Capítulo 1

Ariel, una joven de 16 años, estaba terminando de empacar sus cosas, para mudarse de casa...otra vez...y todo era culpa del trabajo de su padre Tritón.

– ¿Estas lista, Ariel? – dijo Tritón adentrándose en el cuarto de su hija.

– Ya casi, padre – dijo mientras terminaba de acomodar unas prendas en su gran valija azul.

– De acuerdo, sólo date prisa o perderemos el vuelo. Te esperare en el auto. – Y sin decir más salió de la habitación.

Ariel suspiró desganada y dijo para sí misma en tono aburrido: – Otra vez viajar, otra vez cambiar de casa, otra vez yo sin poder adaptarme a un lugar...lo mismo de siempre... – Cerró su valija, la bajó de la cama y se fue junto con ella al auto.

4 horas después…

Tritón se hallaba junto a Ariel y Jane en los asientos de atrás, junto al mayordomo (Grimsby) y la ama de llaves (Carlota).

Tritón volteó para ver a su hija con una mirada vacía dirigida a la ventana. Él suspiro y le dijo: – Ariel, siempre pones la misma cara cada vez que viajamos. Anímate. He oído que Agrabah es muy hermoso.

Ariel sin quitar la mirada de la ventana respondió: – Es lo mismo si es hermoso o no, nos iremos en un par de meses, como siempre.

Tritón bajo la cabeza y miró tristemente a su hija, deseando poder hacer algo para quitar esa cara infeliz de Ariel y verla sonreír como cuando era niña.

Otras dos horas más tarde…

Todos se bajaron del auto y agarraron cada quien su maleta.

Al contemplar que había enfrente suyo, quedaron todos maravillados con su nuevo hogar, excepto Tritón que ya sabía perfectamente como era.

– ¡Bienvenidos a nuestro nuevo hogar! – exclamó Tritón señalando la gran mansión, que más bien parecía un palacio. Era color blanco con varias torres con su punta ovalada abajo y puntiaguda en la parte de arriba, color bronce.

Todos entraron y quedaron aún más maravillados con su interior. Grandes corredores de mármol puro y paredes de tonalidades claras para combinar; además de las múltiples decoraciones elegantes que había por todas partes. Ariel fue y se instaló en la habitación, seguida de Jane que llevaba su maleta y la de Ariel.

– ¡Que hermoso lugar!, ¿no crees? – opinó Jane, mientras ponía la maleta de Ariel en su cama.

– Si, eso creo.

– Ariel, siempre te pones igual cuando nos mudamos. Sé qué te cansas de tanto viaje, pero ve el lado bueno; no cualquiera puede andar viajando tanto.

– Sí, pero nunca puedo hacer amigos, nunca he podido ir a una escuela como una chica normal, estoy encerrada como en una bolita de cristal que quiero romper.

– Lo sé Ariel, pero recuerda que no estás sola, tienes a tu padre que te adora y me tienes a mí, que también te adoro.

Ariel sonrió y le dio un gran abrazo a su tutora de toda la vida. – Yo también te adoro. – Jane término el abrazo y puso sus manos en las mejillas de Ariel y le dijo dulcemente: – Ahora, tú, pelirrojita, desempaca todo y vamos a dar una vuelta por Agrabah, ¿te parece?

– Está bien, aunque creo que no es tan necesario porque dentro de un tiempo nos iremos.

Jane retiro las manos de la cara de la pelirroja y las puso en sus caderas, con una mirada sería. – Ariel...

– Bueno, bueno. Lo haré.

Jane sonrió satisfactoriamente y le dijo mientras se dirigía a la puerta: – Te espero en 10 minutos.

Ariel asintió y empezó a hacer lo que Jane le ordeno. Una vez finalizada su tarea, decidió cambiarse de ropa por una más fresca, debido al gran calor que hacía. Se puso un short blanco, una blusa de mangas cortas, color azul, que combinaba con sus ojos, y unas tenis blancas. Luego procedió a buscar a Jane.

– Jane, estoy lista.

– Oh sí, vamos.

– Espera, voy a ir a decirle a papá que vamos a salir.

– Tu padre ya salió. Anda en una reunión de trabajo.

– Ah, sí. Como siempre. Bueno vamos.

– Vamos.

Ambas salieron a explorar su nuevo hogar.

Mientras tanto a varios kilómetros de ahí...

John Hawkins bajo las gradas con una gran sonrisa en su rostro, que llamo la atención de toda su familia.

– ¿Por qué tan feliz? – le preguntó su madre, Sarah, con una risa graciosa.

– Voy a ir a ver a Anya y...ya me decidí y le propondré matrimonio.

Su madre abrió los ojos, al igual que su padre, Sinbad y su hermano menor Jim.

– Ese es mi hijo. – le dijo su padre mientras se acercaba a él y ponía su mano sobre el hombro de su hijo.

– Felicidades, hermano. – señaló Jim con una sonrisa de oreja a oreja.

– Gracias familia. En la noche la traeré para celebrar.

– ¡Totalmente de acuerdo! ¡Tenemos que hacer lo planes de boda! – exclamó su madre.

– Bien, nos vemos en un rato. – Y sin decir más se puso su casco azul, agarro su rifle y salió de su casa.

20 minutos después...

John llegó al bosque en donde había quedado de verse con Anya. Se introdujo entre los árboles hasta ver a su hermosa novia pelirroja de ojos azules con un vestido celeste con un lazo celeste amarrando su cabello.

Él al verla comenzó a ponerse nervioso, saco la pequeña cajita negra de su pantalón y admiro el anillo; era de oro con un hermoso y gran rubí, con pequeños diamantes a su alrededor. Lo volvió a guardar y camino hasta ella, agarrándola por detrás de la cintura. Ella se estremeció pero sonrió porque sabía perfectamente quien era.

– John.

– ¿Cómo está la mujer más hermosa del planeta?

– Feliz de estar con el hombre más apuesto del planeta.

Él la volteo y beso dulcemente sus labios. Ella rompió el beso y le preguntó extrañada al ver le rifle – ¿Por qué trajiste tu rifle?

– No sabemos cuándo va a salir una bestia por ahí, así que debo estar preparado.

Ella frunció el ceño con sus brazos cruzados.

– Sabes que es cierto lo que digo, no dejaré que ninguna bestia te haga daño.

– No pasara nada.

– Eso espero.

Volviendo con Ariel...

Ella y Jane andaban caminando por todo Agrabah, viendo las ventas ambulantes y conociendo a la gente, o por lo menos Jane, porque Ariel no quitaba su mirada de unas montañas que no estaban tan largo de ellas, con una multitud de árboles.

– ¿Qué piensas de esto? – le preguntó Jane a Ariel, con un collar de perlas en mano. Sin embargo Ariel estaba demasiado ocupada con la mirada en el paisaje del fondo.

– ¿Ariel? ¿Me estas escuchado?

Ariel volvió a la realidad y volteo su rostro en dirección a Jane.

– Perdón Jane, es que me gustaría ir por esas montañas. ¡Vamos a ver!

– ¿¡Estás loca!? ¡Deben de haber un montón de animales salvajes!

– ¡Ay por favor Jane! ¡Tú sabes lo mucho que me gusta la naturaleza y los animales! ¡Vamos! ¡Por favor!

– ¡De ninguna manera! ¡He dicho!

Ariel suspiró enojada y cruzo los brazos, haciendo un puchero. Jane por su parte siguió admirando el collar de perlas.

– Disculpe señor, ¿cuánto cuesta este collar? – le preguntó Jane al vendedor y así estableció una conversación con este. Ariel vio a Jane muy entretenida y decidió irse corriendo a echarle una ojeada al bosque del fondo.

– Mmm no estoy segura si me lo llevo, ¿tú qué dices, Ariel? – pero noto que nadie le respondía y se volteó. – ¿¡Ariel!? ¡Uy! ¡La próxima vez que salga contigo tendré que ponerte correa! ¡Ariel! – Y sin decir más dejo el collar tirado y apresurada comenzó a buscar a Ariel.

Mientras tanto en el bosque...

– En fin Anya, ya hemos estado bastante tiempo juntos y debo decir que desde que te conocí me enamore perdidamente de ti.

Anya sonrió y dijo: – Yo también estoy perdidamente enamorada de ti.

John le devolvió la sonrisa y continuó: – Por eso quiero preguntarte algo. – John se arrodilló y saco la pequeña cajita negra. Anya abrió sus ojos, cual los de un búho, mientras se llenaban de lágrimas.

– Anastasia, ¿te gustaría casarte conmigo?

Ella llevo sus manos a su boca y las lágrimas empezaron a salir. No podía ni hablar de la emoción, por lo que sólo pudo asentir con la cabeza varias veces. John sonrió, saco el anillo, guardando la cajita negra. Ella le dio su mano y él introdujo con cuidado el anillo en su dedo anular. Él se paró y la abrazo con todas sus fuerzas, al igual que ella. Anya se retiró levemente para tomar con sus manos el rostro de John y llevarlo a la suya para besarlo con amor. Su beso se vio interrumpido por un ruido entre unos arbustos que había detrás de ellos, a los cuales John de inmediato se puso alerta, agarrando su rifle del suelo y poniéndose en frente de Anya.

– No te nuevas, Anya. – le susurró John, cargando y apuntado a los arbustos con el rifle.

– John...

– Shhh...

Ambos permanecieron callados hasta ver que los arbustos se movieron y escucharon un pequeño rugido. John espero y espero hasta ver un pelaje anaranjado con rayas negras y de inmediato supo que era. Anya se puso fría de pies a cabeza, sus ojos se tornaron de miedo y dijo temblorosa: – Ti-tigre...

John no aguardo más y disparo al arbusto dándole al tigre. Sin embargo no era lo que esperaba, porque el tigre, al darle, cayó muerto totalmente, a la vista y apenas era un cachorro, pero apenas este cayo, dos más salieron de los arbustos, que eran sus padres y no estaban nada contentos; ambos rugieron con todas sus fuerzas acercándose a la pareja.

– Anya, corre...

– Pero John...

– ¡Corre!

Los ojos de Anya se llenaron de lágrimas, pero obedeció y salió corriendo. Uno de los tigres, para ser específica, la hembra, salió corriendo tras Anya. Ella al voltear su cabeza pegó un enrome grito y trato de correr más rápido; pero John reacciono y le disparó al tigre, haciendo que cayera muerta, también. El otro tigre rugió más que nunca y se tiró sobre John. Él trataba de quitárselo de encima con el rifle, pero el tigre le hacía mucha lucha y no lo dejaba moverse, mientras le mostraba sus afilados dientes con furia.

– ¡John! – gritó ella desesperada, corriendo nuevamente hacia él. Ella trato de empujar al tigre de un costado, pero este se enfureció aún más y con una de sus patas, la golpeo, tirándola con fuerza lejos de ellos. John vio a su amor tirada en el suelo inconsciente y gritó: – ¡Anya!

Y de quién sabe dónde, agarro él, más fuerza para ir enderezándose, a punto de quitarse al tigre de encima. Cada vez se enderezo más y más, hasta lograr quitárselo de encima; al quitárselo su rifle salió volando a metros de él. John localizo su arma y fue corriendo hasta ella, pero el tigre se vino detrás de él. John en medio camino se tropezó y se arrastró hasta poder agarrarla; el tigre ya estaba a punto de llegar a él, pero, justo a tiempo, tomó su rifle y disparo; la bala le dio al animal en su pata derecha, logrando que se fuera directo al zacate, muy herido, sin las fuerzas necesarias para levantarse. Hawkins creyó que lo habría logrado matar y sonrió satisfactoriamente, pero luego recordó a Anya y salió corriendo hacia ella. Él la tomo en sus brazos y le dijo en un tono preocupado: – Anya. ¡Anya despierta!

Ella abrió lentamente sus ojos y sonrió el reconocer a su hombre.

– John...

– Anya yo... – sin embargo no pudo continuar hablando porque se fijó en el pecho de ella, el cual estaba lleno de sangre con las garras del tigre bien marcadas y delineadas.

Ella tosió casi sin aire y se quitó el anillo de su dedo dándoselo a John.

– Tómalo John, guárdalo.

– No, Anya. Tú te vas a casar conmigo, estarás bien, te pondrás bien. – dijo con voz quebradiza y sus lágrimas cayendo por sus mejillas.

– Perdón John, fue bueno mientras duró. Me hubiese encantado casarme contigo, desde que te conocí supe que eras el hombre para mí, lo eres y siempre lo serás. Pero...tal vez yo no soy la mujer para ti, por algo paso esto, tal vez no soy la indicada, aunque creí serlo, pero recuerda que siempre estarás en mi corazón, siempre. – dijo con lágrimas en sus bellos ojos azules.

– ¡Anya no digas tonterías! ¡Tú si eres la mujer indicada! ¡Yo lo sé! ¡Lo sé porque te amo! ¡Te casarás conmigo! ¡Lo harás! ¡Lo harás! ¡Ya verás! ¡Te recuperarás y nos casaremos Anya!

– Mentiroso... – sonrió divertida pero a la vez triste- te amo más que a nada en este mundo, te amo mucho, mucho. – ella fue cerrando sus ojos poco a poco, hasta quedar completamente fría y pálida.

– ¡Anya! ¡Anya! ¡Vamos Anya! ¡No te puedes ir! ¡No me puedes dejar! ¡Anya! ¡Anya! No puedes estar mue... ¡no, no puedes Anya! ¡Anya por favor! Anya!...Te amo... – sus gritos eran desesperados, mezclados con llanto. Trato de moverla para ver si reaccionaba pero no daba resultado, ya no tenía caso...ya había muerto. John no dejaba de gritar ni de llorar. Inclino su cabeza, poniéndola sobre la de ella, mezclando sus lágrimas con las de ella, que estaban derramadas sobre el pálido y fúnebre rostro de Anya.

En medio de su llanto y sollozos, logro escuchar un gemido. Él volteo a mirar y se dio cuenta de que el tigre estaba vivo tratando de levantarse.

– No es posible... ¡No! ¡Maldito tigre! – exclamó mientras se levantó con el rifle en mano y cargándolo, para deshacerse de él de una vez por todas. El tigre sacudió su cabeza y vio medio borroso a ese hombre acercándose rápidamente a él, listo para asesinarlo. Este con las fuerzas que le quedaban se puso de pie y salió corriendo, cojeando por su pata herida. Hawkins lo comenzó a perseguir con una furia, cólera, enojo y una rabia increíble; lo único que quería hacer en ese momento era asesinar a ese animal culpable de haber matado a Anastasia.

A unos cuantos metros de ahí...

– ¡Este lugar es hermoso! – exclamó Ariel con una sonrisa admirando toda la naturaleza a su alrededor. No obstante, escucho unos dos balazos muy cerca de ella. Con un gran susto y el corazón casi en su mano, se refugió entre unos arbustos, nerviosa y alarmada.

A los segundos vio salir corriendo un gran y hermoso tigre, a lo que quedo ella maravillada. El tigre se fue a lo más profundo del bosque, entre unos árboles. Seguidamente ella pudo contemplar un hombre rubio de ojos azules con una mirada de profundo odio. John al ver que había perdido el tigre de vista, gritó disgustado, frustrado y desesperado: – ¡Matare a ese tigre así sea lo último que haga! ¿¡Me escuchas bestia!? ¡Te matare! ¡No descansare hasta encontrarte y asesinarte! – él se restregó la cara y se fue por donde llego.

El corazón de Ariel cada vez palpitaba más rápido, estaba completamente asustada por la escena...

¿Qué había pasado? ¿Por qué ese hombre tenía tantas ganas de matar a ese hermoso tigre?

Ella quería saciar sus dudas e ir tras el tigre, asegurándose de que estuviera bien. Pero...

¿Lo haría o no? ¿Se atrevería a meterse aún más al fondo del bosque? ¿Con riesgo de que algún animal saliera y le hiciera algo? ¿Qué tan valiente era Ariel?