Hola! Gracias por entrar a leer mi fic, y mostrarte interesado. Para agradecertelo, te contaré un par de cosas.

La primera, es que me gusta el personaje de Perona, por lo que sentí ganas de escribir un fic sobre ella, aunque no tenia muy claro si hacerlo o no, así que agradecería mucho que al final del capitulo me dejases un review diciendo si te gustó o no, aunque este es el prólogo y de por sí será muy corto.

La segunda, y relacionada directamente con la primera, es que si el fic no tiene una buena acogida es muy provable que lo abandone. Se me puede criticar mucho este aspecto, pero es que si no veo resultados, me desmotivo bastante.

Y bueno, aclarar que los personajes de One Piece no me pertenecen, y que espero que disfrutes de la lectura :)

1. PRÓLOGO

Unas largas y enroscadas coletas de color rosado se movían acompasadas al ritmo de las carcajadas ruidosas que soltaba su dueña, quién a duras penas podía aguantar su paraguas y su barriga al observar la ridicula escena en la que se encontraba cierto espadachín, ahora situado en medio de un charco de barro.

-¡Te lo dije!- Perona lanzó un bufido entre carcajada y carcajada, mientras le tendía una mano al peliverde.- Deberías prestar más atención a lo que te dicen.- La pelirosada jugueteó con sus botas rojas un rato, divertida, mientras Roronoa Zoro se sacudía toda la suciedad que cubría sus ropas.

Hacia solamente una semana desde que el segundo al mando de la tripulación de los Mugiwaras habia recibido el mensaje de su capitán y se dispuso a entrenar duro junto a Mihawk, aunque en ese mismo instante tuviera que ir con la colma de su zapato, Perona, a buscar comida como parte del entrenamiento.

Pasado el charco en el que desafortunadamente Zoro tropezó, su camino lo continuaron en relativo silencio.

La pelirosada volaba con tranquilidad a escasos metros del espadachín, quién reposaba su brazo derecho en los mangos de sus tres katanas con la mirada puesta en el horizonte. Estaba pensando en su capitán. Sentía ansias por terminar lo antes posible su entrenamiento y encontrarse con él, aunque por más que entrenara y entranara, dos años seguían siendo dos años.

Dos años que, por otra parte, no se le antojaban muy llevaderos. Perona era chillona y, a veces, resultaba ser una maleducada. Claro que era la única mancha de vida de ese deprimente y horrorosamente amplio y gigante castillo que solo habitaban ellos tres; la pelirosada, Mihawk y él, Roronoa Zoro.

Suspiró. Nada más imaginar lo que se le venía encima con la maldita niña de las coletas rosas, ya se sentía cansado y agotado. No podría soportarla por dos años. ¿Kami-sama le odiaba?

-Llegamos.- Sentenció la protagonista de sus pensamientos.- Aunque... ¿Como se supone que debamos cazar esos monstruos?- Perona entornó confusa su cabeza, parpadeando un par de veces. Casi sin pensarlo, Zoro dirigió su mirada hacia ella, quien comenzó a quejarse sobre lo complicado de la situación.

-Tsk. Deja de quejarte.

Él se dispuso a caminar con tranquilidad hacia una manada de animales parecidos a búfalos, ante la espectante mirada de la chica. Sacó sus katanas, una en la boca y dos en ambas manos, preparado para atacar. Aquello era parte de su entrenamiento. Aquello debía hacerlo para volverse más fuerte.

-¡Aah! Eres muy rudo y poco elegante.- Suspiró la pelirosada, con la clara intención de mofarse de él. A continuación, y haciendo morros, añadió- Sería divertido per como te aplastan esos búfalos.

-Di lo que te venga en gana.

Sus piernas comenzaron a moverse a gran velocidad y, pasando entre varios de los animales, movió ágilmente sus katanas, provocando que tres de los cuatro remugantes cayeran mugiendo a un volumen esorbitado, mientras el otro se disponía a abalanzarse contra el causante de tal escena, aunque éste fue más rápido que el animal y le propinó dos cortes perfectamente limpios, tumbandolo en el suelo en el momento en el que el silencio se formaba en ese claro del bosque.

Pronto fue interrumpido por las quejas de Perona, a la que nada de lo que hiciera el peliverde parecía parecerle bien.

-Tenemos buena comida.- Dijo el otro en un gruñido.- Deja de quejarte y ayúdame a cargarlos hasta el castillo.

La muchacha asintió algo a regañadientes y cargó con dos búfalos con sus fantasmas, mientras Zoro llevaba los otros dos sin ningún tipo de ayuda adicional. En cambio, para distraerse de la molestia, observó a la indignada de Perona, quien parecía murmurar algo sobre el tener que esperar dos años para poder salir de esa aburrida isla.

A Zoro le pareció una quejica. Le pareció un castigo el tener que permanecer a su lado durante todo lo que durara su entrenamiento.

Pero lo que no sabia, era lo que iba a cambiar esa visión de él en los próximos 24 meses. Y viceversa...

Bueno, primero tengo que aclarar que, en caso de que en algun capitulo se haya revelado lo que ocurrió con Zoro, Perona y Mihawk en esos dos años, o algun detalle, yo no lo he visto. Estoy en el capítulo 524, por lo que me basaré en lo que se sabe hasta entonces.

Gracias por tomarte la molestia de leer el prólogo. Si te gusta, deja un review :) Y si no, puedes decirme el por qué. :)) Nos leemos.