Los personajes de Crepúsculo son propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo me atribuyo la historia.

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Capítulo beteado por Eve Runner, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction

Gracias a mi amiga laura Catiblanco por apoyarme con toda esta locura...

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Capítulo 7: Nada me queda

Reprobamos. Los muñecos del mal aparte del chip tenían una microcámara que captaba casi todo, así que a pesar de que estaban tan sanos como cuando nos los dieron, los chips tenían ciertas alteraciones y la videocámara registró cuando yo los llamaba 'engendros'.

No habíamos ido más al dichoso curso, tanto ella como yo sabíamos perfectamente qué teníamos que hacer cuando empezaran las contracciones. Habíamos empezado clases nuevamente, bueno yo había empezado; mi nena no había querido, decía que los bebés nacerían a mitad de semestre y que ella se atrasaría en algunas materias, así que había preferido dejar el último semestre y las pasantías para el próximo año, yo también quise hacerlo pero ella no me dejó.

Me sentía culpable de que ella no estuviese sentada junto a mí, mientras escuchaba la conferencia de fertilidad que House (1) nos estaba dando en el auditorio, saqué mi celular y le envié un texto.

"Hola, bonita, ¿qué estás haciendo?"

Ella respondió muy rápido.

"Estoy tirada en la cama viendo una telenovela. Estoy aburrida y tus hijos se mueven mucho, ¿vamos a comprar los muebles hoy?"

Contesté:

"Claro, mi reina. Ponte algo lindo y nos vemos en la cafetería que está cerca de la universidad. Toma un taxi, por favor no te vengas en metro que es peligroso. Te amo, lagartijita."

Miré al frente para ver por quinceava vez el proceso de inseminación In Vitro.

"El mensaje fue bonito hasta cuando leí: ponte algo bonito, ¿cómo jodidos quieres que me ponga algo bonito si parezco una vaca? No me digas lagartija, sabes que lo odio."

Suspiré. ¡Hormonas!

"Amor de mi vida, lo que te pongas se te verá bonito, no pareces una vaca, quizás Willy… Perdón amor, sé que te saqué una sonrisa. Vamos a ver muebles y cosas de bebé, no te compliques, ya te dije que lo que te pongas se te verá bien y sabes que te digo lagartijita por molestar. Los amo, princesa."

—Y como el doctor Cullen ya conoce el procedimiento al derecho y al revés él nos va a explicar el siguiente paso —dijo House mirándome con cara de "te jodí"—. ¿Doctor Cullen? —me llamó.

Bajé de la silla llegando hasta donde él estaba y expliqué el paso número dos de la conservación de embriones; sentí mi celular vibrar varias veces, pero lo ignoré.

A la hora del almuerzo me senté con los chicos en la cafetería.

—Escuchamos que House te hizo pasar al frente —dijo Emmett masticando su emparedado.

—El idiota pensaba que me jodería, pero para nada, me defendí bien. —Suspiré fuertemente—. ¡Joder! ¡¿Son ideas mías o mi nena hace falta por aquí?! —dije de la nada.

—Bella te tiene en la palma de su mano, ¿no, Eddie? —habló Jacob burlándose.

—La amo, chicos. Me siento realmente mal de que ella haya tenido que aplazar el semestre por el embarazo, pero al ser múltiple necesita muchos más cuidados que un embarazo normal.

—Pues, si tanto la extrañas deberías revisar tu celular más a menudo —replicó Alice llegando junto con Jasper a la mesa—. Me llamó diciendo que no respondes sus mensajes.

¡Mierda!

Saqué mi celular y miré; tenía 14 mensajes de texto, todos de mi nena.

"¿Sabes qué? Ya no quiero ir a comprar muebles, estoy a gusto aquí sin hacer nada."

"Te odio, por tu culpa estoy aburrida… ¬¬".

"¡Contéstame!"

"¡¿Quién sabe qué haces y no me contestas?! "

"Mejor si vamos a comprar muebles :)"

"¡Edward Cullen, si quieres llegar a conocer a tus hijos más te vale que me contestes!"

"¿Sabes qué? Olvídalo. Voy donde mi mamá, no quiero verte…Ò_Ó"

Y la lista seguía… Marqué el número de celular de mi nena pero me enviaba a buzón.

—Jacob, pásame tu celular —le pedí a mi colega; de mala gana él me lo pasó.

Ella contestó a los tres timbrazos.

—Si hablas para defender a tu amigo, dile que es un perfecto hijo de…

—Mi amor, bebé, no pude contestarte, princesa. House me cachó y me quitó el celular —mentí—. Voy a saltarme la última clase, así que creo que podemos ir a ver los muebles y a comprarte algo de ropa… No amor, no estoy diciendo que la tuya ya no te viene sino que tú me dijiste que nada te quedaba, bueno. ¿Estás en casa? ¿Prefieres que vaya por ti? Ok, amor. Como tú digas, nos vemos en una hora en la cafetería. Te amo, bebé. —Colgué.

— ¿Estaba furiosa? —preguntó Jasper.

—Algo, pero sé cómo llevarlo; he aprendido mucho gracias al Couvade. —Llevé mi tenedor con ensalada a mi boca—. En especial a entender la revolución de hormonas de mi nena.

— ¿Y cómo sigues con los síntomas? —cuestionó Rose.

—Casi han desaparecido, solo me queda la somnolencia y bueno, el antojo por el chocolate. Temo que uno de mis hijos sea negrito. No porque sea racista sino por la cantidad de chocolate que Bella y yo hemos comido.

—Eso es estúpido —bufó Vanesa.

—Lo sé, pero me encanta hacer enojar a Bells con esa teoría, no puede comer tantos dulces o creará diabetes gestacional. Bueno, debo ir a clases. Esta semana toca ir a ver pelis a tu casa, ¿no, Jacob?

—Sip, veremos El vengador del futuro (2), me han dicho que tiene buenos graficos—explicó él, a lo que solo asentí.

Estuve varias horas peleando contra el sueño, sobre todo porque el doctor Molina hablaba de enfermedades congénitas del corazón, mi área de trabajo.

La última clase era Primeros Auxilios Avanzados, así que esa me la volé.

Estaba esperando a mi nena fuera de la cafetería cuando la vi llegar, intenté no reírme pero fue en balde.

No fue realmente una carcajada limpia, pero no pude evitar burlarme. Bells traía un vestido floreado, que más que vestido parecía una carpa de circo, si bien era cierto que mi nena estaba gordita, eso la hacía ver ridícula.

—Puedes seguir burlándote, adelante —dijo ella con voz seria y la mirada aguada—. Era esto o ponerme una de tus sudaderas. —La primera lágrima rodó por su mejilla.

—Amor. —La abracé—. Lo siento, pero¿quién te dio esa jodida cosa? ¿Por qué nunca la vi en mi closet o en el tuyo? —La despegué de mí limpiando su rostro—. Además, mi ropa es tuya y lo sabes, es preferible que te coloques una de mis sudaderas que ese pedazo de tela mal envuelta.

—Este vestido me lo dio la Señora Cope, luego de que tiré toda mi ropa por la ventana.

— ¿Y por qué hiciste eso?

—Porque nada me queda —dijo suavemente como si yo fuese retrasado—. Todo me queda demasiado justo o no me cierra.

— ¿Y por eso decidiste botar toda tu ropa? —Ella asintió—. ¿No te detuviste a pensar que tienes siete meses de embarazo? ¿Un embarazo de gemelos aparte y que en unos dos meses o cuatro, a lo mucho, volverás a tu peso normal?

—No pensé —contestó apenada.

—Exacto, no pensaste, amor. —Besé su frente—. Falta poco, mi vida. Ahora sube al coche, voy a llevarte a buscar algo lindo para que te quites esa cosa tan espantosa. —Fingí un estremecimiento, ella sonrió antes de subirse al coche.

Así que aquí estaba yo, casi tres horas después y luego de haber ido a no sé cuántas tiendas.

— ¡Parezco un tanque! —gritó mi nena al comprobar que el último vestido que le había gustado no le quedaba. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había escuchado las palabras: tanque, ballena, mamut, rinoceronte y gusano mal envuelto—. ¡Ayúdame! —gritó abriendo la puerta del vestier.

Caminé lentamente hasta llegar a su lado.

—Mi amor si sigues insistiendo en comprar ropa de tu talla, ninguna va a quedarte, mi vida, estás embarazada —le dije lo obvio.

—¡ ¿Tú también piensas que parezco un tanque?! —grito—¡Por eso ya no hacemos el amor!

¡Qué! ¿En qué momento nuestra vida sexual se había cruzado con la ropa?

—Eso es estúpido —repliqué bajando el cierre del vestido—. No hacemos el amor no porque no quiera sino porque a estas alturas del embarazo no es recomendable —le dije serio—. Estamos en una tienda de talla S, Bella, deberíamos ir a una tienda de mamás.

— ¡No! —gritó—. ¡Sal de aquí, si tanta repulsión te causo! —replicó al tiempo que me empujaba.

—No seas niña —le dije empezando a enojarme—. No me repulsas.

— ¿Quieres que vaya a una de esas tiendas donde venden tallas XL? —gimió.

— ¡Es lógico en tu estado! —grité exasperado.

— ¡Eres un bruto! ¡Por tu culpa parezco la mamá de Willy! —me gritó.

— ¡Pues no te vi quejándote mientras hacíamos el trabajo! —grité de vuelta empezando a ver todo rojo—. ¿Sabes qué? Haz lo que se te dé la gana, compra ropa de la talla de una mujer anoréxica, yo solo busco la comodidad para ti, ponte la jodida carpa de circo y vamos a casa que muero de hambre —le dije enojado antes de salir del vestier y de la boutique, sin importarme la mirada de las demás personas que compraban.

Caminé de un lado a otro enojado conmigo mismo y con ella, yo amaba la forma que su cuerpo estaba tomando. Sí, lo acepto, estaba aterrado de tener que cuidar a dos bebés con 23 años y aparte tener que hacer una carrera, pero amaba a Bella Swan de Cullen con cada uno de mis huesos, y por ella y esos bebés iba a venderle mi alma al diablo si era necesario. Me senté en una silla y cerré los ojos intentando calmarme pero estaba demasiado ofuscado, ya bastante culpable me sentía yo para que ella me echara todo en cara. Sentía mi pecho comprimido, no había sido mi culpa ni de ella, simplemente había pasado y ya.

—Edward. —La voz de mi nena salió ronca como si hubiese estado llorando. No abrí los ojos—. Bebé. —Manipuladora. Sabía que si ella me decía bebé yo caía como idiota—. ¿Estás enojado? —Se sentó a mi lado. Sentí las lágrimas desbordarse de mis ojos aún cerrados.

¿Por qué jodidos estaba llorando? ¡Ahh… sí! ¡Couvade!

—Lo lamento —dijo con vocecita infantil—. Yo sé que no fue tu culpa. —Agarró mi mano.

—Pero te empeñas en recordármelo, ¿no, nena? Como si hubiese dicho: ¡Soldados, hoy es el día de embarazar a mi novia! —dije sin mirarla y limpiando mis lágrimas con mi camisa.

—Yo… No quise…

—Lo hiciste.

—Ed, no sé qué me pasa, bebé. —Su mano acarició mi rostro—. Solo quiero que pasen estos dos meses y volver a mi vida.

—Se supone que esos bebés y yo debemos ser tu vida, Bella, ¿o te arrepientes de ser mi esposa? —Fijé mi vista en ella.

— ¡No! —Se apresuró a contestar—. Bebé, yo te amo y nada me hace más feliz que ser tu esposa, pero estoy gorda y bueno…

—No estás gorda, sólo más rellenita y eso es normal, amor —dije cuando vi que una lágrima rodó por su mejilla. Podía tener todo el enojo del mundo pero odiaba verla llorar.

—Llévame a esa tienda de mamás y vayamos a casa, te prepararé algo rico para comer —dijo acariciando mi nuca.

—No hagas eso —le dije moviendo mi cabeza—. Ya es demasiado difícil mantener a Eddy Jr. dentro de mis pantalones cuando dormimos. —Le sonreí y ella juntó nuestras frentes.

— ¿Te das cuenta que hemos tenido nuestra primera pelea de casados? —dijo con una sonrisa.

—Sip, y no tendremos sexo de reconciliación. —Traté de verme abatido a lo que ella sonrió.

—Te recompensaré —dijo con voz pícara.

—No lo dude Señora Cullen, luego de la cuarentena usted me debe una luna de miel.

— ¿Quién se quedará con los bebés? —dijo ella riendo.

—Los abuelos, deben servir para algo de vez en vez. —Ambos reímos.

—Llévame a esa tienda para mamás —dijo ella.

—Comamos algo y luego te llevo, te amo, amor, pero tú y la cocina son enemigas a muerte y has prometido recompensarme. —La tomé de la mano y juntos caminamos a la plazoleta de comidas.

Después de una buena y grasienta hamburguesa, y un par de vasos de Coca Cola — ¡No me miren así! Es cosa de antojos—, nos dirigimos a la única tienda que había para mamás en el almacén.

Había ropa demasiado bonita, leggins y camisones que hacían que mi nena se viera hermosa; escogió varios juegos de ropa y se cambió el vestido horroroso que llevaba. Con un par de bolsas y unos cuantos dólares menos en mi tarjeta de crédito nos dirigimos a la tienda de muebles. Como no sabíamos qué tendríamos, mi princesa escogió algo sencillo, un par de cunas en madera blanca, un cambiador, dos moisés, un coche doble y ropita de cama en color verde, amarillo y blanco a la vez que un mural de animalitos, muñecos de felpa y varias cenefas de animales, al parecer la decoración sería de animalitos.

No me quejé y traté de opinar en casi todo. Cuando pasamos por una tienda de bebés mi nena enloqueció. Compró bañeras, toallas, cobijas y ropa, mucha ropa para los bebés, con la Visa sangrando a muerte y la Master Card pidiendo clemencia, abandonamos el centro comercial. Si bien tenía dinero, no podía hacer uso de él completamente hasta que no me titulara, era una de las razones por las cuales Bella me dijo que yo debía continuar la universidad.

Cuando llegamos al departamento ya era de noche, me desvestí colocándome el pantalón de pijama sin ponerme camisilla porque tenía calor, otro síntoma que agradecer al Couvade. Mientras Bells se bañaba preparé dos tazas con cereal y le llevé una a mi nena, que se miraba en el espejo con tan solo un par de bragas diminutas y un sostén en donde sus pechos querían salir

—Amor —la llamé—. Estás preciosa, lo sabes, ¿verdad? —Ella me miró y acarició su vientre, podía verse el pie de uno de nuestros hijos presionando hacia fuera, al igual que del lado opuesto se enmarcaba la cabeza de su gemelo o eso nos había explicado la doctora Green. Dejé las tazas en el tocador antes de caminar hacia a ella y abrazarla, al darme cuenta que estaba llorando—. ¿Qué pasa, princesa? —pregunté mientras la abrazaba por detrás, descansando mi barbilla justo sobre el tope de su cabeza—. ¿Amor?

— ¿Crees que volveré a mi peso normal?

—Claro que sí, mi amor —dije dándole un beso—. Aunque como te dije, estás más llenita pero sigues siendo hermosa a mis ojos. —Miré sus pechos rellenos y no pude evitar el relampagueo de lujuria. Amaba a mi esposa y apenas teníamos dos meses de casados y se supone que los primeros meses son aquellos en los que la actividad sexual mandaba.

— ¿Me deseas? —preguntó ella de repente.

—Mírame a los ojos —le dije a través del espejo, mis manos estaban tocando su vientre y debajo de sus pechos—. Te deseo más que a mi propia vida, pero no quiero hacerte daño.

—Hazme el amor —dijo en voz baja.

—Princesa…

—Somos médicos, si lo hacemos con cuidado no me harás daño, yo necesito saber que aún te gusto.

—Pero me gustas, amor. —La giré mirándola a los ojos y tomé su mano hasta llevarla a mi miembro empalmado—. Y te deseo.

—Entonces demuéstramelo —me pidió apretando mi miembro.

Siseé entre dientes.

—Amor, yo… —Contuve un gemido cuando ella metió su mano entre mis pantalones y empezó a acariciarme, mientras me empujaba a la cama.

—Por favor, bebé… —Bruja manipuladora, estaba usando esa vocecita que a me mataba.

¿Y quién demonios era yo para negarle algo a mi nena?

—Seremos cuidadosos —dije mientras ella bajaba mis pantalones y me obligaba a sentarme en la cama.

—Muy cuidadosos. —Me empujó hasta que quedé con la espalda recta en el colchón y ella gateaba de rodillas con las piernas a cada lado de mi cuerpo.

¡En qué jodido momento se quitó las bragas!

Dejó mi muy dispuesto miembro alineado con su entrada y gemí de puro placer cuando ella me hizo camino en su interior. Hacía más de tres semanas que no la tocaba, desde aquella vez que escogimos los nombres de los bebés. Me levanté un poco dejando que ella tomara el control y llevara los envites, mientras yo soltaba su sostén y me dedicaba a atender sus pechos. La escuchaba gemir bajo, a medida que aumentaba la velocidad, tomé sus caderas y le susurré que fuese despacio, no teníamos prisas; mientras ella me cabalgaba yo me alimentaba de sus pechos.

Minutos después caímos exhaustos, había sido tan placentero que tendríamos que repetirlo.

El cereal estaba hecho una pasta, así que sin importarme mi desnudez tomé las tazas y preparé un par de platos nuevos, cuando volví a la habitación mi nena estaba desnuda en nuestra cama y profundamente dormida.

Quise levantarla para que comiera algo, pero simplemente no pude, tomé mi cereal y guardé el de ella antes de volver a la cama y acostarme a su lado, no sin antes cubrirla con la colcha y dejar que su cabeza estuviese contra mi pecho. ¡Dios! Amaba a esta mujer más que a mi propia vida. Acaricié el vientre de mi mujer cuando mis hijos empezaron a removerse y sonreí; amaba a mi mujer y a mis hijos, por momentos como este bien valía la pena soportar el maldito Couvade.

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Notas:

(1) En referencia al protagonista de la serie de televisión: Dr. House.

(2) Película de ciencia ficción del 2012, dirigida por Len Wiseman y protagonizada por Colin Farrell.

Feliz navidad!, gracias mil gracias por todo su apoyo a Eve y a Laura por su magnifica ayuda y austedes que adoran con mi Edward couvadaloso (esa palabra acabo de inventarla XD), espero que se hayan reido leyendo tanto como yo escribiendo

Besos

Aryam