ELLOS

– Hades, Zeus ¿se refiere a los dioses griegos o es simple coincidencia? – Pregunto él

– No, tú naciste como un Dios al igual que tus primos, los hijos de los tres grandes, tú verdadero nombre es Antares príncipe del inframundo, pero por motivos de seguridad no podían permanecer con nosotros y decidimos que la tierra sería el mejor lugar para ustedes, lamento haberte dejado con los Potter, realmente creí que te protegerían, jamás imagine que una vidente vería en ti al elegido de los magos, lo lamento mucho cariño – Le dijo Perséfone acongojada.

– ¿Entonces cuando cumpla los dieciséis años podré regresar con mi verdadera familia? – Pregunto él, aun sin poder creerlo.

– Si, pero de momento con el incremento de tu esencia divina has llamado la atención de las criaturas del tártaro y debemos protegerte – Le contesto la castaña.

Harry la miro interrogante y ella extrajo una cadena plateada que poseía un dije con la cabeza de un grifo, se la dio a Harry que aun extrañado se la coloco alrededor del cuello, Perséfone sonrió, le dio un último y sorpresivo abrazo a Harry, después de decirle que no confiara en nadie le dio un beso en la frente, les dijo a ambos magos que debían irse de regreso a Hogwarts, cogió la copa y con chasquido de sus dedos ambos magos desaparecieron.

Los chicos cayeron de bruces en medio del gran comedor, Harry sentía su estómago revuelto, a su lado Cedric parecía estar en una situación igual, poco a poco el pelinegro se calmó y respiró hondo, se puso de pie fijándose que a su alrededor todos estaban estupefactos mirando a los dos magos.

– ¡Están a salvo! – Grito de pronto alguna chica y el silencio fue roto por las exclamaciones de asombro.

Y repentinamente el pelinegro se vio envuelto por dos fuertes brazos que lo empezaban a ahogar, su magia instintivamente reacciono y lanzo una pequeña descarga, cuando al fin se vio libre del asfixiante abrazo sintió que alguien lo cogía del brazo y lo arrastraba apartando a los estudiantes

– Harry ¿Muchacho estas bien? – Le pregunto el director.

– Si, estamos bien, Cedric y yo – Contesto el pelinegro.

– Sé que debe haber sido una experiencia traumática, pero cuéntame ¿Qué fue lo que sucedió? – Le pregunto el hombre.

– Yo también quisiera saber ¿Qué ha ocurrido, señor Potter? – Pregunto Fudge.

Nada muy relevante, cruzamos el laberinto, Cedric y yo tomamos la copa al mismo tiempo que resultó ser un traslador, luego aparecimos en un cementerio en donde había un loco que hablaba sobre revivir a Voldemort, le lanzo un hechizo de desmayo a Cedric y a mí.

Cuando desperté se encontraba haciendo un extraño ritual, pero todo le salió mal, el caldero exploto y supongo que el sujeto murió allí.

Yo me desmaye por segunda vez y cuando desperté ya había amanecido, le sugerí a Cedric coger la copa nuevamente para ver si podíamos volver y resulto – Dijo Harry de lo más tranquilo.

– ¿Es eso cierto señor Diggory? – Pregunto Fudge.

– Sí, creo que sí, no recuerdo nada ya que me desmaye apenas llegamos y cuando desperté ya había amanecido – Dijo Cedric viendo al pelinegro que estaba muy entretenido viendo sus zapatos.

– Bueno, si no hay más preguntas me gustaría ir a descansar, realmente fue un viaje muy feo y dormir en el suelo de un cementerio no es cómodo – Dijo el pelinegro mientras se levantaba.

– por favor vayan a la enfermería, Poppy no me perdonaría si no dejo que los revise y se asegure ella misma que están bien – Dijo Dumbledore mirando alternativamente a los dos chicos.

– Yo los acompañare – Dijo de pronto Snape.

– Te lo agradecería mucho Severus – Dijo el director.

Los dos chicos se encaminaron hacia la puerta y cuando Harry se cruzó con el ministro le susurro – Abre bien los ojos, el mago oscuro camina una vez más entre los vivos – Fudge abrió los ojos sorprendido pero no dijo nada, aunque su expresión de terror y sorpresa no pasó desapercibida para Snape y Dumbledore.

Al llegar a la enfermería madame Pronfrey les lanzo varios hechizos para comprobar que realmente se encontraban bien, después de comprobar que efectivamente no tenían nada grave nada más que uno que otro moretón y heridas superficiales, la enfermera les permitió retirarse.

Al llegar a la sala común el pelinegro se encontró con toda su casa metida en una fiesta, celebrando que Harry había ganado el torneo, Seamus y Dean lo tomaron de ambos brazos y lo arrastraron hacia el centro de la fiesta en donde los gemelos intentaron ponerle el estandarte de Gryffindor como capa.

– Harry, que bueno que hayas regresado – Dijo alegre Hermione.

– Si compañero, además de que eres el campeón de Hogwarts – Agrego Ron sonriendo.

– Pues yo no gane, el ganador fue Cedric y el ministro lo sabe – Contesto Harry.

Toda la fiesta se detuvo, los Gryffindors miraron a Harry como si este acabase de soltar la más terrible palabrota, él parpadeo y los miro a todos interrogante.

– Pero hay que estar alegre de todas maneras, fue Hogwarts quien gano – Dijo, poniendo su mejor sonrisa.

– Harry ¿Es broma verdad? tú y Cedric llegaron juntos, además es obvio que es un empate – Dijo Ron.

En teoría, yo ni siquiera debí haber participado y por ser menor de edad fue altamente irresponsable el que me dejaran participar, así que mi nombre a pesar de figurar en la lista interna de los concursantes, en la lista oficial solo hubieron tres competidores, así que yo no gane, además fue Cedric quien llego primero, yo solo acabe cogiendo la copa de pura casualidad – Les explico el pelinegro mientras se hacía espacio para llegar al dormitorio de los chicos de cuarto.

Harry sujetaba entre sus dedos el dije, Cedric le pregunto un montón de cosas sobre todo que era eso de dioses griegos, Harry se río, era claro que el mayor no tuviese ni idea, después de todo los magos no tenían la misma educación que los niños muggles y eso era un alivio, porque después de explicarle un poco, claro que obviando varios cosas, le hizo prometer que no le diría a nadie sobre la dama, aunque el profesor Dumbledore y el ministro querían saber todo lo que había pasado, Cedric les dijo que él se había desmayado apenas llegaron al cementerio y Harry dijo que no recordaba mucho, ya que apenas llegó lo habían aturdido también.

Aunque inconforme con esa declaración, los dos adultos los dejaron en paz y no preguntaron más, después de eso Harry se fue a dormir a la torre de Gryffindor, cerro las cortinas y se sentó en la cama, era extraño que todas las heridas de la batalla ya habían desaparecido, incluyendo al enorme corte que tenía en el antebrazo, paso su mano por su piel y no hallo siquiera una cicatriz.

La puerta se abrió, escucho a los chicos de cuarto entrar y hablar de cómo era posible que Harry hubiese dicho que Cedric ganó, cuando ambos regresaron juntos, Ron estaba molesto y no quería hablarle, pero a Harry eso ya no le importaba. Sus únicos pensamientos eran si sus padres… ¡no! los Potter, ya que no estuvieron la noche que Voldemort desapareció.

¿Dónde estaban? ¿Y por qué lo habían abandonado?

Otra cosa que rondaba su mente era la existencia de su hermana, porque su… madre la había mencionado, Jezabel, ese era el nombre de su hermana, tenía mucho que averiguar.

Con esos pensamientos se fue quedando dormido.

Volver con los Dursley nunca le pareció tan bueno como aquel día, cuando bajo del tren y se alejó de todos, el viaje en tren había sido muy agobiante, todos lo miraban y murmuraban a sus espaldas, Ron no quiso dirigirle la palabra y Hermione cansada de la actitud de ambos se fue con Ginny al compartimiento que se encontraba al lado. Harry también harto de la actitud de su amigo salió del compartimiento y se fue a recorrer el tren, en uno de los pasillos se encontró cara a cara con Malfoy, el rubio lo miro durante un minuto, después paso de largo ignorándolo, Harry escuchaba a todos susurrar cuando lo veían pasar.

Ya cansado empezó a rogar mentalmente el llegar pronto a la estación, jamás un viaje le pareció tan largo como aquel, finalmente cuando llegaron el pelinegro fue el primero en salir y alejarse de todos, a sus espaldas podía sentir las miradas de reproche de sus compañeros y las de decepción de los Weasley.

Cuando finalmente cruzo el muro encantado y se encontró con su tío Vernon pudo respirar con tranquilidad, aunque se estaba preguntado ¿Dónde estarían Sirius y Remus?

– ¿Cómo es posible? – Pregunto el hombre de cabello negro y ojos azules

– ¡Tuvimos que hacerlo! Lili estaba embarazada y Harry correría peligro si estaba con nosotros… –

– ¿Cómo fueron capaces de dejar a Harry con los Dursley cuando saben cuánto odian la magia? – Les pregunto el hombre lobo.

– Dumbledore dijo que él estaría seguro allí, además ha estado bien, no le ha faltado nada – Contesto la pelirroja.

– Creí conocerlos, pero mira cuan equivocado estaba – Les reprocho el castaño.

– Remus, tu habrías hecho lo mismo, si te hubieras estado en mi lugar – Contesto James.

– Sirius, nos vemos después – Dijo el castaño mientras salía dando un portazo.

La casa quedo en silencio, hasta que de la chimenea salió el director de Hogwarts que al ver las caras de los presentes suspiro.

– Remus no tomo muy bien la noticia – Dijo el anciano.

– ¿Harry ha vuelto a casa de los Dursley? – Pregunto Sirius tratando de cambiar de tema.

– Si, estará allí durante unas semanas antes de que lo podamos traer aquí, sé que él comprenderá todo, es un buen muchacho – Dijo Dumbledore con todo el aire de un abuelo elogiando a su nieto.