BUENO DAMAS Y CABALLEROS LLEGAMOS AL FINAL DE ESTA FANTASTICO FIC QUE SU CREADORA REMYDICO5 HIZO Y QUE A MUCH S ENAMORÓ.

ANTES DE COMENZAR QUIERO AGRADECER A LOS QUE AMABLEMENTE DEJARON SUS COMENTARIOS, OJALA PUDIERA HABERLES RESPONDIDO A TODOS PERO MUCHAS VECES ME DEJABAN COMO ANONIMO O SOLO CON EL NOMBRE SIN HABER INICIADO SESIÓN, O AL MENOS ESO CREO QUE ME FUE IMPOSIBLE HACERLES LLEGAR MI MENSAJE.

ASI QUE COMENZANDO….

ALPACA

WINCHESCHRIS

ALEXABLACK19

DEADLOSS

PARADICE-CREAM

KODOKU-MOH

GUMI HOLMES LUPIN

JUDYCAMILA

DIANAJ2W

YERATEL

LUCIA C.H.

MISS ALTAIR

HIJODELCAPITAN

SIMSFANS

AL-DENA

LULLABY SNAPE

E.R. AGUILAR

ANDRE

MONTZE

LEKTRA

CHICAS Y CHICOS ESTE CAPITULO VA EN HONOR A USTEDES.

Capítulo 16

A John le tomó tres días ir a la hospital a ver a Sherlock. No estaba seguro de que estuvo haciendo esos tres días, todo había sido una especie de neblina densa, pero lo único que sabía es que no había estado consciente. Vagamente recordó que había ido a Baker Street porque sabía que Sherlock no podría estar ahí. A lo largo de esos tres días, había estado entre dormido o algo parecido al sueño, quizás catatónico. Después de tres días no se sintió descansado, pero tampoco cansado. Se sentía como en el limbo, como si aun estuviera esperando por qué algo lo golpeara.

Ni siquiera había de verdad pensado ir a visitar a Sherlock al hospital, no realmente. La idea pasaba por unos instantes a través de su mente pero inmediatamente se iba. Únicamente cuando la Sra. Hudson subió las escaleras, dijo que ella iba a ir a visitarlo y le ordenó que se vistiera. Lo hizo a regañadientes, sin siquiera molestarse en pensar que se iba a poner, solo sacó ropa al azar.

—Jovencito, sube las escaleras y cámbiate en este instante!—dijo la Sra. Hudson al mismo tiempo que entró al departamento para decirle que se reuniera con ella en el pasillo principal.

—Qué, ¿Por qué?— preguntó, no queriendo gastar más energía de la necesaria para subir de nuevo a su recamara.

La Sra. Hudson simplemente señaló sus pantalones y miró hacia abajo. Dos grandes manchas marrones adornaban sus rodillas y entonces en ese momento se dio cuenta de que ahí seguían, sintió que sus piernas colapsaban. Se sujetó de la barandilla de la escalera con tanta fuerza que pensó que la rompería. Comenzó a hiperventilar, dando respiraciones agudas. Se sintió mareado como si fuera a caerse, se aferró más a la barandilla ya que era lo único que podía mantenerlo en pie.

—¿John?—la Sra. Hudson dijo preocupada, colocando un brazo alrededor de él. —¿Querido, estás bien?—

John tragó saliva y se armó de valor, hasta que sintió que sus pies podían sostenerlo. —Estoy bien— Logró sobreponerse al shock. —Iré a cambiarme.

—Tomate tu tiempo querido— dijo la Sra. Hudson, aun mirándolo con un gesto de preocupación. Asintió con su cabeza y comenzó de nuevo a subir las escaleras de regreso a su cuarto. Lentamente se quitó los pantalones, haciendo todo lo posible porque las manchas no tocaran sus rodillas mientras se los retiraba. Los dejó sobre su cama y se quedó mirándolos fijamente durante un buen tiempo, finalmente la realidad lo golpeó. Jim se había ido, estaba muerto y todo era culpa suya. Si le hubiera advertido a Jim de no ir al almacén o hubiera insistido que se fuera después de que se encontraron en el ascensor. Si hubiera insistido hasta convencer a Jim de que lo amaba lo suficiente para no dejarlo, esto no habría sucedido.

Salió de su cuarto cuando recordó que la Sra. Hudson estaba abajo esperándolo. Agarró un diferente par de pantalones y bajó las escaleras. Ésta le dio una mirada de comprensión y se sujetó de su brazo, sin soltarlo hasta que llegaron a la calle para tomar un taxi. —También estoy preocupada por él— dijo en voz baja, dándole un apretón en el brazo. —Pero es Sherlock, estará bien.

—Por supuesto— John asintió, no tuvo el corazón suficiente para decirle que Sherlock no era quien estaba en sus pensamientos en este momento.

Cuando llegaron al cuarto de Sherlock, John dejó que la Sra. Hudson entrara primero, esperando fuera de la puerta. Sherlock estaba estable pero no había despertado, lo que hizo que la idea de verlo fuera menos dolorosa. Pero cuando John estuvo en el marco de la puerta se vio incapaz de dar un paso hacia dentro. Así que vio a su amigo a través del cristal, disfrutando de que al menos había una especie de barrera entre ellos.

Sherlock estaba conectado a un monitor para vigilar su corazón, el sonido constante fue una especie de consuelo, una confirmación de que seguía con vida. Se preguntó si era así como Jim se sentía cada vez que escuchaba el corazón de John. Pudo darse cuenta de que era hermoso, incluso reconfortante. John se sintió aturdido por el ritmo suave y pausado, llegando a ser hipnótico.

Le tomó unos pocos instantes darse cuenta que Mycroft estaba junto a él e incluso había comenzado a hablarle. John se unió a la conversación un poco tarde, sin tener idea de lo que Mycroft le había estado diciendo sobre él. Escuchó con atención para darse cuenta de que iba la plática. No quería ser demasiado obvio que no estuvo prestando atención.

—No ha despertado aun, pero estoy seguro que cuando lo haga, querrá verte.

—No creo que eso sea buena idea— John confesó, manteniendo su vista en ningún sitio específico del cuarto.

—John…

—No soy bueno para nadie en este momento— intervino John rápidamente. —Estoy seguro que le darás todo lo que necesita.

—No puedo hacer eso si te vas John— Mycroft le dijo a John, mientras entraba. John se mordió el labio inferior mientras divagaba por un momento antes de girarse para irse.

—Nadie me necesita—. Se encogió de hombros. —No más.

—John, de verdad deberías…

—Solo mantenlo vigilado y déjame saber si su condición empeora.

—Te garantizo que no lo hará— dijo Mycroft con convicción.

—Bueno—. John asintió. —Entonces por favor no me llames. No quiero tener que regresar aquí.

John metió sus manos en sus bolsillos y se giró nuevamente para irse. —Él te necesita John.

John giró un poco su cabeza y habló por encima de su hombro. — Bueno, yo necesito estar solo, estoy seguro de que Sherlock puede entender eso—. Su tono de voz fue frio antes de salir de la habitación.

Se mantuvo caminando mucho tiempo, su mente estaba ida, ni siquiera estaba poniendo atención hacia donde iba. Le tomó tiempo darse cuenta que había comenzado a caminar la misma ruta que él y Jim había hecho esa madrugada cuando el mundo estaba llegando a su fin. La única parada que habían hecho frente a la tienda de veinticuatro horas por un café, lo reconoció durante esa mañana.

No le tomó mucho tiempo antes de encontrarse en el departamento de Jim sin siquiera pensarlo. Jim le había dado un juego de llaves además de una clave de cuatro dígitos por seguridad extra. Puso las llaves en su bolsillo y presionó cada uno de los números necesarios para abrir. Presionó 1973, el año que había nacido John.

Cuando abrió la puerta, casi esperó que Jim saltara y le dijera hola, o lo empujara contra la puerta inmediatamente esta se cerrara. En cambio el piso estaba vacío y silencioso mientras caminaba dentro. Los recuerdos llegaron a él, del día que pasaron follando en cualquier superficie disponible que pudieron encontrar. Se preguntó de qué pasaría con el departamento ahora que Jim estaba muerto. No podía siquiera imaginarse regresando aquí. Dependiendo de cómo fueran las cosas con Sherlock, aun así estaba considerando mudarse. Fue irónico, ya que esa idea estaba totalmente descartada cuando Jim estaba vivo, pero ahora estaba contemplándola seriamente.

Finalmente llegó a la recamara, se quitó el suéter y sus zapatos antes de dejarse caer sobre la cama. Inhaló profundamente, la mezcla de olores y la esencia de Jim estaba ahí inundando sus fosas nasales. Su profunda respiración se convirtió en un sollozo y se enterró bajo las sabanas. No le tomó mucho tiempo a John quedarse dormido, fingiendo que Jim estaba en su oficina, planificando la destrucción del mundo.

XXXX

John despertó cuando el cañón de una pistola le apuntaba a su rostro. Le tomó un momento quitar su atención de la pistola para moverla hacia el hombre que la sostenía. Su rostro estaba endurecido, cabello rubio corto y John reconoció el corte militar tan distintivo. —¿Sebastián Moran?— John adivinó, sentándose lentamente mientras el arma seguía apuntándole.

—Tiene un gran temple para regresar aquí Dr. Watson— espetó Moran con dureza. —Levántase.

—No lo creo.

—No le disparare si levanta, pero si lo hare si no se levanta—. Amenazó Moran, indicando con la pistola que John se levantara.

John suspiró y retiró las sabanas de su cuerpo, pensando que no había ninguna garantía que de este hombre no le disparara. Pero si el levantarse significaba que no moriría de inmediato, entonces podría hacerlo. Tomó su suéter del piso, asegurándose de moverse lentamente para que el hombre viera que no estaba intentando hacer nada. No sabía si era un hombre que aprieta fácilmente un gatillo.

—De cualquier forma, puedo saber ¿A dónde voy?— preguntó John, mientras deslizaba su suéter sobre su cabeza.

—Vamos a dar una pequeño paseo— respondió Moran enigmáticamente.

John rodó sus ojos y se sentó en la cama para ponerse sus zapatos. Moran zapateó con su bota el piso, en señal de impaciencia. —¿Así que trabajabas para Jim?— preguntó John para hacer conversación.

—Lo hacía— dijo Moran con un deje de amargura.

—¿Qué pasará con todo ahora que…— se calló incapaz de decir en voz alta que Jim estaba muerto.

—Eso es algo que no le concierne Doctor— respondió cortante Moran y John continuó atándose los zapatos.

Cuando John terminó, se levantó y Morán señaló con su cabeza la puerta, indicándole a John que fuera con él. John lo miró por un momento preguntándose si Morán estaba pensando dispararle por la espalda. Morán resopló y le puso el seguro a la pistola bajándola, pero la mantuvo fuera en su mano. John asintió con su cabeza en señal de agradecimiento y se dirigió hacia la puerta.

Afortunadamente, el sitio estuvo a muy poca distancia, ya que ir encerrado en un auto con un hombre armado ya estaba bastante mal. No hubo necesidad de entablar pláticas absurdas y Morán mantuvo su fija vista en la carretera todo el tiempo, mientras John observaba por la ventana. John en ningún momento dirigió su vista hacia Morán hasta que llegaron a su destino, un cementerio. John miró inquisitivamente a Morán. —Salga del auto, Doctor Watson— Moran espetó simplemente mientras él hacía lo mismo.

John se levantó del asiento y salió, cerrando la puerta detrás de él. Moran ya estaba caminando entre las tumbas y John se apresuró a seguirle el ritmo. Morán se detuvo abruptamente frente a un nuevo montículo de tierra, una tumba sin nombre. John se detuvo a su lado, preguntándose que estaban haciendo.

—Él está aquí—. Moran interrumpió el silencio después de unos momentos.

—¿Jim?— infirió John.

—Sip— Moran asintió.

—¿Por qué no tiene una lápida?

—Así es generalmente para las personas como él. Personas que en realidad no existen. Pero de todas formas es donde está.

John no tenía idea de que decir o responder a eso, por lo que solo se quedó mirando el montículo de tierra, bajo de este estaba enterrado la más grande mente criminal. Parecía un final tan patético para un hombre tan notable, y no había siquiera una lapida que lo dijera. John se agachó y tocó el borde la tierra, diciendo adiós en silencio. No estaba dispuesto a decirlo en voz alta y que lo escuchara Morán.

Estaba a la mitad de su plática mental, diciendo que lo sentía cuando escuchó que Morán le quitaba el seguro a su pistola. John ni siquiera se molestó en girar su rostro. —Él estaría vivo si no fuera por ti.

John no dijo nada, no tenía ganas de discutir. De hecho ni siquiera estaba seguro de que Morán se equivocara en esa afirmación.

—Oh, quizás no jaló el gatillo, pero es le razón por la que está muerto. Usted y ambos hermanos Holmes. Jim supo o al menos tenía una buena idea que iba a morir. Arregló todos sus asuntos antes de ir a la bodega ese día. Supo lo que los hermanos Holmes habían planeado, lo supo en el momento en que Sherlock fue a ver a su hermano mayor. Sherlock se jugó el todo por el todo, Doctor Watson. El sabía muy bien de su relación con Jim antes de que fuera a ese almacén. Tenía un objetivo específico en su mente y ese era matar a Jim para sacarlo del camino y así poder recuperar tu afecto.

—¿De verdad esperas que me crea una palabra de todo eso?— John cuestionó, dando un resoplido burlón.

—Si no me quiere creer, tal vez le crea a Jim— dijo Moran, metiendo una mano en su bolsillo. Sacó una carta y con ella le dio varios golpecitos en el hombro a John. John de mala gana se la quitó. —No la leí— aseguró Moran. —Nunca podría invadir la privacidad de Jim así.

—Entonces, ¿Yo la leo y luego me disparas?— preguntó John sarcásticamente por encima de su hombro.

—No voy a dispararle Doctor—. Moran le puso el seguro a su pistola y la metió en su chamarra. —Por respeto a Jim. Lo amaba y no sería correcto. Pero le juro que si alguna vez nos volvemos a ver, si nuestros caminos se cruzan otra vez, entonces nada evitará que jale del gatillo para dispararle o a Holmes.

—Entiendo—. John asintió y colocó la carta en su bolsillo.

—Adiós Doctor. Es mejor que no vuelva a verme.

John cerró sus ojos y esperó hasta que escuchó unas pisadas fuertes alejarse. Se sentó junto al a tumba de Jim. Intentó finalizar lo que le estaba diciendo mentalmente antes pero las palabras no acudieron a él. En su lugar golpeó el montículo de tierra que cubría a Jim e intentó no llorar. —Demonios Jim—dijo John secándose los ojos con la parte posterior de la manga de su suéter. —¿Por qué tuviste que dejarme?

No hubo respuesta, pero John realmente no esperaba una. Estuvo ahí sentado mucho tiempo, mirando a la nada, hasta que comenzó a llover. Se cerró su chamarra, dirigiéndose a la carretera principal para tomar un taxi y regresar a casa.

XXXX

Sherlock despertó con un quejido, todo le dolía y sentía como el efecto de los analgésicos estaba ya pasando. No veía nada hasta que instantes después su vista se aclaró y entonces giró su cabeza para encontrar a Mycroft sentado en la silla que estaba junto a su cama. Sherlock miró alrededor del cuarto pero ahí no había nadie más. —¿Donde está John?— Sherlock carraspeó.

Mycroft alcanzó el vaso de agua que estaba en el buró y lo puso en la boca de Sherlock, alzándole ligeramente su cabeza para que un poco de esta se deslizara por la boca de Sherlock. —Lo lamento Sherlock, no está aquí.

—Oh— dijo Sherlock lentamente, intentando no darle importancia. Si John no estaba aquí, ¿Donde estaba? Como si estuviera leyendo la mente, Mycroft respondió.

—Estuvo aquí temprano, pero me temo que le está siendo muy difícil sobrellevar la muerte de Moriarty. Dijo que necesitaba estar solo.

—Si, por supuesto. No hay ninguna razón por lo que debería estar aquí— Sherlock encogió los hombros, fingiendo indiferencia.

Mycroft le dio una sonrisa de complicidad y colocó una mano en el hombro sano de Sherlock.

—¿Lo sabía?— preguntó Sherlock, intentando pasarse el nudo que tenía en la garganta.

—No estoy seguro. No había audio en el elevador, por lo tanto no podemos estar seguros de lo que Moriarty le dijo. Jim mantuvo su boca cubierta la mayoría de las veces para que no pudiéramos siquiera intentar leer sus labios.

—¿Crees… crees que si John sabe la verdad, podría perdonarme?— Sherlock preguntó en voz baja.

—¿Estas pensando decírselo?

—No estoy seguro— Sherlock respondió sinceramente.

—Si lo haces, asegúrate de mencionarle que no era tu intención que Moriarty muriera. Quizás eso ayude— Mycroft le aconsejó quitando la mano del hombro de Sherlock y sentándose de nuevo en la silla junto a su cama.

—Nada sucedió como lo suponía que sería— gruñó Sherlock, hundiéndose más en la cama.

—El plan no funcionó como se esperaba, pero luego Jim Moriarty es… era un hombre difícil de predecir.

—Sabía que forzaría un enfrentamiento pero pensé que se retiraría. Pensé que cedería a John— confesó Sherlock tristemente.

—Aparentemente su apego a John era más grande de lo que nosotros nos dimos cuenta— dijo Mycroft, con cierto pesar dentro de su voz.

—No sé qué hacer ahora— espetó Sherlock miserablemente.

—Primero concéntrate en recuperarte totalmente y entonces te preocuparas en arreglar las cosas con John. — Mycroft soltó con voz de finiquitar el tema.

—¿Qué si John se va?— Sherlock miró a Mycroft con sus ojos reflejando terror, una visión que Mycroft no había visto desde que Sherlock era un niño. —Siempre supe que lo haría algún día, era algo inevitable, pero pensé que al menos seguiríamos siendo amigos.

—No te preocupes por eso ahora. No hay nada que puedas hacer hasta que te mejores.

—No voy a sobrevivir a esto Mycroft— Sherlock se acomodó en la almohada y giró su rostro para esconderlo de su hermano. —No voy a sobrevivir.

XXXX

Dentro de la carta, finalmente había una serie de instrucciones, estas indicaciones llevaron a John a una caja de seguridad. La llave estaba en el sobre y cuando la puso en la cerradura de la caja, no tenía ni idea de que se iba a encontrar. Jim siempre le había dado todo en las manos, pero esto era un regalo raro. Era como si Jim aun estuviera por ahí, aun jugando y comunicándose con John. Si John no hubiera sentido como Jim murió en sus brazos, quizás tendría la esperanza de que Jim todavía estuviera vivo y esta era una manera de decírselo a John.

La única cosa que estaba dentro de la caja era un teléfono, un teléfono blanco. Jim anteriormente le había explicado porque tenía dos teléfonos y John record que ese era su teléfono personal. Se aseguró que no hubiera nada más en la caja y la cerró para regresarla a su lugar. Se metió el teléfono en su bolsillo y decidió que lo miraría cuando estuviera de regreso en su piso.

En el momento que el encendió el teléfono, un comando apareció y le dio si, sin siquiera leer lo que le estaba diciendo. Su respiración se paralizó en su garganta cuando escuchó que la voz de Jim comenzaba a hablar.

—Hola Johnny. Odio ser cliché y usar la vieja frase —si estas escuchando esto, es porque probablemente esté muerto—, pero a veces no hay otra manera de decir las cosas. De hecho estoy muerto y si es que estas escuchando esto es porque Seb te dio mis instrucciones. Y si estoy muerto, bueno… entonces hay algunas cosas que quiero decirte. En primer lugar yo sabía que si Sherlock y yo teníamos una confrontación él te querría de vuelta. Después de la última vez él no iba a querer reunirse conmigo sin que pudiera estar a salvo, especialmente si Mycroft estaba involucrado. Sabía que encontrarme con él, resultaría en mi muerte. No es que realmente me importe Johnny. El trabajo que estaba haciendo, la clase de vida que vivía, nunca iba a llegar a la vejez.

John dejó escapar un suspiro triste y esperó que Jim continuara. Se recostó en su cama y colocó el teléfono junto a su oreja encima de la almohada y cerró sus ojos para sentir que Jim estaba ahí hablándole a él.

—Nunca le di importancia al morir joven. Sonaba mejor que morir todo viejo y arrugado, excepto… bueno pasó lo de entre tú y yo… joder Johnny. ¿Por qué esto es tan difícil? No, puedo hacer esto— Él tomó un profundo suspiro y continuó. Mientras tanto en las esquinas de los ojos de John aparecían lágrimas. —Una vez te dije que el amarte iba a destruirme y eso ocurrió. Este es el momento. Ni siquiera estoy muriendo aun cuando ya estoy haciendo esto, esa es la razón por lo que te estoy dejando este mensaje porque sé que puedo detenerlo, evitarlo. Pero no podría irme. Lo consideré. Consideré muchas cosas. Pensé en pedirte que huyeras conmigo pero recordé que ni siquiera te agradaba la idea de mudarte conmigo. ¿Por qué abandonarías todo, dejarías todo atrás y huirías del país conmigo?

John ahogó un sollozo y cubrió su boca con su mano, para ahogarlos y poder escuchar lo que Jim estaba diciéndole.

—No puedo dejarte solo atrás Johnny. No puedo abandonarte, dejarte atrás. No puedo, no puedo, joder. Sería insoportable. De verdad. Podría hacer cualquier cosa por ti Johnny y supongo que esto es cuando puedo probártelo. Así que la decisión está tomada y eso significa que voy a morir. No me importa, no realmente. Me di cuenta hace mucho tiempo que tu y yo no íbamos a tener un para siempre. Me diste tres meses, y es más de lo que yo alguna vez esperé conseguir. Intentaste remover todas mis mascaras, para encontrar al hombre debajo de estas, bueno este es él. Nada fue real, ni hubo emociones antes que tú. Me trataste como un hombre, como una persona real. No creo siquiera que me considerara a mi mismo con un humano hasta que tú lo dijiste. Por lo tanto este es él, el verdadero Jim. Siempre estuvo el verdadero contigo John. Nunca había conocido a alguien con el que pudiera ser yo mismo y que aun así quisiera estar conmigo. Nunca esperé encontrar a alguien así, pero entonces, nunca hubiera predicho que serías tú. Fuiste más de lo que yo alguna vez imagine encontrar para mí y cada día doy gracias por haber decidido ir a ese bar esa noche.

John se limpió el rostro con su manga y hundió la cabeza en la almohada a excepción de sus orejas para que pudiera seguir escuchando.

—Solo una cosa más antes de irme Johnny. Puede que sea mucho pedir, pero quiero que me recuerdes. No creo que alguien más lo haga, al menos no por las razones que desearía. Si miras en el teléfono, veras que te dejé algunas coas que quizás pueden ayudar con eso. Pero si, si puedes, espero que puedas recordarme. Espero llegar antes para verte antes de irme. Sin nada más, quiero que tu rostro sea lo último que vea. Si no es así, estoy seguro que de todas formas serás lo último en que estaré pensando. Pero si pudieran concederme un deseo en esta vida de mierda, eso sería lo que yo desearía. Tenerte ahí, conmigo, al final. Te amo Johnny. Podría estar contigo para siempre y aun así no tendría el tiempo suficiente para decirte todo lo que quiero. Pero supongo que es lo único, lo único importante que quiero que sepas. Te amo John Watson. Nunca dudes de eso.

La grabación llegó a su final y John ni siquiera se movió. Intentó pasarse el nudo que tenía atorada en la garganta con poco éxito. Se giró y se quedó mirando el techo durante mucho tiempo, sin hacer nada más que respirar. Finalmente tomó el teléfono de la almohada y volvió a reproducir el mensaje, colocando el teléfono encima de su estomago. Perdió la cuenta de cuantas veces lo escuchó.

Cuando finalmente lo detuvo, abrió el teléfono comenzó a buscar lo que Jim le mencionó, las cosas que dejó para ayudarle a recordar, como si fuera posible olvidar. Salvadas en un folder que decía Johnny, estaban las varias fotografías. Parecía que fueron extraídas del CCTV. Fotografías con fechas que John podía recordar y otras que no. Había un buen número de fotografías donde simplemente estaban caminando junto y John únicamente reconoció las del día del fin del mundo porque Jim llevaba la cazadora de piel, la única vez que la uso. Se miraban como una pareja normal, con los dedos entrelazados, los ojos fijos uno en el otro y pequeñas sonrisas jugando en sus labios. Parecían felices y eso hizo que a John le doliera.

Siguió mirando el resto de los archivos del teléfono. Ahí estaban algunas grabaciones de sus conversaciones, unos cuantos mensajes de voz y todos los mensajes de texto que habían intercambiado. John estaba agradecido por eso, ya que él había borrado los de su teléfono. Jim había salvado todos y cada uno de ellos. Los revisó todos, riéndose a pesar de todo de algunos comentarios locos de Jim. Cuando terminó de hacerlo, en lugar de sentirse mejor, se sintió más vacio y solo. Pero al menos tenía algo de Jim, algo a que aferrarse.

XXXX

John se mudó de Baker Street tres días después, un día antes de que Sherlock fuera dado de alta y pudiera regresar a casa del hospital. John no quiso verlo, no quiso estar ahí cuando regresara. Encontró un cuartucho de mierda que apenas podía pagar solo pero aun así se mudo. Había aprendido a mantenerse con lo mínimo necesario durante sus días en el ejercito, no fue tan molesto como pudo haberlo sido en el frente.

Si no la pasaba en el trabajo, la pasaba durmiendo o caminando por Londres. Los días pasaron como un borrón en su vida. John no estaba seguro si estaba comiendo, pero de todas formas nunca tenía hambre, por lo tanto debía haber consumido algo. Comenzó a pasar más noches en el bar, bebiendo hasta el estupor, al igual que su hermana lo había hecho infinidad de veces. Para alguien quien tenía cuidado de de beber solo una o dos cervezas o bebidas cuando estaba deprimido, John dejó todo eso atrás y rápidamente perdió las inhibiciones. Una gran tragedia personal podía hacer eso a las personas.

XXXX

John comenzó a tener pesadillas otra vez, pesadillas sobre la azotea, de ver como las balas atravesaban la piel de Jim, de como la rasgaban como si fuera papel. Escuchaba los gritos de Jim haciendo eco sus oídos y usualmente era el sonido de su llanto en el sueño. John usualmente despertaba deseando poder escapar de sí mismo. El sentimiento de culpa era insoportable y las pesadillas lo asaltaban por horas y finalmente terminaba caminando por Londres. Siempre terminaba en la tumba sin lapida de Jim

XXXX

Al final Sherlock esperó dos semanas antes de contactar a John. Solo fue un simple mensaje de texto con una dirección y las palabras, por favor ven –SH. John no estaba seguro de porque finalmente termino yendo a lo que resultó ser una cafetería, pero supuso que después de todo lo que había pasado, se merecían finalizar con una conversación. Quizás estuvo planeando huir pero principalmente porque merecía tener un final. Su amistad fue muy importante para John y pensó en darle un mejor fin que solo el recuerdo de John huyendo, abandonando a Sherlock recuperándose en el hospital.

Cuando llegó a la cafetería, Sherlock ya estaba ahí, esperando por él. Tenía dos tazas de café sobre la mesa una frente a la otra por lo cual un lugar era para John. Sherlock tenía ambas manos alrededor de la taza, con la mirada fija sin siquiera pestañear. John nunca lo había visto al hombre tan apagado. Ni siquiera levantó la vista cuando John se sentó.

—¿Bien?— cuestionó John, con un tono más seco de lo que tenía previsto.

Sherlock finalmente lo miró e inmediatamente bajo de nuevo la mirada a la seguridad de su taza de café. John cogió la suya y tomó un sorbo. Su paciencia se estaba agotando rápidamente. Sherlock abrió su boca para hablar varias veces pero siempre terminaba por cerrar otra vez sin decir ni siquiera una palabra. John rodó sus ojos y suspiró profundamente. —Esto es una pérdida de tiempo— dijo empujando su silla hacia atrás y poniéndose de pie.

—¿Como estas?— Sherlock dijo rápidamente, las palabras salieron sin ser pensadas.

John cerró sus manos hasta convertirlas en puños, pero volvió a sentarse. —De verdad no creo que quieras conocer la respuesta a eso— respondió con frialdad.

—No debería haber preguntado si…

—Sherlock— John intentó mantener su voz lo más tranquila posible. —Tú. No. Quieres. Saber.

Sherlock tragó saliva y miró hacia otro lado, hacia la ventana. —¿Y cómo es tu nuevo piso?

—Pasable— respondió John, llevando la taza hacia sus labios otra vez.

Los labios de Sherlock temblaron un poco. —No, no lo es.

—Lo haré— John se encogió de hombros. —¿Es todo lo que querías saber?

—No—. Sherlock giró su cabeza y sus ojos se encontraron con los de John. —No es todo lo que quiero.

—Sherlock…

—Regresa a casa John.

—No puedo.

—Entiendo que estas molesto por lo de Jim…

—¿… Molesto?

—… Y que estas de luto.

—Sherlock.

—Pero no había necesidad de que te mudaras.

—Sherlock— John dijo un poco más fuerte, intentando llamar su atención. —Tengo que detenerte ahí. Sentí que era necesario mudarme. Soy yo quien decidió que era lo mejor para mí. Tu no fuiste un factor a considerar en esa decisión.

—¿Y embriagarte hasta el estado de coma es lo mejor para ti?— Sherlock cuestionó, alzando una ceja.

—Quizás lo es— John replicó, irritado más allá de lo posible.

—¿Qué puedo decir John? ¿Cómo consigo que detengas todo esto y regreses a casa?— Sherlock preguntó desesperado.

—No quiero que digas nada y Baker Street no es mi casa. Ya no más.

—¿Por qué viniste entonces, si no vas a escuchar lo que te tengo que decir? Si vas a seguir siendo un completo irracional.

—¿Irracional?— cuestionó John indignado, dando un manotazo a la mesa, haciéndola saltar.

—Tranquilízate.

—Un hombre está muerto Sherlock. Sé que eso fue hace dos semanas y quizás tú ya lo hayas borrado de tu memoria, debido a que lo consideraste irrelevante pero yo no puedo olvidarlo. Jim está muerto y estaba enamorado de él, por lo tanto creo que tengo derecho a ser un poco irracional—. John espetó con ganas de tirar la mesa y golpear algo.

—John— Sherlock dijo en voz baja, extendiendo su mano para colocarla sobre la del otro hombre. John se estremeció y apartó su mano, mientras Sherlock volvió a bajar la mirada hacia su café que seguía intacto. —Él eligió morir.

—¿Disculpa?— John preguntó confundido.

—Arriba en la azotea, le di la oportunidad de irse. No la tomó.

La boca de John se quedó abierta con la nueva información. Parpadeó un par de veces intentando procesarla.

—Me dio la misma opción. Tampoco la tomé.

—¿Por qué no?— John mordió sus labios mientras esperaba la respuesta.

—El alejarme sería admitir mi derrota. Habría significado que me daba por vencido. Ninguno estaba dispuesto hacer eso.

—Sherlock— comenzó John, pero mejor puso un dedo sobre sus labios intentando recobrar la compostura. —No tenías ningún derecho sobre mí, Jim sí. Yo estaba con Jim.

—¿Eso significa que no tenía derecho a pelear por ti?— replicó Sherlock.

—Yo…— John mordió su labio inferior, le estaba siendo muy difícil mantener la calma. —Te ofrecí todo, por amor a Dios, te besé. Y me dijiste que no estabas interesado.

—Te mentí.

—No, no creo que lo hayas hecho. Creo que me viste feliz con alguien más y te diste cuenta de que podrías perderme. Creo que tuviste celos.

—Estaba celoso—. Sherlock admitió sin dificultad. —Estaba celoso de Sarah y de cada una de tus citas. Y de la que tenía vellos en la nariz. Si, estaba celoso también de Moriarty, aun cuando no sabía quién era.

—¿Entonces por qué no dijiste nada?— John preguntó ya irritado. —Estaba ahí Sherlock, podríamos haberlo hablado en cualquier momento.

—¿Crees que es así de fácil para todo el mundo? No todos podemos lanzarnos a una relación tan fácilmente como parece.

—Sherlock, te besé. Todo lo que tenías que decir era si, si John, también te quiero. Vamos a intentarlo para que funcione bien. No sé cómo podría haberlo hecho más fácil para ti. Pero me dijiste que no estabas interesado y te fuiste. ¿Cómo eso fue más fácil?

—Estaba sorprendido y confundido. No esperaba que las cosas se manifestaran de esa forma. No estaba preparado.

—Entonces, debiste habérmelo dicho y entonces podría haber retrocedido, Dios, Sherlock ¿Quién jodidos crees quién soy? No te habría presionado o hecho algo que te hiciera sentir incomodo.

—Lo sé.

—¿Entonces por qué no me dijiste eso? Por qué me rechazaste en el departamento, creí que no tenía esperanza, pensé que había malinterpretado esas miradas, todos esos momentos entre nosotros, que solo había sido mi estúpida imaginación que había volado demasiado, con la esperanza de que fuéramos algo más. ¿Por qué no solo me dijiste la verdad?

—¡Porque estaba asustado!— gritó Sherlock y unas cuantas personas se giraron para verlos. Sherlock los asesinó con la mirada y de nuevo se giró hacia John. John simplemente resopló disgustado y movió la cabeza negativamente en respuesta.

—Ya no tiene importancia— dijo John pasándose los dedos por su cabello. Estaba cansado, tan jodidamente cansado. —No podemos volver atrás y mucho ha pasado desde entonces. Ese sentimientos se han ido, los que solía tener cuando te miraba. Esa emoción, las mariposas en el estomago, la sensación de lujuria, ya no están más.

—Podemos hacer que regresen.

—No quiero— John espetó, levantándose de su asiento. Sacó su cartera de su bolsillo trasero y colocó unos cuantos billetes para pagar su café. —Sabes, podríamos habernos evitado todo esto, si por una vez hubieras actuado como una persona adulta y no como un jodido crio y tenido una verdadera conversación conmigo. Pero no, tenías que haberte escondido porque estabas jodidamente asustado de algo tan simple como son las emociones. Bueno, felicidades Sherlock, tienes lo que deseabas. Estás solo.

—John— dijo Sherlock cuando John se giró para irse. —Por favor.

Fue el por favor, lo que llamó la atención de John, nunca había escuchado esas palabras proviniendo de Sherlock. Renuente se giró y miro a Sherlock expectante.

—Regresa a casa— dijo Sherlock casi en un susurro, incapaz de ver a los ojos a John. —Nada ha pasado, solo… por favor. Regresa a casa.

John suspiró, extendió su mano para sujetar la silla, necesitaba algo a que aferrarse. Miró a Sherlock, finalmente observó al hombre, de verdad lo miró, por primera vez desde que había entrado en la cafetería. Los ojos de Sherlock estaban enrojecidos, con profundos círculos oscuros bajo sus ojos, su cabello mas desaliñado y desordenado que de costumbre. Sus ropas estaban arrugadas y sucias, sus pómulos se le marcaban más que de costumbre. Se veía demacrado y entonces se dio cuenta de nuevo que a Sherlock le habían disparado y ni siquiera le preguntó si se encontraba bien. Obviamente había sobrevivido al disparo, pero John no tenía ni idea de cómo había sido su recuperación.

John jamás había visto a Sherlock así. Ni siquiera en los casos más brutales que le llevaban una semana en resolver, donde Sherlock casi moría de inanición, se veía deshecho, angustiado. El corazón de John se estrujó como un puño se envolviera alrededor de este y lo apretara con fuerza. De repente se dio cuenta de cuánto lo necesitaba Sherlock, algo que John no se había dado cuenta antes.

Siempre pensó que Sherlock no necesitaba a alguien realmente, si se asociaba con las personas era porque los encontraba útiles o convenientes. John estaba bastante seguro de que Sherlock únicamente los mantenía junto a él, para que realizara las tareas más tediosas y aburridas como lavar la ropa, hacer las compras o el té. Pero hasta ahora, se estaba dando cuenta que quizás era más que eso, algo más profundo que eso.

John suspiró y se frotó el rostro. —Necesito tiempo Sherlock. Necesito estar conmigo mismo por un tiempo. ¿Lo entiendes?

—Si— Sherlock asintió.

—Bien.

XXXX

Le tomó dos meses. Dos meses en que John estuvo enfermo y deprimido en su pequeño departamento. Dos meses que John estuvo más aburrido que en toda su vida, que lo único que deseaba hacer era gritar. Dos meses antes de que comenzara a extrañar a Sherlock, a la Sra. Hudson y todo lo que tenía que ver con eso.

Aun tenía pesadillas, despertaba con el sonido de Jim gritando. Aun daba paseos largos por Londres en la mañana antes de que el sol saliera y el mundo estaba en silencio. Aun se quedaba dormido sobre la tumba de Jim o pasando ahí la madrugada solo hablando.

Tomó dos meses para que John decidiera estar listo para dejar que Sherlock regresara a su vida, incluso en algo tan pequeño. Volverían a ser compañeros de piso, nada más. Podría perdonar a Sherlock lo suficiente para poder volver a ser amigos, porque recordaba al hombre roto en la cafetería, pidiéndole que volviera a casa. Y al final sintió que alguien tenía que estar ahí para salvar a Sherlock de sí mismo.

Así John se presentó en Baker Street una tarde, con dos bolsas bajo sus brazos, el resto de sus cosas aun estaban en su antiguo piso. Usó su llave para entrar y poco a poco subió las escaleras. Podía escuchar a Sherlock tocando su violín, algo lento melancólico y era tan familiar y reconfortante. Cuando John abrió la puerta de su departamento, Sherlock ni siquiera alteró su ritmo y siguió tocando.

John dejó sus bolsas en el piso y fue derecho a la cocina a hacer té. Sherlock continuo tocando mientras John tamborileaba sus dedos encima del mostrador, esperando que el agua hirviera. El agua lo hizo y finalmente hizo dos tazas, llevándolas a la sala. Colocó una por el escritorio cerca de donde estaba Sherlock tocando, mirando por la ventana. Luego se sentó en su sillón rojo, que era muy suyo, cerró los ojos y escuchó.

—Bienvenido a casa John— dijo Sherlock, sin girarse.

Y a pesar de todo John sonrió, podía sentir el teléfono de Jim en su bolsillo delantero de su chamarra, descansando sobre su corazón. Un romance entero contenido en una pequeña pieza. Lo único que le quedaba eran los recuerdos y una tumba sin nombre.

FIN

N.A. Hola de nuevo. Antes de que comiencen todos a perseguirme con cuchillos, debo decir que esto no es el final de la historia. La séquela es sobre Sherlock y John y como intentan arreglar todo este gran problema. Si gustan seguirla me sentiré honrada, sino, espero hayan disfrutado mucho esta historia.

N.T. En mi caso que puedo decir me divertí un montón con esta historia, je, bueno, mentira, sufrí mucho con la traducción porque de verdad varias escenas me hicieron sonrojar… otras reírme de lo lindo con el comportamiento psicótico de este precioso Jim Moriarty… y en otras ocasiones llorar por lo que implicó esta relación y por supuesto el final. Pero como dice RemyDico5 esto no es lo último sino hay una secuela es pequeñita, no más de 10 capítulos que comenzaré a subir dentro de un mes, quiero darme un descanso de la traducción para subir unas tres o cuatro historias que tengo por ahí comenzadas, tres de ellas bastante avanzadas, pero que no he podido finalizar.

Una es del fandom de Sherlock, otra del fandom de LOTR, otro de Hannibal y por último la idea para uno de Star Trek, ya ven son multifandom, los dos primeros ya los tengo más del 50 por ciento de avance el siguiente tengo el boceto y el último, la idea, cabe aclarar que todos son one shots, unos más largos que otros pero bueno.

En fin déjenme sus comentarios finales para hacerlos llegar a RemyDico5 con todas nuestras felicitaciones por esta joya.

Besos

Itsaso Adhara