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El cielo se hallaba completamente despejado. La primavera apenas había comenzando y aún así las flores multicolores brotaban por doquier en el laberinto que eran los grandes edificios, calles y rascacielos de Nueva York. El sol caía con toda su fuerza sobre la superficie reflectante de los coches estacionados en la calle, encima de los tejados de las casas y creaba grandes sombras procedentes de los árboles recién florecidos.

Bajo una de estas sombras, se encontraba un niño.

Si no hubiera sido por los gritos alegres de su madre, ella no los hubiera notado.

El niño apenas se mantenía en pié, con su regordetas piernas se balanceaba de un lado a otro, mientras una hermosa mujer de intenso pelo cobrizo lo sujetaba de los brazos y le hacía caminar en frente suyo.

"¡Vamos Christopher, vamos, tu puedes hacerlo cariño!" la voz de la mujer temblaba de alegría mientras ayudaba a su hijo a dar sus primeros pasos.

Ella observaba la escena desde la verja de madera, oculta por la tupida enredadera y los rosales que allí crecían. Llevaba su cabello rubio recogido en una coleta detrás de su cabeza, pero aún así algunos rizos dorados lograban zafarse de esa restricción, enmarcando su hermoso rostro de rictus aparentemente serena.

A pesar de hacer mucho calor, la mujer en la verja se hallaba vestida con una chaqueta color tierra que le llegaba a las caderas, un pantalón de mezclillas y un sweater rojo. Lo había elegido especialmente para aquella ocasión. Bajo el brazo, sostenía un paquete pequeño y rectangular envuelto en papel café.

El niño tropezó con sus propios pies y cayó al suelo, pero su madre lo sujetó mientras caía para que no se hiciera daño. La mujer pelirroja cogió a su hijo en los brazos mientras éste, confundido por unos momentos por haber sido interrumpido en su tarea, observaba en todas direcciones, girando su cabeza hacia los rosales y la casa. La mujer pelirroja le dio la espalda y se colocó a su hijo en el hombro.

Había pensado en entrar sigilosamente a la casa y sorprender a su madre mientras hacía alguna tarea doméstica, y si no se encontraba presente, esperarla en la sala para que la viera apenas entrara por la puerta.

Definitivamente, no se esperaba esto.

Se oculta más entre los rosales y las enredaderas de la verja, para que la mujer y el niño no puedan verla si es que se dan vuelta, pues apenas está a cuatro metros de distancia. Su madre ésta demasiado distraída como para notar su presencia, pero el niño ya ha empezado a explorar el entorno con ojos curiosos.

Se pregunta que hacer. Si adentrarse en la casa mientras la mujer está de espaldas o entrar por la puerta trasera, sabe que ésta será una visita corta y no quiere nada más que la distraiga.

Y entonces el niño grita de alegría, y no sabe cómo, pero antes de escucharle, siente la intensa mirada del niño sobre su figura, y toda opción de escabullirse y no ser vista desaparece.

"¿River?" la voz de la mujer pelirroja está llena de incertidumbre y una arrolladora esperanza, y la mujer tras la verja se siente repentinamente culpable. Con cuidado, se adentra en el antejardín con un incómodo nudo en el estómago y sus corazones gemelos palpitando alocadamente dentro de su pecho, sus pasos son amortiguados por el césped recién cortado y las sombras de los árboles juegan con la luz del sol. Avanza por el camino de piedra mientras alza la vista hacia donde se encuentra la madre y el niño, deteniéndose a solo dos metros de distancia, inhala profundamente y alza la vista, encontrándose con dos pares de ojos color esmeralda, los primeros increíblemente sorprendidos, y los últimos con una fuerza y vitalidad casi palpables dentro de los brillantes iris verdosos.

"Hola mamá"


"En ésta última hora repasaremos los planetas del sistema Solar" La voz grabe del profesor lo saca de su letargo, y cuando levanta la vista se dio cuenta que estuvo a punto de dormirse. Después de cabecear por enésima vez, apoyó su mano izquierda bajo su mentón y se ocupó en escribir las anotaciones que el profesor escribía en la pizarra.

"¿Estás bien?" le susurró una voz, proveniente de adelante. Levantó la cabeza y observó a un niño pecoso y de nariz respingada, quien lo miraba con una ceja arqueada.

"Dormí poco anoche" respondió, mientras trataba, con mucho esfuerzo, de centrarse en la clase y borrar la 'Z' del nombre 'Saturno'.

"Te ves horrible"

"Igualmente, Malcolm"

El niño de adelante hizo una mueca y se giró para anotar en su cuaderno. La tenue luz del Sol de la tarde que inundaba la sala de clases brilló sobre su pelo rubio mientras bajaba su cabeza, y Chris lo observó por unos momentos, dejando de escribir.

Se sentía horrible y de un pésimo humor, su cabeza le palpitaba de una manera dolorosa y le costaba enfocar la vista. Por mucho que trataba de recordar que era lo que había sucedido anoche, seguía sin obtener resultado alguno.

"Los exámenes empezarán la semana que viene, y les advierto, no me gustaría que alguno de ustedes se sacara una mala nota" El profesor paseo la mirada sobre la clase con unos penetrantes ojos grises. Su pelo y su bigote eran tan negros que a la luz del sol casi parecían azules, y su cuerpo era alto y corpulento "Hoy haré un repaso de los contenidos de la clase pasada, y quiero que todos presten atención"

"Hombre, te estás durmiendo, y creo que el profesor ya se dio cuenta"

Chris parpadeó y solo alcanzó a ver un atisbo del perfil del niño, quien le lanzó una mirada entre divertida e incomoda.

"Se dará cuenta si nos atrapan hablando, además, tu altura casi cubre todo mi pupitre" replicó Chris, mientras se apuraba en anotar las notas de la pizarra. No era mentira, pensó, Malcolm le pasaba casi diez centímetros (casi todos sus compañeros eran más altos que él), pero aún así puso todas sus fuerzas en no cerrar sus ojos. Sabía que si los cerraba se dormiría. Frunció el ceño al darse cuenta que había anotado el nombre de Venus antes del de Mercurio, y tachó con furia ambas palabras.

"¿Se puede saber que ocurrió anoche que casi no te puedes la cabeza?" Preguntó Malcolm.

Chris volvió a levantar la vista, y mientras lo hacía, frunció el seño. El Sol entraba de pleno en el aula y la brillante melena rubia de su amigo le hería los ojos, había algo que tenía que recordar…

Melena Rubia…

Cabello rubio…

"Lamentablemente, la próxima semana no estaré con ustedes" la voz del profesor retumbó en la sala, un tanto más grave de lo normal, y logró sacar de sus pensamientos a Chris, pues, desde que lo había conocido, era casi imposible no prestarle atención al profesor cuando hablaba de esa manera.

Un murmullo de incredulidad se alzó entre los niños de la sala de clases, y Chris no los culpó. Era muy extraño que el profesor se ausentara en una fecha tan importante como lo eran los exámenes antes de navidad.

Permaneció en silencio, tratando de recobrar el carril de sus pensamientos.

"¿Eso quiere decir que haremos el examen solos, profesor?" preguntó Malcolm, con un toque humorístico en su voz, al que se unieron unas cuantas risas de sus compañeros.

"Siento quitarte las esperanzas, Hooper" respondió el hombre, observándolo con una mirada risueña "pero no, los acompañara otro profesor especializado en ésta materia, mientras yo me ausento por unos días, se presentará al final de la clase, pues desde el día de mañana yo no podré asistir"

"¿Está enfermo, profesor?" preguntó con voz aguda una niña de la primera fila, alzando el brazo respetuosamente. El hombre apoyó cariñosamente una mano sobre la cabeza morena y la niña bajó el brazo.

"Tengo asuntos que atender, pero el nuevo profesor se encargará de supervisarlos muy bien en el examen, y espero que tenga más cuidado que yo en ello" agregó, observando a Malcolm y a Chris. El primero lo observaba con una amplia sonrisa, el segundo, parecía que se iba a caer del pupitre en cualquier momento.

"Pues no tiene muy buena pinta que digamos" dijo Malcolm, unos minutos después de que el profesor les dio la noticia. Chris siguió con la mirada la corpulenta figura del profesor para poder corroborar las palabras de su amigo; a pesar de que la figura del hombre aparentaba la de una persona fuerte y enérgica, sus movimientos eran cansinos y su rostro denotaba un extraño malestar "no se diferencia mucho de ti"

"No digas tonterías" Dijo Chris, de mal humor.

"Tienes razón, tu estás peor" Dijo Malcolm, con una sonrisa "¿me vas a decir que sucedió?"

Chris frunció el seño una vez más, tratando de recordar lo que había ocurrido, pero no hubo caso, era como cuando se olvida el hilo de una conversación o cuando no se recuerda el objeto que se fue a buscar a una habitación; seguía allí, pero desaparecía cada vez que hacía el intento por recordar.

"Hey…" el susurro de Malcolm fue inusualmente bajo, y Chris alzó la vista, sabiendo que ésta vez el muchacho no querría que nadie, mas que él, lo escuchara "¿Y supiste algo más de… ya sabe?"

Chris, arto de fruncir el seño, se pasó una mano por el rostro cansado, esforzándose por no bostezar. Sus ojos verdes lagrimearon por un instante y se los enjugo con el dorso de la mano "Tuve un sueño muy extraño anoche"

Malcolm se acercó más a su pupitre, repentinamente curiosos. La mayoría de los niños en el aula de clases estaban hablando con otros compañeros, ya que eran las últimas horas de la jornada y el profesor se había sentado en su escritorio, pues no tenía nada más que hablar.

"Cuéntame" pidió Malcolm, apoyando su brazo en la mesa de Chris, girando casi todo su cuerpo hacia su dirección "Te escucho, debe haber alguna razón para que estés así hoy, soy todo oídos"

Chris lo miro, dudando un momento y tratando de organizar los pensamientos que se agolpaban en su cabeza "No se si fue un sueño en realidad, bueno, me desperté en mi cama como todos los días, pero todo había sido muy real…

»Estaba en mi habitación, y todo era muy oscuro. De inmediato me dio la impresión de que algo me observaba, y entonces prendí la luz, porque no había otra manera de que se me quitara esa sensación.

»Había luna, o sea, la luz de la luna se colaba por las cortinas, pero había algo en la oscuridad, y no podía volver a dormirme, no había caso, no podía volver a dormirme"

"¿No había nada más, viste algo o solo sentías que algo te observaba?" Pregunto Malcolm, mientras su rostro se tornaba más serio de lo habitual.

Chris negó con la cabeza lentamente, mientras bajaba los ojos hacia la mesa de su pupitre. La madera estaba gastada y por doquier había marcas y ralladuras de lápiz, Chris recorrió con los dedos una de esas marcas, mientras intentaba rememorar su sueño.

"Salí de mi habitación…"

"¿Saliste?" Malcolm abrió mucho los ojos "¿Estás loco? He estado en tu casa antes, es terriblemente oscura de noche…"

"¡Espera! Ya te dije que fue un sueño, no tiene nada que ver con lo otro" le interrumpió Chris, mientras lo miraba con ojos desesperados y terriblemente cansados "por favor, no me interrumpas"

Malcolm alzó las cejas, pero al ver la mirada de Chris, volvió a mostrarse serio "Esta bien, continua"

Chris exhaló lentamente, y mientras le relató como salió de su habitación, adentrándose en el pasillo oscuro hacia la habitación de sus padres, empezó a sentir como los recuerdos se agolpaban en su cabeza. Podía recordar con exactitud como se había sentido cuando había abierto la puerta y se había dado cuenta de que sus padres no estaban allí. Recordó el frío de la noche, la pujante oscuridad y la incesante sensación de ser observado. A pesar de que recordaba cada cosa como si hubiese sido un espectador ajeno a todo, podía sentir todavía los pelos de la nuca erizados por el miedo y casi podía oír el constante y rítmico golpeteo de las manecillas del reloj de la sala, y estaba seguro de que si cerraba los ojos, podía rememorar el recorrido que había hecho la noche anterior hacia la cocina.

"Había alguien más" susurró Chris, más para sí que para su amigo.

La sensación que le dio recordar cuando había encendido la luz de la cocina, fue igual que recibir un golpe en el estómago, no podía compararlo con otra cosa. Mientras más recordaba las cosas que había soñado, más le daba la impresión de que no había sido un sueño, y recordarlas le traía la misma sensación que había sentido al experimentarlas.

"Era una mujer" Levantó la vista hacia Malcolm "Estaba sentada en frente de la mesa de la cocina, no se que hacia allí"

"¿Y que hizo despues?" preguntó Malcolm, cada vez más interesado.

"Ella…" Chris hizo el último esfuerzo por recordar, el último esfuerzo por hacer que su mente embotada por el sueño reaccionara a las demandas de su cuerpo "Ella me preguntó si me encontraba bien, y despues…" sentía su corazón palpitar con fuerza contra su pecho al rememorar lo ocurrido "despues me dijo su nombre…" Chris abrió mucho los ojos mientras un nudo se empezó a formar en su garganta.

Desvió la mirada hacia donde estaba el profesor, quien observaba el reloj de su muñeca. El niño vio que éste se levantó se su silla y fue directo hacia la puerta, saliendo precipitadamente del aula de clases.

Con la salida del profesor, los alumnos aprovecharon de hablar más fuerte con sus compañeros, algunos se levantaron de sus pupitres y otros se empezaron a tirar bolas de papel. Mientras todos se dedicaban a hacer simples trivialidades, Chris y Malcolm seguían ensimismados en su conversación.

"¿Su nombre?" Malcolm frunció el seño por primera vez en todo el día "Nos hemos enfrentado a cosas raras esta semana ¿No crees que fue todo un simple sueño?"

"No lo se, no recuerdo mucho más" respondió Chris con sinceridad, observándose las manos encima de la mesa.

"¿Nada más, ni siquiera como lucía?" pregunto Malcolm, esperanzado.

El niño negó con la cabeza, forzando su cerebro a cooperar, presionando su frente con los puños crispados. El recuerdo del recorrido hacia la cocina era casi palpable, podía sentir el frío de la noche en su piel e incluso el matiz oscuro de la sala de estar y el interior de la cocina… pero despues de eso todo eran sensaciones y recuerdos borrosos. Finalmente se dio por vencido "Lo siento, nada más".

Malcolm suspiró "De seguro todo fue un sueño, si es que te despertaste en tu cama en la mañana, tal vez todo halla estado en tu imaginación" concluyó, decepcionado, y volvió a girarse hacia su pupitre cuando el profesor entró en la sala de clases.

Christopher se quedó pensando, con los puños crispados en su puesto, observándose los pálidos nudillos contrastados con la vieja madera de la mesa. Había estado a punto de recordar, pero todos sus pensamientos se habían diseminado en su cabeza y era casi imposible volver a organizarlos. Se sentía demasiado cansado como para recordar, demasiado cansado incluso como para escuchar los que decía el profesor, y casi estaba agradecido del silencio que sus compañeros mantenían. Por lo demás, solo quería dormir, así que cerró los ojos y se dejó llevar por la marea de pensamientos aleatorios. Decidió entonces relajarse, dejar su mente en blanco, como su padre siempre le enseñaba, y así poder rememorar por medio de las sensaciones más intensas lo que había olvidado, aún sabiendo que todo había sido un sueño. Porque algo había ocurrido, se dijo, algo que le había hecho sentir realmente incomodo, una realización increíble.

"Quiero que me presten atención. Por el motivo a que las próximas dos semanas yo no estaré presente…"

Al caminar hacia la cocina había encendido la luz puesto que estaba demasiado oscuro como para ver hacia donde iba. La luz dorada había bañado todo el lugar, desde la cocinilla hasta la mesa de la cocina. En su memoria pudo ver a su gato hecho un ovillo en un rincón de la habitación, y en medio de ésta, la mesa redonda donde todas las mañanas tomaba su desayuno.

"…y debido a que necesitan todavía pasar más materia en estas dos semanas antes de las vacaciones de navidad…"

Su imaginación siempre se había caracterizado en retratar las escenas lo más vividas posibles, así que su último esfuerzo por recordar estuvo recargado con pensamientos y sensaciones; su gato observándolo desde la oscuridad de la cocina; la negrura que era la noche exterior tras los cristales de la ventana; la luz dorada de la lámpara que colgaba del techo; el sabor de la tibia leche con miel que la mujer le había ofrecido, y la extraña mirada de ésta, proveniente de unos ojos antiguos y de un increíble color verde azulado. Los mismos ojos que ahora lo observaban desde el frente del aula.

"…Les presento a su nueva profesora, que espero sepan querer y respetar tanto como me respetan a mi" un murmullo acompañado de risas inundó el aula de clases, mientras ambos adultos sonreían con disimulo "Saluden a la profesora River Song, quien estará con ustedes las dos próximas semanas antes de navidad"

A diferencia del atuendo que había llevado en su cocina, esta vez la mujer se encontraba vestida con una larga falda de talle alto y una inmaculada camisa color mostaza. Unas botas negras que desaparecían debajo de la falda remataban en unos altos tacones de aguja, que apenas hacía sonar al caminar en el suelo del aula, posicionándose a la derecha del corpulento hombre.

"Profesor Hindley" la sonrisa que adornó el rostro de la mujer fue tan hermosa y resplandeciendo como un centro de flores. Agitó levemente su cabeza y sus rizos rubios despidieron un leve brillo dorado a la luz del sol "estoy segura que estos muchachos sabrán comportarse mientras yo esté presente, pero tampoco quiero que se sientan presionados con mi presencia. No por ser una profesora nueva voy a ser mas dura o impartiré nuevas reglas en la clase, tampoco daré tareas más complicadas o castigaré más severamente a sus alumnos, no es necesario que se preocupen demasiado, lo único en lo que tienen que preocuparse es en los exámenes que estan próximos y le prometo, profesor, que no le defraudaremos"

La campana que anunciaba el término de las clases retumbó en el pasillo, y los alumnos se prepararon para salir del aula, recogiendo sus útiles escolares, colgándose los pesados bolsos en la espalda y saliendo por la puerta. Mientras, los dos adultos se enfrascaron en una conversación que apenas se podía oír por el barullo en la sala de clases.

"Eh, Chris ¿Te encuentras bien? No me digas que todavía sigues gastando energía en recordar ese estúpido sueño" le recriminó Malcolm, al mismo tiempo que guardaba los libros en su mochila.

Sintiéndose increíblemente aturdido, con un malestar terrible en la cabeza, un una sensación de pesadez horrible en el estomago, y más despierto y confundido de lo que se había sentido en semanas, el muchacho siguió observando a la mujer, quien en ese momento se encontraba al otro lado del aula, hablando con el profesor Hindley, de espalda a los dos muchachos.

Repentinamente sus miradas se encontraron. River sonrió y le guiño un ojo.

Christopher no supo que contestar.