Buenoooo. Último cap. No vale la pena corregirlo mucho más. No es el gran final, porque como ya dije, esta historia continúa. Así que si les ha interesado este fic, estén atentos, porque pronto estaré publicando el siguiente.

Voy a pedir perdón. Y esta vez no solo por mi falta de talento. Me voy a disculpar por todas las cosas que he dejado en el aire: la amistad con Gwen, la muerte de Samuel, más aventuras con Balthazar, más historias sobre Sam sin alma.

También me disculpo con Eva y Ellie. Ustedes son personajes soberbios y merecían que yo les dedicase más páginas. Lamentablemente esto ha sido todo lo que tengo. Quizá pueda recibir más inspiración en mejores momentos.

Para finalizar, agradezco a quienes se toman la molestia de leerme. Y decirles que en verdad tienen coraje... los compadezco.

Y a Yani por sus lindos y entusisitas reviews.

¡Gracias!

Disclaimer: la escena final está transcripta directamente del episodio 6x22

El día más obscuro

Erica se dio la vuelta sobre la silla giratoria del escritorio de Crowley en cuanto éste ingresó a la habitación. Lo contempló seriamente con los brazos cruzados sobre su pecho al tiempo que subía los pies sobre la elegantísima mesa.

–Dime una cosa, Crowley. ¿Apretaste demasiado el nudo de tu corbata el día de hoy?

– ¿Cómo te saliste? –preguntó sorprendido como si no hubiese oído la acusación de la joven. –Bueno… en realidad no me sorprende tanto…

– ¿En verdad, Crowley…? ¿En serio? ¿Con Raphael…?

–No deberías estar aquí…

– ¡Contéstame!

– ¿Qué cosa?

Se levantó acercándose lentamente al rey del infierno sin apartar su provocante mirada de los fríos ojos del demonio.

– ¿En qué estabas pensando cuando se te ocurrió estrechar la mano a nuestro peor enemigo?

– ¿Nuestro? –dijo desafiante –Me sonó a manada. Querrás decir tuyo y de Castiel….

–Esa no es respuesta para darle a una persona que tiene un arma que puede matarte….

–Y esa no es forma de dirigirte hacia el demonio que tiene tu contrato…No se como te has enterado, pero supongo que sabrás que tú y yo estamos a salvo….

– ¿En serio? porque yo no le creo nada a ese arcángel muerto de hambre… está chiflado. Y alberga un gran rencor. Tiene un gran complejo de inferioridad. Es un desequilibrado. ¿En verdad piensas que cumplirá? Porque yo no. En cuanto tenga lo que quiere… ACABARÁ CON NOSOTROS

–No lo hará…

- ¿Y quién se lo va a impedir…?

–En todo caso deberemos lidiar con eso… más adelante.

– ¿Cuando se convierta en un engendro nuclear….? Me das pena…. Te dejas llevar por tu rencor hacia Castiel y te encegueces ante lo evidente: que Raphael no es de fiar. Te traicionará.

–Es lo que tengo… y lo aprovecharé….

–Eres patético… y no cuentes conmigo…

– ¿Me estás desafiando?

– ¡Si! No me asustas… ¿Quieres ser la puta de Raphael? Pues bien, adelante. Y ya veremos como será cuando vengas a buscar ayuda después de que ese capullo te haya dado la espalda. Y me importa un bledo si tenemos o no inmunidad diplomática. No me sentaré a ver como destruye a toda la humanidad.


Esperó agazapada en el galpón de Bobby. Cuando éste entró salió de su escondite.

–Gracias por tomarte tantas molestias, Erika. –dijo el cazador.-Pero Dean está demasiado irritable últimamente. No creo que tolere encontrarte aquí.

– ¿Qué es lo que pasó? Sonabas muy alarmado….

–Castiel…. Está loco….tenemos que detenerlo.

–Lo sé… Bobby. Pero yo ya no se que hacer… lo he intentado todo. Pero está enceguecido….

–Y no sabes a qué punto….

– ¿Qué ocurre? –preguntó alarmada.

–Que para evitar que nos entrometiéramos…. Le ha hecho daño a Sam…

–No…. ¿Castiel? No puede ser….

–Lo vi con mis propios ojos…Derribó completamente el muro en su cabeza, lo hizo frente a mí.

– ¿Cómo está Sam?

–Mal… muy mal… no despierta…. Tenemos que parar a ese ángel desquiciado.

– ¿Qué puedo hacer…?

–Erika. Tenemos que ir a Rhode Island. ¿Crees que puedas cuidar de Sammy? No nos queda más remedio que dejarle aquí. Y no quiero que esté solo. ¿Puedo confiar en ti…?

–Claro que si. ¡Cuenta conmigo! Yo pensaba desobedecer a Crowley, para variar, e ir a interferir con toda esta idiotez….pero si me necesitas… estaré aquí. –afirmó.

–Gracias. –metió la mano en el bolsillo y sacó un juego de llaves. –Aquí tienes las llaves. En cuanto nos vayamos, podrás entrar…

–Bobby. Tened cuidado. –advirtió –Crowley y Castiel han reñido. Y Crowley se ha aliado con Raphael. No sé cómo puedan estar las cosas ahora mismo. No sé con que os encontraréis ahí…

–Entiendo. Gracias.

Se quedó esperando hasta que se fueron. Caminó de vuelta hasta su coche, el que había dejado razonablemente lejos de la casa. Lo aparcó en el depósito, y entró.

Sam yacía en una cama dentro del refugio. Ella se quedo allí con él. Llevó todo lo que fuese necesario para no tener que moverse demasiado. No solo por no abandonar a Sam… también temía por su propia seguridad. Estar dentro del refugio, le proporcionó algo de tranquilidad a su mente.

Sam había alternado largos períodos de aparente serenidad con algunos angustiantes episodios de desequilibrio. Pero no recuperaba la conciencia…. Daba impotencia, nada se podía hacer para ayudarle.

¿Cómo les estaría yendo a Dean y Bobby….?

Salió unos minutos a buscar más agua. Y a despejarse un poco. Necesitaba estirar las piernas y tomar aire fresco.

Solo habían sido 5 minutos, no más. Pero cuando bajó de nuevo…. ¡la cama estaba vacía! ¿Dónde estaba Sam?

– ¡Saaaaammmm! –llamó -¡Saaammmm! ¿Dónde estás?

–Aquí…. –dijo con voz queda desde la penumbra de un rincón.

Ella se acercó. Se agachó junto a él. Tocó su frente como lo haría una madre a su hijo afiebrado. Parecía que no tenía fiebre.

– ¿Cómo te sientes?

–Algo débil…

– ¿Te duele la cabeza…? ¿Algo?

–No…. me siento…. aturdido… ¿Dónde está mi hermano?

–Se fue con Bobby a intentar detener a Castiel…. Bobby me pidió que me quedase aquí…contigo. Estaban muy preocupados.

– ¿Dean estuvo de acuerdo en que tú me cuidaras?

–No. Él no sabe que estoy aquí….

Sam sonrió ante el pensamiento sobre la obstinación de su hermano. Ella le ayudó a incorporarse. Lo llevó escaleras arriba con dificultad. Lo depositó en el sofá.

–Quédate aquí. Voy a traerte algo de comer.

–NO…. tengo que ir con Dean….

Intentó levantarse, pero un fuerte mareo se lo impidió.

– ¿A dónde crees que vas? No te dejaré marchar si no comes algo antes…. Llevas mucho tiempo durmiendo. Tu azúcar está baja. Y no te negarás –dijo intuyendo el aluvión de protestas del gigante – ¿o crees que eres capaz de ir tú solo a algún sitio en esas condiciones? Me necesitas….

–De acuerdo….

–Bien… me alegra que nos entendamos. Te prepararé algo.

Sam intentó escapar mientras Erika estaba en la cocina. Pero no lo consiguió. Ella tenía razón. No llegaría muy lejos solo. Le gustara o no debía obedecerla. Sus fuerzas apenas le alcanzaron para llegar hasta la cocina. Se sentó pesadamente en una silla.

–Aquí tienes. –le dijo acercándole un plato y un vaso con agua. –quisiera que fuese algo más elaborado, pero no tenemos mucho tiempo y en las alacenas solo hay licor.

–Está bien, gracias. –dijo él con amabilidad.

Ella se sentó frente a él. Lo contempló con mezcla de felicidad y preocupación. Estaba contenta de que hubiese despertado, y que estuviese lúcido. Pero advirtió su debilidad física. Apenas podía mantenerse sentado.

Comió un par de bocados. Luego se disculpó.

–Perdona, no tengo mucha hambre….

–Bien… creo que es suficiente. Rhode Island no es aquí a la vuelta. Tendrás tiempo de recuperarte, supongo…. Andando.

Llevaban largo rato andando en la carretera. En silencio absoluto.

– ¿Por qué me mentiste, Erika?

– ¿De qué hablas?

–Te pregunté si te había hecho daño. Y me dijiste que no….

– ¿Y….? no entiendo….

–Ya no tienes que fingir. Sé que Bobby te dijo que no mencionaras nada… pero eso ya es inútil… recuerdo todo…

– ¿Todo? ¿Todo qué?

–Todo…. Te apuñalé… en el corazón…. ¿Cómo puedes estar impasible ante algo así…?

–Sam… ya basta…. No cambiarás nada torturándote a ti mismo… ya pasó…y estoy bien…

–Si… lo estás porque tienes un amigo ángel….de no ser así… estarías muerta.

Ella río por la forma en que él se expresó.

–Hay otras cosas que recuerdo también…recuerdos…. de la jaula… recuerdo tu voz, diciéndome que todo estaría bien… que me sacarías de ahí. Castiel dijo que había sido él. ¿Por qué te recuerdo a ti…?

–Porque fui yo. Cas nos dio las herramientas, pero yo fui quien bajó por ti….él simplemente no podía. Le vigilaban constantemente. Era peligroso. No sé por qué habrá dicho eso… tal vez se sintió culpable…quién sabe. Tal vez pensó que debió ir él mismo. Yo no tenía suficiente experiencia para distinguir que tu alma se estaba quedando ahí…. Sam, lo lamento tanto….es por eso que no puedo culparte por lo que me hiciste…. ¿cómo culparte si he sido yo la que cometió el peor error de todos?…. Creo que me lo merecía….

– ¿Qué dices? Arriesgaste la vida por sacarme…. Y yo te calvé un puñal…

– ¡BASTA! –le interrumpió ella –Tenemos que parar esta cadena de sentimientos de culpa… se terminó. Será nuestro pacto. Nada de lamentaciones a partir de hoy. ¿De acuerdo?

–De acuerdo…. –dijo él sonriendo.

–Bien… ya estamos aquí…. –comentó ella. – ¿Qué diantres es eso…?

Una extraña masa de fierros negros retorcidos apenas se divisaba en la obscuridad provocada por el eclipse total de sol.

– ¿Acaso es el Impala? –preguntó ella con inquietud.

–Creo que si… –dijo él con preocupación.

–Quédate aquí. –le ordenó ella ante la protesta de Sam.

Bajó del Mustang y fue a echar un vistazo. Regresó con celeridad.

–Está vacío. Y no parece haber signo de que nadie esté herido…

–Erika… tienes que volver al refugio. Seguiré solo a partir de aquí. Es peligroso para ti…

–No os dejaré solos….

–Si. Lo harás. Si desafiaste a Crowley, y lo detenemos, estará furioso de verte aquí…

–Crowley no me hará daño… no lo ha hecho hasta ahora….

–Tal vez lo haga si no tiene nada más que perder. No podemos arriesgarnos…. Ponte a salvo. Por favor. –le suplicó.

–De acuerdo… –protestó ella. –me iré. Pero me llamarás si algo sucede, ¿de acuerdo?

–Trato hecho.

Sam bajó tambaleante del coche. Se desplazó arrastrándose con dificultad. Erika pensó que no lo lograría. Pero, no obstante, puso en marcha el coche y emprendió el camino de regreso.


– ¡Aperit fauces aius ad

Mundum nostrum, nuc,

Ianua magna aperta tandem!

Crowley recitó el conjuro frente al sello dibujado con sangre sobre los blancos azulejos. Aguardó, expectante unos segundos, luego de los cuales su expresión pasó a reflejar el desconcierto. La duda también asaltó a Raphael, parado a su lado. Mientras Dean y Bobby trataban de recuperarse de los golpes recibidos al intentar detener el ritual momentos antes.

–Quizá lo he dicho mal. –se excusó el demonio.

–Lo has dicho perfectamente –la voz de Castiel se oyó a sus espaldas. Sostenía un frasco entre sus manos. –Pero lo que necesitabas era esto. –dijo exhibiéndolo.

Castiel miró a Dean, quien se incorporaba tambaleante. El ángel le dedicó una mirada mezcla de frialdad y reproche.

–Ya veo. –dijo Crowley, volviéndose y tomando con su dedo una pequeña cantidad de sangre de la pared .–Y hemos estado trabajando con…-continuó llevándose el dedo a la boca –sangre de perro. Naturalmente.

–Ya basta de juegos. Castiel –ordenó Raphael con un endeble tono de autoridad –Danos la sangre.

Crowley apuntó al arcángel con el dedo, reprimiendo la oleada de insultos que deseaba fervientemente descargar en la figura del estúpido ser celestial.

–Tu…juego se ha acabado. –intentó explicar con serenidad al obtuso arcángel.-Su tarro está vació –dijo señalando a Castiel. –Castiel… ¿Cómo ha ido tu ritual? Mejor que el nuestro, seguro.

Castiel respondió a ese interrogante manifestando todo el poder que ahora contenía su recipiente. Toda la habitación se llenó de un dorado y cegador resplandor. Todos cubrieron sus ojos de la dolorosa luz que provenía de él.

–No puedes imaginar como es. –dijo con la misma extraña expresión en sus ojos que traía desde que apareció –están todas dentro de mi… millones y millones de almas.

–Suena sexy. –dijo el demonio –Crowley sale del escenario. –terminó una fracción de segundo antes de desaparecer.

– ¿Qué pasa Raphael? –dijo Castiel ante la inquietud del arcángel – ¿Alguien te a grapado las alas?

–Castiel, por favor… -rogó –Dejas que se vaya el demonio… ¿Pero no tu propio hermano?

–El demonio para el que tengo planes. Tú por otro lado –dijo con desprecio levantando la mano y chasqueando los dedos.

El recipiente de Raphael explotó violentamente, esparciendo sus sangrantes trozos por doquier, mientras el arcángel dejaba de existir para siempre. La espada que llevaba en su mano rebotó sonoramente contra el suelo. Bobby y Dean contemplaron la dantesca escena con enorme estupor, y con algo de temor, sin ser capaces de reaccionar de modo alguno. Castiel los contempló seriamente.

– ¿Ven…? -dijo –los salvé.

–Claro que si, Cass. Gracias –dijo Dean con temor. No estaba seguro de que palabras debía usar, tampoco en que tono debía dirigirse a su amigo.

–Dudaste de mí… -dijo Cas, con orgullo en su rostro –Luchaste contra mí…pero tenía razón todo el tiempo…

–Si, Cass…. La tenías. Lo sentimos. Vamos a desactivarte, ¿de acuerdo?

Bobby miraba la escena en silencio, calculando la situación.

– ¿Qué quieres decir? –preguntó Castiel.

–Eres un arsenal nuclear. No es seguro. Así que antes de que acabe el eclipse, devolvamos las almas a donde pertenecen.

–No. –dijo Castiel con serena convicción –Me pertenecen a mí.

–No Cass. Está revolviendo tu cerebro.

–No. Todavía no he terminado. Raphael tenía muchos seguidores, y debo…castigarlos severamente. –afirmó con una expresión en sus ojos que nadie jamás había visto antes en él.

–Escúchame –dijo Dean, tragando saliva, tratando de convencerle –sé que tenemos trapos sucios. Pero fuimos familia una vez –trataba de apelar a su otrora bondadoso corazón –habría muerto por ti. Casi morí unas cuantas veces. Si eso significa algo para ti. Por favor –le rogó –he perdido a Lisa, he perdido a Ben, y ahora he perdido a Sam –trataba de recordarle todo el daño que había causado últimamente, no con el fin de lastimar a su querido amigo, intentaba hacerle reflexionar sobre los costos que su ambición había tenido. –No me hagas perderte a ti también. Ya no necesitas ese poder, Cass. Deshazte de eso antes de que nos mate a todos.

–Solo estás diciendo esto porque he ganado… porque estás asustado.

Alguien levantó la espada del suelo sin que él lo advirtiera.

–Tú no eres mi familia, Dean. No tengo familia.

Esas palabras hirieron a Dean en lo más profundo de su corazón.

Ese momento de distracción fue aprovechado por la hasta ahora anónima persona que había levantado la espada. Sam estaba parado tras de Castiel. Lo apuñaló por la espalda ágilmente, a pesar del dolor que aún invadía su cuerpo, ante la sorpresa de Dean y Bobby.

Castiel se sacó la espada sin inmutarse.

–Me alegro de que lo hayas conseguido, Sam –su gesto reflejó que había sido ofendido por el menor de los Winchester. –Pero la espada del ángel no funcionará –aclaró ante el pánico del gigante –porque ya no soy un ángel.

Sam miró aterrado a Bobby y a Dean. Éstos les devolvieron sendas miradas de incredulidad y miedo.

–Soy vuestro nuevo Dios. –afirmó Castiel con voz presuntuosa –Uno mejor. Así que os someteréis y profesareis vuestro amor hacia mí, vuestro Señor u os destruiré.

CONTINUARÁ…