Los personajes de Crepúsculo son propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo me atribuyo la historia.

Capítulo beteado por Eve Runner, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction

y mi ami Laura C.

Embarazados

Capítulo 4: Antojos

Salí realmente cabreado de la cafetería, ¿no podían entender algo tan simple como lo eran los antojos?

— ¡Edward! —Escuchaba la voz de Bella pero seguía caminando—. ¡Amor! —No iba a voltearme—. ¡Bebé! —Detuve mi caminar y ella envolvió sus brazos en mi cintura, recostando su cabeza en mi espalda—. Ya pasó, bebé, yo estoy contigo. Los tres estamos para ti. —Las lágrimas se acumularon en mis ojos, pero me obligué a no dejarlas salir.

—Estoy bien —dije con voz ahogada—. Tengo examen con House (1), nos vemos en el estacionamiento.

—Te amamos, lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé, princesa, yo también los amo. —Me giré dándole un casto beso y me dirigí a mi clase.

House estuvo como siempre: gruñón, intenso, puto y cabrón. Había sido el examen más pesado en mi carrera como médico y si a eso le sumábamos que no había comido nada decente y que tenía somnolencia, hacía todo un cuadro perfecto.

Bella estaba recostada en el Volvo mientras comía un portable de nutella (2), la boca se me hizo agua.

—Hola, amor —dijo dándome un beso; gemí ante el extraño sabor de mi novia y el chocolate con avellana.

Sentí mi miembro empalmarse y una idea cruzó por mi mente: mi nena recostada en nuestra cama mientras yo jugaba con ella y la nutella.

— ¿Tienes una barra metálica en el bolsillo? ¿O alguien está feliz de verme? —dijo mi novia sonrojada.

—Muy Feliz. ¿Tenemos nutella en casa? —ella asintió—. Estamos perdiendo tiempo valioso hablando. —Embestí contra ella.

—Edward… —Me empujó y regañó—. Estamos en la universidad.

—Por eso, entra al coche y larguémonos a nuestra casa —le dije sonriendo. Bells me sacó la lengua antes de abrir la puerta del coche y entrar, me giré rápidamente para subirme al auto e ir a casa.

— ¡Edward! —Escuché la voz de los chicos pero decidí ignorarlos.

— ¡Edward! —gritó Rosalie. ¡Dios! ¿Por qué Rose? Cuando ella me llamaba era porque había cocinado algo delicioso—. Hice brownies hoy, pensé que querías —dijo llegando donde me encontraba, me acomodé la bata para que los chicos no viesen el estado de Eddie Jr.

La canasta que Rosalie me ofrecía olía delicioso, pero yo tenía antojo de nutella y del cuerpo de mi novia.

— ¡Hey, Edward! Lamento lo de la cafetería —dijo Emmett, dándome un golpe en el brazo.

—No sabíamos nada del embarazo —dijo Alice—. ¿Cómo pasó?

Enarqué una ceja.

—No fue porque le escribimos a la cigüeña en el Facebook, Ali. —Negué con la cabeza mientras Bells reía agarrándose el estómago.

—No seas idiota. —Alice me dio un zape.

—Nos referíamos a que se cuidaban, ¿no? —dijo Vannesa aferrándose a sus libros.

— ¿En serio piensan que hablaré de nuestra vida sexual en el parqueadero de la universidad? Esperen… ¿En serio creen que les voy a hablar de nuestra vida Sexual? —Saqué uno de los brownies y gemí de gusto cuando el chocolate inundó mis papilas gustativas, recordé inmediatamente la nutella—. Chicos la conversación está genial, el café en su punto; pero Bella y yo ya nos íbamos.

—Pero, no nos han contado nada —dijo Rosalie.

— ¿Cómo se enteraron? —nos abordó Jacob.

— ¿Cuántos meses tienes? —preguntó Vannesa.

— ¿Qué es Covale? —cuestionó Emmett.

No pude evitar la carcajada.

—Es Couvade, idiota.

—Soy arquitecto, nenita. Aquí los Docs. son ustedes. —Nos señaló—: La cerebrito. —Le dio un codazo cariñoso a Vane—, y el mechudo rocanrolero —bufó.

— ¿Qué te parece pelis en tu casa? —propuso Rosalie—. Así nos cuentas todo del bebé. —No quise sacarla de su error con respecto "al bebé" porque si no estaríamos una larga temporada aquí y yo tenía una cita con la nutella.

—Parece que mi casa es el lugar favorito de las reuniones —dije.

—Es la más cómoda y la mamá de Jacob no nos molestará —se burló Emmett.

— ¿Edward? —Miré a mi novia—. ¿Podemos irnos a casa? —susurró moviendo sus piernas—. Te necesito —articuló.

—Bueno chicos, Bella y yo tenemos cosas por hacer.

— ¡Ya la embarazaste, semental! —dijo Emmett.

—Nos vemos a las ocho en mi casa —dije entrando al coche.

—Esta vez llevaremos American pie (3). —Escuché a Emmett decirle a quién sabe quién.

Conduje como un loco por las avenidas. Bells me miraba pícara mientras señalaba partes de su cuerpo. ¡Oh, sí! Mi nena virginal se había vuelto casi tan pervertida como yo.

Ella me estaba mostrando dónde quería que le colocara el dulce, señaló su cuello, sus hermosos y duros pezones que se dejaban ver como lanzas dispuestas a un ataque por medio de su camiseta; su mano descendió hasta llegar a su centro. ¡Dios! Podía olerla. Aceleré más a fondo cuando divisé la fachada de nuestro edificio.

Dejé el Volvo mal estacionado y creo que lo rayé un poco con el auto de la Sra. Newton; pero por primera vez mi bebé no me importó, necesitaba a mi novia y la necesitaba, ¡ya!

Mi Pendrive (4) estaba sobre copado de información y necesitaba ensartarse en su puerto seguro para descargarse.

El viaje hasta el pent-house me pareció jodidamente largo. No pude tocar a mi novia en el ascensor porque el Señor Weber, un viejito de 78 años, iba con nosotros desde el segundo piso.

—Cálmate —dijo mi novia en voz baja. ¿Acaso se notaba lo deseoso que estaba?

El Sr. Weber se bajó en el piso seis, solo dos pisos y nada ni nadie me separaría de mi suculento postre o al menos eso pensaba…

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—Entonces, las letras serán doradas y la tarjeta en papel blanco —Bells asintió—. ¿Estás segura, hija? ¿Por qué no hacemos las letras cobrizas y que la tarjeta sea en un amarillo envejecido? —dijo mi suegra.

Estaba aburrido, fingía escucharlas, pero lo único que quería era que se fueran; amaba a mi madre y mi suegra era un verdadero amor pero yo tenía antojos… antojos de mi novia desnuda con Nutella en sus pezones.

—Renée tiene razón, hija —dijo mi madre—. Las letras se verían mejor como ella dice.

—Mamá, suegra, ella quiere las tarjetas así, es nuestra boda —les dije tratando de tener tacto. Lo que de verdad quería decirles era que nos dejaran a solas.

¡Dios! ¡Ya estábamos embarazados! ¡Muy embarazados! Y quería tener un poco de acción con mi novia; me levanté del sofá caminando hasta la alacena, tomé una cuchara y saqué el frasco de nutella.

—Yo quiero de eso… ¡Es mío! —dijo mi novia con un hermoso puchero cuando volví a la sala.

— ¿No son adorables? —susurró mi madre a mi suegra—. Ya están teniendo antojos.

—Edward ha comido como diez barras de chocolate hoy —comentó mi novia sonriendo.

—Espero que estés yendo al gimnasio, no quiero que no te vaya a quedar el traje —me regañó mi mamá.

— ¿Por qué todos dicen lo mismo? —dije frustrado aunque mi voz se quebró al final. ¡Qué jodidos importaba si el traje me quedaba pequeño! Pensé—. Estaré viendo televisión.

— ¡Edward Cullen! Trae tu trasero para acá, aún falta elegir el pastel, la iglesia, las flores…

—Mamá, te contestaré sencillo —la corté—. Pastel de chocolate con pasta dura en color blanco, pueden colocar los tradicionales noviecitos arriba, no debe ser muy alto eso sí, recuerda que el piso uno es para mí; la iglesia me gustaría que fuese el templo del Señor Antonio Weber, el hijo de nuestro vecino; y por último no tengo ni la remota idea de qué flores se usan para una boda, ni Bella ni yo tenemos experiencia en esto; así que… vamos a dejar todo en sus manos y de ustedes depende el éxito de nuestra boda —dije satisfecho.

Mamá se levantó de la silla colocando sus manos en jarras… ¡Oh, sí! Adiós antojo.

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Tres horas después, habíamos escogido las flores, la iglesia y el pastel; también el salón donde se realizaría la celebración. Mi madre se fue porque tenía una cita con mi padre, y mi suegra se quedó a cocinar.

A estas alturas del día estaba frustrado, jodido y muy enojado.

Me disculpé con las damas que ahora estaban viendo muebles para bebés y fui al baño.

—Seth —llamé a mi cuñado, quien escuchaba atento al otro lado de la línea—. Te doy 200 dólares si sacas a tu madre de mi departamento —dije conciso.

Mmmm… 300 y tu celular en la fiesta de Gabriela Wolf —dijo mi cuñado.

— ¿Para qué carajos quieres mi celular?

Saca bonitas fotos y con los 300 voy a comprarle el oso de peluche que ella quiere.

— ¡Hecho! Pero… ¡sácala ya de aquí! —Colgué y salí del baño justo para ver a mi novia mostrándome algo parecido a un pequeño prado en medio de un bosque, mientras me decía que así quería la decoración si eran niñas.

A los cinco minutos sonó el celular de mi suegra.

—Seth dice que le debes 300 dólares. —Me miró de modo extraño.

—No sabía que le debías dinero a mi hermano —inquirió mi novia.

—Sí, del día del almuerzo, es que los necesitaba —dije apenado. Mi suegra me miraba como si supiera lo que había hecho.

—Quiere que lo acompañe a comprar un regalo para una compañerita. Tu hermano está creciendo, mi amor, y parece que Cupido está empezando a lanzar sus flechas —dijo con voz soñadora antes de darle un beso en el pelo a mi nena y pedirme que la acompañara hasta la puerta.

Por supuesto no me negué.

— Adiós, Renée —dije besándola en la mejilla.

—Me hubieses dicho que querías privacidad, hijo, yo entiendo perfectamente esos síntomas. —Sentí que los colores se me subían a la cabeza, la nariz de Rodolfo me quedaba enana, ¡Dios qué vergüenza!

—Lo siento, Renée —dije apenado. Ella me dio una palmadita en la mejilla antes de marcharse.

Entré a la sala completamente sonrojado, al verme Bella estalló en carcajadas.

—Cuando tú ibas mamá había ido y venido más de cinco veces, trayendo consigo un bulto de excusas —dijo aún riendo—. ¡Ay, niños! Su padre es un personaje.

— ¿Niños?

—Es un decir —dijo ella antes de caminar a la cocina. Al cabo de unos minutos volvía con la nutella—. ¿Creo que tú, la nutella y yo teníamos una cita?

Me acerqué a ella abrazándola por la cintura.

— ¿Te he dicho hoy que te amo?

—Nop. —Sus manos se enredaron en mi cuello y se colocó en puntillas hasta acercar sus labios a los míos.

La levanté un poco del suelo pegándola más a mí.

—Tenemos una cita con esa nutella —le dije sensualmente, mordisqueando su barbilla.

—Ajam… —Se pegó más a mí. Iba a empezar a caminar a nuestro cuarto cuando el jodido timbre sonó.

—Ignóralos —dijo mi nena besándome vigorosamente—. Se irán.

Eso pensaba hacer hasta que los escuché.

— ¡Par de conejos! ¡Nos abren o tumbamos la puerta! —gritaron Emmett y Jacob.

Bufé y pateé el suelo antes de bajar a mi nena de mi regazo, respiré fuertemente y le quité el frasco de nutella a Bella.

—Abre tú, yo iré a satisfacer mi antojo —dije enojado antes de sentarme en el sofá y hundir mis dedos en el frasco de nutella.

¡Maldito sea quien inventó el jodido Couvade!

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Hola Chicas les dejo a mi edward nena, gracias mil gracias por todo su apoyo!

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Notas:

(1) En referencia al protagonista de la serie de televisión: Dr. House

(2) Tipo de crema de avellana y cacao de la firma Ferrero.

(3) En referencia a la película dirigida por Paul Weitz y protagonizada por Jason Biggs.

(4) Tipo de memoria USB.