Capitulo 3

Franco tenía la hacienda más o menos controlada, después de todo, él había trabajado allí y conocía la casa además de estar acompañado de Doña Gabriela, quien era la que mejor conocía su hogar.

-Así que...¿cree que podríamos llegar hasta Juan?-pregunto Franco.

-Seguramente, aunque tendrá que saltar de esta ventana al balcón de Norma y creame, no es nada facil.-dijo la señora.

-No importa, lo intentare...-dijo con media sonrisa.

Gabriela tenía que reconocer que el novio y los esposos de sus hijas eran hombres valientes y decididos que harían lo que fuera por salir de aquel lugar.

Y, aunque todavía no lo podía creer del todo, sacarla a ella también de lo que una vez había sido su casa y su mayor orgullo.

-Franco...-susurro Gabriela.-...gracias...

-No tiene porque darmelas, señora.-dijo Franco.

-Si tengo.-insistió ella.-...me quiere ayudar cuando todo lo que he hecho a sido entorpecerle a usted y a sus hermanos.

Franco puso una mano en el brazo de la señora y le sonrió cogiendo su mano para acariciarla.

-Tengo que reconocer que no ha sido facil, señora.-confesó Franco.-...a veces la odie y muchas veces quise cobrarle los golpes a su hija y las humillaciones, pero se que ella la adora y por eso no puedo hacerle daño, igual que Juan y Oscar.

Gabriela asintió, si algo habían demostrado sus hijas era su amor por ella, aunque no se lo merecía y ella misma hubiera perdido la fe, ellas seguían allí para ella y eso la hacía sentirse orgullosa.

Más de lo que podía expresar.

-Yo...-dijo Gabriela.-...no tengo palabras, Franco, ellas son mi tesoro, como mi papa y Juan David y me moriría sin ellas, por eso les agradezco en el alma que las cuidaran tanto cuando yo cometí el error de no hacerlo.

Franco sonrió y la abrazo mientras Gabriela enterraba la cara en su hombro y dejaba las lágrimas caer, ahora entendía todo lo que ellas habían querido hacerle ver, cosas que ella no podía entender porque estaba cegada por la imagen de Fernando.

-Adoro a su hija, Doña Gabriela.-dijo Franco.-...la amo más que a mi vida y le juro por ese amor, que la llevare de vuelta con ella, porque todo lo que quiero es verla feliz, como mis hermanos desean con Norma y Jimena.

-Lo se...-susurro ella.-...lo se...

De repente la puerta se abrió revelando a Armando Navarro junto a Dinora, los dos con grandes sonrisas mientras se acercaban a ellos.

-Que bonita imagen, ¿cierto?-dijo Dinora.

-Una pena que tenga que romperla...-dijo Armando.-...andando Franco Reyes.

Gabriela se puso delante de él, dispuesta a proteger al novio de su hija como antes no había podido, al menos, hasta que Dinora la empujo a un lado.

-Esto no te concierne, Gabriela.-dijo Dinora.

-¡Dejenlo!-grito Gabriela.

Franco se lanzó hacia Dinora apartandola de Gabriela hasta que Armando le golpeo en la cara con un palo de madera y lo dejo en el suelo.

-Valiente pero inutil.-dijo cogiendolo del suelo.-...ahora verás como se paga el retarme, Franco Reyes.

Y, entre lágrimas, Gabriela tuvo que ver como se llevaban al joven Reyes sin que ella pudiera hacer nada más que mirar.


Antonio sabía que no podía presentarse sin más en la hacienda Elizondo a pedir explicaciones.

Por eso decidió dejar el caballo a mitad de camino, en un lugar seguro y seguir a pie para encontrar una ruta alternativa.

Si era su culpa que ellos estuvieran en peligro, él solo debería ir a sacarlos de aquel lugar antes de que algo pasara.

Su movil sonó, pensaba en no cogerlo, probablemente era su papa o su mama o Melissa, pero cuando vio que era Ruth, no le quedó más remedio que cogerlo, pues no podía negarse a nada que tuviera que ver con ella.

-¡Antonio! ¡Donde te metiste!-le grito desde el telefono.

Antonio se quedo en silencio, solo quería escucharla si de verdad iba a entrar en algo peligroso.

-Antonio, vuelve aqui ahora mismo, eso que estas haciendo es una locura no puedes meterte ahí.-decía ella.

Él podía escuchar preocupación en su voz y en parte se alegraba, aunque luego se arrepentía por hacerla sufrir.

Aunque la decisión estaba toamda y nadie, ni ella, le haría cambiar de opinión.

-Antonio, por favor...-dijo ella.-...yo no quiero que te pase nada, no lo soportaría...

Antonio sonrió con las lágrimas frescas en sus ojos, la amaba, ahora incluso después de pelear con ella la amaba y eso no lo cambiaría nada.

Ni siquiera lo que estaba por llegar.

-Te amo...-susurro él.

-Antonio...-dijo ella.

Y fue lo último que escucho antes de colgar el teléfono, con el corazón en un puño y la sensación de que estaba haciendo lo correcto.

Aunque ella no pensara lo mismo.


Ruth tiro el teléfono al suelo y cayo en el sillón con lágrimas en los ojos mientras Eva la abrazaba para intentar darle paz.

Una que ella era incapaz de encontrar.

-No se preocupe.-dijo el Comandante.-...avise a mis hombres para que lo detengan tan pronto lo vean.

-¿Y que hay de Juan, sus hermanos y mi mama?-pregunto Norma.

-Intentaremos sacarlos lo antes posible.-dijo el Comandante.

Sarita se paseó por el salón, sus nervios no le dejaban tranquila, allí había gente que podía hacerles daño, pero ella sabía muy bien a quien atacarían primero.

Si Armando estaba allí, Franco sería el primero en caer y el simple hecho de pensar aquello ya la horrorizaba.

-Comandante usted no puede dejarlos así sin más...-explico abrazandose a si misma.-...si Armando Navarro esta allí, Franco esta en un enorme peligro...

Su voz temblaba hasta el punto de que Norma y Jimena tuvieron que abrazarla para darle algo paz, ellas sabían que no tenían nada contra Oscar y Dinora no mataría a Juan tan fácil, pero Franco...

Los tres tenían motivos para matar a Franco Reyes.

-¿No pueden hacer nada ahora?-pregunto Jimena con un hilo de voz.

Pero la mirada del Comandante fue más que suficiente para que entendiera que ellos ya no podían hacer nada más...

Si los Reyes y Doña Gabriela querían salir de allí con vida, debería ser solos.


Oscar estaba sentado en la vieja mesa del almacén cuando escucho ruidos y algún otro grito de dolor que venían desde fuera.

-Que estara pasando...-susurro a si mismo.

Se acercó a la puerta para escuchar más de cerca y pudo distinguir la voz de la vibora de Dinora y del estupido de Armando Navarro mientras parecían hacer algo contra alguien.

-¡Vas a pagar todas las humillaciones!-grito Armando.

Golpeaban sin parar mientras reían escuchando los suaves quejidos de la persona a la que golpeaban.

-Nadie me humilla y menos en asunto de mujeres.-dijo Armando de nuevo.

Oscar abrió los ojos por la sorpresa al imaginarse a quien golpeaba y sintió como cada parte de su cuerpo ardía en furia.

Era su hermano, estaban golpeando a Franco.

-¡Abran la puerta!-grito de repente.-...¡Atrevanse conmigo estupidos! ¡Abran!

Desde fuera podía escuchar más risas y más golpes, lo que le llevo a golpear la puerta más fuerte, su frustración lo llevo a agarrarse el pelo y a sentir sus lágrimas comenzar a formarse en sus ojos.

-Dejen a mi hermano...-susurro Oscar.-...¡dejen a mi hermano!

-Mira tu hermanito, Franco.-escucho a Armando.-...voy a matarte antes de matarlos a ellos...

Y Oscar sintió, como su corazón se rompía al mismo tiempo que el sonido de un disparo llegaba a sus oidos...

Juan se levanto cuando escucho el disparo venir de fuera y temió que el cabezón de Oscar podría haberse metido en serios problemas.

Aunque hasta el también llego el grito angustiado de Doña Gabriela y haciendose paso en el dolor de su pierna, logró levantarse a ver que pasaba.

Pero cuando llego al balcón, se dio cuenta que creer que pasa algo y ver que pasa eran cosas muy distintas.

-¡Malditos!-gritaba Gabriela.-...¡son unos malditos!

Juan miro a la señora, que estaba asomada a la ventana, de rodillas en el suelo y aspecto destruido antes de escuchar los gritos de Oscar, que venían del almacen.

Su hermano parecía estar loco...

-¡Los matare!-gritaba sin parar.-¡Los matare, lo juro que lo hare!

Su mente no podía reaccionar, ni siquiera sabía lo que estaba pasando hasta que vio a Armando y Dinora allí parados, con sonrisa mientras otro cuerpo estaba en el suelo.

Uno que él reconocía muy bien...

-Franco...-susurro Juan.

Flashback

-Me siento abrumada por todo.-dijo Norma con sonrisa.

Su boda iba a ser una fiesta y aunque él no estaba acostumbrado a todo eso, quería que fuera el mejor día para ella.

Quería darle la boda que se merecía y parecía que así iba a ser...

-Todo es obra y gracia de Franco.-dijo Ruth.

-Si, nosotras solo seguimos sus ordenes.-dijo Eva.

Franco parecía timido por primera vez en años y Juan sintió que el pecho se le llenaba de orgullo con su hermano pequeño.

Su flaco iba a hacer su sueño y el de su futura mujer realidad.

-Yo quiero que sea a todo dar.-explico Franco.-...y de paso, quiero retribuirle a Juan todo el sacrificio que hizo por mi y por mis hermanos...

Si fuera algo más sensible, Juan sabía que en este momento estaría llorando con las palabras de su hermano.

-...y de paso, decirle cuanto lo quiero.-termino Franco.

Oscar sonrió y Jimena le dio a Franco un apretón cariñoso en el brazo mientras Norma lo miraba con una sonrisa cariñosa y las gracias escritas en sus ojos.

Ella que no confiaba en él, ahora lo quería como un hermano más...

Juan sonrió antes de acercarse y darle un abrazo a su hermano, sintiendo que esta vez y gracias a él, por fin tendría su final feliz.

-Por eso pedí que les construyeran una super casa.-dijo Franco como final.

Juan sonrió y Norma se acerco a él sorprendida y emocionada mientras apretaba la mano de Franco y Juan la abrazaba.

-El flaco es una caja de sorpresas...-susurro Juan a su oido.

Norma solo sonrió y asintió, mientras todos reían por el comentario de Jimena sobre ellos y suspiro, sabiendo que por fin se le haría el milagro.

Solo era cuestión de tiempo...

Fin Flashback

Juan solo alcanzo a ver la sangre antes de que las lágrimas nublaran su vista, algo que no había hecho desde Libia y que ahora repetía con otro hermano.

Con su flaco querido...

No, no, no...

Sintió el fuego quemando su garganta y su cuerpo explotar de dolor antes de echar su cabeza hacía atrás, presa del dolor.

-¡Hermano!


No muy lejos de allí, en la hacienda de los Reyes, Sarita se apoyo en una de las sillas mientras sentía su pecho encogerse de dolor.

-¿Sarita?-pregunto Norma.

-¿Sarita estas bien?-pregunto Jimena.

Ella negó con la cabeza, antes de mirar a sus hermanas con la cara confundida por el dolor y la pena.

-Franco...-susurro.

Lo siguiente que sintió fueron las manos de sus hermanas y sus gritos antes de que todo se volviera negro para ella.

Como sería si algo le llegaba a pasar alguna vez...