ATADOS

en tierra

Después de aquel pequeño incidente – que para Mycroft había sido de todo menos pequeño – las cosas habían estado algo tensas durante algunos días, así que el político decidió proponer a su pareja el tomarse algunos días de descanso e irse de la ciudad.

Era pleno invierno en Londres, un frío y lluvioso invierno, así que habían hablado de irse a un lugar cálido durante su semana de vacaciones improvisadas. Justo por ese motivo Mycroft aún no se explicaba cómo habían terminado en Escocia. Concretamente en Fort Augustus, donde la atracción principal era ir en busca del monstruo del lago Ness.

A Mycroft toda esa leyenda siempre le había parecido de lo más banal y estúpida, pero Gregory parecía de lo más emocionado con la idea de poder visitar el lugar, del cual siempre había oído hablar. Y, sinceramente, ahora mismo lo que más le apetecía al político era ver a su pareja feliz y sin un rastro de preocupación o pena en su rostro.

La intención era pasar allí toda su semana de vacaciones, y pese a que el primer día Mycroft lo calificó de "horrible" y "el peor error de su vida" – mientras hacía las maletas para irse -, fuero unas vacaciones maravillosas. Bueno, hasta que llegó su hermano.

El segundo día fue fantástico. Básicamente estuvieron en la cama todo el día - con la excusa de estar agotados del día anterior donde hicieron turismo puro y duro -, comiendo, viendo la televisión y entreteniéndose mutuamente.

La mitad del tercero fue básicamente lo mismo, pero por la tarde decidieron salir de la habitación de ese pequeño pero acogedor hostal para dar una vuelta por el pueblo. La verdad es que si se pasaba por alto todo el fanatismo por esa serpiente de lago el sitio no estaba tan mal. Cenaron en un pequeño – todo era pequeño allí – restaurante donde Mycroft comió la mejor tarta de chocolate del mundo y se fueron pronto a la cama.

Al día siguiente Gregory quiso volver a hacer turismo y dar un paseo en barca por el lago, en busca del monstruo. La verdad es que Mycroft se lo pasó genial. Tal vez era porque ya llevaba varios días allí y el aire escocés lo había vuelto menos escéptico, pero le pareció divertidísimo montarse en aquella destartalada barca con unos diez desconocidos más y su pareja, todos ataviados con extrañas ropas pesqueras de camuflaje y con unas cañas en la mano que, si era cierto que allí existía realmente aquel monstruo, era imposible que consiguieran hacer nada con ellas.

Aquella noche hicieron el amor por primera vez desde el pequeño incidente. Gregory no dejó de agradecerle cosas a Mycroft que éste no se sentía merecedor. Cualquier otra persona en el mundo hubiera podido hacer mucho más por el de pelo gris que él en esos momentos, pero por algún tipo de milagro el policía lo había escogido a él.

Al quinto día apareció Sherlock en Fort Augustus, sin John Watson. Mycroft estuvo a punto de matarle cuando lo vio caminar hacia ellos mientras se estaban tomando un café fuera – hacía un frío horrible, pero extrañamente servían en el exterior de la cafetería y ese día habían decidido tener un comportamiento algo masoquista -. Su hermano se estuvo quejando todo el día de cosas que a él no le importaban ni lo más mínimo, pero que Gregory escuchó pacientemente y le dio un par de consejos. Esa misma noche llamó al buen doctor – a escondidas de los otros dos – y al día siguiente, por la tarde, éste apareció y se llevó a Sherlock de allí a arrastras, casi tirándole de la oreja.

Poco más hicieron después de aquello. Al día siguiente por la mañana se iban, así que gastaron su tiempo en hacer las maletas, pasear por última vez por el pequeño puerto del pueblo y hacer el amor hasta que el Sol se empezó a colar por las cortinas de su habitación.


Reto: Doing something together

Bueno, me he tomado una semana de vacaciones… Al principio no fue intencionado, fanfiction no me iba, pero luego, por el puente, me he ido de viaje y… Pues se ha quedado pendiente esto.

Para compensar y ponerme al día, vais a tener varias actus ;D

¡Hasta dentro de unas horas!

Riku Lupin