La saga Crepúsculo pertenece a Meyer.

Capítulo 5

—Debes hacerte un corte de cabello muchacho, a tu madre no le gusta que lo tengas tan largo.

Ese es mi padre, señoras y señores, Carlisle Cullen. Un hombre que no vive en el presente, un ser humano que es feliz en su mundo y quien vive en constante conversación con alguien que no existe.

Sonreí pacientemente, mientras que la enfermera una chica de veintidós años, me observaba, ¡ahora no! No quiero, no tengo tiempo y son las dos de la tarde, es decir que el vampiro que habita en mí y que tiene forma y esencia está dormido, ahora frente a mi padre sólo soy su hijo, el pequeño Eddie, quien tiene trece años y que necesita un nuevo corte de cabello. Giré mi cabeza hacia la mujer y con ojos de ¡no me molestes! Le hice saber que se abstuviera de todos aquellos pensamientos que una sexualidad exacerbada y entrenada que por ocho años, provocaba.

— ¿Ha estado tomando sus medicinas? —pregunté mientras tomaba la mano de mi padre quien observaba un pequeño pájaro que se posaba sobre el jardín del enorme hospital de reposo donde con ocho mil dólares al mes, Carlisle podía estar tranquilo, bien alimentado y cuidado por médicos y enfermeras.

La enfermera quien me había dicho su nombre durante cinco ocasiones, nombre del que no me acordaba ni me acordaría nunca y quien intentaba su pose "estoy libre después de las cinco y me veo sexy sin el ridículo uniforme"ella contestó que mi papá tomaba sus medicinas, que no ponía problema y que siempre era amable y tranquilo.

—Él es un buen niño —la mujercita tomó el cabello de mi padre y aquel puto gesto de lástima me enfureció hasta enfermarme.

— ¡No es un niño! —me paré furioso frente a la chica, estaba harto de que trataran a mi viejo como si éste fuese una cosa que debían tratar como si él fuese sólo una máquina de medicinas, babas y orines. Mi padre era aún en su locura el mejor hombre de todo el mundo, el hombre de manos grandes que solía construir casas hermosas y que al final de cada día de trabajo llegaba a casa con una sonrisa, una rosa para mi madre y un dulce para su hijo.

La chica abrió desmesuradamente sus ojos, los vi dilatarse frente a mí ¡mierda! Yo conocía aquella jodida mirada, en vez de asustarla con mi ira claramente reflejada en mi cara, lo único que logré fue excitarla, ¡joder! Seguramente era de aquellas que les fascinada que la esposaran y las zurraban mientras las follaban duramente y les gritaban los sucias que eran.

No, ahora no, por favor, ahora no… solo quiero que te largues.

—Quiero estar a solas con él —puse mi tono de voz aterciopelado y durante medio segundo la enfermera "golpéame fuerte hasta correrme"fue uno de mis bombones con el cual yo podía jugar.

Los ojos grises de la chica me recorrieron y simplemente permití que me observara para así quitármela de encima.

Moviendo su culo frente a mí, la mujer se alejó con la firme idea que a la hora de salida yo le daría mi número telefónico.

Si ella me conociera, sabría que nunca doy mi número, que jamás hago citas y que la única manera de contactarse conmigo era por medio de Aro, es decir, no soy del tipo de salir a cine, hacer el movimiento del hombre blanco y después de la mierda típica del chico que quiere algo serio, finalmente accede al sacrosanto lugar de sus coños.

Mi tiempo es dinero niña.

Respiré profundamente, volví donde Carlisle, un leve calor de casa, un olor familiar me instalaban en la cocina de la casa en Forks con mi madre quien cocinaba un rico pollo en verduras y miraba cada cinco segundos la puerta esperando que mi padre regresara.

— ¿Te gusta este lugar Pa? —Trataba encontrarlo en mis preguntas, que él volviera de su pasado y dejase que yo pudiese hablar con él, lo necesitaba, un poco de mi padre para mí.

Carlisle volteó y sonrió, llevó su mano hasta mi cabello y despejó la mata rebelde con la cual él había luchado desde que yo era un niño.

—Hace frío.

— ¿Quieres que entremos? —El clima de Chicago y su viento helado que calaba hasta los huesos quizás no era bueno para la salud de mi viejo, en ese momento pensé en la oferta de Aro para irme a los ángeles, mi Pa necesitaba buen clima.

—No —tomó mi mano— no quiero ir a la cama, me gusta estar con mi chico de cabello cobrizo, doy gracias que no fuiste rubio —me hizo un guiño—, a las chicas no les gusta los rubios en esta época —sus ojos se iluminaron, mi padre era un tipo guapo, de sonrisa abierta y ternura en sus gestos—. ¿Cómo está la universidad?

¡Dios!

Lo tenía, allí estaba, tranquilo y deseoso de compartir su día, mi día de escuela, universidad, esa que había comenzado a los veinte años, pero que el dinero fácil y mis "talentos" hicieran que yo la abandonase.

—Bien.

— ¿Eres residente ahora?

Oh si papá, residente de cama en cama y de hotel en hotel.

—Estoy en emergencia.

Mi único contacto con esa área del hospital eran las viejas repeticiones de ER viendo a George Clooney y su ridículo corte de cabello.

—Estoy orgulloso de ti chico, un médico en la familia —palmeó mi mano haciéndome saber que estaba feliz porque su único hijo había logrado su sueño, mi viejo siempre quiso ser doctor, pero el haberse hecho a una responsabilidad a los diecinueve años de una esposa y un niño hizo que él pospusiera sus estudios, hasta que al final no lo volvió a mencionar.

Por aquellos minutos, en que la cordura llegaba, Carlisle era mi padre, con el cual podía hablar de cualquier cosa, al que le mentía y al que hacía feliz verme.

—Estás un poco delgado Edward, eso no es bueno niño, debes alimentarte mejor. A tu madre no le gustará verte así.

En una ráfaga de segundo, en una centésima de nada… y de nuevo él se iba, se marchaba lejos… cerca de mi madre.

— ¡Esme! —y la llamó parándose en sus uno ochenta de estatura y alargando su cabeza, como si así pudiera verla—. ¿Por qué se demora tanto tu madre?

Llevé una de mis manos a mi cabeza, durante tres años de mi vida me había parado frente a él sin importar cuán demente estaba, sin importar cuánto daño le hacía gritarle que ella estaba muerta, ahora simplemente contestaba.

—Está donde su amiga Carmen, Pa.

—No me gusta que se demoré tanto, gracias a Dios Forks es un pueblo pequeño, dos calles y ella estará aquí.

Ahogué un gemido, mi jodido corazón se fracturaba en mil pedazos y yo fingía diciéndole:

—Claro que sí, Pa, mamá estará pronto contigo.

Fue así que el nerviosismo que se notaba en sus manos que temblaban y su voz de niño perdido y ojos inquietos se calmaba.

— ¿Te he contado como conocí a tu madre Edward?

Mil veces papá.

—No, no me has contado —fingí sonreír, pero mi rostro me dolía… me dolía mi vida, me dolía mi viejo, me dolía el terrible hecho de que como siempre era la sombra entre mis padres…. ellos me amaban, siempre, pero cuando has vivido entre una pasión que era capaz de convertir lo ordinario en algo fantástico, cuando ves como tus padres respiraban el uno con el otro, cuando sientes que eres el estorbo en ese mundo de dos, eso dolía.

Siempre estuve tan solo, siempre entre los dos.

—Fue amor a primera vista, a primera vista. Cuando lo sientas, lo entenderás.

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Gracias a mi beta, chica wow.

Gracias por leer.