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Friend Zone.

Parte 2.

II.

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"Me maravilla lo que los humanos son capaces de hacer aunque estén llorando a lágrima viva, que sigan adelante, tambaleantes, tosiendo, rebuscando y hallando".

La ladrona de libros- La muerte.

"En mi religión… se nos enseña que todo ser viviente… cada hoja, cada pájaro… sólo vive porque contiene la palabra secreta para la vida. Esta es la única diferencia entre nosotros y un trozo de arcilla. Palabras. Las palabras son vida, Liesel".

La ladrona de libros – Max.
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La vida se compone de pequeñas explosiones. Pequeñas explosiones que ocurren en cualquier instante, en el más inesperado, en el lugar más impensable. Estás explosiones se unen, una tras otra, en una cadena ardiente, cargada de sensaciones, de emociones de tristeza y de felicidad. Y este hilo de fuego es lo que edifica la vida de una persona.

Una explosión había ocurrido en el momento en que conoció a Tenten.

Fue Lee quien la trajo hasta él, lo recordaba. Recordaba sus ojos amables cubiertos de chocolate y su boquita sonriente. Recordaba también que vestía una blusa con mangas, sencilla y azulada, junto a unos bonitos vaqueros. El cabello amarrado en dos chongos a lo alto de su cabeza había llamado su atención al primer vistazo, pero jamás lo admitiría ante nadie.

"¡Neji! ¡quiero que conozcas a alguien!".

Dirigió una mirada aparentemente serena a su amigo. En realidad, le molestaba que tuviera sus arrebatos de juventud cerca suyo y más si estaban en la cafetería de la universidad, atrayendo miradas.

"Lee, más bajo, por favor…" La miró por primera vez; ella tenía una mano a un lado de la boca y murmuraba apenada, desviando la mirada a un lado y al otro "Nos están viendo raro".

"¡Pero Tenten, es una reunión importante!" Lee alzó un puño, comportándose exageradamente entusiasta, como era su costumbre "¡Tengo la oportunidad de presentar dos almas juveniles que recorrerán codo a codo el portentoso camino universitario, así que tenemos que empezar con energía! ¡Que el mundo entero comprenda la magnificencia de esta coalición naciente y, sin duda, floreciente en un futuro cercano, junto a la creciente llama de la apasionante juventud quemándonos y…!"

Cuando Lee tocaba el tema de la juventud, no había nadie que lo parara. Neji lo tenía claro. Y fue por eso que dejó escapar un suspiro de resignación que, sorprendentemente, brotó a dúo con otro un poco más suave y mucho más femenino.

Miró a la chica a su lado, buscando tontamente algún tipo de explicación y ella, por su parte, le dedicó una sonrisa, encogiéndose suavemente de hombros. "Él no tiene remedio" negó con un gesto condescendiente y Neji sintió, por primera vez, simpatía hacia aquella chica de los extraños chonguitos.

"Por cierto," su sonrisa se amplió, sus ojos cafés se clavaron en los suyos, blancos y en calma "soy Tenten".

Neji titubeó apenas un segundo, mirando la mano que ella le ofrecía. "Neji" dijo simplemente antes de estrecharla.

Su cálida, pequeña y suave mano…

Tenten soltó una risita agradable, desconociendo totalmente que la memoria de Neji se detendría una y otra vez en los recuerdos de ese instante, en el sonido de su risa y en la profundidad de sus pupilas. "Llevémonos bien, Neji Hyüga".

Él apenas abrió los labios para preguntarle cómo sabía su apellido, pero un ligero rubor en el rostro de la muchacha castaña le distrajo por un segundo antes de-

"¡Ey, no hablen entre ustedes, se supone que tengo que presentarlos primero! ¡hay que seguir el protocolo, chicos, qué anti-juveniles están hoy!".

Había ocurrido hace tres años atrás y después de ello las explosiones en la vida de Neji fueron aumentando en cantidad de manera irreal. La mayoría de estas fueron provocadas por ella. Por Tenten, la chica de los peculiares chonguitos. La que deseaba ser diseñadora gráfica y podía patearle el trasero a cualquier hombre que se le acercase de mala manera. La chica los ojos de café y la sonrisa de algodón; quien había marcado hondamente la vida de Neji y que ahora, con su inminente muerte, formaba el más potente estallido.

Neji frunció el ceño, incómodo, mirando por los alrededores. No había rastro de Lee y, odiaba admitirlo, pero en serio necesitaba a ese tipo. Lo necesitaba como nunca. Estaba un poco nervioso (nunca admitiría esto frente a nadie) y el único que podría desahogar un poco el ambiente sería ese estúpido imbécil que sabría Dios dónde estaba. Se suponía que la película empezaba a las 6 PM y ya eran las 5:50, ¿en qué diablos estaba pensando ese sujeto? Tenten y él llevaban veinte minutos esperando…

Y la espera hubiera sido mucho más soportable si ella no se viese tan linda. Tenía vestido, ¡vestido! Y era Tenten-la-chica-que-no-usa-vestido, y un poco de brillo en los labios y… lo único que se conservaba intacto en ella eran los chonguitos. Al menos, para alivio de Neji, seguía siendo Tenten-la-chica-de-los-chonguitos-adorables.

"Creo que… no va a venir" la miró, exigiéndole en silencio una respuesta, pero todo se derrumbó cuando ella bajó la mirada y sus pómulos se pintaron de un rosa suave. Ella abrió la boca como para decir algo, pero luego suspiró y calló.

Neji se removió ligeramente, sintiéndose estúpidamente inquieto.

¿Qué debería hacer? Se suponía que iban a ver esa estúpida película los tres, como amigos. Y, aparte, había sido Lee el de la idea. A él le daba igual, porque ni siquiera sabía de qué mierda iba la trama, pero Tenten sí se había mostrado emocionada… ¿Era justo que por culpa del impuntual, del irresponsable de Rock Lee ella no entrara al cine?

Joder…

"Tenten" le llamó. Cuando se giró a verlo con curiosidad brillando en sus ojos de chocolate, Neji se tensó "si quieres… puedo llevarte a casa" ante la propuesta, sus hombros desnudos cayeron imperceptiblemente con decepción, pero, vaya, que Neji era un genio y él notaba esas cosas, así que carraspeó con suavidad, desviando un poco la mirada "O siempre podemos entrar a ver la película... sin Lee".

Ella se sonrojó. Interpretando el gesto como algo negativo, quizá porque hubiese pensado en una situación incómoda o en una "cita" –que no lo era- o en cualquier cosa que la hiciera pasar vergüenza, él agregó, girándose: "O, bueno, ya, sólo volvamos".

Un suave tirón en la tela de su codo derecho le hizo frenar el paso. Neji vestía aquél día una camisa negra de botones, con mangas largas.

"Neji…"

Nunca lo olvidaría. Su susurro apenado. Nunca lo haría.

La miró como si la viese por primera vez. Ella lo llamó como si fuese la última.

"¿Qué pasa?" volteó, quedando de frente, más cerca. Aun así, los dedos largos permanecían sujetos a su manga, las pupilas cafés evitando las blancas a toda costa.

Neji la desconoció por un instante. En serio, logró descolocarlo. Jamás había conocido a esa Tenten… ¿Qué sucedía con ella?

Y, ¿por qué de repente él se sentía extraño también? Su corazón empezó a palpitar con más frecuencia, sus dedos se encogieron en una desconocida ansiedad. Hey, que no era un crío, ¿qué le estaba pasando? Sólo estaba frente a Tenten. Ella usaba vestido, pero, joder, que seguía siendo Tenten. Su amiga. La divertida y sonriente Tenten, la amigable y servicial Tenten, la preciosa y alegre Tenten…

"¿Podríamos" ella lo miró al fin "ir por un helado?"

"¿Quieres uno?" parpadeó.

Neji vio una sonrisa creciendo en su delicado rostro. Sus ojos chocolates brillaron. Esa sí era la Tenten que conocía, y le fue de más alivio el que ella usara los brazos para acentuar sus palabras: "Sí, uno gigante, ¡así de grande, Neji!" dijo, mordiéndose de repente el labio… y fue raro, porque aunque le había visto hacerlo muchas veces, nunca antes le había parecido algo más que adorable su gesto pensativo "Hmm… Es una lástima que sólo pueda elegir un sabor, ¿qué haré? Ahm…".

Frunció el ceño. "¿Por qué sólo uno?" preguntó. O sea, si el problema era de dinero, no tenía que preocuparse, pues él bien podía brindarle. Pero… Ah, seguro Tenten jamás admitiría que esta era la situación. Se sintió un poco estúpido al verla sonrojarse. La había avergonzado… Así que, carraspeando suavemente, tratando de remediarlo, agregó: "¿Sabes qué? Olvídalo. Vamos ahora mismo por una copa familiar, que me ha entrado el antojo también".

"¡Pero, Neji!" sus ojos se expandieron, asombrados "¡Esa copa tiene como siete bolas!".

"El punto es comer helado, ¿no? Cuanto más, mejor".

Ella frunció el ceño, meditándolo. "Bueno" aceptó al fin "pero seis para ti y una para mí".

"No hay forma" negó ": Tres para ti y cuatro para mí, por lo menos".

"Cinco para ti y dos para mí".

"¿Qué sucede? Nunca te habías hecho del rogar a la hora de comer".

Vaya, que no había sido un comentario de lo más caballeroso y prudente, pero en ese momento él no lo notó. Es decir, sólo estaba preguntándose por qué el rostro de Tenten se ponía cada vez más rojo.

"¿Estás enferma?" palpó suavemente la piel de su frente y sí, estaba caliente, pero ella se separó rápidamente.

"Estoy a dieta, tonto…" apenas escuchó su murmullo. Y él en serio que no pudo entender si estaba molesta o avergonzada. Quizá un poco de las dos, porque uno no llamaba tonto a alguien si no era por enojo, pero uno tampoco se sonrojaba así y hacía temblar el labio si no era por vergüenza.

"Pero, Tenten" sus cejas se movieron con curiosidad. En serio que las mujeres eran un misterio. ¿Por qué querría ella torturarse con la dieta? ¿por qué no simplemente seguir comiendo y entrenando artes marciales como hasta ahora? ¿por qué privarse del placer que tanto la hacía feliz? ¿por qué demonios quería adelgazar cuando… cuando ella no tenía ninguna maldita necesidad? Las pupilas blancas descendieron lentamente hasta su torso de forma calculadora; ella definitivamente no tenía kilos de más y, además, portaba un buen cuerpo "… ¿Acaso te gustaría estar toda huesuda?".

Sí, lo que toda chica quiere oír.

"¡No!"

La gente hace tiempo que les echaba unas miradas raras, esporádicas.

"¿Entonces para qué haces eso?" ella abrió la boca y el sonrojo subió a sus pómulos, pero finalmente no dijo nada y la volvió a cerrar. Neji nunca sabría que ese día estuvo a punto de gritarle algo como ¡Para que me mires, idiota! o ¡Yo qué sé, era un consejo de aquella revista; ponerse a dieta y usar un maldito vestido, Neji! ¡es lo que se supone hacen las mujeres, maldición!, pero afortunadamente no lo hizo. En cambio, él hizo una mueca tenue con la boca, sin poder evitar sentirse un poco mosqueado por no lograr entender la ausente lógica del género femenino. Que estaba acostumbrado a alguna que otra peculiaridad de sus primas, pero jamás alguna de ellas se había metido en la cabeza el matarse de hambre para quién sabe qué cosa. "Como sea" la tomó de la mano, jalándola firmemente "no necesitas esa estúpida dieta. Compraremos helado, tanto helado como sea posible y lo comeremos juntos. Tú comerás todos los sabores que se te antojen y punto".

Empezó a andar, con su pequeña mano presa entre su palma, guiándola con calma hasta su destino. Y, extrañamente, ella no opuso resistencia. Es más, en cierto momento, los dedos largos y delgados le apretaron un poco, mientras el susurro le llegó cálido: "Leche, mandarina y mora".

Él no pudo reprimir una pequeña sonrisa.

Después de ello, se llenaron de helado tanto como pudieron. Un gran tazón de ocho bolas de diferentes sabores les acarició el paladar, les llenó estómago, a la vez que la conversación se volvía cada vez más relajada.

Ellos habían pasado tiempo juntos, pero casi siempre Lee estaba de por medio y, cuando no era así, lo común era que se encontrasen en el campus de la universidad. Nunca habían estado solos en un lugar como ese. Y, aunque Neji trataba de desechar el pensamiento de que era una cita, al final no pudo hacerlo por completo. En cierta manera todo había terminado en una no-cita que en el fondo lo era, pero que no se sentía como tal… que no ponía sobre ellos la presión del compromiso, el nerviosismo de agradar, de que todo funcionase.

Eran sólo dos amigos comiendo helado. Sentados uno frente al otro, muy cerca, con un tazón amplio y delicioso de sabores en medio de ellos y con risas y palabras saliendo de sus bocas.

Pronto se habían visto envueltos en una discusión acalorada sobre lo abstracto; a Tenten le encantaba cada cosa "abstracta", le encantaba el concepto en sí, mientras que Neji lo aborrecía, alegando que las cosas que no tenían forma o sentido eran inútiles y carecían de interés. Y después Tenten hizo un comentario sobre los abogados, que eran cuadriculados y aburridos, y él respondió que los diseñadores eran raros y desubicados. Pero luego ella se rió y Neji simplemente sonrió, porque esas definitivamente no eran cosas que se dirían en una cita. Y era definitivamente genial no estar en una.

"Mira, es justamente eso de lo que hablo" Neji señaló su rostro. En su mejilla, una pequeña mancha de arequipe se exhibía graciosamente. Al ver su expresión confundida, agregó: "Tienes arequipe" se tocó el propio rostro, para mostrarle el lugar donde debía limpiar.

"¿Eh? ¿dónde?" Tenten se pasó la mano por la mejilla derecha, azorada.

"No, en la otra" negó y, cuando ella lo hizo, volvió a negar con cansancio "Ahí no, Tenten, más arriba. No, un poco más a la derecha…" y luego, sin pensárselo, tomó una servilleta y se inclinó hacia si cara, limpiándola con interna diversión, pero procurando parecer impasible "Ah, los diseñadores son tan descuidados, en serio". Suspiró suavemente, casi decepcionado y subió la mirada hasta sus ojos.

Y entonces… fue allí; cuando sus ojos chocolates exhibieron una luz extraña, atrayente, una mirada desconocida, y sus labios rosados se abrieron casi que con asombro. Neji apenas fue consciente de lo cerca que estaban…

Apenas fue consciente del olor suave de su perfume y del rubor en sus mejillas. Apenas lo fue de un fuerte cosquilleo revolviéndole el estómago y entonces, actuando como Neji Hyüga, el calculador, no solía actuar, se acercó un poco más y la besó. Así, sin más, sin planearlo, sin esperarlo, sólo unió sus bocas en un gentil roce, sintiéndola respingar un poco. "Tienes una mancha también aquí…" susurró contra sus labios nada más entender que le agradaba demasiado, mucho más de lo que debería, el contacto dulce y tibio.

Fue una explosión.

La pequeña sonrisa de Tenten le dio el permiso necesario para continuar, y él siguió. Tierno, lento, pero seguro.

Y fue perfecto. En una heladería, con ella usando un vestido, con él usando camisa de mangas largas, con unas dos bolas de helado empezando a derretirse y con apenas unas miradas discretas alrededor. Tímido y algo torpe, pero fue perfecto, porque fue su primer beso con Tenten.

Luego, ella se rió y dijo que esa definitivamente había sido una sensación "abstracta" y Neji gruñó, pero no le contradijo esta vez, porque, diablos, no podía darle nombre ni forma.

Al día siguiente, Lee le confesó, notablemente divertido, que no había asistido con la sola intención de darles un "empujoncito" porque ¡hombre, pensaba que su llamita del amor apasionado jamás se encendería! Y porque la tensión sexual lo estaba asfixiando o algo así.

Cada cita, cada sonrisa, cada caricia, cada beso y cada arrebato de pasión junto a Tenten… cada momento junto a ella habían acelerado y alentado su tiempo. Ella había llenado su vida de más satisfacción y sensaciones de las que alguna vez hubiese soñado, y apenas había necesitado dos años para volverse el centro de su existencia.

Dos años. Muy poco. Y tanto a la vez…

Mientras se quejaba bajo un árbol de una clínica, mientras mantenía los ojos cerrados, las manos sobre el rostro y las mejillas mojadas, a Neji Hyüga le pareció que dos años eran un parpadeo.

Y entonces… rogó. Él era orgulloso, demasiado orgulloso, pero en ese instante se sentía tan pequeño, tan impotente y tan miserable, que su ego pareció demasiado insignificante. De repente, descubrió que no tenía el control de nada. De nada. Esta era una situación en la que él no podía hacer absolutamente nada útil, ni siquiera siendo el genio Hyüga que era, el brillante, esplendido, exquisito, fino y elegante Neji Hyüga. Entendió totalmente, por primera vez en su vida, que no era más que una partícula de polvo ocupando un espacio en la extensión y magnificencia del universo. Allí, sintiéndose diminuto y humillado, Neji bajó la cabeza.

Porque por ella, por su familia… por su futuro juntos, él haría lo que fuese.

—Por favor —dijo, los ojos cerrados, las manos en su frente—, por favor, permíteme ser egoísta. La quiero a ella. Fue muy poco tiempo… Dámela, préstamela un poco más. Deja que acaricie a nuestro hijo, que lo bese y le cante canciones de cuna. Deja que lo amamante, que lo vea crecer y que le acaricie los cabellos —pasó saliva—. Déjala acá un poco más, sólo un poco, apenas lo necesario para que conozca a sus nietos y para que sus lindos cabellos castaños se vuelvan canosos. Ella es la chica de los chonguitos, y quiero verlos de color blanco. Compláceme. Es por mí, todo es por mí… p-porque la necesito — su voz se cortó un poco, pero se obligó a seguir—. Tú sabes, no he sido el mejor, no he sido el más santo, pero…, pero que este no sea mi castigo, por favor, que ella no tenga que irse para enseñarme una lección. Ya aprendí; dejé mi orgullo atrás, dejo todo atrás, pero no me la quites… Es lo que más quiero y… sólo…

Una pausa. Un sollozo masculino y un quejido.

—¡Sálvala, sólo salva a Tenten!

Él ni siquiera supo cuánto tiempo permaneció allí, susurrando, murmurando, rogando y, por qué no, pidiendo explicaciones que no llegaron. Pero luego, cuando Rock Lee llegó frente a él, con la respiración agitada y una expresión airada en el rostro, Neji volvió a la realidad. Al dolor. Su mente ni siquiera pudo preguntarse en qué momento había llegado Lee, si se suponía que ese día participaría en un torneo universitario.

—¡Aquí estás!

—Lee…

El hombre de cejas pobladas lucía mucho más alterado de lo normal y Neji ni siquiera podía distinguir el gesto de su rostro. —E-es Tenten —exclamó al fin, con notoria dificultad y sólo hasta entonces Neji notó que en sus ojos oscuros se marcaban las lágrimas.

Tuvo un escalofrío. El alma le salió del cuerpo y su corazón casi se detiene al suponer la noticia que traía su amigo…

—No… —su voz fue un hilo.

Lee frunció el ceño, inclinándose y tomándolo de los hombros, obligándolo a mirarle. —¡Maldición, Neji, te estoy diciendo que Tenten quiere hablarte! —sus ojos claros se expandieron. Lee estaba mortalmente serio. —¡Ella te está llamando, idiota!


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Neji no se molestó en limpiar su cara siquiera, él sólo corrió. Corrió a todo lo que sus piernas daban. Al llegar, la cara de sus familiares lucía borrosa, las trasparentes pupilas Hyüga se clavaban en su cuerpo, pero en su mente ellos no tenían cabida. Ninguno de ellos. Sólo vaciló un instante ante una Hinata con las manos juntas y una mirada indescifrable llena de tantos sentimientos que, por un segundo, le hicieron trastabillar. Quiso preguntarle qué sucedía, por qué lo miraba con esos ojos vidriosos y por qué las lágrimas seguían brotando de ellos, mojando la linda piel de sus mejillas, pero no lo hizo, porque la certeza latente de que la respuesta le partiría el corazón fue más fuerte que cualquier cosa.

Él sólo quería ver a Tenten, sólo eso. Mirar sus lindos ojos de chocolate y besar la comisura de su dulce boca. Una vez, tan sólo una vez más, quería oír su voz gentil llena de amor llamarlo por su nombre.

—Neji —miró a su padre con expresión atormentada. El hombre, siempre práctico, no perdió el tiempo antes de pasarle un tapabocas—; Póntelo. Vamos. —Y le guió.

Después de subir un piso y adentrarse por un pasillo visiblemente más angosto que el anterior, Neji se encontró a las puertas de una habitación. Se extrañó un poco, porque realmente pensó que ella estaría en la UCI, pero no tuvo que decir nada.

—Ella quería ver al bebé —dijo su padre, leyéndole la mirada. Los nervios de Neji subieron a un nivel delirante, el aire empezaba a sentirse pesado y, de repente, el aire en sus pulmones se volvía más denso. Ella no podría estar al lado de su hijo si hubiese sido trasladada a los cuidados intensivos—. Quiere que tú lo veas, Neji.

Asintió. —Gracias —y giró el pomo.

—Está estable… —la cálida presión en su hombro casi le convoca las lágrimas, pero las aguantó valientemente antes de asentir de nuevo sin voltear; con la mirada siempre al frente, siempre al frente. Con su mente sólo en ella.

Cerró la puerta a sus espaldas, a la vez que una fuerza increíble lo impulsó vertiginosamente hacia la suave figura en la camilla. Su piel lucía pálida, pero Neji notó con inmenso alivio que no estaba usando el respirador artificial, es decir, que tenía fuerzas para cumplir con la acción vital por su cuenta. Aunque lo hacía lentamente y con dificultar, ella se las arregló para componer una pequeña sonrisa entre respiros. Sus ojos café estaban un poco opacos, pero al entrar en contacto con los suyos, brillaron por un segundo.

—No hables —advirtió firmemente al verla abrir la boca. Luego se acercó un poco más. Las venas de la muñeca derecha de Tenten estaban canalizadas y su brazo lucía más delgado que hace unas horas. Había una maquina a un lado de la cama –que no tenía idea para qué servía- frente a la cual Ho escribía unos datos que seguramente serían jeroglíficos para Neji.

—Los dejaré solos, Neji —Ho habló, suave, paciente, pero profesional—. Es preferible que no hable.

Él asintió. —Gracias, primo.

Lo observó acercarse calmo a la puerta y, justo cuando estaba a punto de marcharse, Ho se giró de nuevo. —Ah, si él bebé se despierta y llora, presiona el botón que está en la cabecera. Las enfermeras vendrán en seguida.

Y fue entonces que Neji lo vio. Por primera vez. Estaba pegado a un costado de Tenten, entre ella y la baranda protectora de la camilla donde descansaba la manita canalizada. Era sólo un bultico. Tan pequeño que era justificable el que no lo hubiese visto antes. Y tan precioso como nada en el mundo.

En serio, era la cosa más hermosa que pudiera existir. No había nada más lindo y puro que eso.

Sus ojos se devolvieron de nuevo a Tenten, y ella le sonreía cálidamente, seguramente notando la admiración en su expresión, adivinando su estado gloriosamente pasmado.

—Él… —balbuceó, alargando la mano para acariciar la mejilla de su novia. Ella sonrió un poco más y, aún en ese estado, despeinada, pálida y agotada, era la mujer más hermosa del mundo, ¡que Miss Universo ni que nada!—Tú…

Y al ver que su boca no estaba trabajando adecuadamente en el arte de las palabras, Neji decidió utilizarla de otra manera para expresarse; inclinándose, la besó con delicadeza, apenas tocando y moviendo los labios sobre los rasposos de Tenten. Ella parpadeó lentamente y Neji enrolló los dedos en su cabello; éste estaba suelto, pero aquella chica en frente seguía siendo la chica de los chonguitos. —Te amo —le susurró suave el oído, perdiéndose en un bucle de desordenadas hebras castañas—, lo amo a él también… Gracias.

Esta vez, su sonrisa fue más dulce y los ojos chocolate se cristalizaron, pero Neji sólo besó su frente y, rápidamente, giró su atención al pequeño bojote.

Movió con su dedo índice (que nunca le había parecido tan grande y rudo) la tela del gorrito que cubría su cabecita y unos cabellos incipientes y castaños le acariciaron la yema. Sonrió; no había forma de que hubiesen sido de otro color. Y luego bajó lentamente por la suave piel de su diminuta mejilla. La frentecita tenía una pequeña arruga y Neji se divirtió al recorrerla con calma, pensando que eso le daba un aspecto demasiado serio para alguien que apenas había nacido ese día. Ojalá que no sacase tanto de su personalidad y, en cambio, hubiese heredado el humor de su madre…

Quería tomarlo en brazos. Quería tomar en brazos a su hijo (¿no era increíble esa palabra?) y, de repente, todo el miedo y la inseguridad que lo había estado atormentando, desaparecieron; ese bebé necesitaba de él, contaba con él y nada en el mundo le haría decepcionarlo.

Quería alzarlo, pero… por otro lado, él parecía estar gozando de un sueño tan tranquilo junto al calor de su madre que sería un pecado molestarle.

—Hi-Hikari…

Miró a Tenten asombrado y ella apenas hizo un movimiento con la cabeza, señalando al bebé. Quiso regañarla por hablar, pero no lo hizo. —Hikari*… —repitió—, ¿quieres que lo llamemos así?

Un asentimiento suave.

Y él sonrió, acariciando apenas la mejilla tierna del niño con los nudillos de los dedos. Nunca había sonreído tanto en su vida. —¿Oíste eso, Hikari Hyüga? —le habló bajo, intencionalmente permitiendo que las palabras flotaran hasta los oídos femeninos—. Con eso tu madre quiere decir que eres su luz… —se inclinó un poco más para depositar un beso en la frentecita, su primer beso paternal, y cerró los ojos—Nuestro Hikari.

—Ne…N-Neji…

Rápidamente, llevó su mano hasta entrelazar los largos dedos de Tenten. —No hables… —le pidió, esta vez con un tono de súplica—No hables, Tenten, tienes que recuperarte…

"No puedes dejarme sólo, así que apresúrate".

Aun diciéndolo, Neji no podía obviar el hecho del color pálido en su piel.

Ella le apretó la mano, pidiéndole silenciosamente que se acercara. Al hacerlo, dejando sus rostros con algunos centímetros de distancia, sus labios pronunciaron de manera lenta y tranquila. Sus pupilas brillaron. —N-Nuestro amor… ya no es abstracto…

Él quiso reír, sintiendo tontamente la ascensión de las lágrimas hasta sus ojos (no se había parado a pensar en lo terrible que debía ser su aspecto, pero no importaba): —Tienes razón —rió suavecito—, no tiene nada de abstracto, mi chica de los chonguitos.

Le besó la frente y ella sonrió nuevamente, con cariño.

Neji se sintió aliviado. Una sensación de plenitud lo embargaba por completo, porque ella estaba en lo cierto. Todo su amor ahora estaba condensado en el pequeño ser que descansaba entre ellos… Era un amor con forma, definición y materia. Y era perfecto.

Acariciando los cabellos castaños de Tenten, sin despegar la atención de su preciosa compañera y, mientras ella cerraba calmadamente los ojos para descansar, Neji susurró con un tono dulce y entrañable que nadie le había oído jamás:

—Gracias.

Quizá se lo dijo a Tenten, por ser la madre de su hijo, por darle el regalo de la paternidad. O quizá se lo dijo a alguien poderoso y misterioso que le permitió conservarla a su lado.

Porque el sueño de Tenten no sería un sueño eterno.


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Naruto esbozó una sonrisa tenue al pasar los dedos por el sedoso cabello oscuro de la chica en sus brazos. Había dejado de sentir los hipidos y quejidos contra su pecho, pero ella aún no tenía la disposición de separarse, ni tampoco él. Aunque se caracterizaba por poseer una boca parlanchina, no había hablado en un buen periodo de tiempo. No había mucho que decir en realidad… No había explicaciones ni razones.

Un segundo consideraban a Tenten muerta y Hinata lloraba de pena en sus brazos. Horas después Tenten vivía y Hinata lloraba también, pero de alivio.

Él no lo asimilaba aún.

La familia Hyüga al completo había estado consternada y quienes estaban a cargo de la reciente madre simplemente habían negado resignados, repitiendo "No sabemos lo que sucedió". Lee, en cambio, lloriqueaba a un lado de la sala y Naruto se ponía en su lugar; sus dos mejores amigos habían sufrido lo indecible y uno de ellos había estado a punto de morir.

Pero claramente quien más le había movido el corazón había sido Neji. Hyüga Neji. El verlo a él tan destrozado, con las lágrimas manchando su inmaculada piel y la desesperación gravada en el rostro normalmente impasible, había penetrado fuertemente su alma; no quería ni imaginarse lo que hubo sufrido…

Luego lo hizo, al imaginar a Hinata dentro de esa habitación ocupando en el lugar de Tenten. El simple pensamiento le hizo apretarla más fuerte.

Su dulce, dulce Hinata…

Su preciosa, preciosa judía…

—Te amo… —le susurró en secreto, bajando la cabeza hasta su oído—, te amo, Hinata, te amo´ttebayo.

Sus manitas lo apretujaron un poco más. La sintió tensarse un segundo, y luego ella suspiró.

—Naruto-kun… —dijo, separándolo apenas lo suficiente para dedicarle una mirada vidriosa. Su nariz estaba roja de tanto llorar, pero lucía adorable—, quiero tener un bebé.

Él abrió los ojos y boqueó un poco, no esperándose eso para nada. —¿Q-Qué?

—Que tengamos un bebé, por favor —Hinata le besó cortamente, le regaló un beso lleno de calidez, pero logró marearlo por un segundo. Su mirada perlada estaba llena de determinación y ternura. —Prométeme que me darás uno…

Naruto sonrió. No estaban casados. No eran mayores de edad. No tenían carreras ni trabajo. Ni siquiera podían ser novios oficiales y, sin embargo, allí estaba ella, la tímida Hinata, zampándole un beso apenas a unos metros de un Hiashi que fingía ignorarlos y pidiéndole un bebé...

Qué gracioso.

Pero él era Naruto Uzumaki, y Naruto Uzumaki no podía quedarse atrás; acunó el rostro fino entre sus manos y unió sus labios firmemente. Sintió los dedos de Hinata hundiéndose en sus costados, mientras se dedicaba unicamente a besarla profundamente y sin quedar satisfecho hasta escuchar su suave gemido.

—¿No te acuerdas, Hinata?

Ella parpadeó, luciendo sorprendida y un poco aturdida, además de sonrojada. Luciendo adorable en su totalidad. Naruto soltó una suave risa, deslizando gentilmente los labios por la piel tersa de su quijada y, al llegar a su pequeño oído, le susurró: —Nos casaremos, tendremos ocho hijos y —deslizó una mano disimuladamente hasta su pequeña cintura—… haremos el amor cada día hasta caer rendidos´ttebayó.

A Dios gracias que Hiashi Hyüga no pudiese escucharlo.


No pude responder a todos los reviews de manera individual, porque saben, entré a la universidad de nuevo y estoy atareada. Realmente es tarde y tengo que madrugar, así que debo apresurarme, pero quiero darles las gracias a todos y cada uno de ustedes, ¡gracias por no olvidarme!

Hikari* : Luz.