3

Al salir del aula de clases, arrastrado por la marea de estudiantes de primer grado hacia el pasillo, extrañamente y contrario a todo lo que pretendía, Christopher Williams se sentía enfermo. Hace unas horas (desde que se había levantado de la cama con nada más que un leve dolor de cabeza) no recordaba nada de la extraña noche de pesadillas o de la curiosa visitante nocturna. Todo para él había sucedido como un sueño; una bruma espesa había recubierto su memoria, junto con los rasgos de la mujer que le había acompañado, e incluso las sensaciones que había experimentado se veían trastornadas y embotadas por ese extraño episodio de amnesia repentina. Pero ahora, y a su pesar, empezaba a recordarlo todo.

Al principio fue solo un malestar en el estomago, acompañado con el persistente y sordo dolor que envolvía su cabeza, pero a medida que cruzaba el patio de recreo junto con los otros estudiantes hacia la enorme reja de hierro que rodeaba el colegio, la presión fue extendiéndose por sus entrañas, por el comienzo del diafragma, hacia sus pulmones.

No se le podía comparar con la incomoda sensación de sueño por las horas perdidas en la noche o los continuos escalofríos que le envolvían por la gélida brisa invernal de Diciembre. Era algo más concreto, más profundo.

La nieve crujía bajo sus pies cuando llegó a los altos portones de gruesos barrotes negros, abiertos de par en par para dejar pasar a los padres en busca de sus hijos. Los profesores guiaban a los alumnos, formándolos en filas de dos en el centro del patio. El Sol se hallaba completamente cubierto por enormes nubarrones de un extraño color amarillento que prometían una intensa nevada. Los niños se amontonaban como pingüinos alrededor del muchacho, arrebujados en sus gruesos abrigos de invierno para conservar el calor.

Malcolm caminaba a su lado envuelto en una gran cotona color verde musgo, y Chris continuamente tenía que acelerar el paso para poder alcanzar a su larguirucho amigo, quien comparado con el niño, le pasaba por más de diez centímetros de altura.

"¿Qué te pasó allí dentro?" preguntó el muchacho, mientras se sacudía del rubio cabello los copos que ya habían empezado a caer a su alrededor.

Christopher, quien iba absorto en sus pensamientos desde que habían salido del aula de clases, no escuchó la pregunta de Malcolm, aún cuando éste se la formuló con voz potente y acusadora. Sus ojos observaban detenidamente los copos de nieve que caían a su alrededor, estudiando su compleja estructura como quien admira una obra de arte. Se preguntó por qué lo alarmaba tanto el que la extraña mujer llamada River Song, quién había estado en su cocina la noche anterior, hubiese aparecido en su clase como la nueva profesora. Tal vez era el hecho del misterio que envolvía su intrusión en la cocina de sus padres, el hecho de que los conocía, y el extraño modo de tratarlo.

Se comportó demasiado calmada cómo para haber estado haciendo algo malo. Se dijo Chris. Tal vez estaba allí solo para cuidarme, pues mis padres no estaban en casa.

Pero otro pensamiento se agolpaba en la mente del muchacho, y se fue gestando en su subconsciente, haciéndole sentir más mareado de lo que ya estaba. Ella me conoce, ella me creyó cuando le dije lo de mis pesadillas…

Sus pensamientos se vieron interrumpidos abruptamente al sentir un golpe de frío directo en el lado derecho de su rostro. La nieve resbaló por su hombro, humedeciéndole el cabello. Se estremeció al sentirla en contacto con la piel de su cuello, y el muchacho la sacudió con furia lejos del resto de su ropa. El frío le calaba los huesos.

"¿¡Por qué demonios hiciste eso!?" gritó encolerizado, mientras se limpiaba los mitones de lana en la tela de los pantalones. Malcolm se encontraba a solo dos metros de distancia, ya preparado con otra bola de nieve y observándolo con las cejas levantadas.

"No me respondiste" dijo Malcolm, mientras amoldaba la blanca y gélida esfera de nieve que era su arma mortal, entre sus manos "Te pregunté qué era lo que te había pasado en la sala de clases, es obvio que algo te preocupa"

"No me preocupa nada" respondió Christopher entre dientes, mientras se agachaba y cavaba en la nieve para hacerse con un buen pedazo. Se mantuvo a la defensiva, esperando que Malcolm diera el primer movimiento, pero éste siguió observándolo, ahora con el ceño fruncido, como si hubiera reparado en algo que antes no se había dado cuenta.

"¿Qué pasa?" preguntó una vez más Malcolm, mientras dejaba caer la bola de nieve a sus pies. Ésta chocó contra el suelo y se desmoronó mientras el niño caminaba hacia Chris, quien retrocedió y alzó la mano con la que sujetaba la bola de nieve. Malcolm se paró en seco y colocó ambas manos a un lado de su cabeza. "Estoy desarmado Chris" dijo con una media sonrisa.

"¿Y eso qué? Desde que te conozco eres el más rápido en guerra de bolas de nieve" dijo Chris, mientras hacía la pose de un jugador de base ball antes de tirar la bola "tu mismo alardeabas de que podrías formar una bola de nieve segundos antes de que la de tu adversario chocara contra tu cabeza"

"Es verdad" admitió Malcolm "pero aún así me golpearía. Las bolas que me golpeaban casi siempre eran las tuyas. Además, siempre has sido el más rápido en esquivarlas, así."

El ataque fue tan rápido que Christopher tuvo que tirar su bola de nieve al suelo para poder esquivar el golpe… pero solo logró enredarse con sus pies, mientras volvía a sentir el golpe frío de la nieve, esta vez contra su rostro.

"¿Pero que demonios fue eso?" la pregunta de Malcolm parecía venir de muy lejos. Christopher sintió que se le tapaban lo oídos por el continuo golpeteo de la sangre contra sus tímpanos. Enfurecido y aún con nieve en la cara y en la ropa, se agachó en el suelo y agarró con una sola mano una gran cantidad, formando con ella una esfera compacta. La lanzó con todas sus fuerzas sin mirar al frente, y solo alzó la cabeza al escuchar el lejano quejido, señalándole que había dado en el blanco.

Cuando la nieve del rostro que le obstruía los ojos se derritió, pudo observar frente a él a Malcolm… impecable y sin una pizca de nieve en la ropa. Su rostro no podía se de otra cosa más que de incredulidad o confusión, con los ojos azules abiertos por la sorpresa; giraba la cabeza de un lado a otro, primero observaba a Chris y despues reparaba en alguien más que el niño no vio venir hasta que éste lo tenía sujeto de la parte delantera del abrigo.

"¿Quién demonios te crees, Williams?" La voz era ronca y estaba cargada de toda la ira que en ese momento ya había abandonado el cuerpo del niño, reemplazándola con una sensación de profunda sorpresa y pánico. El muchacho, quien en su aturdimiento Chris logró identificar de tercer grado, lo zarandeaba con una fuerza superior a la suya, mientras el menudo niño trataba de formular alguna palabra para salir de ese atolladero.

Poco a poco, los ojos de Chris, que había sido embotado por el frío de la nieve acumulada en sus parpados, pudieron distinguir el rostro robusto del muchacho. Era un chico moreno, dos años mayor que él. Tenía casi toda la nuca, al igual que la parte superior de los hombros cubierta de nieve, sus ojos negros como la regaliz brillaban con enojo, y a pesar de que parte de su rostro se había tornado azul por el frío, sus mejillas y su respingada nariz, como la de un cerdo, se había coloreado de un intenso tono rojizo por la ira.

"Lo siento" logró balbucear Chris con un hilo de voz apenas perceptible, sentía que se ahogaba bajo el fuerte apretón de la mano del matón que lo tenía sujeto del cuello. El niño de inmediato reconoció al muchacho, y también recordó las continuas peleas y los golpes que les profería a los niños menores que él.

"Ni todas las disculpas del mundo te servirán ésta vez, cacatúa" Christopher hizo una mueca ante el apodo, al mismo tiempo que sentía como la sangre volvía a latir en sus venas. Era obvio que el matón hacía referencia a su nariz levemente ganchuda, que había heredado de su padre, y esa clase de insultos Chris no los soportaba.

Se había formado un circulo de niños curiosos que murmuraban entre si, alguno, de primer grado solo se apartaban para no quedar en medio del altercado, pero otros, como los amigotes del matón, quienes sonreían detrás de éste, observaban expectantes, obviamente esperando una pelea de la que, con seguridad, Christopher no saldría victorioso.

Malcolm, al parecer, todavía no salía de su aturdimiento, lo único que había cambiado en su expresión era el que había cerrado su boca y permanecía quieto en su posición, con la fina mandíbula apretada y sus ojos bien abiertos, tal vez demasiado aturdido con la rapidez de los acontecimientos o muy impresionado para decir cualquier cosa.

Años despues, al repasar la escena en su memoria, Chris se preguntó de donde habría salido el valor que le había hecho abrir la boca, y que camino hubiera tomado su vida si simplemente se hubiera dejado golpear por el niño que le doblaba de tamaño, en vez de decir lo que dijo.

"Eres un cobarde"

"¿Qué dijiste?" La mano alrededor de su cuello aumentó la presión, mientras los ojos del muchacho frente suyo resplandecían de pura furia y sus mejillas se tornaban violetas por la ira reprimida.

"Eres un estúpido, un matón, un cobarde que golpea niños por diversión pues teme que un chico de su edad le vuele la nariz a golpes" que demonios estoy diciendo pensó Chris. Las palabras habían salido tan rápido que el chico de tercer grado tardó un instante en asimilarlas, y cuando lo hizo, su rostro tomó primero una expresión de profunda sorpresa por la audacia del niño y después, se contorsionó en una mueca de cólera desbordante que le hacía ver más parecido a un cerdo de lo que Chris hubiera esperado. De repente el muchacho alzo un puño cerrado, y Christopher, todavía sorprendido por sus palabras, solo atinó a agarrarse bien del brazo que lo sujetaba del cuello, agachar la cabeza con rapidez y morder con fuerza su muñeca desprotegida.

El matón lo soltó de inmediato, profiriendo maldiciones a viva voz mientras los niños de primer grado vitoreaban y animaban a Chris, al mismo tiempo que éste retrocedía para salir del alcance del muchacho. No llegó demasiado lejos, de inmediato tropezó en la helada nieve y sintió los fuertes bazos de dos chicos de tercer grado agarrándolo por los codos y manteniéndolo en su lugar. El matón se cubría con una mano su muñeca, pero Chris ya podía ver la marca roja en media luna que le había hecho con sus dientes.

Todos habían quedado en silencio, y desde su posición Chris ya no podía ver a Malcolm, pues el gigantesco cuerpo del muchacho le tapaba la vista. El matón parecía haberse inflado y lo miraba con un odio iracundo en los ojos. Cerró un puño con fuerza y lo posiciono en lo que Chris sabía sería un golpe muy doloroso "Eres un cabrón, maldito hijo de…"

"¡GUERRA DE BOLAS DE NIEVE!" El grito de Malcolm cortó el silencio en el que se habían sumido los niños a su alrededor, como el rugido de un león enardecido, y lo que siguió a ese grito, no pudo haber sido descrito mejor, más que como una verdadera batalla campal.

Malcolm lanzó con todas sus fuerzas una enorme bola de nieve a la cabeza del matón, que todavía no reparaba en el muchacho. Chris observó la expresión del matón desde donde se encontraba inmovilizado, cual adquirió la de un animal tomado completamente por sorpresa. Su pelo moreno quedó completamente cubierto de nieve, y no solo fue ese ataque. Alentados por la audacia de Chris y el grito de Malcolm, los de primer año se habían posicionado; cada uno había hecho una bola de nieve y ahora la lanzaban contra los de tercer año, quienes no se quedaron atrás y respondieron con el mismo vigor a la ofensiva. Christopher cayó al suelo hundiéndose en la nieve cuando dos enormes bolas de nieve lanzadas por Malcolm y otro chico que no pudo identificar dieron de lleno en los rostros de sus captores.

Las filas de alumnos, que tan afanosamente habían organizado los profesores de primaria, habían sido completamente desbaratadas. Vieras donde vieras había niños cubiertos de nieve, quienes cubrían igualmente a sus compañeros de nieve, que se lanzaban helados proyectiles de nieve… y se revolcaban riendo en la nieve. Se había formado un desorden que ni siquiera los adultos podían controlar, mientras algunos padres agarraban a sus hijos del suelo, y otros profesores separaban a grupos de niños que, despues de cansarse de tirarse bolas de nieve, prefirieron organizar una batalla para ver quien resistía más una lucha antes de caer al suelo, Christopher se levantó del suelo después de estar un largo rato tendido viendo la pelea que se había formado en el patio de recreo.

Malcolm corrió hacia él mientras Chris trataba de levantarse, cubierto de nieve y completamente empapado.

"¿Estás bien?" preguntó en voz alta cuando el niño logró ponerse de pie sin tropezar en la nieve que los rodeaba. El rostro de Malcolm estaba radiante de alegría, pero todavía conservaba la palidez que había adquirido cuando el matón había aparecido "¿En qué demonios estabas pensando?"

"¿Eh?" Chris lo miró confundido y sin entender completamente la pregunta, pero justo cuando estuvo a punto de responder, vio en el rabillo de su ojo algo blanco que se acercaba "¡Cuidado!"

La bola de nieve pasó rozándole la coronilla cuando dobló sus rodillas para esquivar el ataque. De inmediato y sin mirar a su contrincante, escarbó con ambas manos en la fría nieve y lanzó hacia la dirección de la que el proyectil había venido. Malcolm se unió a él con un poco de retrazo pero casi con la misma velocidad y precisión. Juntos lograron derribar al chico de tercero que los atacaba y cegarlo por unos minutos con la nieve.

"¿Estás loco, lo sabías?" dijo Malcolm, limpiándose las manos escarchadas en el pantalón. Chris giró la cabeza hacia su dirección, mientras exhalaba un vaho de vapor que se cristalizó en el frío ambiente. Sus mejillas y narices estaban rojas por las bajas temperaturas, pero la energía que estaban gastando les impedía sentir el frío del ambiente "¿En qué estabas pensando? ¡Ese tipo era más fuerte que tú! Creo que nunca volverá ha verse algo tan imprudente como lo que hiciste hoy"

"Habla él que empezó la guerra de bolas de nieve más grande que se halla visto en este invierno…" Christopher habló entre dientes, mientras lanzaba un gran puñado de nieve hacia un grupo a cinco metros de él.

La nieve les impedía moverse, y Chris ya sentía la adrenalina retroceder en su torrente sanguíneo. El frío le calaba los huesos y sus manos estaban completamente entumecidas.

"¡Tenía que detenerlo!" Jadeó Malcolm, saltando cuando una bola de nieve golpeó el suelo bajo sus pies "¡Estabas temblando como un cerdo en el matadero!"

"¡Él es el cerdo!" Gritó Chris a todo pulmón, cogiendo una nueva bola de nieve y lanzándola hacia unos de tercer año "¡Y yo no tiemblo!"

"¡Si lo haces…! ¡Demonios!" El pelo rubio de Malcolm quedó completamente cubierto de nieve cuando Chris volvió a agacharse para esquivar el proyectil lanzado en su contra. Sacudió con fuerza su cabeza, mientras Chris acumulaba una gran cantidad de nieve y formaba grandes bolas de nieve para poder utilizarlas con mayor rapidez "¿Qué estos malditos idiotas no pueden ser más bajos…?"

"Agáchate cuando lancen ellos y cuando se queden sin bolas de nieve, lanza tú" Le instruyó Chris "Y yo no tiemblo"

"Que sí lo haces" Malcolm amontonó una gran cantidad de nieve a sus pies "Lo estás haciendo ahora" señaló, mientras volvía su atención hacia los de tercer año.

Christopher frunció el seño y dejó la bola de nieve que sujetaba en el suelo, procediendo a observarse las manos y darse cuenta, con sorpresa, de que lo que decía su amigo no era simplemente para molestarlo, pues en ese momento temblaban levemente sin que él lo hubiese notado, seguramente por la adrenalina o el inmenso frío que reinaba a su alrededor "Es por el frío"

"No digo que fuera por otra cosa. En mi vida me enfrentaría como tu lo hiciste ha ese matón. Por esa razón estás loco"

"Tu le lanzaste una bola de nieve" señaló Chris, reanudando la batalla contra los de tercer año "Van a matarte en la escuela cuando se enteren de quien ha empezado con todo esto"

"Tenía que hacerlo" Malcolm empezó a lanzar de dos en dos, con unas bolas de nieve cada vez más grandes que las anteriores "No podía dejar que te rompiera la nariz ¡es demasiado valiosa!"

"¡EH!" se quejó Chris ante la broma de Malcolm. Lanzó una pequeña bola de nieve hacia su dirección, y chocó contra su rostro como lo hubiese hecho antes de todo el embrollo con el matón. Se desmoronó sobre sus cejas, dejándolo ciego por unos momentos, en los que se lanzó al suelo de rodillas desesperado, recogiendo tres bolas de nieve y amoldándolas entre sus manos.

"¿No me vas a lanzar eso, o si?" Lo desafió Christopher con una sonrisa, poniéndose en guardia. Malcolm tenía una precisión mortal, pero, como él había dicho antes, Chris era más rápido en esquivar y lanzar, y aprovechó el hecho de que los de tercer curso habían dejado de atacar para prestarle toda la atención a los movimientos de Malcolm.

"¿No me crees capaz?" Preguntó Malcolm amenazadoramente, mientras sujetaba su súper bola de nieve con ambas manos y la levantaba sobre su cabeza. Chris estaba listo para salir del camino del gigantesco proyectil "No eh empezado solo yo ¿recuerdas? Te dije que no me atacaras, pues no tenía nada con que defenderme" se empezó a acercar a Chris lentamente, y éste al darse cuenta, solo atinó a taparse un poco el rostro con los antebrazos "Pues ya tengo con que defenderme ¡Esquiva esto!" gritó, catapultando con todas sus fuerzas la enorme bola de nieve hacia la dirección en la que Chris estaba parado, y en el último minuto éste saltó hacia atrás, tropezando con la nieve acumulada a su alrededor y cayendo como un peso muerto sobre su espalda, quedando por unos minutos sin respiración.

Aún cuando todo debió haber sucedido demasiado rápido, para Chris fue como ver una escena en cámara lenta.

Ahora se daba cuenta de por qué los de tercer año se habían detenido.

Malcolm era mucho más alto que Chris, y por esa razón la enorme bola de nieve pasó de largo por encima de su cabeza antes de que éste cayera al suelo. Pero el proyectil no se detuvo, había sido propulsado con demasiada fuerza y siguió en una pendiente ascendente hacia la inmensidad del patio, y hubiese sido un espectáculo digno de admiración si es que el grupo de niños de cuarto que en ese momento salía de clases no se hubiera dispersado al verlo llegar, igualmente hubiera sido increíble si tan solo se hubiese estrellado contra el marco de la puerta de entrada. Pero Christopher, que vio toda la escena con un detalle estremecedor, le pareció, más que un espectáculo, una horrible escena que le transformó las entrañas en plomo.

El pelo rizado de River Song quedó completamente cubierto de nieve, al igual que su abrigo rojo y su rostro ahora apenas distinguible. El proyectil choco con tanta fuerza que hizo que la mujer se tropezara en la nieve y cayera de bruces al suelo, con la ropa completamente empapada.

Tan rápido como todo había empezado, los niños de primero, segundo y tercer año se detuvieron al presenciar la escena. Se hizo un silencio sepulcral en todo el patio de recreo, en el que Christopher solo escuchó el lastimero jadeo de Malcolm detrás suyo y observó, petrificado en el suelo, la figura de River Song, quien en ese momento se levantaba apoyándose en sus manos y se sacudía grandes cantidades de nieve de las mangas de su abrigo, sus hombros y su rostro. Su pelo estaba completamente empapado y los rizos rubios se pegaban a sus mejillas, y sus ojos, despejados completamente, observaban a los niños del patio con una gelidez que sobrepasaba la del frío que reinaba en el ambiente.

"Quién fue" jamás había escuchado un tono de voz tan frío y autoritario. Chris se estremeció. La mirada de River le recordaba la que su padre le daba cuando hacía algo de verdad muy grabe, y sospechó que River Song era unas personas que costaba mucho sacar de quicio "Quién fue" repitió, con voz potente y atronadora, pero sin revelar el mínimo rastro de cólera o enojo por lo que había sucedido.

Chris se levantó lo más rápido que pudo y observó a Malcolm con ojos abiertos, sorprendido. Éste le dirigió una mirada que solo podía denotar el pánico que lo atenazaba. Chris sintió un nudo en el estomago, sabía que Malcolm nunca habría querido herir a nadie. El muchacho se cuadró de hombros, totalmente pálido, y rozó el costado de Chris al caminar hacia donde se encontraba River Song, con paso lento y tembloroso.

"Yo fui" River alzó la cabeza al escuchar la confesión, observó al muchacho con una mirada dura en su rostro inexpresivo, como si quisiera evaluar su valor. Después, le hizo una seña con la cabeza para que entrara al edificio. Christopher entró, teniendo cuidado en no entablar contacto visual con Malcolm, quien lo observaba con una expresión desesperada en su rostro como el mármol "No te atrevas" le dijo por lo bajos al pasar por su lado. También tuvo cuidado con la mirada de River, pues sabía que si volvía a observar los ojos verde azulados de la mujer, el pequeño valor que había reunido para ponerse en el lugar de Malcolm flaquearía hasta desmoronarse como se desmoronaba la nieve de su ropa con cada paso que daba.

Se observó los zapatos en todo su recorrido por el pasillo de la escuela, escuchando los continuos murmullos de los alumnos al pasar por sus lados, hasta que sintió la puerta del aula de clases cerrarse detrás de él.