XIII. Madre e Hijo.

Observabas en silencio y desdén. Cada secreto que descubrías sólo te hacía desconfiar más, no solamente en los motivos del grupo, sino en qué tipo de utilidad te tenían reservada. Hasta ahora no fuiste más que un escalón para que ascendieran al punto donde estaban actualmente, pero tenías la fuerte corazonada de que no eran tus habilidades en el campo de batalla lo que les interesaba.

Odiabas esta nueva y extraña habilidad de Miranda. Odiabas la precisión con la que se veían forzados a operar. Era definitivo que su uso había sido decidido desde antes de que todo comenzara. Sólo Dios sabía qué otras cosas pudo esta Inocencia haber provocado mediante sus portales al pasado. Kanda fue algo que habían predicho desde antes, pero Cross Marian fue una sorpresa escalofriante.

Su desaparición, su supuesta muerte, todo culminó con su llegada al futuro. Algo lo había herido de gravedad y probablemente había sufrido un trauma en la cabeza. Como sea, el doctor que habían traído del pueblo atendió a los heridos tan bien como sus capacidades le permitieron. Parecía que el doctor ya conocía a Ellen y a Lavi, por lo cual no hubo fricción o preguntas excesivas acerca de lo que ocurría. Miranda obtuvo unas pastillas para dormir, lo cual la puso nerviosa, dado a que lo único que estabilizaba la salud de Neah era su habilidad que congelaba el tiempo… te pareció conmovedor que él insistiera que Miranda descansara, pero quizás tú lo veías así porque seguía siendo el cuerpo del Allen Walker que conociste.

Pasaron algunos días mientras todos reposaban. Durante aquel periodo de tiempo sólo hablaste con Miranda, Neil y Kanda, ya que Link parecía estar demasiado ocupado vigilando la salud de Neah, mientras que Lavi y Allen vigilaban a Cross. Probablemente Allen estaba haciendo lo que hacía con tal de no enfrentarse contigo por un tiempo; y quizás esto era lo mejor, pues apenas podías mantener la calma.

Comenzaste a meditar al lado de Kanda. Habías extrañado su compañía y a pesar de que su voz mordaz no había cambiado, lo notabas más comprensivo que nunca. ¿O quizás siempre fue así de comprensivo? Miranda dormía profundamente la mayor parte de la noche y la mañana, y aunque parecía ser efecto de las pastillas de dormir, ella aseguraba que se trataba de lo agotador que fue utilizar su Inocencia.

Hablando de Inocencia… ¿no había razón para preocuparse por Allen tras haber usado al Destructor del Tiempo? Aunque suponías que si Crown Clown estuvo oculto dentro del cuerpo de Ellen por años y sin sospecha, debía de ser por lo menos compatible con el ego de su antiguo dueño.

Pero habías observado los vendajes en sus manos. No pudo haber sufrido ése tipo de quemaduras de ninguna otra forma.

Transcurrió una semana desde que llegaron a la cabaña. Pasaste la mayor parte del día perdiéndote en el campo, al lado de Kanda, sin intercambiar palabras. Notabas una melancolía profunda en él, pero seguía reservándose de compartir sus sentimientos ya que él sabía que lo notabas. Habías presenciado la incomodidad que le provocaba la compañía de Lavi, la insistencia con la cual el historiador forzaba sus interacciones con el exorcista. La desesperación de Lavi era evidente, y esto molestaba a Kanda. Ciertamente, ser el único que podía recordarlo debía de ser estresante.

De algún modo parecía que eras la única persona con la que él se sentía completamente cómodo. Pero tú habías cambiado mucho en diez años… ¿o sería que eras la única persona que él todavía reconocía? O quizás porque sabía que eras la única que veía la situación con ojos desconfiados.

Él había iniciado su viaje porque depositó toda su confianza en Allen Walker, y ahora él estaba pasando exactamente por lo mismo que tú. Por primera vez de verdad sentías que comprendías por completo a Kanda.


Decidiste salir a tomar aire fresco. Sólo podías soportar la atmósfera de constante tensión por un determinado lapso de tiempo, además que últimamente te costaba decidir si estabas despierta o teniendo un sueño nítido. De una u otra manera, te dolía la cabeza y sentías una presión constante, dada tu vital importancia en toda esta misión, así que mejor decidiste pasar un tiempo de calidad con Neil.

El niño, tan dulce y tan entusiasta como siempre, te puso nerviosa el ver cómo daba vueltas alrededor del pasto, mientras Yu Kanda permanecía sentado en posición de loto. Con Kanda nunca sabías hasta dónde llegaba su tolerancia con los niños pequeños.

—¿Puedo ver su eshpada? —preguntó Neil, dando vueltas y saltando a su alrededor.

—No —respondió Kanda con menos molestia de la que imaginaste.

Definitivamente era tal como Lenalee te dijo. Kanda había cambiado un poco. Si bien nunca lo viste como un sujeto alegre, su actitud parecía mucho menos voluble a lo que era. Pero quizás esto era porque te acostumbraste a verlo siempre enojado y letal. Marie era testigo de que Kanda era un joven capaz de expresar sensibilidad y tristeza, pero nunca lo habías visto sino hasta ahora.

Por supuesto, Marie fue de los pocos amigos cercanos que Kanda tuvo.

Neil se recostó en el pasto, apoyando su mentón sobre sus manitas mientras observaba a Kanda como si fuera el objeto más interesante que había visto en su vida— ¿Eres amigo de mi mama tamben? ¿amigo de mi papa?

—… Tu padre se llamaba Noise Marie, ¿correcto? —susurró el exorcista, su voz era tan monótona como siempre.

—¡Ajá!

Guardó silencio por un segundo, contemplando con el mismo interés a tu niño— Ya veo.

Kanda volteó a tu dirección, y te sobresaltaste un poco, porque era un hecho que nunca te llevaste de maravilla con él— ¡Oh, hola Kanda! Perdón si Neil te ha hecho pasar un mal rato.

—Da igual. No me molesta tanto —No parecía guardarte ningún tipo de rencor. Se veía bastante contemplativo—…Muchas cosas sucedieron en una década de mi ausencia… —murmuró mientras volvía a observar a tu niño.

Neil te saludó y sonrió mientras jalaba la falda de tu vestido. Estaba feliz de que estuvieras despierta. Desafortunadamente no fuiste capaz de entender la mitad de lo que te dijo y al final sólo asentiste a todas sus palabras.

Te atreviste y caminaste hasta el lado de Kanda mientras Neil se ponía a rodar su cuerpo cuesta debajo de la colina. Sentías que podías hablar con Kanda ahora.

—Hubo una ocasión en la cual Marie consideró llamar a nuestro hijo como tú —Las palabras, torpes y repentinas, salieron de tu boca con tanta facilidad que te dio pena el no haberte detenido después de pronunciarlas—. Claro, la idea no funcionó, pero… él pensaba mucho en ti —Sentías tu cara roja por haberlo dicho—. P-por cierto, ¿qué piensas hacer?

—¿Qué pregunta es esa? —refunfuñó Kanda.

—¿Qué piensas acerca de Allen y los demás? ¿Qué vas a hacer al respecto? Yo… la verdad es que terminé sintiéndome forzada a seguirlos. Pero supongo que subestimo la importancia de mi rol aquí…

—Tú decidiste seguirlos. Será tu problema si te arrepientes a medio camino —Su voz era dura, pero no intentaba ser grosero contigo—. Pero se supone que tu poder es necesario para lo que buscan conseguir. Yo, sin embargo, he sido arrancado de mi lugar y época, y mi única utilidad yace en blandir mi espada; sin embargo soy innecesario. No tengo un rol en todo este ajetreo.

En ese momento comprendiste sus sentimientos un poco más. No era raro para ti el sentirte fuera de lugar o inútil. Pero…

—Pero todavía así, quieres ayudarnos, ¿verdad? —No era lo mejor que podías decirle, pero querías hacerlo sentir mejor.

—… Hay algo que debo de hacer, si es que quiero morir en paz.

Neil se había quedado quieto por un rato, pero no estabas preocupada de que él escuchara. Quizás esto lo animaría por un tiempo más prolongado.

—¿Puedo pedirte un favor?

Kanda frunció el entrecejo; era como un reflejo— ¿… Tengo cara de que quiero hacer favores ahora?

—Bueno, puedes o no hacerlo si tú quieres, pero quisiera que me escucharas de todas maneras —No te sentías particularmente amenazada por su presencia, así que no detuviste tu lengua—. Si llegamos a ver el fin de esto… ¿podríamos construir una tumba para Marie? Los que trabajamos en la Orden Negra estamos condenados a morir sin el privilegio de tener un memorial. Lo único que Neil tiene de su padre son las historias que contamos de él… —Para este entonces, Neil estaba ocupado arrancando el pasto con sus manos, entretenido con facilidad— Me gustaría que hubiera un sitio en el cual pudiera recordar que alguna vez tuvo un padre.

El rostro de Kanda estaba relajado. Era quizás lo más positivo que podría lucir.

—… Entiendo.

—¿Entonces aceptas?

—Oficialmente, estamos prófugos de la Orden Negra. No tengo objeciones para romper más de sus reglas estúpidas, ya que estamos en esta situación.

Su aprobación te llenó de cierta alegría. Hubieras jurado que todo esto era otro sueño lúcido, pero de algún modo te convenciste de que todo esto era verdad.

Viste que Neil comenzó a usar una rama de árbol para golpear los pastizales más largos mientras gritaba una narración de sus hazañas imaginarias. Entre más lo pensabas, más te sentías aliviada de estar finalmente lejos de la Orden Negra. Aunque el haberte convertido en exorcista le dio significado a tu vida, nada te hacía más feliz que alejarte de la constante posibilidad de que él jamás tendría una vida normal.

Esta era la oportunidad de darle una vida fuera de la Orden Negra, y no estabas dispuesta a perderla.


La paranoia no era un defecto, sino una medida de seguridad eficiente, y siempre te ha funcionado bien. No ibas a detenerte hasta que tuvieras en tus manos todas las respuestas que buscabas. Vigilabas minuciosamente las actividades de Ellen, los avances en la recuperación del Ex General Cross Marian y la de Neah. Por pura intuición determinaste que Ellen no podía ser la mente detrás de tan elaborados planes, ya que te fue poco a poco evidente de que no importaba cuantas nuevas vueltas daban los eventos recientes, ella no lo sabía todo y debiste de ponerle más atención al 14° Noah, si es que tanto deseabas la versión completa del plan.

Brevemente, te disculpaste con Ellen por haber sido tan fría, y entonces la tensión en su rostro pareció ceder un poco. Te recomendó que descansaras hasta que Cross Marian fuera capaz de reparar a Timcanpy, pero sabías que aún te quedaban muchas cosas por hacer antes de relajarte.

Te escabulliste del sofá donde dormías, pues escuchaste actividad en la cocina. Procuraste esperar hasta que se desocupara para que pudieras seguir los pasos hasta la habitación de Neah. Tenía que ser Link.

La habitación estaba hasta el fondo de la cabaña, y sentías que el aire por este lugar era más pesado y lúgubre por alguna razón, como si todo el sonido hubiera sido absorbido por las sombras.

Con tus pies tan silenciosos como plumas, te aproximaste a la puerta y escuchaste un crujido inusual provenir desde ahí adentro…

… No era un crujir de la cabaña. Era más como un gemido, pequeño y ahogado. Habías escuchado aquel sonido antes. Tu pecho se comprimía mientras identificabas dentro de tus recuerdos, llevándote al momento en el que arrullaste a Neil recién nacido.

Sin pensarlo, entraste a la habitación abruptamente, pero Link no parecía particularmente sorprendido de tu presencia mientras mantenía al infante acurrucado en sus brazos. Era muy pequeño, demasiado.

—… ¿De dónde salió ése bebé? —preguntaste, no alzaste la voz pero hiciste que Neah volteara a verte desde su cama, molesto por tu repentina intrusión.

—Es un huérfano. No he hecho más que cuidarlo y nutrirlo —respondió Link, entre calma y tensión.

—Eso ya lo puedo ver, ¿pero por qué hay un bebé bajo tu cuidado? —No tenía mucho caso cuestionar a Link, así que fuiste directamente contra Neah— ¿Qué es esto? ¿Otra parte de su plan?

—Lenalee Lee… ¿podrías hacerme el favor de bajar la voz? —susurró Neah irritado— Y… no vayas a gritarle a Allen, digo, a Ellen. Ella no sabe nada sobre el bebé. No debería.

—¿Por qué? Deben de necesitarlo para un motivo, ¿verdad? —Trataste de mantener tu tranquilidad, pero te habías acercado más a la cama del herido, y Link se apartó con el bebe en brazos hasta la esquina de la habitación— ¿Qué es? Dudo que esto se trate de un simple acto de caridad. Van a decirme para qué necesitan al bebé, ahora.

—¿Y por qué haríamos eso? —Podías determinar con su voz temblorosa que él estaba usando todas sus energías para responderte, pero realmente no querías detenerlo— Si nos negamos a decirte, o bien, en caso de decirte la verdad y no te gusta lo que escuchas, nos arrebatarás al bebé y lo pondrás en un orfanato, lo cual es un cruel destino para un niño, si bien lo sabes.

—¿Qué planean hacer con él? …Link, no sé qué cosas están pasando por tu cabeza, pero sé que hay un lugar específico donde yace tu lealtad. Dime la verdad: ¿con tu consciencia, apruebas los motivos por los cuales será utilizado el bebé?

El hombre rubio te miró con frialdad, mientras mantenía al pequeño arropado cerca de su pecho—… Lee, usted sabe que mis opiniones nunca se cruzan con mi deber.

Estabas entre dos hombres en los que no podías confiar, y sacarles respuestas así definitivamente no te iba a satisfacer. Aparte, aquí tenían la vida de un infante en juego; no ibas a cometer un error aquí— ¿Van a hacerle daño al bebé?

Hubo un silencio intimidante en la pequeña habitación, casi asfixiante, pero los ojos de ambos hombres estaban posados sobre ti, temerosos de ti y tus capacidades. Neah respondió:

—… No.

No fue como si pretendieras utilizar fuerza bruta. Jamás hubieras recurrido a ello y quizás nunca lo hubieras necesitado para esta ocasión, pero que tomaran una posición tan pasiva a tu enfrentamiento te ponía lo suficientemente segura de estar en control. Link podía usar sus propios medios para detenerte, pero él tampoco lucía dispuesto a tomar medidas extremas en contra de ti. Él sabía tan bien como tú que jamás habría un ganador entre ambos, si es que él había adquirido tanta experiencia como tú en los últimos años.

Simplemente te quedaste mirando al huésped en el cuerpo que perteneció a Allen Walker, exhausto, inútil y patético; sus ojos grises brillaban con la tenue luz de la lámpara, no imploraban compasión, sino atención.

—Si quieres sentirte segura de que no tengo planeado lastimar a la criatura, voy a decirte algo, sólo si prometes que guardarás el secreto —murmuró.

Por supuesto, tenías buenas razones para mantenerte reticente— ¿Por qué debería de confiar en tus palabras?

—Porque ya deberías de estar consciente de que hubo una razón por la cual Allen confió la posesión de su cuerpo a alguien como yo.

Viste la evidente falla en tu sólida determinación. El odio orgulloso que tenías en contra de Neah carecía de perspectiva, pues nunca consideraste la forma en la que Allen lo veía a él… pero esto también significaba que jamás podrías conocer la parte de Allen de la cual Neah se aferraba. Podías adivinar que hubo una relación muy profunda entre ellos dos, pero esto sólo te preocupaba más.

Además… por el momento existían más puntos a favor de Neah que en su contra. Podrías frenar tu agresiva suspicacia por un tiempo, sólo para observarlos de más cerca para construir un juicio más apropiado.

Accediste a escucharlo y con su índice te indicó que te acercaras más, pues iba a murmurar a su oído. Te inclinaste al lado de su cama, acercando tu rostro al suyo, pero no bajaste la guardia en ningún momento.

Sus labios delgados y enfermizos hicieron un ruido casi sofocado por su propia debilidad y cansancio, pero escuchaste sus palabras con claridad— Ése bebé es mío.


Tus intentos por conversar con Kanda siempre terminaban en fracaso. Por lo menos Lavi lograba hacer lo mismo y sin ahuyentarlo después de tres minutos. De alguna manera aceptabas el hecho de que Kanda era más comprensivo ahora, y permitía que Lavi disfrutara de la compañía de alguien que no se había olvidado de él. Pero estabas preocupada. No te sorprendería enterarte de que ambos estuvieran profundamente deprimidos.

Fuiste al pueblo entre las colinas, y aprovechaste para comprar el medicamento que Lavi te especificó para Cross, quien todavía no despertaba. Por supuesto, no era coincidencia que escogieran el día de hoy y este lugar. Había un propósito preescrito para cada una de tus acciones.

Cuando venías a "trabajar" a esta cantina tu mente se llenaba de pura malicia y codicia. Era como si hubieras retornado a los viejos tiempos, cuando solías jugar por horas y ganabas más de lo que ganaría el dueño del lugar en todo un año. Nunca habías perdido tu toque. La fecha era precisa y sabías con quién te verías el día de hoy, porque todo ya había sucedido, técnicamente. Había una serie de fechas aleatorias en las cuales tú y los demás fueron al pasado. No recordabas con exactitud el orden pero definitivamente se trataba de algo terriblemente desordenado.

Esto hablaba mucho de la pobre planeación de todo... o quizás no. Quizás solamente era desordenado.

Esperaste una hora y media mientras intentabas resistir la tentación de meterte en otro juego de póker. No pretendías llamar demasiado la atención. Suponías que él te reconocería con tan sólo contacto visual, y así lo preferías.

La cantina estaba calmándose, minuto a minuto más hombres se iban. Quedaban tan sólo unos seis hombre más, quizás ignorando tu presencia mientras comías una papa horneada en una esquina. Extrañabas las papas horneadas de esta cantina, su exquisito calor te hacían olvidar un poco el dolor en tu pecho.

Entonces lo viste entrar; pero no fue caminando hacia ti al instante, sino que primero fue a pedir una cerveza al bartendero y luego le hechó un ojo a la camarera. Cuando te volteó a ver hiciste una mueca mordaz, y no era por un motivo en especial: era simplemente tu reacción instintiva hacia él.

Eran sólo dos años en el pasado, pero definitivamente se veía mucho mejor de lo que fue la última vez que lo visitaste, en tu futuro. Era un hombre aún joven, poco menos desaliñado y sucio, considerando que tenía un gusto por la vida de vagabundo... No recordabas esos anteojos de botella... ¿o sí? Oh, ciertamente. Cuando lo conociste por primera vez, él usaba esos. Será que te habías acostumbrado a identificarlo por su actitud en vez de su apariencia.

—Finalmente apareces —dijiste mientras terminabas de tragar una parte de la papa— . ¿Cuánto tiempo ha pasado?

Para tu sorpresa, Tyki sonrió mientras tomaba asiento con su cerveza en mano. Definitivamente se intentaba dejar bigote.

—Te ves menos demacrada de lo que recuerdo —respondió casualmente quitándose los anteojos—. Han sido sólo cuatro meses, Ellen.

—¿Qué estamos haciendo cuatro meses atrás?

Soltó una sutil carcajada— ¿Me estás diciendo que todavía no tienes idea de lo que pasará cuando decidan viajar hasta el Mayo pasado? Road tenía razón cuando dijo que estos saltos en el tiempo son divertidos.

—Como sea… —farfullaste. Regresaste tu atención a la papa en tu plato. No pretendías usarla como excusa para interrumpir la charla, pero de verdad te gustaba la comida de este lugar. Él debería de respetar tu decisión de terminar tu cena ya que tuvo la descortesía de hacerte esperar.

Aun así, él no dudo en hacer preguntas.

—¿Cómo se ve el futuro? La tú del futuro y de mi pasado se negaba a hablar del futuro.

—Tendré mis razones, supongo. Sabes que Road hizo un pacto con nosotros, de que no revelaríamos cosas que pudieran afectar nuestra continuidad temporal.

—¿…Cuántos más van a morir a partir de ahora? —Esa pregunta te hizo masticar con más lentitud. Sabías que él se refería a los miembros de la Familia de Noah que todavía estaban vivos en esta parte del pasado. No tenías el valor de decirle y él lo sabía, pero lo que era aún peor es que quienes iban a morir en el plazo de los dos años siguientes no serían solamente miembros de su familia…

Él podía interpretar tu quietud y silencio como una mala señal. No iba a servir interrogarte más acerca del asunto. Quizás este era un lado de Tyki que comenzarías a simpatizar en las siguientes semanas. Definitivamente estabas en sus zapatos.

—… Más que nada, se supone que ya encontraste la llave para la habitación de la Matriz, ¿cierto? —tu pregunta salió sin ninguna planeación. Era mejor ir al grano.

Tyki suspiró mientras buscaba un cigarrillo en su bolsillo— Tal como me dijiste hace dos años: por alguna razón, yo soy el único que podía encontrar la llave. Poco a poco… me doy cuenta de que quizás tenían razón acerca de mí.

—Sí —Recordabas con cierta frialdad lo que Road te contó un sinfín de veces, revelando la verdadera importancia del rol de Tyki Mikk en todo este conflicto—, es tal como me lo han dicho: eres el candidato predilecto para ser el nuevo Conde Milenario.

—Eso, si es que mato al Conde yo mismo —La voz profunda de Tyki evidenciaba su incomodidad acerca del asunto. No lo podías culpar—. Mala suerte. No hubiera imaginado que yo terminaría cargando un peso tan fuerte.

—Además… Neah es el único dispuesto a asesinarlo para usurpar ése lugar. Por alguna razón, él también es un candidato…

Sentiste un escalofrío recorrer tu espina cuando terminaste de decir aquello. Algo andaba mal en Tyki.

—No te engañes —Su voz se había vuelto más sombría, incluso tenebrosa—. El Decimocuarto es una anormalidad, un descarriado. Alguien como él jamás podría convertirse en el nuevo Adam. Su carne ponzoñosa jamás podría ocupar un puesto de tan grande prestigio.

Era el Noah que vivía en él, no Tyki quien hablaba ahora. Esta no era la primera vez que lo veías de frente, pero te sentías bastante inerme sin una Inocencia familiar para protegerte.

—Tyki, contrólate —murmuraste nerviosa.

Le tomó una sacudida para regresar a la normalidad— Ya, ya, lo siento, se me salió, ¿mejor? —Hizo un gesto con las manos, tratando de demostrar que estaba bajo control, pero nada te libraría del susto que te provocó— Después de todo, soy el único que puede contra Lilith… y tampoco estoy seguro de querer ver a este mundo ser… destruido.

—No creo que llegará en día en el cual pueda comprenderlos a ustedes los Noah. ¿Cómo puede alguien tan humano también ser el Noah más malicioso de todos?

Tyki hizo un ademán exagerado y cómico— Ey, cuidado con lo que dices. La correa no siempre puede controlar al perro más fuerte, ¿sabes? —, pero definitivamente no era divertido.

—Mientras sepas quién eres y a dónde quieres ir, me sentiré lo suficientemente segura de que no perderás el control…—Hiciste una pausa para terminar tu cena pero notabas con incomodidad cómo se te quedaba mirando fijamente. Frunciste el entrecejo y murmuraste:— ¿Qué? ¿Qué sucede?

—Por cada lapso de tiempo que pasa para mí, menos insegura te veo —Por alguna razón el bastardo comenzó a reírse—. Recuerdo todo el estrés que me mostraste hace dos años… el que hayas decidido liberarlo conmigo me da risa incluso ahora.

—… No quiero saber.

—Oh, lo sabrás. Lo harás. Y te reirás de igual manera.

Por un segundo se te cayó el corazón al estómago. No podrías decir cuánto se tensó la expresión de tu rostro al escucharle decir tales cosas con una mirada tan sugestiva. Por puro sentido común podías adivinar a qué se refería…

—Dios, no —Te cubriste el rostro, tratando de ignorar la imagen mental que te proporcionó el Noah vagabundo— ¡Lo último que quiero es llegar a sentirme demasiado cómoda contigo!

Y en eso, Tyki reventó en carcajadas, por un largo rato. Tan rápido como te llegó el espanto, se te subió la ira a la cabeza.

Te sentiste como una crédula.

—Te engañé, ¿verdad? —Gimió Tyki entre su ataque de risas— ¿De verdad pensaste que lo hicimos? No sabía que bateabas para ése lado, "Ellen".

Sus carcajadas resonaban por toda la cantina, y los demás hombres le hicieron poco caso, ya que asumían que el alcohol afectó rápidamente su cuerpo. Sorprendentemente, decidiste que una broma de este tipo no te afectaba tan negativamente. De hecho, sentías tus hombros más ligeros.

—Eres asqueroso —murmuraste sonriendo.


N/A: Perdón si la trama está yendo demasiado lenta a pesar del tiempo que me toma terminar cada capítulo, pero prometo que se pondrá cada vez más interesante. De nuevo, gracias por su paciencia y tiempo.