!Hola mis niños hermosos! aquí estoy devuelta con ustedes mis bellos niños, me temo que me atrase más de lo debido, pero por algún motivo este capítulo se me torno muy eterno e irónicamente no fue por ausencia de inspiración, si no muy por el contrario, me encontraba con toda la inspiración que pudiera desear.

!Uf! jamás había llegado hasta el capítulo 11 en ninguno de mis fics, siento que estoy es un gran logro para mí y me hallo muy feliz por eso ^^

Este capítulo... mmm... quizás no les agrade del todo, es un capítulo lleno de muchas reflexiones, más sin embargo considero que es muy importante y necesito y les pido con todo el corazón que lo lean con la mayor de las atenciones porque si no muchas cosas que ocurriran más adelante podrían no tener sentido para ustedes.

Quiero agradecerles a todos mis niños por estar pendiente de este fic, eso es muy importante para mí, y lo aprecio como no tienen idea. Hay algunas chicas que me han ayudado muchísimo con el desarrollo de esta historia, han sido mi apoyo y eso lo valoro como no tienen idea, me reservare el derecho de mencionar sus nombres puesto que no tengo la autorización de hacerlo, sin embargo espero que sepan de quienes hablo ;) !GRACIAS!

Por favor leanlo con atención porque pronto habrá un repentino cambio en todo este asunto...


Capítulo 11: La más cara de las felicidades...

El tiempo pasaba demasiado de prisa cuando uno no prestaba atención o importancia al correr de los minutos, de las horas, de los días. De un abrir y cerrar breve de ojos de diciembre ahora se encontraban luchando con febrero.

14 de febrero, un día más de todos los 365 en el calendario, no tiene nada de especial; no entiendo porque la gente se obsesiona con algunas cosas, quizás yo no entiendo muchas cosas y no sé cuándo las llegaré a entender a la perfección, es más, ni siquiera sé si las llegaré a entender algún día…. Supongo que muy probablemente la respuesta a mi duda será más que una negativa que cacheteara mis mejillas, en fin, poco me importa aquello del 14 de febrero con sus creencias y festividades; para mí persona es un día más en mi calendario y para mi actual penosa situación es un día más de tortura, pero… un día menos de espera… mi libertad aguarda por mí y yo la espero con el pecho y brazos abiertos. Querida libertad mía como extraño la calidez de tu frescura, la delicia de tu fidelidad. Tan solo cruzo los dedos, rezo noche y día y lo único que quiero es que el tiempo transcurra tan de prisa como sea posible hacerlo…

Ahora aquí me encuentro celebrando el catorce de febrero a mi manera, con la gente que quiero, sin el llamado "amor" a quien se le amerita este día y muy poco me importa su existencia porque tengo a mi querida familia y a mis muy valiosos amigos.

Unos días antes del "catorce de febrero" el rubio la había mandado a llamar.

-¿Qué pasa?- cuestiono ella sin rodeos una vez que había entrado al cubículo de consejo estudiantil.

-En una semana será catorce de febrero- expuso él.

-Aja… ¿y qué con eso?- interrogo confundida.

-¡Hagamos un festival para el cuerpo estudiantil!- propuso emocionado.

-¡No tenemos el presupuesto para eso!- le grito mientras miraba las cuentas y es que después de todo ella estaba a cargo del dinero. -¡Lo último del mes lo gastamos en la reparación de la cafetería y el cambio de sillas!- le recordó. -¡No hay dinero hasta Marzo!- expuso poniendo punto final a sus locuras.

-¡Bah! ¡Es tan solo dinero! ¡Te preocupan verdaderas pequeñeces!- rió confiado.

-¡No son pequeñeces, son barreras e impedimentos para tus disparates!- le grito. -¿De dónde pretendes conseguir dinero?- cuestiono.

-Confía en mí- le sonrió mientras le guiñaba el ojo. – ¡¿Qué es eso?! ¿! Un cheque?! ¡Hinata que descuidada no dejes caer el presupuesto al suelo!- Exclamo mientras introducía un cheque con un enorme suma de dinero a la carpeta de gastos que tenía la peliazul entre manos.

-Es dinero tuyo…- le comento mientras le entregaba su cheque.

-¡Oh vamos claro que no!- se negó mientras jugaba como el niño que era -¡¿Dinero mío?! ¡Es del presupuesto!- afirmo mientras la miraba seriamente tratando de que con eso le siguiera su juego, ella miro el par de zafiros frente a ella. A veces se escandalizaba cuando él ponía esa mirada tan seria, porque pensaba que él no podía ser serio con ningún asunto; pero ahí estaba recibiendo una cachetada con esa mirada penetrante.

-Entiendo…- cedió al fin mientras tomaba el cheque. Se había tornado un poco más sumisa y dócil con sus peticiones, con sus disparates… quizás lo hacía solo por el simple hecho de que buscaba a toda costa soslayar aquellas palabras odiosas que brotaban de sus labios cuando a ella se le olvidaba que no tenía ni el poder ni la libertad de objetar frente a él. Odiaba tanto su: "!Es una orden!", tanto, tanto que mejor se había planeado el ceder ante sus disparates sin el menor de los reproches, sin la más absurda de la objeciones…

-Bien…- expuso él con una voz escalofriantemente seria. -¡Planeemos ese festival!- exclamo mientras palmeaba alegre.

Y así lo hicimos, siempre hacíamos lo que él deseaba hacer, mi voz era acallada por la de él, pero supongo que es mi castigo por cruzarse en su camino…

En este momento me hallo en el cubículo de consejo; es bastante tarde, tan tarde como para presumir que el sol se ha marchado y ha llegado la luna a reemplazarlo con su tenue luz. Sentada, mientras terminamos los preparativos del festival. Él esta callado, metido en sus propios pensamientos tan ajenos a mi persona ¿Qué pensara? Me pregunto mientras lo veo sonreír por ratos como un niño pequeño.

Para mí Naruto Namikaze es el misterio más grande del mundo, no sé si algún día logre comprender su alocada filosofía, supongo que eso está muy lejos de estas mortales manos; pero es que en estos momentos es cuando no me cabe en la cabeza aquello que me confeso esa noche mientras los dos nos hallábamos sumergidos en el más gélido de los fríos; cuando de sus labios escuche aquella confesión: ¡Te admiro! No sé si ustedes logren comprenderlo pero… yo soy una simple plebeya, mi existencia es tan vacía en este mundo como la de una flor en diciembre –marchita y sin sentido de ser-, aquello me desconcertó ¡Tanto! Que pienso que todo fue parte de una ilusión ¿cómo ese chico puede admirarme? ¡Quizás me hallaba dopada por el frío que calaba mi cuerpo con su fiereza! ¡Quizás el viento distorsiono sus palabras haciéndome creer escuchar algo que jamás dijo! ¡Sí, seguramente eso paso! ¡Porque no es posible que él logre sentir admiración por la más perdedora de los mortales! Todo debe ser parte de una ilusión…

-¡Rayos es tan tarde!- exclamo el rubio mientras miraba la hora. Ella repentinamente lo miro al escuchar esa exclamación. -¡Hinata necesito ir a un lugar, ya! ¡Acompáñame por favor!- exclamo mientras se ponía de pie. Ella desconcertada lo miro mientras asentía ante su petición.

Subió al auto y manejaba apurado mientras veía su reloj a cada minúsculo instante que transcurría, con una desesperación sin desenfreno se reprochaba su falta.

-¿A dónde vamos?- cuestionó ella al fin, mientras veía su semblante desesperado.

-¡Mañana es catorce de febrero!- le dijo como si con los preparativos no estuviera consciente de ello.

-Aja y…- respondió ella sin entender.

-¡No le compre nada a Sakura!- grito estresado. La Hyuga solo lo miro alarmado.

Se estaciono tan de prisa como pudo y descuidadamente se incursionó a la más llamativa de las tiendas del lugar. Con los cabellos desesperados se aproximó a una empleada del lugar que gustosamente lo atendió tan de prisa como el rubio lo ameritaba. Ella por su parte no podía soslayar la curiosidad de la que a veces era presa su alma; poco a poco comenzó a deambular por ese lugar tan poco familiar para su razón: una boutique llena de zapatos, ahí se encontraba ella. Tan deprisa como pudo retrocedió procurando no tocar absolutamente nada, tratando de incluso aguantar la respiración.

-¡Maldición!- pensó -¡Estos zapatos valen más de lo que he ganado en todo mi vida! ¡Ni doblando turno, ni con todo el dinero que junte en mi existencia podría comprar un solo zapato del par!- pensó exasperada mientras buscaba la manera de salir de la tienda; porque tenía miedo de que su maldito karma; de que su maldita suerte la traicione como lo ha hecho veces antes y entonces rompa de alguna absurda manera algo de ese lugar, entonces, su maldita libertad sería poco valiosa para pagar su deuda…

-¿! Hinata!?- llamo el rubio al ver como hábilmente caminaba de puntillas hacía la puerta. -¡¿A dónde vas?! ¡Ven aquí!- ordeno apurado.

Ella dio un respingo y resignada decidió acceder a la obstinada petición de él, porque repito, ella ya no deseaba escuchar de sus labios esas odiosas palabras que solo le provocaban ira entre sus venas.

-¿Qué?- pregunto bajito, incluso tenía miedo de hablar fuerte porque eso podría ocasionar un accidente en ese costoso local.

-Pruébate estos, por favor- pidió él con una delicada sonrisa.

-No creo que esa sea una buena idea…- exclamo excusándose con apuro mientras retrocedía todo cuanto podía. Poco sabía de zapatos y poco le importaban, así que el calzado que él poseía entre manos para ella eran cualquier cosa.

-Vamos, pruébatelos- le sonrió dulcemente. Ella decidió acceder antes de que él dijera: ¡Es una orden! Y entonces ella quedaría en el mayor de los ridículos frente a los empleados del lugar.

-Está bien…- accedió mientras los tomaba con muchísima delicadeza. De prisa se sentó en una de los lujosos sofás del lugar mientras se quitaba sus precarios zapatos; se quedó embelesada mirándolos un momento tan profundo y eterno.

-¿Qué pasa?- cuestionó él al verla petrificada.

-¡Ah nada!- contesto avergonzada.

-¡No te los sabes poner! ¿Cierto?- se carcajeó de ella. Ella hizo una mueca enojada mientras lo maldecía en su mente; pero esta ocasión no era momento para gritarle y pelear con él porque corría con el riesgo de que aquellos zapatos se rompieran y ella sea juzgada como la culpable de tal hecho. Solo se limitó a hacer un puchero e indagar en cómo se usaban esos artefactos. –Dame- pidió él. Ella accedió rápidamente pensando:

-¡Seguro que ya se arrepintió de que sea yo quien me los pruebe!- y eso era necesariamente bueno para ella.

-Te ayudare…- le declaro mientras se ponía de cuclillas frente a ella. Ella dio un brinco estremecida al ver sus acciones.

-¡Espera, puedo sola!- exclamo tratando en vano de detenerlo.

-¡Oh vamos, deja que te ayude!- le sonrió -¡He visto a Sakura usar muchos de estos miles de veces, sé perfectamente cómo funciona su mecanismo!- le sonrió mientras le guiñaba el ojo, tratando de con este gesto ella se relajara y confiara en él.

-¡Cómo quieras!- declaro mientras ladeaba la mirada hacía otra parte, procurando no prestarle la menor de sus atenciones; él sonrió.

Entonces ella de pronto se cuestionó -¿Qué hace un príncipe de cuclillas frente a mí?- quizás tan solo se dejó llevar por el momento, quizás tan solo lo considero "príncipe" porque no podía considerarlo "plebeyo" y entonces el mejor de los adjetivos para su situación seria ese, el primero: "príncipe". Sin embargo, sus preguntas fueron mudas a oídos ajenos. Él simplemente estaba incursionado en su labor, él tan solo era dulcemente gentil al realizar su tarea, trataba sus pies con delicadeza, le quitaba sus zapatos escolares de plebeya con la mayor de las amabilidades, luego le ponía el otro con el mayor de los cuidados, como si de cristal fueran hechos. Ella sonrió, sintiéndose cenicienta; Él alzo la mirada hacía ella; ambas pupilas se encontraron, ambos ojos chocaron y se mantuvieron la mirada como si ella fuera la cenicienta que el buscaba; entonces, huyendo de sus ojos dijo:

-Te quedan grandes- profirió mientras se lo quitaba y ella sonreía. La realidad la azotada azarosamente una vez más, con esa violencia que le gustaba emplear en ella. ¡Cierto! Ella no era cenicienta, no poseía tanta suerte, la pobre ni a plebeya alcanzaba, era más… una simple esclava… La Hyuga sonrió despiadadamente ante el golpe de la realidad; la cenicienta que él buscaba era la bella y perfecta Sakura, por eso la zapatilla no encajaba…

-¡Es una suerte! ¡No tendré que comprarlos!- contesto sonriendo ante la afirmación de él. Su orgullo se mantenía en lo más alto, y no tenía que ser princesa o reina para lograr mantenerlo en la cúspide. ¿Y qué hacía la más simple de las mortales probándose algo que ni siquiera estaba a su alcance? ¡Bah! Poco le importaba algo tan material y superficial como eso ¡Había cosas más importantes de que preocuparse! ¡Y un par de zapatos carísimo no le quitarían el sueño! Él sonrió.

-¡Es perfecto! ¡Eres una talla menor que Sakura, el que te queden grandes significan que le quedaran perfectos!- esa frase tonta que había vociferado era un equivalente a: -¡Significa que tú eres una más del montón y que Sakura es mi cenicienta, por eso no te quedan; plebeya tonta!- Ella sonrió.

-¡Qué suerte que no soy su misma talla! ¿No es así?- argumento con un aire de altanería en sus palabras. Él no entendía bien su juego. Tomo los zapatos, los pago como si de un par de caramelos se trataran y salió de ahí con el costoso regalo entre manos. Entre sus labios portaba la más ridícula sonrisa de enamorado que ella le conocía.

Había tantas cosas que ella aún no lograba comprender…

Subieron al auto en el mayor de los silencios. Ella en vano trataba de discernir cosas imposibles…

-¿Por qué tienes que comprarle algo?- pregunto sin entender, con una mirada de ilusa en su semblante.

-Mañana es catorce de febrero…- contesto él, como si con eso disipara la duda de ella.

-¿Y qué?- volvió a peguntar.

-Tengo que darle algo…- contesto sin estar seguro. –Cómo símbolo de mi amor…- le confeso.

-¡Ah!- exclamo ella. Era como una niña pequeña, una niña que no entendía tantas cosas sobre la vida o el mundo que la rodeaba -¡Los zapatos de tacón rojos de diseñador!- clamo como si revelara el mayor de los misterios. – Entonces… ¿Unos zapatos demuestran cuanto la quieres?- le cuestionó a los ojos. Era extraño pero no pretendía ser grosera, tan solo deseaba desentrañar el misterio que no encontraba y ese era: ¿Por qué la gente hace tantas cosas por otra que no es familiar suyo? ¿Eso es amor? Si no… ¿Qué es entonces y por qué?

-bueno yo…- comenzó a balbucear el rubio sin saber que contestarle a esa pequeña niña. –Más que representar mi amor… es un detalle, supongo que el recordar esta fecha y esmerarme en darle algo es el verdadero significado de darle algo en el catorce de febrero ¿no?- dijo al final como si tratara de que ella misma lo convenza de su afirmación deliberada.

-Si se trata del detalle… ¿por qué no le das una carta? ¿Una rosa? ¿Chocolates? ¿Por qué tiene que ser un objeto con mucho ceros en la etiqueta?- cuestionó nuevamente –Mientras más caro… ¿Más significa que la amas? Porque entonces el amor tiene precio… y si tiene precio los pobres no son merecedores de amar…- argumento. Y por su alma que no trataba de ser grosera con sus sentimientos, tan solo necesitaba saber, comprender… porque si acaso el amor tenía precio, entonces ella muy probablemente jamás llegaría a amar así como muy probablemente jamás nadie lograría amarla, por eso entonces ella siempre descartaba al "amor" de su vida.

Él guardo silencio ante sus palabras, mientras en su mente retumbaban las mismas interrogantes que a ella le afligían, lo hizo reflexionar, lo hizo incursionarse en sus recuerdos.

Una vez le había dado una carta a la chica rosada, era su sexto mes de novios y se encontraba sumamente emocionado, como un chiquillo en navidad. Él era un chico efusivo, muy alegre y le gustaba sorprender a la gente; deseaba por lo tanto sorprender a la chica que quería y esa vez se había puesto de romántico: le había dado un inmenso ramo de rosas, una carta, chocolates, le había llevado a cenar, había sido atencioso, detallista, alegre pero nada parecía funcionar… ella tan solo sonreía a medias. Él quería verla feliz, extasiada, alegre. Pero nada parecía dar los resultados que él frenéticamente anhelaba. Al terminar su velada "romántica" le dio el último regalo de la noche, el último regalo de su aniversario de seis meses como novios; le había dado un bulto carísimo de diseñador importado de París –bulto único en su especie y existencia-, entonces sus ojos jade irradiaron luz propia, su rostro se ilumino a más no poder, y la sonrisa de sus labios reflejo tantas muchas cosas inaudibles; el blondo se sintió el chico más dichoso, aquel último objeto había sido el más significativo para ella y él inevitablemente se había percatado de aquello, entonces entendió que ciertas cosas le hacían feliz a ella, comprendió lo que tenía que hacer si deseaba robarle una de esas bellas miradas que ella ponía cuando sonreía con tanta dulzura… Y por eso seguía dándole ese tipo de regalos con elevados precios en la etiqueta, porque eso le provocaba la más bella de las sonrisas jamás vistas por ningún digno mortal…

Si la princesita rosada quería un par de inútiles zapatos rojos los cuales costaban bastantes ceros a la derecha, entonces… ¡Los tendría!

La Hyuga había llegado a la escuela con una bolsa de más entre las manos, veía todo el festival organizado por ellos y caminaba dichosa entre las muchas parejas de enamorados. Todo comenzaría después de clases…

Ese aire era tan entrañablemente evidente que hasta el más ciego de los humanos podía percibirlo con tanta facilidad… ese dulce aire juvenil que correteaba por los pasillos de la escuela con una velocidad impresionante…

El día no transcurría de lo más normal posible, porque ese día no era normal, era diferente a todos…

Las clases terminaron pero el festival organizado por ellos comenzó de prisa…

Todo estaba justo como lo planearon: había globos, colores, comida, dulces, algodones de azúcar, juegos, inflables y muchas pero muchas parejas de enamorados a su alrededor, era placentero ver todo eso y era satisfactorio sentirse empapar por esa dulce frescura…

-¡Ten Tenten!- exclamo la ojiperla mientras le extendía un chocolate.

-¡Ten Kiba!- profirió mientras le daba uno a él.

-¡Gracias Hinata, debe estar delicioso!- exclamo mientras lo aproximaba a su boca para probar su misterioso sabor.

Kiba miro el chocolate con forma de osito y mejor sonrió mientras lo guardaba en el bolsillo… no quería comerlo, porque ahora su tesoro más grande y recientemente adquirido no tenía ni valor monetario ni alimentario, tan solo tenía valor sentimental en su corazón…

Por su parte el rubio se hallaba en el más profundo de las reflexiones; aquella plática con esa chica de ojos perlas la noche anterior lo habían dejado tan nefastamente pensativo que no había podido conciliar el sueño adecuadamente. Estaba en silencio, mientras observaba a todo y a todos divertirse en pareja…. Mientras miles de cuestiones se formulaban en su cabeza… cuestionamientos que nadie le podía contestar en esos crueles momentos de discordia con su corazón…

-Sería un idiota si me declaro hoy ¿verdad?- pregunto a la chica.

-El idiota más grande, no te dejes llevar por la fecha… no fuerces las cosas, cuando tenga que ser, será… - lo animo la castaña.

-Gracias Tenten- sonrió el chico de ojos marrones mientras veía a la Hyuga acercarse con comida de amontones entre las manos. Sus amigos tan solo sonrieron mientras probaban los platillos que ella tenía.

Naruto desde lejos veía como comenzaba a caer el atardecer mientras aun lado estaba posada la caja con el regalo para la rosadita…

Las parejas habían disfrutado en extremo del festival, todos los alumnos en general se la habían pasado de maravilla, pero todo tenía que acabar…

Hinata se había quedado hasta muy tarde para entregar todo el inmobiliario que había llegado a la escuela por el festival. De pronto entro al oscuro cubículo estudiantil a dejar unas cosas para luego marcharse tranquilamente a casa después de haber disfrutado de todo el festival y de pasarla tan bien con sus amigos, la sonrisa en su rostro no podía ocultarse ni con la más densa de las oscuridades porque parecía irradiar luz propia a su paso.

-¡¿Qué paso aquí?!- grito al ver miles de chocolates y cartas en todo el lugar. -¿Tú club de fans?- pregunto ella mientras lo veía ensimismado en sus pensamientos y con la melancolía haciendo gala en su rostro -cosa extraña en él-.

-Si- fue lo único que le contesto el blondo ojiazul abriendo apenas la boca, como si le doliera hablar.

-¿Te comerás todos esos chocolates?- pregunto al notar que eran demasiados.

-No…- contesto él de la forma más breve que conocía.

-¿Puedo tomar algunos?- le pregunto sonriente.

-Toma los que quieras…- le contesto tratando de estar solo con sus reflexiones.

-¡Bien!- sonrió alegre ella al tomar una bolsa y comenzar a meter montones de chocolates en ella. Él rubio tan solo veía su sonrisa.

-Hi…- quiso llamarla.

-¿Le diste el regalo?- cuestiono mientras probaba uno de los chocolates.

-Si…- contesto con la cabeza cabizbaja.

-¿Y qué tal te fue?- le pregunto.

-Bien- contesto forzando la más hipócrita de sus sonrisas. Pero no había sido lo que él quería, no, en absoluto. Su querida novia le había regalado un par de lentes de sol, regalo que tomo y sonrió. No era lo que él esperaba, esperaba algo más… sin embargo, fingió felicidad y la beso al tomar el presente dado por ella. Ella estaba feliz por el par de zapatos de tacón rojos de diseñador que él le había obsequiado y ahora… ahora ahí se hallaba con el pensamiento hecho una maraña. Se perdió un poco más mientras veía la luna…

-¡Hey Naruto!- llamo la Hyuga mientras metía la bolsa enorme de chocolates a su mochila y sacaba otra cosa…

-Mande…- respondió él con desgano.

-¡Feliz catorce de febrero!- exclamo al extenderle un sobre de papel.

-¿Qué es esto?- pregunto él asombrado y es que no esperaba a que ella le diera algo. -¡¿Qué es?!- cuestiono muy feliz mientras veía el sobre.

-¡Vamos ábrelo!- contesto ella con una enorme sonrisa, mientras se chupaba un dedo que se había manchado con chocolate.

De pronto el rubio guardo silencio, tuvo que hacerlo porque el shock fue muy grande para él. -¡Un cupón para diez tazones de ramen gratis! ¡Wow! ¡Este es el mejor regalo de todos!- grito mientras esbozaba la más bella de sus sonrisas. –Gracias Hinata…- sonrió mientras la miraba a los ojos –Eres la mejor...- afirmó mientras la veía corresponderle a su sonrisa.

-¡Lo sé!- presumió ella mientras salía de ahí. Él entonces miro el regalo de Sakura y el de Hinata; era inevitable el regalo de Sakura era muchísimo más caro que el de la Hyuga, eso se notaba a leguas, pero… el de Hinata estaba dado con mucho cariño, con mucho esmero y él en realidad no era materialista, apreciaba más un buen tazón de ramen que todo el dinero del mundo, por eso para él ese detalle había sido el mejor…

-¡Hinata!- le llamo.

-¿Sí?- pregunto mientras paraba el paso súbitamente. –Yo…- comenzó a balbucear –no te compre nada, lo siento- bajo la mirada apenado –quizás no merezco tu regalo…-

-¡Oh vamos no digas eso! ¡Me has obsequiado más que el chocolate que puedo comer! ¡Olvida el obsequio! ¡Tampoco tenías que darme nada! ¡Además mi regalo junto a esos carísimos lentes de sol no es nada!- argumento mientras veía que el rubio tenía ambos regalos: uno en una mano y el otro en la otra mano. Naruto la miro desconcertado. Se volteó para salir de ahí con el botín de chocolate en brazos, con una enorme sonrisa en la boca y es que nada le arruinaría su felicidad.

-¡Hinata!- volvió a llamar desesperado…

-¿Si?- pregunto ella repentinamente al sentir su desesperación sobre sus labios.

-¿Puedo hacerte una pregunta?- cuestionó irónicamente mientras la miraba a los ojos y se acercaba a ella para mirarla más fijamente. Ella se alarmo por la manera en la que él le miraba.

-¿Qué pasa?- dijo accediendo a su interrogante porque inevitablemente ella también tenía curiosidad por la duda de él.

Él pensó bien las cosas, ordeno sus alocadas ideas, trago saliva y poco a poco comenzó a formular su incertidumbre. -Si tuvieras un deseo, ¿Cuál sería?- pregunto creyendo saber la respuesta.

-¡Qué raro te pones! ¡¿A qué viene esa pregunta?!- cuestionó ella.

-¡Contéstame, por favor!- solicito él. Ella dio un respingo ante su desesperación.

-Yo deseo…- balbuceó, él solo la miraba, el rubio cerró los ojos creyendo saber lo que diría, se preparaba para una puñalada de su parte. –Yo deseo…- volvió a decir con un tono diferente de voz correr entre sus labios semi-abiertos –Pasar una última tarde con mi madre, eso deseo…- contesto con los ojos llorosos y por la manera en la que lo dijo pareciera que fuera la cosa más sencilla del mundo –Es el deseo más imposible que puedo pedir, el más imposiblemente caro ¿cierto? Ojala el dinero pudiera dármelo…- exclamo para luego guardar silencio, una vez más: no pretendía ser grosera con él, tan solo estaba siendo imparcial en el cuestionamiento de él –Qué ambiciosa soy…- dijo mientras tomaba sus cosas y salía de ahí. –Nadie puede darme algo así ¿cierto?- cuestionó y no esperaba a que él le contestara por eso tan continúo con su camino.

-¡Para serte sincero pensé que tu deseo más grande era tu libertad!- exclamo mientras le enseñaba el sobre de ella.

La Hyuga volteó la mirada –Yo daría hasta mi existencia misma por una última mirada de mi madre, por un último beso de ella en mi mejilla, por una última caricia o por un último: "Te quiero" mi libertad sería la más barata de las tarifas que sin duda alguna pagaría, cualquier precio estaría bien, cualquier cosa lo vale…- dijo mientras sonreía. –Supongo que pido cosas imposibles…- sonrió melancólica. –Por eso mejor me centro en mi familia y en hacerla feliz…- sonrió mientras guardaba silencio y luego tomaba la iniciativa -¿Sabes?- suspiro -A veces envidio tanto a Sakura – confesó. Él la miro sin entenderla. –Quizás sería más fácil satisfacer mi alma con cosas materiales… quizás así mi frustración se dispersaría, se iría y mi dolor buscaría morada en otra parte que no fuera mi corazón- callo un instante mientras él escuchaba sus locuras. Quizás no debió tocar esa herida que aún permanecía tan fresca como el primer día que se alojó en su corazón. -¿Sin dolor la vida no es vida, no es así? Eso dice la gente… quizás tengan razón porque hayo la felicidad en las cosas más insignificantes. Creo que la superficialidad es cara y es exclusiva de quien puede poseerla ¿no es así? Entonces los demás nos tenemos que conformar con las cosas baratas de la vida, la superficialidad priva a esos pobres mortales de los verdaderos placeres de la vida… pero sabes que… a mí nunca me ha logrado impresionar un par de zapatos, ni un coche carísimo, hay cosas tan sencillamente cotidianas que me sorprenden más que eso ¡Así que no me arrepiento de ser tan precariamente pobre, si no entonces mi felicidad estaría encerrada en un objeto material y mi alma pendería del dinero!- sonrió sin pretender continuar con su relato.

-¿Cómo qué? ¡¿Cómo que cosas logran sorprenderte?!- cuestionó sintiendo que se aproximaba a la respuesta que anhelaba porque ella a veces profería cosas que le abrían los ojos o que le ayudaban a disipar la oscuridad de sus incertidumbres. Ella permaneció callada un momento.

-Podría mencionarte tantas… pero te diré el ejemplo más reciente: ¡Tu cara de tonto al ver un simple cupón de ramen gratis!- se carcajeó.

-¿Por qué eso te sorprende?- le cuestionó sin entender.

-¡La pregunta es necia!- le reclamo, pero decidida a contestarle, lo hizo. -¡Porque hallas satisfacción en una cosa tan sencilla como un plato de ramen, me sorprende que el chico más rico de todo Japón halle placer en una cosa tan barata!- se rió, no se lo decía directamente pero ella estaba consciente de que el alma del rubio era más pura que la de cualquiera -¡Eso te hace predecible y también te hace fácil de complacer!- sonrió.

-¿Cómo?- pregunto.

-¡Es sencillo mira: es como Sakura, tú sabes que si quieres arrancarle una sonrisa solo tienes que correr a una tienda de zapatos carísimos y escoger el más caro del escaparate, dejarle "accidentalmente" la etiqueta y dárselo! No conozco a Sakura y no pretendo ofenderla con mi manera absurda de pensar, no la juzgo tampoco, porque el juzgarla no me haría mejor persona que ella, muy por el contrario, ser prejuiciosa me hace peor persona que por la que siento prejuicio, supongo que Sakura tiene un alma más pura y afable que la de cualquiera en esta escuela porque no puedo imaginarte a ti con una persona que no posea esas cualidades en su alma, sin embargo ella es un caso especial porque a pesar de tener el alma pura siente una inclinación por las cosas materiales, supongo que dado su estado económico eso no tiene absolutamente nada de malo; lo que quiero decir es que tú eres unos muchos ceros más barato, incluso con un vaso de ramen instantáneo eres feliz, tu felicidad entonces es barata… y al mismo tiempo es cara, es cara porque no cualquiera sabe que eso te hace inmensamente feliz porque si lo supiera la gente estoy segura de que tus fans te hubieran congratulado con miles y miles de tazones de ramen y entonces no tendrías esa cara larga que tienes ahora…- se burló de él.

-¿Qué te complace a ti?- le pregunto inquieto mientras sonreía al darse cuenta de que ella lo conocía tan bien que era inevitable ocultarlo. Sentía que ella con sutileza le quitaba la venda de los ojos, con sutileza y sin la intención de arrebatársela...

-¿No te has percatado aún?- le reprochó -¡Pensé que era muy predecible!-

-A veces eres más compleja de lo que crees…- le argumento.

-¡Mentira! ¡Mi felicidad es la más barata de todas! ¡Hayo el placer en casi cualquier cosa!- sonrió.

-¡Di tres!- le pidió.

Ella sonrió, no sabía porque rayos ese chico rubio tenía tanta curiosidad por lo que a ella le causaba placer o gusto, quizás era asunto de ricos que ella no lograba discernir -Me gusta ese vientecillo que sopla en el atardecer ¿Lo has sentido acaso? Quizás es un placer caro porque no está ahí cuando te plazca, no está ahí en una botella o en una vitrina, es caro porque ni con todo el dinero del mundo puedes poseerlo… me gustan las lunas en octubre y quizás ese placer es caro porque tengo que esperar hasta octubre… y mi familia es mi mayor placer, es caro porque es ¡Mi familia y de nadie más! y te daré uno extra, me gusta fastidiarte, incluso tu contribuyes con mi felicidad, es cara porque me ha costado mi libertad misma- le afirmó.

-¿Entonces, el odio que me profesas te produce placer?- le cuestionó iluso.

-¡Efectivamente!- le expuso mientras probaba otro chocolate. -¡Ya te lo dije: soy buena persona, no te creas especial!- le sonrió cómplice mientras tomaba sus cosas y salía de ahí.

El blondo sonrió ante esa confesión de ella, la veía alejarse de él mientras sentía ese vientecillo revolverle la cabellera rubia, mientras sentía sus pensamientos más claros… mientras sentía que el nudo se deshacía y le dejaba respirar con libertad.

-Es tan complejamente sencilla…- pensó al seguirla con la mirada hasta que se perdió en el horizonte de la oscuridad –Sin embargo, compartimos el mismo deseo…-

Se hallaba desesperado porque le había cuestionado lo mismo a Sakura y le había contestado el deseo más superficial que alguien pudiera pedir, no le había dado el monólogo que Hinata se dio… Y decepcionado hallo consuelo en la respuesta de la ojiperla, pero esa chica tenía razón… había cosas que el dinero no podía comprar y eso le hacía dudar de su amor por Sakura, comenzaba a pensar que ella no estaba enamorada de él sino más bien de su tarjeta de crédito que podía comprarle cualquier cosa que ella quisiera, quizás si esa chica rosada lo conociera bien ni siquiera hubiera gastado la milésima parte de lo que gasto al adquirir esos lentes, porque

digo, Hinata Hyuga no había gastado mucho y le había logrado arrancar la más grande de sus sonrisas en toda la noche… con esas reflexiones decidió partir a casa… Era cierto, la felicidad no se trataba de dinero… el dinero es engañoso y es felicidad para los mortales con el alma barata…

Más sin embargo, esa chica poseía un corazón puro a pesar de intentar disimularlo, porque incluso excusaba la tiranía y superficialidad de la Haruno…


Seguramente están pensando en lo muy demente que estoy... En este capítulo yo pretendía delatar a Sakura, el rubio es muy estúpido e inocente y hay cosas que no ve o que no quiere ver pero que sin embargo siente. Hinata sin querer se hizo cargo de abrirle los ojos... no fue su intención pero lo hizo... y le esta haciendo ver las cosas a él, cosas que no quería o que se negaba a ver...

No se si hallen la importancia en este capítulo, ojala que sí, y espero no haberlos aburrido con el monólogo de la Hyuga pero es que hay cosas que más adelante se irán revelando...

Por cierto tengo un comentario que hacer... hace poco me llego un review (Amo sus reviews) que me desconcertó mucho, en el capítulo anterior la confesión que hizo la Hyuga esa algo íntimo y personal, si, pero no era su mayor secreto, solo quiso asincerarse con él porque él lo había hecho, quizás lo mejor es que a quienes hayan entendido eso los hubiera dejado con la duda pero me escandalizo un poco u.u por eso decidí aclarar la situación que quizás por mi falta de elocuencia no se pudo entender...

Lo siento mucho, tratare de ser más clara en la siguiente ocasión.

Espero sus reviews con ansías, los amo con todo mi corazón...

Atte: Nakahara Sunako.