Solo para pasar el tiempo, una serie de drabbles (historias de no más de quinientas palabras) sobre los hermanos Dixon. Me indigna demasiado que en este lado del fandom no haya nada de ellos, con lo geniales que son, ¡por el amor de dios! En fin, nada de The Walking Dead me pertenece, excepto el pasado de estos dos, que voy a reconstruir como se me plazca.


No soy tu padre

¿Quién es Merle Dixon? ¿Un joven problema? ¿Una decepción de hijo?

¿Un hermano dedicado? ¿Un hermano ejemplar?

Tal vez sea más preciso hablar de quién fue Merle Dixon. Un neonazi, un fascista extremo, ¿un incomprendido?

Él sí creía que no correspondía con el entorno que le rodeaba… Él no merecía vivir en un remolque, en un campamento de mala muerte de las montañas del norte de Georgia.

Él no merecía trabajar durante más de quince horas en una granja. No merecía tener un hermano bueno para nada, que se la pasaba haciéndole preguntas y obligándolo a jugar con él. Fingir que eran dos fugitivos, o dos soldados o dos elfos o lo que se le ocurriera a su pequeño cerebro de niño de seis años. Si de algo estaba seguro en su vida, era que no era el padre de Daryl y si no era el padre de Daryl, ¿por qué ese niño le insistía y lo molestaba tratando de llamar su atención? ¡Ellos tenían un padre, por el amor de dios!

Aunque si se lo pensaba mejor, ¿lo tenían?

¿Tenían un padre?

Tenían un padre. Un padre ausente, un borracho perdido, un tiro al aire. Ese hombre vivía más en el bar del pueblo que en su propio remolque. No lo culpaba. Él mismo quisiera pasar las horas bebiendo, alejado de la realidad. Pero algo se lo impedía.

Algo lo ataba a querer permanecer en su casa. Más bien alguien, su hermano pequeño. Su little brother. Él lo necesitaba, quizás más de lo que ambos necesitaban a su padre.

Pero no todo sale bien, no todas las familias son la Ingalls. La suya, especialmente.

Merle también se ausentaba, se ausentaba como lo hacía el padre de Daryl, como lo hacía su padre. No para beber, sino para pagar por no hacerlo.

Si Merle estaba en su casa, significaba que debía robar. Robar para alimentar a Daryl.

Significaba que debía vender drogas, para pagar el nuevo colegio de Daryl.

Significaba que debía amenazar, para que no se acerquen a Daryl.

Significaba que debía ser violento, para defender a Daryl.

No le importaba de quién, no le importaba contra quién.

Lo único estable y verdadero en su vida era ese pequeño niño, que lo trataba como a un padre.

— No soy tu padre. Soy tu hermano — decía con fastidio.

— Soy tu hermano — repetía Daryl con voz de niño.

No podía evitar mirar su propio reflejo en esos ojos azules.

¿Se vería a sí mismo, alguna vez, de la forma en que su hermano lo veía?