Disclaimer: No soy JKR, ni pretendo serlo, así que todo lo que está aquí, salvo cuatro cositas contadas, pertenecen a esta gran escritora.

N/a: Gracias a mis adorados y adoradas lectores y lectoras y, en especial, a Diane Potter ;)


A veces, todo daño tiene su recompensa...

–¡James! ¡James!

Había una voz lejana que le llamaba. No era capaz de distinguir si era de hombre o de mujer, si la conocía o si no. Sólo sabía que era su nombre. A la voz, que continuaba llamándole, se le unió un nuevo sonido, casi musical, similar a un suave silbido. Notó un cosquilleo en los pies, o al menos donde éstos deberían estar, porque no estaba seguro de si seguían allí. Su cerebro era incapaz de dar órdenes que se cumplieran.

–¡James, por favor!

La voz parecía más cercana y el silbido cada vez más feroz. Un escalofrío le recorrió, recordándole donde estaba cada parte de su cuerpo: las manos, los brazos, los pies, las piernas, la cadera, el pecho, la cabeza,... Parecía estar todo en su sitio, aunque uno de los brazos simulaba un ángulo anormal. El frío se quedó en su interior, salvo en el brazo derecho, que le ardía. Comenzó a tiritar mientras un nuevo sonido llegaba a él. Parecía un crepitar muy tenue, en un tono más bajo que el terrible silbido que aullaba, abriéndose paso sobre el pitido que le ensordecía.

–¡James! ¡James, despierta!

La voz volvió a él, más clara, más nítida. Por fin la reconoció: era Lily. Pero había más voces de fondo, voces masculinas, voces femeninas, voces jóvenes, voces adultas, voces de miedo, voces de ira,... Pudo distinguir la áspera voz de Remus, los gruñidos de Sirius, la chillona y tartamuda voz de Peter, el apagado tono de Marlene. Y, por encima de todos ellos, seguía la voz de Lily. Abrió lentamente los ojos y descubrió un cielo negro, casi nocturno, sobre ellos. No quería parecer débil, así que sonrió de medio lado, pero el gesto se convirtió en una mueca desagradable.

No sabía dónde estaba, ni si seguía vivo (aunque, a juzgar por el dolor del brazo, sí que debería estarlo), pues todo lo que reconoció era caos. Había llamas, humo, un fuerte viento y una fina lluvia que había comenzado a caer. Los ojos de Lily le miraban expectantes, quizá esperando una palabra, un movimiento, pero James se sentía demasiado mareado como para hacer nada. Tenía la sensación de que, si abría la boca para intentar hablar, vomitaría. Cerró de nuevo los ojos, tratando de respirar con normalidad, pero le dolía muchísimo el costado. Se sentía como si, de pronto, estuviera tumbado sobre una escoba fuera de control y todo el suelo comenzase a dar vueltas. Trató de aferrarse a la tierra, la piedra, la arenisca del suelo, pero el dolor del brazo le sacudió por completo. Pudo distinguir de nuevo la voz de Lily, pidiendo ayuda y gritando una y otra vez su nombre. Sonaba tan bien que estaba seguro que, antes de perder de nuevo la consciencia, había sonreído de verdad.

No supo cuánto tiempo permaneció en aquella oscuridad, pero cuando despertó de nuevo se sentía mejor. El calor le invadía por completo y estaba tumbado en un confortable colchón. No había voces ni silbido ni crepitar a su alrededor. Tan solo oía el suave repiqueteo de la lluvia contra los cristales y varias respiraciones calmas, cargadas de sueño, a su alrededor. "Ha sido todo una pesadilla", se dijo, "ahora me levantaré y bajaré a la sala común". Abrió con lentitud los ojos y observó el techo emborronado de piedra. No estaban los doseles escarlata y, al estirar su mano, alcanzó sus gafas, pero aquella no era su mesita de noche.

Cuando recuperó la nitidez en la mirada, un nudo le aprisionó la garganta. Emitió un suave quejido e intentó mover los pies, pero tenía algo encima que los aprisionaba. Se incorporó con lentitud. Todo estaba en una tenue penumbra, lúgubre. Había una lucecita a su lado, pero no era suficiente para iluminar el bulto que respiraba trabajosamente sobre sus pies. Unos ojos grises, brillantes, casi amarillos ante la luz, le miraron fijamente y emitieron un gruñido perruno. James sonrió mientras el perro se incorporaba sobre sus cuatro patas y se acercaba a él para lamerle la cara.

–No, no. Bájate de ahí –le reprendió una voz a la izquierda del muchacho. "Lily". –Vamos, bájate –Contempló la figura de la chica moverse en la penumbra, con gestos aún adormilados. –¡James! –Exclamó, sonriente, cuando consiguió apartar al perro de encima de su cama. –Siento mucho lo del perro este. Apareció a media noche y no se ha despegado de tu cama. Me daba pena echarlo –James sonrió al animal y le acarició entre las orejas. –¿Cómo te encuentras?

–Bueno –su voz sonó más ronca de lo que la recordaba, pero firme y sincera. –He tenido días mucho mejores –musitó en un susurró. –¿Qué ha ocurrido? –Preguntó, observando las magulladuras del rostro de la chica.

–Fue una emboscada. Lo de Snape en la biblioteca era una farsa –murmuró con rabia contenida–, y yo me la creí como una imbécil.

–Ssh... –la calmó James. –No es culpa tuya, ¿recuerdas? Remus y yo ya habíamos tomado la decisión de seguirles mucho antes de hablar contigo.

–Lo sé, pero aún así... –se cayó, bajando la mirada. James se echó hacia un lado. Al moverse se mareó levemente, pero no dijo nada. Palmeó el espacio libre, invitando a la chica sentarse. Cuando estuvieron los dos acomodados, Lily sentada con las piernas cruzadas al pie de la cama y James algo más erguido sobre media docena de almohadones, la pelirroja continuó. –Avery me alcanzó con uno de sus hechizos y me desmayé. Cuando me desperté, la casa que tenía delante había estallado y tú estabas detrás de mí, inconsciente. Aún no sé como lo hice, pero me puse en pie y me enfrenté a Avery de nuevo, pero cada vez había más y más gente. Remus se batía con Nott y Carrow cuando más personas aparecieron en el callejón. Supongo que el ruido no jugó a su favor porque no tardaron en aparecer más alumnos y algún profesor.

Hizo una pausa al mirar su reloj de pulsera. Se bajó de la cama y tomó una pequeña jarrita con un líquido morado que vertió en un vaso. Echó un poco de agua y lo revolvió con cuidado de no derramar nada. Se lo acercó a James a los labios y con una mirada le dio a entender que, o se bebía aquella poción o no habría más historia. En aquel momento, el moreno se dio cuenta de que el perro ya no estaba a su lado, sino en los pies de la cama de su derecha. No sabía quién estaba allí, aunque supuso que sería algún conocido. "Remus..."

–¿Quién...?

–Es Marlene –respondió la pelirroja, dejando de nuevo la copa en la mesilla y sentándose de nuevo en la cama, esta vez en la cabecera, junto al chico. –¿Quieres que siga o prefieres dormir un poco?

–¿Qué la ha...? –James entendió que no iba a decirle nada, así que se resignó. –Sigue, por favor.

–Sirius y Amy fueron los primeros en aparecer y la verdad es que estuvieron brillantes. Sirius es un gran duelista, aunque jamás lo admitiré delante de él –el perro soltó un suave ladrido, demasiado parecido a la risa humana. –Marlene llegó poco después y, bueno, es una bruja brillante pero... –hizo una mueca de disgusto y se encogió de hombros. –Noqueó a Carrow, pero creo que fue un accidente en realidad –James sabía que la Ravenclaw era un desastre bajo presión: la podían los nervios. –Claro, que también la dieron a ella y salió volando. Está bien pero se golpeó en la cabeza y madame Pomfrey decidió dejarla en observación.

–¿El resto?

–Están todos bien. McGonagall apareció y huyeron como ratas asustadas –sonrió, orgullosa, aunque el gesto fue tornando levemente en tristeza. –Nadie nos cree –murmuró con pesar. –Cuando los profesores llegaron, todos los alumnos implicados habían desaparecido y los que no pertenecían a la escuela tuvieron cuidado de no ser descubiertos. Es terrible acusar a alumnos de hacer semejante acto vandálico, dijo McGonagall –hizo un mohín de rabia mientras se hundía más y más en la cama hasta quedar a la misma altura que James. –No es justo.

–No, no lo es –el muchacho acarició su pelo con torpeza, pues tenía un brazo inmovilizado sobre el pecho con una venda que protegía también sus costillas. –¿Tú estás bien? –le preguntó, bajando aún más la voz.

–Sí. Sólo tengo algún hematoma y un par de cortes. Es más... –paró, buscando las palabras adecuadas mientras jugueteaba con el borde de la sábana que cubría a James –Es más el orgullo. Me fastidia no haber podido hacer más, que tú estés aquí, que Marlene resultara herida, que Remus haya tenido que sumar un par de cicatrices más a su largo historial,...

James apoyó su cabeza sobre la de la chica y besó suavemente su pelo, sin decir nada. A él le pasaba igual. Debía reconocer que estaba asustado, que el no tener el control de la situación lo había dejado en una posición totalmente desconocida para él. Pasaron largo rato así, hasta que la respiración de la pelirroja, lenta y acompasada, le indicó que se había dormido. Con cuidado, y sin poder evitar encontrarse mareado y débil, se bajó de la cama. El gruñido de perro le hizo volverse hacia él.

–Cállate, Canuto –le espetó, malhumorado. El perro fue despareciendo al tiempo que tomaba forma humana, dejando así a su amigo al descubierto. –No deberías hacer eso aquí.

–¿Quién me va a ver? Evans está dormida y Pomfrey hace horas que se encerró en su habitación. No hay peligro.

–Puedes volver a la sala común si quieres –tanteó James. Necesitaba que el muchacho se fuera para poder hablar con Marlene. –Yo estoy bien, puedo cuidar de ella.

–No me preocupa que la cuides, me preocupa que la de un infarto cuando vea la cara de zombie que tienes... De cualquier modo, prefiero quedarme por si necesitáis algo –se encogió de hombros y se rascó la cabeza de manera distraída.

–Quizá Amy esté preocupada –James no quiso decirlo, pero no le quedaba más remedio que cabrear a su amigo. Sabía que le duraría poco, pero se libraría de él durante un rato.

Sirius alzó las manos en gesto de rendición y soltó un gruñido muy similar al que podía haber soltado el perro minutos antes. El muchacho volvió a su forma animal y salió de manera apresurada de la enfermería. James sintió una punzada en el pecho. Quizá podría haber permitido que se quedara allí con él, haberle contado todo. Negó con la cabeza y se acercó a la cama de Marlene. No. Le debía aquello a la chica. Se conocían desde niños y si había algo que preocupaba a la morena, estaba seguro de que se lo contaría a él, sin nadie más delante. Cuando traspasó el cortinaje que ocultaba la cabecera de la cama, se sintió intimidado por los ojos verdes de la Ravenclaw.

–Estás despierta.

–Estás vivo. Sirius tiene razón: pareces un zombie –rió suavemente, aunque su voz sonaba cansada. –Siento el olor a perro mojado. Creo que alguien debería dar un baño a su forma perruna.

–¿Cómo estás?

–Bien...

–¿Cómo estás? –repitió James, dando más énfasis a cada una de las palabras, esperando un poco de sinceridad.

–¿Cómo voy a estar? Sólo me golpeé... Oh, está bien –se rindió ante la mirada de su amigo. –¿Qué diablos pasa?

–Eso es lo que quiero saber. Te vimos hablando muy acaramelada con Rosier en la fiesta de Slughorn, después nos abandonabas de manera misteriosa,... Oí a Rosier hablar con Snape, ¿sabes? –el rostro de la chica palideció. –¿Tienes algo que contarme?

–Y-yo –la había cazado –yo no sé de qué me hablas...

–¡Marlene! –le increpó, susurrando para no despertar a Lily y no atraer la atención de la enfermera del colegio. –Soy tu amigo, o eso se supone. Puedes contármelo.

–James... –musitó, a modo de súplica mientras cerraba los ojos y se dejaba caer sobre los almohadones. Se tapó la cara con las manos mientras enrojecía de golpe. –Está bien –susurró. –He salido un par de veces con Rosier.

–¿Qué? –Aquella no era la respuesta que esperaba.

–Nada romántico: ni citas, ni palabras bonitas... Sólo sexo –estaba roja como un tomate y miraba desilusionada al muchacho. James no supo que decir, sólo abrió la boca y la volvió a cerrar, sintiéndose como un estúpido. –Sé que no era el tipo más recomendable, pero... No sé... Ocurrió una vez y después era como... No sé explicártelo... Tiene algo atrayente –comentó, avergonzada.

–Estoy seguro de ello: una marca preciosa en su antebrazo.

–Yo no vi ninguna –afirmó, segura. James dudó un instante, pero no le replicó. Ella había tenido ocasión de comprobarlo mejor que él. –No sabía que estoy iba a ocurrir, James, te lo juro.

–Ayer, entonces...

–Sí, había quedado con él.

James se sentó en la cama, junto a la chica. Estaba un tanto mareado por aquella información. No había nada en Marlene que le hiciera pensar que mentía, más bien al contrario. Casi podía escuchar su mente, llamándose estúpida. Lo cierto es que parecía abatida.

–Tú no tienes la culpa, Marls –ella le sonrió, agradecida. –¿Alguien más lo sabía?

–Yo no se lo conté a nadie. Pero, por lo que parece, él se lo ha contado a Quejicus... No sé si alguien más lo sabrá.

–No. No, no. Lo de Snape no tiene nada que ver –comentó, negando con la cabeza para despreocuparla. La contó todo lo acontecido desde la noche de Halloween hasta aquella tarde. –¿No te comentó nada Rosier?

–Sólo sexo, James –murmuró ella, con una sonrisa de medio lado.

El chico volvió a su cama. Lily le observaba, expectante, en total silencio. Le sonrió con suavidad y se hizo a un lado, para dejarse espacio suficiente. James se tumbó, cansado. De golpe se dio cuenta que todas sus hipótesis se habían ido por tierra y que, en realidad, no tenía ni idea de qué hacían sus amigos cuando no estaban con él. Definitivamente, ya no tenía el control sobre nada.

Lily se acurrucó junto a él y le quitó las gafas con cuidado. Las dejó sobre una mesilla y se volvió para mirarlo. Estaban cerca, muy cerca. James podía sentir el cálido aliento de la chica; él se había olvidado de respirar. La pelirroja se acercó más y le besó la frente con suavidad antes de quedarse a escasos milímetros de él.

–Buenas noches, James.

El chico sonrió y noto, de pronto un fuerte sopor. La poción comenzó a hacer efecto. "No, ahora no..." Quiso moverse, alcanzar los labios de la chica con los suyos. Estaban tan cerca...

A la mañana siguiente, madame Pomfrey dio el alta a Marlene, pero obligó al muchacho a quedarse. A la hora del desayuno, la enfermera, cruel y despiadada, en opinión de James, obligó a Lily a salir también. Antes de que se fuera, la pidió que avisara a sus amigos de que estaba bien. Ella asintió y, sonrojada al sonreír, se despidió. A pesar del brazo inmovilizado y las costillas fisuradas pero "casi perfectas, Potter", en palabras de Pomfrey, James se sentí feliz. Marlene no tenía tratos sucios con Rosier, sus amigos estaban bien, a pesar del ataque, y Lily... Lily había pasado la noche a su lado, aunque cuando se despertó ella permanecía sentada en una butaca, a su lado, leyendo. Pero el aroma de la almohada la delataba.

No tardaron en aparecer los merodeadores, para disgusto de la enfermera. Les prohibió alzar la voz y les obligó a dejar sus varitas en la entrada, lejos de la cama de James. Él les recibió con una sonrisa que ellos, incluso Sirius, le respondieron.

–Anoche hablé con Marlene –Remus asintió, pero los otros dos le miraron sin comprender. James les resumió todo lo ocurrido, hasta el relato de aquella noche. –Así que Marls está limpia.

–Eso es un decir –musitó Sirius, con el gesto algo crispado. –He oído decir de todo sobre él... Y nada bonito –James le miró extrañado. –Bueno, las tías, cuando están en la cama, suelen hacer comentarios, ¿sabéis? –James y Remus asintieron para que continuara más que como una afirmación a sus palabras. "¿Seguirá Remus siendo virgen?" Peter negó. –Una chica de Slytherin... No me preguntéis el nombre, no lo recuerdo. Era rubia y alta, y tenía un acento raro... Bueno, da igual. Esa chica me dijo que Rosier era un auténtico bestia. Que le gustaba hacerlo en lugares raros, que le ponía el que estuviesen apunto de pillarles y que no le importaba hacer daño si con eso él quedaba satisfecho.

–Ya, bueno, a mí, la vida sexual de Rosier, me importa poco y Marlene es mayorcita para saber lo que hace –comentó Remus, encogiéndose de hombros. –Lo que me preocupa ahora es saber de quién hablaban la otra noche.

–¿Y-y eso q-qué imp-porta? –preguntó Peter.

James puso los ojos en blanco y se limitó a ignorarle. Continuaron charlando, sonsacando hipótesis sobre qué podían estar tramando los Slytherin y el muchacho no pudo evitar sentir cierta nostalgia. Años atrás, cuando se reunían así, siempre era para preparar alguna trastada cuya mayor consecuencia podía ser una semana de castigo limpiando los retretes del colegio. Ahora, sus vidas podían correr peligro y terminar como él, encerrados en la enfermería a expensas de su recuperación.

Al mediodía, Marlene se pasó por la enfermería y se unió a las hipótesis de los muchachos. Cuando Remus la preguntó cómo estaba, ella se limitó a sonreír y asentir con la cabeza. James se percató de que la muchacha parecía ausente, como si su mente estuviese lejos de allí. El chico se destapó cuando el sol otoñal se abrió paso entre las nubes y se coló a través de la cristalera. Los rayos le golpeaban en la espalda y todos empezaban a sentirse incómodos. Remus y Sirius se quitaron la capa y remangaron la camisa. Marlene, sentada a los pies de la cama, se quitó la sudadera y a ninguno le pasó inadvertidos los hematomas de su vientre.

–¿Y eso? –gruñó Sirius.

–¿Cuál? No, nada –dijo, bajando la camiseta. –En el último entrenamiento me caí...

–Joder, por lo menos podías tener la decencia de mentir bien –saltó Sirius, sobresaltando a todos. –Es por culpa del ataque, me golpeé cuando me noquearon, me los hizo Rosier mientras follábamos... –la chica enrojeció con el último comentario, pero permaneció altiva.

–¿Y a ti que cojones te importa, Black? ¡Es mi puñetera vida!

–¡Y tu puñetera vida ha puesto en peligro la de los demás!

Marlene se puso en pie y salió de manera precipitada. Nadie dijo nada. James tenía una piedra en el estómago, sin saber muy bien qué hacer o qué decir. Por suerte, la puerta se abrió de nuevo y atrajo la atención del grupo. Lily se quedó parada un instante, mirándoles, sin entender qué ocurría. La señora Pomfrey asomó su cabeza por la puerta del despacho y les lanzó una mirada agresiva, a modo de primera advertencia. La pelirroja se sentó en el lugar que antes ocupaba Marlene y les miró, sonrojada.

–Me largo. Te veo luego, Cornamenta. Evans, cuídamelo.

–Sí, nosotros también, ¿verdad, Peter? –Remus le dio un codazo muy poco discreto, lo que provocó una risita en Lily.

Se despidieron con la mano y salieron de la enfermería, para alivio de madame Pomfrey, que se acercó a la cama. Dio una jarrita idéntica a la de la noche a la chica y desapareció. James arrugó levemente el ceño.

–¿Hoy también vas a drogarme?

–Yo no te drogué. Además, mira el color, este azul.

–Anoche pude besarte...

–Pero no lo hiciste.

–No, no lo hice.

–Pero podrías haberlo hecho –Lily sonrió, enigmática. –Me he cruzado antes con Marlene y no tenía muy buena cara.

–Sirius y ella han discutido... Creo. Bueno, se han gritado un poco y Marlene se ha largado. Últimamente están muy raros estos dos.

–No les conozco lo suficiente –comentó la chica, encogiéndose de hombros. –Tienes que tomarte esto –lo acercó a su nariz e hizo una mueca de asco. –Lo rebajaré con agua, tiene pinta de ser asqueroso... Debe ser para los huesos.

Vertió el líquido en una copa. Era espeso y parecía caliente. Lily echó algo de agua y lo revolvió hasta que pareció que podía ser tragado. La chica se sentó a su lado, en la cabecera, mirándolo de frente y con la nariz arrugada por el olor. Le pasó la copa con un gesto de aprensión y le instó a beberlo. James se incorporó y cogió la copa. Dio un pequeño sorbo y ahogó una arcada. Era repulsivo. Sin embargo, bajo la mirada de Lily no quería quedar como un niño que se negaba a tomar la medicina, así que lo bebió de golpe. Fue como si una masa de hormigón se instalara en su estómago y empezase a expandirse por todo su cuerpo. Lily le quitó la copa y le agarró la mano, con gesto preocupado ante la mueca de dolor que tenía.

–Todo va bien –le susurró, apretando suavemente la mano del chico. –Vas a recuperarte pronto y a volver a molestarme por los pasillos antes de que te des cuenta –James sonrió, pero no dijo nada, porque trataba de contener el dolor.

Fue un rato angustioso para el chico, pero Lily no se separó de su lado ni un instante. Trató de darle ánimos, de hacer aquel rato más llevadero, y lo consiguió. Media hora después de haber empezado, el dolor desapareció. Sintió un confortable calor en su interior y su estómago volvió a la normalidad. Estaba sudoroso y tenía el cuerpo entumecido. De pronto se dio cuenta de la fuerza con la que apretaba la mano de Lily y la soltó de golpe.

–¡Lo... Lo siento! –se disculpó. –Espero no haberte hecho daño. De veras que lo siento, Lily.

–No pasa nada –dijo ella, sonriéndole y apartándole el pelo de la frente, que se había quedado pegado por el sudor. –Te dije que ibas a recuperarte pronto y quería estar a tu lado.

James se incorporó hasta quedar a la altura de Lily.

–Dijiste que podía haberte besado.

–Lo dije, sí.

Lily se acercó, despacio, hasta quedar a unos centímetros de distancia del chico. Le miró directamente a los ojos y James sintió como el corazón se le desbocaba. Fue él quien recortó el espacio que los separaba, posando con cuidado sus labios sobre los de la pelirroja. Percibió su olor a fresa, la calidez de sus mejillas al sonrojarse. Se separó levemente, con una estúpida sonrisa en los labios, más feliz de lo que nunca se había sentido, para tomar aire antes de besarla de nuevo, esta vez con más intensidad mientras ella le acariciaba el pelo y la nuca.

–¡Ejem! –un carraspeo les puso alerta y se separaron como su hubiese un resorte entre los dos. –Creo que el señor Potter ya está perfectamente, señorita Evans. Podrá verle mañana en su sala común, cuando le dé el alta.

Lily se sonrojó aún más, casi igualándose el tono de su piel con el de su pelo. Se aproximó a James y le besó con suavidad en la frente a modo de despedida y salió del lugar, seguida de la enfermera, a quien James dedicó una muy poco sutil mirada de odio. Se dejó caer sobre los almohadones, sonriendo, mientras miraba el techo. Acababa de besar a Lily Evans y ella no le había golpeado. Quizá debería hacer cosas nobles y heroicas más a menudo.


N/a: Lo de siempre, cualquier crítica, halago, regañina o alabanza, será bien recibida, ¡que para eso están los reviews!