levanta en otro tiempo, se mueve hacia mi desde otro mundo y llega a mi lado como de otra especie.

-Fin- sonríe, y se abraza las rodillas sentándose junto a mí-¿Molesto?- demasiados segundos para responder una pregunta tan sencilla.

-No- demasiados segundos para pronunciar una sílaba.

-Quería saber si me puedes leer algo- estoy a punto de decir que realmente no puedo, pero consigo mirar mi cuaderno y encontrarle sentido a todas esas letras juntas que se supone que forman palabras.

.

Que acabe el mes de julio no significa que tenga que despedirme de los Mellark para el resto del verano, pero de todos modos me apena. Habitualmente mi madre pasa una temporada con Johanna, temporada que me servía para estar solo, para viajar, y para evadirme por lo general. Este año, mi intención de cambiar en algo mis costumbres flaquea, así que cuando llama una de mis compañeras de clase, que sabe bien cuando me quedo solo, declino y acepto salir con ella.

El último día del mes Alisma se ha marchado con sus padres a la ciudad para comprarle lo necesario para el nuevo curso. Mi madre se encuentra con los Hawthorne, así que mi única compañía es Dandelion, que adelanta tareas en el salón mientras escucha música, con su mascota a los pies. La casa se me hace bastante grande, aunque es pequeña. La ya conocida inquietud que suele hacerse conmigo cuando me quedo solo vuelve sin ninguna piedad. Sin vacilar, pongo el proyector y en él algunos vídeos de mi padre, son vídeos dónde él no es protagonista. Una convención, una gala, o cualquier evento donde él hiciera de acompañante me sirve. No he dormido nada así que mientras le busco en cada plano me invade un intenso sopor. Mis sueños empiezan y acaban con él, somos tan similares que es como si fuéramos gemelos, y no consigo imaginarle con mucha más edad que yo, porque murió muy joven.

Cuando abro los ojos todo pasa muy rápido. Lo primero que veo son las imágenes del baño de sangre en la Cornucopia, seguido de una recopilación de muertes de tributos pasadas a toda velocidad como una especie de spot sangriento. Mencionan a los dos únicos finalistas: Katniss Everdeen y Peeta Mellark, del Distrito 12, "Los amantes trágicos" grita el comentarista, y se proyecta una imagen de un tumulto de personas que prorrumpe en vítores. Es evidente que no son los juegos de mis padres, son los últimos Juegos del hambre de la historia, antes del Vasallaje, por tanto, son Los Juegos del Hambre de los "tíos". Tardo en reaccionar, porque no sé como puede estar en el proyector un vídeo que no he puesto. Cuando mi mirada desciende y veo a Dandelion sentado en el suelo con los ojos como platos, le tapo la cara con tanto ímpetu que golpeo por accidente su cabeza contra el mueble.

Creo que en mi vida he gritado como hoy.

Apago el proyector y le regaño, le regaño con más miedo que rabia, mejor dicho, con ninguna rabia. Él no me mira, ni siquiera parece capaz de moverse. Le sacudo de los hombros y continúo gritándole, pero no me escucha. En ese instante escucho el timbre de la puerta y mi mundo estalla, ¿qué voy a decirle a sus padres? La verdad, por supuesto, aunque no tengo perdón, y es preciso que asuma esto rápidamente.

-Por favor Dandelion, háblame, si no me hablas tendré que contarlo todo ahora mismo- me parece extremadamente ruin amenazarle, pero no se me ocurre otra cosa, sin embargo, él sigue sin reaccionar.

Bajo con tanta urgencia los escalones que estoy a punto de tropezarme. Cuando abro la puerta, tembloroso, me encuentro frente a alguien que no esperaba. Adahy me mira con esa expresión que guarda para mí, mezcla de desprecio y odio.

-¿Puedo ver a Alisma?- balbuceo que no está-¿Por qué pones esa cara? Oye si estás con alguna a mi me da lo mismo...- se ríe.

-No está, adiós- intento cerrar la puerta pero la bloquea sin dificultad con el pie.

-¿Qué pasa aquí?- le empujo, él me empuja a mí y acaba entrando -No me pongas las manos encima- gruñe, y suelta una palabrota.

-No me compliques las cosas- una mezcla de súplica y amenaza sale de mi garganta, él sonríe con cierta malicia y se asoma al salón. Siento tentaciones de agarrarle y echarle fuera de una vez, pero me reprimo. Escudriña el salón y después vuelve a mirarme con gesto burlesco.

-¿Dónde está el empollón? ¿se te ha caído por la terraza o qué?- ríe, pero al instante se queda muy serio y vuelve a soltar otra palabrota -Me dices qué ha pasado o llamo a sus padres ahora mismo- me amenaza, sacando el teléfono móvil y poniéndomelo en las narices. Mi tentación de golpearlo se incrementa.

-He tenido un accidente, está en mi habitación- me da un manotazo en el pecho y me aparta de la escalera, sube allí, y encuentra a Dandelion en el mismo estado deplorable que le deje.

Un sudor frío me recorre todo el cuerpo, intento por todos los medios controlar los temblores mientras él me amonesta con la mirada al examinar el proyector y los vídeos.

-¿Qué es esto Odair?- me mira con asco -Estás fatal. Imagino que este ha visto todo el programa, claro- y entonces le suelta un cachete, demasiado fuerte para mi gusto, en el rostro, y empieza a pellizcarle hasta hacerle daño.

-No le pegues- interfiero.

-Es para que respire, idiota. Mi hermana aguanta la respiración cada vez que se enfada.- observo que efectivamente Dandelion empieza a respirar abruptamente- Cómo se nota que no sabes nada de niños.- Dandy pestañea y sale corriendo al lavabo, intento ir tras él pero Adahy se interpone.- Por lo menos déjale vomitar tranquilo.

Me siento en la cama y me echo las manos a la cabeza, Ada empieza a guardar los vídeos y el proyector en el armario de cualquier manera.

-No se puede tener estas cosas cuando hay críos- murmura -En serio, ¿en qué estabas pensando? Es un niño, va de cerebritos pero ¿qué tiene, once, doce años?

-Tienes razón- le digo, con tal de que se calle.

-Tienen un olfato especial para lo prohibido...- comenta, en una frase que seguramente ha calcado de su padre. Me parece que su tono se ha ablandado un poco, pero tratándose de él no me puedo fiar -Oye, no me caes bien, pero no se lo diré a nadie. No le des muchas vueltas, Dandy mete las narices en todo, lo hubiera encontrado él solo con el tiempo.

-Gracias- musito.

-No hay de qué. Dile a Alisma que necesito hablar con ella- se dirige a la puerta, se asoma por el pasillo y se vuelve a girar hacia mí, hablando un poco más bajo- Y un consejo, no seas blando con él, está muy mimado. Tanto Alisma como él son dos llorones- hace una pausa- Eso no se lo digas a ella, Odair, o no tienes donde esconderte.- y por fin, se larga.

.

Cuando salgo fuera de la habitación Dandelion está sentado en el pasillo, la cachorrita que le sigue a todas partes tiene una expresión muy similar a la suya. Nos miramos, intento poner expresión dura, pero no sé si lo consigo, en todo caso esquiva mi mirada y murmura una disculpa. Me siento a su lado, miro el reloj y veo que son las seis de la tarde por lo que temo la llegada de su familia en cualquier momento. Adahy tiene razón, no tengo ni idea de cómo tratar con niños, para empezar, es posible que yo también haya caído en el engaño de la madurez de Dandelion.

De repente, al mirarle, me doy cuenta de que realmente no es más que un crío, un niño que no sabía qué era más terrible si su imaginación o la realidad. Veo sus ojos grandes casi enterrados por sus pestañas, su nariz pequeña bajo ellos, y su boca formando un casi imperceptible puchero, y me siento peor por momentos. Es posible que sea un niño sobre-protegido, pero le he visto crecer y no podría castigarle con mis reproches.

Así que después de observarle, de pie, en medio del pasillo, acabo sentándome a su lado y haciéndole compañía en silencio, hasta que suena el timbre de la puerta, y una algarabía de bolsas entra en la casa, conducidas por Katniss, Peeta y Alisma. Les recibo con toda la normalidad que puedo, Dandelion está pálido y callado, les saluda intentando torpemente disimular su aflicción.

No tarda en fugarse a la habitación con sus libros, dejando tras de sí una estela de leve extrañeza. Puedo observar como su familia está acostumbrada a sus rarezas y continúan con cierta normalidad, aunque como cabía esperar eso no quiere decir que no sigan cada uno de sus pasos.

-¿Qué tal se ha portado?- me pregunta Peeta, y juraría que su mirada va más allá de sus palabras.

-¿Dandelion?- mascullo, con un nudo en la garganta- Bien, ha estado tranquilo, ya sabes.

-¿Ha visto algo en televisión? ¿o ha leído algún periódico?- me ruborizo.

-No- digo, considerando aquello una mentira a medias.

-Entonces estará apagado porque nos tenemos que ir- comenta él, amablemente.

-Supongo, si queréis se puede quedar más tiempo- murmuro, aunque al momento me doy cuenta de que en realidad no soy bueno para él. Peeta me sonríe, se acerca a mí y me estrecha con un brazo.

-No quiero molestarte más.

-Todo lo contrario, cuando estoy con ellos... No pienso demasiado- confieso.

-Hablaré con Katniss, no lleva muy bien estar lejos de él, bueno, yo tampoco.- suspira- Lo cierto es que han sido dos semanas bastante duras, es la primera vez que estamos sin ellos- murmura.

-Te entiendo perfectamente- comento.

-Lo sé- me sonríe, la mano que se mantiene en mi hombro ejerce una breve presión, me mira con tanta confianza que empiezo a sentir remordimientos.

-Peeta, yo...

-Antes de que digas nada, quería recordarte algo- me interrumpe, y su mano libre me agarra el otro hombro, en el silencio que se forma entre nosotros escuchamos a Katniss y Alisma en la habitación de arriba, guardando las compras en la maleta- Confío plenamente en ti, y sé que hablo por toda mi familia. No hay nada que puedas hacer, nada que puedan decir de ti, que pueda acabar con eso.

-Y si hay algo que concierne a tu familia- frunce el ceño, con severidad.

-Nada es nada, me fío totalmente de tu criterio, y quiero que tengas eso claro, porque si confiaras en ti la mitad que yo confío, creo que serías más feliz.

.

(Pov Peeta)

Las dos semanas que pasamos solos tenían que haber sido tranquilas, íntimas, pero en su lugar fueron una lluvia de miedos. Por el día, permanecía gran parte del tiempo inquieto, preguntándome si quizá alguien hubiera estado esperando el momento en que nuestros hijos estuvieran desprotegidos y solos, acechando, hasta el gran día en que pudieran ejecutar su venganza. Por la noche, no podía dormir, y Katniss era acosada en sueños por todo tipo de malos augurios. En esa situación, los momentos que tanto se recrearon en mi imaginación resultaron ser sencillamente imposibles.

Ahora, esta noche, con nuestros hijos a salvo bajo nuestro techo, beso su cuerpo, y lo dibujo entre mis manos, aliviado, porque todo vuelve a ser como siempre.

-Hemos tenido dos semanas perfectas para esto...- susurra Katniss, sus ojos grises se abren camino hacia a mi entre sus pestañas.

-No lo pienses- susurro sobre su ombligo, mientras desciendo trémulamente entre sus muslos y recibo con un escalofrío los sonidos que emergen de su garganta.

Como si hiciera años que no nos encontramos de esta forma, nos besamos y recorremos mutuamente nuestros cuerpos, como si celebráramos el horrible trance pasado, y diéramos la bienvenida a la única situación donde, más o menos, vivimos con alivio.

Encogidos, atenazados en un rincón de nuestra cama, concentrando todo nuestro ser en este encuentro, me muevo como si el siguiente instante fuera totalmente incierto, sintiendo la presión de sus dedos motivándome, convirtiéndome en un animal que se alimenta en ella.

Un aplastante sopor se hace con mi cuerpo tan pronto me embarga el éxtasis. Oigo las quejas de Katniss desde un lugar muy lejano, aunque ella este cerca de mí, aplastada por mi cuerpo. Me encojo en su regazo, y estoy prácticamente dormido cuando me despierta un sonido ahogado. Suena como un gemido de dolor. La primera en salir disparada de la cama es Katniss, yo salgo después y, dando tumbos por el pasillo, alcanzo el lugar donde se estrecha su cara contra la puerta del baño.

Ella grita a alguien que está dentro para que abra. Alisma sale al pasillo alertada por los gritos y me mira con confusión. Los dos alcanzamos a Katniss e intentamos serenarle. Dandelion esta dentro del baño, se escucha el agua de la cisterna caer, pero el niño no abre y Katniss golpea la puerta de tal forma que es cuestión de tiempo que la eche abajo.

Sostengo a Katniss como puedo y trato de convencer a Dandelion de que salga del baño, sin embargo él insiste en que le dejemos solo, con una voz gangosa. Le advierto que su madre no acepta esa respuesta y que le sacará de allí de todos modos, y finalmente abre.

Aparece transpirado y pálido. Katniss le agarra con desesperación, preguntándole incesantemente si está enfermo, mirándole el blanco de los ojos y agarrándole el rostro compulsivamente.

-No estoy enfermo- murmura él.

-¿Entonces qué te pasa?- el crío se encoge de hombros. La desesperación en los ojos de Katniss me parte en dos, ella y Dandelion se observan, y finalmente él le rodea el cuello con los brazos y hunde su cara en su cuello, sollozando.

Alisma y yo les observamos, Katniss de rodillas en el suelo, Dandelion atenazado a ella, y aunque no podemos entender nada, nos vamos en un acuerdo silencioso a la cocina. Preparo tila mientras Alisma se acurruca en el sillón con la mirada perdida.

Katniss y Dandelion llegan tímidamente, ambos tienen los ojos irritados, Alisma se ha quedado dormida en el sillón así que la llevo a su cuarto, y a ellos les pongo la taza humeante sobre la mesa. No sé que debo hacer, no se si debo preguntarles algo o si no hay nada que saber. Dandy remueve su vaso con la cuchara afligido, bebe el contenido caliente y finalmente se relaja sobre las rodillas de Katniss, quien le acaricia el pelo suavemente. Cuando se queda dormido ella no necesita más de una frase para explicarme lo ocurrido:

-Ha visto Los Juegos.

.

(Pov Katniss)

El doctor Aurelius decía que hay dos tipos de personas en el mundo, los que necesitan saber, y los que no, y que nuestro hijo Dandelion es de los primeros. Lo que significa, es que se golpeará una y otra vez con todo tipo de verdades, y será él mismo el que se arroje a ellas. No quiero sentirme culpable, pero tengo la culpa. Desde que tiene uso de razón le he partido el alma con mis miedos, con mis gritos en la noche, con mis mil advertencias, ni Peeta ni yo les hemos transmitido a nuestros hijos que el mundo sea un lugar seguro, yo menos que ninguno. Pero, ¿por qué tendría que hacerlo? Cuando yo muera no habrá nadie que pueda protegerles, ¿y puedo garantizarles la paz incluso cuando no esté? No puedo, y por lo tanto deben de ser fuertes en todos los sentidos, y sobrevivir. Sin darme cuenta, esta actitud inflamó no solo la curiosidad de mi hijo, también alimenté la distancia que nos separaba, pero ahora que ha visto lo que viví, ya no está molesto conmigo. Prefiero que me compadezca, a que me odie.

A Peeta le resulta insoportable la idea de que nuestro hijo haya visto Los Juegos, pero en realidad, Dandelion ha sido capaz de observar en ellos lo que la gente en su momento extrajo, y alimentó La Revolución, y la admiración que nos profesa ahora, no existía antes de que los viera. Por supuesto, hubiera preferido que mi pequeño no tuviera esa experiencia, ¿pero cómo voy a negar lo feliz que me hace su calidez, su cercanía? Es mi hijo, y le necesito.

Tras enterarnos de aquello, se sucedieron unas noches terribles, en las que Dandelion a penas podía ingerir algo que no fuera expulsado de su cuerpo. Sin embargo, durante el día, pasaba más tiempo con nosotros que nunca antes, lo cual incluía diversas preguntas de Los Juegos, de nuestra juventud. Tras la primera semana su sueño ha empezado a mejorar, incluso el mío. Peeta y yo podemos descansar, y no negamos ninguna respuesta a las preguntas del niño, porque nos hemos convertido en los ídolos de nuestro hijo. Pronto su admiración se ha contagiado a Alisma, que por otra parte siempre ha sido amorosa con nosotros, y así, el final del verano se dibuja más alentador que nunca.

Solo hay una persona implicada que no ha participado totalmente en esta curación.

-Mamá- Alisma se acerca a mí mimosamente, abrazándome por la cintura- ¿Cómo crees que estará Finnick? Seguramente se sienta culpable y...- me encuentro en la cocina, preparando limonada, con mis movimientos limitados por su forma de colgarse a mí.

-Tu padre ya ha hablado con él. Ahora está más tranquilo- Alisma me suelta, apoya los codos en la encimera y mira distraídamente por la ventana.

-Me gustaría verle- confiesa- Hablar con él, comprobar que está bien.- le acaricio el pelo y le acerco su vaso de refresco. Ella lo toma entre sus manos y suspira- ¿Estará solo hasta septiembre, verdad?

-Como todos los años, Annie está aquí con Johanna.- da un sorbo al vaso, llenando de vaho el cristal con el aire que expulsa su nariz.

-Pensaba que vendría en algún momento este mes- musita.

-Estamos a mitad de mes, cariño- mi patito observa con aflicción el contenido de su vaso, y como si se diera cuenta de la forma en que su rostro traslada su inquietud, bebe rápidamente lo que le queda de limonada y se esfuerza por parecer jovial.

-¿Si no está ocupado, me podéis llevar allí este fin de semana?- sin poderlo evitar me río un poco.

-Alisma...

-¡Por favor! Ya has visto que nos vigila muy bien, bueno...- su sonrisa se transforma en gravedad- Lo de Los Juegos... eso...

-Él no tuvo la culpa, Dandy invadió su intimidad- aclaro.

-Eso es- vuelve a sonreír, y entonces me acerca su vaso vacío, que yo vuelvo a rellenar.- ¿Entonces? ¿Me llevas?

-No tomo yo sola las decisiones- murmuro.

-No mientas- dice, sonriendo con picardía.

.

Johanna y Gale no esperaron mucho para tener a su segundo hijo, aunque debería de decir "hijos" algo con lo que, sin duda, no contaron, y que no les impidió tener un niño más.

Clarisse y Saul Hawthorne tienen dos años menos que Alisma, y tres menos que Adahy, es decir que tienen solo trece años, un año más que Dandelion. A pesar de que rondan la misma edad, Dandelion no los soporta. Los dos hermanos tratan de convencerlo para que salga a jugar con ellos y con sus primos, los hijos de Vick y Rory, que tienen también edades cercanas, pero la extrema timidez de Dandelion es difícilmente superable.

Clarisse, Saul, Taïna (hija de Vick) y Taylor (hijo de Rory), juegan con la loba en el salón de casa, armando gran escándalo, mientras tratan de arrastrar a Dandelion fuera de casa.

Adahy llega un poco más tarde y pone orden entre los niños con la misma facilidad que lo hace su propio padre, y busca a Alisma, que está en su habitación preparando una pequeña mochila, para ir a casa de los Odair, y pasar unos días con Finnick.

Peeta envuelve a Dandelion con el brazo y lo aparta del resto de niños y habla con él, ambos decidimos que el niño tendría que relacionarse para poder alejarse poco a poco de su obsesión con nuestro pasado, así que supongo que trata de convencerlo para que salga de casa. Por suerte, llama a la puerta el único amigo, o algo parecido, de Dandelion, Tom Cub, un primo de Josh Cub, nuestro ayudante en la panadería, que en realidad es algo mayor que él. Lo cierto es que Dandy tiene cierta afinidad con los naturales del Distrito 13, lo cual resulta casi una ironía.

Todos los críos salen en tropel de la casa, y se dispersan por la aldea, jugando alegremente. Observo por la ventana a Dandy, él y su amigo forman parte de la comitiva, al parecer la pelirroja Taïna organiza un juego por equipos con otros niños que esperaban fuera. Peeta se acerca por mi espalda y me abraza de la cintura, siento sus labios sobre mi cuello, y por mi nuca, me doy la vuelta y me besa profundamente.

-No estamos solos- murmuro, sobre sus labios.

-Ya lo sé...- sonríe- pero no hay nada de malo en que te bese, ¿no?- le devuelvo la sonrisa y él me estrecha de la cintura, niego levemente con la cabeza cuando vuelvo a sentir su boca en mi cuello.

-¡Nos vamos!- exclama una voz en el pasillo, Alisma nos mira con una sonrisa amplia mientras Adahy parece cohibido. Antes de que pueda abrir la boca Alisma agita su teléfono móvil en el aire, y me resigno a preguntarle cualquier cosa, y nos despedimos de ellos con la mano, para después, volver a lo nuestro.

.

(Adahy)

Me encantaría ser mayor de edad, ojalá lo fuera, y Alisma también, porque si los dos tuviéramos más de dieciocho años, podríamos irnos juntos a cualquier parte. Lejos de adultos que metan las narices en nuestros asuntos y nos miren con medias sonrisas, y lejos de niños ruidosos y cotillas, que nos buscan para ver como nos besamos.

Y si fuera mayor de edad... si lo fuera, podría competir con Finnick. Solo dos años, tengo que resistir dos años y entonces no tendrá nada que hacer.

Alisma y yo nos encontramos en un rincón lleno de árboles, lejos del ruido, y de las casas. El olor de la hierba me embarga los sentidos, y a lo lejos se escuchan algunos pájaros, y mucho más lejos, el escándalo de nuestros hermanos, y sus amigos. Entre mis rodillas se encuentra ella, le estrecho entre mis brazos, ella se recuesta en mi pecho, con expresión de felicidad. Observo sus ojos cerrados, escucho su leve canturreo. Si pudiera percibir lo mucho que me importa, quizá podría tomarme en serio.

-¿Quieres ir al barrio comercial?- pregunto, mientras le acaricio el pelo.

-Estoy bien aquí, te he echado de menos después de tantos enfados. Eres muy cabezota, Adahy- me río.

-Ah, claro, tú no- ella hace un chasquido con la lengua.

-No empecemos otra vez- evito que diga otra palabra cubriendo con mi boca la suya y exploro aquel territorio húmedo, hasta que me evoca demasiadas fantasías como para continuar.

Otro asunto que se resolvería fácilmente si fuéramos más mayores, no tendríamos tantas reticencias a explorar nuestros cuerpos. Sin darme cuenta, resoplo.

-¿Estás preocupado?- pregunta ella, acariciándome la mejilla.

-No sé si preocupado es la palabra- su mirada desciende, y su dedo índice pasa delicadamente por mi cuello, hasta recorrer mi clavícula y parar en mi hombro, por debajo de la camisa.

-¿Frustrado?- me ruborizo levemente.

-Un poco.

-He estado pensando que un año, en nuestra edad, es mucha distancia- comenta, frunzo el ceño.

-¿Qué quieres decir?- se encoge de hombros, y flexiona un poco más las rodillas encajándose aun más contra mi cuerpo.

-Pues que quizá deberías salir con otras chicas... que no te hicieran sentir frustrado- siento algo caliente y rabioso ascender por mi estomago y acalorarme las mejillas.

-Gracias por la sugerencia, pero si te quieres deshacer de mí será mejor que no inventes excusas- me mira con expresión dolida.

-¿En qué nos hemos convertido, Ada?- observo un leve brillo en sus ojos- Antes nunca discutíamos, jamás nos enfadábamos, éramos muy felices... Ahora cualquier cosa que diga se pone en nuestra contra- aprieto más fuerte su cuerpo contra mí.

-Perdona, me gustas mucho, pero creo que te perderé, estoy bastante seguro de que lo nuestro es algo pasajero- ella aprieta su frente contra mi mejilla.

-Y si es algo pasajero... ¿por qué no lo aprovechamos mientras dure?- inquiere, en un tono de voz tan bajo que no estoy seguro de haberlo escuchado bien.

-No lo sé, supongo que sí, pero no puedo, no puedo disfrutar de tenerte si pienso que es algo temporal- el silencio cae como una losa entra nosotros, la forma en que no me discute mis dudas es tan dolorosa que siento que no podré seguir hablando, sin embargo, lo hago- En parte, siento como si tuviera una maldición- me río amargamente.

-¿Una maldición?- ella me mira con el ceño fruncido.

-Sí... Por lo de nuestros padres, ya sabes...- sonríe.

-Qué tontería.

-Es una tontería, sí, pero ya podría haberme enamorado de otra persona ¿no crees?- me coge la cara entre las manos, y me mira con severidad.

-Yo sé que estoy enamorada de ti, te quiero y también me gustas.- un alivio alegre e inmenso se expande por mi cuerpo.- Pero no quiero que cambie mi forma de experimentar las cosas, todavía, y por eso no puedo evitar hacerte sentir frustrado.

-Bueno, eso no es tan importante... algo de tiempo tendremos ¿no?

-Sí, creo que sí- contesta, y me besa brevemente los labios.

-Te esperaré, aunque lo nuestro tenga fecha de caducidad, quiero que mi primera vez sea contigo.- ella asiente, volvemos a besarnos, largamente, y una nueva inquietud me dispara- Solo una cosa más.- ríe, sus ojos, tan azules, tan radiantes, me nublan momentáneamente la razón.

-Me das miedo.

-¿Crees que se puede amar a dos personas al mismo tiempo?- su gesto se torna aprensivo, y aquello produce un latigazo de pavor en mi interior.

-No estoy segura...- mi garganta parece inflamarse por momentos.

-Ali, por favor, solo necesito que lo reconozcas. Si lo reconoces viviré más tranquilo- cierra los ojos y aprieta con fuerza su frente contra la mía, respiro su aliento, rozo sus labios cálidos con los míos y suspiro sobre ellos- Solo reconócelo, no me vuelvas loco.- susurro

-De acuerdo- musita, sus ojos se humedecen levemente -creo que sí.- dejo caer una exhalación.

-Gracias.

-De todos modos...- añade, trémulamente- creo que se puede querer a dos personas al mismo tiempo, pero no de la misma manera.

.

La velada había ido muy bien, dentro de lo que cabe. Después de estar en el parque sus padres le dieron permiso para que fuéramos a comer juntos a la pradera. Nos prepararon bocadillos, nos dieron limonada, y organizamos nuestro primer picnic a solas. El día estuvo algo nublado así que no había nadie, a la gente no le gusta hacer picnic sin un sol acosador. Comimos, hablamos, reímos, todo era como lo conocíamos entre nosotros, pero con un añadido mágico, la nueva intimidad que encontramos en nuestros besos y caricias.

Tumbados de costado, sobre el césped, nos besamos y, a veces, nos limitamos a observarnos en silencio.

Ahora, mientras cae el sol en el horizonte y vuelvo a perder los papeles, todo eso parece haber pasado hace años.

-¿Y cómo se supone que me lo tengo que tomar?- exclamo. Me encuentro tan desesperado que necesito echar a correr, correr tanto que acabe exhausto y no pueda hacer otra cosa que dormir una larga siesta. -Es que no lo entiendo. No comprendo como tus padres te dejan pasar una semana a solas con él.

-¿Pero de quién crees que estamos hablando?- me paso la mano por el pelo, agarrándolo con desesperación en mi nuca.

-Por favor, no vayas- suplico.

-Necesito saber cómo está, le conozco ¡le conoces! Sabes que se sentirá fatal por haber sido el responsable de que Dandy viera aquello- resoplo.

-¡Es lo que se merece! ¡Tendría que haber tenido más cuidado!- grito, ella niega con la cabeza, tristemente.

-Eres tan duro con él... ¿Qué te ha hecho?- mi mano libre acompaña a la otra en su camino desesperado por mi cabello.

-Tienes razón, no es él, eres tú.- los ojos se me llenan de lágrimas al verlo todo tan claro, una especie de derrota silenciosa me recorre el pecho.

-No vas a hacer que me sienta culpable. Él es mi amigo, mi familia.- gruñe; aflojo mis dedos y dejo caer mis manos.

-Claro.- empiezo a recoger los restos de comida y a tirar la basura, ella silenciosamente dobla el mantel de tela.- Cuando estás conmigo, ¿solo piensas en mí?

-Por supuesto- dice, con total seguridad.

-¿Y cuando estás con él?- guarda silencio, sus ojos apuntan hacia algún lugar de su mente, y con una voz extraña vuelve a enfocar los míos.

-Cuando estoy con él... No pienso en nada.

.

(Pov Finnick Jr)

Su silueta se dibuja por debajo de su blusa, que acaba en su cintura,dejando ver la parte inferior de su cuerpo tan solo ataviada con la ropa interior. Se inclina sobre el alfeizar de la ventana y fuma su segundo cigarrillo, sin prisa.

Miro el reloj, es temprano todavía, las diez de la mañana, y no quiero ser descortés, así que me limito a preparar el baño mientras ella acaba. Sin embargo, cuando vuelvo a la habitación no parece tener intenciones de marcharse.

-¿Haces algo hoy?- inquiere ella, mientras yo paseo por la habitación revisando cualquier muestra de desorden.

-Espero a mi prima- sonríe, apaga el cigarrillo contra una lata de refresco acabado y la tira a la papelera.

-¿Te refieres a la hija del Sinsajo?- comenta, en tono cómico.

-Tiene nombre.

-Lo sé, por eso me sorprende que la llames prima.- sus ojos se entrecierran y su cara configura una mueca extraña, casi desdeñosa- Podrías hacer un gran trabajo de fin de estudios, sabes.

-No voy a utilizar a mi familia para mejorar mi nota- resopla, alcanza sus pantalones y se embute en ellos.

-Tú mismo.- gruñe. Coge su bolso, se acerca al espejo junto a mi armario y se arregla el pelo.- Estás bastante raro últimamente.- me encojo de hombros. -¿Van a dejar a esa chica sola contigo?- frunzo el ceño.

-No soy un criminal- pone un gesto lascivo y se acerca a mí como un felino.

-De momento. ¿Cuántos años tiene?- me ruborizo, vuelvo a mirar el reloj y dejo caer un resoplido.

-Por favor, déjame solo, quiero ordenar esto antes de que venga- ella resopla y se dispone a marcharse, me acerco a ella y le beso la mejilla, y tras ello le acompaño a la puerta.

-Cuídate- musita.

-Tú también.

-Y pórtate bien- niego con la cabeza, y tras un leve gesto con la mano, cierro.

.

El coche de los Mellark aparca frente a la casa, de él salen Katniss y su hija. Alisma lleva el pelo recogido en una trenza larga, que oscila como un péndulo en su cintura. Va vestida con unos vaqueros desgastados y una camiseta azul, informal. Observo como saca del maletero una pequeña mochila, y entonces bajo a recibirles.

Al parecer Katniss no quiere entretenerse, así que tan pronto Alisma coge sus cosas ella se despide de nosotros y se marcha. Vemos el coche alejarse por la carretera, bajo un cielo nublado.

-Puede que no hayas elegido un buen fin de semana para ir a la playa- comento, mirando el cielo.

-No importa, venía para estar contigo- siento un ligero calor en las mejillas, pero lo disimulo cogiendo la mochila de su mano para ayudarla, aunque no pesa nada.

Una vez dentro de la casa, mientras tomamos el almuerzo, compruebo con inquietud como el cielo cada vez se encapota más.

-Me temo que no podremos salir de casa.- murmuro, y acabo con un último bocado mi sandwich.

-En realidad me gustan las tormentas de verano, duran poco, pero son intensas- nos quedamos unos segundos callados, y después reparo en la revista que hay junto al televisor, sabía que había dejado algo sin recoger. Al prestar atención a aquello, automáticamente Alisma repara en su presencia.

-¿Crítica literaria?- dice, levantándose para alcanzarla, y lee uno de los títulos que abre la portada "Cuentos tenebrosos: los traumas del sex-simbol Finnick Odair, en forma de cuentos infantiles" pone un gesto a caballo entre el asco y la incredulidad tan cómico que un artículo que lleva una semana volviéndome loco parece ser una tira de humor.- ¿Pero qué estupidez es esta?

-Parece que no hay nada que pueda hacer sin que haya alguien detrás sacándole la punta. A veces pienso que debería de dedicarme a otra cosa...- me mira con gravedad.

-No digas tonterías- sigue ojeando la revista, poniendo caras cada vez más raras -¿esto es legal? ¿pueden poner fotos tuyas sin tu permiso?- me río, con cierta amargura.

-Si te fijas son de mi padre.

-Ah...- musita- Realmente, creía que...

-No te preocupes, me pasa constantemente...- cierra la revista y suspira.

-Esto no merece tu atención, ni la mía, y esta revista no es seria. Deberías informarte, saber quienes son verdaderos críticos y qué dicen de tus cuentos- por unos segundos solo la miro, tan ingenua, pensando que alguien importante ha podido reparar en cuatro cuentos que han ganado un certamen cualquiera, de un Distrito cualquiera.- ¿Qué, qué te hace tanta gracia?

-Nada.

-¿Entonces por qué sonríes?- cojo la revista antes de que se ofusque demasiado y señalo la palabra "sex-simbol" de la portada.

-Esto es todo lo que cualquier crítico importante ha podido leer de mí- arrojo la revista al mueble del televisor, y cae allí con estrépito. Alisma me mira algo cohibida, y unos segundos más tarde su gesto se tiñe de indignación.

-¡Eso no es justo!- exclama, provocándome de nuevo la misma ternura.

-Me lo he ganado a pulso.

-No es verdad, tienes derecho a vivir tu vida como quieras. Nunca has aparecido de modelo en ningún medio, no has entrado en su juego, así que no, no es justo.- termina con furia su emparedado, mirando la revista como si fuera una bestia agazapada, y entonces dirige de nuevo sus ojos hacia a mí, con una fuerza amenazante- No puedes aceptar esto, ya está.- cruzo los brazos sobre mi pecho, y me limito a sostenerle la mirada. Ella no la aparta, al contrario, me reta silenciosamente.

-Está bien.- accedo, y su gesto duro dibuja una pequeña sonrisa.

.

Contemplamos la fuerte lluvia que azota el mar, a lo lejos, y los rayos iluminando el cielo. Cuando la tormenta arrecia ya ha caído el sol, y atardece lentamente. Alisma quiere saber cómo me ha afectado que su hermano haya visto los vídeos de Los Juegos, y me explica el efecto positivo que ha tenido en ellos.

Preparo algo de cena y ella celebra mi habilidad en la cocina. En realidad, no hago nada en particular, el pescado es muy bueno en esta zona del distrito. Busco entre mis películas alguna que pueda sorprender a Alisma, ya que los Mellark no suelen tener buen cine porque desdeñan casi cualquier cosa que proceda de Nuevo Núcleo, y es normal, hay que buscar mucho entre la basura comercial para sacar algo decente.

La madrugada nos atrapa mientras vemos una película tras otra, algunas ya las he visto, pero quiero compartirlas con ella. Observo con cierta preocupación la hora en el visor de mi reloj, alumbrando la esfera con la luz interna, ya que el salón está a oscuras. Sería una lástima tener que interrumpir la velada solo por hacer de canguro, además de una falta de respeto, al fin y al cabo ya no tiene doce años.

En algún momento las imágenes pasan frente a mis ojos sin mucho sentido, dejo de oír los diálogos, me pesan los párpados y mi cabeza acaba apoyada en un lugar suave con un aroma que me resulta familiar. Me duermo con el rostro sobre sus piernas, y aunque soy consciente de ello me dejo caer en la inconsciencia.

Más tarde me despierta una incesante sed. A medida que mi mente vuelve a la realidad, voy sintiendo gradualmente mi posición, y con ella la suya. El televisor está encendido, pero la pantalla está negra. Me encuentro boca-arriba en el sofá, no sé en que momento he cambiado de postura. Adherido a mi costado está su cuerpo, una de sus piernas cruza la mía por encima, y uno de sus brazos cruza mi pecho. Su rostro se apoya levemente en mi antebrazo, y su cabello cosquillea mi mentón. Me muevo para alcanzar el control remoto y apagar el televisor, cuando lo hago la oscuridad se incrementa un poco más, y la única luz que alumbra el salón es la de la luna, frente la casa.

En el silencio del salón escucho su respiración y la siento sobre mi piel, me siento tan relajado que no deseo moverme, sin embargo, sé que no sería correcto dormir juntos, y supongo que es del todo inadecuado que el brazo en el que se apoya su cabeza se dirija a rodear su cuerpo y acoplarla aún más a mí. Miro por encima de nuestros cuerpos la forma en que entramos a duras penas en el sofá. Yo estoy ocupándolo todo, ella está situada de una forma milimétrica, un movimiento poco calculado y se caería al suelo. Aunque estoy a gusto con Alisma enrocada a mí es evidente que no podemos dormir así, de modo que me levanto intentando no despertarla, y la cojo en brazos. A penas pongo un pie en el primer escalón que lleva a la planta de arriba, cuando se remueve en mis brazos y me mira como si le estuviera traicionando.

Le dejo en el suelo, con cuidado, pero ella no se separa de mi cuerpo.

-No quiero dormir sola- dice con claridad.

-Yo tampoco- confieso- Pero no sería muy normal que...

-No me importa- susurra.- No pasará nada- me ruborizo.

-Por supuesto que no- digo con total convicción.

-¿Entonces?- sé que tengo una razón de peso en mi mente, cuando por fin la encuentro siento una mezcla de alivio y tristeza.

-Adahy ya me odia suficiente- se rasca un poco los ojos, con aspecto somnoliento.

-Me ha dejado- susurra.

-¿Cómo?- exclamo, también en voz baja, sin dar crédito.

-Sí... el mismo día me habló de futuro y me dejó. Es muy inseguro.- abro la boca un par de veces, pero no sé qué decir.

-¿Estás bien?- se encoge de hombros.

-Contigo me siento bien. Cuando vuelva a casa quizá sea diferente.- su mirada se clava en el suelo, y sé que no debo, pero no lo consigo evitar.

-De acuerdo, ve por tu pijama, yo me pondré el mío- un rubor me vuelve a cosquillear el rostro, y entonces me doy cuenta, nunca he dormido con una chica con la que no haya tenido sexo.- Será otra forma de perder la virginidad- me sorprendo diciendo.- No sé por qué he dicho eso- Ali me mira con gesto de sorpresa y después se ríe.

-Me alegro de ser la primera chica con la que solo duermas.

.

.

.

.

N/A: hasta el próximo! recordad que en esta parte del fic me resulta muy importante vuestras opiniones y sugerencias. Gracias!