N/A: Buenas de nuevo, gracias por continuar un capi más. Quería deciros que en el blog que os comenté (podéis acceder en el perfil) para aprender a escribir fanfictions, disponemos de dos entrevistas que os pueden interesar, una a la autora de Aprendiendo, Sweetdreams86 y otra a la Beta Reader Manhattan :-3 Por otro lado, acerca de la posibilidad de escribir un fic dedicado exclusivamente a la 2ª generación y en concreto a Dandelion o a la pareja Finnick/Alisma, no me importaría hacerlo, si seguís teniendo, (las lectoras que lo comentáis), ganas cuando acabe el fic. Necesitaría un poquito de ayuda para saber cómo enfocarlo.

Nada más, espero que os guste, la corrección siempre podría ser mejor, pero no tengo Beta de momento. Un abrazo.

Capítulo 7

Por Fin

(Pov Adahy)

-¿Desde cuando sabes bailar?- me pregunta, arrugando un poco esa nariz tan pequeña que tiene. Me encojo de hombros.

-No sabía que sabía bailar- y es cierto.

-¿En serio? Pero has ido a discotecas- insiste Alisma.

-Bueno, a partir de dieciséis se puede entrar en algunas, y ya sabes que a alguna he ido.

-Más de una vez- comenta.

-Más de una vez- corroboro.

Esta vez toca una lenta así que estamos sencillamente pegados el uno al otro, yo no noto que mueva mis pies de especial forma, pero ella asegura que lo hago. Sus comentarios me dan seguridad, por eso apoyo su cintura en mi brazo y me atrevo a inclinar su cabeza hacia el suelo. Su espalda se arquea, su melena oscura se extiende en vertical apuntando al parqué, subo su cuerpo lentamente y nuestros labios se rozan de forma casi accidental, pero no nos besamos.

-Oh, me encanta- susurra -Me encanta bailar contigo, es como si estuviera en otro lugar ¿Por qué no lo hemos hecho antes?- niego con la cabeza, estoy henchido de satisfacción.

-¿Nos faltaba la música?- ella sonríe inmensamente.

-Ya no nos faltará- me escucho reír, pero es como si mi alma mirara a mi cuerpo, soy yo y al mismo tiempo no parezco yo. Me encanta hacer algo bien para ella.

-¿Y dónde vamos a bailar, en el salón de tu casa?- me río, ella asiente.

-Donde sea- me acerco a su rostro, recuerdo que he decidido no ser insistente, así que la beso cerca del oído.

-Genial

Lo que más me gusta de bailar así con Alisma, todo tipo de música, de poder tocar su cuerpo, poder estrechar nuestras caderas y enlazarnos sensualmente, lo que más me gusta de eso, a parte de eso en sí mismo, es que Finnick lo ve. Sí, es morboso, eso lo tengo claro, pero me encanta. Ya no le detesto, normalmente, siento algún acceso de envidia inevitable, pero que hayamos hecho las paces no quiere decir que me haya vuelto un santo.

Quiero que se inviertan los papeles, quiero que él tenga rabia de mí, alguien más joven y desde luego menos guapo, e intelectual, pero con algo que él no puede tener: las circunstancias idóneas para estar con Alisma de esa forma en que no puede, que resultaría aberrante para él. Quiero que lamente ser adulto mientras yo disfruto de mi adolescencia y la de ella.

Es malvado, me gusta que lo sea, ya estoy cansado de compadecerme y, además, yo la quiero.

Estamos traspirados y cansados después de dos horas. Finnick nos observa mientras charla distraídamente con diferentes personas, algunos hombres mayores cuya conversación no dura mucho, mujeres que tratan de coquetear con él, mujeres que podrían ser simplemente sus amigas (si es que Finnick sabe tener amigas), periodistas que intentan sacarle un titular... Entre tanto nos vigila, finge que nos mira porque ha prometido cuidar de nosotros, pero yo noto sus celos, su ira, y quiero paladearla.

Alisma sigue bailando, abstraída, en la pista, se acerca a ella una chica con la que había charlado anteriormente. En el pabellón también hay adultos, el lugar realmente no está muy lleno así que no corre ningún riesgo allí sola. Me acerco a mi "primo" Finnick, intenta mirarme con su expresión calmada y madura, pero yo puedo notar su crispación.

-¿Sufres mucho?- le pregunto, con sorna, se encoge de hombros.

-¿Por qué debería sufrir?- me río, mientras me sirvo una copa.

-Eso tiene alcohol- me regaña.

-Tengo dieciséis, es legal- me arrebata la copa con rabia y hace que, instintivamente, me enfrente a él.

-No te puedo permitir beber, órdenes de tus padres- oculta la copa tras su espalda y yo trato de cogerla, quedando muy cerca de su cara, hay algo nuevo en sus ojos, algo de provocación, ¿Me está retando?

-Órdenes de los Mellark, y ellos no son mis padres- sonríe, tira la copa a la basura.

-Tus padres dicen que como si lo fueran, ya lo sabes. Qué le vamos a hacer.

-Vaya con Odair, así que quieres que pague por bailar con ella- me apoyo en la mesa, Alisma nos saluda desde la pista, yo le guiño un ojo, Odair ni siquiera pestañea. -Algún paso te habrá gustado, ¿no?

-No juegues conmigo Ada, creía que ya habíamos aclarado las cosas entre nosotros.

-Vamos, déjame tomar solo una copa Finny, siempre me has consentido ¿Por qué ahora no? ¿Qué es lo que ha cambiado?- él suspira, se coloca el cuello de su bonita camisa, y lo cierto es que impresiona lo adulto y elegante que aparenta.

-Qué era eso que repetías tanto...- murmura teatralmente, sobándose el mentón, sus ojos, que de alguna manera toman un color extraño bajo las luces de la discoteca, se clavan en mí con un verdor un tanto tenebroso -¿"Ya no soy un niño"? Antes te consentía porque eras un niño, tierno, un poco gruñón, siempre me tuviste algo de manía, pero te dejabas querer. Ya no eres un niño, ya no pides más batido, ahora dices que quieres beber una copa, y yo no puedo decirte que sí.

-Puedes, pero no quieres- le espeto, se sirve una copa de bebida sin alcohol, ya que él, supuestamente, es abstemio.

-Tómatelo como quieras- cojo una botella y me sirvo otra vez una copa, esta vez lejos de él, que me mira amenazante. Él se acerca, yo me alejo, y llega Alisma con el ceño fruncido.

-¿Ocurre algo?- Finnick me mira con tanta rabia que ella parece estupefacta ante aquella imagen de su idolatrado escritor. Cuando él la mira todo su cuerpo se relaja, su expresión se templa, y me parece tan evidente que está perdidamente enamorado de ella que me reiría si no fuera porque yo debo tener esas mismas estúpidas reacciones.

-No puedes beber alcohol, tus padres me han encargado que me ocupe de ello- Alisma me mira con reprobación, pero yo no voy a aguantar las monsergas de ninguno de los dos, y tampoco de los Mellark, me llevo la copa a los labios y me trago todo el contenido. -Se acabó- dice Finnick, enfadado, debe ser la primera vez en mi vida que le veo así- Lo siento, Ali, no puedo más con él.

Qué canalla, eso no lo esperaba. Con cinco palabras me ha cargado de toda la culpa y ha posicionado a Alisma a su favor. Es listo, está claro, y tampoco es un santo.

-Te has pasado, Ada- dice Ali, y veo que se acerca a él de forma protectora y, por oposición, se aleja de mí, en ese momento distingo a mi padre a lo lejos, está sentado en un sillón con algunas de sus amistades, alrededor de una mesa redonda. Parece que disfruta de la música, de su bebida, y del piscolabis que le sirven.

-De verdad, os voy a demostrar que no hay de qué preocuparse, para que Finny se quede tranquilo- me pongo otra copa, veo como mi querido "hermano" se ofende, me dirijo a la mesa de mi padre, él me recibe con orgullo y me presenta a algunos de sus colegas que no conocía. Comenta que gané una medalla de atletismo hace poco y hace una broma sobre mi melena. Él bebe de su copa, yo bebo de la mía, no me amonesta, todos tan contentos. Y vuelvo con un ofuscado Finnick y una risueña Alisma- Ves, a mi padre no le importa que beba mientras no me emborrache.

-Ya está, Fin- le dice Alisma, y le frota el hombro- Todo va bien entonces. De todos modos si estás incómodo podemos irnos ya- Finnick niega con la cabeza.

-Lo que queráis- dice, con la boca pequeña.

-Estoy un poco cansada- comenta Alisma -Podríamos ir a sentarnos ¿no? La música es buena y en el rincón de las mesas podríamos charlar- Finnick mira su reloj.

-Él quiere escaparse con los adultos, Ali- suelto, mirándole burlonamente.

-No es cierto- niega él -Me parece buena idea, pero me gustaría que fuéramos un momento a ver a tus padres- le dice a Alisma- Solo para que estén tranquilos.

-Ir vosotros- digo yo- Yo me quedo aquí mientras, cuando volváis sentaos dónde queráis, ya os veré.

.

(Pov Alisma)

Algo le ocurre a Finnick, parece irritado, o irritable, no lo sé. Creo que está agobiado, y me siento mal. Le hemos forzado a estar expuesto a la gente y él, en medio de todos, causa el mismo efecto que un vaso de agua dulce en el desierto. Prefiero no pensar como han debido acribillarle, mientras yo bailaba con Adahy ajena a todo.

-Lo siento mucho- me paro en seco en el pasillo que separa un pabellón de otro, en un rincón oscuro de dicho pabellón un hombre y una mujer charlan en susurros y, de vez en cuando, se besan. No sé por qué siento algo parecido a la envidia. Le tomo la mano.

-¿Por qué?- inquiere él, tarda en devolverme el agarre pero al final entrelaza sus dedos con los míos, aunque en dos segundos los retira como si quemaran- No podemos hacer esto, Ali- susurra- Sería confuso para cualquiera que nos viera, ya es lo suficientemente confuso para mí.- un dolor extraño me punza cerca del corazón, que se encoge.

-¿Cómo?

-Nada- esquiva mi mirada, observo, dolida, su perfil.

-¿Hay algo confuso entre nosotros?- mi voz suena acongojada, siento como aumenta exponencialmente esa congoja, pero no sé por qué, no ha dicho nada tan grave como para que me sienta dolida ¿o sí?

-Perdona- vuelve a mirarme, pero sus ojos parecen entristecidos -Quería decir que no podemos comportarnos de esas forma, como si fuéramos... No sé, he estado pensando... No es el lugar para hablar de esto- no será el lugar, pero hay algo en lo que no dice que me hace empezar a llorar. Él se alarma, me lleva a un rincón y yo le separo de mí cuando intenta abrazarme.

No puedo creerme que me encuentre llorando así, no me lo puedo creer porque ni siquiera sé qué me ha afectado tanto. Me duele el pecho, y creo que apenas respiro y tras varios minutos me duele la cabeza. Nos va a ver alguien y voy a pasar mucha vergüenza y voy a dejar en ridículo a Finnick. Ya no sé cuánto tiempo ha pasado cuando escucho a Adahy.

-¿Qué has hecho?- susurra, ha debido venir a buscarnos.

-No he hecho nada- gruñe Finnick que tiene su mano cálida en mi brazo porque yo no le permito abrazarme, y ha permanecido conmigo en silencio cada minuto.

-Claro que has hecho algo- Adahy suelta una palabrota, se agacha y me obliga a mirarle. Me concentro en sus ojos ligeramente rasgados y grises, y trato de aislarme de mi dolor en su belleza y en su comprensión, él es mi mejor amigo, y algo más que eso- Los lavabos están aquí mismo, ¿Quieres que te acompañe?- me dice amablamente, y yo asiento, él me echa el brazo por encima y pronto llegamos al lavabo femenino.

Adahy me parece tan desvergonzado que casi me río. Llama con fuerza a la puerta, no contesta nadie así que se asoma con descaro.

-Pues no, no hay nadie- dice tranquilamente, yo sonrío un poco y él me devuelve la sonrisa. Dentro, me doy cuenta de que se me ha corrido un poco el maquillaje pero menos de lo que esperaba, y estoy muy sorprendida de ello, me arreglo como puedo con una servilleta y la cosa no queda mal. El problema es que siempre se me irritan mucho los ojos cuando lloro y mis padres lo van a notar y no sé qué les voy a decir.

-Puedes decirles que te he fastidiado yo- dice Adahy cuando salgo del baño, algo recompuesta, miro el pasillo pero Finnick no está- Total, ya te he fastidiado más de una vez, qué más da.

-No voy a culparte de nada, me inventaré alguna cosa y ya está.

-Tú no tienes creatividad para las mentiras- me sonríe de forma fraternal, y me da un poco de rabia que me vea tan inocente.

-¿Aquí hay jardines, verdad?- pregunto tras un corto silencio, él asiente.

-Sí, pero, adivina- ríe con cierta chulería, y se aparta el flequillo negro de los ojos peinándose hacia atrás con la mano. -¡Premio!- dice, aunque yo no he contestado nada, pero sí lo he pensado- El bueno de Odair tendría que venir con nosotros, y me da que no te apetece.

-Finnick nunca sobra- digo, tajantemente, él suspira.

-Ya veo, te puede partir el corazón cuantas veces quiera- las lágrimas vuelven a mis ojos.

-Cállate, eres idiota- una lágrima ardiente vuelve a resbalar por mi mejilla. Entonces me abraza con una fuerza desproporcionada.

-Te apoyaré en todo, de verdad, incluso en ligarte a Odair. Te quiero- me parte el alma, ya la tenía echa una porquería y ahora Adahy la deshace aún más y quema cada pedacito indefenso.

-Yo también te quiero- le digo, me mira a los ojos, pienso que me va a besar pero no lo hace, me vuelve a abrazar- No me quiero ligar a Finnick.

-En el fondo sí, sabes que tú quieres estar con él y cuando viene con sus tonterías te hace daño. Puedo ver que entre vosotros algo ha cambiado, no sé qué ocurriría y confío en que no sea nada por lo que deba de tirar accidentalmente a Odair por un acantilado. Puede que yo no tenga tu psicología pero no soy ciego.

-También quiero estar contigo- ríe.

-Pues no quiero formar parte de ningún trío, gracias.

-Eres idiota- me río y lloro a la vez- Yo estaba pensando en un harén más bien- intento bromear aunque haciendo chistes soy pésima.

-Esa no ha estado mal, vas mejorando, Mellark- susurra, cerca de mi oído, y su voz se mezcla con su abrazo, como si me abrazara de dos formas diferentes- Quizá debería decir "Everdeen". He visto tu cuadro. Está bien esa firma.

-Gracias- sonrío, él también, durante unos segundos solo nos observamos.

-He estado en el jardín, es precioso, está en la azotea. Mi padre me deja moverme por todo el edificio, dice que hay seguridad por todos lados y que no es necesario obsesionarse.

-Ya... Pero díselo a mis padres- Adahy suspira, entonces mira al fondo del pasillo, por donde un hombre fornido cruza con su smoking oscuro y el símbolo brillante del Nuevo Núcleo.

.

Un guardia de seguridad nos observa distraídamente, Gale lo ha mandado con nosotros para que mis padres nos dejaran subir.

El jardín es realmente precioso, inmenso. Hace un poco de frío pero Adahy ha sido previsor y ha cogido su cazadora y la llevo encima, huele muy bien a él. Al contrario que Finnick, Ada rara vez usa perfume y puedo distinguir claramente un aroma, que no sabría definir pero que es totalmente suyo. Aspiro una combinación del detergente con el que lavan su ropa y el olor dulce de su piel. Cuando se lo ponga sobre el traje tomará el aroma del perfume que los estilistas le han aplicado hoy, y me parece una pena. Me siento en paz con esta chaqueta, aunque me hace añorar sus besos, la forma en que me acariciaba por encima de la ropa y paraba, cohibido, y la manera en que a veces se enfadaba para desenfadarse después.

Nos sentamos en un banco de madera estilizado, de respaldo alto y cómodo, con unos bonitos cojines púrpuras. A nuestro alrededor los arbustos están perfectamente cortados haciendo formas redondas y ovaladas, dando un aire de extraño sueño a todo. En las farolas se enredan unos tallos finos que abrazan el metal y de los que penden unas florecitas con forma de campana, lilas, totalmente abiertas repartiendo su aroma por todos lados. El cielo está plagado de estrellas, no hay una sola nube, una luna casi extinta se deja ver como una sonrisa vertical, mañana habrá luna nueva, esta pequeña hebra ocre desaparecerá. Seguro que Finnick se sentiría muy inspirado en una noche como esta.

Adahy y yo hablamos del evento, de nuestros padres, de los tributos y del aspecto extraño del hijo de Enobaria. Poco a poco me olvido de la angustia que hace un rato me inundaba el pecho. Veo su mano al lado de mi mano pálida y la tomo, la llevo a mis labios y la beso. Él me observa, en completo silencio, me estaba contando algo sobre su hermano bebé, pero ha frenado en seco. Aprieto su mano contra mi mejilla y cierro los ojos. Me acerco a sus rostro y tomo su mentón con los dedos, ladeo mi cabeza y le invito a abrir los labios para mí, y él lo hace, respirando con fuerza por la nariz, el aire cae a plomo sobre mi rostro.

No sé cómo besarán otros chicos, pero la forma en que él lo hace es estupenda, es parecida a la forma en que baila. Normalmente era él quien entraba en el interior de mi boca, pero algo ha cambiado en su forma de relacionarse conmigo, y ahora me doy cuenta. Sus manos se encuentran quietas en mi cintura, y soy yo quien le invade a él con cierta timidez. Intento no dejar de besarle mientras me siento sobre sus piernas, le cojo la cara entre las manos y profundizo más nuestro contacto. Su piel arde bajo mis dedos y eso me encanta. Cuando nos separamos estoy segura de que nos hemos dado el mejor beso de nuestra historia.

.

Esta noche, cuando me dejo caer sobre mi cama, me siento diferente. Llegamos a casa de madrugada, algo impensable para mi familia, habiendo pasado una jornada interesante.

Cuando Adahy y yo bajamos del jardín tío Gale y mis padres ya se estaban preparando para marchar. Un enorme coche oscuro nos llevó a cada uno a nuestra residencia. Finnick quería irse a casa pero Johanna seguía con su madre y al parecer quería estar a solas con ella durante unos días, así que no había necesidad de que condujera a aquellas horas hasta su distrito. Aunque estoy resentida con Finnick me alegro de que esté bajo el mismo techo que yo.

Dandelion viene a mi cuarto porque no puede dormir. Aunque cada vez lo hace menos, todavía nos sentamos juntos en mi cama y jugamos al ajedrez, cuando no concilia el sueño. A veces, antes de acabar la partida, se tumba para continuar jugando mientras dormita con la cara apoyada en su mano cerrada, entonces cuando acabamos, a veces gana él y otras veces gano yo (aunque cada vez él se apunta más tantos), recuesta el rostro sobre el brazo y se duerme, y yo llamo a papá para que lo lleve a su cuarto. Esta vez, antes de llamar a mi padre paso unos minutos acariciándole el cabello, recordando cuando éramos niños y teníamos miedos nocturnos y dormíamos tomados de la mano. Me doy cuenta de que el tiempo pasa y de que Dandy no siempre será mi hermano pequeño, de cara redonda, ojos grandes y un poco más corto de estatura que yo. Siento un poco de pena, porque yo quiero crecer, pero no quiero que mi hermano crezca, quiero que siempre sea pequeño, curioso e inocente.

Cuando salgo a buscar a mi padre, le encuentro tan dormido abrazado a mi madre que me apena despertarlo, así que vuelvo a mi cama dispuesta a apagar la luz y simplemente dejar que Dandelion, y la loba, duerman conmigo, cuando me encuentro a Finnick en el pasillo. Es extraño, pero la distancia entre nosotros parece incómoda, mi primer impulso es tocarle, pero en cuanto noto el ademán de mis manos, las retengo tras mi espalda.

-Hola- dice él, con un gesto extraño, y apenas me mira a los ojos. Es un tanto raro que nos saludemos en mitad del pasillo como si nos cruzáramos casualmente por la calle. De hecho saludarnos como lo hacemos ahora, para nosotros, sería inquietante incluso aunque se produjera en la calle este encuentro. Es demasiado frío y distante. De súbito, me entristezco.

-Iba a llamar a mi padre para que llevara a Dandelion a su cama, estábamos jugando al ajedrez y se ha dormido- comento.

-Le llevo yo, si quieres- asiento y Finnick va conmigo a mi cuarto, coge a Dandelion en brazos y yo le sigo de camino a su habitación. Observo como le acuesta, le arropa, y le pasa una mano sobre la cabeza de forma paternal, y aquello me conmueve. Cierra cautelosamente la puerta y me enfrento de nuevo a esa tensión vacía entre nosotros.

-Bueno, voy a dormir, qué descanses, Finnick- cuando pronuncio su nombre da la impresión de que su gesto se contrae un poco. Me giro tratando de ignorar mi impulso de abrazarle y besarle la mejilla, pero entonces noto su presencia cerca de mi espalda.

-Ali- me doy la vuelta, está muy cerca de mí por lo que doy una paso hacia atrás, y otra vez parece poner esa expresión de dolor -¿Podemos hablar, en algún momento? No tiene porqué ser ahora.

-No lo sé...- musito -Quiero decir... Bueno, claro, siempre podemos hablar- Finnick parece tentado a acercarse, pero se frena.

-Yo... no...- pone una mueca sutil y mira sus manos y después a mí. No puede poner esa mirada perdida, porque si lo hace provoca que quiera protegerle. Me fuerzo a mirar mis pies- ¿Por qué me has llamado "Finnick"?- dice con un tono extraño, quebrado- No quiero que me llames como todo el mundo, y no quiero que nadie más que tú me llame como me solías llamar- emite un chasquido- Tengo sueño, debería ir a dormir porque cuando...

-¿Cuando duermes poco dices tonterías, Fin?- le sonrío, su expresión es titubeante, pero finalmente él también sonríe.

-Solo han pasado unas horas desde que... Parece que ha pasado un año, por favor, perdóname lo que sea- suplica.

-Te perdono cualquier cosa.

-Me refería a...- murmura.

-Cualquier cosa- le interrumpo.

-No le perdones cualquier cosa a nadie, Ali- concluye tajante.

-A ti sí- cierra brevemente lo ojos.

-No, no, a mi tampoco- resopla, parece exasperado de sí mismo.

-Haré lo que pueda- vuelvo a tomar el paso hacia mi habitación pero él me coge la mano, después la suelta y se disculpa, pero yo la vuelvo a tomar, beso sus nudillos y la llevo contra su pecho, donde la dejo. -Cuando reaccionaste así en La Gala fue porque no te parecía correcto que alguien nos viera por lo que pudiera parecer, y lo entiendo. Sé qué tuviste miedo a que se generara algún bulo descabellado sobre nosotros, si me disgusté fue porque ese bulo sería falso.

-Sí, algo así temí- reconoce, y me parece que un rubor sutil le enciende el rostro.

-De cualquier manera, quién me tomó la mano de esa forma fuiste tú, no yo, lo que me dijiste no era para mí, era para ti mismo- sentencio, frunce el ceño y después lo relaja.

-Es posible, no lo había pensado así- me encojo de hombros.

-Yo tampoco, pero me doy cuenta de eso ahora. Y no solo eso, hiciste una declaración de intenciones. No quieres que parezca que hay algo entre nosotros tampoco para ti mismo, ¿verdad?- abre la boca pero la cierra sin decir nada, yo le sonrío- No tienes de qué preocuparte, no pretendo que estés confuso. Somos familia, quieres que sigamos siendo familia, y lo seguiremos siendo. Tranquilo.

-Tampoco es eso- dice abruptamente, y después se cohíbe. -Es difícil de explicar- arguye.

-Pero es fácil de entender- añado.

-Pues yo no lo entiendo- me río, aunque en realidad la tristeza no me ha terminado de liberar.

-¿Y si retrocedemos seis años en el tiempo y nos quedamos ahí?- sugiero, Finnick ríe.

-Retrocede un par más- yo también río. Entrecierro los ojos unos segundos y le vuelvo a mirar.

-Ya está. Aunque por aquel entonces yo te llamaba Finny, como todos.

-Bueno podemos conservar el apelativo de ahora- asiento y, entonces, nos abrazamos brevemente y nos vamos a dormir.

.

(Pov Finnick Jr)

Cuando tenía dieciséis empecé a salir con una chica, salimos dos meses, me resultaba insoportable el vínculo, no sé por qué. Después, volví a salir con algunas chica más, dos o tres meses, nunca he superado ese tiempo. Jamás tuve la sensación de haber roto, porque nunca tuve la sensación de haber empezado una relación. En algún momento decidí no salir en serio con nadie, no decir ciertas cosas que pudieran aparentar algo en firme, aún así a veces no lo he hecho bien y he dado a entender lo que no era. Pero nunca sentí que había roto, y ahora sí.

Siento como si hubiera roto con Alisma ¿Cómo puede ser eso? Creo que soy yo quien rompe todo entre nosotros, incluso lo que todavía no existe.

Cuando me quedo dormido siento que tengo seis años. Tengo seis años y estoy con Katniss, ella me prepara un zumo, me muero de ganas porque ponga mucho hielo en el vaso y clave en él una pajita azul. Tiene que ser azul, no puede ser de otro color porque al parecer el azul me vuelve loco.

-Tía Katniss, la azul- imploro, ella me mira de una forma que me envuelve, se inclina hacia mí y me da el vaso, que es grande y pesado en mis manos pequeñas.

-Finny, hoy tenemos una sorpresa para ti- me dice -Cuando te bebas el zumo la verás.

Sorbo como un loco de la pajita y salgo al huerto de los tíos, allí está tío Peeta con un hombre un poco más alto que él y más esbelto, tiene el pelo dorado, y la piel tostada, mi madre se acerca a él y le da una limonada, y el hombre se lo agradece juntando sus labios brevemente con los de ella, esto me deja muy extrañado.

-Vamos, cielo- dice tía Katniss.

-Tía Katniss, ¿Quién es ese señor?- ella me sonríe de una forma extraña.

-Es tu sorpresa- dice dulcemente -Venga, ve a conocerle.

Me dirijo a aquel hombre, él se agacha y queda de cuclillas frente a mí. Parece un ángel. Sus ojos verdes me son muy familiares, también sus labios, su sonrisa, incluso la forma en que su cabello se distribuye cerca de sus orejas. Extiendo una mano y le acaricio la cara. En el momento en que me doy cuenta de quién es me atenazo a su cuello. Él se levanta conmigo en brazos, su mano me cubre la parte posterior de la cabeza y yo aprieto la cara contra su cuello.

La emoción es tan intensa que me despierto. Me cuesta tomar conciencia de mi cuerpo real, de mi edad real, de quién soy. La sensación que me embarga es tan reconfortante que solo quiero dormir y soñar otra vez. Siento un súbito miedo de no poder continuar el sueño por donde se quedó, pero no tengo nada que temer pues, cuando me duermo, vuelvo a soñar con mi padre.

.

El nuevo líder de Panem se alza dos días antes de la muerte de Paylor, al menos le ha dado tiempo a conocerle. Es un hombre de cuarenta años y ha decidido gobernar de la mano del nuevo líder del Distrito 13. Ha tenido que competir con otros seis candidatos. Peeta, Katniss y los asesores, lo han elegido por su historial, el hombre ha servido a Paylor como consejero político, tiene conocimientos en Defensa, y fue un polémico revolucionario en la sombra. En época del Capitolio fue una vez patrocinador en Los Juegos y estuvo apunto de ser ejecutado al beneficiar al tributo más débil y menos popular, se entendió esto como un acto de rebelión. Se le apartó de su profesión y se le condeno a trabajos forzados, después se alistó con los rebeldes y más tarde Paylor le dio un cargo de confianza.

Hace un mes que los Mellark se instalaron en el Nuevo Núcleo, y su misión allí ha acabado. Hoy llevo a Alisma y Dandelion a la Exposición de Los Juegos del Hambre, porque como cabe esperar Katniss y Peeta no tienen ninguna necesidad de pasar esa tortura. Yo ya conozco la Exposición, incluso la Arena, por suerte Dandelion solo visitará la parte del recinto, no tiene interés en el terreno.

Alisma a penas mira a su alrededor, aunque lo cierto es que los menores de edad no tienen acceso a la mayor parte del recinto por contener imágenes y vídeos explícitos de Los Juegos. Dandelion va de un expositor a otro leyéndolo todo y desplegando las proyecciones holográficas. Una de ellas consiste en una plaza repleta de chicos y chicas, una silueta de una mujer joven con voz y apariencia estridente dice el nombre del tributo femenino, entonces Alisma mira con atención.

La reproducción holográfica es de una escala pequeña, pero tremendamente realista, Dandelion, Alisma y yo podemos ver como Katniss Everdeen se ofrece voluntaria como tributo por Primrose Everdeen, su hermana. Yo ya lo he visto más de una vez, he recorrido el museo en varias ocasiones, una época llegué a tener relación con una de la operarias que me permitía quedarme tras el cierre, seguramente fue el año más enfermizo de mi vida, no podía dejar de ver los vídeos holográficos de mis padres.

-Ali, ¿Quieres salir? ¿Estás bien?- le pregunto mientras Dandelion mira anonadado la reproducción, que finaliza cuando el tributo Peeta Melark le estrecha la mano a Katniss Everdeen.

-La primera vez que mis padres se tocaron ¿No?- dice Alisma -Mira su expresión. Mira la expresión de mi padre...- musita, con los ojos brillantes.

La reproducciones de las entrevistas se pueden ver todas, y ellos las ven. Ni Alisma ni su hermano habían visto jamás el momento en que Peeta Melark confesó su amor por Katniss, ni por supuesto la escena de la cueva en la que sus padres se besan. Lo cierto es que la parte del museo que pueden ver los menores podría considerarse una imagen amable de lo que fueron Los Juegos, dentro de lo que cabe.

Cuando llegamos al Vasallaje de los veinticinco Alisma se acongoja cuando vemos a mi padre salvar la vida de Peeta cuando este cae electrocutado al suelo, después no hay mucho más ya que ahí empezó a sabotearse la programación por los rebeldes hasta que los sacaron de la isla. La reproducción se corta y solo escuchamos una voz que explica lo acontecido, todos salen de la isla salvo algunos tributos entre los que se encuentran Peeta Melark y Johanna Manson. La locución explica que Mellark fue sometido a una técnica muy peligrosa para inducirle falsos recuerdos, de forma que odiara a quien había amado y le creyera un muto, de esta forma cuando voluntarios del trece, entre los cuales se encontraba Gale Hawthorne, le rescataron, en realidad se llevaron al trece una bomba.

El final de la exposición trata de la guerra y apenas hay más imágenes que el antes y el después de los Distritos. Se ofrecen datos del número de fallecidos y destacan algunos de ellos, nombres que los tres conocemos. Se habla de la muerte de Snow y del asesinato de Coin y la forma en que su artifice, Katniss Everdeen, fue exculpada, y a esto le sigue una exposición con las diferentes versiones del asesinato de Coin en relación a Gale Hawthorne y la trampa que el mismo confecciono y que sería la responsable de las muertes de decenas de niños (entre ellos Primrose). La locución explica que Gale declaró, junto con otros responsables de la operación, no tener conocimiento de dónde iba a ser esta utilizada. Al parecer Alisma y Dandelion no tenían idea alguna de la responsabilidad indirecta del tío Gale en la muerte de Prim, y eso los deja algo confundidos.

Cuando terminamos todo el recorrido los hermanos Mellark tienen poco más que conocer de la historia de Panem, de sus padres, y de ellos mismos con relación a todo aquello. Hemos entrado al Museo a primera hora de la mañana y salimos al cierre, me encuentro saturado, pero aún así vamos a cenar a una bocadillería, eso sí, seguidos por la escolta, y contesto a todas las cuestiones que les han dejado intrigados. Cuando acabamos el bocadillo y la bebida y ya no parece haber ninguna inquietud más que atender, los hermanos se quedan en silencio. Alisma apoya la mejilla en el hombro de Dandy y suspira, entonces Dandelion dice:

-Me siento completo- Alisma asiente, y yo creo comprender su sensación perfectamente.

.

Los Mellark vuelven a casa, yo termino mi misión de cubrir aquellos acontecimientos, escribo algunos artículos y algunos editores del periódico estatal pretenden encargarme nuevas columnas de diferentes temas políticos, me ofrecen una suma atractiva por ello pero no me interesa escribir columnas poco críticas que se dediquen a alabar al gobierno. Aún cuando el gobierno tenga la mejor intención en su mandato, algún error cometerán, y yo no colaboraré en encubrirlos.

El tiempo pasa a la misma velocidad que los años anteriores, aunque a ratos me parece más tortuoso porque hay un tiempo que no olvido: aquella última semana de Agosto que pasé con Alisma. Los recuerdos me visitan en el momento menos oportuno. En mitad de un examen, cuando escribo, antes de dormir, cuando despierto, o cuando beso a una chica.

El invierno se me echa encima y observo como Alisma y Adahy cada vez tienen mayor complicidad, en sus juegos, en sus miradas, en la forma en que se hablan. Que yo sepa no se hacen llamar novios ni se han puesto ninguna etiqueta en particular, pero hay algo entre ellos que se afianza cada minuto que pasa, aunque yo no pueda verlo.

Diría que me duele, diría que me quita el sueño, pero estoy demasiado cansado para sentirme afectado y, al fin y al cabo, esto no cambia nada.

Poco a poco se me va pasando aquella ansiedad extraña, aquella añoranza del tacto de aquella chica, mi familia, mi amiga, y seguramente la única mujer que ha despertado en mí esa sensación de estar enamorado. He vivido cosas más o menos intensas, pero nunca me había visto tan atormentado. Que se me pase no quiere decir que lo haya olvidado, en el fondo de mi corazón añoro sentirme así.

Cuando llega fin de año todos nos reunimos en la casa de los Mellark. El bebé Hawthorne, Eïjah, es el foco de atención de todos, como no podía ser de otra manera. Celebramos el año que entra entre risas, abrazos, bromas varias de Haymitch, unas lágrimas en la cara sonriente de mi madre, bajo mi brazo, un beso espontáneo de Adahy a Alisma, el alboroto de los mellizos, los ladridos de la loba, y Dandelion intentando escapar de los tirones de mejilla de los familiares, hasta que yo mismo le atrapo y le torturo.

A las tantas de la madrugada Haymitch está tirado en el sofá, con un somnoliento Gale, ambos han hecho demasiados brindis, han terminado brindando por cualquier cosa, la luz de la lampara o que se encendiera la televisión, resultaba muy cómico. Johanna, Peeta y Eleanor recogen la mesa y rechazan mi ayuda. Mi madre hace rato que se fue a dormir a la habitación de invitados. Katniss acuna a Eïjah que había despertado abruptamente emitiendo un débil llanto que fue suficiente para que ella se ocupara de él. Los mellizos se encuentran con Dandelion viendo una película de ciencia ficción, aunque los tres cabecean en la alfombra, y Adahy está sentado junto a ellos como un niño grande, de hecho él es el único bastante despierto y activo a estas horas.

En cuanto a Alisma, la busco con la mirada, pero no la encuentro, así que salgo al balcón y la veo observando las estrellas, mientras de su garganta escapa una melodía que me es familiar.

Cuando me mira se para el tiempo. Si hay algún azul más poderoso que el de su mirada lo desconozco.

-Feliz año, Fin.

.

(Pov Katniss)

Que el tiempo pasa y nada malo nos ocurre es un hecho. Antes de que sea capaz de asimilarlo mis niños dejan de ser niños, poco a poco. Peeta y yo observamos como se obran los cambios con una mezcla de orgullo y tristeza. Por suerte, nuestros hijos siguen comportándose con nosotros como dos cachorros, nos buscan cuando algo les duele, incluso cuando ellos mismos no saben qué les ha hecho daño.

Algo más de dos años después de la Gala de la Generación de la Esperanza, del entierro de Paylor y de las elecciones para ratificar el nuevo Gobierno, nos encontramos en la playa del Distrito cuatro. Peeta le pone protector solar a Dandelion que solo quiere salir disparado con su mejor amigo Jeffrey. Beete y su mujer pasan con nosotros las vacaciones por segundo año, en este momento nadan tranquilamente en el mar. Dandelion es más alto ya que su hermana, tiene la corpulencia de Peeta, mis ojos y una expresión que mezcla mi frialdad y la humanidad de Peeta. Ha cumplido catorce años y en su cuerpo empiezan a haber señales de su forma adulta. Es un híbrido entre un niño y un adulto, pero sus hormonas parecen tan controladas como todo en él. Es un chico frío, serio, crítico y extremadamente sensible. Se relaciona poco y siempre con las mismas personas, los chicos del trece, y el hijo de Beetee. Sus notas académicas son tan asombrosas que pasa limpiamente un curso tras otro, con matrículas de honor. En la escuela le hacen algunos cuestionarios para enforcarle profesionalmente, pero él solo quiere pintar, aunque se interesa de una forma preocupante por la política y los asuntos relacionados con el gobierno, hasta tal punto que Finnick y él llegan a hablar de acontecimientos que ni Peeta ni yo conocemos.

En cuanto Alisma, su belleza es tan asombrosa como su capacidad de comprensión, su inteligencia emocional, en ese aspecto compensa a su hermano, y a mí. Su silueta pequeña y delgada como la mía se combina con un atractivo fuerte, sereno e inocente, heredado totalmente de Peeta. Sus ojos son los ojos de su padre y hace que la ame de una forma arrebatadora. Mis hijos, lo más importante de mi vida junto con Peeta, imaginarme la vida sin ellos, pensar en no haberlos tenido, me pone el vello de punta. A veces incluso yo, que nunca fui especialmente cariñosa, les abrazo de forma asfixiante, les reclamos a mi lado, no me importa la edad que tengan, deben permitirme que les prepare el desayuno, que les bese al darles las buenas noches, que les peine, que les adore en cada gesto porque ellos son mi vida, nuestra vida.

Cada respiración de nuestros hijos nos arrebata el alma y no las devuelve más viva y más cálida.

Peeta y yo nos encontramos en una pequeña playa, bajo la sombrilla, bebiendo un refresco. Peeta está sentado tras de mí, yo me apoyo en su espalda. Acaricio la perla que pende de mi cuello, y él besa mi pelo. Alisma y Adahy están sentados en la orilla del mar, con las manos enlazadas, Dandelion corre detrás de Jeffrey que prepara un circuito extraño que asciende por una palmera.

-Van a prender fuego a algo- comenta Peeta, risueño. Yo suspiro y llamo a mi hijo, que viene a regaña dientes.

-Qué- dice secamente.

-¿Qué hacéis?- inquiere Peeta con paciencia, Dandy nos explica técnicamente lo que están haciendo y no entendemos nada- En mi idioma, cielo- dice Peeta.

-Un pequeño productor de energía eólica- Peeta carraspea, porque sigue sin entenderlo.

-¿Podéis quemar algo?- Dandelion se ríe.

-Lo dudo, ¿Me puedo ir ya?

-Paciencia, Dandelion- le regaño. El hijo de Beetee celebra que se encienda una radio que tienen enganchada al circuito que acaba en una especie de ventilador sobre la palmera.

-¡Genial, ya me lo he perdido!- se queja Dandy.

-Vale, vale, márchate- accedo, y sale disparado. Luna, que está tumbada junto a nosotros, le mira con las orejas apuntando cómicamente al cielo.

Finnick llega más tarde y se sienta junto a nosotros, le acaricio el hombro y le pregunto qué tal está. Con el tiempo el chico, antaño melancólico y apagado, ha mejorado mucho. Se enfrenta al último año de sus estudios, ha decidido hacer su trabajo de fin de carrera en Nueva Europa durante seis meses, y ninguno de los que nos relacionamos con él habitualmente soportamos la idea de que se marche medio año. Finnick trae unos bocadillos para los chicos, los mellizos Hawthorne, que se pasan la vida juntos, llegan corriendo de su grupo de amistades del cuatro que han venido con ellos hasta la cala, y toman los bocadillos dándole la gracias a Finnick.

-¿Qué tal van los preparativos?- le pregunta Peeta, Finnick le mira con el verdor de sus ojos aumentado por el raudal de luz de la playa, tan arrebatador y precioso como siempre.

-Bien, está todo hecho, aunque necesito un ordenador nuevo, tengo que mirar eso. Uno que pueda llevar allí, ya sabes- Finnick nos explica algunas novedades del proyecto y ambos le escuchamos atentamente.

Alisma llega, con su gracioso bikini de topos y le agradece a Finnick el bocadillo con un beso en la mejilla.

-¿De qué viaje habláis?- pregunta melodiosamente, y entonces me doy cuenta de que todavía no lo habíamos hablado con nuestros hijos.

-Finnick se marcha a Nueva Europa- comenta Peeta, ella mira gravemente a Finnick, cuando llega Adahy.

-¡Ey, qué pasa Finny!- dice con alegría -¿No te bañas hoy?

-Luego, llevo todo el verano en remojo- se ríe él.

-¿Cuánto tiempo te vas?- inquiera Alisma, todavía con una expresión extraña.

-Seis meses- dice Finnick serenamente, Alisma parece perdida, no me había planteado hasta qué punto podía afectarle la marcha de Finnick, y ahora comprendo que debería haberse enterado de otra forma. Entonces Peeta se levanta de repente e invita a Alisma a pasear con él.

-¿Pero por qué te tienes que ir?- dice Alisma, con la voz quebrada, mientras Peeta le coge la mano -No entiendo nada, ¿Por qué no lo sabía?

-Ali, es por estudios- dice Ada, que le cubre los hombros con su brazo, pero ella se zafa. Los cuatro la miramos extrañamente, me da la impresión de que está muy disgustada.

-¿Por qué no me lo has contado, Fin?- se queja.

-Te dije que lo estaba pensando- deja caer Finnick, con las mejillas un poco encendidas.

-Que lo estabas pensando- gruñe Alisma, con los ojos brillantes, y Peeta consigue llevársela.

.

Nos quedamos a solas con Adahy y recuerdo cuando era un bebé, y al mismo tiempo me parece tener en frente a mi mejor amigo Gale cuando éramos jóvenes. Se come su bocadillo con la mirada ausente, hasta que Finnick le pregunta qué ocurrió con el atletismo, y él nos habla de que se necesita ser más aerodinámico. Entonces cuenta que ha elegido formarse en la Academia de Defensa, la cual está en el Nuevo Núcleo, y ahora entiendo el disgusto de Alisma, se va a quedar sin sus dos amigos.

-Por eso se ha debido poner así Ali...- murmura Adahy- Vamos a desaparecer los dos- y sonríe tristemente.

Me siento un poco angustiada, la forma en que se hacen adultos es arrebatadora, pero inevitable.

.

(Pov Alisma)

Mi padre solo pasea conmigo en silencio, me como mi bocadillo que se mezcla con mis lágrimas y desisto porque no puedo tragar el bocado. Él me da agua y yo bebo, y al final le abrazo sollozando, y lloro por tantas cosas que no sabría ponerlas en orden.

-Adahy también se va- consigo decir.

-Algo me dijo Gale, estaba detrás de ello, no va a participar en nada peligroso- me limpio las lágrimas.

-Lo sé, quiere trabajar con su padre en Coordinación, son cuatro años de formación fuera de aquí- sollozo.

-Finnick solo se va seis meses- dice mi padre, y me acaricia el pelo- Podemos convencer a tu madre para ir a verle en Navidades.

-¿Es que en Navidades tampoco vendrá?- la voz sale por mi garganta afilada, dolorosa.

-No, cariño, estará allí los seis meses.

-¿Y Annie?- inquiero, intentando aferrarme a algo para impedir su marcha.

-Annie lo comprende, ella está bien, los que no estamos bien somos nosotros cuando no la entendemos. Annie ha fabricado el lugar donde encuentra paz, y con Johanna se siente muy tranquila.

-¿No se preocupará por su hijo?- añado, a la desesperada.

-Pueden hacer videoconferencias, no pasará nada, estará bien. Si algo ocurriera sencillamente Finnick volvería- un violento sollozo me atrapa cuando creía que ya había parado de llorar, aunque me doy cuenta de que las lágrimas se me han secado en los ojos.

-Menos mal que tú no vas a ninguna parte, papá- musito, abrazándole la cintura.

-Claro que no, ni mamá ni yo iremos a ningún sitio, nos quedaremos con vosotros, siempre- me relajo en sus brazos, poco a poco, el aire vuelve a entrar sin hacerme daño- Pero algún día tú, como ellos, también harás tu vida.

-No, yo siempre estaré en el Distrito doce, en la Aldea- miro a mi padre, me sonríe y me acaricia la mejilla.

-Si estudias medicina tendrás que ir al Distrito cuatro- sentencia, y entonces clavo mis ojos en la arena de la playa.

-Estudiaré algo que se imparta aquí.

-No te limites así- suspiro y aprieto de nuevo la mejilla contra él.

Después de un rato consigo comer el bocadillo y terminar mi refresco. Mi padre mira el horizonte y yo con él, y entonces nos levantamos al mismo tiempo para volver con los demás, pero antes de hacerlo me mira fijamente y me dice una última frase.

-Deberías hablar con Finnick.

.

Debería hablar con Finnick pero no lo hago y el verano va pasando y se acerca septiembre, fecha en la que tanto él como Ada se irán.

Estoy desnuda bajo la sábana, el aire del ventilador me mueve el pelo, y recuerdo la primera vez que hice el amor con Adahy, hace apenas un mes. Ahora estamos los dos en su cama, de su casa en la capital del Distrito cuatro, él duerme profundamente, también desnudo, me giro para contemplar su perfil aceitunado, sus pestañas oscuras, su flequillo enmarcándole el rostro. ¿Los dos asumimos que todo acabará cuando se marche? Le acaricio el puente de la nariz y él se rasca de forma graciosa, finalmente abre los ojos y me mira, pone gesto de fastidio y me abraza de la cintura, adhiriendo su piel a la mía. Mira el reloj de mesa por encima de mi hombro.

-¿Van a venir tus padres?- inquiero.

-No, les dije que queríamos pasar el día juntos, no va a venir nadie- asegura, y roza su nariz con la mía y me besa profundamente. Y quizá porque estoy nostálgica no dejo de recordar cada segundo de aquella vez en que ambos perdimos la virginidad en este mismo lugar.

Tomo su rostro entre mis manos mientras él se sitúa sobre mí y siento que todo lo que hago forma parte de una despedida. Su cuerpo y el mío son uno en cuestión de instantes, estar con él ha sido como haber alargado aquel baile en la Gala, haberlo llevado a todos los aspectos de nuestra relación. Ahora, la última canción suena para nosotros.

Esa noche cenamos cualquier cosa que nos hacemos rápidamente y él pone música en el salón y bailamos durante un tiempo indefinido, después bajamos a la playa y paseamos en silencio, finalmente contemplamos la luz sobre los veleros y nos besamos una y otra vez, y sé que él ha sido verdaderamente mi primer amor y que siempre le recordaré.

-Te estás despidiendo de mí, ¿Verdad?- pregunta, en susurros.

-Nos estamos despidiendo mutuamente, ¿No es así?- sus ojos brillan y siento una congoja pesada y cruel en todo mi ser cuando una lágrima resbala por su mejilla.

-Me voy, pero Finnick vuelve, no seas tonta- ronronea.

-Te amo.

.

Adahy se va el primer día de Septiembre, pero sus padres no están dispuestos a ver apenas a su hijo, así que lo arreglan todo para que venga dos fines de semana al mes, y para visitarle ellos y sus hermanos otros dos. Gale no tiene tanta preocupación porque él pasa temporadas en el Nuevo Núcleo. Johanna y él superan una crisis importante porque no comparten la misma opinión acerca de los estudios de Adahy, pero realmente Ada desea trabajar con su padre, y ante eso no hay nada que hacer.

Finnick marchará más tarde, a mediados de mes, y yo solo tengo alrededor de una semana para hablar con él, y ni siquiera sé qué quiero decirle. Al final, un día cualquiera tras la marcha de Adahy, llamo a su teléfono móvil y él no contesta, diez minutos más tarde escucho el timbre del dispositivo y es él. Como de costumbre tarda en hablar cuando atiendo la llamada con un hola.

-Hola- dice por fin.

-Me gustaría que habláramos antes de que te marcharas, los dos solos, una conversación de verdad.

-¿Por teléfono no, verdad?- inquiere con cierta angustia.

-No- me río.

-Mejor, lo detesto.

-A mi tampoco me gusta mucho.- agrego.

-Una voz sola no dice nada- sentencia él mientras sonrío.

-Anotaré eso en el bloc de "frases célebres de Odair"- digo, y realmente ese bloc existe, aunque es más bien ideas mías o ideas que me sugiere que yo anoto para que él las utilice después.

-Está bien, me gusta- ríe él también -¿Cuándo quieres que vaya?- me encojo de hombros.

-¿Cuándo te marchas?- inquiero, rascando el dobladillo de mi falda.

-El dieciséis.

-No sé por qué te lo pregunto, de todos modos quiero verte lo antes posible- confieso.

-¿Ahora?- miro mi reloj, son las doce del mediodía del sábado.

-¿Te quedas a cenar?

-Puedo quedarme a dormir también, si quieren tus padres, Johanna está aquí, anda muy deprimida por lo de Adahy- asiento al otro lado y suspiro- ¿Tú cómo lo llevas?

-Claro que mis padres quieren. Lo llevo bien, hablamos bastante, iré a verle de vez en cuando...- comento.

-¿Seguís saliendo?- pregunta él, después de unos segundos de silencio.

-No salíamos en realidad, es decir lo nuestro no tenía nombre antes, ni lo tiene ahora- aclaro- Bueno, ahora se podría llamar amistad- resoplo- No, no salimos.

-Vale- dice él en un hilo de voz.

.

Alrededor de las seis escucho su coche, estaba hablando por teléfono con una amiga, la hija de quien fuera una de las mejores amigas de mi padre, Delly Cartwrigth, entonces la digo que Finnick acaba de llegar y ella se ríe y cuelga abruptamente. Miro por la ventana y veo su coche viejo y destartalado aparcando y salgo corriendo escaleras abajo. Cuando sale reprimo las ganas de colgarme de su cuello. Está más moreno que nunca, con ese tono canela que adquiere a final del verano, y me parece más alto que la última vez que le vi. Me coge la cintura y me besa la mejilla, cuando nos giramos vemos a mi padre en la puerta con un gesto que no sabría definir.

Dandelion se muere por enseñarle a Finnick las cosas raras que ha hecho con su amigo Jeffrey, y por preguntarle sobre algunas cosas que ha leído en el periódico acerca del nuevo gobierno. Yo me enfurruño un poco porque mi hermano le acapare pero pienso que tengo todavía todo el domingo para estar con él.

Merendamos los cinco, hablamos animadamente, Finnick está muy entusiasmado con su viaje. En Nueva Europa se están instalando los originarios del Distrito trece que así lo deseen. Toda la familia Cub se marchará, incluidos los amigos de Dandy, pero él está alegre por ello porque mis padres han prometido que iremos al continente. Woody Herman, líder de su diseminado pueblo, es el encargado de liderar el cambio, y su gobierno será ratificado cuando se pueble la región denominada Nueva Europa. Dandelion está muy interesado en este asunto, y a Finnick le encanta explicarlo.

Por fin, después de la cena, podemos salir a pasear, aunque a mi madre no le gusta que salga de noche. Le prometo que no llegaré tarde y me dejan marchar.

Finnick y yo caminamos hasta lo que fue La Veta, ahora se llama igual pero mis padres dicen que todo ha cambiado, que nada tienen que ver estas bonitas casas prefabricadas con los habitáculos que poblaban la zona en sus tiempos. Llegamos a la plaza de la justicia, en frente del Edificio de Justicia, y nos sentamos en un banco bajo la luz de una farola y aspiramos el aroma de los parterres de menta y hierba buena que bordean la fuente. Después de un largo silencio me toma la mano, entrelaza sus dedos con los míos y nos miramos sin decir nada. Él hace algo realmente extraño que me conmueve profundamente. Coge mi mano, pone mis dedos sobre mis labios y los besa, con los ojos cerrados, pero yo no puedo cerrar los míos. No soy capaz. Cuando se despega sonríe.

-Sigo viviendo en esa semana de Agosto- y de nuevo ese ardor en mis ojos.

-Oh por favor- susurro- Estoy tan harta de llorar- y al final me río -Llevo un mes horrible.

-¿Un mes? Siempre has sido una llorona- me aparta un mechón de pelo detrás de la oreja y sus labios tan cerca de los míos me tientan. Río, mientras las lágrimas se cuelan por mi boca.

-Yo también- consigo decir abruptamente.

-Tu también qué- inquiere, linealmente, y me aprieta la nariz con el dedo índice, como cuando era una niña y él decía que esa era la única forma de apagarme.

-Lo sabes perfectamente- sollozo.

-Dilo, por favor- susurra, tan cerca de mi rostro.

-Yo también sigo viviendo en esa semana- consigo decir, sonríe más y casi estoy enfadada porque el sonría tanto y yo llore tantísimo.

-Vas a tener que llamar a la policía dentro de unos minutos, creo que voy a cometer un delito- ríe como un idiota, yo frunzo el ceño.

-¿Por qué?- pregunto extrañada.

-Porque voy a besar a una menor- se acerca más, nuestros labios se rozan.

-Exagerado- musito, sobre ellos.

-¿Lo consientes?- susurra sensualmente.

Y no me molesto en contestar. Volatilizo la distancia que nos separa y cubro el espacio entre sus labios.

.

Besar a Finnick Odair es como desaparecer. Esa es la frase que mejor definiría todo lo que sentí, o quizá debería decir todo lo que no sentí, porque no sentí mi cuerpo, ni mi mente, ni el lugar, ni el aire, solo su boca y la mía y todo el universo que desplegó, por fin, a través de aquella humedad suave e íntima en la oscuridad absoluta.

Me acaricio los labios, sobre mi cama, pensar que está tan cerca me vuelve loca. Solo quiero entrar en su cama y besarle hasta que amanezca, decirle otra vez cuanto le amo y que él me lo diga a mí, de nuevo, porque nunca podré cansarme de escucharlo. Miro mi reloj de pulsera y doy mil vueltas en la cama. No puedo soportarlo, tengo que levantarme, y así lo hago.

Abro la puerta de su cuarto después de asomarme al de Dandelion y al de mis padres, él está bocarriba mirando al techo, despierto, me mira y se levanta. Los dos salimos al balcón y nos besamos largamente, con nuestras manos unidas bajo su mentón.

-¿No crees que ya tendremos tiempo para hacer esto?- pregunta suavemente, su mano me acaricia la cintura y yo siento como eso enciende todo mi cuerpo y necesito fundirme con él porque parece que voy a desaparecer si no lo hago.

-No lo sé- susurro- Lo necesito ahora- y volvemos a besarnos, él atrapa mis labios, yo atrapo los suyos, trazo un camino hasta su cuello, apoyándome en las puntas de mis pies y beso un punto suave y de un aroma embriagador, tras su oreja. Intento recuperar la respiración con mis labios sobre ese punto mientras le escucho suspirar.

-Me gustaría hablar con tus padres antes de marcharme- me dice, tras abrir los ojos que tenía cerrados con expresión de paz.

-Yo también quiero estar presente- comento, ambos nos apoyamos entonces en la baranda del balcón, y miramos la luna.

-¿Estás totalmente segura, verdad? No te ofendas por la pregunta- le tomo la mano y la beso.

-No me ofendo, Fin. Estoy segura, quiero vivir contigo y con Annie y estudiar medicina, y si todo va bien, quiero seguir viviendo contigo para siempre- ríe- Me encanta verte reír- le confieso.

-Y pensar que una vez te dije que siempre no era para nosotros- niega con la cabeza y hace una mueca sutil.

-Eras joven e ingenuo- me burlo, él me da un golpecito suave en el hombro, mientras chasquea la lengua.

-Quería esperar a que tuvieras dieciocho, lo juro, quería esperar para lo de hoy. Ni siquiera sabía si me rechazarías- le miro escéptica.

-No digas tonterías, Fin.

-Pensaba que Adahy y tú...

-Y pensabas bien- comento -Espero que esto no te siente mal, pero si tu no existieras él sería esa persona, a lo mejor soy corta de miras, no lo sé, pero nunca vi más allá de vosotros.

-Eso es mucho mejor que ir picoteando el cariño de cualquiera- deja caer, con cierta amargura.

-No pienses así, es solo diferente, cada uno de los dos hemos tenido diferentes experiencias, nada más- asiente- Acaso me dirás que no las has disfrutado...- murmuro con tono rencoroso, me mira con expresión sorprendida.

-¿Estás celosa, Mellark?- sisea, y me hace girar para agarrarme la cintura.

-Oh sí, tengo celos con efectos retardados, Odair- los dos prorrumpimos en carcajadas.

-Pues ya no tendrás más- ronronea, y volvemos a besarnos.

.

El domingo hablo con Adahy y le cuento que he decidido ir a vivir con Finnick, él lo toma a bien, de hecho parece alegre por mí y asegura que me visitará. Le digo que todavía no se lo he contado a mis padres pero él cree que no va a haber problema.

Finnick y yo hablamos primero con mi padre. Ha pasado toda la mañana del domingo pintando con Dandelion así que le abordamos cuando se está tomando un café en el porche, mientras mi madre prepara la comida.

-¿Queréis algo?- pregunta, con gesto de incredulidad, Finnick y yo debemos de estar mirándole con un aspecto bastante inquietante.

-En realidad, sí- dice Finnick -Queríamos hablar contigo- y entonces mi padre repara en nuestras manos unidas y sonríe como si ya lo supiera.

Básicamente mi padre no se sorprende demasiado, y no hace falta explicarle mucho, aunque ve complicado decírselo a mi madre sin que le de un patatús.

-Todavía queda un año para ello- digo, pues hasta el año que viene no empezaría los estudios superiores.

-Al menos tu madre, y yo, tendremos un año para prepararnos...- comenta mi padre, con una mano posada sobre su boca.

Cuando entra a la cocina mi madre debe de notarle algo porque la escucho increparle e intentar sacarle la información a la desesperada, al final mi padre le dice que hable con nosotros. Ella llega con su delantal, blandiendo una cuchara de madera, cuando se da cuenta de que ha salido de la cocina con aquel utensilio vuelve y se lo deja a mi padre junto con el delantal, y él termina de cocinar.

Le explicamos a mi madre lo que ocurre y se queda bloqueada. Después de un rato en que Finnick y yo le planteamos lo que queremos hacer, es decir, vivir juntos, con Annie, los cuatro años que duren mis estudios, suspira.

-No lo pensaré hasta que no llegue el momento- sentencia, y nos besa a los dos y se marcha a su habitación.

.

El domingo cae y sé que cuando Finnick se vaya no le veré hasta el día en que salga de viaje y le despidamos en el aeropuerto.

-¿Y si todo esto no fuera más que una fantasía irreal?- suspira Finnick, estamos sentados en la pradera, contemplando la puesta de sol- Y si cuando me conozcas más, en la vida cotidiana, te cansas de mí.

-O tú de mí.

-No, yo no, estoy seguro- arguye.

-Tengo la certeza de que eso no pasará.

-¿Crees que pasará un año tras otro y querrás seguir conmigo?- pregunta, mirando el horizonte para después mirarme a mí.

-Sí- aseguro, él levanta mi mano y la besa. Entonces pone un gesto raro, como si hubiera pensado algo censurable.- ¿Qué?

-Nada.

-Has puesto una cara- se ríe.

-No he puesto ninguna cara- le beso.

-Sí, has puesto un gesto como... como si hubieras mordido un limón- río yo.

-Déjalo estar- murmura, haciendo un aspaviento con la mano.

-No quiero- chasquea la lengua.

-Venga Ali, en serio, olvídalo- pongo gesto severo.

-¿Tan pronto vamos a discutir?- él suspira, le guiño un ojo.

-He pensado algo muy precipitado , ridículo y peliculero.

-Me encanta- afirmo- ¿El qué?- vuelve a hacer un chasquido con la lengua, me mira y mira el horizonte alternativamente- ¿Hay algo que te avergüence?- me burlo.

-Sí.

-¿Lo que no quieres decir?- asiente -Bueno, vale, no insisto- accedo, y suspiro dejándome caer hacia atrás en el césped, él me mira de reojo, se tumba de costado y juega con los dedos en mi esternón, con la cara apoyada en su otra mano.

-Iba a decir que si pasa el tiempo y realmente es así es posible que...- se calla, parece ruborizado, frunce el ceño otra vez con la misma cara que antes- Que algún día quiera casarme contigo- me quedo petrificada, hasta que vuelvo a sentir mi corazón bombear sangre. -¿No vas a decir nada?- dice con timidez. Carraspeo.

-¿"Sí, quiero"?- él se deja caer y su cabeza golpea el mullido césped, se tapa los ojos con el dorso de la mano y parece contener una risa. Me siento sobre su abdomen y le beso el cuello hasta que deja caer sus manos a ambos lados de su cuerpo y suspira.

Me incorporo sobre él, me mira entre sus pestañas ligeramente quemadas por el sol, extiende una mano y con un dedo recorre el contorno de mi cara, después me empuja suavemente con su mano en mi nuca, y apoyo mi mejilla en su pecho, concentrándome en el sonido regular de su corazón.

.

Mi madre tiene un acceso de pánico el mismo día que Finnick sale a Nueva Europa. Dice que no le gustan los aviones. Los Hawthorne, Annie, mi hermano, mis padres y yo, y algunas amistades de Finnick, le hemos despedido en el aeropuerto hace unos instantes. Mi padre cree que mamá se va a desmayar, está alteradísima.

Cuando llegamos a casa tiene que tomarse un tranquilizante para poder frenar el temblor que le recorre todo el cuerpo. Me pregunto cómo lo llevará cuando dentro de un año, si todo va bien, me mude con Finnick ¿Tendrá pesadillas? ¿Pensará que algo me puede ocurrir lejos de ella? No lo sé.

Cuando me siento en el descansillo de la puerta que da al huerto, recuerdo a Finnick perderse en el pasillo hacia el avión, despediendose con la mano. Y recuerdo su beso en un rincón de aquel pasillo, fuera de la vista de todos, aunque todos ya supieran que nos estábamos dedicando nuestra particular despedida.

Seis meses, seis meses sin su tacto, sin su presencia, sin su aliento cosquilleando mi oído. Seis meses y después, ¿Y después?