Disclaimer: la Tierra Media y sus personajes pertenecen a nuestro querido J.R.R. Tolkien y a sus herederos. Demás personajes y lugares inventados son míos.


En la Comarca

Frodo se preparaba el pequeño refrigerio de la tarde (dos trozos de pan con manteca, un zanco de pollo frío, seis manzanas y una botella de vino), cuando oyó tocar el timbre. Se debatió unos segundos entre ir a abrir o ignorar la llamada. Tras oír un golpe equivalente a un derrumbe, decidió que lo mejor era abrir, al menos si quería seguir conservando su puerta. Y a hacerlo se dirigió, completamente ignorante del peligro que le aguardaba tras esa redonda puertecita...

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Ary volvió a llamar a la puerta, sin darse cuenta de que ya estaba abierta y estaba golpeando a un pobre Frodo, que cayó al suelo en cuanto Ary se detuvo. La joven lo miró extrañada.

–¿Acaso es costumbre en este país recibir a las personas tirados en el suelo? –le preguntó.

La elfa se auto-invitó a entrar en la casa. Pasó por encima de Frodo, pisándole una mano en el proceso, tropezó con la lampara colgada en el techo y luego, al girarse, se dio de frente con el marco de la pequeña puerta de la habitación contigua. Frodo la observó divertido en silencio, mientras ella profería insultos cada vez mal malsonantes, impropios de una dama como ella...bueno, de una dama normal. Luego, con la poca dignidad que le quedaba, Ary se levantó del suelo, pasó a la habitación y se sentó orgullosamente.

–¿No vas a servirme nada? –le preguntó la joven al hobbit.

–Si, claro, ¿que te apetece? –inquirió Frodo.

–¿Me estás tuteando? –se enojó la elfa.

–Eeeeee...¿no?

–Eso espero, puesto que estás hablando con la futura reina del Bosque Negro. Yo reinaré junto a mi amado príncipe y juntos crearemos un reino de paz y prosperidad que durará toda la eternidad y tendremos dos hijos y dos hija y esos hijos y hijas tendrán dos hijos y dos hijas cada uno y asi sucesivamente hasta que nuestra estirpe se halle en todos los lugares del mundo, siendo ejemplo de nuestro amor y devoción mutua, que se demostrará eternamente mediante...

Frodo, que había dejado de escucharla a mitad del discurso, preparó café y unas pastas y se acomodó en la silla de enfrente leyendo tranquilamente el periódico del día, mientras la joven, emocionada, relataba sus planes de futuro con su amado príncipe elfo de pelo rubio, al que dejaría calvo...ejem, al que adoraría por toda la eternidad.

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Mientras, a muchas leguas de distancia, cierto príncipe elfo de pelo rubio se disponía a hacer algo que él creía que resolvería todos sus problemas de memoria: escribir una carta a su padre. Tras mirar el papel diez minutos sin saber que poner, por fin se decidió a empezar, ya que algún día tendría que hacerlo de todas formas. La carta, una vez terminada, decía así:

"Padre.

En estos últimos días tengo la sensación de haber olvidado algo importante. Sin embargo, debo reconocer que no logro recordarlo, por eso os pido ayuda para esta tarea. ¿Recordáis vos algo que a mi se me haya olvidado? Por cierto, aprovecho también para preguntaros por vuestra salud, ya que sois la única persona del reino cuya salud es importante para mi...creo.

Atentamente,

Legolas"

Tras finalizarla, la metió en un sobre, la selló con cera y la envió por mensajero hasta el reino de su padre, creyendo que así solucionaría el problema de su mala memoria. Mientras veía partir al mensajero, un escalofrío volvió a recorrer su espalda (ya todos sabemos por qué...) y echó mano a su puñal, mirando a su alrededor como un perro acorralado.

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–¿Dónde está? –repitió Ary por enésima vez.

–¿Dónde está quién? –preguntó a su vez Frodo también por enésima vez, sin tener ni idea de a quien se refería la elfa.

–¡¿Quién va a ser?!

–Si hablas de tu cerebro creo que se fue por la puerta hace rato...aunque quizás no lo hayas tenido nunca –le respondió Frodo harto de la conversación.

Llevaba media hora escuchando a la elfa parlotear sobre su amado elfo y sus planes de futuro con él y ya estaba hasta las narices de la maldita elfa.

–¡¿Cómo te atreves a hablarle así a la futura reina de los elfos?! –exclamó ofendida Ary.

–¡Como no seas reina de los pesados! –replicó Frodo.

–¡¿Qué?! Haré que te condenen a muerte por esa ofensa –amenazó ella.

–Sería mejor que seguir escuchándote –se burló él.

–¿De verdad? Pues entonces haré que te cuelguen por los ****** (censurado) mientras tiran de ti cuatro caballos en direcciones opuestas. Luego haré que te corten la **** (censurado) con un cuchillo mal afilado y oxidado, la frían y te la obliguen a comer. Después, te meteré en una olla gigante con aceite hirviendo y luego, mientras aún vives, te descuartizaré y te echaré de comida a unos orcos amigos míos que viven en las Montañas Nubladas (los orcos en cuestión sintieron un escalofrío colectivo) para que se den un festín con tu carne. Y con tu cabeza haré un pelota y se la daré a unos niños para que jueguen –explicó claramente la elfa. –¿Ha quedado claro?

Frodo asintió con la cabeza.

–Entonces empecemos de nuevo –dijo Ary serenamente. –¿Dónde está?

–¡¿Quién?! ¡¿Dónde está quién?! ¡Dime el maldito nombre de una maldita vez, porque si no no se de quién cojones me hablas! –gritó Frodo zarandeando a la elfa desesperado.

–¡Ah! ¿Y por qué no me lo has dicho antes? –preguntó Ary inocentemente. Frodo se contuvo de coger el cuchillo a duras penas. –Hablo de Legolas, por supuesto. El más guapo, más fuerte, más agil, más...

Frodo, con un tic en el ojo derecho, contó hasta cien, mientras la elfa seguía alabando a Legolas como si él pudiese escucharla.

–...y es mio, por supuesto –remató Ary. –Entonces, ¿sabes donde podría encontrarlo?

–Ahora mismo no sé, pero si sé donde estará dentro de unos años si se casa contigo...

–¿De verdad? –preguntó Ary sorprendida. –¿En dónde?

–¡En un manicomio, por que aguantarte a ti vuelve loco a cualquiera!

Dicho esto, Frodo, con una fuerza hasta ahora desconocida en él, arrastró a la sorprendida elfa hasta fuera de su casa, la sacó de su jardín dejándola sentada en el camino y volvió a su casa, cerrando la puerta con fuerza tras él. Ary se quedó mirando la puerta sin saber que hacer, hasta que la puerta se abrió de nuevo y volvió a salir Frodo con la capa de la elfa. El hobbit se la puso en las manos y volvió a entrar.

–Pero...no me has dicho dónde está Legolas –preguntó Ary a la puerta.

Tras unos segundos, la puerta se abrió y la cabeza de Frodo se asomó.

–¡Pregunta en Rivendel! –le gritó. –¡Y no vuelvas por aquí!

Frodo cerró la puerta con fuerza. Ary, sorprendida, ya que nadie nunca la había tratado así, se quedó mirando la puerta unos segundos y luego, sonriendo alegremente, se montó en su caballo y partió a la búsqueda de nuevas de su elfo a Rivendel. Por el camino, iba cantando una canción de cosecha propia, que hablaba de cómo cortar el pelo a un elfo sin que él lo supiese.

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En otra parte de la Tierra Media, Thranduil, padre de Legolas, miraba la carta de su hijo con cara indescifrable. No sabía si reírse, llorar o ignorar el asunto. Luego de mucho pensar, decidió escribir una contestación y la envió por medio del mismo mensajero que había mandado Legolas. Lo que no sabía el rey de los elfos, es que sus consejos serían de gran utilidad en el futuro para su hijo...

"Querido hijo mio.

Lamento informarte que no sé lo que has olvidado, pero déjame darte un consejo: quizás deberías cubrir tu espalda, ya que preveo que en poco tiempo correrás un grave peligro. Para prevenirlo, te recomiendo que te cuelgues dos carteles: "propiedad privada" y "pelo reservado por posible corte de novia vengativa". Te deseo lo mejor es este nuevo reto que te espera. Siempre te recordare con cariño, hijo mio.

Atentamente

Thandruil"

Continuará...


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