En la actualidad

Isla de la Orden

Uilleam MacRieve golpeó con fuerza la pared de la celda en la que llevaba encerrado cuatro días. Giró sobre sí mismo y caminó en dirección contraria. Tan solo necesitaba tres pasos para alcanzar el otro extremo. Volvió a dar un giro de ciento ochenta grados y caminó hacia la otra pared.

Ese era todo su entretenimiento, tres pasos, giro, tres pasos y giro. Lo mismo una y otra vez. Pero ¿qué más podía hacer? Unos simples mortales le habían atrapado y encerrado en esa maldita caja de sardinas. ¡Unos mortales! ¿En qué posición le dejaba eso a él como guerrero? "Pareciendo un simple cachorro en un entrenamiento" pensó para sí.

Había quedado con su hermano Munro en un bar de Bourbon Street. Iban a pasar una noche estupenda con unas ninfas. Pero al girar en el callejón, le rodearon treinta o cuarenta mortales. Consiguió matar a la mitad con las garras y colmillos antes de que empezaran a dispararle con unas pistolas de energía. Le electrocutaron durante varios minutos hasta que de la nada apareció uno de los mortales que le clavó la hoja de la espada en el costado y luego la retorció unas cuantas veces.

Volvió al volver a alcanzar la pared.

El comandante Chase tenía algo extraño, había algo no encajaba del todo en Hoja de Acero. Mierda, ¿cómo había podido caer de esa forma tan estúpida? "¿Me estaré haciendo viejo?" ¡No!

Dio un gruñido al llegar a la pared opuesta y volvió a girar sobre sí mismo para seguir con la caminata.

-Al final cavarás una zanja de tanto ir y venir.

Li Chen, su compañero de celda era un tigre mutante. Un maldito mutante que se pasaba el día entero sentado en el catre, meditando. No le había podido tocar una succubae, deseosa de calmar su hambre de sexo con él, no. Qué suerte la suya, atrapado por uno humanos, encerrado en una celda más pequeña que la ducha de su casa, con un collar que no le permitía liberar a la bestia y con un monje como compañero de juerga. Uno que cuando se alteraba, lo único que hacía era alzar una ceja.

Quizás esa manera de actuar fuera más fructífera, al menos a lo que a comodidad se refiere. Cada vez que un preso se ponía violento, los humanos gaseaban la celda, un gas que dejaba KO a cualquiera. Y cómo su hermano Munro diría.

Veces gaseadas por culpa de Uilleam, seis.

Veces gaseadas por culpa del mutante… cero.

Otros tres pasos y de nuevo, la maldita pared. Necesitaba correr, la bestia lo exigía. Solo quedaban tres días para el ciclo de luna llena y estaba encerrado en aquella maldita cloaca.

Volvió a golpear la pared con un fuerte gruñido.

-Tranquilízate o nos volverá a gasear.

El tigre ni se había movido del sitio y que tuviera razón no hacía que él estuviera menos cabreado.

-¡Cállate, gato! –Volvió a girar sobre sí mismo para alcanzar de nuevo la pared opuesta.

-¿Si te tiro un hueso te calmarás, chucho?

Tal vez fuera la tensión de estar encerrado, o la mala leche acumulada o simplemente que el tigre le caía mal, pero no pudo aguantar más. Se tiró sobre él, que seguía sobre el catre con las piernas cruzadas. Le rodeó el cuello con las manos y ambos cayeron al suelo. Estampó su puño sobre el rostro del mutante, pero recibió una patada que le mandó al otro extremo de la celda.

Los presos de las celdas que les rodeaban empezaron a vitorear y a aporrear el cristal. Ambos contrincantes comenzaron a dar vueltas, cada uno buscando los puntos débiles de su oponente. Los mutantes son una de las razas más fuertes de la Tradición, igual que los licántropos, pero Uilleam, estaba muy cabreado.

Justó cuando volvió a estampar el puño en el rostro de su contrincante, la celda se llenó de humo.

-Te lo dije, perro. –Dijo Li mientras se sentaba en el camastro para evitar caerse de bruces. –Siempre nos acaban gaseando por tu culpa.

-Cállate, minino.

Uilleam se sentó en el suelo, con la espalda junto a la pared, justo a tiempo. Todo se volvió negro.

Nisha cogió la parte interna del abrigo para limpiar la sangre de vampiro de la espada. Volvió a colocar la espada en la vaina de su espalda y limpio la segunda espada antes de volver a guardarla. Se quitó la capucha lentamente y miró el cielo grisáceo. Estaba a punto de amanecer y tenía pinta de llover.

Caminó lentamente hacia su hermano que permanecía con una rodilla apoyada en el suelo y una mano en el pecho, sobre el tatuaje con el símbolo de Woden. Dos cuervos en pleno vuelo. Lyan siempre rezaba, de la misma manera que lo habían hecho madre y padre, antaño.

Suspiró al recordad a sus progenitores que no eran deidades. Ambos habían fallecido ya, pero su recuerdo estaba muy vivo en ella.

Se situó a la altura de su hermano y le dio un apretón en el hombro.

-Dios padre duerme, hermano. Sabes que no puede oírte. –Le dijo suavemente al oído.

-Lo sé, Nis. –Suspiró, bajando la mirada al suelo. –Pero le prometí a madre que rezaría a tu Dios padre cada día como hacía ella.

Su madre siempre le decía que Woden y Freya dormían para guardar la poca energía que tenían. Estos se alimentaban de las oraciones y la devoción de sus súbditos, cosa que hoy en día escaseaba bastante. Los únicos que aún veneraban al Dios eran los berserkers, sus guerreros incondicionales y las valquirias, sus hijas, y ambas razas eran más bien escasas.

Ella había dejado de pedir ayuda a sus padres los Dioses hacía mucho tiempo, concretamente cuando su padre, o mejor dicho su padrastro cayó en batalla cuando ella había ido a hacer un favor a un conocido.

Desde aquel día no había vuelto a rezar a Woden ni tampoco había vuelto a ayudar a nadie.

-Woden no puede concederte nada. –Le dijo con un pequeño apretón en el hombro.

-Solo le pido que cuide del alma de padre y madre, estén donde estén.

Su hermano alzo la mirada para fijarla en sus ojos, y se perdió en ellos. El único aspecto físico que compartían era los ojos verde esmeralda que habían heredado de su madre, un verde que casi parecía de ciencia ficción. Nisha se parecía muchísimo a su madre, mientras que Lyan era igualito a Damian.

-También pido por tu alma, hermana.

-No te molestes Ly, mi alma hace mucho que se la quedó el diablo y la encarcelo en el infierno.


Bueno, bueno, espero que os guste este capítulo. Disfrutarlo y dejar vuestras opiniones, para mí son importantes. Me ayudan a mejorar mis fallos.


PARA SUSANA

Hola guapa, me alegra muchísimo que me escribieras y por eso he actualizado antes de lo que tenía pensado. El personaje de Nisha y su hermano Lyan (y el resto de su familia) además de otros que irán apareciendo a lo largo de la historia, son de invención propia, pero el resto son personajes de la saga.

Si te digo la verdad, tengo el libro de Lothaire comprado, pero aun no he terminado el último libro que estoy leyendo, trabajo todo el día (desde las ocho de la mañana a las ocho de la noche) y escribo esta historia, además de salir a pasear a mi perra y todo eso... La verdad es que mucho tiempo no me sobra y tengo el libro de Lothaire lo tengo pendiente para cuando termine el libro que estoy leyendo ahora.

Además gestiono un foro de rol sobre la saga que también me quita tiempo jeje. El foro está recién abierto, peor si quieres pasarte a jugar tienes la dirección en mi perfil.

Un besito y espero volver a saber de ti.

Gracias por leerme.