Disclaimer: Not mine.

Breve nota: Hum... muchos pensaron que el capítulo pasado era el final, pues no!!! Lily vuelve a la vida... just like me!!! Este chap va dedicado a todos ustedes que estuvieron como cuchillito de palo en que actualizara y a decir verdad, porque me hartaron es por lo que subo nuevamente. NO ES CIERTO!!! GRACIAS POR DARME ÁNIMOS Y AGUANTAR MIS CRISIS EXISTENCIALISTAS!! LOS QUEEEERO!!!

La nota era breve, no? Hope ya like it, it was so fun to write down Prongsie's disgraces...

A ustedes, Mis Nueve Morgens...

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La primera vez que se vieron fue poco más que inconveniente. Al menos para ella.

La primera vez que se notaron el shock fue para él, y nunca se sintió mejor.

La primera vez que pelearon ella ganó el pleito, él, el primer recuerdo de los dos.

La primera vez que bailaron fue el segundo, y más importante que su escote, resultó la profundidad de sus ojos.

Y la primera vez que se besaron fue triste, la segunda aún más... Y no habría tercera para mejorar…

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Capítulo 29. Raíces.

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James cayó de rodillas con ella aún en brazos. Hasta el sol había parecido detener su ascenso, pues en su rostro persistía un rayito de luz. Estaba dormida...

Se encontró nuevamente observándola, su rostro no había cambiado mucho desde el año pasado, de hecho, su complexión era la misma; quizá un poco más alta y más delgada. No era la única a la que se le había ido el apetito. Y se perdió entonces en sus pensamientos, preguntándose si acaso Lily habría tomado un tiempo para pensar en él, si se había molestado siquiera en notar cuanto había cambiado también. Y quería pensar que si... que por mínimo que hubiera sido se sentiría complacido de saber que él también le había intoxicado la existencia, que no era un cero para ella, que por mínimo que se sintiera -enemigo o no- formaba parte de su vida, como ella era lo único a lo cual aferrarse de la suya.

Y tan extraño como pudiera ser, James no sentía hundirse; quizá sería que se negaba a creer, aún cuando ni siquiera se daba cuenta. Había tomado la decisión, era él quien se alejaba de ella; pero no para morir, sino porque el oxígeno entre los dos amenazaba con arder a la primer chispa.

Que acaso ella no lo había visto?

Terminó por recostarla sin perderle detalle con la vista. Y se abrazó las rodillas cuando entre las curiosidades que recorrían sus pensamientos hubo uno especialmente ruidoso, pero no fue por t... le gritaba, y a pesar que la simple frase no haría sentido para muchos, a él le bastaba para derrumbarse, pues la simple verdad era demasiado peso para mantener.

El cielo comenzó a oscurecerse; parecía que el sol había desistido en sus intentos vanos por iluminar, como si supiera que ni su luz sería suficiente, mientras se ocultaba tímido tras oscuros nubarrones. La superficie del lago perdió tranquilidad al colarse en ella gotas de lluvia, discretamente en un principio, anunciando lo que sería los primeros diluvios de verano.

Una gota cayó en el interior de sus lentes, y sabía que no era de lluvia. Otra en el rostro dormido de ella, difícilmente sería una lágrima.

Acercó su mano para removerla inútilmente, ya que muy pronto las gotas comenzaron a caer con más periodicidad, empapándolos a los dos. Volvió a ella tomándola de la espalda y acercándola a su pecho, incluso así quería protegerla... que tonto.

Y del lago ya nada era visible, desconocido para él pues a su espalda, se había perdido entre una espesa niebla.

Se volvió al cielo entonces. Viendo entre el deslumbrar de las nubes la silueta de lo que indudablemente era un dragón. Berseker a la muerte de la princesita, apostaría. Su vista cambió a las orillas del bosque, se topó con un par de ojos, y sonrió seco. Un potrillo de unicornio salía a la luz y como reacción en cadena, apareció después una serpiente que flotaba, un lobo erizado por otro lado, siguió un ave de grandes alas del otro extremo, un zorro en llamas metros a su derecha, una rana gigante de dirección al lago, un hipogrifo dorado que bajó del cielo, lo que seguro era una arpía detrás de éste, una hag junto y algo sumamente perturbante salido de lo más negro del bosque (que parecía haber sido alguna vez un caballo-reptil) de alas con hoyos y tamaño preocupante, una hydra alada dejandose caer al suelo y algo que parecía una pantera negra.

Y uno a uno se formaron alrededor de ellos. James comenzaba a darse cuenta del gran nudo atorado en su garganta y de como la respiración se le hacía cada vez más difícil. Que las criaturas lo tuvieran fijado con la vista no ayudaba mucho. De hecho, contribuía para que las lágrimas no dejaran de salir. Podía diferenciarlas de la lluvia en su rostro.

Por primera vez en mucho tiempo sintió ese instinto propio de la desesperación: quería destruir, desgarrar, golpear, matar... quería gritar--

Y lo hizo.

Un rayo. Su resonar. Y en un abrir y cerrar de ojos se fueron. Ya no había más animales a su alrededor. Pero en su lugar figuras encapuchadas ocupaban los doce sitios.

Inconscientemente, James pasó una mano al cuerpo junto a él, para protegerlo, por si acaso. Al momento en que uno de los seres se adelantaba.

"Quién responde por el mortal?" preguntó el acento frío de una mujer, que tenía la voz llena de la alegría de un funeral...

... y por cómo le apuntaba con su lanza, la causa parecía ser él.

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"LaRue?" Preguntó inseguro Andrea Millen, el guapo heredero de Galahad. Mientras se ponía en pie harto de tantas horas tirado en una cama.

"Seeee?" Lestat sostenía sobre su cara una bolsa de hielitos. En ese momento no había nada que pudiera contra su dolor de cabeza.

"Supongo que has estado en la isla, como es?"

Eso si ameritaba atención... "Nunca has ido!?"

"Prefiero no hacerlo." Sonrió pícaro, cuando el otro rubio lo vilvió a ver con cara de incredulidad. "No tienes idea de las retorcidas situaciones que puedo provocar contemplando los términos: bellas mujeres, islas VIP y magia. Hmm... tengo serias reservas sobre mi autocontrol estando ahí."

Lestat sonrió. "Más que directo al la isla de Leones, a ver si se te quitan las ganas."

"Qué puedo decir: adoro ser hombre-- Juicio de q--ISLA DE QUÉ?!"

"Librem. Se juzga un mortal por las acciones cometidas en contra de Avalon, directa o indirectamente." Explicó Lestat, contento aunque verde. "Históricamente Avalon es una isla de mujeres, debes saberlo. En la época de las antiguas Morgens ningún hombre podía pisar suelo santo, ni siquiera uno con sangre de heredero. Por eso iban a parar a la isla de los Leones, que es una de las islas que conforman Avalon, nunca he ido pues desde el instalar de la jerarquía de las 12 Casas se nos permitió a los varones la entrada a la isla principal. Sería interesante ver si después de ti nos vuelven a prohibir la entrada. Eso, o el juicio. De cualquier forma terminas hecho pedacitos."

"Tan severo es?"

"Me temo."

"El consejo de Librem, es una muestra de la verdadera magia dimensional, por no decir avalonesa…" Interrumpió el letrado Pritt, cosa que Les agradeció. "Utiliza canales interdimensionales. De que manera logran la conexión está fuera de nosotros, pues solo tenemos registro de que se haya realizado una vez, y tenemos razones para suponer que ha sido la única--"

"Quien fue juzgado?" Interrumpió el heredero de Bedivere, el vivaracho Zacharias Latticae (Lâ-tica).

Pritt miró cuestionante a Lestat, quien retornó la mirada a su convaleciente padre y devolvió una sonrisa lastimera de aprobación.

"... El último descendiente de Lancelot. Fue que se perdió la casa de Earnshaw." Contestó serio. "No sabemos cuál fue el castigo, pero su agonía duró siglos."

Silencio. Cada hombre presente con la misma idea en la cabeza: Avalon había castigado a uno de sus protegidos.

"Doce estrellas, una maestra por cada familia; y Lilein lloró por la suya como una madre lo haría, siglos y siglos hasta el punto de la inconsciencia. Eligió el sueño desde entonces." Siguió Jaques. "Jocude tomó la vida del hombre poco después pues contra ella había sido cometida la ofensa, y para que su hermana durmiera en paz lo enterró en su jardin preferido."

"Qué tan grande necesita ser la falta para llegar a juicio?"

"No lo sabemos, en Avalon no se habla de eso." Se quejó Lestat, cayendo inceremonioso contra las almohadas.

Mas de uno tembló.

"Oigan, entrando al tema de cosas freakie, no debió haber amanecido ya?"

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"Pregunto nuevamente: Quién responde por el mortal?" siguió la figura encapuchada.

Silencio. James miró a todos lados, su rostro dibujaba lo que su boca no decía.

"El consejo se reune para dar sentencia entonces. Yves de Affalon dicta, sus hijos han de acatar."

"Que así sea..." corearon los demás personajes que sólo un sordo no hubiera dicho que se trataba de mujeres.

"Hijo de Avalon, en tu sangre fue vertido el juramento de obediencia, y hoy lo has violado. Una falta grave ha de ser, para justificar nuestra presencia, cometida en contra de Araya, Casa de Tormenta: Perjurio a su hija de manos del hijo de Orendra, Casa de Luz y doce somos los testigos..."

"No... yo..." comenzó a balbucear el chico, apenas entendiendo lo que estaba pasando.

"Y este es mi castigo: Que devuelva la sangre de la que no es digno! Que regrese a la tierra y que se purifique, mi hermana ha sido muerta, es justo pedir que su asesino experimente la misma muerte y que la repita una eternidad."

"La suerte de Prometeo." Cortaron todas. "Que así sea..."

"Quién responde por el Mortal?" casi vociferó en un acento etéreo. "Es mi última pregunta."

Nadie respondió.

"Que así sea..." La mujer empuñó con fuerza su lanza y la levantó, lentamente...

James se agazapó sobre el cuerpo de la pelirroja, ya sabía lo que venía...

Fwooosh la lanza cayendo...

Al momento, una colisión, fuerte por lo que pudo escuchar, y el sonido de cristales cayendo en pedazos.

Aventuró la vista para mirar a la mujer con la capucha abajo y sosteniendo lo que quedaba de lo que antes había sido una lanza de aguda punta. Era una morena de ojos de color apenas notorio, pero no lo miraba a él, sino a sus espaldas con el rostro hecho un poema. Se volvió a la dirección para ver que era lo que había sorprendido tanto a la mujer y se encontró mirando a otra figura que caminaba hacia ellos con el sigilo de un gato. Apenas se acercaba, James pudo ver orbitado a su alrededor unas lunas doradas y por la luz que emitían la única parte que la capucha color sangre no escondía: Una garra de uñas amarillentas y viejas que contrastaban con lo verde y brillante de una piel de reptil. James maldijo. Cómo pudo una bestia como esta entrar en los terrenos del castillo con la cantidad de guardas que habían levantado, lo ignoraba, pero igual no estaba sorprendido: los demonios tenían maneras que los hombres no comprendían.

Aferró a varita, olvidándose por completo de sus acompañantes. Al silencio lo siguieron murmullos ténues, después con mayor volúmen hasta que se ensordecieron con la pregunta que quedó al aire.

"Kelil...?"

Otra de las figuras que lo rodeaban, una que había quedado a su espalda habló, su voz una mezcla de culpa y esperanza.

"No has cambiado en tus maneras, Tazirina- perdón... Arias-Tazirina." Comenzó la figura, "Castigas a la eternidad y luego qué? Crées que se conformará con una simple disculpa? Yo te la restregaría todita por--"

"Aléjate criatura, tu no tienes participación en--"

La cuchilla rota se reformó ante los ojos incrédulos de James a los brazos de quien hasta hace unos momentos lo tenía como primer objetivo. Y como si previeran lo que iba a pasar las orbes brillantes se esparcieron en el espacio que circundaba en desafío.

"... y nada menos que con uno de tus cuchillos, que no sabes que dejan cicatrices feas?"

"Kelil..."

"Hiciste el llamado tres veces, y dictaste sentencia antes del tiempo de tolerancia. Pues bien, yo atiendo el llamado; yo hablaré por el mortal, y ofrezco mi vida como prueba de mi fé y razón."

Murmullos altos. Las mujeres rompieron el círculo.

"Que así sea..." Dijo en un acento obligado la primera.

Las otras siguieron. Aunque cierto suspiro hizo saber a James que no todas plenamente convencidas.

Otra se adelantó, descubriendo su rostro y su cabellera azul deslumbrante de la pesada capucha. "En nombre de la razón que represento, te ordeno hablar. El juicio no se reune si no es por una falta grave."

"Y crees que no lo sé!?" Respondió desafiante la última esperanza de James. "Si te mides conmigo eres una chiquilla, no trates de aleccionarme como si estuviera en la escuela porque, sabes? Esas cosas no se olvidan, y tu pequeña Urere- Cielos! siempre lo olvido- Hoc-Urere, no sabes nada de las cosas antes de tu tiempo..." se refirió con un tono despectivo, "... y ustedes parvada de buitres, bajen las capuchas que ya sé que les encanta verse interesantes."

Como orden divina las otras obedecieron. James pudo observar 12 mujeres jóvenes tan diferentes como el día de la noche.

La de la capucha roja hizo lo mismo, para el horror de James.

El cabello sedoso como terciopelo le caía por el rostro níveo cubriéndole la sien en delicadas ondas, dejando visible el azul profundo debajo de las pestañas y los labios eran carnosos y rojos como cereza... al menos la mitad de ellos. Mirando la otra mitad del rostro, las cosas eran demasiado contrastantes, si una mitad debía ser epítome de belleza perfecta, la otra era fácilmente una perfecta aberración: piel escamosa como la de la mano que había visto anteriormente cubría la cabeza en todo el lado, pupilas gigantes de serpiente y labios delgados y desiguales que parecían estar en putrefacción desde hacía ya un buen tiempo. Con toda razón la había confundido con un demonio.

Quién era esta extraña salvadora?

Le sonreía con la misma ternura de una madre que ve a su recién nacido. Incluso con lo bizarro de su apariencia, a James le inspiraba confianza.

Y súbitamente se volvió, esa expresión fiera ganando otra vez terreno en sus facciones.

"No se ha cometido crimen alguno." Habló entonces. "Y ciertamente no fue este mortal quien lo perpetró, sino ése no vivo que ha vuelto a los inicios, a manos del último guardián. Nada de lo que ha pasado tiene relevancia, los trece poderes han sido reunidos ya. La esperanza ha vuelto, y no morirá."

"Reunidos?" Habló una chica alta de cabellos lavanda, sus ojos eran amplios como platos de un granate ténue, Desafiante dió un paso adelante, su rostro lleno de una alegría que no alcanzaba a reconciliar pero antes que se acercara a una dostancia prudente para que pudiera ser vista en todo su esplendor, la mujer de la lanza- Tazirina dijo? La detuvo con el gesto de un brazo.

"Por qué he de creerte?" Continuó.

"Porque sabes que no miento." Continuó la mujer mitad monstruo. Arrodillándose. "Fui desterrada porque tenía una misión, puedo descansar en paz, la he cumplido. Esperé por siglos que esta mujer llegara, y ahora que los poderes se han reunido no tengo más que--"

"Fuiste desterrada porque cometiste una falta." Intervino quien respondió por el nombre de Urere.

"Y fue la única razón por la que tu subiste a cetro." Siseó la aludida, continuando desilusionada, "A pesar de los siglos te sigue faltanto tanto..."

"NO PERMITO--"

"NO PIDO APROBACI"N!"

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James estaba confundido, las cosas pasaban muy rápido, agradecía que la atención se disipara de él, pero ante todo se mantenía cauto. Celoso, protegía el cuerpo de la bella Lily entre brazos, como si velara su sueño, porque en el fondo aún se negaba a la idea de no verla nuevamente sonreír.

Las extrañas llegaron a un punto de olvidarse completamente de su presencia; su pelea había tomado aires tan infantiles que, James no dudaba, pronto estallaría a lo grande y sinceramente, no estaba seguro de querer presenciar eso. Sacó la varita, aun viendo por el rabillo del ojo si todavía quedaba alguien a su espalda, pero, qué hechizo ocupar? Seguro el podía aparecerse, pero eso significaría abandonar a Lily detrás y ni con amenaza de muerte lo haría en un millón de años. Apareció una camilla entonces, la colocó en ella y puso a su alrededor la barrera invisible más poderosa que conociera, bajo riesgo de que lo atraparan en el acto; se puso en pie probando el estado de sus músculos y llamó en él el hechizo de invisibilidad temporal. No estaba luchando contra death eaters, recordó con escalofríos, sino contra algo más grande.

Iba a ser una carrera difícil.

Dio media vuelta, y casi se va de espaldas nuevamente.

"No lo hagas peor." Dijo a media voz la mujer que lo recibió al incorporarse. Tenía un invisibilizador, maldición! No tenía oportunidades acaso? "No ahora que estás a punto de ganar una oportunidad..."

Más tarde, James recordaría lo que pensó justo en ese momento, antes de que la conciencia se le escapara: "Qué quiso decir con eso..."

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Despertó con la mañana, una bellísima. Había ramos de flores rosas colgando por encima de un pabellón hecho de raíces entretejidas, una bóveda en la que se colaban los rayos de luz hasta pegarle en el rostro.

Y a su lado, leyendo aún borroso, una tumba que leía un nombre: Earnshaw.

"Cieeeeeelos!"

James se puso en pie como un bólido. Temiendo con fundamentos la razón por la que había parado en tal lugar. Miró por todos lados buscando más indicios de por qué diablos se encontraba en un cementerio. No... estaba...

No estaba. Afirmación después de encontrar que habia estado recostado en una cama de hojas secas en el que había dejado un zurco que -obviamente- un muerto no podía. Le dolía la cabeza bastante como le pasaba cuando dormía de más, era de mañana, pero también hasta cuando supo. Había dormido tanto? Donde estaba? Miró nuevamente los alrededores. Esta vez relajado. Se encontró rodeado de árboles muy altos, y un ligero monzón le disparó una alergia por el exceso de humedad. Pero también hacía calor, era como si esta pequeña proporción de bosque húmedo estuviera sumida en una esfera tropical.

Ergo: no podía ser Inglaterra.

Intentó aparecerse. Imposible.

Un Oriéntame. La varita daba vueltas y vueltas.

Un Disparo...

Un Bombarda...

Un Wingardium...

Bueno, al menos la podía utilizar como leño si le daba frío.

Y con qué fuego? Dammit.

Panicking stage Maldijo y remaldijo no haber tomado ese curso de supervivencia muggle en que Caroline había insistido tanto...

"Hola?" gritó a la nada. Mitad enojado, mitad aterrado. "Algún ser vivo con capacidad de habla?"

Y si fuera vegetariano, mucho mejor.

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Caminó por horas, y cada que volvía la vista se encontraba en un lugar distinto: pasó por una selva de la que más adelante se extendía un caluroso desierto y luego unas cascadas tan altas que no se alcanzaba a ver desde donde caía el agua; encontró también en el cielo unas islas flotantes, y en otra parte llovía invertido, después le pareció que caminaba entre ramas, y había pasado de noche por un bosque para salir de éste luego de unos minutos cuando la tarde comenzaba a colorear de durazno el cielo, si es que eso era posible. O se estaba volviendo loco.

Buscó a Lily por todas partes, o a su cuerpo al menos, recordando las palabras y el pleito que había presenciado antes de entrar a esta locura. La chica no aparecía, de vez en cuando veía animales pero suponía eso era normal. Qué era el único ahí? Donde habían ido todos?

Acaso la suerte de Prometeo era esta, quedarse solo?

Eso pensó y de cierta manera lo había aceptado hasta que se topó con una parte de invierno permanente, lo bastante grande como para vencerle antes de lograr pasar. El frio le caló hasta el tuétano por lo que tuvo que buscar refugio de la intemperie. En poco tiempo encontró una cueva, solo rogaba que no tuviera oso contra en cual luchar por la casa.

Por fortuna, no tuvo tal problema, la cueva que encontró era lo suficientemente profunda para protegerse mientras comenzaba a guardar esperanzas que faltaba poco para salir a una zona más cálida...

Meaoww...

"Qué haces aquí?" Una vocecita curiosa le habló al oído.

Pero James con la paranoia de últimas horas no necesitó más para saltar como borrego asustado, y cuando se compuso miró escondiendo su vergüenza a la causa de su sobresalto.

Una niña de grandes ojos cobalto lo miraba extrañada, la cabeza ladeada. Llevaba un gatito en los brazos acurrucado y ronroneando contento de estar calientito mientras afuera se caía el cielo.

"Te estás escondiendo?" preguntó de inmediato con esa voz infantil. Despreocupada.

Qué hacía una niña así de pequeña en ese lugar?

No tendría más de cinco años, dedujo James por su tamaño, y antes que nada notó que parecía todo menos perdida. Tenía el cabello cenizo y largo, sostenido por una banda que lo apartaba de sus enormes y vivaces ojos grises. Tampoco podía vivir sola, el cabello cepillado y la ropa limpia decía que había alguien que veía por ella, estarían preocupados buscándola?

"Estás aquí, sola!?"

La chiquilla se encogió de hombros. "Nadie me quiere. Por eso juego solita."

Apretó al gatito que maulló en protesta.

"Niña, conoces a alguien aquí?"

Ella lo miró sin comprenderlo. Como diciendo: Tu no?

James sintió la necesidad de explicarse, pero la niña lo interrumpió nuevamente, con un tono triste. "Entonces a ti tampoco te quieren, te portaste mal?"

"Huh?"

"Qué hiciste?"

El muchacho lo evaluó un poco, si estaba solo, había dicho, era porque algo había hecho mal, la verdad le cayó pesada sobre los hombros en un momento y bajó la vista mientras los ojos se le nublaban de memorias. Lo único que había hecho en un principio era preocuparse por la vida de Lily, y valiente salvador resultó ser...

"Ser adulto es complicado." respondió con los ojos llenos de memorias.

Inesperadamente la niña se le abrazó a las piernas.

"Yo si te quiero. Quieres ser mi amigo?"

El pelinegro se enterneció con el gesto y sonrió al levantarla en brazos, disimulando bien las pena. "Me encantaría..."

"Genial! El señor Crispin y yo comenzábamos a aburrirnos, no es cierto?" la niña preguntó al animalito en brazos antes de dirigirse nuevamente a él, mirándolo con esos ojos que lo ponían nervioso. "El señor Crispin también está contento!"

James dejó salir un suspiro... al menos ya no estaba solo...

"Estoy perdido," admitió momentos después, echando un vistazo a lo seco de los alrededores, "para ser sincero no se ni como llegué aquí, quizá puedas ayudarme en eso... Tengo que encontrar a una persona."

"En serio?" La niña sonrió feliz. "A quien estás buscando? Yo puedo ayudarte, sabes? Conozco a todos en esta isla!"

James respiró aliviado, las cosas comenzaban a arreglarse. "Se llama Lily, estábamos juntos antes de llegar aquí."

"Ohhh..." La alegría que había llenado el rostro de la niña desapareció repentinamente, reemplazándose por un deje de tristeza. Y aún así sonrió. "Juntos la buscaremos, James."

Debió ser el exceso de emociones en una tarde, pero por más que quiso no recordó en qué parte le había dicho su nombre...

Meaoww... ?

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"... Sin duda." Puntualizó serio el anciano Elías Cromwell, heredero de Quadior. "Mi reloj se detuvo, no me había sado cuenta..."

"También a usted?"

"Cómo que también?" Andrea adelantó en pánico.

"Ya ya," intervino Dumbledore que llegaba sudoroso, con esa voz tranquilizadora que lo caracterizaba. "Las barreras están comenzando a desvanecerse, es normal que las guardas usuales se descontrolen un poco. El peligro ha pasado ya, diré a Poppy que les proporcione alguna pócima para dormir, todos lo necesitamos."

Los dos LaRue intercambiaron miradas. A las que poco después se les unió Pritt.

"Jacques, una palabra." Requirió el anciano director a buena distancia de los herederos que tomaban a regañadientes un líquido amargo.

"Por supuesto Albus."

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"Han tardado..." murmuró Pritt acercándose al descompuesto Lestat LaRue mientras veían avanzar a los mayores.

"Podrías al menos disimular, en unos momentos serás libre de hablar."

Apesar de que fue cuestión de segundos que los otros tres herederos cayeran dormidos profundamente, dicha oportunidad nunca llegó. Apenas el LaRue mayor abría la puerta de la enfermería, Sirius entró por ella a tropezones.

"Problemas", enunció ahogado, cayendo débil sobre el francés. "Muy.muy.grandes."

"Qué sucede Sirius, algo salió mal en la batalla. Habla muchacho!"

Sirius Black, aunque no al borde de la histeria estaba algo sacudido por los eventos recientes. Tenía sus bellísimos ojos azules completamente desorbitados y temblaba, incluso de la voz. "Ganamos, se han ido. Alain salió corriendo después, me fue- fue imposible alcanzarlo y hay- hay mucha sangre y los animales huyen del bosque, hay doce tendidos a la entrada, muertas, es una magia muy pesada, ma-más que la negra, es difícil respirar..." se aferró a la manga de quien lo sostenia. "Pensé que algo había salido mal aquí..."

"Todo está bien, necesitas recostarte un po--"

"Do-dónde esta Alain? Él venía hacia aquí. Hey, niño bonito," se refirió a Pritt. "No estabas con Babyred? Dónde está... JAMES!? También tenía que estar aquí!"

"No te preocupes, todo ha terminado, no es así? Ganamos esta--"

"No lo entiendes verdad? Hay un nundu muerto allá afuera, con los adentros tirados como si se los hubieran sacado a cucharadas!!" Vociferó con su voz ronca. "Tu no eres de aquí, y no creciste sabiendo quiénes eran los Potter, te tengo noticias frenchie, muchos de los augurios de muerte que existen en Inglaterra son ciertos, en especial los que tienen que ver con los Potter!"

"No te entiendo, en que parte encaja un Nundu picado?"

"Cómo crees que murió Amanda Potter?"

Lestat se puso transparente.

"Dónde.Está.James?" repitió con mayor acento mayor el pelinegro. Y sus palabras resonaron a oídos de los que realizaron la misma verdad...

Cómo pudieron olvidarse?...

"Antes de comenzar con la asignación de culpas," intervino Dumbledore; "Sirius, dónde fue que viste a todos esos animales...?"

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Caminó otro tanto, con añadidura a los hombros de una niña con su gato. Pasaron nuevamente por la noche permanente, las ramas, pero evitaron las cascadas y lo que había más adelante, pasaron en vez por una pradera de árboles muy altos de troncos con formas bastantes curiosas. Ahí se detuvieron para que James recuperara algo de aliento, y no pudo evitar notar como uno de los árboles más imponentes tenía una corteza que simulaba la silueta de una mujer de rostro afligido, de cuyos brazos abiertos a la par salían ramilletes de flores que desentonaban.

Cuando se dio cuenta la niña ya jugaba entre ellos con tal familiaridad que James pensó que era hora de hacerle preguntas.

Sin embargo, se quedó en el propósito, apenas se había adentrado para alcanzarla, el bosque se había quedado detrás y salía nuevamente a campo abierto. Un largo río recto nacía al este y terminaba al oeste, muy lejos en ambos lados, suponía, pues no pudo verle principio o fin.

Y del otro lado, la simpática niña con el gato en brazos, gritaba por él.

Meaoww...

"James! James! Estamos muy cerca, ven!"

Fácil era decirlo, cómo había atravesado el río?

Se acercó al camino del agua, y después de lanzar una piedra dentro, determino que era MUY profundo. Miró de vuelta a donde estaba la chiquilla y se puso el pie.

"Existe algún puente? Cómo atravesaste?"

La niña lo miró nuevamente con esa carita de Es obvio! "Pues caminando, tonto."

"Escucha, puede que para ti sea muy común, pero para comenzar no se ni cómo vine a caer aquí; segundo, no te ofendas pero esto de no encontrár más personas me comienza a dar mala espina, y tercero, no se ni tu nombre! Hasta donde sé, podrías ser cualquier criatura con ganas de que primero me ahogue para almorzarme!"

Cómo hubiera esperado, la niña adoptó pose de enfado. Lo que si no esperó fue la claridad y secuencia lógica de su contestación.

"Primero, señor Potter; caer sería precisamente el término adecuado a lo que usted hizo para llegar aquí, agradézcale a Kelil la oportunidad perder el trasero en lugar de la cabeza, literalmente; segundo, no me ofendo, si Ávalon no admite extraños, es bastante comprensible que la Isla de los Leones tampoco, que es el lado en el que está usted parado, aunque en esta no halla necesidad de negar la entrada, pues de cualquier manera ningún vivo sale preciándose de seguir siéndolo; tercero, me está tentando la idea de ahogarlo, pero no para almorzarlo, oh no... sino para que cierre la bocaza! Y si sigue mi consejo, querrá cruzar el río antes de que la noche termine de caer, o en verdad va a entender la razón por la que las personas no se quedan a vacacionar de ese lado!"

Bien, por un momento James se preguntó si Lily tenía más familia...

Pero solo fue un momento, pues apenas la niña acababa de terminar su diálogo tomó forma: un rugido resonó entre los árboles que de un momento a otro había caído bajo la sombra de una impenetrable noche, cómo había caido tan rápido, no era la pregunta a la que necesitara respuesta inmediata, sinceramente. Al momento le preocupaba más discernir el lugar de donde había oído provenir ese sonido...

"James! CUIDADO!"

La advertencia vino justo a tiempo; un león de melena de fuego arremetió furioso contra él, mandándolo a la orilla fangosa con solo una rasgadura mediana sobre la coyontura donde el brazo se une al cuerpo, James maldijo, bajo, ardía como si le hubieran cauterizado y se hubieran olvidado de llenarlo de whisky -a él- primero.

"Corre! James! Esas cosas no se pueden matar!"

Y con la misma fuerza, el animal de ojos en llamas volvía a la carga.

Contempló posibilidades de escape en menos de una milésima: El río tendría unos 20 metros de ancho y una corriente fuerte, ni con un salto lograría pasar de la mitad y la corriente no le daría espacio a continuar a nado lo que faltaba. Pero si se quedaba a pensar en otras opciones, el león colérico lo alcanzaría.

Y tenía que encontrar a Lily...

Lo más rápido que pudo, evadió, apenas por poco, las fauces del animal endemoniado. Corrió unos díez pasos fuera del alcance del animal, para dejarse venir en regreso buscando tomar impulso al llegar nuevamente a la orilla. Y saltó...

... y cómo había predicho, no llegó a más de la mitad del río...

Lily... fue su último pensamiento, mientras que arrastrado por el agua, su última imagen correspondió a la de una mujer de piel azul...

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"Oi, James? Vives?"

James volvía en si, completamente aturdido.

"Ustedes los chicos siempre tienen que hacerlo todo tan heróico. Y es a las chicas a las que nos toca, al final, salvarles el pellejo..."

"Qué pasó? Cómo llegué? Tu..."

La niña le sonrió, y estiró su dedo índice en dirección contraria. Seguían en el río, solo que en el mismo extremo. La niña señalaba la cabecita negra que asomaba apenas los ojos sobre la superficie del agua y que al hacer contacto con los de James, de un salto salió del agua mostrando el resto del cuerpo, en lo que fue su retirada. Tenía un cuerpo humano hasta la cintura, después de ésta, una cola brillantemente escamada de pez.

James la miró boquiabierto.

"Su nombre es Ekain, es una chica muy amable."

"Pero si es una sirena!" El chico reclamó de inmediato.

"Y muy talentosa con el arpa! No es genial?"

"Las sirenas comen gente."

"Quieres sinceramente a Lily, no es así?"

"A que viene eso?"

"A que sigues vivo, no?"

James permaneció callado.

La que le había parecido hasta hace poco una niña, a cada momento le hacía reconsiderar otro poco su juicio inicial...

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Para la hora en que James estaba totalemente seco, habían caminado hasta un viejo árbol que era el primero en una senda corta con escalones, era muy parecido al que había puesto a escalar a las pobres desgraciados que tuvo como alumnos; también tenía siluetas raras en su corteza, y pensándolo detenidamente, su árbol había tenido también algunas de esas peculiares formas. Solo que antes había fallado en notarlo.

Una mujer los habia estado esperando sentada en una de las enormes raíces. Una que reconoció casi al instante.

"A tí te he visto! Cuando Alain llegó a rescatar a Lily del portal!" James levantó la voz más de lo que había prentendido, y se mordió la lengua para no preguntarle si era pariente de Snape; después de todo, la pobre muchacha no le había hecho algo...

La mujer permanecía impávida.

Eso hasta darse cuenta -por la risa incontrolable de la niña en su compañía- que algo le había hecho, con nombre de peludo, azul y deforme. En el lugar donde segundos antes habia estado parado un apuesto humano de ojos azules se erguía un azul no humano ni apuesto pedazo de, bueno, nada.

James se ofendió a sobremanera. Sarcasmo evidente en su voz. "Fuí tu enemigo en otra vida? Te ofendí acaso de alguna manera?"

Lo miró extrañada. "No, pero lo pensaste."

"No tengo la culpa de que te parezcas a Snape! De acuerdo?" continuó impaciente, mirando por otro momento a la niña. "Dile que no fue mi intención ni-"

"Es Quadior, me- llamo- Qua-Quadior..." corrigió la niña entre lágrimas. "Ella es Dorka, una chica con un gran corazón." Rió otro poco, "Aunque muy corta paciencia. Ahora sígueme. Pasando los escalones entre esos árboles se encuentra el lugar." Lo guió hacia unas escaleras de piedra blanca, hablando bajito. "Y deberías saber que Dorka tiene grandes cualidades que compensan las otras de las que carece..."

"Lo sé." James musitó, enojado. "Parecer trasero de mula nunca es elección..."

No alcanzó a ver la sonrisa maliciosa que aparecía en el rostro de la chica que dejaban atrás.

Eso. A todas las lindezas que ya portaba, James le sumaría -en cuanto se diera cuenta-, un verdadero trasero de mula con todo y rabo peludo.

·

Quadior había dicho que estaban muy cerca, pero la verdad, con las nuevas características de su composición lograr subir un peldaño era objeto de medalla olímpica. Tenía un par de alas que le salían azules y se deslavaban a un blanco en la mera punta, estaba completamente cubierto de pelo azul y tenia unas inestables pezuñas de caballo -además de un trasero particularmente brillante que notó con un grito y una regia obscenidad- que con todo y todo hacían que el esfuerzo de subir los 10 míseros escalones equivaliera a escalar el Everest, en espiral.

Incluso el gato avanzaba más rápido!

"Con cada parada que hacemos me doy cuenta que más cosas no son lo que deberían. No eres una niña, verdad?"

"Te carcomía hacer la pregunta desde hace mucho..." respondió la niña sin siquiera volver la vista, jugando con su gatito, ya que se habían sentado a que James descansara las patitas. "Soy lo que todos me piensan. Incluso débil e indefensa como lo haces tú." Continuó, encarándolo. "Sé que eres una buena persona y tus motivos son verdaderos, incluso le agradas al señor Crispin..." dijo entre risas. Y de pronto se puso seria y triste, como él la había conocido.

"Pero hay algo que te incomoda, no?"

"De aquí se alcanza a ver un gran seto, hay unas cúpulas en el medio, busca la más pequeña, y verás a tu Lily... no puedo seguir contigo, y no me verás a tu regreso. Por eso, te digo: en el primer claro terminando este sendero, encontrarás una barca a la orilla de un diminuto lago, una persona espera para llevarte de vuelta...sólo prométeme algo, promete que te la llevarás lo más rápido que puedas." dijo la niña, suplicando.

"Por qué?"

"Porque probablemente no habrá otra oportunidad. Y porque mientras ella no me quiera cerca, no puedo volver, y no me gusta estar solita."

"No le agradas?"

"Es más complicado que eso." Quadior escondió la mirada en las caricias a su gato. "No me acepta, nunca lo hizo en realidad. Pero siempre que se iba yo podía volver con mis hermanas, pero ahora que le diste el último poder, no la dejarán partir... y yo me quedaré solita... y no me gusta."

"Que yo QUEEEEEE! Cuando pasó eso? Nunca lo hice!"

"No conscientemente, pero se lo diste." Rió un poco la niña. "Con ello la salvaste de morir... Si embarazarse constara de deseos y besos así. Los humanos hace mucho se hubieran vuelto plaga..."

James enrojeció notoriamente aunque con el azul de su piel dificilmente sería visto, a una niña no le quedaban ese tipo de frases... "Pero eso no evitó que esas mujeres quisieran hacerme a la romana."

"Ávalon no lo ve todo. Aunque mis hermanas piensen que si."

"Hermanas?"

"Somos doce, James. Creo que has conocido ya a Orendra y a Denubu."

El muchacho casi se va para atrás. "Eres una de ellas!?"

"No todas son tan accesibles, y aunque nos queremos mucho, pocas veces escuchan. A mi, casi siempre me olvidan, pues no le agrado a Lily... Yo no quiero que se quede, me dolería verla triste. A ella también la estarían condenando a una eternidad en soledad..."

... y a él a una vida sin ella...

"Sabes lo que va a pasar ahora?"

"El destino no es cosa que nos preocupe aquí, James. Es lo único totalmente irreal. Recuerdas el río? No tenías que esforzarte tanto para pasar por él, pudiste hacerlo caminando. Si lo hubieras querido."

"No entiendo."

"Avalon se mueve por el deseo James, la única verdad absoluta es la vida: no podemos originarla o modificarla. Ni podremos hacerlo. Esa es la importancia del treceavo poder; mientras que Orendra y Denubu pueden generar un cascarón animado que el resto de nosotras podamos llenar, éste seguirá siendo un objeto incapaz de reconocer emociones; el treceavo poder es la Voluntad... y en la usanza, los Myrrdhin le aportaron algo que ni siquiera pensamos en un principio: un alma."

"Pero mi don..."

Quadior rió serena. "Orendra obtuvo una capacidad muy tentadora sobre la vida, pero al final te darás cuenta que lo único que hace es jugar al vaquero de un rebaño de almas. Su tarea consiste en decidir el tiempo en que la cerca se abre para liberar cada una y detener su escape si se adelanta al plan."

"Cómo puede haber un plan si dices que no existe el Destino?"

"Bastante absurdo, no? Avalon estaría vacío de no existir la Voluntad, ése es nuestro plan."

"Eso es absurdo, quieres decir que una persona elige si morir o no?"

"No conscientemente. Orendra sigue órdenes, de los vivos, eso es. El alma decide por si sola cuándo es hora..."

"Tendremos que tomar una plática seria entonces mi alma y yo..."

"No lo necesitas, para las doce damas de Ávalon es increíblemente fácil entender su lenguaje, lo llevas impreso en la piel. Yo misma te puedo decir cúando es que tu alma ha decidido morir..."

James tragó saliva. En verdad quería saberlo?

".., y ciertamente no es aquí ni ahora... vamos loverboy, lo existencialista arruina mi fachada de niña, además, tenemos una doncella por rescatar..."

"Espera..." Armándose de valor, James continuó. "Quiero saberlo, cómo voy a morir?"

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Las instrucciones habían sido relativamente fáciles, de no contar con lo fácil que era hundirse en esa tierra y James no aportaba nada si seguía moviéndose así de frenético, llegó a la cúpula correcta. Temblaba de ansiedad.

Ahí la encontró, dormida en una cama de flores, respiraba tranquilamente y su rostro era sereno, como lo había sido en ese último momento. James se angustió por un momento, llenándose de dudas que se disiparon cuando la vio moverse. Su cuerpo estaba limpio, vestida muy simple en gasas blancas, y con su cabello cepillado. Nada parecida a la última imagen que guardaba de ella, y si le preguntaban: prefería esta mil veces.

Y se acercó a su lado, acariciando su cabello lo más gentil que podía. Contando lo mucho que luchaba por contenerse para no saltarle encima a besos.

"Vamos Babyred, abre los ojos." comenzó a rezar, recordando la promesa a Quadior. A veces alto, a veces en un susurro.

Como obedeciendo sus mandatos la chica comenzo a despertar. Mirando desenfocada antes de formar una frase coherente.

"Qué hago aquí?"

A James se le llenaron los ojos, su Lily despertaba como si fuera una mañana normal. Viva, y llena de energía.

"Qui- Qué eres?"

... Y como siempre, tuvo que recortar el encanto...

"Sabes," James entornó los ojos, no necesitaba que se lo recordaran así de seguido. "Es lo mismo que me he estado preguntando… pero por dentro sigo siendo James. Y la voy a besar señorita Evans, para que cierre la boca--"

Aprovechó la repentina sorpresa de la chica y le atrapó los labios en un beso largo y pasivo, supuso que Lily de un momento a otro le iba a soltar una bofetada, pero se sorprendió cuando en lugar, sus blancas manos se apoyaron en lo azul de su rostro. Acercándolo para profundizar el beso. Eventualmente eso hizo evidente la necesidad de aire.

"Di algo..." comenzó James, mitad incado mitad parado sobre la cama. Jadeando aún, muy cerca de ella.

"Dijiste que me callara."

"Puedes hablar entonces."

"Nunca había besado algo tan peludo y tan azul." Rió.

"Nunca antes lo había sido. Pero haces que se oiga bien."

De acuerdo, era hora de aterrizar...

"Cómo llegué aquí James? Y por qué tienes ese aspecto? Tuve un sueño muy perturbante, pero ahora que despierto tengo dudas... dónde está Richard? Por qué no está contigo? Siempre están juntos..."

"Sabes que hay problemas, yo tampoco me explico cómo llegamos... te lastimaron bastante, no recuerdas?"

"Yo... estaba muerta, James, yo estaba muerta!? Me desangré buscando a Richard! Dónde está? James, qué le ha pasado!?"

"Ávalon jamás te dejaría morir..."

"Por supuesto que lo haría, todavía quedaría Richard- RICHARD! No le pasó algo, está bien, verdad?"

"Richard está bien, perdido hasta donde sé, pero bien. Pero eso ya no importa, tu eres quien tiene los trece poderes, no él."

"Tengo que volver, James, moriré si algo le pasa..." Lily lo miró un segundo después, petrificada. "Cómo..."

"Al parecer, los besos y buenos deseos hacen maravillas." Musitó el joven azulado, entre contento y triste por tener que aceptar un poquito de la realidad. "Ahora, tregua hasta encontrar a tu amor, puedes caminar?"

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El gato advirtió con un maullido que se acercaban. La niña lo levantó en brazos amorosamente. Acariciándolo. La chica geniuda, Dorka, estaba a su lado y ambas miraban emprender el regreso de la singular pareja.

"Sé lo mucho que te encantaría dejarlo así, pero podrías? No se que esperar de sus hijos si lo dejas así... la verdad no quiero ni imaginarlo..."

"Debería ser más amable..." Dorka hablaba por primera vez, amilanada y con un acento muy bonito.

"Lo conociste en un mal día... eso es todo."

"Gracias por decir que tenía un gran corazón..."

"No mentí, eres especial, si no, cómo serías mi sacerdotiza?"

La chica sonrió, con su rostro tan distinto y hasta bello. "Iba a volver a su aspecto de todas maneras, Lily me simpatiza, no quiero arruinarle la descendencia. Pero si me lo permite: al aceptar al chico la aceptó a usted, lo demás es orgullo..."

El gato eligió saltar de los brazos de la pequeña, en ese preciso momento.

"Señor Crispin!" gritó la niña, emprendiendo carrera en su caza.

"Lo ve," continuó Dorka para si, "hasta un fantasma lo sabe..." con una floritura se aseguró que a lo lejos, lo que había sido azul, peludo y deforme, volviera a ser un apuesto joven de ojos azules.

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Lily estaba un poco débil. Fuera de eso, completamente sana. Tuvo que ayudarla un poco al principio, y cuando recuperó su yo usual, decidió que ahora que tenía balance podía llevarla en brazos, pese a sus protestas.

Como le habían dicho, la barca con la persona que los llevaría los esperaba. James bajó a la chica y miró por un momento el transporte, pensando mil cosas, aventuró el primer paso.

... y Lily lo detuvo del brazo.

"Entiendes lo que pasará si regresamos?" dijo ella, sin apartar la vista del frente.

"Volverá a ser lo mismo. Cuando se solucione lo de Voldemort, seguirá fastidiarnos la vida."

Lily se mordió los labios. "Ya no estoy tan segura de quererte hacer daño."

"Lo que debemos no es siempre lo que queremos." razonó James.

"Estamos firmando condena?"

"Llámalo como quieras..."

Meaoww?

James se volvió en automático, reconociendo el sonido. Pero para cuando lo hizo, Lily ya tenía en brazos al animalito.

"Estás perdido?" Lily preguntó, acariciándolo quedito. "Podemos llevarte..."

"No lo creo," intervino James, distante. Buscando entre los alrededores. "Conozco una niña que se sentiría terriblemente sola si te llevas al señor Crispin."

"Señor Crispin, eh? Tienes un lindo nombre..."

Meaoooww...

James ignoró olímpicamente su comentario, pues había encontrado lo que estaba buscando, "Lily..." comenzó, al pasar por ella hacia uno de los árboles cercanos, "creo que ya conoces a Quadior... es quien me ayudó a dar contigo."

La niña salió de las sombras... "Hola Lillianne."

"Hacía mucho que no te veía." respondió la pelirroja. Acercándose.

"Si. mucho tiempo."

Lily se arrodilló frente a ella, con una expresión serena, para soltar al gato, que saltó directo a los brazos de la niña. Y se miraron.

"Dónde estuviste todo este tiempo?" Comenzó Lily.

"No me he movido de aquí, te lo aseguro."

"Qué es lo que sigue?"

La niña se deshizo en una sonrisa triste. "Lo lamento tanto... por eso quiero que te marches... "

Lily imitó su expresión. "Lo sabía ya. Pero quiero quedarme con él, Richard lo es todo para mi..."

James no estaba seguro de querer oír lo que seguía...

"Asegúrate entonces de que no sea muy pronto."

"Lo haré. "

"Te esperaré con los brazos abiertos... pero ahora mismo será mejor que regresen, Tazirina echará rayos, y marca mis palabras, cuando descubra que se encontraron."

Lily rió, mientras James se acercaba.

"Gracias." Adelantó el chico cuando veía a Lily subir. "No tendrás problemas? Mi oferta sigue en pie... y Lily quiere al gato..."

"Ahora todo esta bien... Cuídate mucho James, y cuida que Lily no pise de nuevo esta isla, porque ya no podrá salir... y quiérela mucho!"

James la miró perderse en la niebla que aumentaba de espesor.

"Siempre..." susurró cuando se sentaba.

"Dijiste algo?"

"Si." James miró por la borda. "Pero es un secreto..."

·

Y desde la orilla podían verse aparecer detrás de la niña a dos mujeres adultas. Tan diferentes de sí como el día de la noche.

"De vez en cuando es bueno se la oveja negra, a que sí?"

"No más querida Orendra, Lily me ha aceptado, no es cierto?" Habló la niña, que de entre la niebla salía a la vista con la complexión de una mujer que seguía conservando los ojos traviesos. Y a su gato bien aferrado en el pecho.

"Gracias por intervenir." La primera la abrazó, gato de por medio. "A nosotras Nivne nos hubiera hecho escalopas."

"Y qué piensan las sombras, oscura Denubu?" preguntó la nueva forma de Quadior, en juego, al ver que la segunda chica no participaba.

"... que el cetro de Araya va a parir gatitos..." contestó la otra con una sonrisa.

Quadior la unió al abrazo. Verdaderamente feliz.

"Qué puedo decir... me gustan las historias de amor..."

·

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No se si solo soy yo, o el tiempo que estuve fuera de circulación, pero se me hace que terminé el chap algo existencialista...

Y si, sorry sorry por la tardanza. Sigo viva, o no?

Para terminar, solo alguas cositas:

---- El Bombarda debe hacerles referencia como el hechizo que usa Hermione para liberar a Sirius para los que ya vieron la película de HP PoA, y para los que no- er- Oops?

---- El Ávalon que manejo es de mi total invención, claro, partiendo de una base real, que son las nueve Morgens; para no poner más información que se me hizo excesivo mencionar dentro del texto, lo hice en una página aparte, encontrarán una semi-explicación a lo que tenía en mente cuando reescribí esto. Pueden visitarla en:

---- Me imagino que ya muchos habrán visto King Arthur; yo antes de verla, había decidido que pese a lo que manejaran en esa versión no iba a cambiar nada de este fic. Aunque admito que tenía curiosidad de ver que tanto le habia atinado a los nombres de los caballeros y, oh decepción! No salen todos! Haha... Pero a quien le interese saber la razón, según lo que había leído (golpéenme si no) es esta: los caballeros no compartían edades, y ciertamente no eran inmortales, así que los que llegaron a pertenecer a la mesa redonda fueron únicamente doce (aunque la mesa de la película me dejó pensando, se veia como que- masiva), no todos de la misma época. Y no se si fue nada más a mi a quien se le figuró que el que la hacía de- dammit, sigo olvidando si era Galahad o Gawain -pero es el del águila- (yo le voy a que es Gawain), es mi candidato ideal a Sirius... que puedo decir: me gustan desaliñaditos...

The hell i don't know who does this Dagonet stands for...

Ahiiiiii, son demasiados reviewers!!! y si me aviento dando las contestaciones voy a hacer esto el doble de grande, lo dejamos a la que sigue, vale? Digo, por uno le fallé a los 50! No importa que sean varios de la misma persona, me hace infinitamente feliz leerlos! Gracias!

·

Feliz de haber vuelto y hecha un nudo indio, Croiff.

(Y dejen review, minimo para saber de qué tamaño deber mi disculpa...)

:: 23·08·04 ::
No se por qué razón ffnet se está comiendo varios acentos y letras; en la segunda referencia se suponía debía aparecer una dirección de internet, sin embargo, es la quinta vez que subo esto y nada más no se deja. Pídanmela por correo.

:: 26·08·04 ::
Nuevamente lo intenté, deveras que si, pero Ffnet se niega... al menos ahora aparece lo de las Morgens... ya people rock!