Nota de la autora original: No creo tener las palabras para agradecerles por su apoyo. Su respuesta a esta historia ha sido maravillosa. Así que, gracias por leer y comentar; ¡No tienen idea de lo que significa para mí! Y antes de que me distraiga, aquí está el nuevo capítulo. Este será el único capítulo con una brecha del tiempo notable, pero pensé que era necesaria. ¡Espero que disfruten, y no olviden de dar un review!

Disclaimer: No soy dueña de ninguno de los personajes en esta historia, de Harry Potter, ni la historia que estoy traduciendo. Cada uno pertenece a sus respectivos dueños. (J.K. Rowling, xXDesertRoseXx)

CON EL PASO DE LOS AÑOS

Ninguno podía saberlo al momento, pero este era la primera entre muchas veces en la que esta escena –en excepción de la presencia del Director- se repetiría en los siguientes años. Y, por supuesto, no podían tener una idea de a donde los llevaría esta intervención de Dumbledore. Todo estaba en su lugar; El destino había hecho su primera jugada, y ahora todo dependía de este hombre y el niño para trabajar por su futuro.

Habían pasado exactamente cuatro años desde la primera vez que Albus Dumbledore confiara en Severus Snape con Harry Potter. Mes tras mes, parecía convertirse más en una necesidad que una esporádica ocurrencia que el gemelo Potter más pequeño se encontrara bajo el cuido del Maestro de Pociones mientras sus padres se enfocaban más y más en el entrenamiento de Adrián. No era que Harry no estaba recibiendo amor de su familia; Nunca hubo tal motivo detrás de las acciones de sus padres. Aún así, los hechos estaban ahí.

Al principio, eran los expertos; Los Potter junto a un preocupado Canuto y un cariñoso Lunático viajaron a cada esquina del mundo tratando de encontrar una explicación de cómo Adrián había vencido al Señor Tenebroso a la edad de un año. Los exámenes eran inconclusos, justo como Severus y Albus habían predicho. Había sido probado que aunque, si, era cierto, Adrián tenía un gran potencial, la indicación de algo único no estaba ahí. Así como el Director repetía una y otra vez durante los años, sería sorprendente si algo fuera de lo normal se encontrara; Voldemort fue derrotado bajo circunstancias específicas que demandaban un extensivo uso de magia accidental. Todo había sido una cuestión de supervivencia y era imposible que se volviera a repetir. Una teoría que era muy cierta.

Luego comenzaron los ataques de magia accidental. A los seis años y medio, el pequeño Adrián detuvo a uno de sus juguetes de caer por las escaleras, haciéndolo flotar de vuelta hacia el. Esto causó una gran conmoción y rápidamente se decidió, según el plan, que a los siete años, Adrián comenzaría su entrenamiento en magia. Así sucedió y ese mismo Agosto la mayoría de la Familia Potter se encontró entrenando con Adrián en algún lugar de Wales y Harry, usualmente, se encontraba con Severus en la Calle de la Hilandera (Spinner's End).

Fue una interesante confrontación cuando James Potter descubrió donde su hijo había pasado ese mes mientras el resto de la familia estaba en Istanbúl. Dumbledore tuvo que intervenir antes de que las cosas se salieran de control; fue solo cuando Sirius se vino con la idea de enviar a Harry con su Tío y Tía, los Dursleys, que Lily intervino con fuerza y, en una pelea que Severus recordaría hasta su último día de vida, James fue convencido. Luego de asegurarse de que la casa de Severus tuviera más protección de la necesaria y de una conversación privada con un exasperado Dumbledore, accedió de mala gana a que Severus cuidara de Harry cuando fuese necesario.

Así fue como Severus terminó cuidando de Harry –quien en esos momentos cuidaba de una poción en la chimenea- sonriendo desde su sillón mientras, supuestamente, leía una copia del Profeta. Las cosas habían cambiado drásticamente para el Profesor desde que Harry entró a su vida. Aunque seguía actuando igual en el colegio, simplemente aterrador con sus estudiantes y aun se enojaba cuando Madame Pomfrey le mencionaba lo delgado que era, estaba comenzando a curar sus heridas. Con cada sonrisa que le dirigía Harry, el peso en su corazón se levantaba lentamente, llegando al punto de que, siempre y cuando estuviera la presencia del niño, se encontraba a si mismo en una situación a la que había renunciado tiempo atrás; Era feliz.

Harry había sido una sorpresa constante para el, y agradecía cada momento que pasaban juntos; Su sonrisa engrandeció al recordar que ese tiempo se alargaría. Sintió un golpe de culpa, sabiendo que Harry extrañaría a sus padres más, pero no podía dejar de disfrutarlo, considerando como su vida diaria comenzaría ese año. Se había llegado al acuerdo de que Harry se quedaría con el durante el verano mientras Adrián entrenaba, pero no era nada diferente a lo que ha estado sucediendo en los años anteriores.

Lo que sí era diferente era lo siguiente; Harry estaría pasando más días con el Maestro de Pociones. Todos los Lunes, Martes, Viernes y fines de semana, Adrián recibía un entrenamiento con sus padres y algunos miembros del personal de Hogwarts, comenzando con prontitud todo lo que pudiera para ampliar sus capacidades mágicas. Eso significaba que Harry estaría pasando su tiempo en Hogwarts con Severus durante esos tres días de trabajo y el fin de semana, devolviendo a Harry todas las noches para dormir en la Mansión Potter. Severus pensaba que no podía pedir nada más.

"La poción parece estar lista, Sev." Dijo Harry, mirando al hombre con una sonrisa. Siempre lo llamaba Sev, y eso solo lo hacía sonreír aún más.

"¿Crees que está lista?" Preguntó mientras se levantaba y se acercaba al fuego. Harry estaba en lo correcto. "Excelente." Indicó simplemente y, con un simple movimiento de su varita, embotelló la poción Pimentótica y extinguió el fuego. Los ojos de Harry se llenaron de brillo al ver la magia, como siempre, y luego se atenuaron al concentrarse en la varita de Severus. El hombre suspiró comprendiendo la decepción del niño. Adrián, para poderlo entrenar correctamente, había recibido su varita en su séptimo cumpleaños. Incluso si solo sería usada para sus entrenamientos, Harry se sentía –nuevamente- excluido.

Severus cerró sus ojos con fuerza, considerando la injusticia en todo esto; Después de todo, Harry había mostrado una afinidad con la magia más temprano que su hermano. De hecho, fue en ese primer día, hace cuatro años atrás, cuando se había llevado al niño a su habitación, Severus descubrió esa aptitud. Harry chocó contra una mesa, causando que el florero que había sobre ella se cayera al suelo. El punto es, el florero nunca tocó el piso; Este desapareció y apareció nuevamente en la mesa con un fuerte "pop", sacando un suspiro del pequeño Harry. Severus se emocionó cuando, luego de varias preguntas, éste descubrió que era la segunda vez que algo así sucedía pues, al parecer, Harry había logrado escapar una caída por las escaleras unos cuantos meses atrás.

¿Y que pasó cuando Severus trató de contarle a la familia Potter?

Luego de que James se enojara al descubrir que su hijo había pasado un mes con su Némesis, Severus se sintió menos inclinado a compartir tal información. Se sentía privada, algo que podían mantener entre Harry y él. Y, de todas formas, el niño había hecho magia frente a sus padres unos días después de su séptimo cumpleaños. Severus solo quería buscar a James y golpearlo con algo pesado y metálico.

Harry fue felicitado, pero ¿Alguna vez se les ocurrió que tal vez podía entrenarlo junto con Adrián? No, claro que no. Y no les importó que era más inteligente que otros de su edad y que estaba sediento por más conocimiento; El, simplemente, no era Adrián. Severus estaba ahí cuando Harry descubrió que no recibiría una varita como su hermano; Observó como el brillo se iba de sus ojos y Severus solo quería lastimar a James y a Sirius. Solo la mirada de Harry, ojos llenos de súplicas, una mirada que solo mostraba sus ganas de salir de la cocina donde se encontraban, lo detuvo al sacar su varita.

"¿Estás bien, Sev?" Harry preguntó preocupado al notar los ojos cerrados del hombre que se había convertido en su guardián.

"Estoy bien, Harry. Solo recordaba algo." Sonrió al niño, quien aún observaba su varita con ojos tristes. Severus miró los ojos del niño con cariño; Se las había ingeniado para salvar a Harry de usar anteojos, un destino del que su hermano no se salvaría. Fue una poción que creó, investigando día y noche cuando notó que la vista de Harry estaba fallando. James jamás le hubiese permitido usar una poción creada por el – por más ingeniosa que fuera- , y Lily, desafortunadamente, no confiaría en una poción que no fuese aprobada por la División de Pociones del Ministerio; Era algo en lo que ellos nunca pudieron ponerse de acuerdo, romper las reglas un poco cuando fuese necesario.

Aún así, él hubiese sido capaz de complacer sus deseos si no estuviera seguro de que podía darle la poción durante los primeros meses cuando los síntomas se volvieron obvios; El Ministerio necesita un mínimo de seis meses antes de aprobarlo y para entonces hubiese sido demasiado tarde. Además, no estaba interesado en publicar su poción por el momento. Aún trabajaba en mejorar la fórmula básica para que ésta pudiese curar cualquier falla en el ojo y no solo la miopía.

"¿Me puedes enseñar como hacer una Poción Reabastecedora de Sangra ahora, Sev?" Harry preguntó, sonriendo suavemente. Severus rió. Ese era el punto de la exhibición de hoy. Estaba intentando distraer a Harry del hecho de que no estaría entrenando junto a su hermano, entrenando un poco al niño por su propia cuenta. Además, ¡No era su culpa que Harry absorbiera toda la información como una esponja! La habitación de Harry en la Calle de la Hilandera estaba repleta de libros sobre Herbología, Pociones, Astronomía y todo aquello que Severus había encontrado sobre lo básico en teoría mágica de una forma que un niño de siete años pudiera comprender. Después de todo, él le había enseñado a leer hace dos años, pues el plan era educar a los gemelos en casa antes de comenzar en Hogwarts.

"Claro que puedo." Dijo, girando su varita. "Lo prometí."

"¡Eres el mejor, Sev!" Exclamó Harry mientras lo abrazaba, sacándole otra sonrisa al profesor. ¡Si sus estudiantes lo vieran ahora!

"Si, Si. Como digas." Harry rió tontamente de la emoción y corrió a buscar sus guantes de piel de dragón mientras Severus encendía el fuego de nuevo. "Y mientras la preparamos, dime, Harry; ¿Por qué apagué el fuego primero, incluso sabiendo que usarías tus ojitos de cachorro para convencerme de hacer otra poción?" Harry volvió a reír y dirigió sus ojos de cachorro al joven profesor quien rodó sus ojos por las payasadas del niño.

"Por las devanaderas de ceniza. Algunos ingredientes con propiedades mágicas habían caído en las llamas que fueron encendidas por una varita mágica." Explicó Harry mientras Severus sonreía orgulloso. "¿Supongo que no querías que la casa explotara?" Concluyó Harry acercándose a los ingredientes Severus había colocado en la mesa junto a la chimenea para él.

"Exacto, Harry." Severus dijo, tomando los ingredientes para comenzar a explicar cual era cual. "Ahora, si esos cabeza-hueca que tengo como estudiantes pudieran recordarlo, no tendría que lidiar con tantos calderos derretidos; ¡Su imaginación a veces me sorprende!" Esta vez se unió a Harry, riendo suavemente. Fue una hora más tarde a; añadirse el último ingrediente en la poción cuando sucedió.

"Entonces, ¿revuelvo siete veces según las agujas del reloj y una vez al contrario?" Harry preguntó concentrándose en la burbujeante poción.

"Exactamente; Ahora, si lo realizamos todo correctamente – que, por supuesto, así fue –, la poción cambiará del color verde que tiene ahora a un rojo oscuro. Así es como sabes que está completa." Y sonrió por el jadeó que hizo el niño mientras, luego de unos segundos, la poción se volvió, notablemente, más marrón. "Y si sigues así, pronto…" Su oración fue interrumpida por un graznido; una lechuza de Hogwarts había entrado por la ventana y voló hacia los dos magos, tratando de entregar su carta a tiempo. Severus sentía que algo saldría mal antes de que sucediera y aún así no tuvo tiempo de reaccionar; la lechuza voló sobre la chimenea, golpeando un envase lleno de raíz de mandrágora, el mismo cayendo dentro del caldero hirviente. Severus sólo logró gritar el nombre de Harry cuando la reacción comenzó; un enorme pilar de llamas verdes se levantó del caldero, quemando todo lo que tocase y moviéndose mientras la mandrágora hervía. El único pensamiento coherente de Severus era proteger a Harry mientras las llamas se propagaban por la habitación. Había logrado tomar su varita cuando un escudo de color azul brillante los envolvió.

Volvió sus ojos a Harry y lo que vio hizo que dejara caer su varita en shock; el niño había extendido sus brazos hacia el frente y era la razón por la que no habían sido quemados hasta ser cenizas. El era el creador del escudo. Las llamas se extinguieron, dejando la pared cerca de la chimenea completamente negra por el humo. Severus se dio la vuelta y se encontró con que el resto de la habitación estaba completamente ilesa. Los brazos de Harry cayeron y éste inhaló profundamente. Una sonrisa de alivio se esparció por su rostro, solo para desaparecer cuando se volteó hacia Severus. El profesor quedó sin palabras.

"Sev, ¿Estás bien?" Harry repitió por segunda vez en el día.

"Yo… Tu… Si, estoy bien, Harry." Severus murmuró, mirando con curiosidad al niño, tirándose al suelo sin contemplaciones.

"No te ves bien, Sev." Dijo con la simplicidad que solo un niño podía dominar.

"Solo estoy sorprendido." Explicó.

"¿Por qué?"

"Lo que acabas de hacer… ¿Alguna vez habías realizados algo así?" Severus preguntó mientras Harry lo miraba perplejo.

"¿Magia accidental? Muchas veces." Respondió, sin comprender lo que Severus quería decir.

"No, Harry. Lo que quise decir fue, ¿Alguna vez has hecho algo como ese escudo?" El hombre de ojos negros elaboró.

"¿No lo creo?" Miró a Severus preocupado. "¿Por qué? ¿Es algo malo?"

"¿Malo? No." El profesor de pociones dijo. "Es algo avanzado; Nunca había escuchado sobre alguna forma de magia accidental expuesta de tal forma."

"Oh." Harry ofreció, sin idea de que más decir.

"Harry, ¿Te molestaría si tomáramos un pequeño viaje a Hogwarts?" Severus preguntó luego de considerar sus opciones.

"Okay." El pequeño aceptó mientras Severus se levantaba del suelo.

"¿Y que pasará con la pared?" Preguntó Harry, sus ojos grandes, mientras la observaba.

"Eres todo lo que importa ahora, Harry. La pared puede derrumbarse y no me importará." Contestó Severus, arreglando la chimenea lo suficiente como para poder ser utilizada. Convocó un poco de Polvos Flu de su habitación; el Polvo que se encontraba junto a la chimenea se había usado durante la explosión. Severus extendió su mano hacia Harry, quien lo miraba con una sonrisa.

"Gracias, Sev." Dijo, mientras el profesor lanzaba un poco de Polvo en las llamas.

"¿Por qué?" Preguntó distraído mientras Harry lo abrazaba de nuevo.

"Por preocuparte." Severus quedó sin palabras de nuevo, observando al niño.

"Claro que me preocupo, pequeño. Mírame." Dijo suavemente, mientras se arrodillaba frente a Harry, quien miraba al suelo, evitando sus ojos. "Siempre me preocuparé; Te quiero." El rostro de Harry se levantó de golpe y observó a Severus con ojos llenos de sorpresa y lágrimas. Era la primera vez que Severus le decía al niño tales palabras, incluso si se lo había admitido a si mismo años atrás.

"¡Yo también te quiero, Sev!" Harry dijo, aferrándose a él con más fuerza, haciendo que Severus soltara una pequeña lágrima. "Desearía que fuera mi papá." Susurró el niño, sorprendiendo al hombre.

"Harry, yo… Tu ya tienes un padre." Dijo Severus con el corazón pesado, sabiendo que, muy en el fondo, él también deseaba lo mismo. No porque Harry era el hijo de Lily; no. Solo porque Harry era, pues, Harry.

"Lo sé."

"Y, aunque duela decirlo, el te quiere mucho; Toda tu familia." Severus añadió con una sonrisa triste.

"Yo también los quiero. Pero, a veces, no me gustan." Admitió Harry, lágrimas bajando por su rostro, rompiendo un poco el corazón de Severus. No tenía nada con qué contestarle esta vez.

"¿No quieres ser mi papá?" Harry preguntó, desarmado.

"Más que nada, pequeño."

"Entonces, ¿Por qué no puedes serlo?" Preguntó tímidamente, clavando sus ojos en los de Severus. ¿Porque no podía? Se preguntó. Él no podía ser su padre biológico, claro está. Pero, ¿una figura paterna? ¿No era él una ya?

"Harry, tú ya tienes un…"

"¡Sé que James es mi padre!" Harry exclamó, cerrando sus ojos tan fuerte como podía; nuevas lágrimas deslizándose por su rostro mientras temblaba de furia. "¡Ya lo sé! Pero, ¡El no es mi papá!" Abrió sus ojos y Severus solo podía mirarlo a los ojos, pues no sabía que decir. "El es el papá de Adrián; Juega con él, lo lleva a partidos de Quidditch, le enseña. Él no hace eso conmigo. Tú lo haces. Él es mi padre, pero ¡tú eres mi papá!" Exclamó. "¿Por qué no puedes ser mi papá?" Susurró, su voz rota. Ésta vez, era el turno de Severus de abrazarlo. Sentía algo caliente bajar por su rostro y sólo cuando Harry envolvió sus brazos alrededor de su torso fue que realizó que eran más lágrimas.

De todas las cosas que el hubiese esperado de un niño de siete años, esto no era parte de su lista; Aún no podía creerlo. ¿El niño realmente se sentía así? Obviamente, si, podía. Y en ese caso, ¿Qué podía decir? Solo había una opción que tenía sentido.

"Está bien, Harry." Se alejó un poco, y lo miró a los ojos.

"¿Está bien?"

"Si así lo quieres, no hay nada más en el mundo que desee más que ser tu papá." Y mientras se sostenían el uno al otro, ojos cerrados y lágrimas de felicidad, no tenían forma de notar un aura blanca que los envolvía. Y como suele suceder con esas cosas, la luz desapareció tan pronto abrieron sus ojos.

"¿Aún debemos ir a Hogwarts?" Preguntó Harry, luego de unos momentos, sacando una risa de Severus, una gran carcajada que no había usado desde antes que comenzara la guerra.

"Si, aún debemos ir." Severus dijo, secando cualquier rastro de lágrimas en el rostro del niño. Mano en mano, caminaron hacia las llamas y a Hogwarts se encaminaron. Aterrizaron cuidadosamente en el suelo de la oficina de Severus.

"Era tiempo de que aparecieran." Una voz dijo, asustando a ambos, causando que Severus tomara su varita y se colocara en una posición protectiva frente a Harry y la fuente de tal voz. Sus ojos se agrandaron, una reacción que Harry repitió. "Casi pensé que había calculado erróneamente."

"¿Quién eres?" Severus preguntó, con un tono amenazador mientras observaba al hombre sonriente de ojos azul oscuro en el retrato; El retrato que debería estar vacío. Era viejo, probablemente tan viejo como Dumbledore, con largas y lujosas túnicas en el mismo color que sus ojos. Su cabello blanco y larga barba podían superar a Albus, y su postura emanaba poder.

"¡Esa es la pregunta!" El hombre exclamó, riendo. "Nací como Myrddin Emrys, pero casi todos me conocen como Merlín." Al observar los ojos como platos de ambos magos frente a el, sonrió aún más, y con una inclinación de cortés de su cabeza, añadió: "Merlín Ambrosious, a su servicio."