2.

Stephen Herondale

Mañana vas a estar a las diez de la mañana en mi burdel, te veo preparando tu ropa, algo casual pero a la vez formal, como para cazar, esto es importante, si no llegas a esa hora me temo que iré a buscarte, así tus guardias no me lo permitan

R

Había releído la nota unas quinientas veces tratando de encontrar trampa alguna, siempre lo hacía, pero esta era mucho más preocupante "mañana vas a estar" no "necesito que vengas si puedes" era de alguien que demandaba atención, conocía la letra y "R" solo podía ser Rinia, burdeles, R, perfume florar en el papel. Era ella. Y por supuesto que iba a ir, la mujer de pelo rojo como el fuego debía preocuparse, hacía dos meses que no iba al burdel y antes de eso, antes de desflorar a Louise, iba casi diario

A la mañana siguiente se levantó temprano, se bañó y se puso ropa de caza, desayunó con su señor padre y sus hermanos, tanto mayores como menores y las esposas de estos, los pequeños principitos que eran sus sobrinos también estaban y, a las 9, se despidió de todos con el pretexto de visitar el bosque para cazar solo un rato, si no lo creyeron, aparentaron bien que sí y si sí, pues mejor

El viaje hasta el burdel era largo así que cogió su mejor caballo, se puso una capucha sobre el rostro y partió con rapidez. Tardó casi la hora entera en llegar, cuando abrió a puerta ya tenía a Rinia enfrente, con mirada severa y más vestida de lo normal

-Usted señorito va a venir conmigo a mi oficina a hablar con cierta señorita sonrosada que quiere deciros algo y luego, tengáis tiempo o no, yo os daré una charlita nada bella-terminó severa, jalándolo de un brazo hacia su oficina, un cuartucho conectado a su verdadera habitación donde tenía un escritorio y papeles importantes, y en la silla, oh en la silla estaba Louise, miraba la madera casi admirándola

-Cariño, ya vino, los dejo solos-dijo Rinia con dulzura para luego salir por donde había venido

La chica alzó la cara y lo vio ahí, regio, imponente, y consternado, le hizo una seña para que se sentara y le sonrió un poco, estaba realmente nerviosa, y él se veía nervioso también. Recordó la nota "te quiere" eso le dio fuerzas para hablar

-Ho-hola Stephen

-Hola Louise, ¿estás bien?

-S-sí, solo…necesitaba decirte algo…yo, verás…yo-su voz falló en el último instante y se decidió a tocar la campanita que llamaría a Rinia con ayuda. La mujer llegó y se encontró a un estupefacto Stephen y a una nerviosa Louise, entendió que no se lo había dicho, así que se paró junto a la chica pasándole un brazo por los hombros le dijo al rubio con mucha seriedad y dureza:

-Está encinta, y es tuyo

Stephen no pudo ocultar su sorpresa, ¿Louise? ¿Esperando un hijo suyo? Las apalabras retumbaron en su cabeza y lo dejaron en shock, no había estado en esa situación desde el embarazo de Alina y, en ese momento, eran marido y mujer

Rinia los dejó solos, seguramente para que hablaran, pero las palabras no iban a su mente, ni tampoco a la de Louise, decidiendo ir por el camino más sencillo para iniciar una conversación con la chica, se levantó y la abrazó cogiendo su cabeza y poniéndola con delicadeza sobre su pecho

La castaña hipaba y lloraba copiosamente como si estar embarazada fuera la peor cosa que hubiera podido sucederle, Stephen supuso que era así, la chica tan solo tenía 15 años y acababa de ser desvirgada

-Ya, ya, ya pensaré en algo para hacer-le dijo Stephen con la voz más calmada y bondadosa que pudo mientras le acariciaba los cabellos

-¿N-no vais a abandonarme? ¿No me vais a matar al niño en e-el vientre ve-verdad?

-¡No! Pero por supuesto que no Lou, nunca lo haría, es tan hijo mío como tuyo, por ahora, quédate con Rinia y con las demás chicas, yo hablaré con mi padre y ya veré que hacer-respondió Stephen con tono cansado. Ahora debo irme, ya habrá requerido mi padre de mi presencia

-Sí, mi señor

El rubio salió por la puerta, dejando a Louise en el despacho, cogió su caballo y se puso la capucha por encima, luego se montó al zaino y partió hacia la fortaleza Roja

-¿Dónde estuviste toda la mañana muchacho?-Lord Berian era un hombre corpulento, de barba y pelo hirsuto y amarillo, casi un Lannister, con una voz grave y potente, hecha para gritar ordenes, tenía la barba con pequeñas trenzas, lo llamaban "el rey dothraki" aunque era obvio que era un noble de poniente

Stephen supuso que había mandado a uno de sus hermanos a buscarlo en el bosque, no podía decir que había ido a cazar

-Estuve viendo la ciudad padre

-No me mientas Stephen, estaba de putas, se ve en tus ojos, nunca fuiste bueno al mentir-dijo al rey sonriendo a su hijo, luego se echó a reír-ahora que estás viudo te estás dedicando a hacer unos cuantos bastardos, ¿eh, muchacho?

-¿Eh? Ah, sí padre-respondió Stephen soltando una risa floja, que daba a entender cuan acertado estaba su padre-¿padre? Me…preguntaba…si…

-¿Sí?

-No, no, mejor no, no nada padre, ¿puedo retirarme?

-Sí, espero no te saltes la cena, baja a las cocinas por algo de comer muchacho

-Si señor-dijo Stephen saliendo de la sala del trono "debo hacer algo, no puedo traerla tal como está, su estómago se hará más grande y se notará su embarazo, pero puedo traerla luego del parto…pero…puede morir en el parto, ¡no! Stephen no pienses eso, es más ya sé que haré"

En la cocina pidió algo para almorzar y, cuando se lo hubieron dado, se restiró a su cuarto a pensar las palabras perfectas para decirle a su padre sus planes