Buenas noches a todos.

-De nuevo gracias a los que han leido anteriormente.

-Esto es solo el inicio de mi nueva idea loca, no desesperen, empezare a subir la acción pronto.

-Oye Arnold no me pertenece, es propiedad de Craig Bartlett solo lo uso con fines de entretenimiento.

Crisis Económica: Plan de Ataque

Autora: Kennet M.

Tiempo: La llamada Pobreza

Capitulos: Aun no sé

Prologo

Helga acababa de llegar de la escuela, soltó su maleta en cualquier esquina y decidió subir a su cuarto. Escuchó una pelea típica en la sala entre sus padres, o sea la riña de "él habla y ella duerme como marmota sobre la mesa".

-Bob, Miriam…- Saludo como si nada aunque sabía que no le iban a contestar, pero era una costumbre saludar a la pared de silencio que eran sus progenitores. Con ese gesto aburrido en su cara que siempre permanecería se dedico a subir las escaleras a su cuarto, el lugar que guardaba todos sus secretos.

-..¡Y es por eso que desde ahora no más compras exageradas, y tu niña no mas mesada…!- Helga solo miro de reojo hasta llegar a su cuarto.

Mesada. No es que fuera la gran cosa.

-¡Mesada!, ¿Hablas de mi mesada?.- Se arrepintió cuando comprendió la magnitud del tema que estaban tocando, bajo a una velocidad increíble las escaleras y se paró frente a su padre. Pero Bob no le contesto, solo siguió hablando y moviendo frenéticamente las manos como si fuese el fin del mundo. Helga solo entendió una cosa, lo que sea que estuviese pasando le afectaba mucho a ella. -¡No puedes hablar enserio, el único "gesto" de padre que tienes conmigo son esos miserables centavos!- Reclamo enfadada.

-No hay marcha atrás, ¡Miriam no más cheques para ropa y Olga no más mesada!- La niña se cruzó de brazos desafiante mientras levantaba su única ceja.

-En ese caso, corta también el cable, no más televisión, y soy Helga papá.- Su padre había enloquecido de nuevo, como odiaba esas etapas en las que perdía la razón, como la vez en la que se había vuelto hippie. Parece que no entendía que el atractivo de los Patakies era ser lo que eran, aunque no sabía bien que era lo que eran.

-Sí, también, voy a ganar esa apuesta. Corta el cable Miriam. – y Con eso dejo a Helga con la boca abierta. Su postura anterior se había descompuesto de golpe por la impresión, tartamudeo algunas cosas pero el gran Bob salió por la puerta de la calle dando un portazo atrás de sí.

-¡Que está pasando aquí Miriam! – Reclamo a su madre la que estaba babeando sobre la mesa. -¡Miriam!- La llamo de nuevo sacudiéndola como un trapo. La susodicha entreabrió los ojos y se acomodó los lentes lo mejor que pudo.

-Ah sí… - Comenzó la mujer como tratando de recordar de lo que le había hablado su esposo. –Parece que pacto una apuesta con el promotor de… - Miriam bostezo, siempre hacía mucho sueño a esa hora de la mañana, ¿o ya era de tarde?. – de localizadores de la ciudad vecina, creo que dijo algo de que aquel que más dinero recogiera ganaría querida…- Miriam se dejó caer completamente dormida.

-¿¡Y qué diferencia puede hacer unos centavos a una niña!?- Pero la mujer no le escucho y por centésima vez en su vida la pequeña supo que de nuevo todo le tocaba a ella. –Maldita vida familiar…- Se quejó subiendo las escalas nuevamente para encerrarse en su cuarto a pensar algún brillante plan para no perder su mesada... -¡CÓMO SE SUPONE QUE IRE A LAS LUCHAS!- La cosa era peor de lo que pensaba, habria que estafar a toda la ciudad.


Lista la idea. Ahora a trabajar en ella.

Nos vemos pronto.