Capitulo 10

Corre Quinn, corre.

La alarma sonaba tan alta y fuerte, que el sueño se esfumó dando paso a una desconcertante realidad.

Quinn se despertaba completamente asustada con el ensordecedor sonido de su nuevo despertador. Tanto que salió de la cama y se topó de bruces contra el suelo, desconcertándose aún mas.

-Oh…mierda—se lamentó mientras trataba de reincorporarse. Algo bueno de dormir en una cama como aquella, era que la caída en caso de producirse, no era demasiado dolorosa.

Apenas la separaban del suelo unos 30 centímetros, por lo que el golpe no le produjo nada, mas allá del pequeño susto—estúpida alarma—se quejó tras conseguir detener el sonido del aparato, que permanecía encima de una pequeña mesita de noche.

Eran las 7:03 am. y Quinn bostezaba frente al espejo del baño, mientras preparaba el cepillo de dientes y la radio sonaba ya en la sala principal, dando los buenos días a todos aquellos que despertaban a aquella hora.

Fueron más de tres las miradas que lanzó a la cama mientras comenzaba a vestirse, tentándose por volver a meterse en ella y seguir durmiendo. Por suerte, el sol parecía invitarla a salir, aunque el vaho que se acumulaba en sus ventanas, le recordaba que el frío en el exterior, iba a sacudirla con fuerza.

Tenía que ser fuerte y perseverante.

Pronto empezaban los ensayos y necesitaba mantenerse en forma. Por eso hacía el esfuerzo de madrugar para salir a correr.

También influía tener Central Park a escasos 100 metros de su casa. Una breve carrera matutina por el parque, era la opción perfecta para empezar el día de la mejor forma.

Tenía razón con lo del frío. Apenas puso un pie en la calle, notó como las manos y la nariz, se tornaban rojizas y el vaho que antes había descubierto en los cristales de las ventanas, salía por su boca.

Por suerte, tanto las mallas como su camiseta térmica, la protegían perfectamente del frío.

Quinn puso en hora su cronómetro y sin pensarlo más, comenzó una suave carrera por la acera, dispuesta a llegar hasta Central Park.

La mañana, a pesar del frío, era perfecta.

Correr por Nueva York, no era algo nuevo y menos por aquella zona, donde podría contar por decenas, centenas o miles, los aficionados que transitaban a distintas horas por aquel enramado de calles que serpenteaban en mitad de Central Park. Era entretenido hacer ejercicio por aquella zona en la que Quinn, pronto convirtió en juego.

Sus zapatillas de deporte eran de un azul intenso y por algún motivo,decidió contabilizar a cuanta gente descubría con los zapatos de algún color llamativo.

-Rojos...verdes…marrones…son feos…esos no me gustan…guau…rosas, ¡madre mía!, con esos zapatos es imposible que te pierdas, seguro que te ven a kilómetros de distancia—los comentarios se agolpaban en su cabeza—¿Eso son gatos?...dios de mi vida, esas botas parecen gatos…vale, esas negras me gustan, tengo que comprarme una de esas, ¿De dónde serán?, son perfectas para mi vestido de…¿Kate?, ¿Esa es Kate?.

Quinn cedía un poco el trote que marcaba en la carrera al descubrir a la chica, caminando unos metros por delante de ella, con dirección hacia el Hotel Trump, justo en Central Park West.

Apenas había llegado a una de las entradas al parque, mas concretamente a Merchan´s gate, donde el monumento Maine daba la bienvenida a cientos y cientos de turistas cada día.

-Es Kate— confirmaba tras observar con detenimiento a la chica, y sin pensarlo, decidió seguir hacia donde caminaba la pelirroja, dejando a un lado su principal objetivo, el parque.

La noche anterior la había descubierto entrar en su propio edificio, algo que le llamó la atención, sobretodo tras averiguar que Rachel se encontraba a solas en su casa. Había olvidado por completo aquel suceso, hasta que volvía a ver a la chica.

Aquella mañana, la pelirroja caminaba con tranquilidad por West Central Park, sin saber que Quinn la estaba persiguiendo por pura curiosidad.

Disimuladamente y tratando de mantener cierta distancia, seguía los pasos de Kate, que ya cruzaba hacia el hotel. Sin embargo, no era ese su destino, al menos así lo pudo averiguar Quinn, que desde la acera opuesta y tratando de pasar desapercibida, la observaba caminar con algo más de prisa, hasta que detuvo su recorrido.

Lo hizo justo delante de un enorme edificio que se alzaba junto al hotel, el número 15 de West Central Park.

Quinn se detenía también, frente al edificio, pero en la otra acera, sin perder el movimiento en sus piernas mientras observaba como Kate, accedía al interior.

Aquello era un bloque de apartamentos, de lujo, pero apartamentos al fin y al cabo y la curiosidad seguía inundando a la rubia, que volvía a llenarse de valor y se atrevía a cruzar la calle.

Se detuvo unos metros antes de la entrada. Un portero, un hombre alto y de tez morena esperaba en la puerta a los inquilinos de aquel lugar y Quinn sintió por primera vez que estaba yendo demasiado lejos. Pero todo cambió cuando los dientes blancos de aquel hombre, se mostraban en una enorme sonrisa mientras abría la puerta y le permitía el paso.

Miró desconfiada al pasar a su lado.

-Vengo…vengo con Kate—susurró tratando de no resultar extraña para el hombre.

-Pase señorita, acaba de entrar—le informó.

-Lo sé...he…he…quedado con ella—mentía al tiempo que se colaba en el interior.

Una vez dentro, Quinn fue realmente consciente de que no saber que estaba haciendo allí. Estaba persiguiendo a alguien que no conocía en absoluto y no sabía porqué, solo sentía que tenía que hacerlo.

Un amplio hall de entrada se mostraba vacío. Un par de macetas con enormes plantas adornaban dos de las esquinas y daban un toque más calido al frío mármol que cubría todo, excepto el techo, donde colgaba una impresionante lámpara.

Frente a ella, unas escaleras y un ascensor. A su izquierda, en la pared, un casillero con decenas o mejor dicho, centenas de buzones que hicieron reaccionar a Quinn.

Instintivamente caminó hacia ellos.

Era una completa locura, sobretodo porque no conocía el apellido de Kate, pero allí se encontró, mirando uno a uno, cada casillero, buscando algún indicio de la pelirroja en aquellos nombres que aparecían escritos en pequeñas etiquetas.

-Williamson Mark, The Reynols, Tiffany Seinfeld y Red Barclay, Leonard Cumled, Petris and Reels Lawers, Sofia Amber Rise, Robert McAttir…-Quinn detuvo la lectura tras escuchar un extraño sonido que procedía del ascensor y que le indicaba que alguien estaba bajando hasta aquella planta.

Al igual que se acercó al casillero, optó por alejarse de él, ocupando varios escalones de la escalera que quedaba justo al lado del ascensor, evitando así ser vista por quien en apenas unos segundos, iba a llegar al hall.

Trató de aguantar la respiración mientras escuchaba como la puerta del ascensor se abría y alguien salía. No podía ver quien era desde aquella posición, solo pudo descubrirlo cuando aquella persona se acercaba a la puerta y quedaba visible desde su lugar.

Deportivas blancas, mallas negras, chaqueta térmica roja, el pelo recogido en una cola alta y un reproductor de música sujeto en su brazo. Rachel salía al exterior ante la incrédula mirada de Quinn que no esperaba verla en aquel lugar.

La morena vivía en Bushwick, al norte de Brooklyn, al menos así era hasta que ella se marchó a Londres.

No tenía ni idea de qué estaba haciendo allí y de nuevo, la imagen de Kate volvía a aparecer en su mente.

Dudó varios segundos en si regresar a los buzones o salir tras los pasos de la morena. Optó por la segunda opción y tras despedirse con recelo del portero, retomaba su camino hacia la acera de enfrente.

No tardó en distinguir a Rachel por aquella misma zona, directa hacia la entrada a Central Park, que minutos antes, ella misma había dejado atrás. Lo hacía con una leve carrera que hizo reaccionar a la rubia.

Rachel estaba haciendo exactamente lo mismo que ella, salir a correr hacia el parque y sin pensarlo, comenzó una sigilosa persecución, varios metros más atrás de ella, evitando que pudiese descubrirla, aunque realmente, lo veía complicado.

Rachel corría con los auriculares puestos y a un ritmo bastante mas alto que el que marcaba Quinn, hecho que comenzó a pasarle factura una vez se adentraron en el parque.

Lo intentaba, pero Rachel era mucho más veloz, tanto que llegó a perderla de vista tras un breve despiste, cuando las sendas que transcurrían por el interior del parque, aparecían ante ellas.

Quinn no perdía el ritmo. Aquellas calles estaban todas conectadas entre sí y aunque a ambos lados, la arboleda destruía gran parte de la visión, podía distinguir perfectamente lo que sucedía a su alrededor.

Por inercia siguió de frente, hasta que transcurridos varios minutos, pudo acertar a reconocer la silueta de la morena, perdiéndose por uno de los senderos de su derecha.

Había comenzado a seguir la ruta que rodeaba los campos de softball y la rubia optó por tomar la dirección contraria.

Si sus cálculos no fallaban, aquel sendero también rodeaba aquél céntrico lugar y el encuentro entre ambas, a menos que Rachel tomase otra de las vías, se iba a producir mediante una ficticia y forzada casualidad.

El cansancio comenzaba a pasarle factura a Quinn, que tratando de mantener la respiración y el ritmo constante, pensaba ya en cómo debía actuar ante el inminente encuentro con la morena.

Un encuentro que se iba a producir en escasos segundos.

Quinn ya descubría a Rachel, corriendo directa hacia ella, pero sin percatarse de su presencia aún.

Trató de establecerse tras notar como las piernas le temblaron al mantener el primer contacto visual con la morena, que se mostraba completamente sorprendida tras descubrirla.

Una leve sonrisa aparecía en su rostro, no en el del Quinn, que luchaba por mantener la respiración acorde a su trote.

-¡Hey…!—exclamó Rachel tras quitarse uno de los auriculares— ¿Tú por aquí?— cuestionó sin detener el movimiento de sus piernas.

-Hey…hola— espetó Quinn con apenas un suspiro— ya ves…recuperando la forma, ¿Qué tal?.

-No te pares Quinn— le ordenó— no te detengas o será peor.

La rubia reaccionó y por inercia, volvía a recuperar el movimiento de sus piernas, sin avanzar.

-Cierto…no debo parar— sonreía— no sabía que venías a correr.

-Hace buen día— lanzó una mirada a su alrededor— ¿No crees?.

-Sí, un poco de frío…pero se está bien— sonó forzada. Le costaba hablar con la respiración tan agitada.

-Quinn…voy a seguir corriendo, no quiero enfriarme.

-Sí, si claro—respondía sonriente— yo tampoco quiero…enfriarme.

-Ok…nos vemos.

-Claro—susurró al ver como Rachel comenzaba de nuevo la carrera—yo…yo sigo por aquí— espetó casi dejándolo en el aire.

Rachel se limitó a sonreírle y recuperó la carrera que la separaba de la rubia.

Quinn hacía lo mismo en dirección contraria, justo por donde segundos antes, había llegado Rachel y tras un breve colapso, volvía a poner en funcionamiento su mente.

Había sido muy extraño, demasiado sabiendo que iba a encontrarse con ella, de hecho, había buscado ese encuentro casual.

Las piernas le temblaban y el pulso lo sentía acelerado, algo que se salía de su control y no sabía si era debido al esfuerzo físico o a los nervios que le produjeron el forzar aquel encuentro con la morena.

Las dudas, las cuestiones y la curiosidad, comenzaban a pesarle, casi igual o mas que el cansancio en sus piernas.

Había dejado de pensar en porqué estaba persiguiendo a Rachel de aquella forma. Solo corría, buscaba cualquier indicio de la morena en aquel enorme remanso de naturaleza que era Central Park y lo hacía sin intención alguna de mantener conversación. No quería molestarla, pero no podía evitar buscarla en cada vía que aparecía a su alrededor.

Fueron dos veces las que pudo verla a lo lejos, sin perder la velocidad ni el ritmo que llevaba desde el principio y fue en aquel instante, justo cuando la observaba por tercera vez, cuando se percataba que tras acceder a uno de los senderos, corría justo en la paralela a la calle que Rachel ocupaba.

Llevaban el mismo ritmo, básicamente porque Quinn comenzó a trotar con más rapidez para estar su altura.

Los espacios entre los árboles que las separaban, le permitían observarse mutuamente. Rachel también se percató de la rubia justo a su lado, en la otra vía y una leve sonrisa se adueñó de su rostro.

Quinn se estaba esforzando mucho mas en mantener aquel ritmo y Rachel se daba cuenta en todo momento de tal hecho.

Hasta donde ella sabía, Quinn no era demasiado aficionada al deporte, mucho menos a correr. Solo había compartido algunas sesiones de gimnasio años atrás, antes de que la rubia se marchase a Inglaterra y sabía que no lo pasaba demasiado bien.

Verla en aquella situación le estaba sorprendiendo y mantener aquel ritmo, más aún.

Quinn descubrió la sonrisa en la morena en una de las tantas veces que cruzaba la mirada con ella y el orgullo comenzó a apoderarse de su mente.

Sabía que lo estaba pasando un tanto mal. Sus piernas flaqueaban y la respiración cada vez se hacía mas intensa y pesada para sus pulmones, pero no quería ceder. Quería seguir corriendo a aquel ritmo tras observar como su camino comenzaba a curvarse hacia la derecha, hasta cruzarse con el que Rachel tomaba en aquel instante.

Tenía que ser más veloz y pasar antes que ella por aquel cruce. No había un motivo razonable para aquello, solo la excusa perfecta para demostrarle que estaba en plena forma y podía correr más rápido que ella.

Aquellos últimos metros se hicieron eternos para Quinn, que forzando su cuerpo al máximo, conseguía llegar a la intersección antes que la morena.

Rachel parecía esperar aquel cruce y ralentizó su carrera, para evitar un choque con Quinn.

-¡Buen ritmo!— exclamó la morena justo en el instante en el que Quinn se cruzaba frente a ella y proseguía su recorrido hacia otra de las vías.

La rubia se limitó a sonreírle. No podía hablar.

Sentía que el aire ya no entraba de la misma forma en sus pulmones y hablar le suponía un esfuerzo sobrehumano, tanto que tras cerciorarse de que Rachel ya no podía verla, comenzó a pausar la carrera hasta llegar a detenerse por completo.

Pensaba que curvándose hasta apoyar sus manos sobre las rodillas, iba a entregarle el aire que necesitaba para recuperarse, pero no era así. Detenerse fue lo peor que pudo hacer y tras tomar varias bocanadas de aire, comenzaba a andar de nuevo para evitar la extraña sensación de asfixia que la aquejaba.

Una pequeña plaza aparecía a escasos metros de ella y unos bancos perfectamente alineados alrededor de aquella parada, eran la excusa perfecta para caminar hasta allí.

Necesitaba descansar o quizás, morirse. Cualquier cosa era buena con tal de acabar con aquel agotamiento y uno de aquellos bancos le servía para tal menester.

Apenas pudo localizar el que iba a ocupar cuando la voz de Rachel la sorprendía tras ella.

-No pensarás sentarte sin estirar antes, ¿no?.

Quinn se giraba rápidamente y descubría a la morena en uno de los bancos, posando su pierna derecha sobre el respaldo y realizando pequeños estiramientos.

-Hey— espetó con el poco aire que quedaba en su interior— eh…no, no…iba…iba a…

-Ibas a sentarte, no lo niegues— interrumpió con una divertida sonrisa.

-Eh…bueno…

-Vamos ven…podemos estirar juntas— Rachel volvía a sonreír mientras la invitaba a que se acercara.

Quinn lo hizo. Recorrió los escasos metros que la separaban, intentando por todos los medios que su respiración se normalizara.

-En realidad ya me iba para casa— mintió— no me iba a sentar.

-Bueno…aún así, deberías estirar un poco si has terminado de correr, no querrás que luego te duela todo, ¿no?.

-¿Cómo sabes que me va a doler todo?, no sabes si esto ya es parte de mi rutina

Sonreía.

-No sé si lo haces a menudo— espetó bajando la pierna del respaldo del banco— pero seguro que es la primera vez que lo haces aquí y con éste frío, da igual que estés acostumbrada a correr, pero lo vas a pasar mal si no estiras.

-¿Qué tiene que ver el frío?— cuestionó imitando los movimientos de la morena, posando su pierna izquierda sobre el respaldo.

-Cuesta más trabajo respirar con tanto frío y tus músculos no se oxigenan de igual forma que en un lugar más cálido. Una estupidez a la que no se da importancia, pero que luego te va a pasar factura— respondía sin apartar la mirada— por cierto…me gustan tus zapatillas— espetó sonriente.

-Gracias— lanzó una mirada hacia sus pies— son un poco llamativas.

-Me gustan…me voy a comprar unas iguales.

-Son cómodas—respondía sonriente- ¿Qué tal?, ¿Dormiste bien?—cambió radicalmente de tema.

-Eh sí, últimamente, desde que seguí tu consejo, duermo mucho mejor…mas tranquila.

-¿Mi consejo?— cuestionó Quinn cambiando la pierna en el respaldo— ¿Qué consejo?.

-Eso de hacer que los que quieren trabajar conmigo, vengan a buscarme…es un alivio no tener que ir a tantos lugares.

-Ah…¿Ves?, tienes que hacerme caso— sonreía.

-Te vas a hacer daño— interrumpió Rachel tras observar como Quinn ignoraba por completo la postura adecuada—no flexiones esa rodilla- le indicó hacia la pierna que mantenía en el suelo.

Quinn le hacía caso y rápidamente corregía su postura para continuar con el leve ejercicio de estiramiento.

-¿Y tú has dormido bien?— cuestionó la morena tras cambiar a otro ejercicio.

-Eh…sí, estaba bastante cansada.

-¿Por la cena con los chicos?.

-Sí bueno, también estuve con Mónica por la tarde, ya…ya se ha marchado a Los Ángeles y me ha dejado una agenda con multitud de cosas—espetó sonriente—es una exagerada.

-Así son los representantes—interrumpía Rachel—se ve buena en su trabajo, al menos fue de las que menos problemas creó cuando fuisteis a firmar el contrato y la que más claro tenía lo que querías.

-Tenía órdenes para que así fuera—respondía sonriente Quinn—ella sabe lo que busco y eso es lo que hizo.

-Pues no sabes lo que me alegro que todo fuese tan sencillo con vosotras, ojala los demás hubiesen sido así.

-¿Te refieres a la representante de Broke?—cuestionó curiosa.

-¿Representante?, Broke vino con tres abogados además de su representante, fue un horror—masculló comenzando una nueva postura de estiramiento—espero que merezca la pena.

-Bueno, ya te dije que anoche, a pesar de darte la razón, también pude descubrir que están interesados en triunfar, así que lo van a hacer bien—interrumpía Quinn—de hecho Matt me lo comentó en el camino.

-¿En el camino?—se mostró curiosa—¿Fuisteis juntos?.

-Eh…no, solo me acompañó a la vuelta—Quinn respondía tratando de no darle demasiada importancia.

-Mmm, vaya…veo que os lleváis bien.

-Sí, bueno creo que es de los pocos con los que se puede hablar sin que saque a relucir su enorme talento interpretativo.

-Él y tú, ¿No?, porque tú no eres como ellos—añadió Rachel.

-No, no soy como ellos y espero no serlo nunca—respondía sonriente—¿Sabías que Matt vive por aquí cerca?.

-No, no tenía ni idea, ¿Dónde vive?.

-En la 62, al menos eso me dijo anoche.

-Ah…entonces sí, está muy cerca—espetó despreocupada.

-¿Y tú?

-¿Yo qué?—cuestionó la morena.

-¿Qué haces corriendo por Central Park?, ¿A qué hora te has venido?

-¿Cómo?, ¿A qué hora?—cuestionó un tanto confusa.

-Sí, supongo que no habrás venido corriendo desde Brooklyn, ¿No?—fue directa. Quinn sabía perfectamente que Rachel había salido de aquel edificio en West Central Park, y quería averiguar el motivo.

-Eh…no, claro que no—Rachel fue consciente de que Quinn aún desconocía su la dirección de su nuevo hogar—ya…ya no vivo en Brooklyn, Quinn.

-¿Ah no?, vaya…pensaba que aún seguías en Bushwick.

-No, me mudé hace casi un año, aquello estaba demasiado lejos de Broadway y no estaba tranquila en aquel lugar—respondía con total y absoluta normalidad.

-¿Y dónde vives ahora?—volvía a interrogar Quinn, que ya había dejado a un lado los ejercicios de estiramiento y optaba por sentarse en el banco.

-Muy cerca—se mostró misteriosa—más cerca de lo que crees.

-¿No me lo puedes decir?, ¿Crees que soy una de esas fans que se meten en las casas de los famosos?—bromeó tratando de suavizar la tensión.

-No, lo que realmente creo es que con esa actitud, te van a doler todos los músculos—cambió de tema.

-Estoy dispuesta a correr el riesgo—respondía sonriente.

-Vamos, levántate—le ordenó—ayúdame.

Quinn volvía a levantarse del banco y se colocaba frente a la morena, que si dudarlo, utilizaba su hombro para apoyarse mientras sujetaba su pie, doblando la pierna hacía atrás.

-¿No me vas a decir dónde vives?—volvía a cuestionar Quinn que rápidamente imitó el gesto de la chica y realizaba el mismo ejercicio.

-¿Para qué quieres saberlo?—la miró fijamente.

-No sé, imagínate que los extraterrestres invaden Nueva York o una plaga de zombies nos amenazan, tendré que saber dónde vives para ir a buscarte y salvarte de todos ellos, ¿No crees?.

-Ya…¿No será que la curiosidad te puede?—cuestionó sonriente.

-Ok, está bien Rachel—masculló cambiando de pierna—no me lo digas si no quieres, tampoco pasa nada.

-No estás igual de guapa cuando sonríes que cuando pones esa cara de querer quitarle importancia a lo que deseas.

-¿Me estás llamando fea?—preguntó sorprendida.

-No, he dicho que no estás igual de guapa—recalcó—no que estés mas fea, es imposible que tú estés fea y lo sabes.

-¿Lo sé?,Ya no soy tan soberbia, deberías saberlo.

-No es necesario ser soberbia y prepotente para saber que eres guapa, Quinn, no seas modesta, hasta Kate lo dijo.

-¿Kate?—Quinn volvía a mostrarse curiosa—¿Quién es Kate?—fingió

-Una muy buena amiga—respondía con naturalidad—estuvo viendo conmigo el video de tu audición y dijo que eras muy guapa—sonreía divertida.

-Tiene buen gusto—bromeó—¿Es tu compañera de piso?—preguntó sin pensarlo.

-Eh…eh no, no…es una muy buena amiga—respondía bajando la mirada.

Rachel sabía que poco a poco, Quinn estaba sacándole detalles de su vida que ella no le había dado desde un principio y comenzó a temer.

Aquellas inocentes y lógicas preguntas, podrían comprometerle y hacer tambalear su tan preciado secreto, aquel que no podía confesarle a la rubia.

-Ah

-Oye…será mejor que regrese—espetó lanzando una mirada hacia su reloj—en una hora tengo que recibir al chico de la publicidad y aun tengo que desayunar, ducharme…

-Ya, claro—susurró al ver como Rachel cambiaba por completo de conversación, al igual que cambiaba el gesto de su rostro.

Estaba claro que aquella chica, Kate, era algo más que su amiga. No había motivo alguno para cambiar de tema de conversación, tal y como lo había hecho Rachel, a menos que quisieses ocultar algo y justo en ese momento, es lo que había hecho.

-Ok, yo también tengo que desayunar y un mocca blanco con extra de mocca me está esperando—espetó sonriente.

-¿Vas a desayunar eso?—cuestionó al tiempo que comenzaba a caminar hacia la salida del parque.

-Es café, la gente desayuna con café—respondía siguiendo sus pasos.

-Sí, pero no es lógico que después de hacer ejercicio, te vayas a un Starbucks—espetó extrañada—es una bomba, no te habrá servido de nada la carrera si te tomas todas esas calorías.

-Rachel, si salgo a correr no es para perder peso, es para mantenerme en forma…mentalmente.

-Ya…bueno, al menos vas a reponer energías.

-Pensaba invitarte, hay un Starbucks justo en la glorieta, pero veo que sería mala idea, ¿No es cierto?.

-Cierto, me espera un desayuno mas sano…ya sabes, algo de cereal, fruta…te invitaría, pero apenas voy a tener tiempo de disfrutarlo.

-¿Me invitarías?, podemos desayunar otro día que si tengas mas tiempo.

-¿Qué te parece si desayunamos…mmm…el domingo?.

-¿El domingo?—cuestionó completamente incrédula.

-Sí, el domingo…por la mañana estaré libre y así puedo ver por fin tu apartamento amueblado—espetó sonriente.

-¿Mi apartamento?, ¿Quieres que desayunemos juntas en mi apartamento?—Quinn volvía a mostrarse sorprendida.

-No, quiero decir…podemos desayunar en cualquier lugar, hay sitios encantadores por aquí, pero después me podrías enseñar el piso, tengo…tengo ganas de verlo y Brody me dijo que quedó genial.

-Ah…ya—balbuceó. Rachel volvía a hacerlo. Se mostraba simpática, tratando de buscar un acercamiento con ella pero evitaba en todo momento llevarla hasta su terreno.

Por un momento pensó que estaba decidida a invitarla a desayunar a su casa, pero no eran esas las intenciones.

-¿No te apetece?—cuestionó tras ver el gesto molesto de la rubia.

-Eh…sí, sí claro—respondía retomando la compostura—desayunamos en casa, no hay problema…además, tengo una cafetera genial—trató de bromear—te va a encantar el café, si es que lo tomas, claro.

-Claro que lo tomaré, nunca rechazo un café, a menos que acabe de correr—mostró una encantadora sonrisa—bien Quinn, me ha gustado verte…¿Mañana saldrás también?.

-Eh…pues no lo sé, supongo que sí, ¿Tú saldrás?.

-Espero, depende de la agenda...ya sabes, reuniones y todo eso—se excusó—pero si puedo, salgo.

-Perfecto—respondía al ser consciente de que habían llegado a la entrada del parque—pues ya nos vemos.

-Así es—se despedía con un cariñoso gesto en el brazo de la rubia—cuídate Quinn.

-Tú también…y que haya suerte con el tipo ese.

-Gracias…ya me dirás de donde son esas zapatillas—espetó sonriente al tiempo que comenzaba a caminar hacia la glorieta, tomando la misma dirección que había recorrido para acceder al parque.

-Ya veremos—bromeó tratando de salvar la extraña sensación que se apoderaba de ella al ver la reacción de la morena.

Quinn no acertaba a comprender muy bien que es lo que sucedía con Rachel.

Por un lado, estaba completamente convencida que la relación que supuestamente existía entre la morena y Kate, era algo más que la de una simple amistad, pero tanto misterio, tantos esquivos por parte de Rachel no era normal.

El tema de la homosexualidad no era tabú para Rachel, que tenía en su propia familia el mejor de los ejemplos para no sentirse avergonzada por algo así. Quizás le resultaba difícil confesarle a alguien como ella, que su vida ya no era la misma, pero no terminaba de comprenderlo.

Ellas vieron juntas como dos de sus amigas, Britt y Santana, mantenían una relación de años, hasta que el destino las separó. Vieron juntas como Kurt y Blane se enamoraban y luego de que la distancia los separara, tomasen caminos distintos, pero seguían conociendo a chicos, sin que eso fuese ningún tipo de conflicto para ellas.

Quinn había sido siempre clara con ese tema. No tenía ningún tipo de problema con la homosexualidad de sus amigos y no iba a tenerlo si Rachel había encontrado el amor con una chica. Siempre creyó que la morena era consciente de ese hecho, pero su actitud, le demostraba que no confiaba en ella lo suficiente, como para contarle algo así.

Sentía algo de dolor al pensar que la desconfianza existía por parte de Rachel, pero no dejaba que fuese más allá.

Realmente quería acercarse a ella, porque a pesar de tenerle cariño, sabía que tarde o temprano, iba a necesitar apoyo, sobretodo tras meterse en aquel monumental lío que suponía producir un musical.

Pero Quinn no encontraba la manera adecuada de hacerlo, de acercarse a ella sin provocar aquellos repentinos rechazos.

Quizás dejándole a ella la iniciativa tal y como había sucedido segundos antes con aquella invitación para desayunar, consiguiese algo más que con sus inoportunas indirectas.

Todos aquellos pensamientos se agolpaban en la mente de Quinn, que sin saber porqué, esperó impasible junto aquel monumento que homenajeaba a los soldados que murieron en la explosión del submarino Maine, mientras Rachel, ya se perdía hacia West Central Park, dejando atrás el parque.

-Quinn—susurró—deja que todo fluya…es tu amiga y tarde o temprano, va a confiar en ti—se dijo a si misma, tratando de no seguir por inercia los pasos de la morena y darle ese voto de confianza—ella va a estar bien, seguro que…¡oh mierda!—exclamó tras lanzar una nueva mirada hacia el cruce y descubrir a Matt, que caminaba observando su teléfono—este chico me persigue—susurró alejándose hacia uno de los tantos pasos de peatones que cruzaban aquella intersección y comenzando una nueva carrera directa hacia la cafetería donde había puesto su objetivo tras despedirse de Rachel.

-Hey Quinn.

Fue nítido. Quinn oyó perfectamente la voz del chico acercándose a ella mientras esperaba a que el dichoso semáforo le permitiese el paso.

-No has escuchado nada—pensó al tiempo que maldecía no haber salido con los auriculares.

-¿Quinn?—la voz del chico sonaba cada vez mas cerca, pero por suerte, el hombrecito verde que aparecía en el semáforo, comenzó a caminar y Quinn no lo dudó, ignorando la inminente llegada del chico.

No sabía porqué lo había hecho, solo sabía que no le apetecía en absoluto hablar con él, a pesar de caerle bien. Lo estaba ignorando, tanto que incluso abortó la misión de detenerse para comprar el café y reanudó la carrera sin detenerse en aquel lugar.

-¡Corre Quinn—susurró—corre!