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Amour Mystérieux

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Todos los ingredientes habían sido incorporados a la mezcla y el aromático olor que expedía provocaba en mi una infinita felicidad. Al verterla en el molde y meterlo en el horno; este se intensifico inundando cada rincón de la cocina de una pequeña cafetería llamada: "Amour Mystérieux", donde trabajo los fines de semana. Esmeralda no entendía mi afán por trabajar en este lugar. Siendo que ganaba un buen sueldo y tenia un importante puesto dentro de la empresa. Pero la paz que había encontrado dentro de estas cuatro paredes me parecía un tesoro invaluable.

–Lita... –la temblorosa voz de mi compañera atrajo mi atención.

–Dime Molly... –ella lucia desconcertada, cosa que me preocupo.

–El cliente de la mesa siete pidió una... –lucia muy nerviosa– podrías prepararle una limonada rosa.

–¿Una limonada rosa?

–Es un cliente frecuente y no me atreví a decirle que no.

No estaba dispuesta a cumplir los caprichos de un cliente, a leguas se notaba que había hecho esta petición solo por molestar. Pero al ver el dilema de Molly, opte por ayudarla.

–En diez minutos estará lista la bebida –Molly me sonrió agradecida y salio para atender a los otros clientes.

Improvise y no me importo al cliente le gustaba o no mi "invento". Para darle ese color le agregue azúcar con pintura vegetal rosa y al popote le pegue una rosa de azúcar, que había preparado para la decoración del pastel que se encontraba en el horno; por último le agregue unos hielos con fresas cortadas en rodajas, en su interior; los cuales utilizaba para otro tipo de bebidas. Molly se sorprendió al ver el vaso sobre la charola, no me dijo nada al percatarse que estaba ocupada con otra orden. Pero sentí curiosidad por ver la cara que pondría el dichoso cliente. Cuando estaba a punto de escabullirme, escuche el ringtone de mi celular que se encontraba en la bolsa del delantal. Al ver que se trataba de Diamante no dude en contestar.

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Al ver que Diamante dormía tan plácidamente, me remordía la conciencia tener que despertarlo.

–Diamante... –le susurre al oído– despierta, hay que ir a trabajar.

Abrí las persianas de par en par, los rayos del sol matutino iluminaban la habitación. Vi de nuevo en dirección a Diamante. Estaba segura de que él se levantaría, tome mi uniforme y me dirigí a la ducha; las gotas de agua desvanecieron por completo el sopor de mi cuerpo. Cuando regrese a la habitación él ya no estaba. De repente percibí un delicioso aroma que provenía de la cocina. Me apresure para terminar de arreglarme. Cuando abrí la puerta, sobre la mesa vi un exquisito desayuno.

–Buenos días... desayuna mientras yo me alisto para el trabajo.

Gracias Diamante... –al llevarme el primer bocado, no puede dejar de sonreír. Constataba que era un excelente cocinero. En esas tres noches había descubierto que teníamos muchas cosas en común, como la soledad que sentían nuestros corazones... Me alegraba pensar que por unos momentos está había desaparecido...

Al llegar a la entrada del edificio de la empresa, sentí la mirada inquisidora de Esmeralda, Diamante no se percato de esto, se dirigió al quinto piso y subió por las escaleras. Trate de alcanzar a mi amiga, pero ella se adelanto al elevador y lo cerro antes de que yo llegara.

–Lita Kino, olvídate de que algún día fuimos amigas –dijo cuando trate de darle una explicación.

Desde ese día Esmeralda solo me dirigía la palabra por cuestiones de trabajo, ya que una de sus virtudes era su profesionalismo.

La semana pareció transcurrir con lentitud, hasta que ya era viernes por la noche, desde el elevador alcance a ver cuando Diamante detuvo un taxi y se marcho sin siquiera despedirse.

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–Lita, una limonada rosa, por favor –al darse cuenta de mi desconcierto, me dio una explicación– volvió a pedirla el mismo cliente.

Prepare la bebida sin mucho entusiasmo, pero eso sí, estaba decidida a decirle en su cara que sería la última vez. Tome la charola con el vaso antes de que Molly lo hiciera, ya que estaba atendiendo a una pareja. Mi objetivo era la famosa mesa siete, él molesto y despreocupado cliente leía un libro de los que había en el librero de la cafetería. Deje la bebida sobre la mesa y cuando estaba a punto de dirigirle la palabra. El tomo mi mano de una forma tan delicada y sobre la palma dejo un pequeño sobre de color verde pastel. Como sí hubiese estado en el desierto se termino su bebida en unos cuantos segundos.

Cuando salgas del trabajo vendré por una respuesta –dijo quedamente, dejo un billete sobre la charola y se marcho. Afortunadamente nadie se percato de lo sucedido.

Los de la mesa uno, quieren dos limonada rosa –fue lo que me dijo cuando me dirigía de nuevo a la cocina.

Así fue todo el día, la dichosa bebida se hizo muy famosa entre las parejas. Cuando entro la dueña a la cocina, estaba segura que me regañaría por preparar algo que no estaba en el menú.

–Lita ya son varios los clientes que me piden que felicite a la chef. Que lastima que solo trabajes los fines de semana, ya que la mayoría de los clientes vienen solo para probar tus postres. Por cierto voy a incluir en el menú: La limonada Rosa y te subiré el sueldo.

–Luna, muchas gracias, pero no es necesario. Es un honor para mi que me dejes trabajar solo los fines de semana.

–Mañana hablamos con mas calma, pero sigue en pie lo del aumento.

Las manecillas del reloj estaban a punto de marcar las nueve de la noche y ni siquiera había leído el contenido del sobre. Me quite el delantal y lo deje en el locker y tome mi abrigo. Vi ilusionada el sobre sin abrir, pero un pensamiento fugaz surco mi pensamiento: todo se había tratado de una vil broma. Doble con rencor el papel y lo tire en el bote de basura.

–Hasta mañana Lita.

–Hasta mañana Molly, que descanses.

Estaba a punto de subirme al radio taxi, cuando vi que el se encontraba al otro lado de la calle.

Me vio con una mirada suplicante, por un extraño impulso no entre al taxi y le dije al taxista que me esperara. El cruzo la calle corriendo.

¿Cual es tu respuesta?

–Lo siento pero perdí el sobre –me sentí mal por haber doblado el papel.

–Me llamo Andrew y yo...

Lo interrumpió el ringtone de mi celular, con solo escucharlo sabia que se trataba de Diamante.

–Me tengo que ir, me espera mi... –sus labios aprisionaron los míos, fue un beso tan cálido y lleno de amor, aquel que había esperado durante tanto tiempo y me deje llevar por aquel bello gesto. Sus brazos me envolvieron y el aroma de su loción embriago a mis sentidos. El sonido que produjo el celular contra el pavimento, me despertó de aquel trance y sin pensarlo me subí al taxi y le rogué al taxista que me llevara lejos de ahí. Por el espejo retrovisor vi como el corría desesperado y al doblar la esquina lo perdimos.

Pensé que Diamante me estaría esperando afuera de mi departamento, pero el no estaba y no podía comunicarme con él ya que no había memorizado su numero. Introduje la llave con desgano y entre. Como era costumbre nadie me daba la bienvenida. Cuando estaba a punto de ser presa de la soledad, una chispa de esperanza emergió cuando palpe mis labios y recordé aquel beso.

Continuara...

Este capitulo es un tributo al regalo que te borre :P

05/XI/2012