Nada me pertenece más que la viñeta.

Drabble ubicado en El pistolero.
191 palabras.


Caída libre

—Váyase, pues —sintió su voz vacía, áspera. Seca—. Existen otros mundos aparte de estos.

Antes de que Jake cayera en un vacío que no parecía tener fin, cruzó una última mirada con el pistolero. Observó la turbación en su rostro, aquellas arrugas que remarcaban sus vivencias y vislumbró por un momento las venideras.

Sintió el desorden en la mente de Roland, la duda. Lo vio en sus ojos. Vio cómo su alma se partía, cómo rogaba su perdón en silencio, en una milésima de segundo, mientras le daba la espalda para alcanzar al hombre de negro.

Mientras caía (oculto, ahogado por la tierra que se infiltraba en su nariz, boca, pulmones; cayendo eternamente en un angosto pasillo, envuelto en esas tinieblas interminables, desprovisto de gravedad y razón), Jake sonrió.

Le dedicó su última sonrisa a Roland y deseó que su «te quiero» (ahogado en su garganta, muerto antes de ser pensado) le llegase de alguna forma.

Antes de morir, Jake sintió que habían pasado segundos. Su conciencia de fundió con la negrura de alrededor. El último vistazo fue una gota de luz y la silueta del pistolero retratado en ella.