Punto de vista de Ana

Cuando noté que me ayudaba a bajar del coche, mi sonrisa tomó vida propia y se adueñó totalmente de mi cara. AL bajar totalmente del coche, pude ver cómo iba vestido y casi me da un infarto, ahí estaba su corbata gris. Sin duda sería una larga noche y me moría de ganas por empezarla. Fuimos a ver un concierto de piano, estábamos en un palco y cada vez que le miraba le veía que realmente estaba disfrutando del concierto y me preguntaba cómo era que estábamos ahí juntos, cuánto habían cambiado las cosas en apenas una semana. Hace 7 días iba a una cena tratando de terminar de olvidar al hombre que ahora mismo tenía a mi lado y que desde hacía unos cuantos meses robaba mis sueños, mis sonrisas y mis pensamientos.

Agradecí internamente que fuera un concierto de piano y no algo en lo que tener que seguir de forma atenta porque su presencia a mi lado me distraía totalmente de lo que ocurría a mi alrededor.

Cuando terminó el concierto y salimos a la calle de nuevo Taylor estaba esperándonos con el coche pero antes de llegar al coche oí una voz a mis espaldas que me llamaba, nos giramos y le vi. Era Scott y algo me dijo en mi interior que antes de que pasasen muchas cosas entre nosotros, este encuentro iba a derivar a una tensa conversación. Miré a Christian y se le notaba muy tenso. Su mandíbula estaba apretada y sus hombros se habían erguido.

-Scott-dije con una sonrisa

-Ana, ¿qué tal va todo?- me dijo mientras se acercaba y me daba un suave abrazo ya que un pequeño gruñido de Christian hizo que nos tensáramos.

-Bien, hemos venido al concierto de piano. Christian-le dije girándome levemente hacia él- Es mi amigo Scott, os presenté en la gala de la semana pasada-¿Le recuerdas?

-Señor Grey-dijo Scott estirando su mano para saludarle.

-Scott-dijo a modo de saludo y aunque no puedo afirmarlo porque mi mano no estaba siendo apretada juraría que el agarre fue más fuerte del acostumbrado para este tipo de encuentros. La tensión era palpable desde fuera hasta el punto que Taylor esperaba recostado sobre el lateral del coche, con aire despreocupado pero su presencia me indicaba que no eran imaginaciones mías la tensión que se mascaba en el ambiente.

-¿Qué te va todo Scott?- Aunque hacía apenas unos días que nos habíamos visto tenía la sensación de que habían pasado semanas, el hecho de que mi vida hubiera dado un vuelco tan grande me hacía pensar, de forma absurda, que la de todo el mundo lo había hecho.

-Bien, desde el martes que nos vimos mi vida no ha cambiado Ana-dijo con un deje divertido como si yo no fuera consciente de que apenas habían pasado tres días desde que habíamos hablado por última vez.-Por cierto ¿Irás a la cena de Brad y Tina el domingo?

-Si, es verdad, algo me comentó Tina pero no concretamos nada, supongo que mañana la llame y hablemos sobre eso.

-Entonces nos veremos allí.

-Allí nos veremos. Hasta el domingo Scott- me despedía dándole un suave abrazo.

-Hasta el domingo Ana. Hasta pronto Señor Grey.

-Adiós-dijo en tono muy seco mi cincuenta.

Y ahora sabía que venía lo peor, la verdad es que habíamos hablado de nosotros, me había contado de él, pero yo no le había contado nada sobre Scott, y esa conversación había llegado, lo sabía. Nos subimos al coche en silencio y fuimos a cenar. Había reservado una terraza en un piso 80 de uno de los rascacielos. Era una terraza acristala en la que tenías la sensación de estar al raso pero con la calidez que nos daba estar resguardados. Aunque en mi interior sentía frío, no sabía qué pasaría y tenía un nudo en el estómago. Tenía que empezar a hablar o vomitaría de los nervios, este silencio me torturaba.

-¡Wow! Christian, estas vistas son espectaculares.-le dije mostrando todo el interés del que era capaz.

-Me alegro que te guste todo esto-dijo en un tono más bien seco. Está bien pensé para mis adentros, había llegado la hora de la conversación sobre Scott o la noche se iría a la mierda.

-¿Qué pasa Christian? ¿Por qué estás así?-le pregunté con calma.

-No se a qué te refieres-me dijo queriendo mostrar indiferencia pero desde que oímos cómo me llamaban a la salida del concierto se le notaba muy tenso.

-Pensé que hablaríamos las cosas, no que te callarías lo que te pasa.

-Es mejor que no hable ahora o no te gustara lo que tenga que decir.

-Christian, prefiero que me digas lo que estás pensando aunque no me guste a que te lo calles y eso acabe por destruir lo que estamos reconstruyendo- le dije con la mayor calma que pude reunir. Quería ir y abrazarlo pero sabía que no quería que le tocase, así que simplemente le miré a los ojos intentando transmitirle toda la confianza que le tenía.

-Si las cosas contigo fueran de otra forma, ahora no estaríamos aquí. No sé qué hacer al sentirme como me siento ahora mismo. Me gustaría azotarte por dejar que el te abrace, me gustaría hacerlo por permitirle esa cercanía a ti. -Abrí los ojos sorprendida por su declaración, eran cosas como estas las que nos habían alejado y de nuevo el abismo estaba frente a mis pies-pero no quiero sentir eso, me gustaría poder hablar contigo sobre ello, pero sé que acabaré diciendo algo inoportuno porque ahora mismo la ira me domina. Estoy poniendo todo mi autocontrol en esto pero me supera. Soy posesivo y celoso con todo lo mío, con todo, sobre todo contigo, no me gusta que nadie quiera lo que es mío y él quiere mi posesión más preciada. No sé lidiar con los celos porque nunca he tenido que hacerlo. Hasta que tu llegaste nunca hubo celos, sólo hubo demarcación de poder, pero contigo son celos, y no se dominarlos ni dominarme a mí mismo ante ellos. Cuando alguna vez alguien se acercaba a lo mío sabía lo que tenía que hacer, pero contigo todo se escapa de mi control y si eso pasa me dejarás de nuevo y eso si que podré soportarlo aún menos que los celos. Por eso no puedo hablar contigo sobre lo que me pasa.-Los sentimientos se arremolinaban en mi, indignación porque me consideraba una posesión suya, ternura porque se le veía como a una persona indefensa, amor porque cada latido de mi corazón le pertenecía, tristeza porque le privaba de ser como él era y este sentimiento fue el que me impulsó a hablar.

-Lo siento, siento mucho no ser la mujer que quieres que sea, siento no tener la suficiente sumisión en mi carácter, siento que no puedas ser tu mismo por estar conmigo.-él se giró hacia mí y me miró a los ojos, se reflejaba dolor, tristeza también.-Quizás debería ir...

-¡No! Ni se te ocurra terminar la frase, no te vayas-me interrumpió acercándose rápidamente a mí y cogiéndome de la cintura-no me digas eso, tu eres TODO, ¿me has oído bien? TODO lo que quiero, quiero que seas tu, como eres sin cambiar, porque eres TU a quien quiero a mi lado no a alguien que sea como quiero yo, sino a alguien que sea como quiera ser. Tendré que aprender a dominar ciertos sentimientos y acostumbrarme a ellos para saber cómo puedo reaccionar a ellos, tendrás que tener paciencia y ayudarme a lidiar con todos ellos, pero sé que podremos juntos, pero no vuelvas a insinuar que te quieres ir, porque ese sentimiento si que no estoy dispuesto a dominarlo.

-Tendrás que acostumbrarte a decirme cómo te sientes, y a confiar en mí.

-Está bien, pero no sé si siempre dominaré lo que salga de mi boca-dijo cerrando los ojos.

-Entonces ¿estarás dispuesto a decirme por qué te sientes así con Scott?

Resopló, cerró los ojos muy fuerte durante un instante y respiró hondo.

-No me gusta cómo te mira, quiere estar contigo, no es tu amigo, quiere algo más contigo y por su cercanía diría que lo ha tenido y eso es lo que hace que mi sangre hierva de una forma que ni sospechas, pensar que te ha tocado, que te ha tenido, me destroza y cuando hoy he visto cómo ni le ha importado que estuviera a tu lado para acercarse a ti y abrazarte, he querido destrozarle.

-Christian sé lo que quiere de mí, porque me lo ha dicho, y eso es algo en lo que ni tu ni yo podremos hacer nunca nada, pero lo
que tenemos que tener en cuenta es lo que tú o yo queremos.

-¿Cómo que lo sabes? ¿Te lo ha dicho y aún así sigues siendo su "Amiga"? ¡no me lo digas! ¡Te metiste en su cama! yo estaba intentando sobrevivir a cada día y tú estabas en su cama-dijo fuera de sí.

-No te atrevas a hablarme así cuando no tienes ni idea de cómo han sido las cosas. Para empezar yo también intentaba sobrevivir cada día porque te echaba de menos, porque pensaba que jamás volvería a estar contigo. Había decidido irme lejos de ti y tenía que seguir mi camino. Le conocí porque es amigo de mis amigos y desde el primer momento estuvo interesado en mí, pero nunca me presionó, me escuchó y me apoyó, supo de mis sentimientos por ti desde el primer momento y esperó a que me sintiera cómoda con la cercanía de otra persona que no fueras tu para pasito a pasito irse acercando. No me revolqué ni en su cama ni en ninguna, y si piensas que soy así no sé por qué me quieres a tu lado. Apenas fui capaz de dejarle que me besara porque sólo pensaba en ti, así que no vuelvas a referirte a mi nunca como si fuera una...

No pude terminar mi frase porque sus labios sobre los míos me lo impidieron, me besó con deseo y desesperación. Estaba totalmente indignada con lo que me había dicho y pensaba que ahora si este era el final, pero este beso me desconcertó absolutamente.

-Lo siento, lo siento, lo siento- dijo sobre mis labios. Se separó un poco y apoyó su frente sobre la mía.-ya te dije que no sabía lidiar con todo esto y que me daba miedo hablar, Ana, la ira me ciega cuando pienso que alguien haya podido tocarte, y se me fue de las manos, perdóname, por favor.-me dijo con verdadero pesar en su gesto y en sus ojos.

La indignación y el enfado iba bajando y verle que realmente estaba arrepentido hizo que me relajara.

-Tienes que confiar en mí y en mis sentimientos, no puedes dejar que la ira y los celos creen en tu cabeza una realidad que no se ajusta con lo que realmente sucede o ha sucedido. Me verás con Scott muchas veces porque es mi amigo, y es amigo de mis amigos, pero nunca haré nada que te haga desconfiar.

-Todo esto es nuevo para mí, no estoy acostumbrado a sentir todas estas cosas por nadie, y me supera.

-No es que yo sea una experta en relaciones, sabes que eres el único. -y al oír lo de único una sonrisa iluminó su cara y de nuevo me besó, no tan desesperadamente como en el anterior pero si más cariñoso, con deseo.

-Cenemos, que te traje aquí para eso, me dijo con cierto humor.

-Está bien, cenemos.

Y cogidos de las manos nos dirigimos a la mesa. Manos que no soltamos hasta el segundo plato cuando necesitamos ambas manos para poder cenar.

bueno aqui os dejo otro capitulo. siento tardar tanto entre uno y otro pero me es imposible estar escribiendo mucho tiempo seguido. Espero que os guste.

Lo que si os puedo decir es que las ideas para la historia ya están, desde hace tiempo, por lo que sólo hay que plasmarlas. Asi que todos los capitulos y lo que pasa tienen un por qué.

gracias de nuevo por los reviews. nos leemos, espero que pronto!