Eres mio…

I Parte

Con el misterio de la noche, la luna guardará el secreto.

Oscuridad… oscuridad era lo que casi siempre reinaba en este lugar, encierro, soledad, miedos y esperanzas, sentimientos propios o ajenos, que revotaban en las paredes, intentando abrirse pasó para llegar hasta los corazones y las almas de alguien más. Que irónico que justo en este lugar lo hubiese encontrado a él… un sitio tan parecido a su alma, al alma de ambos, aunque la de ella tuviese muchas mas tinieblas, mucho mas dolor, mucho mas odio, mas frialdad… seguía siendo su alma… incluso después de todos estos años de vagar errante por la tierra buscándolo, buscando a ese que le diese sentido a su vida una vez mas, que despertase el corazón cubierto por esa escarcha flemática, en la cual se había escudado desde aquella maldita noche, esa trágica noche en la cual su mundo entero cambio, su corazón se transformo, se congelo… pero en su interior un volcán crecía y crecía, reventado, haciendo erupción y cobrándoles todo el sufrimiento a aquellos que le arrebataron la vida, llenándose las manos de sangre, manchando su alma, condenándose… y sin embargo, el odio, el dolor, la soledad y la oscuridad no se fueron… tampoco lo hizo el amor, lo seguía amando, con todo lo que llevaba dentro, con cada fibra de su cuerpo, con cada latido de su corazón, con todo el aliento que la llenaba… lo amaba.

- Buenos días… ¿Puedo ayudarla en algo? – Pregunto una voz a sus espaldas.

Se había sumido en sus pensamientos de tal modo que no lo sintió llegar, eso jamás le sucedía… al menos no desde hacia mucho. Se volvió muy despacio para descubrir tras ella a un hombre de unos cuarenta años, quizás menos, pero la poca luz en este lugar no le dejaba verlo con claridad, esbozo una ligera sonrisa acercándose a él y le extendió la mano.

- Mucho gusto, Pandora… Gallagher – Se presento y no supo que la había impulsado a hacerlo con su nombre real – He venido por el anuncio de prensa – Agrego mirándolo directamente a los ojos, el anciano tenia treinta ocho años exactamente, era norteamericano… de clase humilde y era un buen hombre; todo eso pudo adivinarlo con solo tocar su mano y mirar en sus ojos, que eran de un azul claro.

- Por supuesto señorita Gallagher, por favor venga conmigo… la llevare hasta la oficina del señor Hathaway – Le indico, mientras le cedía el paso mostrando una amable sonrisa.

El auto rojo ultimo modelo se desplazaba por las calles de Nueva York a velocidad considerable, como siempre solía hacer, tal vez porque este era uno de los pocos momentos en los cuales se sentía libre, estos y cuando se montaba sobre el escenario y se metía en la piel de alguien mas, toda su vida había anhelado eso, ser alguien mas… alguien distinto a quien era, liberarse de la condena que le había tocado llevar desde mucho antes de nacer, fruto de un amor fracasado, parecía estar irremediablemente obligado a tener la misma suerte, a ser un fracasado en el amor, a no ser jamás parte de alguien, a ser el aire y la luz para alguien, ser el alma, el cuerpo y el corazón de alguien… así como nadie lo seria del suyo, debía aceptarlo y dejar ir de una buena vez este sentimiento que aun lo mantenía atado a un pasado que no tenia cabida, ni sentido en su futuro. El inmenso cartel sobre el edificio atrapo su atención, su rostro resaltaba en el mismo… pero, no era el suyo… pertenecía a otro, a ese otro que fue, al que era noche tras noche, pero al que no podía aferrarse para siempre y no llenaba los espacios vacíos de su alma, ni de su corazón – Dejo libre un suspiro y cerro los ojos deteniéndose un instante frente a la puerta principal, un pensamiento intento apoderase de su cabeza pero lo desecho de inmediato, moviéndola de un lado a otro, abrió los ojos y puso el auto en marcha de nuevo; un minuto después se encontraba caminando por los pasillos de la academia Stamford, la que se había vuelto su hogar desde que llego a este país.

- …Básicamente ese será el trabajo que deberá cumplir en este lugar señorita Gallagher, como vera no es mucho, pero tampoco es fácil… algunos actores son bastante exigentes, son caprichosos y malhumorados; pero también son buenas personas, son generosos y comprensivos, puedo que todo esto le suele algo absurdo viniendo de las mismas personas, pero todo depende del estado de animo que presenten en ciertos momentos – Hablaba el hombre mirando fijamente a la chica.

- Lo entiendo perfectamente señor Hathaway… los actores no son las únicas personas volubles en este mundo – Expuso ella mostrando media sonrisa y su mirada tenia un brillo especial que se podía apreciar a través de los anteojos que usaba.

- Cierto, bueno si no tiene ningún problema con ello o con el salario, el trabajo es suyo – Menciono manteniéndole la mirada, era como si no pudiese escapar de esos ojos que no mostraban un color especifico, lucían oscuros en ocasiones y claros en otras, según la luz que los tocase, produciendo cierto embrujo en quien los miraba directamente.

- Estoy totalmente de acuerdo con lo que me ofrece señor Hathaway, le agradezco la oportunidad que me brinda e intentare no defraudarlo…- Fue interrumpida por un suave golpe en la puerta.

Ella sintió de inmediato que la atmosfera cambiaba, el aire se volvía más denso y su corazón hizo más rápidos sus latidos, podía sentirlo, aun a través de las paredes, podía sentirlo, sabia que era él, que estaba tras esa puerta, su cuerpo tembló como años atrás, como cuando…

- Adelante – Ordeno el hombre posando su mirada en la puerta.

- Buenos días Robert – Se dejo escuchar la voz fuerte, grave y con ese indiscutible acento ingles que lo caracterizaba, mientras entraba a la oficina.

- Hablando de actores complicados… - Susurro el caballero por lo bajo para la chica y después en voz alta agrego – Buenos días Terruce, pasa por favor… precisamente te estaba esperando, tengo algunos puntos que discutir contigo pero antes, déjame presentarte a la señorita Gallagher – Indico colocándose de pie y haciendo un ademan hacia la chica.

Ella apenas logro moverse para mirar a los ojos del actor, a esos ojos que recordaba perfectamente, incluso después de ciento noventa y dos años, las piedras preciosas que más había amado en su vida, su mas grande tesoro, el sentido de sus días, de su vida… y los cuales vio quedarse sin luz una fría noche de noviembre, tuvo que contener un jadeo cargado de dolor y alegría al mismo tiempo… tantos años… tanto dolor, tanto odio, tanta oscuridad cerniéndose sobre ella, lanzándola a un abismo, al mismísimo infierno, por haberlos perdido y ahora… ahora, él estaba aquí de nuevo… esta frente a ella, mirándola.

Él se quedo observándola un instante, incapaz de apartar su mirada de los ojos oscuros de aquella mujer que brillaban con una luz especial, a simple vista se notaba normal, tez blanca… bueno en realidad pálida, aunque se podía adivinar que debió tener uno mas saludable años atrás, pero le hacia falta sol para poder lucirlo con esplendor, cabello largo, espeso, sedoso y negro que se encontraba recogido detrás de su nuca en un moño zonzamente, rasgos finos y hermoso… la verdad era que había en ella una belleza que por algún motivo no le gustaba enseñar o al menos eso le pareció a él, a lo mejor le complacía su estilo antiguado.

- Encantado señorita, Terruce Grandchester – Indico ofreciéndole la mano a la chica, quien se había quedado congelada mirándolo – De seguro una fans mas – Pensó con media sonrisa, mas que de alegría de resignación.

- Pandora Gallagher… - Esbozo colocándose de pie para recibir la mano.

En el mismo instante en el cual la tomó, sintió una enorme fuerza recorrer su cuerpo, la sangre volvía a cantar llena de vida por sus venas, sus pulmones se llenaban de aire, sus ojos tenia ese brillo que otrora enamoro a muchos hombres, que fue quizás su mayor virtud y su mayor desgracia también, todo su cuerpo vibro de emoción y certeza… era él… era él… su Arthur, su lord Arthur Vicent Gallagher, su amando, su esposo.

Terry pudo notar la turbación en la chica, pero solo unos segundos antes que él también fue presa de un cumulo de sensaciones y sentimientos que no lograba comprender, una infinita tristeza, un profundo dolor y unas enormes ganas de llorar lo asaltaron… esto era parecido… parecido a la desolación que cubrió su mundo cuando Candy se alejó aquella noche de noviembre en medio de una tormenta de nieve, pero había algo mas… era como si desde el fondo de su ser una luz comenzara a abrirse paso, un nuevo sentimiento despertaba en él… solo que no sabia como definirlo.

- Pandora… como la primera mujer del mundo… - Susurro perdiéndose en el enigmático todo de sus ojos, que parecía cambiar de color según la luz que los tocase.

- Según los griegos y su mitología… - Le dijo, su voz apenas un murmullo y su corazón se lleno aun más de vida, mientras mostraba una radiante sonrisa y después de tantos años sus ojos se llenaban de lágrimas una vez mas… él la estaba regresando a la vida.

Él la recordaba… muy dentro de su mente ella seguía allí, vivía aun en su corazón… "Pandora, la primera mujer en el mundo… la creada para mi, la primera para mi… la dueña de mis risas y mis llantos, de mis temores y mis certezas, de mi esperanza… tienes la esperanza dentro de esta ánfora" – Decía mientras acariciaba con suavidad el vientre que apenas se notaba, el que llevaba a su hijo, para después besarla con una ternura que no había conocido antes y que no volvió a sentir jamás.

- Los… los dejo, es mejor que comience de una vez con mis tareas señor Hathaway – Pronuncio y su voz era distinta, ronca, como si estuviese siendo oprimida por algo.

- Bueno… no es necesario que lo hago hoy mismo… puede ir a su casa y empezar mañana… - Decía cuando la chica lo interrumpió.

- Deseo… hacerlo desde hoy señor, me sentiré mejor si me tomo el tiempo para conocer los gustos de cada actor, desde este instante… si me permite – Indico mirándolo a los ojos.

- Por supuesto, como desee señorita Gallagher… le pediré a Martin que le indique por donde empezar – Menciono haciéndole un ademan para invitarla a salir.

- Gracias – Esbozo ella y se aventuro a mirar a Terry una vez mas – Un placer conocerlo señor Grandchester… le veré después para recibir sus indicaciones, con su permiso – Agrego perdiéndose en esos ojos de azul intenso que la miraban con interés.

- Igualmente señorita Gallagher… nos vemos mas tarde – Menciono el chico, un tanto distraído por el remolino que llevaba en su interior.

Ella asintió en silencio y salió de lugar acompañada por Robert, mientras Terry se quedo en el despacho del director de la compañía, intentando comprender lo que había sucedido, aunque era evidente que nada de esto tenia explicación, era como si… como si no fuese la primera vez que veía a esa joven, bueno tal vez era así… a lo mejor la había visto en algunas de las funciones, sin embargo esta explicación no lo convencía del todo y menos lo dejaba satisfecho, un par de minutos después Robert regresaba.

- Bien… empecemos con lo que tenia para decirte, toma asiento por favor – Menciono desconcertado al ver que Terruce aun seguía de pie y con la mirada perdida.

- ¿De donde conoces a esta chica? – Pregunto sin preámbulos, desorientando un poco más al hombre frente a él.

- ¿Conocerla?… bueno, no la conozco, llego aquí por el anuncio que colocamos en el periódico solicitando a una vestuarista, me entrego su hoja de vida, ha trabajado en compañías de Los Ángeles, San Francisco, Chicago, todos sus cartas de referencias son emitidas por personas confiables… además me gusto su actitud, se nota centrada, reservada… ¿Algún problema con ella? – Pregunto mirándolo fijamente.

- No… no, ninguno… solo que no sé, me resulto familiar, tal vez la haya visto en alguna función o como dices en algunos de los teatros donde nos hemos presentado en las giras… no le des importancia ¿De que deseabas hablarme? – Pregunto para cambiar de tema.

Durante el día Terry no puso quitarse de encima la sensación de estar siendo observado, era como si un par de ojos se encontrasen clavados a su figura y seguían cada paso, cada movimiento, pero cuando buscaba entre las sombras del teatro, en los palcos, en los pasillos, los encontraba completamente vacíos, podía parecer estúpido, pero en una ocasión cuando se tendió sobre el escenario y cerró los ojos para hacer ejercicios de respiración… podía jurar que sintió como si alguien rozase su rostro, fue un toque tan sutil, que no podía asegurar que hubiese sucedido, pero el temblor que le recorrió toda la columna le indicaba que había sido real. No volvió a ver en todo el día a la nueva asistente de vestuario, era como si se hubiese esfumado o tal vez no le había gustado el trabajo y se había largado, bueno no le extrañaba… ese trabajo era el peor que podía existir, sobre todo si se topaba con una Karen Klaise histérica porque la presan no se había desvivido por su actuación como esperaba.

Sin embargo antes de abandonar el edificio para regresar a su apartamento, ya que esa noche no tendrían función, pudo ver a la chica saliendo tras él, se volvió para dedicarle una sonrisa amable y esta se la regreso, pero sus ojos se notaban fríos, sin vida, distantes… sin un rastro de calidez, tal vez ya había tenido la oportunidad de ser el blanco de los desaires de sus compañeros, no es que él fuese uno pan de Dios… pero al menos no se regodeaba en humillar a los trabajadores como hacían los demás.

A diferencia de las mayorías de las noches que no tenía función, en las cuales se la pasaba sentado frente a la ventana observando el ir y venir de transeúntes y autos, al llegar a su departamento se metió en la bañera y ya en esta un extraño sopor empezó a adueñarse de su cuerpo, algo bastante peculiar, se dijo y se encamino hasta su habitación, quiso probar si verdaderamente el insomnio lo había abandonado, fue justo así, esta vez no le costó en lo absoluto conciliar el sueño, solo basto con que colocase la cabeza sobre las almohadas para que un manto pesado se volcase sobre él alejándolo del mundo real y sumiéndolo en uno efímero, brumoso… oscuro.

Su cuerpo se estremeció a causa de un extraño escalofrió que lo recorrió completo, comenzó a moverse entre las delgadas sabanas blancas de algodón que lo cubrían, su cabello en ligero desorden se encontraba esparcido sobre las almohadas, mientras él giraba su cabeza de un lado a otro, inquieto y sudoroso, moviendo sus labios, produciendo murmullos que no lograban tener sentido, de pronto la temperatura bajo drásticamente dentro de la habitación, el gran ventanal a un extremo de su cama se abrió provocando un sordo crujido de cristales, pero ni siquiera eso logro sacarlo de sus sueños.

La luz de la luna reflejo una figura en el piso de la habitación, sentada en el marco de la ventana se encontraba la hermosa silueta de una mujer, vestida nada mas con una ligera manta negra que contrastaba espléndidamente con el tono blanco de su piel, sus cabellos negros como la noche, largos y sedosos, que caían sobre sus hombros y espalda, llegando casi a la cintura, su mirada era triste, se veía ausente de brillo y vida, era como si en lugar de ojos las cuenca estuviesen vacías… y si estos eran la ventanas del alma, el alma de esta mujer, era oscura, muerta, inclemente, lejana, de otro tiempo, de otro espacio. El ambiente de la habitación se hizo mas pesado y frio cuando ella se coloco de pie y muy despacio comenzó a acercarse a la cama donde el cuerpo del chico aun mantenía una lucha férrea, por liberarse de esa mortaja que el sueño había tejido en torno a él.

- Tranquilo… tranquilo… - Susurro posando una mano en la frente perlada de sudor de Terry – No te hare daño, no dejare que nadie te haga daño nunca mas… estoy contigo una vez mas y ya nada podrá separarnos, ni el cielo ni el infierno te alejara de mi, te lo prometo amado mio… aun si tengo que desatar toda la desgracia de este mundo, aun sin tengo que regresar de donde salí… lo hare, si con ello puedo tenerte a mi lado lo hare… eres mio, siempre lo has sido – Su voz era hipnotízante y poco a poco el chico comenzó a calmarse, dejo de luchar contra eso que lo estaba asfixiando y se relajo completamente, su respiración retomo su normalidad, así como los latidos de su corazón y las manos de ella que comenzaron a acariciarlo, le brindaron a su cuerpo una maravillosa sensación de calidez que lo colmo por entero.

Ella lo observo durante horas, recorriendo su rostro, cada rasgo en este que, era exactamente igual, la suavidad de sus labios, de sus parpados que guardaban los preciosos zafiros, su prominente mandíbula, sus mejillas, sus pómulos, su barbilla, sus orejas… cada detalle de su rostro fue sometido al mas exhaustivo reconocimiento, mientras él tan tranquilo como una estatua, parecía ser la mas hermosa de las esfinges hechas en el mejor de los mármoles, como aquellas que mantuvo en los altares que le había construido en cada mansión que poseía alrededor del mundo, sin embargo, ninguna lograba alcanzar la perfección y la belleza que sus manos recorrían en este momento. Casi dos siglos después volvía a llorar, lloraba de felicidad, de emoción, de amor… este llanto no era como aquel que derramo la ultima vez que lo tuvo en sus brazos, cuando pudo admirar su hermoso rostro de esta manera, ahora él respiraba, el aliento que salía de sus labios, la llenaba de vida… estuvo tantos años perdida, saboreando su dolor, consumiendo en este, dejando que la llenase de odio… el odio que la hizo fuerte, que la mantuvo en pie durante todos estos años, cobrando con sus propias manos la vida de todos aquellos que llevaban la sangre de los asesinos de Arthur, sin piedad, ni compasión… sin remordimientos, había asesinado a familias enteras, había incendiado castillos, mansiones, arruinado y enloquecido a cada uno de los miserables y desgraciados que tuviesen la mala fortuna de llevar el apellido Mahler y se cruzasen en su camino…

- Noche… Luna… ustedes escucharon sus gritos, vieron derramar sus lagrimas, mezclarse con su sangre, vieron sus entrañas y sus miembros desparramados por campos, por ríos, lagos y colinas, vieron sus cuerpos despedazados volar por los aires… fueron testigos de mi furia… ustedes lo vieron todo – Decía recordando, como se había convertido en una asesina implacable, en una desalmada… - La verdad ya no tenia alma que arriesgar en el infierno, ya había estado en este, desde que lo perdió a él su vida se había transformado totalmente, pues junto a Arthur, también se había ido el hijo de ambos, las manos de los Mahler se los habían llevado a ambos – Sumida en sus pensamientos sentía como la sangre en sus venas se transformaba de nuevo y su corazón poco a poco se cubría de escarcha… de hielo.

- Pero también vieron mi sufrimiento… vieron mi dolor, mi angustia, mi soledad y mi impotencia… ¿Cómo esperaban que reaccionara al ver que me lo habían arrebatado todo? ¿Dónde estaba el Dios al que le había rezado desde niña? ¿Por qué dejo que los demonios se apoderaran de todo lo bueno que había en mí? ¡Resignación! Me gritaba las viejas cobardes de la villa… ahora están en manos de Dios… ¡Mentira, todo era mentira! Ellos estaban en una fosa común, sin siquiera haber sido enterrados de una manera digna… y yo desgarrada en cuerpo y alma, vagaba por caminos de piedra y tierra, en medio de casas hechas escombros y cenizas, cubierta con arrapos, con la cordura pendiendo de un hilo, después de haber estado por meses en ese calabozo oscuro y frio donde casi muero, torturada para confesar algo que ni siquiera sabia, culpada de delitos que jamás cometí, humillada por la ambición de otros… a mi me lo arrebataron todo, después de tenerlo todo ¡Y Dios jamás llego! No escucho mi llanto, no escucho mis ruegos, no consoló mis penas, ni alivio mi dolor… ¡Me abandono noche! ¡Se olvido de mi luna!... Y solo él vino hasta mi… solo él… fue quien me ofreció una salida, quien puso en mis manos el poder para hacer justicia, para liberar mi odio y hacerles pagar a los culpables… entonces se volvió mi Dios, mi señor… fue él quien me libero – Susurro al tiempo que sus ojos se hacían insondables.

Él comenzó a moverse una vez mas, inquieto y el sudor perlaba de nuevo su cuerpo, su pecho subía y baja con rapidez mostrando su respiración acelerada, mientras sus manos crispadas se sujetaban con fuerza de las sabanas y su voz, un ronco murmullo intentaba esbozar algo, tembló y eso capto la atención de ella quien se había perdido en la imagen de la luna llena que se podía apreciar a través del gran ventanal. Se volvió de inmediato para intentar tranquilizarlo, no quería que sus demonios lo asustaran, no quería que él pudiese sentir la maldad que fluía por sus venas, esa que la había envenenado después que los separaron y la había condenado a una eternidad de rencores y venganzas. Sin poder resistirse a lo que sentía, se acercó a él y deposito un suave beso en los labios del joven, apenas un roce.

- Deje de ser a quien amabas Arthur… me convertí en un monstruo, necesita detener el dolor que me consumía, que me asfixiaba, por favor no me rechaces, no me odies… no te imaginas todo lo que pase desde que te perdí – Una lagrima rodo por su mejilla para morir justo sobre el pecho del chico, sobre su corazón – Nada llenaba el vacío, ni el dolor, ni siquiera haberlos asesinado… - Dejo libre un jadeo cargado de dolor mientras mas lagrimas llenaban sus ojos - Nada Arthur, en eso se transformo mi vida, en nada… mi cielo se volvió grises, mis noches eran eternas, mis días eran eternos… todo mi mundo paso de ser una brillante mañana de primavera a una desolada y aterradora noche de invierno, perdió sus colores, todo fue gris y frio… - Hundió el rostro entre las sabanas a un costado del cuerpo de Terry, llorando amargamente, temblando a causa de los sollozos – Quería liberarme, quería sacar todo esto de mi pecho… solo quería terminar con todo, pero fui una cobarde… no tuve el valor para quitarme la vida Arthur, no pude… y estoy tan cansada… estoy tan cansada amor mio – Confeso sin lograr mirarlo, su llanto estaba tan lleno de dolor, puedo sentir como él temblaba de nuevo y había dejado libre un sollozo, pero permanecía dormido, ella lo busco con la mirada – Perdóname… perdóname por no haberme ido tras de ti, perdóname por favor… por favor amor mio – Susurro tomando el rostro del chico entre sus y una vez mas posaba sus labios sobre los de él, buscando un alivio al dolor que sentía.

Terry sintió su cuerpo temblar con fuerza, para inmediatamente después relajarse, quedar como en un estado de paz absoluta, pero al mismo tiempo esto hizo que la pesada presa que mantenía el sueño sobre él se desvaneciese, muy despacio abrió los ojos, parpadeando un par de veces para aclarar su vista, sus ojos se abrieron con sorpresa al notar que alguien lo besaba, una mujer… no podía moverse, sabia que estaba despierto… podía jurar que estaba despierto, pero no lograba moverse, solo conseguía sentir como ella paseaba sus labios por encima de los suyos en un toque tan delicado, que apenas parecía real, reuniendo toda su fuerza de voluntad, abrió sus labios y el sabor que percibió fue tan extraordinario… que sintió elevarse poco a poco, cerró los ojos y movió su mano para sujetar la de la mujer que descansaba a un lado de su cuerpo.

Ella reacciono de inmediato alejándose del contacto, se separo de él con tal rapidez, volviéndose un halo de luz, brillante y etéreo. Terry se pregunto si había sido solo una visión, pues sus ojos la perdieron en segundos, sin embargo podía percibir que una extraña presencia se mantenía en el lugar, el aire estaba tan frio y denso, la busco con la mirada e intento colocarse de pie pero no pudo, respiro profundamente para calmarse pensando que todo había sido un sueño, pero cuando abrió los ojos fue para encontrarla en un rincón, asombrada, desconcertada y temerosa, escondida entre las penumbras de la habitación, observándolo fijamente, como un animal herido y acorralado cuya mirada suplicaba… solo que sus ojos… sus ojos no podían distinguirse, era de un negro cerrado como las noches sin luna, abarcando un espacio infinito y hermoso en ese rostro que parecía estar hecho de porcelana, sus labios… sus labios era delicados y rojos, resaltando como lo haría una rosa en medio de la nieve; sin embargo esa belleza no parecía ser natural, había algo extraño en ella.

- ¿Quién eres...? – Pregunto con la voz ronca más por las emociones que llevaba dentro del pecho que por haber estado dormido, sintiendo su corazón latir con fuerza, intento colocarse de pie pero su cuerpo estaba tan pesado, como si estuviese hecho de plomo, al tiempo que sentía que la sangre en sus venas comenzaba a helarse y su respiración se tornaba difícil… ¿Miedo? Era miedo lo que lo embargaba… en realidad era terror… estaba aterrado.

Ella se quedo en silencio, inmóvil como una estatua, sin siquiera respirar, solo lo observaba y el temor no se alejaba de su expresión, tampoco lo hacia de la de él, una vez mas Terry intento salir de la cama pero no podía hacerlo, algo lo mantenía atado a esta, algo con lo cual le era imposible luchar, su corazón que ya latía frenéticamente, triplico sus pulsaciones ante el miedo que la imagen de esa mujer le producía, él jamás había creído en cosas sobrenaturales incluso se había burlado un montón de veces de aquellas personas que si lo hacían, los consideraba cobardes y estúpidos… pero en este momento sentía que fue quien fuese esa mujer que estaba dentro de su habitación no podía ser humana, su instinto se lo gritaba, así como le gritaba que saliese de allí inmediatamente, que gritara, que forcejeara contra eso que lo mantenía preso… sintió sus ojos llenarse de lagrimas y trago en seco para pasarlas, esto era absurdo… ¿Por qué pensar que era algo sobrenatural? Podía ser alguna fanática que soborno al conserje del edificio… intento engañarse, pero no era tan fácil… las sensaciones que lo recorrían se lo dejaban muy claro. Sin embargo él no era de los que se dejaba amedrentar por nadie… reuniendo todo el valor que poseía, hablo de nuevo.

- Te he preguntado quien eres… - Menciono intentando que su voz no mostrase el temor que lo invadía, pero no obtuvo mas respuesta que el silencio de antes, su mandíbula se tenso y sus ojos se llenaron del brillo de la ira - ¡¿Qué haces aquí?! ¿Cómo entraste a mi habitación? ¡Respóndeme! ¡¿Quién demonios eres?! - Pregunto entre gritos a la figura impasible en el rincón, que no dejaba de mirarlo, provocando que su cuerpo fuese victimas de intensos escalofríos, una capa de sudor comenzó a cubrirlo y su garganta a cerrarse.

- Mi nombre ahora no tiene importancia… no ha llegado el momento para que debas pronunciarlo – Al fin contesto, su voz suave y calmada, era tan hermosa y peligrosa como el canto de las sirenas. Se acercó a él muy lentamente, pero una sombra la cubría, la luz de la luna que entraba por la ventana no alcanzaba iluminar su rostro.

- ¡Aléjate, no te acerques! - Exclamo el chico y por primera vez en su vida estaba verdaderamente aterrado, intento salir de su cama pero todo esfuerzo era inútil, la desesperación comenzó a ser palpable y grito una vez más - ¡Largarte! ¡Llamare a la policía, no te me acerques! ¡Maldición, maldición! - Exclamaba retorciéndose con poderío para salir de ese lugar y corre… alejarse de allí, pero todo esfuerzo era inútil, sus músculos se encontraban rígidos como piedras, su respiración cada vez se hacia mas dificultosa y las lagrimas estaban a punto de desbordarlo, mientras un sudor frio cubría su cuerpo.

- No te hare daño… jamás podría lastimarte, solo deseos que vuelvas a dormir – Susurro cerniéndose sobre él, mientras la suave manta que la cubría se movía de un lado a otro con el suave vaivén de la brisa que entraba por el ventanal abierto, pegándose a su figura.

- ¡No, no! ¡Déjame en paz! – Grito y su voz ya no podía ocultar el miedo, sintió como un denso vaho comenzaba a envolverlo, intentando luchar por liberarse de esas ataduras invisibles una vez mas, pero de pronto se sintió muy cansado, sentía que su corazón saldría disparado de su pecho de un momento a otro, que caería en un abismo y ya no sabría mas de si… todo esto se hacían más fuerte a medida que ella avanzaba.

- No debes temer a quien te ama… a quien le perteneces… tranquilo – Esbozo acariciando con suavidad el rostro de él.

- No me toque… déjame… no… no… - Mencionaba el chico intentando parecer determinante, pero sus parpados comenzaron a cerrarse, su voz se convirtió en un murmullo y una vez mas cayo en un profundo sueño.

Ella lo beso en la frente, susurrando una hermosa canción en un idioma extraño, la respiración acompasada del chico le hizo saber que se hallaba profundamente dormido, continuo con la canción un par de horas mas, mientras sus ojos fijos en el rostro de Terry se mantenían atento a cualquier cambio, no quería perturbarlo, él no debió verla… no debió haber despertado, tenia que borrar de su mente lo ocurrido, así que comenzó a susurrarle al oído, una especie de ritual, mientras apoyaba su mano sobre el pecho del castaño, justo sobre su corazón, le dio un beso en la mejilla, lo miro una vez mas y después de eso salió del lugar tal cual había llegado, desvaneciéndose en la oscuridad de la noche, que empezaba a alejarse dispersada por las rayos del sol que salía en el horizonte.

Continuara…