Los personajes de Crepúsculo son propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo me atribuyo la historia.

Capítulo beteado por Eve Runner, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction

Epílogo

—Papi. —Anthony llegó a mí rápidamente—. Esto me aprieta —se quejó jalándose la pajarita del esmoquin—, quiero quítamelo, pero mami no me deja.

Saqué una de mis corbatas, aunque sabía que le quedaría enorme y que Isabella me mataría cuando la viera; afortunadamente las mellizas estaban ocupando todo su tiempo.

— ¿Puedo jugar play? —preguntó mi hijo juntando sus manos—. Tengo que terminar el último juego de Infamus. —Me puso ojitos de cordero a punto de llegar al matadero.

—Si tu madre dijo que no es no, Tony. —Revolví su cabello oscuro como el de su madre y rebelde como el mío—. Así me pongas los ojitos del gato con botas de Shrek.

— ¡Papá no es justo! —Hizo una pataleta. Si por algo era conocido Tony Cullen, era por sus pataletas. Anthony era bastante parecido a mí, a diferencia de Tefy y Liz que tenían un poco de ambos. Cambié la corbata de mi hijo dejándola dentro de su chalequillo, no se vería tan mal

—Voy abajo a ver televisión —refunfuñó malhumorado—. Estúpida fiesta, ya verán lo que voy a hacer cuando... —murmuró entre dientes mientras salía de la habitación.

—Te escuché —le dije—. Y más te vale que te comportes o no jugarás play en un muuuyyy largo tiempo —le advertí, abrochando los botones en mis muñecas. El mareo había pasado dejando esa sensación de pesadez, llevaba días sintiéndome mal, vómitos, y mareo. La verdad no estaba para fiestas, pero hoy era el día de mis princesas, así que me paré frente al espejo y traté de anudar mi corbata, era un experto para anudar la de los demás, pero a la hora de hacerlo yo, era un desastre.

—Acabo de ver a Tony bajando la escalera, como para variar llevaba una cara... —bromeó mi esposa—. ¿Cómo sigues? —preguntó desde la entrada de la habitación, la miré a través del espejo admirando su figura, los dos embarazos la habían vuelto extremadamente hermosa, colocando las cosas mejor de lo que ya estaban—. Para tener siete años es un niño bastante malhumorado. —Rio mientras contoneaba su cadera hacia mí, entrando en nuestra habitación.

—Mejor, y el mal humor de tu hijo es tu culpa, parecías un pulpo enojón los nueve meses del embarazo.

—Tú no soportaste ni un síntoma y yo estuve acostada cinco meses por el desprendimiento lateral. —Llegó justo frente a mí.

—Tuve suficiente la primera vez. —Sonreí y la pegué a mí—. ¿Sabes? Estaba pensando, somos jóvenes aún…

—Tengo treinta y cinco años —me cortó.

—Estás en la flor de tu juventud. —Acaricié su rostro.

—No voy a quitarme el diafragma, Edward. —Me miró seria cuando descubrió lo que trataba de decirle—. Mejor déjame arreglarte esa corbata.

—Amor…

—No intentes convencerme, te recuerdo que tus hijas mayores cumplen quince años hoy. —La apreté a mí.

—Y parece como si hubiese sido ayer —le dije besando su frente—. ¿Recuerdas cuándo las llevamos la primera vez al departamento?

— ¡Cómo olvidarlo! Sacaste a todos de la casa porque querías estar con ellas y luego llamaste a Esme llorando porque Liz no dejaba de llorar.

—O cuando me llamaste al celular en medio de un examen de House porque Tefi tenía calentura y cuando llegué te encontré con ambas cargadas mientras lloraban a la par.

—Fue cuando le salieron los primeros dientes.

—Sí. —Abracé más fuerte a mi esposa—. ¡Dios! Quince años…

— ¿Te sientes viejo, doctor Cullen? —Mi esposa rio y se separó de mí, terminando de anudar la corbata a mi cuello.

—Quiero tener un bebé…

—Estás loco. —Ajustó el nudo.

—Por favor…

—Solo si tú lo llevas los nueve meses y luego das a luz. —La miré arqueando una ceja—. Si no es así, olvídalo.

—Amor…

—Tres hijos son suficiente, además estoy en la mejor etapa de mi vida, un embarazo me tendrá fuera del hospital por dos años. —Me separé de ella y volví al espejo, eso era egoísmo—. No voy a discutir contigo eso, cuando seas más comprensivo y realista baja, las niñas están vestidas y Anthony va formar la pateleta del siglo si no lo dejo jugar con el play.

No le dije nada, tomé mi saco con brusquedad y me lo coloqué mirándome al espejo. No estaba viejo.

Busqué entre mis cabellos algún indicio de pelo blanco o una arruga… ¡Joder! Tenía 38 años, no estaba viejo.

—Isabella me comentó que te molestaste porque ella no quiere tener más hijos —susurró mi padre que me interceptó cuando empezaba a bajar las escaleras.

—No me molesté, simplemente… No me prestes atención, papá, ando voluble —comenté palmeándole la espalda. Terminé de bajar los escalones, quedándome estupefacto antes de llegar al último escalón.

Mis princesas estaban hermosas.

Su largo cabello cobrizo, herencia de mi parte, estaba atado en un moño bastante elaborado, sostenido por una pequeña tiara de brillantes. Sus vestidos… rosa para Tefi y Lila para Liz, no tenían nada que envidiarle a los de cuentos de las princesas de Disney, que tantas veces me hicieron contarles para dormir.

—Hermosas — expresé besando sus mejillas.

Las tomé del brazo y salí con ellas hacia el salón, donde se celebraría el paso de niñas a mujeres.

Mientras íbamos en el coche mi esposa no me miraba y yo empecé a sentirme mal. Cuando las mellizas llegaron a nuestras vidas mi esposa tuvo que poner su vida en pausa a pesar de que fui yo quien sufrió todos los síntomas mientras las pequeñas nacían y luego se volcó completamente al cuidado de ellas, en ese periodo yo terminé de estudiar, hice mis pasantías y me gradué con honores. Aunque fue hermoso celebrar mi graduación con ella y las dos razones de mi existencia, podía ver el dejo de tristeza en el rostro de mi esposa cuando tomé su mano y alcé su rostro dos lágrimas abandonaron sus ojos, la estreché fuertemente contra mis brazos y desde allí las niñas empezaron a quedarse con Renée y Esme hasta cuando yo terminaba guardia y las iba a buscar; me convertí en amo de casa y niñero. Luego cuando estaba terminando su maestría Tony nos anunció su llegada, este fue un embarazo diferente Bella solo tenía fuerzas para salir de la cama y yo me veía apurado para atenderla a ella y a las mellizas; no quiero recordar el parto a los 7 meses y medio y una cesárea de emergencia. Quizás el más egoísta estaba siendo yo, así que como siempre cuando discutíamos alargué mi mano tomando la suya y apretándola levemente.

—Te amo —susurré sin voz y ella me devolvió el apretón.

Llegamos a la recepción y todos mis amigos estaban allí, incluso un viejo amigo de la escuela que habíamos encontrado hacía unos meses atrás, Garret y su esposa Kate venían acompañados de sus hijos, gemelos idénticos, Peter y Benjamin.

Después del tradicional vals, el cual bailé con mis dos hijas al tiempo, hasta que mi padre y suegro llegaron a quitarme mi placer. Estuve por varios minutos disfrutando las curvas de mi esposa, mientras los más jóvenes estaban en el salón continuo en una fiesta para ellos.

Mientras sentía la cabeza de mi esposa recostada en mi pecho y nos movíamos con el suave ritmo de una de las canciones de Adele recordaba como Anthony había llegado a colocar nuestro mundo de cabeza, las mellizas tenían ocho años y eran mi vida entera, cuando me enteré que sería un hombrecito estaba que no podía con mi ego y orgullo, si bien amaba a mis princesas, todo hombre quiere un varón para no perpetuar el apellido, es un pensamiento machista, lo sé, pero yo estaba feliz; trabajaba en la clínica con mi padre, nos habíamos cambiado de hogar, porque el departamento nos era muy chico, a una casa de dos plantas muy cerca del hospital. No iba a pasarme lo de la última vez.

Por el rabillo del ojo vi a Liz salir del salón, había pasado la media noche y el vestido de princesas había sido remplazado por unos jeans desgastado y un top ajustado. Mis hijas habían sacado la genética de su madre y yo a los quince años ya no veía a su madre como una niña. Tefi salió a los segundos también, había remplazado su vestido por ropa más cómoda, como su hermana. Las dos juntaron sus manos y dieron brinquitos emocionadas… Alice de Whitlook en toda la extensión de la palabra, ya sabía yo que nombrarla madrina de ambas niñas no había sido una buena idea.

Miré a mis, ya no tan pequeñas, princesas mirar al salón, sus ojitos se abrieron como cuando yo llegaba del hospital cada día cuando tenían cuatro años. Peter y Benjamin salieron del salón y se acercaron a ellas dándoles un beso en la mano.

Detuve el baile abruptamente.

¡Ellas eran mías!

—Vuelvo en un minuto —le informé a mi esposa siguiendo con la vista a las dos parejas de jóvenes que caminaban hacia la fuente en el jardín de la casa de eventos.

Dejé a mi esposa en la pista mientras me soltaba la corbata y caminaba hacia allí.

¿Hace cuánto se conocían? Hace menos de un año.

Caminé hasta una distancia prudente y enfoqué a mis hijas, estaban hablando y riéndose como las niñas que eran, la música en el salón de los adultos cambió y una música romántica salía del salón. Peter se levantó de la fuente y extendió su mano hacia mi Liz, ella se sonrojó emocionada antes de aceptarla, entonces Benjamin hizo lo mismo hacia Tefi. Ellos empezaron a bailar al compás de la música y estaba bien hasta que sus manos se enroscaron en la figura curvilínea de mis hijas y ellas acomodaron sus cabezas en el intento patético de pecho que tenían esos chicos.

Estaba dispuesto a hacer el mayor escándalo de mi vida cuando una suave y delicada mano me tomó por el brazo.

—Son hermosas, verdad. —Mi esposa no preguntó y yo aún así me vi asintiendo—. Se ven tiernos. —Bufé—. Hicimos un buen trabajo con ellas, es la ley de la vida —dijo viendo la –según ella– tierna escena.

—Sobre mi jodido cadáver, ellas no tendrán novio hasta que tengan… no sé 50 años y yo sea un jodido fósil, devorado por los gusanos.

—Anarquista. —Mi esposa rio en mi espalda.

—Son mis bebés…

—Cumplen quince.

—Por eso, aún están en la secundaria, no deben tener novio. —Sentencié.

— ¿Te recuerdo a qué edad me besaste, doctor Cullen?

—Lo nuestro fue totalmente diferente, yo te amaba desde que te conocí.

—Solo están bailando —explicó ella abrazándome.

—Cuando yo bailaba así contigo todo mi cuerpo reaccionaba y tenía 17, yo conozco la revolución de hormonas a los quince.

—Paranoico.

—Si las llegan a besar te juro por todos los dioses que los mato, me importa un comino que Garret sea el mejor abogado de toda América. —Mi esposa volvió a reír antes de besarme suavemente, le seguí el beso sin dejar de mirar al cuarteto hormonal.

Ella pegó su cabeza a mi pecho y suspiró hondo.

— ¿Cómo sigues del mareo?

—Mejor, creo que debo dejar de comer tanta comida chatarra, hay que empezar a cuidar el corazón del colesterol.

— ¿Cuándo te entregan los exámenes? —Me había dejado contagiar por la música, así que mi esposa y yo nos movíamos levemente por el jardín, detrás de los arbustos.

—Mañana, pero no creo que sea nada malo. —Besé su frente.

—Lo lamento —dijo después de varios minutos en silencio.

—No, él que debe disculparse soy yo, nena. —Alcé su rostro y junté nuestras frentes—. Fui un egoísta en casa.

—No lo lamento por eso…

— ¿Entonces? —Me separé de ella y miré sus ojos.

—Mareo, vómito, antojos, bipolaridad…—Mis ojos se hacían cada vez mas grandes—. Me hice una prueba en la mañana.

Empecé a sentir mi respiración agitada, ya no tenía 22 años.

—Pero y tú… ¿y el diafragma?

—Todos los anticonceptivos son un 99.9% efectivos, como doctor debes saber que siempre hay un 1% que… —No la dejé hablar, ella no tenía que decir nada más, la besé con amor, con pasión, con religiosidad, la besé por quince años después de matrimonio, porque después de veinticinco años de conocerla ella despertaba en mi las mismas sanciones… No, no las mismas, eran diez mil veces más fuertes.

— ¿Estás hablando en serio?

—Dos caritas felices y una triste —contestó ella mirándome con la misma adoración con la que yo sabía que la miraba; por un momento me olvidé del lugar en donde estábamos, me olvidé de los dos chiquillos hormonales que querían robarme a mis bebés y centré toda mi atención en la mujer de mi vida. Caí de rodillas frente al vientre de mi esposa, no pude hacer más que llevar mi boca a él y depositar un beso reverencial en el, ella sonrió y me hizo levantar del suelo, solo que lo hice muy rápido y trastabillé por el mareo.

¡Oh, sí! ¡Bienvenido, jodido Couvade!

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Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaa… Lloro y pataleo; este era mi mejor Edward. ¡Dios! Yo lo amaba, fue tan bello y tierno... que fue difícil decirle adiós, pero todo es un ciclo y este lastimosamente se ha cerrado. No queda más que agradecer a cada una, que hicieron saber con sus comentario lo mucho que les gustó esta locura, a las que rieron conmigo y se burlaron de los síntomas de Couvade, (¿Saben? Esto sucede más cuando hay compenetración con la pareja XD), también quiero agradecer a Laura y sus puntos rojos y azules, y sus tachones... A Eve, porque si se dieron cuenta no se escapó ninguna Serena; a los lectores fantasmas, a los que agregaron el fic a favoritos. Espero contar con muchos años más por aquí, dándoles con qué entretenerse. Gracias por el apoyo...

Mayra Julliannys Jaraba demoya