Disclaimer: JK Rowling es la ama y señora de Harry Potter y yo no gano dinero con esto T-T

N/A: Mi intención con este fanfic es escribir algo sencillo, tontuno y sin mayor complicación. Lo cual quiere decir que tengo una idea inicial, pero la mayor parte va a ser improvisación pura y dura. Es posible que haya melodramatismo barato, intentos de UST y humor tontuno. E incluso intentos de (JAJA) sexo.

Avisadxs quedan, queridxs lectorxs.


Capítulo 1: Compañeros de piso

Tras la derrota de Voldemort, la vida había seguido su curso.

Harry tenía su trabajo en el Departamento de Aurores del Ministerio, Ron el suyo ayudando a George en Sortilegios Weasley, y Hermione había vuelto a Hogwarts para terminar su séptimo año de educación mágica.

Una vez acabó, dado su historial como heroína del mundo mágico, Hermione no tuvo problema en encontrar un trabajo en el Ministerio de Magia. Fuera porque el hecho de tenerla a ella y a Harry les daba buena prensa, o porque era una joven inteligente y más que competente, el caso es que la contrataron de inmediato. Incluso un año después de la caída de Voldemort, había mucho trabajo que hacer. Sobre todo en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, donde habían admitido a Hermione en un puesto de prácticas. Miles de papeles necesitaban ser archivados y organizados, y cientos de personas aún seguían acudiendo a preguntar por los seres queridos que habían desaparecido en la guerra. Las heridas de su piel ya se habrían curado, pero aún había muchas otras heridas abiertas. De esas que no se pueden curar.

A Hermione le hubiera gustado, en parte, seguir viviendo con sus padres, para poder disfrutar de ellos y su recuperada memoria, de la seguridad de su casa y los recuerdos infantiles que poblaban su habitación. Habría sido más fácil, en cierta manera. Podría haberse escondido de los monstruos que aún la atormentaban en sus pesadillas. Podría haberse dejado abrazar como cuando era pequeña y sus padres le leían un cuento siempre antes de dormir y le besaban la frente y le decían "Todo va a ir bien", y creía que los monstruos sólo existían en las pesadillas. Pero ahora sabía que eran reales, y que las cosas no siempre iban tan bien.

Y, para bien o para mal, Hermione Granger nunca había sido de las que se escondían.

Así que había terminado buscando un piso en Londres. La otra opción habría sido irse a vivir con Harry y Ginny al número 12 de Grimmauld Place, pero eso la hacía sentirse incómoda, por aquello de que eran pareja. Prefería ir de visita de vez en cuando, como hacía ahora. Le gustaba que fuera así.

(Y no tenía nada que ver el hecho de que aquella casa le diera escalofríos. Nada. Que. Ver.)

Por eso, aquella tarde sombría de mediados de septiembre, se apareció al lado de un cubo de basura en un callejón oscuro que olía a demonios. Un gato bufó y salió corriendo en cuanto oyó el sonoro "crack" que acompañaba a la aparición. Habría ido a la casa por medio de polvos flu, que era algo más agradable (siempre que uno mantuviese la boca cerrada), pero justo se le habían acabado y no había podido ir a comprar más. ¿Acaso se estaba volviendo descuidada?Apartó ese pensamiento de su mente y anduvo hacia la casa que deseaba que fuera su próximo hogar. Ya llevaba vistos muchos (demasiados) pisos, por lo que este constituía prácticamente su última esperanza.

Se trataba de un edificio de dos pisos, con fachada de ladrillo de un color un tanto indefinido. Podría habérsele llamado marrón. La ventanas de marco blanco le daban un toque acogedor, pero delataban que allí la limpieza no era precisamente una prioridad. Tenía un pequeño jardín delantero cuya flora consistía en un arbusto moribundo y un cubo de basura. Llamó a la puerta, color verde botella, cuya pintura estaba algo desconchada.

"Merlín, tengo que conseguir un aumento de sueldo".

El pomo giró, dejando paso a un hombre joven de baja estatura. Sacudió su pelo negro y mostró una sonrisa blanquísima, que hacía contraste con su piel morena. Se saludaron y él la dejó entrar.

–Yo soy Wil. Diminutivo de Wilfred –dijo, con un extraño acento, mientras andaban por el estrecho pasillo de entrada. Olía a libros viejos. El suelo estaba recubierto con una alfombra pasada de moda que se tragaba el sonido de sus pisadas–. Y esa de allí es Maggie –añadió, cuando llegaron al salón.

Maggie la saludó con un movimiento de cabeza desde el sillón en el que estaba sentada. Su pelo rojo, largo y desordenado (muy desordenado) se agitó. Hermione no supo por qué, pero de inmediato aquella chica le cayó bien.

En cuanto entró en el salón, comprendió la razón del olor a libros viejos. Una estantería de proporciones épicas recubría todo lo largo y ancho de las paredes de la estancia. Obviamente, había sido modificada con magia. Hermione la observó maravillada.

–¿Te gusta mi colección de libros? –inquirió Wil –. Si decides quedarte, puedes consultarla cuando quieras.

Hablaron de la casa, de las reglas, de los turnos de limpieza, del casero, y de todas esas cosas aburridas de las que hay que hablar cuando uno se muda a un piso compartido. Lo cierto es que Hermione estaba bastante satisfecha, excepto por el hecho de que la casa era un poco vieja y a veces las tuberías daban problemas. Pero incluso le dejaban tener a Crookshanks. Y ambos compañeros parecían amables. Sobre todo Wil, que parecía entusiasmado por el hecho de que Hermione tuviera un gato de mascota. Además, era un barrio tranquilo.

Le enseñaron su habitación, situada en el segundo piso. No era muy grande, pero tenía un escritorio amplio y un sillón en el hueco de la ventana que parecía perfecto para sentarse a leer en los días de lluvia, con un té calentito al lado. Podía imaginarse a sí misma perfectamente viviendo allí.

Al salir, se dio cuenta de algo extraño.

–¿Hay cuatro habitaciones?

–Oh, sí, hay otro chico aparte de nosotros, pero está de viaje –respondió Wil–. ¿No lo pusimos en el anuncio? –preguntó, mirando a Maggie.

Ésta se encogió de hombros.

–Es posible que se me olvidara... –murmuró, sin demasiado entusiasmo.

Wil frunció el ceño.

–No pasa nada –repuso Hermione, sonriendo–. Me encanta la casa. ¿Cuándo puedo mudarme?

oxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxo

Decidió no pensárselo demasiado, porque en Londres las ofertas de alquiler volaban, y varios magos y brujas compartiendo un piso con un hueco libre no era tan común como uno pudiera pensar. A saber cuándo iba a volver a encontrar una oportunidad así.

El día de la mudanza, una semana después, sus padres se despidieron de ella, tristes, pero conscientes de que, gracias a que era bruja, podía ir a visitarles enseguida, y ella prometió hacerlo todas las semanas.

Ron y Harry insistieron en ayudarle a trasladar sus cosas, a lo que ella contestó que no era necesario, que por si no lo recordaban, era bruja y tenía un bolso al estilo de Mary Poppins. Ron puso cara de seta y preguntó que quién cojones era aquella mujer, Hermione le reprendió por ser malhablado, y Harry suspiró, resignado.

No obstante, nada de ello impidió que la acompañaran. Ron insistió en llevarle el pequeño bolso que contenía todas sus pertenencias, a lo que Hermione accedió, por encontrarlo estúpidamente galante y porque no quería volver a ver su cara de seta, no aquel día, que se suponía que tenía que ser feliz para ella.

Así que volvió a llamar a la puerta verde botella, con una sonrisa en la boca y el corazón saltando alegremente en su pecho. Wil le había dicho que a esa hora seguro que había alguien en casa, aunque no fuera él mismo, y así podría instalarse con tranquilidad, recibir las llaves, pagar la fianza y firmar el contrato.

Lo que no se esperaba era que Draco Malfoy le abriera la puerta.

–¿Pero qué cojones...? –exclamó Ron detrás de ella.

Y, aquella vez, Hermione no tuvo el valor de corregirle. Era exactamente lo mismo que ella estaba pensando.


N/A: Bueno, espero que os haya gustado :) Aún no he decidido si será un EWE o no, así que puede pasar cualquier cosa muahahahahaha! Soy evil.

XDD Besines!