Como en esta no pude.

Creí que al aventarme de aquel edificio mi cuerpo sin vida impactaría contra el asfalto, y entonces mi alma seria transportada a aquel lugar que albergaba mi otra mi mitad.

Este era el fina- Me dije mientras el aire impactaba contra mi rostro, mientras mi cuerpo seguía a la gravedad. Y no pude evitar sonreír mientras mi cuerpo temblaba por el miedo infernal que lo invadía.

Había leído que moriría antes de impactar, la adrenalina aumentaba cuando el organismo se veía en una situación de peligro y mientras dicho peligro no disminuyera o eliminara, la adrenalina seguía siendo secretada. Y ello, aceleraba el ritmo cardiaco del corazón, hasta que este llegaba a la fatiga y dejaba de latir.

Pero mi cuerpo seguía cayendo, incluso cuando sentía que la adrenalina aceleraba los latidos de mi corazón, no llegaba el momento fulminante; el suelo se veía cada vez más cerca.

¿Acaso seguía siendo castigada? El amor de mi vida no me amo como yo le había amado, y después este había sido arrebatado de mis manos sin que yo pudiera decir algo. Y ahora, ahora experimentaría un dolor físico inmenso, pero ni aun así podría ir a donde estaba ella.

¿Es que, no estábamos destinadas a estar juntas? ¿Ni esta vida ni en la otra?
Te había prometido que en otra vida serias mía, que alcanzaríamos la felicidad al lado de la otra. Solo nosotras.
¿No te tendría? ¿No te tendría como en esta vida no pude? ¿Seguiría sola sin tu amor, sola sin tu presencia, sola si ti?

No, no, no. Qué triste destino me esperaba. Qué horror.

Quinn despiértame amor, Quinn te necesito, Quinn te extraño, Quinn lo siento, Quinn te amo, Quinn Adiós.

Cerré los ojos, no queriendo ver cuando mi cuerpo impactara contra el suelo.

-Quinn- su nombre fue mi último suspiro.

-Santana despierta- Acaso ¿estaba en el cielo? Podría jurar que un ángel me hablaba.

-Santana, cielo se te hace tarde- ¿me imaginaba cosas? ¿Había enloquecido?

Mis ojos se abrieron pero de inmediato se cerraron al sentir ardor causado por la luz brillante del sol.

-te dije que en la mañana no podrías ni abrir los ojos, pero alguna vez me has hecho caso-

-Quinn- susurre, obligando a mis ojos a abrirse.


Y ahí estaba mi otra mitad, sus ojos hazel mirándome tan tiernamente y a la vez tan enfurecidos. ¡Dios! Mi ángel estaba frente a mí, tal cual la recordaba.

-Quinn- volví a decir, levantándome de donde estaba recostada y aventándome a su cuerpo.
Envolví su cintura con mis brazos, la apreté lo más que pude hacia mí. Escondí mi cara en su cuerpo y al inhalar su singular aroma comencé a llorar.

-¿Linda, Estas bien?- su voz, oh! Su tan angelical voz, melodía dulce y encantadora, llena de preocupación.

"No" negué con mi cara aun en su cuello, no le permití que se despegara ni un milímetro de mí.

Tenía el deseo de fundirme en ella, de consumirme en ella. No podía deshacer el deseo de estar cerca de ella por siempre.

-¿Qué sientes?- pregunto – ¿duele algo?- Como decirle que lo que dolía ya había dejado de doler.

-¿estamos en el cielo?- pregunte, con duda de que al cometer suicidio había caído al séptimo infierno y evitando responder.

-San, si me quieres asustar para que deje de estar enojada por no hacerme caso cuando las dos sabemos que tengo la razón, no necesitas exagerar-

No estaba comprendiendo esta situación, no estábamos en el cielo pero no estábamos en el infierno. ¿Dónde estábamos?

-¿Dónde estamos Quinn?-

Sentí que la mujer tembló entre mis brazos.

-linda déjame revisarte, no me está gustando esto-

La solté de mi agarre, frente a frente, con sus ojos sobre los míos.

-¿te sientes bien linda?- Volví a negar…

-¿quieres que llame a un médico para que te revise?- volví a negar

-¿Qué necesitas linda?-

-¿podemos quedarnos en la cama…. Podrías quedarte conmigo… -

No pude seguir hablando, las lágrimas silenciosas que recorrían mi rostro se había convertido en sollozos tan profundos que no me permitían formular palabras…

Sin decir palabras, me tomo de la mano y me llevo de vuelta a la cama. Después se recostó a mi lado y me abrazo, permitiéndome llorar contra su pecho.

Si ella estaba aquí, si yo estaba aquí, y este lugar no era el cielo ni era el infierno, si ella estaba viva, si ella me amaba. ¿Qué mal tenia este lugar?

Porque sabía que nada incluso si lo pareciera era perfecto.

-Rachel- susurre y sentí, nuevamente, como el cuerpo de Quinn temblaba.

-oh San, yo también la extraño, pero debemos pensar que está en un lugar mejor y que ahí es muy feliz-

No puede ser, no, no, no. Rachel había tomado el destino de Quinn.

-¿Qué… que sucedió?- Pregunte y ella solo suspiro.

-¿no lo recuerdas?-negué una y otra vez, no queriendo exteriorizar los pensamientos oscuros. Deseando que al no hacerlo, al estar en negación esto pudiera cambiar lo que mi corazón ya había aceptado.

-Ella se enamoró de ti… y después de que tú y yo nos casáramos, se suicidó- ¡Dios! ¿Qué hice? ¿Qué cambie?

-¿hace cuánto?-

-un año- Su voz se quebró, y tal como yo, lloro.

Dije que era egoísta, y que lo seguiría siendo… y que Rachel se podría ir al infierno….

Y ahora ella estaba en el fin de un camino que Quinn y yo habíamos tomado en otra vida.

Este era el precio por mi felicidad…

¿Valía la pena?

¿Podría seguir siendo egoísta?

No hay más ni menos cuando se habla de una vida, pero como podía elegir entre mi otra mitad y la mujer que estuvo para mí cuando el amor de mi vida decidió que ya no podía seguir, y que no pensó en mí, solo en ella misma.

Supongo que al pedir el deseo egoísta de volver a tener a mi otra mitad aunque fuese en otra vida, no pensé en las consecuencias que traería dicho deseo.

Causa y Efecto: Rachel o Quinn.