Capítulo V (Final):

La navidad es una fiesta que se festeja distinto en todas partes del mundo, la más común y que es la correcta, es la reunión de la familia o un encuentro especial con personas especiales. En Japón, donde el día 25 se juntan para festejarlo entre amigos o familiares, era más que toda una fecha especial donde la salida específica eran, las parejas.
La escuela secundaria alta de la ciudad de Kitahoro, festejaba navidad involucrando profesores, amigos fuera los institutos, o parejas. El centro de estudiantes, como era de esperar, organizó un evento de navidad. Este evento se trataba de una fiesta, un baile, donde todos los alumnos debían ingresar a la fiesta con alguna pareja, ya sea pareja real o amigos. En ése evento no sólo las parejas bailaban, sino que también regalaban regalos a sus amigos, y hasta incluso se había organizado un concurso de trajes navideños, y la pareja que mejor traje tuviera, ganaría.

* * * *

Las luces de toda la ciudad, multicolores y llamativas, titilaban sin cesar cuando el reloj marcó las 8 de la noche. En ése momento un montón de parejas se alistaban para dirigirse al salón donde se realizaba el evento tan esperado. Y entre todas aquéllas la más torpe y menos esperada, se encontraban en momento de nerviosismos.
El rubio le había enviado un mensaje a la chica más popular del colegio de Kitahoro, diciéndole que la esperaría frente al farol de la plaza principal, donde a partir de ahí caminarían juntos hasta el salón. Sin embargo, él se encontraba en ése mismo lugar hace cinco minutos atrás, sólo faltaba que la dama llegara. Ansioso por verla y tomarla del brazo y llevarla hasta el salón, se distrajo pensando en cómo vendría vestida, millones de cosas se le pasaron por su mente. Finalmente unos pasos se acercaron a él como si a éstos los conociera. Volteó el cuerpo inmediatamente y para su sorpresa, era la persona que deseaba esperar. Su rostro casi no se podía visualizar, ya que llevaba puesto mucho abrigo. Kurumi, tenía puesto una hermosa bufanda de color café, que rodeaba todo su cuello y llegaba hasta los labios superiores, tapándoselo. Una camisa casi fina se encontraba tapada por otro chaleco de lana, de color marrón un poco más fuerte y debajo de éste una pollera con cancan cubriéndole sus piernas y protegiéndola del frío.
-¿Esperaste mucho? –Consultó Kurumi desviando la mirada, un poco sonrojada.
-No. –Este sonrió tiernamente aún sabiendo que le mentía. Luego agregó entusiasmado. -¿Estás lista?
-Claro que sí.
A pesar de que el evento consistiera sobre concursos de disfraces no era necesario hacerlo, algunas parejas optaron por sólo ir bien vestidos y nada más. Una de ellas, enfilaban un tanto nerviosos directamente hacia el salón, donde la música, la comida y el espíritu navideño los aguardaban.
Mientras caminaban, las capas de nieves que habían quedado sepultadas desde hace dos días se iban hundiendo a medida que caminaban. Ken llevaba ambas manos dentro de los bolsillos, mirando al frente y tratando de buscar algún tema de conversación, pero como era obvio nada se le ocurría. Kurumi hacía lo mismo, solo que cada dos por tres se tentaba a ver al chico, el cual hoy se veía diferente, y desde que le pidió que vayan juntos al baile, nunca dejaba de pensar en ésa mirada tan seductiva y atrapante que tenía habitualmente. No encontraba ninguna cosa que Kazehaya no tenía, pero por alguna extraña razón veía en él algo muy diferente. Para ella negar los sentimientos hacia Kazehaya y aceptar los que tenía hacia Miura era muy difícil.
Finalmente llegaron al salón, donde por suerte no eran los primeros. El salón de fiestas se alzaba reluciente y esplendoroso, con luces de colores titilando sin cesar, y un cartel enorme que decía: "Bienvenidos al baile de navidad" otros carteles más pequeños se encontraban en la entrada, uno de ellos se podía visualizar una flecha multicolor que apuntaba hacía unas mesas, donde se encontraban dos personas tomando entradas y administrando quienes entraban y quienes no. Una vez que su turnó llegó, le entregaron el dinero de la entrada y el mismísimo papel que permitía entrar. Ambos entraron; Kurumi tomó el brazo del rubio, esto hizo que él rubio se sobresaltara, cuando la vio de reojo notó que estaba sonrojada.
-Tú solo disimula. –Ordenó frunciendo el ceño y haciendo puchero.
-C-Claro. –Respondió tartamudeando y desconcertado.
La música de fondo hizo que sus voces se perdieran entre muchedumbre y el ruido de la fiesta.

Parece tener pinta de la primera cita. Pensó Ayane, mientras se daba su último toque de maquillaje en los labios y en los párpados. Se miró al espejo y acomodó sus cabellos reposándolos sobre sus hombros los cuales estaban descubiertos, y llevaba un vestido delicado de color azul marino, y unas pulseras plateadas luciendo sobre sus muñecas. Se recogía alguno de sus flequillos a un costado para acomodarlos con dos hebillas finas y de color plateado. Una vez lista decidió bajar para esperar a que su acompañante de baile llegara. Para empezar los nervios la tenían atragantada, y su corazón palpitaba a no dar más. El problema no era que Arai fuera su acompañante, ya que sabía perfectamente y era inevitable mentir que sentía algo muy profundo por el mayor, el problema era.
-El es mi profesor. –Murmuró por lo bajo algo apenada y sin querer ver la hora que él llegara, para que sus padres no llegaran a sospechar nada malo.
Era cierto que su preferencia favorita eran los hombres más grandes que ella, pero a lo mejor los demás se pensarían que una relación, Alumna Profesor era algo más grave. Suspiró largamente y esperó a que los segundos pasaran y finalmente el timbre de su puerta resonara alocadamente. El reloj anunció que eran las ocho y diez, Ayane se acercó a la entrada de su casa y abrió la puerta, detrás de ésta se encontraba Arai sensei, para su sorpresa no iba vestido casual, sino que tenía el cabello planchado y no llevaba los erizos, algo que a la muchacha la hizo sonrojar fuertemente. Su flequillo se caía intensamente dejándose ver tan solo un poco de sus ojos alargados y de color negros, llevaba puesto a pesar de todo traje de santa clous, solo que era un chaleco rojo con tiras blancas, y debajo de ésta una camisa blanca. Su pantalón no era rojo sino de jeans. La miró de reojo, y luego la observó de pies a cabeza estudiándola visualmente. Realmente se veía muy linda.
-Ah. –No pudo decir más que eso, a lo que algo tímido consultó. –¿Estas lista?
-Sí.
Caminaron un buen rato, sin mediar palabras, parecía que las parejas hoy andaban algo tímidas. Pero luego con el ambiente que provocaría la fiesta se acostumbrarían, y porque no, algo más podría suceder. Llegaron al salón, donde los recibieron dos chicos que estaban en la puerta recibiendo a los demás, entregaron la entrada y a continuación entraron. A esa altura ya había una buena cantidad de personas, la única inquietud de la jovencita era que ninguna de sus amigas había llegado. Las luces multicolores comenzaron a parpadear una y otra vez, formando haces intermitentes iluminando todo el salón, la música parecía un poquito movida más que de ambiente. Arai comenzó a caminar a la par de Ayane buscando un rinconcito donde puedan esperar al resto, la muchacha parecía acercarse más al mayor cuando notó que iba llegando más gente. El sonido de la música de fondo hacía que cada uno se concentrara en sus mismos pensamientos y que ninguno de los dos se animara a abrir su boca o pronunciar si quiera un solo sonido aunque fuese mudo. El mayor se rascó la nuca cuando se percató que todo esto parecía molesto e inquietante, hasta que de repente unas jovencitas de la misma edad que Ayane aparecieron vestidas de Maid, ofreciéndoles pequeños tragos de bebida. Pin observó a la menor que tenía el traje como si fuera a babear por ésta, su pareja estaba que ardía en llamas. Los celos comenzaron a atacarle, una vez que las muchachas le dieran la bebida Yano tomó la mano de su profesor y se alejaron un poco de la muchedumbre, y en voz baja pronunció.
-Recuerda que eres mi pareja. –Intentó sonar dura la chica, por parte de su maestro parecía no importarle mucho, pero sin más que hacer decidió obedecerla.
-Como tú digas, señorita.
Ambos regresaron al centro de la fiesta y siguieron esperando a sus amigos.

Tan solo faltaba quince minutos para que el apuesto chico de la secundaria alta de Kitahoro llegara a la casa de Kuronuma. El reloj había señalado las ocho y punto cuando terminó de bañarse, cuando ojeó el reloj de la muñeca hizo y sobresalto y se peinó casi a las apuradas, buscó su traje y se vistió lo más rápido posible, en tan solo quince minutos Kazehaya llegaría a su casa, y sin duda alguna tenía que estar lista para esa hora. Entre los saltos y las apuradas logró vestirse justo a tiempo. Finalmente el timbre sonó segundos después de que ella terminará de alistarse, bajó de inmediato a la puerta y recibió a la persona que esperaba.
Kazehaya se había colocado el traje que le había diseñado Kuronuma, a penas notó que ella le abrió la puerta le sonrió tiernamente, esbozando su dulce sonrisa angelical haciendo que la chica se sonrojara fuertemente. Ella vestía un traje de color rosado, con mangas abullonadas y con brillantinas plateadas, una capucha de color rosa desprendía hacía atrás, la cual usaba para poder tapar sus orejas y protegerlas del frío. El traje era similar a una doncella y parecía ser una especie de vestido, sin vuelos y sin anchura, simplemente liso y corto. Unas medias largas de color blancas, le abrigaban las piernas, mientras que lucía unos zapatos delicados también de color rosa, con un moño en la punta de éste. Kazehaya quien no conocía el traje, la ojeó de pies a cabeza y no pudo evitar sonrojarse.
-¿Estás lista?
-Sí. –Balbuceó ella. Ambos emprendieron el camino hasta el salón.
Mientras caminaban ninguno de los dos dejaban de pensar en que tendrían que bailar. Estaban nerviosos. No veían la hora de llegar y conversar con sus amigos para que por lo menos su timidez desaparezca. El frío azotaba la ciudad de Kitahoro, la nieve comenzó a amenazar y en cuanto los copos empezaron a caer intensamente, los dos jóvenes avanzaron con más rapidez. Finalmente llegaron al salón, donde fueron recibidos por los dos recepcionistas de la entrada, le mostraron la entrada y entonces le cedieron el paso. Una vez dentro, sus ojos se limitaron a buscar al resto de sus amigos, luego de una búsqueda densa pudieron localizarlos a unos metros de ellos, esquivaron la multitud que los apretaba y llegaron hasta ellos atravesando todos los obstáculos. Saludaron mostrando una sonrisa amplia y se incorporaron a la conversación.
Ayane observó como el traje le quedaba a la perfección a ambos, rió burlona y pronunció:
-Recuerden que ustedes serán los únicos que bailen. –Ambos se sobresaltaron sonrojados, mirándose uno a otro. –Tranquilos, hagan de cuenta que están solos en la pista. Eso es todo.
No tardaron tanto en que se percataran que no solo su grupo se encontraba en el baile, sino que prácticamente todo el curso entero. Los compañeros de Kazehaya se acercaron amistosos y bromearon juntos. Al cabo de uno segundos Kuronuma también fue rodeada por una multitud. Sus compañeros de clases comenzaron a hacerles preguntas, Sawako tímidamente respondió a todas ella, mientras que éstos palidecían de pura sorpresa. Una vez que lograron quitárselos de encima, respiraron alivio. Luego de un buen rato, y de mucha charla la música comenzó a sonar de fondo. El presidente del centro de estudiantes se acercó al escenario, y con micrófono en mano comenzó a dar indicaciones de lo que sería la fiesta.
-Bienvenidos a todos!. –Exclamó el joven que llevaba lentes y cabellos cortos. –Para empezar ¡Feliz navidad, a todas las parejas presentes, como así también a los profesores que asisten con nosotros acompañados de alguna pareja en particular!. Quiero comunicarle y darles las gracias a todos aquéllos que decidieron ponerse de acuerdo y venir al baile de navidad. Espero que se diviertan y puedan aprovechar éste grandioso único día del año. El evento comenzará en instantes, haciendo una presentación en la pista con todas las parejas que participaran en el concurso de disfraces. Quiero que éstos aguarden cerca del escenario para que podamos dar comienzo al gran evento Navideño.
Kuronuma y Kazehaya intercambiaron miradas, y gracias a un empujón de Ayane se dirigieron a la pista sin ningún problema. A su lado lo acompañaban Ryuu y Chizuru. Quienes vestían un traje de color rojo, ella llevaba una minifalda y un buzo que parecía más que nada un corsé. Ryuu por su parte llevaba el traje rojo, pero que tenía el aspecto de un traje de fiesta. Ambas parejas se sorprendieron al cruzarse, se saludaron y encaminaron hacia el escenario, mientras que el presidente del centro de estudiante seguía informando sobre el evento.
-Durante toda la noche, habrán diversos entretiempos. Luego del baile de presentación, se hará el descanso, donde entraran las comidas principales y luego se alistaran las mesas de dulces, donde aprovecho a agradecer a las nobles contribuciones de varios de los participantes que hoy asisten a la fiesta. Muchas gracias. Al finalizar la sección de la cena, se iran adentrando la pistas para las demás parejas que no participen del certamen y así puedan disfrutar la pista. Llegando a la madrugada entre las dos y la cuatro de la madrugada, se colocaran en las mesas las comidas livianas y las bebidas frescas como, sidra, cerveza o alguna que otra. Se podrán disfrutar karaoke para las parejas que quieran animarse a pasar al escenario y canten. Pueden acercarse a la sección de música e indicarle al DJ la canción que deseen. –Una vez que terminó las indicaciones apartó el micrófono y se despidió, bajó del escenario y la música de estilo clásica surgió desde el fondo del salón.
Las parejas comenzaron a entrar a la pista, en fila y formalmente. Se colocaron a gusto y la música inició su curso de sonido clásico y armonioso. Las piezas de Frederic Chopin, sonaron dulcemente atrayendo al público y haciendo girar a las parejas que yacían en la pista de baile. Kazehaya siguió el trayecto de las demás parejas, guiándose de ellas. Tomó del brazo a Sawako, tímidamente y caminó lentamente hasta llegar a la pista, una vez dentro del círculo de baile, sujetó delicadamente la cintura de Sawako, rodeándola. Sawako siguió su ritmo y no se inmutó en nada. Una vez que el compás de la música los iba adentrando al ambiente, empezaron a girar lentamente y armoniosamente, deseando que ninguno de los dos se pisara, giraron de forma lenta y precavida, intentando a su vez seguir el ritmo de las sonatas. Los vuelos del traje de Kuronuma, formaban ondas y más ondas al dar vueltas. Los pasos se hacían cada vez más densos y rápidos a la vez, y al mismo tiempo delicado y fino.
Mientras la música de fondo lucía a las parejas que formaban círculos en la pista de baile, Ayane observaba detalladamente si la pareja más lenta de la escuela se equivocaba aunque sea una sola vez. Sin embargo nada de eso sucedía, finalmente habían aprendido. Se enorgulleció y sonrió para sí misma. A su lado mirándola de pies a cabeza, se encontraba Pin, quien no sacaba sus ojos de ella, a pesar de que ésta no lo notaba, él intentaba buscar una forma para declararse y buscar los puntos para advertirle sobre las consecuencias que podrían ocurrir. Una vez que ella bajó la mirada de su panorama, el mayor la tomó del brazo y la obligó a que lo mirara a los ojos. Ella reaccionó sonrojada y desconcertada. Sin duda alguna se había olvidado que por hoy serían pareja de baile, luego de la comida a lo mejor ellos se encontrarían en misma pista que estaban Kazehaya y Sawako.
-¿Qué ocurre? –Tartamudeó nerviosa Yano.
-¿Tú me quieres verdad? –Consultó sin rodeos.
-¿Qué dices? –Balbuceó tímida.
-Responde a mi pregunta. –Amenazó con la mirada, serio.
-Sí. –Confesó apenada.
Luego de una pausa aliviada, el mayor volvió a preguntar esperando una respuesta rápida.
-¿Te gustaría ser mi novia?
-¿Q-Qué? –Balbuceó nuevamente, pero éste mostró que realmente deseaba escuchar ésa respuesta. Ella abrió los ojos sorprendida y declaró sonrojadísima. –C-Claro que sí, pero..-Pausó preocupada. –Eres mi profesor y yo soy tu alumna ¿Cómo pretendes?...
-Eso déjamelo a mí. No te preocupes. –Convenció Arai.
Ambos se quedaron mirando intensamente como esperando algo del otro, Arai logró captar ese deseo y inclinó hacía ella, le acarició el rostro, corrió algunos mechones que estorbaban en el rostro de Ayane, y se acercó a rozar sus labios. Una vez que ambos sintieron ése roce juntaron sus labios y se besaron. Este beso duró un buen tiempo, hasta que sus pulmones pidieron a gritos aire. Luego de aquél beso, volvieron a mirarse a la corta distancia. Sonrojados se apartaron, volviendo a su posición anterior.

Mientras la música sonaba tan serena y armoniosa, Ken y Kurumi parecían evitarse uno al otro. Toda esta tensión se volvía molesta y fastidiosa. Más de una vez se preguntaron como rayos habían llegado a esto. No sabían cómo empezar, el sonido de la sonata clásica de Frederic hacían que el público se sienta tranquilo. Ken recostó su espalda sobre la pared más cercana y llevó ambas manos a sus bolsillos, desvió la mirada hacia arriba y se sumergió en sus pensamientos. Hasta que algo se le ocurrió.
-¿En la próxima pieza quieres bailar? –Kurumi le lanzó una mirada incrédula y sin entender nada. Luego de captar sus palabras se sonrojó, frunció el ceño mostrando orgullo y desvió la mirada.
-E-Está bien.
Ken sonrió tiernamente y esperó a que la pieza terminara para que ambos se dirigieran a la pista de baile. Una vez que las últimas notas de Frederick Chopin se anunciaban en el salón, ellos se alistaron y partieron al instante que la siguiente pieza comenzara. La tomó de la mano guiándola hasta la pista y se pusieron en posiciones para comenzar a bailar de forma clásica. Su mano derecha se posó delicadamente sobre la cintura de ella y la mano restante tomó la mano derecha de ella. Kurumi se sonrojaba fuertemente al mirarlo a la cara, mucho más sabiendo que él tenía más confianza en sus movimientos que ella. Se dejó llevar por el compás de la música y los pasos frágiles de Ken. Pasado los segundos comenzaron a girar una y otra vez, de forma prolija y fina, parecía que ya habían agarrado el ritmo perfecto y era casi imposible equivocarse.
Los haces de colores bailaban en toda la sala, donde las parejas giraban en círculos una y otra vez, siguiendo el ritmo de la música y mirándose uno a los otros como si estuvieran complemente hechizados por la magia del amor. Una de ellas se dejaba guiar por los sonidos clásicos torpemente, el galán de la secundaria Kitahoro tenía miedo que llegara el momento en que ambos se marearan y se pisaran accidentalmente, por lo que intentaba mantenerse firme y atento a los movimientos contiguos de su compañera, la cual además de estar nerviosa parecía haber dejado el miedo atrás y dejar que Kazehaya tomara el control absoluto de los giros, y aprovechando los envíos bruscos que hacían al terminar la vuelta volvían a retomar los pasos prolijamente. Luego de varios minutos de baile, la música dejó de sonar, y esta se tornó más tranquila y lenta a la vez, esto indicó una sola cosa: Las parejas debían dejar la pista de baile y ubicarse en las mesas. Exhaustos decidieron dirigirse a donde se encontraban el resto de sus amigos. Saludaron agotados y casi sin energías.
-Parece que duraron mucho. –Declaró Yano, mientras se apoyaba en la pared con una de sus manos sobre su mentón y el codo de ésta depositado sobre el otro brazo que yacía recostado en el aire.
-Sí. –Intentaron pronunciar tomando aire con dificultad.
Pin llamó de forma molesta a Kazehaya y comenzó a burlarse de éste de la forma en la que habían bailado, sin embargo Shouta le respondió diciendo que él todavía no había bailado. Este se enfadó y no siguió molestándolo. Yano les contó a sus amigas que estaba saliendo con Pin, sus dos amigas se sorprendieron como nunca lo hicieron, luego de ese asombro la felicitaron. La fiesta siguió su curso. Mucho después de que la cena finalizara Kuronuma recibió un llamado del padre diciendo que si quería podía regresar a la hora que quisiera, pero cuando ella se digne a regresar que lo llamara.
Kazehaya le dijo que se acercara y le preguntó si no quería que fueran a su casa, ya que él estaría solo y además estaría maru y quería que ella lo viera con el gorro navideño. Kuronuma asintió y ambos partieron dejando atrás el evento.

Al llegar a la residencia de Kazehaya, Kuronuma sintió una corriente de nervios que recorrió todo su cuerpo. Un escalofríos le advirtió que a lo mejor podía sentirse algo vergonzosa de pisar la casa de su novio en momentos como éstos, y aún más sabiendo que estarían solos, excepto por Maru, pero éste último no podía contarse mucho. Shouta la invitó a que pasara al living, ella accedió a su propuesta y se sentó en el sofá más grande. Era acolchado, muy cómodo y con un estampado liso. Se sentó y esperó a que Kazehaya regresara con la bebida caliente.
En los minutos de ausencia del dueño de la casa, la chica decidió observar todo el living. Parecía ordenado y limpio, sonrió tiernamente. Una vez que inspeccionó todo el lugar, sintió que algo suave se deslizaba sobre sus piernas, bajó la mirada desconcertada y al instante abrió los ojos entusiasmada.
-¡Maru! –El perro solo respondió incrédulo con ladridos desaforados, parecía que can no estaba conforme con el huésped. Kuronuma intentó alzar al cachorro en brazos pero éste ladró más fuerte. La chica dibujó una sonrisa extraña y maligna a la vez y luego confesó. –Parece que sigo cayéndole mal. –Suspiró largamente y justo Shouta hizo presencia, retó a Maru viendo que éste parecía ladrar a Sawako.
-Lo siento Kuronuma-san.
-No te preocupes. –Sonrió amigable. –El me sigue cayendo bien, aunque yo no a él.
-¡Ah!¡Te mostraré! –Se levantó y se acercó al modular para buscar el gorrito, llamó al pequeño y se lo colocó, luego lo alzó y se sentó a su lado. -Le queda bien ¿verdad? –A la chica parecía hacerle brillitos sus ojos.
-Si, le queda muy bien! –Confesó.
Ambos quedaron en silencio un buen tiempo, Kuronuma bebía delicadamente y dejaba que el calor del chocolate se impregnara en su nariz. Kazehaya observó como esta tomaba la taza de chocolate, hasta que algo se le ocurrió. Tomó su cámara de fotos y se la señaló.
-¿Y si nos sacamos una foto?
-¡Sí!
El muchacho tomó la cámara digital y todos incluyendo a Maru, se posicionaron para esperar el flash y cuando esto sucediera decir juntos a la vez:
-Cheese!
Sus sonrisas se abrieron de oreja a oreja y el flash señaló que la foto había sido tomada. La pareja sonrió simpáticamente. Kuronuma quiso tomar la cámara digital para ver la foto, pero algo la sorprendió, ella rozó su mano con la de Kazehaya y se sonrojó. Ambos se miraron avergonzados. Una tensión sumamente extraña se aferró de la situación. Y luego de unos segundos eternos, el ambiente se volvió tranquilo y seductivo. Lentamente ambos se vieron atraídos en acercarse mutuamente y una vez que esto se cumpliera, sus labios se rozaron tiernamente y se unieron dibujando un hermoso beso, torpe y cálido a la vez. El besó duró varios minutos y quisieron seguir de esa forma, sino fuera que sus pulmones no daban abasto y sí o sí necesitaban aire.
Se separaron delicadamente y se miraron atontados, mientras que en sus mejillas se teñía de un rojo carmesí, sus rostros estaban acalorados. Aún sentían el roce tan dulce y penetrante, las huellas húmedas que habían dejado se mezclaba con el dulce sabor a chocolate.
Sintieron que disculparse sería tonto por lo que solo reinó el silencio, después de aquello el reloj marcó las dos y media de la madrugada, por lo que Kuronuma tomó su celular y llamó a su padre.
Kazehaya la acompañó hasta su casa, pero la reciente imagen de aquél beso no dejaba que sus ideas se acomoden en paz. En el camino ninguno de los dos se atrevió a decir ni una sola palabra, excepto cuando llegaron a la residencia Kuronuma. Donde el chico levantó una mano y la saludó tímidamente. Ella hizo lo mismo y entró a la casa.
De aquélla noche lo primero que se le venían al recuerdo, era ése beso cálido, torpe y húmedo que dejaron en sus labios. El primer beso jamás se olvida, el aroma al chocolate y los labios fríos de Kazehaya se hizo eterno, la sensación de ésa muestra de amor jamás se desvaneció.
La navidad es más que especial cuando se la pasa con personas que amas.
¡Feliz navidad!

El baile de Navidad [FIN]