Este es el primer fanfic que escribo de Dark Shadows, sed compasivos.

Dark Shadows pertenece a Tim Burton, al igual que sus personajes. No saco ningún dinero con esto, lo hago porque me gusta.

Julia se encontraba sentada placenteramente en un sofá del salón. Estaba leyendo un libro, relajada, mientras David jugaba con su perro, Luck; un alegre bull terrier que le habían regalado por navidades. Julia observó al joven jugar con su mascota a la vez que se acariciaba el vientre con las manos, muy pronto serían más en la familia.

Continuó leyendo pero, de repente, sintió un punzante dolor. David se giró bruscamente al escuchar caer el libro al suelo y la vio retorcerse de dolor sobre el sofá.

-¡Julia! ¿Estás bien?-preguntó, asustado.

Luck comenzó a ladrar alarmado por los gemidos de Julia y provocó que Elizabeth apareciese rápidamente.

-¿Qué ocurre?-preguntó.

-¡Llama a un médico! ¡He roto aguas!-gritó Julia.

Elizabeth corrió a por el teléfono, estaba tan nerviosa que le costaba marcar las teclas.

En cinco minutos, llegó un doctor con una enfermera y se pusieron manos a la obra.

Evidentemente, era más peligroso que Julia diese a luz en la casa, pero la famlia Collins era famosa y, por lo tanto, podría formarse un incómodo revuelo en el hospital.

Justo cuando los médicos se habían encerado con Julia, Barnabas apareció por la puerta de la casa.

-¿¡Dónde está!?-preguntó, histérico.

Elizabeth lo había llamado después de avisar a los médicos y el vampiro había salido de la conservera rápidamente.

-Tranquilo Barnabas, están en a consulta de Julia. Es el sitio más indicado para llevar a cabo el parto.-tranquilizó Elizabeth.

-Voy a entrar...-dijo, decidido.

-¡Eh! ¿A dónde vas? Sólo pueden entrar mujeres, vamos a entrar Carolyn y yo, tú te quedas aquí y esperas.-ordenó Elizabeth.

-¿Qué? ¡Por favor! ¡No me vengas con esas ahora!

-¡Son órdenes de los médicos!

Barnabas se sentó, a regañadientes.

Habían pasado tres horas, el vampiro no podía más. Estaba más que nervioso, estaba histérico, además de preocupado. Por si fuera poco, escuchaba los gritos de Julia que provenían del interior de la habitación. Daba vueltas de un lado para otro, como si de un tigre enjaulado se tratase mientras David le observaba en silencio con Luck sentado a su lado.

De repente, un lloro rasgó el incómodo silencio sepulcral en el que estaba sumida la casa. Barnabas paró en seco y abrió los ojos de par en par. David se levantó y se puso a su lado, esperando a que alguien saliese de la consulta.

Elizabeth abrió la puerta y se asomó, acultando el interior de la estancia.

-¡Qué! ¿¡Qué ocurre!?-preguntó Barnabas, alterado.

-¡Es una niña! ¡Una niña!-exclamó Carolyn.

Barnabas quedó sin aliento y totalmente petrificado. David le daba palmaditas en la espalda, dándole la enhorabuena.

-¡Carolyn espera! ¡Entra!-ordenó su madre desde el interior.

Carolyn, extrañada, cerró la puerta. La expresión de Barnabas cambió completamente.

-¿Qué demonios pasa?-murmuró.

David acariciaba a Luck, nervioso.

De nuevo, se escuchó el llanto de un bebé.

-¡DIOS! ¡NO PUEDE SER!-gritó Carolyn, aún dentro.

Después de diez largos minutos, se abrió la puerta de la consulta de par en par.

-Barnabas...alguien quiere conocerte.-dijo Carolyn, con emoción.

Barnabas tragó saliva, reunió todo su valor y entró.

Julia estaba tumbada en la camilla, totalmente agotada pero feliz. Barnabas se acercó a ella y la miró fijamente mientras le apartaba un mechón de pelo de la cara con suavidad.

-¿Estás bien?-preguntó.

Julia estaba demasiado cansada para contestar, a si que se limitó a asetir con la cabeza.

De pronto, llegó la enfermera con una preciosa niña en los brazos.

-Señor Collins...

La enfermera colocó con delicadeza al bebé entre los brazos de Barnabas. El vampiro quedó atontado, mirándola conmovido.

-Si crees que el lo mejor que te ha pasado en la vida, entonces deberías de ver esto.-dijo Elizabeth.

Barnabas se giró y la vio con otro bebé en brazos.

-¿Qué...?-comenzó a decir, pero las palabras no le salían.

-Sí Barnabas, Julia ha tenido mellizos. Saluda a tu hijo.

-Dios mío...

Barnabas miró a Julia, anonadado.

-No me mires así...no tengo expicación para esto...-murmuró Julia, alegre.

Barnabas no podía creérselo.

Había tenido que esperar doscientos años para encontrar el amor de su vida, y ahora no sólo estaba enamorado...si no que era padre de mellizos. Todo por lo que había tenido que pasar, todo lo que había sufrido...había merecido la pena.

-Por primera vez en mi vida...soy realmente feliz.-le dijo Barnabas a Julia.

-Yo también...no sabes cuanto.