Ver como las lagrimas rodaban por sus mejillas, seguido de aquellos tiernos hipidos, hacian que su corazon se destrozara en miles de pedazos. No era justo. No podia permitir aquel tipo de humillaciones hacia la mujer que amaba. Su hermana. Era inconcedible, y el, el Gran Seppius, el mas joven de los lideres de Capua, y uno de los mas influyentes, se encargaria de que aquello no quedara impune. Se acerco hacia su hermana, y paso su pulgar por la mejilla de ella, con una alentadora sonrisa en su rostro - Ya, no llores mas, Seppia. - Es que... Es injusto. Yo... Yo iba a hacerlo, solo necesitaba tiempo. Tal vez... Si los dioses... Fue callada, por los apasionados labios de Seppius. Estaba acostumbrada a tales besos, e incluso carisias mas intensas. - Vamos a Casa. No vale la pena que derrames tus lagrimas por este tipo de cosas. Algun dia, podremos ser mas grandes que esta gente, mas grande que Ilithia y Glaber, y ellos se arrepentiran de habernos humillado. Ella solo asintio con delicadeza. Esta vez, fue ella quien se lanzo sobre los labios de su hermano. - Pronto, hermano, se arrepentiran de todo. Ambos crearon una promesa entre besos y carisias, que pronto seria manchada por la sangre de la traición, y con ella llegarian los deseos de la Venganza.