El bosque estaba en silencio. Todo parecía estar inmóvil, incluso el viento parecía haber desaparecido.

Yo estaba entre los arbustos, agazapada con el arco y la flecha en la mano. Un ciervo estaba a unos pocos metros, inquieto y moviendo las orejas, pero no se movía. Y, cuando estaba a punto de lanzar la flecha...

Un bulto negro salió de la nada, espantando al ciervo. Detrás de aquel bulto corrían otros tantos. El silencio del bosque quedó roto en un momento: unos diez... ¡razac!, corrían junto a úrgalos, los cuales llevaban antorchas. Intenté desplazarme entre los matorrales sigilosamente para que ningún miembro de aquella siniestra procesión me viera u oyera. Al dar un par de pasos hacia atrás, escuché una especie de silbido a mis espaldas: un razac. Tardé en reaccionar un segundo, el más largo de mi vida, y entonces, saqué la espada y lo atravesé por el estómago. Sabía que eso no sería suficiente, por lo que arranqué la espada y salí a correr. Silbé, esperando que mi yegua me escuchara...y lo hizo.

-Gracias amiga-dije ya montada en ella y acariciándole el cuello. Rápidamente miré hacia atrás. Me seguían tres razac a corta distancia-¡Vamos, vamos!-grité desesperada. Me iban a alcanzar en cuestión de segundos, pero entonces...

Un dragón salido de la nada escupió una enorme llamarada de fuego que interrumpió el paso a los razac y dejó que escapara.

Después de estar una media hora cabalgando decidí parar para descansar. Desmonté a Dafne y me dispuse a buscar ramitas secas. Tenía frío y aquellos bichejos ya estarían muy lejos.

Ya estaba alrededor del pequeño fuego, calentándome cuando apareció de nuevo. Era un dragón, de eso estaba segura. Aterrizó no muy lejos de mí y de él desmontó una persona. Me levanté quedando erguida cuan alta era y desenvainé la espada.

-¿Quién eres?- grité lo más alto posible. El muchacho, que ya quedaba recortado por la luz de la luna era alto y desgarbado. Era lo máximo que alcanzaba a ver, ya que aún no había llegado al pequeño círculo de luz del fuego.

-Tranquila, no voy a hacerte daño.

-¿Qué quieres y quién eres?

-Soy Murtagh-dio varios pasos adelante quedando iluminado por la fogata. Tenía el pelo negro y no demasiado largo. Su tez era morena, curtida por el sol. Y sus ojos, sus ojos eran profundos, incapaces de ser leídos. Era un tipo misterioso. Me impedía entrar en su mente- Y me preguntaba si dejarías que te acompañara en tu viaje.