La lluvia de ayer había teñido de gris el páramo. Jane se sentó a la orilla del camino y esperó, sin saber realmente que era aquello que esperaba, sólo para ganar tiempo y para demorar su llegada. No llevaba prisa porque al arribar a casa se encontraría sola con el silencio de los muebles y el calor del hogar. Si, tal vez la esperaban sus queridos libros de lectura que la ayudaban a evadirse de sus pensamientos, el gran caballero Ivanhoe luchando por sus nobles ideales, sin poder evitar verse reflejada en la imagen de Lady Rowena o del amor no correspondido de Rebeca.

La situación de las cosas la confunde, siente una inmensa gratitud por sus primos y su permanencia en Whitcross le ha resultado satisfactoria en sus labores como educadora de la pequeña comunidad agrícola, las niñas se han convertido en su principal compañía y motivación para seguir adelante. No niega que la esperanza de una muerte rápida la atormentó con frecuencia, abandonando toda esperanza de encontrar una felicidad plena, sintiéndose la mujer más desgraciada del planeta.

Cuando se sienta y se da tiempo para pensar, uno de sus mayores placeres sigue siendo rememorar sus días en Thornfield, incluso sin pensarlo, un simple flash de una libèlula y entonces El vuelve a hacerse presente. Su sonrisa, sus expresiones, esa manera tan suya de atraerla, las miradas cómplices, sus cumplidos, sentirse acorralada y atraída con su personalidad avasalladora. Sentir el corazón hinchado en el pecho, que la risa no cesara jamás, sentir que la alegría viene de la mano con él, dar por encontrada a la persona tan anhelada, ese ser que la entendìa, que la respetaba y la cuidaba, la consideraba su igual y que además era capaz de amarla, que quería compartir su vida con ella.

Anoche lo soñó nuevamente, ella habiendo aceptado la propuesta matrimonial de St. John Rivers en la casa parroquial siendo felicitada por sus primas, la Sra. Hannah, y entre las imágenes de caleidoscopio puede ver a Adele, Sophie, Blanche Ingram y rostros que no logra identificar que la observan severos. Ella viste traje de novia y con su primo del brazo, cruzan el camino hacia el altar de la parroquia, pero cuando su prometido la atrae hacia él para besarla se transforma en el señor Rochester, quien la besa apasionadamente y ella le responde acortando la distancia, sintiendo esos labios tan añorados, entonces nuevamente aparecen los rostros y la habitación se llena de fuego. Escucha a Edward llamándola, ella no lo puede ver y entonces despierta agitada y con el corazón a punto de salir por su boca,. En estas ocasiones siempre termina llorando y se levanta bastante abatida.

Si sólo su primo no insistiera con lo mismo y la dejara tranquila, si entendiera que no desea casarse, porque la única persona que podría desposarla no puede hacerlo. Entonces ella podría seguir con sus clases, la vida con sus primas y sus queridos recuerdos de Thornfield. Ademàs, secretamente espera recibir noticias de ellos, alguna carta de la señora Fairfax en respuesta a la enviada por ella hace ya tanto tiempo. Sigue pensando que estando en Inglaterra siempre estará la posibilidad de reencontrase con el señor Rochester, ni hablar de salir del país, menos poner tanta distancia entre ellos. Sabe que ella por su formación cristiana siente como una obligación de negarse a si misma y partir a hacer la obra de Dios, como tantas veces le ha inculcado su primo, amenazándola con la penas del infierno por sus pensamientos banales. A pesar de todo, ella sabe que no serà Feliz.

Jane, que ha sabido buscar su independencia desde que se viò sola en el mundo, que dejó el colegio Lowood buscando un cambio en su vida, que no regresó a casa de su tía la señora Reed y se aventuró en Thornfield con los resultados que conocemos y que a pesar de su infinito dolor no dudó en abandonarlo por no traicionar sus valores cristianos.

Llegó a casa con retraso pero ajena al tiempo, puso agua a calentar para tomar un té y se sentó junto a la chimenea, estaba muy helada por permanecer fuera tantas horas y con la humedad del ambiente filtrándose por su capa. Se notó el pecho apretado, se estaba resfriando y la cabeza le dolía terriblemente, sus ojos le molestaban, no podría leer. Se tapó con unas mantas y se dispuso a dormir un rato, quedándose dormida rápidamente. Entonces comenzaron nuevamente las imágenes a atormentarla, la misma secuela de siempre, ella de novia los rostros que la miraban con reprobación, su primo y El, besándola y dejándola con el alma en vilo al desaparecer de escena, ahora aparece Bertha Mason profiriendo maldiciones que ella no puede entender pero su expresión de demencia lo dice todo, y entonces Edward la sujeta para detener la agresión siendo atacado a su vez por Bertha que lo apuñala en el corazón. El se está desangrando y la llama a Jane, ella se acerca y están los dos solos nuevamente ella le abraza y lo besa, lo siente al tacto tan cálido, tan familiar, que despertó nuevamente agitada, pero sin llanto a pesar de las imágenes. Esta vez siente un extraño calor en su pecho que la reconforta y la anima a decidirse.

Entonces prepara su equipaje y avisa a sus familiares que debe emprender un viaje para tener noticias de las personas de Thornfield y una vez de regreso emprender el viaje con su primo. Ella sabe que no es sincera, que su deseo es encontrar a Rochester y que este la encarcele para siempre en su mansión, pero sabe que debe tranquilizarlos porque sería una ingratitud de su parte traerles nuevas preocupaciones.

Una vez que divisa el páramo prefiere caminar para no apresurar el momento, su estómago se contrae y le da sensación de vértigo, su corazón latiendo apresurado y no sabe si apurar el paso o devolverse. Nunca se ha considerado una persona ansiosa, parece que no se conoce tanto como creía hasta ayer. Divisa la mansión, pero su corazón se contrae, ya no existe el edificio ha sido arrasado por las llamas de un incendio, el incendio tantas veces soñado, le viene a los oídos la voz de Rochester _ "Usted es una bruja"_. Duda entonces, tan decidida que estaba en su propósito y ahora prefiere no haber venido, tiembla de temor por escuchar la mala noticia.

Un campesino le devuelve las esperanzas al decir que el actual señor Rochester vive, que lo puede encontrar, Jane siente su corazón a mil por hora y ya no quiere dilatar más el encuentro. Necesita verlo, necesita que él sepa que ella ha venido por él el, que lo sigue amando más que antes, que lo perdona, que lo desea. No puede esperar más, parte en el mismo instante hasta Ferndean.