Hogwarts, Junio 2024

Pero por lento que parezca pasar, lo cierto es que el tiempo no se detiene y pronto tuvieron los exámenes finales encima. Todos intentaron dar lo mejor de sí, algunos con mejores resultados que otros. Y finalmente fueron libres. Ahora ya solo quedaba esperar hasta que las notas llegaran en Julio.

La última cena antes de dejar Hogwarts estuvo tintada de verde, al ganar Slytherin la Copa de las Casas gracias a la victoria en la competición deportiva. A pesar de la buena actuación de su equipo, el joven nuevo buscador de Hufflepuff no había sido rival para Albus Potter que desde que había llegado a Hogwarts solo había perdido dos competiciones de las seis que había jugado, la del primer año contra Gryffindor, y solo porque su hermano James era un gran buscador (aunque de un equipo bastante irregular), y la otra contra Hufflepuff, el año pasado debido al partido que ya todos conocían como el partido del accidente.

Un accidente extraño. Scorpius recordaba haber intentado fintar para engañar a Potter cuando vio la snitch a ras de suelo y se lanzó en picado al mismo tiempo que el Slytherin. Habían mantenido una encarnizada lucha en un descenso vertical vertiginoso que detuvo el corazón de casi todos los presentes, cuando en el último momento ambos jugadores lograron, solo por los pelos, recuperar la posición horizontal persiguiendo la snitch a ras de suelo para alzar el vuelo de nuevo y finalmente terminar en un no menos brutal aterrizaje que les había dejado hechos un cromo. Habían estado dos semanas en la enfermería. Y personalmente Scorpius creía que habían sobrevivido de milagro. Finalmente la victoria había sido concedida a su equipo debido que en ese momento llevaba más puntos acumulados gracias a Diana, Henry y Mark, que eran el mejor trío de cazadores que habían pasado por el colegio desde los tiempos de Alicia Spinet, Angelina Johnson, y Katie Bell, del famoso equipo del Gryffindor de Harry Potter.

Para la gran mayoría esa última cena solo marcaba el final del curso escolar y el inicio de unas vacaciones. Pero para los alumnos de séptimo curso marcaba el inicio de una etapa.

A partir de ese día dejarían de ser alumnos de Hogwarts y, aunque ya hacía un tiempo que muchos eran mayores de edad, era a partir de ese momento cuando realmente se enfrontarían el mundo adulto.

Una pandilla de jóvenes en busca de un futuro.

Algunos de ellos, la mayoría, ingresarían en diferentes academias de artes y oficios. Como Albus Potter, que entraría en la academia de Aurores. Scorpius Malfoy, pero, tenía una mesa esperándole en la empresa de su padre.

Una mesa, sí, pero sin despacho, si quería un sitio importante en la empresa tendría que ganárselo. Y el principal problema para Scorpius era que no sabía si realmente lo quería.

Nunca antes de ese fin de curso se había planteado si el futuro que su padre había planeado para él era lo que realmente quería; Y Scorpius no estaba seguro que fuera lo que quería, pero un par de conversaciones y una oferta ciertamente interesante habían hecho que empezado a dudar de él mismo.

La primera semilla de duda la había sembrado sin saberlo Albus Severus Potter la noche que le "invitó" a cenar en las mazmorras. La actitud que había tenido al describir lo que quería hacer al salir de Hogwarts, la pasión usada por el moreno al hablar de lo que quería que fuera su futuro,… días más tarde hicieron que él empezara a plantear hasta qué punto quería el futuro que le indicaban sus padres o quería algo más.

Desde entonces Scorpius se fijó en que casi todos sus compañeros focalizaban sus energías en algún objetivo concreto y no solo en aprobar los exámenes como hacía él. Y una tarde especialmente aburrida en la enfermería con el enfermero Macmillan éste le había preguntado por su futuro y no había sabido qué responderle.

Un tiempo más tarde el enfermero le preguntó si se había planteado hacerse apoticario. Parecía que se le daban bien las pociones y ciertamente tenía un don para acertar la que mejor efecto tendría en cada uno de lo pacientes que entre los dos atendían cada tarde. De hecho Scorpius nunca se había planteado nada a parte de trabajar para su padre. Y aunque era una alternativa interesante no quería tomar ninguna decisión precipitadamente.

A pesar de su indecisión al respecto el enfermero le había ayudado a pedir información de las diferentes escuelas de artes y oficios a las que podría entrar con los estudios que había realizado en Hogwarts. Y él no había protestado porque prefería pecar de previsor que de desinformación.

—Pareces estar muy lejos de aquí —le murmuró una voz en el oído haciéndolo volver al presente de golpe.

—Sí. Pensaba en el futuro —murmuró Scorpius mirando a su compañero mientras intentaba concentrarse en el trabajo de empaquetar todas sus cosas dentro de dos baúles que tenía abiertos a los pies de la cama.

—Venga va Scorp, no sé de qué te preocupas si tú tienes el futuro solucionado.

—Sí, supongo que en cierto modo lo tengo más fácil que la mayoría.

—Sé de mucha gente que daría lo que fuera para poder tener un trabajo en las empresas de tu padre. En los tiempos que corren…

—Tú tampoco tienes de qué preocuparte, porqué serás medimago Connor, un gran medimago, no tengo ninguna duda.

No sabían las notas de los exámenes aún pero Connor ya tenía la matrícula hecha para la facultad de medicina de Londres, donde se cursaban los dos primeros cursos de preparación necesarios para entrar a los cursos de medimagia del hospital San Mungo.

—Estoy deseando que empiece el nuevo curso. Siete años sintiéndome un poco por debajo de todos vosotros por ser hijo de muggles y no conocer el mundo mágico… y ahora volveré a mis orígenes. Será un cambio muy divertido —comentó Connor frotándose las manos con anticipación.

—No sabía que tuvieses sed de venganza… —comentó Scorpius divertido y sorprendido por los comentarios de su compañero de habitación de siete largos años.

—Bueno digamos que me gustará ver a algunos de nuestros compañeros compartiendo clases y facultad con un buen puñado de muggles durante dos años sin saber del mundo muggle más que las pobres enseñanzas que han recibido en clase de estudios muggles —dijo Connor con una sonrisa en la cara.

—Eres malvado Connor —le dijo Scorpius también sonriendo.

—Oh, sí Connor es un maestro del mal —comentó Diana entrando en la habitación despreocupadamente—. Por eso ayer mismo pasó tres horas explicándole a Sara Mayer qué era lo más importante a tener en cuenta para que no…

—¿Sara Mayer? —preguntó Scorpius enfadado.

—No es lo que crees —tartamudeó todo rojo Connor.

—Quizá no serás tan buen médico al final —comentó fríamente Scorpius—. Y yo que pensaba que eras un tío inteligente.

—Venga Scorp, no seas así. El pobre está enamorado —dijo Diana esquivando un cojín que Connor le lanzaba en aquél momento.

—Diana ve a buscar a Mark a otro lado, ya ves que no está aquí —le contestó secamente Scorpius todo empujándola un poco para que se levantara de su cama y no le chafara las túnicas limpias.

—Buen intento capitán —dijo ella apartándose de la cama y dirigiendo la mirada y las manos al baúl de Scorpius—. Pero no venía a buscar a mi novio, venía a buscarte a ti.

—Ya no soy el capitán —le recordó apartándola del baúl para que no cotilleara más.

—No seas tocapelotas Scorp. Sabes que puedo ser muuuy pesada. Y tengo maneras de…

—Está bien. Pero que sea rápido. Aún tengo muchas cosas para empaquetar y ya sabes que no me gusta hacerlo con prisas, porque luego todo queda arrugado y hecho un revoltijo y…

—¡Oh! ¡Calla Malfoy, que eres peor que Mary Beth! —Exclamó ella arrastrándolo fuera de la habitación sin hacer ningún caso a las quejas de Scorpius.

El equipo le había preparado una pequeña fiesta en la sala común. De hecho toda la casa de Hufflepuff estaba allí para vitorearle.

—¿Se puede saber a qué debo el honor? —murmuró él mirando a su alrededor desconcertado cuando los gritos iniciales amainaron.

—Es una fiesta de despedida, tonto. ¡Al fin y al cabo eres el primer capitán que logra que ganemos la copa de Quidditch y con ella la Copa de las Casas en más de cincuenta años! Eso merece una celebración, ¿no?

Todo el mundo gritó un sí ensordecedor y los globos que adornaban la sala estallaron llenándolo todo de confeti.

—Creía que ya lo habíamos celebrado el año pasado —murmuró Scorpius a la oreja de Diana mientras todos levantaban los vasos de papel llenos de refresco para brindar a su nombre.

Entonces la morena hizo callar a todos poniéndose sobre una mesita para que todos la vieran y luego le hizo subir a él.

—Todos sabemos que no fue justo que te perdieras el último partido de la temporada, ni que hayas tenido que renunciar a la capitanía, aunque admito que estoy contenta de haber podido ser capitana unas semanas —todos rieron—. Todos sabíamos que con todo lo de las pociones obrabas fuera de las normas y agradecemos que te preocuparas por nosotros durante tanto tiempo. En los últimos siete años, contra todo pronóstico, has demostrado ser un verdadero Hufflepuff, leal y justo, un amigo paciente y un hermano verdadero. Como Premio Anual te quiero dar las gracias en nombre de todos los Hufflepuff presentes y futuros por ayudarnos a recuperar el honor y el orgullo de pertenecer a nuestra casa. Como amiga y compañera te quiero dar las gracias por todas las vidas que has cambiado en esta escuela y todos los corazones que has tocado con tu gentileza —dijo tocándose el pecho con una mano y el vientre con la otra mientras los ojos de le llenaban de lágrimas.

Scorpius no pudo evitar tocarle la mejilla y secarle con el pulgar una lágrima que le caías por el pómulo. Ella le cogió la mano y siguió hablando con su voz firme.

—Gracias Sorpius Malfoy por tu amistad. Te deseo, deseamos, mucha suerte en el futuro. Que la vida sea justa contigo y te de tantas alegrías, amor y salud como has repartido este tiempo entre nosotros. Hufflepuff, alcemos las copas por nuestro capitán, nuestro amigo, nuestro hermano ahora y siempre.

Y de nuevo un grito de alegría ensordecedor estalló en la sala común de Hufflepuff.

Toda esa demostración de amistad y gratitud cogió a Scoprius desprevenido. A penas si pudo evitar que los ojos se le entelaran mientras recibía muestras de afecto por todos lados.

Pronto la sala estaba llena de gente bailando y divirtiéndose al son de la música que cuatro Hufflepuffs hacían sonar en medio de la sala. Vasos llenos de refrescos, platos llenos de comida, risas, amigos, despedidas y hasta prontos y un joven de ojos grises con un nudo en el estómago que no sabía qué hacer con él.

—¿Por qué no sales a tomar el aire? Yo te cubro si descubren que te has escabullido de tu propia fiesta de despedida —le susurró Connor mientras le empujaba levemente hacia la puerta de la entrada.

Su mejor amigo sabía que Scorpius era como todos los Hufflepuff más dado a las muestras de afecto que la mediana inglesa, pero aún así demasiadas muestras de afecto, aún ahora siete años después de ser seleccionado para la casa de los tejones, tenían un efecto embriagador y sobrecogedor para él.

En silencio Scorpius se alejó del estruendo de su sala común y salió al desierto gran recibidor del colegio. Sin pensarlo dos veces se dirigió a la puerta y salió a fuera, a la fresca noche de verano.

La caminada a la luz de la luna le calmó. Pero de todos modos no se veía capaz de volver a la sala común para decir adiós a todos los amigos que había hecho en esos siete años. Nadie le había preparado para ello, nadie le había prevenido del dolor de la despedida.

Con la cabeza aún demasiado llena de palabras de sus amigos se dirigió hacia el baño de los prefectos para tomar un último baño de burbujas antes de meterse en la cama una última vez en ese castillo que durante tanto tiempo había sido de algún modo su casa.

Cuando casi estaba en la puerta una mano lo detuvo agarrándole del hombro.

—Perdón, no quería espantarte.

—¡Potter! —exclamó Scorpius intentando recuperar el latido que su corazón se había saltado instantes antes.

—Sí… ¿No tendrías un momento por casualidad?

—Pues de hecho iba a tomarme un baño antes de ir a dormir —dijo desconcertado y un poco incómodo por la inesperada compañía Scorpius.

—Bueno da igual, no pasa nada… tampoco era nada importante —murmuró deprisa Albus mientras se alejaba.

Pero Scorpius sabía perfectamente que un Slytherin no te pide nunca hablar contigo si no tiene nada que decir, ese "da igual" encendió todas las alarmas; Por alguna razón era como si hubiera visto a su propio padre rehuyendo hablar de algo realmente importante.

—Potter espera —le dijo para detenerle. Sabía lo que le podía llegar a costar a un Slytherin reunir el valor para decir según qué cosas y algo en la mirada baja del siempre altivo Albus Potter le estaba diciendo a gritos que eso era importante—. Tampoco es que tenga prisa. Si hay nada que me quieras decir… —tanteó el terreno intentando no parecer evidente para no asustar a la esquiva serpiente.

—No, yo...

En ese momento Albus tomó aire y lo dejó salir lentamente. Intentando recordar de donde había sacado el valor para buscar a Scorpius esa última noche en Hogwarts.

Scorpius se esperó en silencio.

—Verás —empezó de nuevo Albus intentando recuperar un poco su postura habitual de seguridad—. Estamos a punto de cerrar un ciclo de nuestra vida y creo que, que para cerrarlo… para hacer las cosas bien yo… —pero parecía que seguía sin encontrar las palabras—. Quizá yo… —después de una segunda profunda respiración dijo de una tirada—. Supongo que ha llegado el momento para mí de cerrar una puerta que… Lo que intento decir es que el otro día te mentí —acabó confesando con cierta dificultad.

—¿En qué? —preguntó Scorpius sin transmitir ni una pizca de la angustia, la inseguridad o la curiosidad que en esos momentos le estaban matando.

—Cuando me preguntaste qué habría hecho si tu… —y en ese momento a Scropius le pareció que los ojos verdes de Albus se volvían más verdes aún y adquirían una profundidad y una luz que Scorpius no habría ni podido imaginar antes, justo en el preciso instante en el que Albus repetía— …te mentí.

Completamente hipnotizado por aquella mirada y la intensa aura de necesidad y de comprensión que emanaba de Albus, Scorpius tardó unos instantes en entender lo que había querido decir.

—No me habrías delatado —murmuró Scorpius, sorprendido pero con la seguridad de que no se equivocaba. De repente era más que evidente por qué Albus parecía tan nervioso esa noche—. Aunque hubieses descubierto que yo… no me habrías delatado.

—No —murmuró Albus con una sonrisa triste en los labios. Tenía el corazón en un puño y la sensación de que se le pararía en cualquier momento.

La intensidad de esos ojos verdes, la angustia y el sufrimiento que parecía que estaban reteniendo, avasalladores para Scorpius.

—No lo entiendo. ¿Por qué de repente este interés en mí y mi seguridad, Potter? ¿Por qué arriesgar tu futuro, tu carrera de Auror para evitar que yo me metiera en problemas?

—Verás… yo… es decir… —empezó a tartamudear Albus, intentando no hiperventilar y encontrar de una vez la forma de decir lo que tenía tanto miedo de confesar—. ¿Recuerdas cuando en la mazmorra te dije que había una pregunta que solo tú podías responderme?

—Sí…

—¿Recuerdas cuando me preguntaste qué quería de ti? —dijo mordiéndose el labio inferior.

Y cuando lo hizo, de repente, todas las miradas de Albus a lo largo de esos años, todos los comentarios, todas sus acciones pasadas, cobraron sentido para Scorpius.

"Todo" había dicho esa noche.

Ara lo entendía. "Todo".

Asustado por lo que eso podía significar, Scorpius dio un paso atrás chocando con la pared del pasillo que tenía detrás.

—Lo siento, no quería incomodarte —dijo a su vez Albus apartándose también un paso atrás al ver que Scorpius había entendido lo que intentaba confesar. Un suspiro se le escapó con la sensación de que por fin todo había terminado—. Solo quería que supieras lo que sentía antes de que acabáramos nuestra estada aquí. Cerrar el ciclo.

—¿Co… Cua… Por qué? —Intentó preguntar sorprendido Scorpius, luchando aún con el agobio que esa confesión le había provocado.

—No lo sé —respondió mucho más calmado Albus—. Una parte de mí creía que si esperaba lo suficiente quizá algún día tú… Pero supongo que me he dado cuenta de que es hora de decir adiós. No quiero mirar atrás de aquí a unos años y preguntarme qué habría pasado si hubiera reunido el valor suficiente para confesártelo —dijo con suavidad, rendido, sin fuerzas para luchar con la vergüenza que sentía.

Scorpius no supo qué decir, no podía hablar, no podía pensar.

—Eres un chico muy especial y la chica que elijas será muy afortunada Scorpius Malfoy. Te deseo mucha suerte. Adiós —murmuró Albus, le miró con una tristeza en los ojos y una dulzura en la voz que paralizaron aún más a Scorpius.

La manca de reacción de Scropius envalentonó a Albus para hacer un último gesto. Por una vez no reprimió su instinto y dio un paso adelante.

Scorpius vio, sin hacer nada para evitarlo, como Albus se acercaba a él tras unos instantes de duda; Y aunque sabía perfectamente con qué intenciones, no se movió. No podía moverse. ¿No quería moverse?

Unos segundos más tarde los labios trémulos de Albus se posaban suavemente sobre los de Scorpius en una caricia tierna.

Con el corazón detenido por unos instantes, ambos cerraron los ojos incapaces de hacer nada más.

Y entonces Scorpius notó como esos labios suaves se alejaban de los suyos.

Cuando abrió los ojos lo primero que vio fueron los ojos verde esmeralda de Albus llenos de lágrimas. Y, como había hecho unas horas antes con su amiga, instintivamente, colocó su mando en la mejilla del joven Slytherin mientras con el pulgar le secaba las lágrimas.

No podía hablar. No sabía qué decir. No podía pensar.

Albus se alejó un paso de él.

Scorpius no se movió ni un milímetro.

Y entonces en un abrir y cerrar de ojos Albus desapareció.

Las largas pestañas rubias de Scorpius parpadearon unas cuantas veces, mientras su mente intentaba entender lo que acababa de suceder.

—Ha desaparecido… —murmuró completamente en shock, mientras instintivamente daba vueltas sobre sí mismo buscando a su compañero, pero ya no estaba y entonces sin saber cómo, sus dedos se pusieron sobre sus labios y murmuró—. ¿Albus?

Sin ser realmente conciente de lo que hacía Scorpius se puso a andar alejándose del baño de prefectos, y cuando se dio cuenta ya estaba en la mazmorra que utilizaban para las clases de pociones avanzadas. Sin saber demasiado bien por qué, se sentó en el pupitre de Albus.

Estuvo mucho rato mirando sin ver nada. Mirando al vacío e intentando poner en orden sus ideas. Finalmente se rindió. Nada tenía sentido. No esa noche.

Cansado puso las manos sobre el pupitre para ponerse de pie, y fue entonces que lo notó. Una rugosidad extraña en la pulida superficie de la mesa. Cuando se fijo se dio cuenta de que era como si la hubieran raspado. Era una marca extraña porque Albus era la persona más pulcra y cuidadosa con sus cosas que había visto nunca, no tenía sentido que su mesa tuviera una marca así. En un arrebato levantó su varita y murmuró:

Reparo —y la fea rayada de la mesa desapareció, pero en su lugar apareció un hermoso dibujo.

Eran unas preciosas letras intrincadas. Sus iniciales: SM.

—No puede ser… —murmuró tocándolas.

Por un momento creyó saber lo que significaban. Pero enseguida se dio cuenta de que no era posible que se tratara de eso.

Hacía un año había salido al mercado un nuevo producto en la tienda de los Weasley. Era un juego para adolescentes. Con una botella encantada, una copa también encantada y un botecito con tinta comestible. La idea era llenar la botella con la bebida que se quisiera, después servir en la copa un poco de tinta mezclada con la bebida de la botella. Y quien se lo bebiera se encontraba las iniciales de la persona que le gustaba tatuadas en alguna parte del cuerpo.

Todas las iniciales que Scorpius había visto causadas por ese juego idiota eran del mismo estilo intrincado que las de esa mesa. Todas llevaban al pie la fecha de cuando habían sido pintadas y un mes más tarde desaparecían.

Existía un antídoto por si las letras aparecían en alguna zona del cuerpo inconveniente o difícil de disimular. Aún recordaba cuando las brillantes letras SM habían tatuado la mejilla de cu compañero de habitación. Por culpa del estúpido enamoramiento de su amigo por esa idiota de Sara Mayer ambos habían tenido que aguantar muchas burlas capciosas antes de haber tenido el antídoto. Poción que por cierto finalmente no les había llegado por correo sino que fue el mismo Albus Potter quien se la dio.

Con la mano temblorosa tocó el dibujo de la mesa otra vez y entonces se fijó en ello. Al pie de esas letras había las híncales ASP, y al lado una fecha de hacía dos años.

—Albus Severus Potter.

Estaba claro que no era producto del juego de los Weasley, pero Scorpius estaba seguro que una cosa y otra tenían alguna relación, tan seguro como que esta vez sí las iniciales SM hacían referencia a él: Scorpius Malfoy.


Grissina: La próxima entrega de esta serie espero que esté terminada pronto. Quizá con un poco de suerte como regalo de Navidad.

Mil gracias por leer y comentar.