LOS PERSONAJES DE Crepusculo SON Propiedad de Stephanie Meyer YO SOLO ME DIVIERTO JUGANDO CON Bella y Edward

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Este capítulo ha sido beteado por: Mentxu Masen(Beta FFAD)

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Recuérdame Capitulo 3

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¿Entonces? —dije mirando a Edward a los ojos, era domingo el día de flojear y hablar en la cama.

Entonces es pelea y, créeme mujer, la única pelea que me gusta tener contigo es la lucha de cuerpo a cuerpo, pero estoy exhausto…—Sonrió, esa sonrisa de niño pícaro y travieso, esa sonrisa que yo había aprendido a amar.

Esto es serio Edward —dije fingiendo enojo.

Amor, escúchame, vamos a las Vegas —susurró pegado a mis labios.

¿Estás loco? —Me levanté sin importar mi desnudez, ya había perdido la vergüenza con él, aunque había sido difícil entregarme, ya que ningún hombre me había visto antes.

Sexy. —Silbó entre dientes mientras me colocaba su camisa—. Ehh por qué… vuelva a la cama futura señora Cullen son las 10 de la mañana apenas. —Bufó "enojado".

Es tarde ya, amor —le dije buscando unas bragas.

¿Tarde? Fui claro cuando te viniste a vivir conmigo, los domingos son de flojera avanzada fase tres, capitulo 28 o sea, nada de levantarse de la cama hasta la una de la tarde.

Tú eres un flojito. —Gateé de rodillas en la cama—. Tengo hambre, así que voy a ver qué hay en la despensa, hoy debemos ir a comprar víveres.

Como ordene la dueña y señora de mi vida… ¿Me das un beso que me dure hasta que vengas con el desayuno?

¡Por Dios! ¡La idea es que te levantes y me ayudes! Ahora por ese pensamiento machista te ganaste un almohadazo —dije al tiempo que le pegaba con la almohada mientras él trataba de cubrirse con sus brazos.

Tú te lo búscate —gritó antes de dejarme abajo de su cuerpo y empezar a hacerme cosquillas.

Espera… Detente Edward, por favor…Dar… no puedo respi…—dije entre jadeos y risas—. Edward. —Entonces me besó, suave, delicado como si fuese a romperme si ejercía más fuerza de la necesaria.

Dios, cómo te amo —dijo mientras besaba mi cuello—. Más que a mi vida, Isabella Swan, te amo como nunca llegué pensar a amar… Nunca me dejes preciosa o me moriría de tristeza y desesperación. —¡Dios! Yo iba a llorar—. Te amo tanto, tanto, tanto que si algún día llega a pasarte algo te juro que te perseguiré donde quiera que estés. —Su cabeza estaba enterrada en mi cuello pero podía escucharlo—. Júrame que siempre, amor, estarás conmigo y si llego a irme, me buscarás hasta encontrarme, júramelo bebé… júramelo…

Te lo juro Edward, te lo juro amor…—le susurre de vuelta.

¿Puedo? —Sus manos se colaron por debajo de la camiseta.

Aún puedes —dije entre jadeos. Lo necesitaba, necesitaba que fuéramos uno.

Me despojó de mi recién adquirida vestimenta antes de deslizarse en mi interior suavemente.

Debemos buscar la manera de cuidarte, mi amor —dijo dentro de mí, pero sin moverse—. Ambos odiamos el condón y a te… Te sientan mal los anticonceptivos.

El ritmo es un buen anticonceptivo —le dije moviéndome bajo su cuerpo.

Quieta —me regañó—. Déjame sentir cómo el calor de tus paredes me envuelve. Quiero cuidarte amor, debe haber alguna otra opción, me muero por un pequeño que se parezca a ti, pero aún es pronto —dijo antes de besarme y empezar a danzar sobre mi…

Fin Flash Back…

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No había dormido bien… Error. ¡No había dormido nada! Jasper se dio cuenta y trató de ayudarme a dormir, pero como doctor, él necesitaba descansar, no vivía conmigo, aunque esporádicamente se quedaba a dormir.

Habíamos intimado un par de veces, él prefería que yo tomara la iniciativa y lo hacía cuando el dolor y los recuerdos me agobiaban a tal manera que necesitaba olvidar y seguir respirando no por mí, sino por mis hijos.

Odiaba darle a Jasper migajas, era un gran hombre y se merecía a una mujer que lo amara tanto como él amaba. Era una gran figura paterna para los niños pero yo les había dicho de pequeño que Jasper era el padre que Dios les había regalado, mas no era su papá biológico.

Los niños le habían contado del extraño hombre del memorial, yo estaba pálida y casi no hablé, afortunadamente no tenía fotos de Edward. Yo misma las había destruido la primera navidad que el terrorismo me lo había arrebatado o, al menos, eso pensaba.

— ¡Bella! —Angela llegó a mí con dos emparedados y dos jugos—. Has estado todo el día en una nube —dijo pasándome un combo—. ¿Tienes problemas con Jazz o con alguno de los niños?

—No me pasa nada, Angie —dije dándole un mordisco al emparedado.

—Síííí y yo soy Lady Di… a ti te pasa algo, cuando quieras hablar, aquí estoy yo, ¿lo sabes verdad? —Asentí.

—Estoy bien, nena. —Sonreí pero fue una mueca—. Hoy necesito salir un poco más temprano, ¿podrías quedarte con los mellizos?

—Claro, a Diego le encantará tener a Ian para jugar su nuevo juego de Xbox. Ben enloqueció al comprar ese aparato, parecen dos niños pequeños, mientras, hornearé galletas con Bree y Vanessa.

Sonreí, parecía un buen plan…

Angela era una buena amiga y vecina. Cuando nacieron los mellizos, ella recién se mudaba con su esposo, Benjamín, un taxista pobre pero muy honrado y sus pequeños, Diego de dos años y Bree de tan solo cinco meses.

— ¿Puedo saber qué harás? —Me miró entrecerrando los ojos—. ¿Te irás de pillina con Jasper? —Negué.

—No me creerás, pero tengo una cita con el destino —dije antes de levantarme y caminar al salón de cuarto año donde tenía clases de Matemáticas.

No pude evitar el recuerdo de cuando le dije a él que estudiaba…

Flash Back…

¡Matelocas! ¡Estas Crazy, cabeza de chorlito! —Llevaba días llamándome así ya que había visto una de mis peores calificaciones, teníamos casi un mes saliendo como amigos y él me gustaba, me gustaba mucho.

Nop, no estoy loca, soy buena en lo que hago, me gustan las matemáticas, solo que no estudié mucho para ese examen que viste, que por cierto, no debías ver.

Fuiste tú la que lo lanzó al aire… recuerdo tus palabras "que se lo lleve el viento"—se burló.

Muy interesante el chiste —le dije enojada.

Ya preciosa, no quiero que te enojes, no sé… pensé que alguien como tú estudiaría literatura… sí, eso es, pareces una chica libros, pero no, caras vemos corazones no sabemos… Ni cerebro tampoco, matemáticas… ¡Dios me libre!

Es más fácil que estudiar medicina —dije tajante—. Además, si tu profesor no te enseñara mate, no sabrías cómo cobrar por una operación. —Coloqué mis libros en el casillero—. Acéptalo, las matemáticas son el principio de todo.

Sip, sí, lo que diga la señorita matelocas —dijo antes de salir de la cafetería.

Fin Flash Back

—Ey, ¿te doy un aventón? —dijo Rose, la profesora de biología. Ella estaba comprometida con el profesor de educación física, Emmett McCarthy.

—No Rose, hoy voy a ir al memorial, quizás hoy está un poco más solo. —Ella fue mi compañera en la universidad, compartíamos departamento, hasta que yo me fui a vivir con Edward, así que ella conocía mi historia desde el comienzo.

—Suerte amiga.

Volví a sonreír mientras tomaba el taxi que me llevaría a la cafetería que estaba cerca al memorial.

Cuando llegué allí, la chica de cabellos negros no estaba, me senté y pedí un late descafeinado mientras la esperaba… Los minutos pasaban y ella no llegaba

Me sentía estúpida, a leguas se notaba que ella sentía algo por él y yo le había dicho que lo conocía

—Perdón por retrasarme —dijo ella sentándose a mi lado—. Steve estaba empecinado en volver al memorial.

—Su nombre es Edward —dije sin verla—. Edward Cullen Platt.

Un mesero se nos acercó y ella pidió un Mocca.

—Entonces es cierto. —Su ánimo decayó un poco y yo alcé la vista para mirarla. Tenía unos jeans ajustados y una polera roja, se pasó la mano por el cabello y suspiró—. ¿Podrías contarme todo de él?

—Con la condición que me digas cómo está y qué le pasó —dije llevando a la boca mi café. Ella asintió.

—Era mi…—vacilé, podría decirle que era mi esposo—. Era mi prometido, pensé que había muerto el día del atentado.

— ¿Es el padre de los niños que te acompañaban ayer? —Se quedó callada cuando el mesero volvió con el pedido de ella.

Asentí y ella suspiró fuertemente.

—He pasado once años sufriendo, pensando que estaba muerto, cuando está vivo y bien.

—No, no está bien —dijo ella—. Yo era enfermera en un hospital hace once años, el hospital al que él llegó. Estaba muy grave, perdió una pierna. —Jadeé—. Tiene una prótesis, pero eso no fue lo peor, tenía una hemorragia demasiado fuerte y un golpe en la cabeza que lo mantenía inconsciente. —Recostó su cuerpo a la silla—. Estuvo ocho años en coma, luchando por su vida día tras día. —Sentí mi pecho contraerse—. Él no traía documentos, así que mentí y lo hice pasar por mi hermano. ¡Dios! Era tan hermoso, aún con su cuerpo amoratado y su pierna colgando de tejidos. —Cerré los ojos tratando de imaginar.

Me enamoré de él, lo cuidé año tras año, curé sus ampollas y le di baños de esponja todos los días por esos años. Nunca nadie lo reportó como herido y cuando me preguntaban si quería desconectarlo, siempre decía que no, ya que su cerebro tenía actividad. Yo soñaba con verlo despierto, quería saber si sus ojos eran negros como una noche sin estrellas, verdes como un par de esmeraldas o azules como el océano.

—Son verdes como un par de esmeraldas —dije—. Iguales a los de Ian.

— ¿Lo amas?

—Nunca he dejado de hacerlo, tenemos dos hijos que me lo recuerdan cada vez más. Vanessa es emocionalmente igual a él, es lista, divertida, le gusta leer y quiere ser doctora, en cambio Ian… Ian es tan parecido a él, que parece que lo hubiesen clonado en miniatura, tiene sus ojos, su color de piel, su cabello.

—Él no recuerda nada, cuando despertó lo iban a desconectar, lloré en su pecho, mientras escondía mi dolor porque no quería dejarlo ir. ¡Él estaba vivo! Pero habían pasado más de siete años casi ocho, entonces cuando el doctor Carlisle fue a apagar los monitores, él abrió sus ojos y espabiló varias veces.

—Yo lo busqué, desesperadamente. En ningún hospital me dieron razón de él, incluso Jasper me ayudó a buscarlo —dije.

—No entiendo, en ese entonces con rasgos de las personas podían encontrarlos.

— ¿Sabes dónde lo encontraron? —dije sintiendo una opresión en mi pecho.

—No, solo sé que él fue un guerrero —dijo ella.

—Siempre ha sido así, sus padres murieron en un accidente de auto cuando tenía seis, estuvo en varios orfanatos pero escapó cuando cumplió catorce. Luego trabajó en una y otra cosa hasta obtener una beca en la Universidad Pública de NY y estudiar medicina, le faltaban tres semestres para terminar la carrera. —Ella rió.

—Es ilógico, está estudiando medicina en la NYU, es terco y perseverante, la recuperación después de que despertó fue muy lenta para él, no sabía ni cómo debía comer o vestirse.

— ¿Qué tienen ustedes dos? ¿Son…? —Dejé en el aire la pregunta.

—Amigos, pero lo amo… —Me miró.

—Isabella…

—Lo amo, Isabella, él ha sido mi único sueño en todo este tiempo.

— ¿Eres consciente que él no te pertenece?

— ¿Y a ti sí?

—Soy su prometida.

— ¿En once años no has conseguido a alguien?

Pensé en Jasper, pero aún así negué. —Siempre ha sido él y ahora que lo encontré no voy a perderlo.

—No puedes decirle nada, esta mañana hablé con el doctor Cullen, es quien ha atendido a Steven, digo Edward, desde que él despertó. Dice que él va recordar, pero que es mejor no forzarlo.

— ¿Cómo va a recordar si no está en su entorno? —Objeté.

—Él solo me conoce a mí y yo no voy a dejarlo, a no ser que él me lo pida ¿entiendes? —dijo seca.

—Te entiendo, pero debes entender tú también, él es el padre de mis hijos, el hombre por cual he llorado por once largos años, por el cual he sufrido, pero sobre todo es mi único y gran amor. El hombre que yo amo y al que le prometí buscar hasta encontrarlo.

—Sin embargo te habías resignado a dejarlo ir.

—No, la resignación nunca llegaría a mí, ¿sabes Alice? Soy una persona ecuánime, y quiero empezar a formar parte de su vida. Soy consciente que él no está bien y lo último que quiero es confundirlo, pero quiero estar ahí para él, le diré que fui su amiga y trataré de ayudarlo a recordar y ni tú ni nadie me lo impedirá.

—Yo…

—Si lo amas como dices, esperaremos a que él se recupere y que él decida, no tú, ni yo, prometo jugar limpio. —Extendí mi mano.

—Steven. —La miré—. Edward no es tonto, si le dices su verdadero nombre él va a atar cabos y se dará cuenta que los niños son suyos.

—Podemos decirle su segundo nombre Anthony Platt.

—Él atará cabos.

—Déjame eso a mí, ahora quiero verlo.

—No hoy, por favor, mañana.

— ¿Qué me garantiza que tú vendrás mañana? Alice, estás enamorada y el amor vuelve loco a mucha gente, voy a verlo. —Saqué un billete de diez y lo dejé en la mesa antes de salir y caminar hacia el memorial.

Cuando llegué, él estaba mirando nombres en la fuente. Mi corazón latía desbocado, suspiré fuertemente antes de acercarme.

—Hola —dije con voz baja, él se giró y sus ojos se iluminaron como lo hacían cuando yo entraba en su periferia. Inconscientemente, su cuerpo sabía quién era yo en su vida y eso me alegraba.

—Hola…—dijo de vuelta

— ¿Algún nombre conocido?

Bufó…—No, ninguno. Como dice Alice, esto es perder el tiempo, igual yo estoy vivo, estas personas no lo lograron. —Suspiró—. Después de todo, dónde estará Alice, dijo que no iba a demorarse. —Sonrió—. Ella es muy niña, seguro se entretuvo con cualquier cosa y si me voy va a preocuparse.

— ¿Es ella tu novia?

Él volvió a sonreír. —No, somos amigos, yo no puedo tener nada con nadie hasta no recordar algo y en mi corazón algo me dice que había alguien muy importante en mi vida, locuras mías. ¿Tú estás aquí para ver a tu esposo? —preguntó.

—No, solo pasaba por aquí y te vi, podemos sentarnos allá. —Señalé unas bancas.

—Si me muevo de aquí, Alice se volverá loca —dijo riendo nuevamente. Siempre había amado su risa.

—No enloquecerá, créeme, te conviene acompañarme.

—Bueno no es muy lejos, desde allí puedo ver si ella viene.

—Ajá. —Caminamos hasta las bancas—. ¿Quieres recordar?

—Más que mi vida —dijo él.

— ¿Y si yo te ayudo?

— ¿Tú sabes quién soy? —Me miró asustado.

Y yo asentí. —Tú eres un gran hombre.

Él negó. —Quizás lo fui, ahora no recuerdo nada.

—Prometo ayudarte. —Coloqué mi mano sobre la de él—. Por lo pronto, no te llamas Steven.

— ¿No?

—No, tu verdadero nombre es Anthony Platt, tú y yo éramos…—No quería mentir—. Éramos… éramos muy buenos amigos, tú y yo nos conocíamos perfectamente bien.

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Se que me tarde horrores! que mala soy gracias mil gracias por su apoyo!

Ary